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From crimson to lightblue [Timeskip]

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Fuji Raikomaru
Fuji Raikomaru
Renegado B

From crimson to lightblue [Timeskip]

Mensaje por Fuji Raikomaru el Sáb Dic 23, 2017 4:22 am


Fuji Raikomaru

[1 Mes despues del Examen Chûnin]


Todo se fue a la mierda. Había sido ascendido a Chûnin, y había estado presente cuando la guerra había comenzado, cuando los tratados de paz en los que todos vivimos tan cómodos finalizaron en medio de traiciones, ataques, asesinato y mucho otro tipo de cosas de las que poco entendía. Me habían hecho un uniforme a la medida, a mí, pese a ser un huraño que difícilmente se acercaba a la gente.

Cuando volví a la aldea junto al pequeño Sapo que traje del País de la Hierba, inclusive fui vitoreado por un par de aldeanos a los que anteriormente asustaba. ¿Había hecho un buen trabajo? Pese a ser reconocido en la aldea, e inclusive bienvenido en ella, había algo en mi que aun no terminaba de caer en cuenta de las cosas.

Haruka quedó incapacitada en ese bosque de la muerte, pero yo no fui a visitarla, sabía por su orgullo que ella no aceptaría verme en ese estado. En cuanto a la joven marionetista con la que habíamos hecho un equipo, poco supe ajeno a que no se presentó al examen en cuestión, en cierta forma pensaba que, de haber estado con Haruka, posiblemente la Uchiha no hubiese quedado en ese estado.

Pero yo por mi parte, pese a haber tenido que estar dos semanas en constante tratamiento médico, no tuve una mala parte física. Caí como los gatos, parado. Debía demostrar que mis habilidades iban en subida, y solo sabía una manera de hacerlo, conocía una sola forma de lograr que la próxima vez que viese al cara de tiburón le partiese la cara con mis puños.

Aramis.

Mi plan de acción había sido trazado, debía averiguar tras su mejoría donde ubicarla, y conocía un lugar la que pocos se atrevían a ir, el lugar perfecto para emboscarla, y obligarla a ser mi maestra.

Día a día, cuando no realizaba misiones en el Monte Brumoso, me disponía a pasar horas sentado en posición de seiza frente al palacio del Raikage.

Llovía, tronaba, en ocasiones hacía tanto frío que sentía que podría nevar encima de mis hombros. A veces el sol me hervía la cabeza, en ocasiones Kitsune Yamanaka respondía a mis saludos con la mirada, e intercambiaba un par de palabras conmigo, cordiales en su mayoría, pese a mi estado de necedad. Yo estaba determinado, con una idea en la cabeza, y nada me haría cambiar de parecer.

Siempre que Aramis se presentaba, allí estaba esperándola, y cuando ella se iba, esperaba para retirarme a comer algo.

Tras casi un mes durmiendo lo mínimo, sin tomar ni un solo baño caliente, ni recordando lo que era hablar con otros seres humanos en un contexto común, fue que en cierta forma se apiadó de mi alma, o simplemente se hartó de verme quieto todos los días, y accedió a que la siguiese en alguno que otro de sus viajes para mejorar mi formación.

Todo sucedió de ésta manera:

Hablaba lo justo y necesario para preguntar las cosas, en un principio debía reconocer que me intimidaba mirarla a los ojos, había visto su poderío en acción y sabía que no debía hacerla enojar. El primer lugar en el cual entrenamos era un lugar conocido para mí, mi hogar, mi Monte Brumoso. Pero tuve que verlo desde una perspectiva que nunca hubiese esperado, desde pulir mi planeo para evitar volver a caerme por su mal uso, hasta el sentir las ráfagas de viento cercanas a la cumbre como nunca antes lo había hecho.

Mentiría si dijese que estaba sintiéndome como en casa, pues la presión a la que la Lider Anbu me sometía rozaba lo inhumano. Sin embargo, nunca escapó una queja de mis labios, pues sabía lo afortunado que era.

Descansar estaba fuera de la tarea, sentía como la dama me forjaba para convertirme en un arma de guerra. Conceptos como la piedad, la compasión, la amistad y el honor en tiempos de guerra no se volvían mas que secundarios, pues lo principal sería siempre el demostrar mi valía como una herramienta más de la aldea.

Solo dos semanas de entrenamiento tuvimos hasta poder partir del País del Rayo, su labor como líder ANBU hacía que tuviese que frecuentar el despacho del Raikage a diario. Yo, por mi parte, no entraba con ella bajo ningún punto de vista, pues siempre dejaba preparada para mí alguna tarea que otra, inclusive el tener que hablar con propiedad.

Cada vez que mi ignorancia salía a la luz, era castigado, sentarme como correspondía a la hora de dialogar, la forma correcta de hablar con superiores, inclusive había una forma correcta de caminar. Me sentía como un bebe recién nacido dando sus primeros pasos... Por un campo de sellos explosivos activos.

