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Verdades: Corazón roto [Relato Mensual]

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Kiosuke Sawarabi
Getsu Chunin

Verdades: Corazón roto [Relato Mensual]

Mensaje por Kiosuke Sawarabi el Mar Feb 27, 2018 2:36 am

VERDADES: CORAZÓN ROTO
PAÍS DE LA LUNARESIDENCIA SAWARABIPRIMAVERA 7 DD

Censura por trama pendiente

Violentamente se abrieron las puertas de la residencia del Chunin.

¡Mamá! ¿Dónde estás? ¡Sal ya! — exclamo con voz quebrada acompañado por varios ladridos de su fiel amigo; ninguno de los dos aceptaba la situación, solo querían ver los rubios cabellos de la mujer que tanto amaban. La información no podía ser cierta, él no lograba siquiera pensar que tal tragedia había sido posible, y el temblor que recorría todo su cuerpo evidenciaba el ataque de nervios que estaba sufriendo mas allá de que tan rápido rebuscó en toda la casa en búsqueda de su progenitora; Kio había evolucionado mucho en el último tiempo, pero había cosas que aún para él eran difíciles de controlar.

No habia nada ni nadie en su hogar, Kio y Koromaru estaban solos.

La situación acabó con el Inuzuka en medio de la sala, tendido sobre el suelo, rendido. El peso de su cuerpo era aguantado por sus brazos y rodillas, tendido en el suelo, siendo empujado hacia abajo por una fuerza imparable. Jadeante, con los ojos rojos repletos de lágrimas, no sabía como expresar correctamente todo el dolor que su alma tenía, sintiendo una presión fuertísima en el pecho y sosteniendo un grito ahogado con la garganta seca. Su compañero, Koromaru, soltaba un leve sollozo a oídos de su compañero. El can quería consolarlo, pero ni siquiera él podía contener el sufrimiento ante la inminiente posibilidad de que todo era cierto, pero... ¿Por qué habrían de mentirle? ¿No sabían cuan impulsivo podía ser el rubio cuando perdía el control de sus emociones? ¿Qué había hecho él para merecer una broma tan cruel? Parecía ser cierto. Ella estaba muerta. Una vez más él había perdido a alguien.

¿Por qué a todas las personas que quería o amaba les pasaba algo? ¿Por qué no podía protegerlas? ¿Cómo era posible? ¿Por qué no se había dado cuenta antes? ¿Había desperdiciado el último tiempo con ella para volverse un mejor shinobi? ¿En qué clase de hijo se había convertido? ¿Estaba solo? ¿Qué podía hacer ahora? ¿Qué haría sin ella? ¿Quién era sin ellas? Cada segundo que pasaba era una nueva pregunta a su ser, y no podía evitar despertar algo...
Una subida de adrenalina emergió de su interior tras un momento de eterno silencio. Mucho mas allá de las inmediaciones del hogar, ni siquiera el viento traído por el mar osaba emitir sonido alguno.

El estallido de ferocidad que despertó en el Chunin no tardó en apreciarse. Un sello y un grito gutural provocó que varios muebles que se encontraban de cara a su cuerpo ahora erguido, volaran por los aires siendo destrozados contra los muros del hogar. Puños, patadas, embestidas... No tardaría en dañarse a sí mismo, pero el dolor físico no era comparable con el espiritual. Kio arrastró su ira por toda la casa, destrozando todo objeto sólido que obstaculizara su paso, soltando un grito de guerra que posiblemente llamó la atención de mas de una persona en los alrededores. No podía evitarlo, ni siquiera Koromaru intentó hacerlo, pues muy ocupado estaba sintiendo el mismo dolor que tenía aquel rubio, dejando salir un aullido estremecedor, inmovil en el centro de la sala mientras todo volaba a su alrededor por la vorágine Inuzuka.
Los vecinos no reaccionaron. Sí, más de uno alzó su vista a través de sus ventanas, esperando que nada malo ocurriese con el joven Sawarabi. Kio era muy conocido en el barrio, pues mas allá de su carácter impulsivo y demás, era un muy buen chico. Al menos en los alrededores, o quizás los más afectados por este hecho, querían mucho a la madre del joven y sabían muy bien cuanto él la quería a ella... Nadie se atrevió a imponerse a la reacción del rubio, pues desde el momento en que se enteraron de la enfermedad de la mujer, esperaron por lo que tarde o temprano sería la evidente reacción que el Chunin estaba teniendo.

