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[Auto-misión Rango D] Vasos Vacíos.

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Kazuma Hozuki
Getsu Chunin

[Auto-misión Rango D] Vasos Vacíos.

Mensaje por Kazuma Hozuki el Mar Ene 16, 2018 6:09 am

Auto-misión Rango D
Vasos Vacíos
GetsugakureZona Comercial17:30 hrs.

Quizá entre tantos matices de una vida es cuando encuentras sentido a lo que haces, la multitud de experiencias que te llevas terminan por contagiarte algo de optimismo y entre tantas de esas cosas puedes hallar el sendero correcto por el cual caminar. Sin embargo, para él, tal sendero no existía, o cuando menos, seguía bastante lejos.

Caminaba por las calles de la aldea con el característico abrigo tosco de lana, por la mañana cierta lluvia había caído, y no estaba dispuesto a mojarse más de la cuenta, prefería sacrificar la cabellera. El punto es que recién salía de uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, había acudido al lugar donde los múltiples militares de la villa levantaban algún encargo, o como a él le gustaba decir, donde aquellos absurdos con sentido del deber iban en busca de dinero para poder subsistir en este ingrato mundo.

Kazuma no era alguien que gustara de misiones ni nada por el estilo, las consideraba mundanas y aburridas en su mayoría, y es que, a decir verdad, poco le importaba el rango que ostentaba, prefería llevar una vida tranquila antes que ascender en la pirámide nutricional de aquellos que adoran la sangre. Era mejor morir tranquilo, que rodeado de imbéciles cuyo único fin sería reconocer, entre muchas comillas, lo buen ninja que fue. Lamentablemente, el dinero no abundaba, y de algún modo u otro tenía que conseguir comida y pagar el hospedaje. No era muy inteligente.

De tal modo, entre sus manos cargaba un viejo pergamino cuyo único significado era el de que había aceptado otra absurda misión. Los detalles eran simples, por lo poco que había leído su destino estaba entrelazado a la zona comercial, pues al parecer a algún dueño de algún bar de poca monta le había ocurrido una desgracia, y poco más. Así pues, el Hozuki tenía un objetivo claro, acudir al local, resolver el problema y posteriormente ir a casa a dormir, con la esperanza de nunca despertar.

Entre tantas palabras en su mente había llegado a su destino, un pequeño local de apenas un piso, no tendría más de sesenta metros cuadrados de extensión y la pintura color crema estaba algo desgastada, un par de ventanas abiertas de par en par y un portón doble al más puro estilo del viejo oeste. En aquella entrada que recordaba a las películas de vaqueros que seguro alguno de ustedes recordará, un pequeño letrero de madera vieja colgaba, con letras negras muy bien hechas el nombre de tan humilde morada lucía en todo su horrible y tenue esplendor. La tartamuda. —Vaya nombre… —Susurró.

Penetró en el inmueble y de inmediato el olor a cebada le hizo volver a la vida. No era un gran amante de introducir alcohol a su sistema, aunque no podía negar que de vez en cuando, un poco de aquel néctar le venía bien a todos, incluso a él, que debía mantenerse hidratado. El interior no desentonaba con el triste exterior, el mismo color crema en las paredes y unas cuantas mesas circulares de color verde hierba distribuidas en el bar. Al fondo del lugar una cantina digna de película con algunas botellas acomodadas, algo de polvo sobre su vidrio daba a entender que poco las usaban.

—Uno, dos, tres… —Contó en voz baja a cada uno de los presentes, un total de tres personas consumiendo alcohol sobre las mesas, su vestimenta era la típica en el invierno, grandes abrigos que les protegían de los vientos, el país era conocido por las lluvias de aquella época, y no estaba de más prevenir. — ¿Alguno ha visto al encargado? —Expresó en un tono modesto, sin mostrar un interés selecto en el individuo, pero con la suficiente fuerza para denotar que era necesario saber su ubicación. Uno de aquellos respondió al llamado, y simplemente señaló lo que parecía ser una puerta de la cual no se había percatado, justo al rincón, a un lado de la cantina.

—No es necesario que me busques. —Una voz ronca salió de la nada mientras un barbudo y robusto hombre salía de la puerta. Su cabello era negro, algo canoso, atribuía tal desperfecto a la edad, y simplemente portaba una camisa de manta verde protegida por un delantal que originalmente debía ser blanco, pero los líquidos derramados habían pasado factura. —Mucho gusto, mi nombre es Hozuki Kazuma y he venido por lo del encargo, ¿Me podría dar más detalles? —Expresó con interés, cuanto antes se pusiera con ello era mejor, así podría estar en casa por la noche. —Hablemos en el despacho. —Y penetró la puerta escondida.

