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First Crimson [Flashback]

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Fuji Raikomaru
Fuji Raikomaru
Renegado B

First Crimson [Flashback]

Mensaje por Fuji Raikomaru el Miér Dic 27, 2017 10:16 am


Fuji Raikomaru

Ya había pasado un mes desde mi ascenso a Chûnin, la lluvia arremetía violenta contra la cima del monte, pero para mi fortuna las copas de los árboles que había entramado sobre mi tienda de campaña me proveían de cierta cobertura para poder reposar a la intemperie, disfrutando del frío viento de la tormenta cubriéndome en pleno invierno. Mi entrenamiento hacía que esa fuerte tempestad fuese poco más que una caricia que acondicionaba mi temple. A lo largo que los relámpagos dibujaban las nubes negras en el firmamento, y el tronar estremecía mi alma, podía recordar poco a poco a medida que mis parpados se cerraban, ese fatídico día.


— 4 Años atrás —


En una noche de leve llovizna, similar a la que había zanjado nuestro primer encuentro, yo ascendía por el monte tras regresar de un simple encargo en la aldea. Algo simple, casi rutinario, pero que había ocupado una semana entera de mi tiempo, teniendo que hospedarme en Okiyas que protegía por las noches para no tener que viajar de forma constante entre el Monte y la Aldea. Deseaba llegar al fin a la cima, poder disfrutar de la comida que se me había obsequiado, y solo quizás, ser visitado por aquella rival que me deleitaba con cada combate.

No podía decir con exactitud qué nos unía, ni como, por momentos podía ver en ella la tormenta mas incesante, o la flor más delicada, no entendía concretamente si se trataba de una dama que ha perdido su camino, o una guerrera que lo ha encontrado. Pero fuese cual fuese el caso, era la única persona que con el alba podía verme a los ojos, y demostrar un inexplicable interés en alguien a quien todos los demás han dado la espalda.

Esa noche en particular me sentía cansado, posiblemente la fiebre estuviese aflorando por mi cuerpo, no había tiempo para descansar.

En mi ascenso a la cumbre, pude percibir como los animales refugiándose de la lluvia me observaban en una suerte de llanto doloso. Que en el momento no comprendí, pero eventualmente lo haría. Los salude con una reverencia de la cabeza, como lo hacía usualmente, pese a no entender concretamente el motivo de sus quejidos. Pobre de mí, culpaba a una tormenta que se avecinaba cuando, en realidad, la tormenta ya se ha ido.

En la cima, junto a mi decaída tienda, encontré lo único que hubiese deseado nunca encontrar. No había en este mundo un horror mayor para mí, sin importar cuantos bandidos enfrentase, teniendo presente los peores vicios de la gente, inclusive la crueldad de la naturaleza misma imponiendo su eterno balance, nada me había preparado para ello. Para una despedida.

Me acerqué bajo los tambaleos de la fuerte fiebre hasta aquel sable que yacía enterrado en la más dura de las rocas de la montaña, tan imponente como solitario, tan afilado como romo. Era familiar, bello, vivo y ante todo, triste. No pude hacer más que observarlo durante unos momentos, buscando después con la mirada a su portadora. Deseaba mentirme, diciéndome que posiblemente ella estaría descansando en las cercanías, e inclusive pensé el encontrarla desmayada bajo, tal vez, una fiebre similar a la propia.

Pero sin importar cuantas falacias me dijese, cuantos engaños quisiese aplicar, o cuantas formas encontrase para decirme falsas verdades de forma descarada, nada podía aminorar el dolor penetrante de mi pecho. Los latidos fríos de un corazón que se negaba ante la verdad que portaba frente a sus ojos. Pues bien sabía, y reconocía, que el arma de un samurai era su alma. El abandono de esa triste espada era una despedida, una partida, el final de una historia que prematura había acabado.

¿Donde estuve yo para detenerla? ¿Para darle una mano? ¿Para persuadirla? Rodeado de prostitutas mal pagadas, protegiendo locales de mala muerte que solo engordaban las almas nefastas de sus visitantes acaudalados, mintiendo a mis principios, humillando mi honor. Ella había partido, y solo para mí había una respuesta, ella se había preparado para morir. Ella estaba despidiéndome en el final de su vida, y tener su alma frente a mí, en ese arma, lo era todo.

Cuando mis rodillas impactaron contra el duro suelo no sentí nada más que unas nauseas que recorrían mi cuerpo cuando mi garganta dolía, sintiendo el peso de mil vidas en mi cuerpo. Mis manos fueron hasta mi garganta, intentando deshacer ese nudo perpetuo, pero todo era inútil. Patéticos quejidos provenían de mi voz quebrada, me sentía asfixiado, pues lo había perdido todo.

Era la única persona capaz de entregarme la verdad en su tono, transparente como el agua, donde encontraba mi paz, un templo para mí. En esos ojos veía quietud, la suficiente para calmar mi alma intranquila, para que ésta bestia que no podía controlar fuese liberada sin herir a nadie mas que a sus melancolías. ¿Me había domado? Tal vez, juntos podíamos dar rienda suelta al verdadero salvajismo del alma, aquel que no era destructivo pero benevolente.

