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[Entrenamiento Semanal] Demolición

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Totsuki Akira
Getsu Chunin

[Entrenamiento Semanal] Demolición

Mensaje por Totsuki Akira el Jue Nov 30, 2017 2:53 pm

DEMOLICIÓN

Barrio Norte

Zona Residencial — Getsugakure no Sato

30-Nov — 14:40


Aplausos contra piedras eran el único sonido a la hora de la siesta en la parte norteña de la Zona Residencial. Dos manos se regocijaban en el calor de los peldaños grisáceos que, descubiertos bajo el sol todo el día, tenían una agradable temperatura. Se trataba de Akira, que bajaba y subía las escaleras de ese barrio usando tan solo sus manos, intentando completar el recorrido repetidas veces sin tener que plantar pies en la tierra. Desgraciadamente había perdido la cuenta de los escalones, con lo cual se le complicaría mejorar su marca en futuros entrenamientos.
La siguiente vez que llegó a la cima, dio media vuelta apuntando nuevamente con su rostro hacia abajo, pero en esta ocasión dejó caer sus piernas hacia atrás para descansar. Algo agitado, dejó reposar el cuerpo en el último peldaño, apreciando la belleza y tranquilidad del distrito.

Templos, monumentos y casas tradicionales adornaban los lados del camino descendente. Fuentes de agua daban sitio a los más pequeños para divertirse, y los más grandes rezaban a sus deidades plantando inciensos y tocando las campanas de los santuarios erguidos en su honor. Observó las vidas de los civiles desencadenarse mientras comía el sándwich de pollo y huevo que había llevado en su mochila. Momentos como ese aumentaban ligera pero no insignificantemente sus ansias por proteger a esta pacífica gente, aunque también comprendía que la misma escena podía darse en cualquier nación. ¿Cómo sería, por ejemplo, en el país donde él nació?. Con suerte algún día lo sabría, aunque no le urgía más que la pasajera duda natural.

Terminando su almuerzo tardío buscó con la mirada cuál sería el mejor lugar para beber algo de agua. Las fuentes eran demasiado llamativas, y rodeadas de niños. Quedaría como un vagabundo o un perro callejero si bebía directamente de ahí. Los santuarios también tenían una pequeña pileta con agua, pero destinada al ritual sagrado de purificarse para entrar al territorio de los dioses. Terminó decidiéndose por una laguna al costado de la aldea, alejada del camino raíz del distrito. No hace mucho había llovido, así que sus aguas estarían limpias, ojalá.
Dada su sed recorrió la distancia en tiempo récord, peinando los pastizales salvajes entre los jardines de la gente. No muy lejos se vislumbraba la vieja torre junto a la laguna; algún templo antiguo y aparentemente anterior a la existencia de la aldea. Una de las pocas estructuras decrépitas que se podían encontrar en la relativamente nueva aldea. Su objetivo, sin embargo, era el agua. Se veía tan bien como suponía, y sabía tan bien como deseaba. Quién dice que el agua es insípida.

Hidratado el peliplata, devolvió la mirada a la vieja torre, y en ella encontraría el real sentido de su entrenamiento para esa jornada. Una familia yacía a los pies del edificio antiguo. La pareja de padres, una abuelita, y una niña. Esta última parecía lastimada en un pie, mientras los mayores le consolaban. La preocupación le ganó a la ansiedad de Akira, quien más allá de tener que soportar los nervios de entablar conversación se acercó a ofrecer ayuda.

Buenos días —se presentó hablando algo fuerte, ya que debía superar los quejidos constantes de la menor—. ¿Está bien?, ¿necesitan algo?.

La aparición de un extraño hizo que la niña bajase los decibeles, afortunadamente para sus padres. Estos saludaron a Totsuki con un ademán de la cabeza.

No te preocupes, no es nada grave, solo un raspón —respondió el padre, lavando con su mano húmeda el tobillo de su hija—. El real problema es esa torre en ruinas. No es la primera vez que un niño se lastima por jugar por aquí.

Akira quitó su atención por un instante de la familia, para evaluar el estado de la torre. Tenía tres pisos, pero en todos había algún hueco en la pared, y tejas faltantes en los distintos niveles. Se encontraba rodeada por una pasarela de madera de un metro de ancho, cuyas tablas estaban en su mayoría partidas o podridas. Posiblemente la pequeña había lastimado su tobillo al pisar parte frágil de la madera, y la había sacado barata. Una teja que cayera desde el último piso sería suficiente para matar a alguien. La torre tendría que haber sido demolida hace tiempo.

Ya veo, yo me encargo. De momento aléjense de aquí.