El pelirrojo bufó y sin perder tiempo le siguió. En un principio imaginó que aquello sería una bodega, pero para su sorpresa, apenas entró notó que estaba equivocado, era un cuarto pequeño con una puerta más al fondo, contrario a la absurda decoración de la anterior habitación, esta estaba mucho más cuidada, un color verde similar al de las mesas adornaba las paredes y en el centro, custodiando lo que esperaba que fuera la última de las puertas, un escritorio de madera fina sobre el cual danzaban múltiples papeles. —Toma asiento. —Indicó el barbudo señalando la silla de tela donde el Hozuki suponía que se sentaban a hacer negocios.

— ¿Y bien? ¿Qué necesitas saber? ¿Qué puede hacer Yoichiro por ti? —Hablar sobre él en tercera persona era algo que a Kazuma no le gustaba nada, pero terminó por aceptar con una pequeña sonrisa. —Primero que nada, ¿Qué es lo que busco y donde cree que puede estar? —Relajó un poco el cuerpo mientras esperaba la respuesta. —Son un par de cajas que contienen una botella cada una, son de encargo, estoy seguro que las habré dejado en alguno de los locales que están por aquí cerca. Es cosa de buscarlas y traerlas, nada fuera de lo común. —Kazuma se mordió la lengua, respiró hondo y esbozo una sonrisa. —Entonces es cosa de buscarlas por aquí cerca, no parece haber problema alguno. Si me permite, pasaré a retirarme y buscar su mercancía. —Se levantó del asiento e hizo una reverencia. Ahora solo quedaba buscar las botellas y entregarlas al propietario.

La salida del bar no fue complicada, los tres tipejos que estaban bebiendo se habían convertido en solo dos y sin hacer mucho drama, el pelirrojo continuó su camino en busca de las preciadas botellas de su contratista, aun con todo el pesar que le provocaba. La periferia del lugar constaba de tres locales más, una panadería, una pescadería y finalmente, una carnicería. Locales pequeños a los cuales la gente de la aldea acudía para comprar alimentos básicos, ya sea el pan para la comida o alguna especie de corte o pescado que les permitiría llevar proteínas a casa. Ninguno de ellos le daba mala espina, ¿Por cuál debería empezar?

Finalmente optó por la panadería, era el local más cercano y algo en su corazón le decía que quizá, de algún modo, el viejo y barbudo Yoichiro pudo haber dejado la caja con sus botellas ahí. Con aquella decisión en la cabeza el Hozuki se adentró y apenas abrir la puerta de vidrio corrediza un aroma a centeno escapó del local, las maravillas de la cocina siempre le habían cautivado, y aunque era un inexperto en el tema, una de las pocas cosas que le hacían seguir adelante era el placer de probar un buen pedazo de carne bien cocinado y tratado.

—Buenas tardes. —Bramó. — ¿Qué es lo que desea? —Una chica de cuerpo firme y estilizado le atendió, portaba ese típico uniforme de panadero que tanto había visto, remarcaba cada centímetro de su esbelto cuerpo, y aun así, lo único que había llamado su atención era el negro de su cabello largo, brillaba tanto que era imposible ignorarlo, ya fuera por la luz del sol o la luz interna del lugar, la chica brillaba con su piel blanca y sus ojos azules. —Un poco de información. —Había tragado algo de saliva antes de hablar, la mujer lo sedujo en un instante, no podía negar que era humano.

— ¿Qué tipo de información?
—Verá, no sé si conozca al tipo que atiende el bar que está aquí a un lado.
—Le conocemos, sí, Yoichiro-san es un gran amigo de mi padre.
—Perfecto. Entonces, ¿Sería mucha la casualidad de que esta mañana apareciera una caja con un par de botellas en su local?
—Demasiada, diría yo, a decir verdad, no recuerdo haber visto botella alguna, y de haberla sería imposible esconderla, no tenemos como refrigerar aquí, la harina tiene problemas con la temperatura baja y mi padre no me ha comentado nada. ¿Las ha perdido Yoichiro-san?
—Sí. —Dudó en responder. —Y me ha encomendado buscarlas, graci. ayuda. —Finalizó.

Kazuma evitó hacer más contacto, la mujer le provocaba escalofríos, se sentía atraído y cuanto antes estuviera fuera del lugar, sería mejor para los dos. Hizo otra reverencia y caminó hacia la salida, abandonando el aroma a centeno y al posible amor de su vida. Quedaban dos lugares, ¿Cuál de ellos podría tener las botellas? Al final, optó por la carnicería. Y para su suerte, cuando llegó a la entrada de la misma, la fortuna parecía sonreírle.

El local, abierto de par en par con mostradores de carne en el fondo estaba adornado por un par de botellas verdes que se miraban bastante lujosas, lamentablemente se encontraban custodiadas por un par de carniceros, ya que antes de poder llegar hasta ellas tendría que pasar por ambos. Armado de valor y sin perder más tiempo aclaró la garganta antes de hablar.

