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[Entrenamiento Semanal] Yuri y una noche bajo la luna llena

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Iryo Nana
Getsu Genin

[Entrenamiento Semanal] Yuri y una noche bajo la luna llena

Mensaje por Iryo Nana el Dom Feb 18, 2018 2:49 pm


Nana


Recuerdo que el día que conocí a Yuri había luna llena y olía a tierra mojada y polvo.  Había salido tarde de la biblioteca. Iba vestida con una camisa fina, ajustada y de mangas largas de color azul grisáceo y una falda negra. Tenía el pelo recogido en una especie de moño formal que lo hacía parecer mucho más corto de lo que era en realidad. Llevaba algo de labial rosado y unos pendientes largos y muy finos, simulando unas gotas alargadas de un color muy claro, se podía confundir con el azul o el gris con facilidad. Había escogido una chaqueta negra para cubrirme del frío, aparte de eso, llevaba un pequeño bolso, donde solo guardaba la cartera y los documentos más esenciales. Iba completamente desarmada, y bastante formal, en realidad.

Había quedado con un amigo para cenar, y había aprovechado la tarde para tomar un libro de medicina nuevo en la biblioteca. Así pues, libro en mano, me dirigí hacia la zona de restaurantes, donde esperaba encontrarme con mi acompañante rápidamente. La ciudad estaba bastante ajetreada aquel día. La calle principal estaba abarrotada de gente yendo y viniendo, en una eterna danza en la que todos parecían haber ensayado mucho; ninguno se detenía y ninguno llegaba siquiera a rozarse o empujarse. Aun así, aquella situación había empezado a incomodarme, por lo que decidí adentrarme en una de las calles traseras, menos concurridas y menos apropiadas para una señorita, claro.

Allí el silencio era sepulcral, siendo el único ruido el finísimo hilo de pasos y voces que venían de la otra calle, acompañados del sonido que mis tacones ninja ejercían sobre las baldosas del suelo. Agarré con fuerza el libro que sostenía en la mano izquierda, y mantuve el ritmo de mis pasos, tranquilos pero constantes.

De pronto algo activó todas las alarmas de mi cuerpo a la vez. El grito de una mujer desgarró la noche, y entonces mis pasos se detuvieron, cortando con el único hilo de sonido que quedaba. Cerré los ojos y escuché con atención, deseando que… otro grito. ¡Lo tenía! Me dirigí lo más rápido que pude al lugar de donde procedía el sonido. Mientras corría, introduje el libro entre mi estómago y mi falda, en una posición que no molestase demasiado, por si la cosa se ponía fea. Los gritos y los sollozos eran cada vez más claros, finalmente adiviné la forma de un callejón poco iluminado, de donde parecían proceder los sonidos. Me acerqué a la pared, y me detuve justo en la boca del callejón, con mi espalda completamente recta contra el muro. Respiré lo más hondo que pude, y me tranquilicé a mí misma. Acto seguido hice el sello del tigre, y convertí mi chaqueta en una capa con capucha que llegaba casi hasta mis tobillos. Me cubrí la cabeza con dicha capucha, y me introduje en el callejón con pasos lentos, atenta a todo lo que pudiese pasar.

La luz de la luna llena prolongaba la sombra de mi capucha lo suficiente como para que no pudieran descubrir mi rostro, a excepción de mis labios rosados y, dependiendo de la posición, mis pendientes grisáceos. Había tanto silencio que podía escuchar mi respiración, de repente había demasiado silencio. Empezaba a temer haberme equivocado de lugar, haber llegado demasiado tarde, haber fallado, cuando lo vi; sería incapaz de describir detalladamente la situación, pues la luz era bastante escasa, pero se me antojaba la figura de un hombre adulto, acorralando a una joven mujer. Era una escena violenta, una a la que definitivamente yo no estaba acostumbrada. Me acerqué, pegándome a la pared, y aproveché unos contenedores cercanos para ocultarme y ver, con detenimiento, lo que pasaba.

El hombre se había abalanzado sobre la mujer, y ahora cubría sus labios con una de sus grandes manos. La pálida y mortecina luz de la luna dibujaba, junto a las sombras una escena grotesca e indecorosa. La mujer parecía magullada y herida, y además tenía parte de la ropa hecha tiras. El hombre parecía mucho mayor que yo, era adulto y claramente mucho más fuerte que ella.

Otro grito ahogado. Y de repente, un destello plateado bajo el cuello de la muchacha. Era… un arma ¡Tenía que actuar! Apreté con fuerza mis dientes. Cerré mi puño derecho con rabia, y después lo abrí. No tenía más remedio que usarlo. Escuché como el cristal se consolidaba sobre la palma de mi mano, formando un kunai de aquel elemento rosado, tan bello y mortal. “Lo siento, padre”. Pensé para mí misma, mientras salía de mi escondrijo, lanzando a la vez el arma en dirección a la pareja. El kunai se clavó justo al lado del hombre, justo al lado de la mano que sostenía el arma, su diestra. Éste dio un espasmo de terror, asustado por la silenciosa emboscada, y su arma cayó al suelo. Otro destello plateado.