La reacción de la familia fue de confusión absoluta. ¿De qué se encargaría?. Como fuese, tomaron a su niña en brazos y se marcharon a paso lento marcado por el ritmo de la abuela. Mientras tanto, Akira meditó.

Lo más eficiente sería reportar el incidente al palacio del Tsukikage, y que algún shinobi habilidoso en el elemento tierra se encargue de enterrar el lugar entero con solo una gesto de manos. Pero el Genin veía una oportunidad de mejorarse en ese esqueleto madera y concreto. Allí podía dejarse llevar por sus técnicas sin restricciones, y demoler la torre por su cuenta. Después reportaría la montaña de escombros y listo; le ahorraría un trabajo a alguien más, gratuitamente.
En soledad, se quitó la camiseta y la guardó en su mochila, junto a todas sus otras pertenencias. La única excepción fueron los puños americanos, equipando uno en cada mano. Usando la técnica de transformación, disfrazó sus posesiones como una piedra en el pasto, ingresando luego a la torre abandonada. Oscura de no ser por las filtraciones de luz en las paredes.

Por primera vez en décadas, una luz se encendió en ese santuario. La electricidad colmó el cuerpo del de piel morena, tiñendo de celeste claro el corroído interior. Como lémur emprendió la marcha saltando entre pilares para ascender hasta el máximo nivel. No quería iniciar desde abajo, o se quedaría sin juguete demasiado pronto. Con cada rebote en las columnas de madera, estas le respondían con quejidos y nuevas grietas, aunque de momento no sucumbían. Al llegar a la altura del techó, tensó su diestra y recibió al último pilar con un puñetazo cargado de energía. El poder perforante del rayo destruyó la madera, y el cuerpo del shinobi continuó su camino como si hubiese sido obstaculizado tan solo por un papel.
Más adelante le esperaba una pared agrietada, que esta vez atacó con una patada tras un giro usando la inercia del movimiento de su propio brazo. El pie—descalzo—enterró el talón en el concreto para formar un cráter en el mismo. A medida que el cuerpo de Totsuki se pegó a la pared, el cráter engordó hasta estallar en un gran agujero. De no ser porque enganchó la punta de su puño americano a un lado de la pared, el joven habría salido expulsado al exterior. En cambio como elástico invirtió la fuerza en la dirección opuesta, lanzándose contra la pared interior contraria.

La torre ya daba sus últimos gruñidos, y pedazos de techo caían sobre la cabeza de su atacante. En pleno vuelo, el peliplata interceptó con los brazos los trozos de madera y tejas en su dirección, desviándolos con fuerza hacia los lados para golpear otros pilares aún de pie. Cuando dio con la otra pared, alternó a la zurda. Esta vez no usó su chakra elemental, sino que dio un puñetazo puro, con toda la fuerza de sus músculos. La estructura se rindió por igual, sino más rápidamente que antes. Una vez más, usó la mano libre para aferrarse a un lado del edificio, y tirar para abalanzarse repetidamente. Esta vez una viga entera se había desplomado del techo, que ya estaba en sus últimas. En su último salto Akira la sujetó con ambas manos con brazos elevados, y como lanza la arrojó electrificada hacia abajo, a los cimientos de la construcción. La misma se clavó en el suelo destruyendo su centro, a la vez que el Genin de la luna chocaba contra el último pilar saludable. Esta vez atacó creando en su brazo un taladro de agua, perforando la madera y la pared para dejar que su cuerpo continúe el viaje recibiendo plenamente en el rostro el aire del exterior.

Aterrizó en el pasto, entre maleza y hojas secas. A sus espaldas podía escuchar la ruptura de innumerables partes de madera, y el caer de piedras de construcción. Se alejó de un salto en largo, volteándose para apreciar la caía del gigante. Algo desprolijo quizá, pero cayó en su propio eje vertical en vez de tumbarse a un lado, minimizando así el área del desastre. El polvo y el aserrín volaron a varios metros a la redonda sin embargo.

Cansado y con algunos cortes leves en su torso, recuperó su mochila oculta. No se quiso volver a vestir para no ensuciar su ropa con sudor y poca sangre, así que fue directo a su casa para ducharse y dormir. En el camino avisó del derrumbe "accidental" en el palacio, donde le miraron con poca credulidad.

PAÍS DE LA LUNA - ZONA RESIDENCIAL DE GETSUGAKURE




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Natala Nendo
Getsu Chunin

Re: [Entrenamiento Semanal] Demolición

Mensaje por Natala Nendo el Jue Nov 30, 2017 4:07 pm


TEMA CERRADO.
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