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Haru Uzumaki
En la mirada floreada de esta joven uno podría llegar a vislumbrar, sin temor ya de ahogarse, un antiguo mar desenfrenado de historias que, ahora en calma, la alza como una custodiada princesa nacida por y para la guerra.

Haru Uzumaki, primera en su nombre, se trata de la mismísima hija pródiga de los ya olvidados Feudales del País del Remolino. Desgraciadamente, los años y los abominables conflictos armados provocaron que este pasado lleno de gloria terminara siendo un océano de desdichados recuerdos que acabarían cayendo en un desconsolado pozo de lágrimas yermas. Pero, ¿quién habría podido adivinar que la belleza era una moneda de cambio valiosa? Y es que, Haru Uzumaki, en un principio, le debe su vida a algo tan superficial y delicado como su primorosa imagen. Una pena que, aún conservando el aliento, no pudiera hacer nada por conservar los privilegios de su sangre real. Lanzada al vacío por sus inclementes verdugos, a la princesa le llegaba el momento de decirle adiós a toda una vida esbozada sobre sedas, perfumes y algodones.

Cautiva en unas manos que no buscaban para ella más que la deshonra y la ruina, retenida tras los fríos barrotes de sus captores, la pequeña Uzumaki se vería arrastrada a alta mar, donde acabaría recorriendo la mayor parte del mundo conocido mientras aquellos despreciables hombres se daban a la repugnante tarea de intercambiar las frágiles vidas de aquellas tiernas y jóvenes florecillas que mantenían encerradas por insulsos bienes materiales. Por supuesto, a ninguno le asaltaba la duda; a ninguno le recarcomía por dentro la culpa al imaginarse qué sería de aquellas inocentes víctimas una vez eran arrancados de sus codiciosas manos. Sin embargo, tarde o temprano, el viento terminaría soplando a favor de la preciosa Uzumaki y del resto de temblorosos, famélicos y desesperados prisioneros que aún lograban mantenerse despiertos para ver un amanecer más.

El acercamiento a puertos cercanos por parte de la deleznable embarcación, finalizaría con una pequeña parada a orillas del País de la Luna, donde la menuda Haru, junto a otros menores en igual condición que ella misma, se encargarían de escapar de sus captores y, tras ello, de sobrevivir sin ninguna clase de alimento o ropajes haciendo uso de las escasas limosnas que los transeúntes de la tierra en la que ahora malvivían pudieran brindarles. No obstante, para buena fortuna de la floreada chiquilla, finalmente daría con una solución que volvería a transformar los diamantes rojizos que la coronaban en esferas brillantes que derrocharan vida. Convertirse en kunoichi, pasar a formar del aclamado cuerpo militar de la Luna; esa era su meta, el destino al que anhelaba llegar. Y, aunque quizás no fuera realmente lo que para su devenir deseaba, era el único método estable de subsistencia que se le presentaba. Y, sin embargo, una vez cumplido aquel objetivo autoimpuesto, las cosas nuevamente cambiarían para ella. El viento quiso soplar y, para variar, cambiar su orientación. Desorientarle el pasado, trastocarle el presente y presentarle un futuro.

Tras un corto período de tiempo portando dignamente el emblema de la Luna, Haru Uzumaki, terminaría dando todo de sí para cumplir con sus obligaciones, llegando incluso no sólo brillar por encima de cuanto se le presentase por delante, si no hasta a ascender y alcanzar el condecorado rango de Chunin tras aprobar uno de los complejos exámenes que el País del Rayo se encargaría de liderar en la garganta de sus más admirados coliseos. La prueba resultaría ardua, pero aquello no evitaría que la joven, inspirada saben sólo los dioses por qué emociones, diese un paso al frente y, con ello, pudiera admirar un mundo nuevo que, tal vez, y sólo tal vez, era más adecuado para una difunta princesa. Ignorante de cuanto estaba por llegar, simplemente daría media vuelta y regresaría a su campo de batalla, escondiendo en su interior la respuesta a miles de preguntas que, hasta ahora, desconoce al completo.

Si bien su pasado se encontraba bañado en sangre, la inexperta Uzumaki llegaría a conocer a una de sus compañeras de Aldea, cuyos orígenes, aún a pesar de haber estado presente en sus alrededores en varias ocasiones, nuestra encendida protagonista desconocía. Kaede Uzumaki, una mujer que, apesar del oscuro expediente que la acompañaba, decidiría desvivirse por la menor... o, por lo menos, mientras esta se lo permitiese.

Fue entonces cuando, presente en uno de los eventos más mortales e importantes en la historia conocida, Haru Uzumaki sería enviada por su afamado maestro, Ryuu Kobayashi, a una misión encubierta entre las filas del País del Rayo mientras el País del Fuego cedía sus tierras para otro de los tan esperados exámenes Chunin. Desgraciadamente, aquello se acabaría convirtiendo en un gran error... o, más bien, en lo que terminaría definiendo la inconstante vida de la joven.

Enviada al campo de batalla y comandada por Kitsune Yamanaka, Haru Uzumaki se internaría en los insondables terrenos del País de la Hierba acompañada no solo por la iridiscente shinobi de la nube, sino también por el cautivador Masao Namikaze, reconocido pupilo de Kuro Yotsuki, que acabaría con ciertas inquietudes que lo acosaban tras conocer a la menor, quien, por cierto, curaría sumano heridfa y se integraría como una más en su equipo para aquella inusitada ocasión. Pero, si algo nunca cambiará alrededor de la Uzumaki es el significado de la palabra conquista. De pronto, la floreada chiquilla se descubriría en el frente del conflicto en plena declaración de guerra efectuada por el mismo joven que la acompaña y el resto de shinobis de la nube.

Una vez más, Haru Uzumaki se convertiría en moneda de cambio, provocando que Kitsune Yamanaka tomase posesión de su cuerpo para negociar con los adustos militares de la Luna, quienes, sólo por salvar la querida vida de la menor, y por la integridad física de su captora, cederían ante su negociación por nada más y nada menos que su aliento y la historia del mundo. Raptada por el rayo, la manipulada Uzumaki caería presa de las manos de aquellos que se encargarían de borrar sus recuerdos, convirtiéndola así en una fiel kunoichi de su nublada nación. Instalada en su nuevo hogar, pero que ahora para ella era el de siempre, compartiría sus días con Kitsune Yamanaka hasta que los tiempos avanzaran y, tras haber conquistado el País del Fuego, la Aldea de la Nube decidiera enviar a rendir culto al Hokage y a sus obligaciones. Pero no todo sería tan fácil, no cuando Kazuo Nendo y Kaede Uzumaki -criminales del País del Hierro- decidiesen cortar su paso con solo una misión; capturar a Kitsune Yamanaka.