Nuestro primer destino fue el País del Fuego, ya había estado previamente allí gracias al examen Chûnin, pero anteriormente había estado en la Frontera del País de la Hierba. Visitamos varias aldeas menores, e inclusive lugares ancestrales de los que no conocía nada, como el Valle del Fin, donde dedicamos un entrenamiento que hizo relucir algo que hasta el momento me era desconocido. Aparentemente, tenía facilidad para canalizar mi chakra pese a mi estupidez, Aramis atribuía mi supervivencia en el examen chûnin, y mi conocimiento previo del Arte Tessen a ésta facilidad. El sentir que tenía algún tipo de talento, para ser honestos, me era reconfortante.

Esporadicamente debía ir a Konohagakure para que Aramis cumpliese sus labores diplomáticas con Masao, eso me permitió no solo conocer el País del Fuego, si no el cómo era la vida en otras aldeas. No podía negar que ese lugar estaba en la mierda, su gente se encontraba censurada por mis compatriotas, inclusive yo en algunas oportunidades tuve que hacer cosas de las que no me enorgullecía, ya que era lo que se esperaba de mí.

Cuerpo, mente, espíritu, no hubo parte de mí que el país del fuego no puliese. Pero cuando estaba acostumbrándome a la dificultad del lugar, era hora de movernos nuevamente.

El país de origen de nuestro arte, el País del Viento. Aprendí sobre él, sobre la guerra que había sucedido con Sunagakure hace aproximadamente diez años. Inclusive conocí sobre la existencia de Sunagakure, había tantas cosas que no conocía de otras tierras, en cierto punto me preguntaba cómo había logrado vivir tanto tiempo sin hacerme algunas preguntas, sin conocer el vasto mundo.

Durante nuestros viajes pudimos hablar sobre la tierra en la que estuvo infiltrada, Kirigakure, pero puntualmente me dijo aquello que me era pertinente, como la identidad de Goro, el cara de tiburón. Al parecer en ese lugar había varios espadachines, y espadas de gran valor, técnicas especiales de asesinato, y mucho agua.

En el país del viento conocí los desiertos, y fue donde pude sacar mayor provecho al hecho de portar un tessen, el movimiento de mis técnicas con las particularidades del lugar eran dignos de ser un arte. Durante el mes que pasamos allí antes de tener que retornar al País del Rayo conocí el frío, el verdadero calor, la sequedad de la arena en mi cuerpo, y lo que hacía la guerra cuando visitamos la ruinas desiertas de Sunagakure.

Temí por mi vida en mas de una ocasión, inclusive adentro de la aldea me sentía constantemente amenazado y a prueba, cuando Aramis atendía a las labores diplomáticas podía ocuparme de cosas como andar por las calles sin tener que matar a nadie, o temer por ser asesinado. Conocí mejor inclusive a esa misma chica que había visto en mi examen chûnin, la pelirroja de Getsugakure que por situaciones políticas era un rehén en mis tierras. Su situación no terminaba de convencerme, pero decidí que ella no tenía la culpa de ella, y como tal la trataría igual que a una aliada.

En ocasiones me encontraba con Kitsune nuevamente, pero nada le decía más que desearle prosperidad en su día a día.

No entrenaba para volverme un charlatán.

Viajamos por el País de los Campos de Arroz, donde aprendí sobre invocaciones. El poder vincular tu chakra a otro ser para forjar un contrato, y que una bestia con capacidades mas allá de los animales comunes, y corrientes, nos prestasen su poder.

Pensé en aquel sapo con el que había compartido aventuras en mi ascenso al examen chûnin, pero él no parecía querer firmar un contrato, solo se hacía el muerto.

Ante tan patético panorama, Aramis me dio una demostración práctica del asunto. Ella invocaba con gracia, y ferocidad, enormes lobos gatos de hermoso color blancuzco, con rayas a través de su pelaje. Ella los llamaba Tigres blancos, y me aclaró que no eran lobos gatos con manchas negras.

Tras un duelo de miradas con el mas pequeño de los tigres, aceptó firmar un contrato conmigo, con la condición de que dejase de mirarlo tan fijamente.

Tuvimos dos meses afianzando el vinculo entre alumno, y maestra, a base de arriesgar mi vida durante cada entrenamiento, antes de alejarnos de esas tierras para volver el país del Rayo, y fue donde el último tramo de mi entrenamiento continuaría.

Durante dos semanas Aramis tuvo que retirarse para cumplir una misión digna de su rango, a la cual no pude acompañarla, aproveché esas semanas para encontrarme con una vieja amiga.

En la cima del monte, medité cada noche durante horas frente a mi daikiri, relatandole todas mis aventuras a la dueña de aquel arma que ahora me pertenecía. Le conté mis miedos, mis deseos, mis logros, y los frutos de mi entrenamiento.

En las noches meditaba, en los días entrenaba mi cuerpo a lo largo y ancho del monte esperando que Aramis volviese por mí. En esas dos semanas, me preguntaba si ella se habría olvidado de mí, pero no fue así.

En la mañana del decimoquinto día, marcándose el sexto mes desde mi ascenso a chûnin, Aramis me encontró en el pie del Monte, citándome para el último viaje hasta completar mi entrenamiento con ella. ¿Ya se había hartado por mí?