Antes de que el hombre reaccionara, y se guiarse para ver quién había osado interrumpirle, yo ya había comenzado a correr en su dirección. No nos separaban más de cinco o seis metros, así que tuve tiempo suficiente para acumular toda la furia y la desesperación que sentía en aquel momento en mi puño derecho, junto a una gran cantidad de chakra, por supuesto. Tres. Dos. Uno. Choqué de lleno con el muro, levantando una gran cantidad de polvo y añadiendo, un ruido más, al compás de la noche. La chica y el hombre se habían apartado, quedando a mi derecha la joven, que sujetaba su traje a tiras y a mi izquierda el rufián. El fino muro que separaba un callejón del otro había quedado hecho trizas tras mi golpe, pero por suerte, no había resultado herido nadie; sin dejarle si quiera tiempo a asimilarlo, saqué mi zurda de la capa, y creé en ella otro kunai rosáceo, exactamente igual que el anterior, y di un salto, abalanzándome con fuerza sobre el hombre. Me forcejeó, y comenzó una lucha por ver quien conseguía poner contra la pared al otro; el era más fuerte, así que dejé de jugar y puse el arma contra su cuello, amenazante, y le invité, caballerosa, a apoyar su apestoso cuerpo contra la pared.

¡Pe-pe… pe-pe-perdóneme por favor! —Tartamudeó, casi ahogado por el pánico. En ese momento entendí que no podía ser un militar, y confirmé que se trataba simplemente de un maleante más. Un hombre de la calle, simple y malvado, que intentaba conseguir todo a base de fuerza bruta. Incliné un poco la cabeza, y mis ojos rojos brillaron bajo mi capa.

Que sea la última vez.— Dije en tono amenazador, mientras apretaba mi puño, con furia, bajo la capa, repitiendo sin que el pudiese saberlo la técnica anterior. Presioné un poco más fuertemente el arma contra su cuello. El hombre me agarró de los hombros para intentar apartarme. Las yemas de sus dedos palidecieron, estaba usando toda la fuerza que tenía, entonces, repetí lenta y venenosamente, mis últimas tres palabras, y golpeé su estómago con toda la fuerza que el Okasho me daba. El hombre se retorció de dolor entre mis brazos, su cuerpo golpeó con violencia la pared, y ésta se agrietó levemente, escupió algo de sangre en mi chaqueta hengueada y entonces quedó inconsciente. Dejé que su cuerpo se deslizara por la pared hasta el suelo, y allí se quedó, quieto como una piedra.

Me aseguré de deshacer el arma de cristal, o al menos, la segunda, ya que la primera se había resquebrajado junto al muro y era inservible. Después del alboroto, sacudí mi mano con dolor, y me acerqué a la chica, colocando una de mis manos en su hombro.

Much…—Aun lloraba, y apenas podía hablar entre sollozo y sollozo—. ¡Muchas gracias! —Dijo finalmente, volviendo a hundir sus ojos en lágrimas. Retiré el jutsu de transformación, y la capa volvió a ser una chaqueta, descubriendo así mi rostro y, con él, mi identidad.

Tranquila. Ya pasó todo. ¿Como te llamas?— Pregunté, con una sonrisa cariñosa.

Y-yuri. —Dijo la chica, que parecía levemente más joven que yo.

Encantada de conocerte, Yuri. Yo soy Nana.

Me quedé allí hasta que Yuri se calmó lo suficiente. Hablamos durante largo rato, y después la acompañé a casa, había conseguido tranquilizarla, y había descubierto muchas cosas sobre ella. Tenía un año menos que yo, y era una civil normal y corriente. Una niña que había estado en el lugar equivocado en el momento equivocado. Le prometí que la invitaría algún día a un té en Rain, y ella me dio las gracias hasta que su voz interior se acalló por completo. Salí corriendo en dirección a Rain con mucha hambre, algo despeinada y con la chaqueta manchada de sangre, aunque ésta no se apreciaba mucho. Había sido un día largo, lleno de experiencias y estaba cansada, pero todavía no había terminado.
Getsugakure || Zona de Restaurantes || Primavera




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Zatoichi Byakura
Muerto

Re: [Entrenamiento Semanal] Yuri y una noche bajo la luna llena

Mensaje por Zatoichi Byakura el Dom Feb 18, 2018 3:51 pm

TEMA CERRADOPuntos otorgados a Iryo Nana.

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