Tras un altercado como aquel,y sin ser consciente de que quien se encontraba atravesada en su camino era nada más y nada menos que su propia sangre, Haru Uzumaki caería bajo la trampa de esta, quien había dejado caer un objeto que tiempo atrás la menor le había regalado. Un objeto de familia. Este acabaría en manos de la pelirroja que, tras llegar finalmente a la Aldea Oculta entre las Hojas, acudiría a reunirse con Masao Namikaze, el nuevo y actual Hokage. Para su desgracia, aquello finalizaría con su irremediable degradación a Civil al ser considerada su acción como una imperdonable traición. Y es que, en aquel diminuto y, a priori, mundano objeto, sus superiores descubrirían la razón por la que, ahora, la ya no tan secreta situación de su aldea se encontraba comprometida.
Akira Totsuki
Navegar más allá de los confines del ocaso, surcar los océanos persiguiendo aspiraciones invisibles y mareas desconocidas. Una vida vagabunda en alta mar que, en un principio, parecía que estaría liberada por siempre de mayores preocupaciones que no fueran las de encontrar un buen puerto en el que hacer pie y un viento a favor que soplara a su espalda, pero que, finalmente, terminaría convertida en un interminable período de pruebas que, desgraciadamente, tan sólo la muerte, cuando llegue el momento adecuado, tendrá la potestad de juzgar.

La salada impresión de los mares sería la que bendeciría la iniciación del joven albino,quien, tras haber brindado su juventud a la voluntad tempestuosa de las mares, acabaría dejando atrás sus inestables raíces para ir a descubrir los mismos rayos de luna que, aún hoy en día, continúan siendo sus más cruentos aliados.

Tras descubrirse abandonado por aquellos que compartían su eléctrica sangre, el joven Totsuki pondría sus habilidades al servicio de los shinobis de la luna, convirtiéndose, así, en uno con el emblema que quedaría adherido a sus ropajes y que terminaría siendo mudo testigo de las grandes experiencias que, una vez llegado a la recóndita villa, Akira viviría. O, más bien, sufriría. Siempre a prueba por el fatuo destino, al marinero anclado en tierra le esperaría un futuro incierto; cruel, a lo mejor. Y es que, hasta el amor que llegaría a echar raíces en su robusto corazón se vería transformado en un doloroso desafío; uno que estaba dispuesto hasta a arrancar lentamente la cordura de su propia piel.

A ojos de los demás, Totsuki Akira podía ser nada más y nada menos que un experimentado shinobi enviado a la muerte, pero el hogar en forma de mar que le había criado se encargaría, entre sus insondables profundidades, de darle un lugar de honor incluso cuando la muerte parecía desear acabar no sólo con su vida y la de cuantos compañeros de rango le rodeasen, sino también con la de aquellos que los comandaban. Tal vez, el océano no fuese su enemigo, mas el putrefacto olor de la parca se encargaría de hacerle pensar lo contrario. El terror amedrantaría los corazones de los desprevenidos elegidos, y, para desgracia de nuestro broncíneo marinero, la llegada al centro del caos desatado sería presidida por un avatar de la calamidad, por una bestia infame que, representando a la más tempestuosa de las desesperaciones, querría acabar con el frágil mecanismo que, para ella, simbolizaban sus corazones.

Una ardua batalla daría paso a que los incrédulos ojos de aquellos que lo rodeaban recayesen sobre el valiente Akira, brindándole no sólo el honor de ser comandado por uno de los hombres más experimentados de su país, sino también la aceptación de quien tomaba las riendas del país que lo había acogido entre sus terrenos; Izuma Yamanaka. Si bien había sido víctima de la desesperación, otros deseaban mantener su alma ardiente entre las filas de la refulgente nación; más aún, teniendo en cuenta la magnífica actuación que había llevado a cabo en medio del desastre. Acabaría convertido en un reconocido Chunin de la aldea para los de mayor rango, así como en un digno tutelado de Onimaru Aoyama, quien solicitaría su asistencia a una ardua misión en tierras extranjeras, a un lugar donde serviría de apoyo en el equipo del pelirrojo y de Kuro Shirogane, uno de los más destacados ANBU del País de la Luna.

Tras varios meses dominando las artes ninja, el encomiable Akira regresaría a su hogar junto a aquellos que había encabezado la ardua encomienda, ganando, así, tanto merecido reconocimiento como considerables cantidades de experiencia en combate que, algún día, podrían marcar un antes y un después en esa difícil vida que, lo quiera o no, siempre está siendo evaluada. Pero, para su suerte, liberado ya de la esperanza de que el mar algún día esté calmado, Totsuki Akira ha aprendido a navegar con vientos fuertes.
Metsumi Nakurusaki
Una ardiente joya que, encendida ya desde su nacimiento, llegaría al mundo para refulgir, hacer mella y grabarse a fuego en los corazones de todos aquellos que fuera conociendo a lo largo de su camino.Un alma bendecina con el don de tocar a los demás: una joven que, tarde o temprano, se vería convertida en una con el mismo mundo que le acariciaba la piel.

Aunque, tal vez, la muerta sea una de las desgracias más temidas y despreciadas en el suelo terrenal, lo cierto es que, en ocasiones, aún a pesar del dolor siempre inherente ella cuando se lleva una vida querida, también deja recuerdos inolvidables, sonrisas inmortales y, sozonando todo ello, el reflejo del amor que, después de todo, hace del mundo lo que realmente es. Nakurusaki Metsumi se trata de uno de esos regalos que hacen olvidar el daño que te corroe, de una joven repleta de vitalidad; una capaz de conseguir que no exista nada más en ella que una sonrisa brillante o,en su defecto, un ardiente corazón.