Mi rival, mi confidente, mi quietud y mi libertad. Todo lo había perdido en esa noche de tormenta, y frente a la mas bella, y trágica, de todos los daikiri, me permití llorar. Pues la lluvia camuflaba las lagrimas que, por primera vez en mis dieciocho años, dejaba en libertad. Para lavar mis amarguras, para honrar su memoria, para aceptar lo que nunca podría aceptar yo mismo. Estaba furioso, triste, quebrado, roto y al mismo tiempo, perdido. ¿Que haría sin ella cerca? ¿A quien debería superar ahora? ¿Cómo pude fallar tan rotundamente a lo único que debería haber preservado? Ella era capaz de cuidarse sola, y por el respeto que sentía a su preciado orgullo, no interferiría con ello, pero ¿Y si hubiese estado ahí? No todos portaban su honor.

Las emboscadas eran una realidad, no todos manejábamos los mismos valores, nuestro honor era algo que brillaba en el alma de pocos. Odiaba a su familia, a Izanagi, su realidad, todo lo que había derivado en que la mas frágil de las flores se marchitase antes de abrir sus pétalos.

Poco a poco dejaba con cada sollozo escapar mi amargura, hasta que los gritos desesperados quebraban la noche con mayor intensidad que los truenos en el firmamento. Golpee con ambos puños el suelo frente a mis rodillas hasta que un charco de sangre recorría con gracia los desniveles de aquella cumbre, hasta que el dolor de mis manos pudo entender al de mi corazón.

Me sentía culpable, pero no podía permitirme caer ante la debilidad del sentir. Pues ella, de estar presente, seguramente encontraría la forma de distraerme de mis inquietudes, de serenarme con algún comentario que posiblemente no podría entender. Mis manos carmines se levantaron para tomar la empuñadura de ese daikiri, removiéndola de la piedra para elevar su filo sobre mi cabeza, contemplando el reflejo de la noche sobre el filo empapado.

Afirmé su agarre levantándome, con la vista distorsionada, del frío suelo. Arranqué con fiereza el daikiri sin filo que portaba hace tanto, clavandolo con la zurda junto al espacio donde removí previamente lo único que de ella me quedaba. Entonces, con suma delicadeza, enfundé la daikiri en la vaina del lado izquierdo de mi cintura, observando con la vista decaída el cielo.

Ella no me permitiría caer, y ahora que portaba conmigo su alma, yo no caería. Era hora de alzarme, de ser alguien, de alcanzar el ansiado honor que ella creyó perder, por los dos. Ahora los sueños de dos personas caían sobre mis hombros, y yo acepté ese peso junto a las lágrimas que caían por mi rostro.

Entonces, todo fue negro, y la voz de Izanami solo pudo ser oída en mis mas profundos sueños. De ahí en más, solo podría verla hasta despertar con lágrimas en mis mejillas, sin entender la magnitud de mi perdida, sin querer pensar en ello. Pues mi otra mitad me había legado su resolución, e iba a honrarla.


— 3 años, y 11 Meses atrás —


¿Cuanto tiempo había pasado ya? Desperté con los primeros rayos del sol, tenía un sapo dormido sobre mi espalda. Un par de lágrimas en el rostro, y el daikiri reposando a mi lado. Ya habían pasado tres. Ya era chûnin, recordé, y debía correr frente al despacho del Raikage si quería ser tomado en cuenta por Aramis, aquella que portaba el abanico que mecía los vientos de los dioses.

No obstante, en esa madrugada atípica, cuando volví a soñar con ella, me dispuse a tomarme un tiempo de más. Junté mis palmas en oración, cerrando los parpados para hablarle en silencio perpetuo, para despedirme como lo hacía todas las mañanas.

Tomé un trozo de pergamino en blanco que había conseguido, vaya uno a saber cómo, y una pluma con poca tinta. No era un maestro con las palabras, pero bastaba para hacerme entender.

"Izanami:

      El tiempo fluye, pasa, cambia con los días. El sol se oculta, la luna pasa entre las nubes, todo se mantiene similar, pero todo es tan distinto. Yo también cambio, pero mi reflejo no parece hacerlo, sigo siendo tan duro por fuera como débil por dentro. Tu ausencia aun me persigue, pero esgrimir tu legado me motiva a más, he comenzado mi ascenso y espero, donde estés, que me aguardes para poder enseñarte lo aprendido, lo logrado, para poder tener un duelo en condiciones. Entrena, porque cuando llegue espero que todo haya valido la pena, por ti, por mí."




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Natala Nendo
Natala Nendo
Getsu Chunin

Re: First Crimson [Flashback]

Mensaje por Natala Nendo el Miér Dic 27, 2017 5:13 pm


TEMA CERRADO.
Puntos otorgados a Fuji Raikomaru.

  • Fuji Raikomaru: 5 PN.

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