Era una mujer de pocas palabras, en su mayoría sabias, no se andaba con rodeos, era fuerte y directa, mentiría si no dijese que la admiraba.

Nuestro último destino fue la Isla Tortuga.

Enormes picos naturales en el caparazón de una tortuga colosal, viva, donde bestias gigantes habitaban. Las penurias que pasé en el lomo de esa bestia fueron, sin duda, tan arduas como aquellas en el bosque de la muerte. No solo conocí sobre las criaturas que habitaban en éstas tierras, si no también sobre la tierra misma, Aramis me habló sobre la creación de Daichi, sobre criaturas de leyenda nacidas solamente sobre chakra llamadas Bijuus. Había un mundo de historias que la gente normalmente desconocía.

Durante las ocasiones en las que Aramis me abandonaba para cumplir con sus obligaciones, yo evitaba servir de alimento para las bestias, sin embargo a medida que pasaba el tiempo poco a poco me volvía mucho mejor en eso de huir por mi vida, e inclusive, en defenderme.

Había tantas formas de manipular mi abanico que, sin duda, sentía eventualmente que era como una extensión de mi brazo. El chakra recorriendo por mi cuerpo se sentía tan vivo como nunca, pero no era una llama ardiente, si no una luz armoniosa que por las noches de desesperación me iluminaba.

Se me explico sobre las especialidades de los shinobi, sensoriales, médicos, guerreros como yo que se especializaban en el cuerpo a cuerpo, los había inclusive ilusionistas. Había aprendido sobre ellos en la academia, sobre casi todos los tipos de shinobi y asuntos pertinentes más avanzados. Implantes, técnicas de los linajes como Kekkei Genkai, particularidades generales de algunos clanes, otros tipos de artes similares al tessen, inclusive pude recordar los conceptos mas básicos que todo shinobi debería conocer.

Cuando pasaron tres meses más, habiéndose marcado el noveno mes de entrenamiento junto a la albina, tras un combate entre ambos que terminó con una lluvia de huracanes de distintos índoles, Aramis marcó el final de mi entrenamiento, dejándome a mi suerte de ahora en más.

Luché mas de quince veces con mi maestra, conocí todos los climas adversos del mundo, indagué en la historia del mismo y, durante mis travesías, pude realizar más de una faena junto a la mítica Líder ANBU que, normalmente, no sería para mí mas que un cuento de fantasía... O de terror.

Si quería seguir vivo de ahora en más debía seguir puliendo mi tessen, pero cierto era que ella podía enseñarme cuanto mi crecimiento personal nos permitiese, y forzar las cosas terminaría matándome en el proceso. Debía viajar por mi cuenta, aprender del mundo que me rodea, ella me había dado el empujón para que cayese del acantilado, pero como planearía, y cómo aterrizaría era asunto mío.

Con los conocimientos de los cuales me dotó, durante los siguientes dos meses realicé cuantas misiones pude en la búsqueda de probar mis habilidades, y profundizar mi maestría del abanico. Eventualmente la superaría, ese era mi objetivo, así tuviese que derrotarla yo mismo. Hasta entonces, me esforzaría para que mi viento repeliese todos los proyectiles dirigidos hacia ella, y hacia mi aldea, enmendando el no haber podido proteger a esos ojos de topacio.

Al retornar a la aldea tras ese año entero desde mi ascenso a chûnin, ya era un shinobi hecho y derecho, pero ademas de todo un hombre. Mis cicatrices a lo largo de mis viajes se habían curado, pues nadie había sido capaz de abrirlas nuevamente, mi cabello creció hasta pasar mi cintura, los tatuajes de mi cuerpo habían aumentado pues mis historias crecieron con ellos. Ya no era un vagabundo, si no un verdadero viajero, toda la aldea era un hogar para mí, aunque bien es cierto que pese a mis nuevos conocimientos, mis cambios de perspectiva y mi madurez emocional, ¡Ahora soy aun más capaz de partir cabezas a quien me toque los cojones!


País del Rayo - Timeskip



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Nine Beasts
Nine Beasts
Master

Re: From crimson to lightblue [Timeskip]

Mensaje por Nine Beasts el Mar Dic 26, 2017 2:45 am


Time Skip Aceptado.
El time Skip se da por valido. Con esta narrativa te ganas el puesto principal como él único pupilo Oficial de "Aramis Voda" Líder ANBU de Kumogakure no Sato y, tras tus narrativas obtienes las siguientes mejoras.

5 Puntos en Voluntad
10 Puntos de Espíritu
5 Puntos de Concentración
5 Puntos de Resistencia


Con este pequeño avance brindado, esperamos que con ello seas capaz de mantener tu estatus, recuerda que tu mentora se trata de uno de los personajes más importantes en Kumogakure junto a sus demás NPC y Kage. Debes dar la talla con tu puesto.

¡Felicidades y mucha suerte con tu estancia en Nine Beasts!

Se procede a actualizar tu Hoja Ninja.

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