Nativa del País del Agua, la inexperta Hozuki, a una corta edad, sería ya capaz de hacer florecer esas acuosas artes que la hacen única entre los suyos; de jugar,sí, con habilidades que, otros, no podrían alcanzar a controlar con tan pocas primaveras a la espalda como la pequeña Metsumi. Ella era única, una diminuta estrella que había nacido para convertirse en una constelación digna de admiración, pero, precisamente debido a su luz inextinguible, estaba destinada a verse rodeada de terribles desgracias que ni ella misma tendría entre sus manos la posibilidad de aplacar. Pero eso es precisamente lo que significa hacerse kunoichi, ¿verdad? Algo con lo que se nace, un orgullo que florece en el interior de los más valientes de corazón y de aquellos que,realmente, han decidido dejar atrás una vida humilde y sencilla para luchar por todos y cada uno de los que se encuentras a sus espaldas... ya sea un aliado en combate, un ciudadano acorralado o, simplemente, un pequeño regalo dado por la vida.

Su propia estirpe deseaba, por encima de todas las cosas, proteger, atesorar y custodiar aquella dulce piel; alejarla, sí, de las negras adversidades y del terror. Oh, pero la joven Hozuki no podía negarse a sí misma el derecho a cumplir uno de sus pocos deseos; desoír la necesidad que la inundaba de llegar a ser alguien y, junto a ello, de conocer más sobre el mundo que la rodeaba y, sobretodo, de aquel regalo que le había sido brindado entre los hermosos mares del Este. Era, en palabra simples, una con la tierra en la que vivía; un regalo del mismo firmamento, una estrella que decidió convertir laluna en su hogar. Y, precisamente, siguiendo a la luna, terminó inmersa en mucho más de lo que jamás habría podido sospechar. Rebelde, inspirada por la llama que siempre ardía en lo más hondo de su pecho, se dejaría arrastrar por un poco premeditado acto de rebeldía, uno que terminaría condecorando su mismo cuello con el emblema de aquella a la que siempre había estado persiguiendo. Su propia destino.

Aún teniendo en cuenta su deficiente experiencia en terreno de combate, la inexperta Genin sería enviada junto a un pequeño equipo de Shinobis comandado por Ryuu Kobayashi y la hermosa herrera de la luna. Una travesía que, si bien parecía iniciar repleta de emociones, acabaría con la aparición de la desolación, del dolor, del horror e, incluso, de la misma muerte. Y es que, en un acto de desesperación, Metsumi había sido seleccionada por la joven albina, Keiko Mibarashi, para, posiblemente,entregar su vida por el bien de la patria que representaba. ¿Quién diría que tal cruel destino, en lugar de con un final, terminaría dando inicio a una nueva vida? Isobu, la bestia de los mares, había apreciado inconmensurablemente aquel regalo que le había sido brindado. Una leyenda, un lazo que, con solo una mirada y el caos que los rodeaba, parecía arder por la necesidad de poder proteger aquella joya escarlata que, sin dudas ni temor asomadas a sus iris, había aceptado luchar por quienes, de algún modo, confiaban en ella incluso a pesar de lo que su pérdida en medio del mismo océano significaría.

Muchos fueron los que temieron por su muerte, incluso el mar rompió en llanto aquella noche... pero las incansables voluntades de sus superiores, aún teniendo en cuenta las adversidades, lucharían por su supervivencia. Primero, sería el temido tiburón, Goro Isashi, el que arriesgaría su propia vida al adentrarse en el terrorífico océano para así dar con el inerte cuerpo de la joven; en segunda instancia, Kotaro Kiryuu, instigada por su ambición, se encargaría de hacerla volver a respirar una vez esta cayese entre sus brazos. Finalmente, el amor de quien ahora velaba por su seguridad, Keiko Mibarashi, se encargaría de que la reconocida Kaede Mashiba acabara por acariciar la piel de la Hozuki, buscando, nada más y nada menos, que el esplendor de sus brillantes iris regresara de entre el infierno al que había ido a parar.

Tal vez, ahora se encontraba sola; a lo mejor, era la única que había decidido tomar el peso del destino sobre sus hombros. Pero ella misma se había convertido en una clara insignia del mundo, en una historia nueva que contar sobre Daichi. Había conseguido salvar el obstáculo del gran océano para unificar a sus más tempestuosos guerreros por, nada más y nada menos, que salvaguardar su seguridad. Metsumi Nakurusaki: un espíritu errante que, atravesando abominables desgracias, ha conseguido convertirse en la razón de una existencia que yace dormida en su alma.
Quinn N. Phoenix
Imagen de la desesperación, reflejo de la soledad; viva encarnación de lo que el terror y la flagrante agonía pueden llegar a provocar al tocar un corazón predispuesto a morir. Tan marcada por un pasado cruel como condenada de antemano a un futuro desleal, emerge Kaede Uzumaki.

Sintiéndose ya parte de las enmarañadas dunas del árido País del Viento, ignorante de las olvidadas raíces que, endebles ahora, la ataban a la nación del remolino, los recuerdos de lo que realmente debía había sido su pasado se perdían en el vaivén del tiempo; sobre la tierra que la había visto florecer, tan sólo le quedaban tenues impresiones. Sensaciones, más bien. Siendo una extraña más entre aquellos que la rodeaban, la violácea florecilla, siempre aspirante a escorpión, se desviviría por no quedar sepultada bajo las turbulencias de arena que la azotaban; por mantenerse en pie dentro de aquel mundo al realmente no pertenecía, pero del que necesitaba sentirse parte. El desierto le daría la oportunidad de llevar una vida dura, nómada, en la que la resiliencia se convertía en virtud y, la melancolía, en una poco piadosa sentencia de muerte. Sin aspiraciones más allá de la de entregar sus días a las dunas, ajena a cualquier deseo de ascender, destacar o brillar, la sangre era la única bendición real para la pequeña Kaede. Pero no todos eran ella como ella, ¿verdad? tarde o temprano, el anhelo de desentrañar los insondabes misteriores de quienes, poco tiempo atrás, habían sido masacrados en en sus hogares sin dejar nada más que minúsculo y olvidados vestigios de su existencia a lo largo de Daichi, llevaría a los suyos a la perdición.