—Caballeros, me parece que ustedes tienen algo que no les pertenece. —Una mirada fija en las botellas que dejó helados al par de carniceros. No medían más que él y su cabello era corto y oscuro, algunas marcas en el cuerpo, posibles cicatrices de riñas que tuvieron en sus vidas, no lo sabía. — ¿Ah sí? ¿A qué te refieres? —Escupió el que parecía ser el más grande ellos, con una voz imponente, cual toro. —A esas botellas que están detrás. —Culminó casi victorioso, en su cabeza todo había terminado, dinero gratis prácticamente. —Pues creo que estás equivocado. —Y de un momento a otro, todo se derrumbó, ¿En verdad estaba equivocado o solo le estaban mintiendo? Era tan subnormal que le costaba encontrar diferencia. —No. —Titubeó. —Estoy seguro, y como autoridad de la villa, tendrán que darme esas botellas o me veré en la necesidad de usar la fuerza. —Era consciente de lo que hacía, mostró la placa metálica sobre su cuello que hasta ahora estaba oculta por el abrigo, placa que tenía el símbolo de la aldea y que lo acreditaba como militar de la aldea. Y también era consciente que con su rango poco podía hacer, pero fingir ser alguien superior podía funcionar.

Por un momento el sueño estaba cerca, saboreaba la dulce miel del éxito, hasta que el segundo de los carniceros habló, en una voz algo baja, pero perceptible. —No creo que tenga un gran rango, no veo el chaleco… —Empezó a sudar, le habían descubierto. —Hagamos un trato. —Respondió el otro, con una sonrisa entre labios. —Ayúdanos lo que queda del día, y esas botellas serán tuyas. —Sonaba tentador, Kazuma tenía entre manos una decisión complicada, de negarse tendría que pelear, cosa que poco le apetecía, y por el otro lado estaba la opción de trabajar, lo cual le quitaría más tiempo. —Me parece correcto, les ayudaré. —Cobarde, se decía, debiste pelear, repetía en su cabeza.

Los carniceros le hicieron quitarse el abrigo y las pertenencias, incluida la banda ninja, con un delantal blanco adornando su tórax, Kazuma el Hozuki, miembro de una gran familia había pasado a ser un simple carnicero. Seguro alguno de sus antepasados ahora mismo tenía ganas de matarlo. El trabajo no era complicado y aunque en un principio se sentía mal por haber sido tan cobarde, la realidad era que había hecho lo correcto, pues al final obtendría lo que quería y además habría aprendido alguna que otra cosa sobre carne.

Hizo de todo un poco, desde mover piezas enteras de carne hasta aprender sobre la misma, cortes de diferentes tipos que le fascinaban, aprendió a usar un cuchillo correctamente e incluso el cómo debía afilarlos para que estuvieran en óptimas condiciones, comprendió que el arte de la cocina no solo se basaba en la idea de cómo preparas la comida, sino, de que es lo que estás cocinando y para que. Ya pasadas las ocho de la noche, incluso le enseñaron a identificar mala carne o carne que estuviera a punto de pasarse, pequeños consejos que agradeció de corazón.

—Toma. Y lo siento. —Comentó el menor de ellos entregando las botellas. —Creímos que no tenían dueño, aparecieron aquí de la nada, y se veían bastante bien. —Esbozó una sonrisa. —Todos comenten errores, supongo, ha sido un gusto colaborar con ustedes esta tarde. —Kazuma se despidió amablemente y caminó rumbo al bar, el ruido había aumentado, se escuchaba algo llena por lo que escondió como pudo las botellas entre su abrigo y caminó directo a la barra. Apenas Yoichiro lo vio en el lugar le hizo una seña para volverse a encontrar en la oficina.

Ya dentro Kazuma se disculpó por la tardanza y evitó hacer comentarios de más, simplemente dijo que estaban por ahí tiradas cerca de un parque junto a algo de basura y que por eso había tardado tanto. El robusto empleador le dio las gracias y examino las botellas para mirar que estuvieran en perfectas condiciones, finalmente, le dejó ir con su paga. Aquel día pintaba aburrido y terminó siendo una grata que experiencia, que, aunque le llevó más tiempo del que tenía planeado ocupar, le dejó nuevos aprendizajes y herramientas. Kazuma el carnicero, reía de recordar aquel espectáculo.
Información sobre la misión:
Rango D

Nombre: Vasos vacíos.

Lugar: Getsugakure no Sato -> Zona Comercial.

Encargados: Hozuki Kazuma.

Longitud: 30 líneas como mínimo.

Descripción: Yoichiro es dueño de un pequeño bar en la aldea, debido a ciertas complicaciones ha extraviado un par de cajas que desea recuperar, por lo que ha decidido contratar a alguien para seguir el rastro de su mercancía, que según él, debe andar por algún local.

Notas: X

Link de aprobación

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Fuji Raikomaru
Renegado B

Re: [Auto-misión Rango D] Vasos Vacíos.

Mensaje por Fuji Raikomaru el Mar Ene 16, 2018 12:40 pm


TEMA CERRADO.
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