Una noche de desesperación, un terreno profanado que ni los más valientes Uzumakis sentían el deseo de enfrentar y, como corona, un río de sangre derramado. Aquel ocaso, un rojo brillante se encargíar de marcar un antes y un después en el sentir, pensar y razonar de la diminuta Kaede, quien, arrastrada por aquellos captores que osaban subyugar a su codiciada estirpe, acabaría oculta bajo infame piedra y olvidada por la raza humana. De los suyos, tan sólo quedarían unos pocos que, sepultados en terreno desconocido, se encargarían de descubrir cómo, desprovistos de cualquier clase de alimento y de derechos, únicamente podían aguardar a que, aquellos que se aferraban a sus crueles anhelos de conquista, decidiesen qué hacer con ellos. No necesitaban más que su sangre, que su carne y que sus huesos; usados como mancillables sujetos de prueba, maltratados y sometidos a torturas inimaginables para una mente sana, no eran más que carnaza despechable para sus verdugos. Ah, y el infame destino no sólo llevaría a nuestra protagonista a ser testigo de cómo, poco a poco, aquellos que la amaban fallecían, sino también de cómo los ruines captoren se iban cansando de jugar, experimentar y profanar. Olvidada, finalmente, por todo aquello que la quería y que la odiaba, tan sólo le quedaría el consuelo de esperar, esperar y esperar. ¿Por el qué? Oh, pues por la muerte.

Pero la esperanza era el sueño de los despiertos, y el agudo graznar de los cuervos se convertiría en su única salvación. ¿Realidad o ficción? desprovista de fuerzas, sepultada bajo el peso de los cadáveres ya putrefactos de sus más cercanos allegados, la niña, oyendo al instinto abrirse camino, se sentiría obligada a dar uso del tan repudiado canibalismo para conservar una vida que, en realidad, no merecía ni quería ser vivida. Y como el último grano en un reloj de areno que, aún a pesar de que su tiempo se ha agotado, se resistir a caer, Kaede Uzumaki se convirtió en la única superviviente de una masacre tan negra de corazón como roja de cuerpo.

Cual simple ente olvidado entre las tormentas de arena, la joven de memoria y alma mancilladas, una vez más, olvidaría sus raíces, aquello que la ataba a un mundo que, desgraciadamente, ya no volvería a existir. Arropada por algunos refugiados de guerra, viviendo con ellos Kaede conocería a aquella diminuta damisela a la que convertiría en algo parecido a su hermana menor; sí, a esa que, por culpa de un ayer desprovisto de humanidad, se aferraría a su mano sin decir nada para poner rumbo junto a ella a tierras desconocidas. Cruzarian el océano para poder acogidas por la misma luna que, en aquella ocasión, casi fesejando su llegada, había decidido alzarse como un bálsamo reparador y no como una lámpara hostigante de males.

Llevada por la impulsividad propia de la edad y por la sed de venganza que le enturbiaba la sangre, la corrompida Uzumaki prestaría sus inexpertos servicios a los intereses militares de la luna; lugar que, a pesar de levantar sospechas en la forastera, acabaría, lo quisiera o no, por sellar ese destino del que tanto tiempo llevaba huyendo. Desgraciadamente, su historia se vería marcado por dudas y sospechas no sólo dirigidas hacia su errática actitud, sino también por la brutalidad que caracterizaba todos y cada uno de sus movimientos. Y es que, en una sencilla prueba que se llevaría a cabo en los radiantes terrenos del País del Rayo, casi le daría fin a la vida de dos compañeros de su misma tierra. Pero, ¿hasta qué punto sus habilidades eran realmente fructíferas? Si bien aparentaba ser una gran adquisición para la nación, y un talento al que envidiar por los aliados, también se trataba de un objetivo a temeer... y al que pensar en, tarde o temprano, repeler.

Portadora de ojos malditos por la muerte, su nueva aparición en los terrenos de la luna se vería acompañada con la desaparición de uno de sus más cercanos y queridos compañeros, algo que, al parecer de los desconocidos, no sería sino un nuevo detonante para dudar de su verdadera lealtad. Sin embargo, incluso a pesar de que las sospechas poco a poco furan cayendo en el olvido a golpe de férrea voluntad, aquella incertidumbre llevaría a sus superiores a enviarla como tributo a los dominios de la hierba, a un lugar en donde, el País del Agua, se encargaría de seguir su pista cuando la tensión entre los países parecía representar el eje de sus problemas.

Obviando la crisis de fe hacia la aldea a la que servía, Kaede lucharía contra las adversidades que se antepusieran en el camino de sus aliados, demostrando, así, una lealtad propia de una kunoichi de la luna. Desgraciadamente, las circunstancias volverían a torcerse una vez más, provocando que, tras haber llegado a luchar por la vida del tiburón de los mares, la misma Aramis Voda tratase de asumir el rol de juez y verdugo y ponerle fin a su vida; un acto que se vería frustrado por el rápido devenir de los acontecimientos y las obligaciones que la requerían en otro lugar, viéndose forzada a dejar a la moribunda Uzumaki a varios metros del foco de guerra.

En medio del conflicto, la joven, con ayuda del salvaje Kiosuke Sawarabi, recuperaría la consciencia y sanaría las heridas que amenazaban con ponerla un poco más cerca de la muerte, pudiendo, de este modo, presenciar el cómo las artes de Kitsune Yamanaka la hacían tomar posesión del cuerpo de Haru Uzumaki, quien, en manos de la Jonin del Rayo, encararía la guerra, manteniendo maniatado a Ryuu Kobayashi. Impulsada por ese afán que la llevaba a, sencillamente, actuar, Kaede acudiría hacia la situación de los shinobis de las nubes, donde Onimaru Aoyama deseaba acabar con la vida de la dorada, acto que finalizaría frustrado por una orden y que, tras el reconocimiento de Satoshi Daiki ante la aparición de la Uzumaki, acabaría abandonando el lugar, forzando, así, a la joven a retirarse junto a él para evitar la muerte de la querida Haru Uzumaki, miembro de su propia estirpe, que terminaría convirtiéndose en un títere sin voluntad del Rayo.

Tras su regreso al País de la Luna, Kaede se convertiría, a la fuerza, en la arisca maestra de Kiosuke Sawarabi; sin embargo, instigada por sus fervorosos ideales, la flor de escorpión abandonaría la nación, asumiendo no sólo el rol de enemiga a ojos de la tierra que le había dado poder, sino también el de integrante formal de los terrenos del hierro. ¿Qué sucedió realmente, a partir de ese momento, con ella? Poco se conoce sobre sus andanzas y desventuras: al menos, nada a mayores que no sean los deseos que Kitsune Yamanaka logró arrancarle durante el evento en el que, cuando la ahora ardiente renegada, junto a su compañero, Kazuo Nendo, intentó inútilmente frustrar el avance de los shinobis del Rayo hacia los terrenos del Fuego. País en el que, para su sorpresa, descubrió que Haru Uzumaki continuaba con vida.

Hasta el momento, yace perdida entre las nieves, sí, pero se ha convertido en la causante principal de que el País de la Luna sea consciente de las coordenadas de la aldea oculta entre las hojas. ¿Aliada o enemiga? Tal vez, tan sólo un mero detonador que anhela que el mundo se asfixie en llamas.
Yatori Hoshino
Yatori Hoshino, una estrella que nació para refulgir, destacar y sobresalir incluso entre las nubes de la más incandescente de las tierras de Daichi.

Presa de un mundo de interminables agonías, de insaciables noches oscuras y de las temibles ambiciones de aquel que, bajo la injusticia de la sangre, tomaba entre sus perversos brazos la vida de una encomiable joven que lo único que anhelaba era precisamente seguir el ejemplo de sus progenitores. Abandonada entre las tinieblas, dispuesta a convertirse en carnaza para los más hambrientos lobeznos, la desorientada estrella fue enviada hacia la muerte en... ¿búsqueda de poder? no, más bien, alentada por el inhumano e indolente capricho de quienes, tras haberla tenido arropada y custodiada entre sus brazos, tan sólo aguardaban su desaparición. O, más bien, la definitiva extinción de su siempre injustamente opacada luz.

Así pues, despechada y condenada por los suyos, perdida entre los incontestables bosques del País del Fuego y las más gélidas montañas del Hierro, la despreciada joven emprendería un doloroso camino hasta llegar a los resplandecientes páramos del Rayo, donde, con nada más y nada menos que encendidas hendiduras en la piel más propias de la parca que de una niña impoluta, caería en brazos de militantes de la nube que, para su suerte, se encargarían de brindarle la vida que alguien como ella realmente se merecía. Claro está, siempre respetando y venerando las severas costumbres que sus nuevos padres quisieron inculcarle.

Entrenada para servir a sus superiores, la estrellada muchacha que tiempo atrás no era más que un cuerpo dispuesto a morir y a sufrir, decoraría finalmente sus pendas con aquel centelleante emblema que tanto significaba para ella... ¿lo hizo jurando venganza, tal vez? quién sabe, ya que, después de todo, tarde o temprano ella misma se terminaría convirtiendo en una con su pasado, siendo testigo de cómo el glorioso país que en su día la había acogido, ahora, hostigaría a aquella tierra maldita que la había visto nacer... pero nunca vivir. Sólo existir. Pero sus ideales eran distintos, ¿verdad? Por lo menos... aquellos que conocemos.

Sus intenciones quizás eran puras: a lo mejor, realmente lo único que deseaba era continuar sirviendo a sus superiores mientras se convertía en una con el código militar. Sin embargo, aún a pesar de sus grandes habilidades que se afiliaban a las sombras con suma gracia, parecía que el mundo anhelaba otro destino para ella; uno alejado de las inclementes desgracias y unido a los lujos de la alta cuna. Y es que, presa del pánico, en lo que aparentaba ser un festival común, casi trivial y monocromático, la kunoichi se vería retada por una curiosa joven de aspecto salvaje; grandes cuernos rojizos, grandes garras que se transformaban en uno con sus temibles rasgos... pero, sobretodo, hermosas prendas ostentosas que la convertían en una exquisita imagen que representaba todo aquello que la rodeaba. El poder, las riquezas y el esplendor de Kami no Ten'no, la tan venerada como admirada capital del Rayo. Posiblemente la escena fuese una simple misión, pero, para desgracia de la joven que debía caer presa entre los hostigadores brazos de la justicia, finalmente un evento, inolvidable para muchos, la haría aterrizar casi entre los brazos de la mismísima muerte si no hubiera sido por las habilidades de la disciplinada Nara, quien salvaría su vida a poco de que la menor fuese aplastada por un carruaje, irónicamente, guiado por los más hermosos corceles.

Tras el gran escándalo que supuso el convertirse en un impedimento para que se llevara a cabo la ceremonia, el festival cesaría abruptamente y, bajo las órdenes de una mujer oculta en el interior del carruaje, la sorprendida joven sería apresada y llevada por los guardias hasta el palacio de la mismísima Tori no Hime. La improvisada reunión finalizaría con el apresurado nombramiento de Yatori Hoshino como miembro de la guardia real, sirviendo, así, a los intereses y a la seguridad de la joven Tora no Hime, quien algún día tomaría las riendas del país gracias a que la audaz Nara, en el momento justo, le había salvado la vida.

Así pues, tomando ahora residencia en las cercanías del edificio mas emblemático de la capital, la recta portadora de sombras se vería entrenada por la guardia de la misma feudal durante un tiempo valioso, aunque finalmente caería en los brazos de sus obligaciones. De pronto, la valiente Hoshino se descubriría a sí misma no sólo ejerciendo como fiel custodia de la vivaracha Tora, sino también cumpliendo con sus deberes en tierras extranjeras. Ganándose un lugar de honor en el equipo de la tan infame como admirada Aramis Voda, pasaría a recaer sobre sus hombros una ardua misión que la arrastraría lejos de casa, como pupila de la mencionada criminal, hacia las desoladas tierras del País del Hierro.
Kiosuke Sawarabi
Nacido, a ojos de quienes lo rodeaban, para convertirse en uno con la muerte, terminó por alzarse como un alma ardiente que se propondría gobernar sobre las bestias más salvajes del mundo conocido.

Kiosuke Sawarabi, nativo del País del Fuego, se trataba de un joven común, de un sencillo muchacho que, probablemente, había llegado al mundo con un brillante futuro entre sus zarpas gracias al hombre que lo comandaba como un padre. Una figura a la que, en un principio, admirar que terminaría por separarse y poner exagerada distancia no sólo de la vida de su asalvajado vástago, si no también de la de su propia esposa. Siendo anteriormente uno con las tierras que lo habían acunado en sus primeros años de vida, el joven e inexperto Kiosuke terminaría creciendo con una indomable rebeldía en sus entrañas que, con el paso inexorable del tiempo, se iría alimentando poco a poco hasta convertirlo en lo que actualmente es; una bestia impulsiva que escasas personas eran capaces de tolerar a su alrededor. Las desgracias no cesarían para el desafortunado cachorro: mucho menos cuando decidió enterrar su hogar natal en el infranqueable cementerio del olvido que todos llevamos encima al emprender una huida apresurada hacia un territorio, para él, tan lejano como desconocido hasta el momento. Hacia un lugar donde la luna, sin duda, podría ser el único testigo involuntario de sus actos.

El novato Inuzuka, que finalmente tendría entre sus brazos a un casi recién nacido Koromaru gracia al desvinculado hombre que para aquel entonces era la verdadera razón de su insurrecto comportamiento, lentamente se iría entrenando aún a pesar de que su alma todavía se mantenía repleta de lo que aparentaba ser un odio incandescente a lo desconocido. O, más bien, a lo que él mismo había estado cuidando en su interior; un pequeño sentimiento de inmerecida traición dirigido hacia quien, hasta el momento, él consideraba como uno de los peores linajes de sangre que le podían ser atribuidos. Le faltaba mucho por andar.

Siempre prisionero de aquello que lo había convertido en un joven insolente e incontrolable, Kiosuke acabaría formando parte de las filas de la luna y, tarde o temprano, bajo el mandato del tan afamado como temido Ryuu Kobayashi, quien, en su primer encuentro, lo tacharía de incompetente, de ser un ente sin ninguna clase de luz que pudiera guiarlo hacia delante. De alimento para lobos, incluso. Un pequeño detonante, quizás, pero, después de todo, una razón por la cual el joven pelirrojo querría alcanzar grandes metas que hicieran callar al mayor, ese del que, por el momento, apenas sabía su nombre y rango en la aldea.

Tras una pequeña misión impuesta a los miembros de su grupo, el joven Sawarabi acabaría participando en uno de los exámenes Chunin más emblemáticos de la historia; uno que comenzaba en los grandes terrenos del País del Fuego y que tenía previsto terminar en el interior de la insaciable y sempiternamente hambrienta flora del País de la Hierba. Quizás, sus primeras expectativas habían sido hacerle tragar sus palabras a su superior, pero, esos tres días serían los que, finalmente, terminaran por romper por completo la cordura que lo mantenía en pie. Sí, que le harían desmoronar al Kio Sawarabi que él mismo había creado.

Enviado a la muerte tras recibir duras confesiones por parte de Keiko Mibarashi, Kiosuke acabaría en el interior de aquella frondosa jungla. Junto a él, desgraciadamente, no sólo estaría su fiel can, sino, también, dos jóvenes de países aliados. O, más bien, de países que finalizarían convirtiendo su desordenada experiencia en un completo caos. Pero sería el sonido quien buscaría un cruel final para el joven: por lo menos, en una primera instancia en la que este se convertiría en testigo de los confusos actos de Kin Tsuchi, kunoichi de la aldea del sonido y joven de la cual había recibido una advertencia no mucho tiempo atrás por parte de su mentor.

Las trifulcas en el interior de la jungla provocarían que los días se convirtiesen en un infierno, algo que incluso haría que su estimado compañero canino cayese victima de la encrucijada de desconfianzas; o más bien, de las misiones que buscaban sus propias defunciones por parte de la sospechosa kunoichi del sonido. Sin embargo, tarde o temprano, las cosas se irían torciendo, dando constancia de que, aún a pesar de la constante testarudez del joven, este tenía un don que pocos podían llegar a tan si quiera rozar; el de convertir a sus propios enemigos, en sus más fieles compañeros.

Tras la separación del grupo compartido hasta el momento y la llegada al centro de aquella despiadada encrucijada, ambos jóvenes se encontrarían en las garras de una hermosa melodía que no sólo yacía solitaria, sino que, además, mantenía suspendida la presencia de quien alzaba el símbolo del País de la Arena, un país que, hasta aquel momento, el mundo creía que se había hundido entre las dunas del desierto. Quizás, él no fuese la primera victima de tan desquiciado marionetista, que, al final del encuentro, acabaría arrancando la juventud de su controvertida compañera. No obstante, tan pronto la joven Aiko Kurosawa cesase con sus terroríficas artes para así desaparecer entre la flora, el quebrado sonido de las extremidades de madera tomaría rumbo hacia el shinobi de la Luna. Aquel día, parecía haber sido predestinado para su muerte...

Pero alguien se opuso al macabro devenir de los acontecimientos: con la temprana llegada de su maestro, Ryuu Kobayashi, se pondría final a la vida de aquel que deseaba eliminarlo de la faz de la tierra. Tras aquel encuentro, no tardarían en descubrir la razón de por qué los superiores semejaban encontrarse más inquietos de lo normal. Sería así como Kio Sawarabi se convertiría en testigo de no solo cómo el tratado de paz era roto en una miríada irreconciliable de fragmento, sino también de cómo Haru Uzumaki, su mejor amigo, caía presa en las garras del País del Rayo y, junto a ello, de cómo Kaede Uzumaki juraba venganza en lo más profundo de su corazón.

Prometiéndose a sí mismo justa y merecida retribución, Kiosuke decidiría tomar las riendas de su vida, dejando a un lado su infame pasado para así empezar a dar forma a un brillante futuro. Tras conocer el alcance y la magnitud de la fuerza de su maestro, este aguardaría por su llegada mientras era entrenado por Kaede Uzumaki en el arte de los venenos. Finalmente, y tras la aceptación de Ryuu Kobayashi, este adoptaría el rol de su mentor, convirtiéndose de tal modo en el pupilo del hombre más fuerte sobre la faz de Daichi. Tras varios meses y viajes al País del Agua con su nuevo ejemplo a seguir, el joven Sawarabi poco a poco iría adoptando no solo ciertas costumbres propias de quien ahora se encontraba a su frente, sino, también, aquello que poco a poco lo iría definiendo como una de las futuras estrellas de su país.

Finalizado con su entrenamiento, el joven Kiosuke sería enviado, junto a un equipo de Getsugakure no Sato, a la frontera con Kirigakure no Sato, un lugar donde el terror y las desgracias terminarían marcando un antes y un después en sus días. El mar yacía hambriento, pero el horror que bañaba las aguas en sangre acabaría tomando una forma corpórea con la salida a escena de Isobu, la bestia de los mares.

Tras arduas experiencias en la frontera y tras el sellado de tal bestia en el interior de Metsumi Nakurusaki, el joven volvería a su país, donde, tras recibir una nefasta noticia, se resguardaría en sus obligaciones, buscando así superar una de las mayores perdidas que jamás viviría; la muerte de su propia sangre.

Para su suerte, la llegada de Kin Tsuchi, su antigua compañera en los terrenos de la hierba, anunciaría la alianza que esta había pactado con el País del Agua gracias a su unión en sangre con Goro Isashi, quien facilitaría a alguien tan odiado por su procedencia transformarse en una más entre las filas de la niebla y, de algún modo, en un pequeño emblema compartido entre los países que ambos abanderaban. Sería así como, después de insignificantes trifulcas con la joven, el shinobi de la luna se descubriría siendo enviado a cubrir sus espaldas en una misión en dirección al país que tiempo atrás los había unido.

En su camino hacia el País de la Hierba, ambos jóvenes darían con la gélida presencia de aquella que, tiempo atrás, había actuado como mentora para el joven; Kaede Uzumaki, sí. La misma que había traicionado al país que le había dado la oportunidad de vivir y, junto a ello, huido a terrenos inhóspitos, convirtiéndose en una de las grandes enemigas de la alianza. Pero, ¿en qué momento olvidamos el gran don que Kiosuke Sawarabi portaba? claramente, incluso los mayores villanos, siempre estarían de su lado. Sería así como el joven Inuzuka acabaría portando entre sus manos unas coordenadas que la misteriosa joven le brindaría; efectivamente, esas mismas que habían sido arrebatadas, no mucho tiempo atrás, a su prima y... la mejor amiga de la bestia.

Finalizando de este modo con sus obligaciones, durante un tiempo escueto, Kiosuke se fundiría con los terrenos de la hierba, donde, tras entablar una torpe pero gran amistad con la líder del país, comenzaría una nueva etapa de su vida. Pero, ¿qué es lo que le deparará el destino en un futuro? ¿Será él, acaso, quien que conquiste Daichi con su perpetua insistencia?, ¿o, tal vez, aquel que termine siendo devorado por los lobos?
Koki Senju
La viva imagen de la anarquía: una joven que, con tan solo quince años de edad sobre sus frágiles hombros, decidió enfrentar al mundo sin que le importaran las consecuencias que aquello supondría.

Sembró la duda, sí; la posibilidad de que, tal vez, algunas personas dentro del País del Rayo no son tan afortunadas como el gobierno quiere hacer parecer. La incertidumbre de que, a lo mejor, no todo el mundo se encuentra disfrutando de las hermosas bandejas de plata, o de los grandes lujos de una vida que siempre estuvo acompañada del delicioso triunfo y de la fortuna de saber el modo más productor de explotar sus terrenos. Y es que, ¿qué es de aquellos que no han sido bendecidos por sus ascendencias? La misma Koki es una de esas poco jóvenes que, diluida y opacada entre los grandes lujos de la capital, llevaba su vida bajo el rumbo de la humildad, inmersa en una familia numerosa que brillaba por la ausencia de bienes y que, por más que pareciera cosa de magia, se mantenía unida y siendo una con la felicidad incluso en momentos duros.

Hija de un brillante Jonin, la acaramelada jovencita no tardaría mucho en acceder a la academia ninja, adaptándose así a sus grandes habilidades con tan solo catorce años y rompiendo incluso con las expectativas de aquellos que pudieran haber dudado de sus humildes orígenes. Pero, ¿quién diría que una vanagloriada profesión como esa desembocaría en un hórrido e inesperado final? Como bien ella sabía, no todos podían ser iguales, no todos podían alzar sus rostros con orgullo y sin miedo a las carencias que, generalmente, no eran grabadas en su piel. Una fatídica misión, llevaría a la chiquilla a ver fallecer a un gran número de integrantes no sólo de su pequeño grupo, sino también de su misma familia. Como si de una despiadada e inmisericorde lección de vida se tratara, sí, y que le dejaría en la sangre y en la memoria un gran dolor que la obligaría a dejar atrás sus obligaciones ante los encendidos estigmas que aquella desgracia significó para su corazón. Desafortunadamente, aquello no sería más que un detonante para que el bravo espíritu de la joven decidiese tomar un nuevo rumbo... uno al que llegaría, sin importar a quiénes tuviese que aplacar en el trayecto.

Construida, ahora, a partir de sus propios ideales, la envalentonada Senju rompería con, ni más ni menos, las exigentes normas de su país, deseando, con ello, manchar el perfecto linaje en guerra del líder. Sin embargo, como uno bien podría haber adivinado de antemano, todo acto de rebeldía implicaba duros golpes hasta para los más valientes. Tras anhelar luchar y batallar por los ultrajados derechos de aquella nación que ahora yacía bajo las garras de la nube, la joven se convertiría en víctima de palizas, de grandes maltratos y de cientos de experiencias que la llevarían, aparentemente, a conocer cuál era realmente su sitio, la razón por la cual, en aquellos momentos, no era más que una inexperta kunoichi que estaba destinada a perpetrar las órdenes de sus superiores y, junto a ello, hacer honor al gran orgullo que realmente significaba formar parte de un glorioso país como aquel. Claro está, la aparente sumisión posiblemente solo sería una artimaña para lograr camuflarse, un modo con el cual adherirse a la tenue esperanza de que, tal vez, algún día, las cosas fueran distintas.

Si bien el sufrimiento, la angustia y la impotencia siempre se habían encontrado firmemente suspendidos sobre su pálida piel, la pequeña Koki nunca daría realmente su brazo a torcer; trataría de enmendar su tétrico y sangriento camino, ignorando cualquier obstáculo que se encontrara entrometido en su camino. Poseedora de un corazón profundamente herido y dueña de unas rodillas ardientes por todas las inmerecidas caídas que le regalaban sus contraproducentes ideales, la pequeña sacaría el valor suficiente para luchar contra el mundo e, incluso, convertirse en una kunoichi respetable aún a pesar de su mala fama. Este afán inconmensurable, la conduciría a los exámenes Chunin, que estaban siendo liderados por Hotogi Kurano, quien tiempo atrás había perpetuado su prueba de iniciación en el tan afamado Kodomo no Hi, un lugar que, si bien parecía desear acabar con su vida, terminaría con golpes que, precisamente, la harían temer por ella. Para su suerte, la joven guardía de la Daimyo lo único que sacaría de tal experiencia, sería la necesidad de vislumbrar cómo los benjamines frente a sus ojos crecerían hasta poder convertirse en entendidades dignas del país y, con ello, de su respeto.

Gracia a su constancia y al ímpetu que le concedía el deseo de ser alguien aún mayor, la incansable Koki finalizaría obteniendo un ascenso digno, pero.... realmente, ¿cuál sería su verdadero destino? ¿alzar el hermoso emblema de la nube con orgullo, tal vez? ¿o, por el contrario, darle la espalda?
Ikum Kaguya
Esclavo de un cruel destino, pero dispuesto a batallar por la supervivencia y, junto a ello, por el honor.

Insana oscuridad, aprehensivo terror y, en el núcleo de tan terrible amalgama, dándole consistencia a la mezcla, amor. Ikum Kaguya no sería más que un producto no deseado de las adversidades, del miedo y de cómo dos miembros de su propio clan lucharían no sólo por preservar su honra, sino también pos sus propias vidas. O, por lo menos, lo que quedaba de ellas.

Ya con corta edad, el joven se vería forzado a ser testigo de cómo, desde la benevolente inconsciencia de la inocencia, su bellísima y querida madre exhalaba su última exhalación antes de tiempo y, tras ello, de cómo su figura parte forcejeaba con todas sus fuerzas para mantener a su primogénito con vida. Duras batallas, pruebas que posiblemente habrían acabado con la vida de los más débiles, pero que terminarían coronando al hombre que lo criaba con una campaña digna de admirar a sus espaldas e, incluso, convirtiéndolo en un ejemplo para el joven Ikum, quien, a pesar de las escasas primaveras que cargaba sobre sus endebles hombros, ya había visto cómo su brillante padre peleaba no sólopor su vida, sino por la de ambos. Prisioneros hasta ese momento de a quien consideraban una especie de 'amo', finalmente quedarían en libertad tras su inesperado fallecimiento. Desgraciadamente, las heridas de guerra no eran simples decorativos con las que engalanar la piel, sino encendidos estigmas y vibrantes estigmas que atravesaban la carne y el hueso para llegar hasta su única meta; el corazón. Una lección de vida: dura, pero repleta de conocimiento que , alguien comoel Kaguya, podrían adoptar y, de estemodo, convertir en una ardiente finalidad para su vida.

La irremediable necesidad de rendir culto a aquellos que le habían brindado la vida, llevaría al todavía inexperto espadachín a formar parte de la academia ninja para, tras graduarse, tener que batallar por la preservación de su propio aliento en uno de los eventos más sangriento que ni siquiera el mismo mundo podría haber imaginado jamás. ¿Quién lo diría? Alguien tan joven, viéndose forzado a presenciar personalmente cómo las vidas de un gran número de personas iban siendo arrebatadas, aniquiladas y sesgadas -como si de una mala cosecha se trataran- tan sólo por el ansia de conquista.

Lanzado a luchar por su propia supervivencia, sus enturdiabos orbes se alzarían en dirección hacia el País del Fuego y, después, hacia los más terroríficos terrenos del País de la Hierba. Dos serían sus compañeros, pero, desgraciadamente, al igual que la seguridad que antes los había cobijado, sus ideales parecían distar demasiado de la realidad. El joven Kaguya sería testigo de un vil asesinato y de la infame ingenuidad del mundo terrenal, brindándosele tras ello la decisión de salvar una vida o, por el contrario, dejarla caer entre las garras del olvido. Pero, inesperadamente dotado de lo que aparentaban ser unas expectativas que habrían arrasado con el mismo polvo, este se encargaría de brindar una segunda oportunidad a quien, posiblemente, no la merecía. Tras la huida del asesino, el joven Kaguya sería encontrado por aquel que, en aquellos momentos, se nombraba como su maestro; Goro Isashi. Sin embargo, para su desgracia, las circunstancias lo llevarían a caer entre las garras de la desesperación.

Unos iris tan claros y pérfidos como el mismísimo infierno no solo se interesarían por este, sino que, además, aplacarían contra su tierno buscando, buscando, así, el inicio de una nueva etapa que dejaría atrás, para siempre, un futuro brillante. Presentado como el líder de su propio clan —quien abanderaba el símbolo de la arena—, el albino desconocido se encargaría de sellar su destino... pero, ¿cuál sería la razón de aquello? ¿Sinceras expectativas o, quizás, un deseo más oscuro y maquiavélico que aquel? Posada su mano sobre el casi inerte joven, un sello le sería brindado; un sello tan oscuro como el corazón de quien, tras 'bendecirlo', se encargaría de arrebatarle algo tan preciado como lo sería una de sus extremidades. Un pacto de lealtad que, quizás, hasta el momento el joven Kaguya ignoraba. Para su suerte, lo que podría convertirse en una inminente muerte, finalizaría con la presencia de una de las mujeres más ardientes de Daichi, la especialista Kaede Mashiba, que no solo aplacaría a sus enemigos haciendo alarde de su gran poder, sino que también se encargaría de mantenerlo con vida hasta su llegada a terreno aliado. Así, con nada más que un cuerpo magullado, el joven Ikum acabaría en las interesadas manos de Kotaro Kiryuu gracias a las recomendaciones de su salvadora, quien, al parecer, guardaba algo más que un simple interés por el joven.

Tras somerterse a arduos entrenamientos, a bruscas intervenciones y, finalmente, a experimentos que le harían llegar a aborrecer su propia existencia, el joven Kaguya terminaría adquiriendo habilidades que tan solo aquellos que proveniesen del mismísimo infierno podrían llegar a ser dignos de optar por ellos. Pero el destino es cruel, ¿ver? también caprichoso y letal. No bastarían más que unos meses para que este fuese enviado nuevamente a terreno hostil, a un lugar donde las grandes desgracias que supusieron la llegada de la gran bestia de los mares, conducirían al Kaguya a quedar atrás ante las orbes de su propio maestro, Goro Isashi, que, finalmente, decidiría darle la espalda al albino. Ahora, la pregunta es.... ¿Qué es lo que busca en estos momentos? ¿Aplacar las duras decisiones de quien antes conducía su mano? ¿o, tal vez, luchar por su propio orgullo? A lo mejor, la tan buscada solución a sus dudas resida dentro de su propia sangre.