Lo que pudo ocurrir en segundos, minuto y quizás tal vez horas, para el dúo fue algo eterno. Había tanto que destrozar, había tanto por lo que lamentarse, pero el dolor no cesaría en ningún momento, solo sus reservas de energía que poco a poco llegaron a un límite. Ambos se desmayaron en poco tiempo, trayendo el silencio al barrio residencia. Ellos cayeron rendidos entre lágrimas, sangre y escombros... Pura devastación, puro desgaste mental y físico.

Sintió que durmió días, quizás semanas. Impregnado por el propio dolor de su subconsciente, Kio soñó con las personas que había perdido hasta el momento, aquellas personas que en aquel reino de ahora pesadillas intentaba alcanzar corriendo, pero por mucho que lo hiciera jamás logró hacerlo...

Despertó. Ambos lo hicieron. Fue una pesadilla.

El arrastre de pequeños cristales por debajo del joven mientras este intentaba de ponerse de pie azotó una vez más con una gran verdad. Madera, astillas, roca... Todo, quizás los cimientos de la casa eran inestables ahora mismo, pero poco importaba en aquellos momentos.
Todo dolor que recorría el cuerpo del Chunin era masivo. Aún estaba cansado, casi como si su cuerpo hubiese estado tan tensionado que apenas había logrado recuperar una cuarta de su energía total. Una migraña imperturbable afectaba en esos momentos al rubio, quien alcanzó a alzarse tan solo un poco, subiendo la vista hasta detenerse en un cofre roto que volcaba su interior lleno de cartas, donde su madre siempre escondía sus cosas y donde él jamás se atrevió a meter su nariz, pero... ¿Qué había allí? ¿Aquello no era lo más valioso para ella? Si bien nunca sintió curiosidad por las pertenecias de la mujer, ahora estaba necesitando el hecho de estar más cerca de ella, conocerla mejor y sentir cuan importantes resultaban serle aquellas cosas para de alguna forma consolarse a sí mismo.

Tanto el rubio como su can se levantaron completamente en la noche, caminando lentamente para tirarse a un lado del cofre y observar detenidamente un colgante con un gran colmillo de quince centímetros —quizás de un perro enorme—, y dos cartas. Kio las olió, una aún tenía el perfume de su madre y la otra ya no tenía rastro alguno, ¿Quizás de un familiar? Debía averiguarlo.

Kio abrió el sobre con lentitud, respirando profundamente mientras volcaba su vista en las letras escritas sobre aquel papel impecablemente blanco. Era la letra de ella, la letra que tanto le gustaba leer. La letra de su madre.

Carta:
Queridos Kiosuke y Koromaru:
Si están leyendo esto es porque no logré aguantar su vuelta a casa, y si bien mi alma está hecha pedazos por no poder ver de nuevo sus tiernos rostros, sé que esto significa que están bien y eso lo único que me importa en verdad.

Kio, sécate las lágrimas del rostro y leeme con atención. Ya eres un hombre.

Tú y Koromaru son lo mejor que me ha pasado en la vida después de conocer a tu padre, y sí, sé que probablemente tengas ganas de romper cosas como seguramente habrás hecho ya con el resto de la casa, pero detente por un momento y leeme hasta el final... Si aún después de todo lo que te escriba deseas comportarte como un niño, estás en todo tu derecho, pero creo que al ser esta nuestra última conversación, quisiera que atesores cada palabra que deje caer sobre el papel antes de que tomes una decisión.

No siempre has sido un chico fácil de llevar. Sé que hay quienes consideran que tu forma de ser es completamente impredecible, incluso a pesar de lo tanto que has madurado, pero soy tu madre y te conozco plenamente, pese a que en estos últimos tiempos no hayamos hablado tanto como lo hacíamos los tres cuando regresabamos juntos de la academia. Nunca pudiste superarme en las escondidas y siempre he adivinado tus fintas cuando escapabas de mí cuando te tocaba bañarte; creo que con el inicio de esta carta he dejado en claro cuanto puedo predecir tus reacciones... Vamos, creo que deberías entrenar más con tu maestro, que si una tonta como yo que no pudo convertirse en kunoichi logra leerte tan fácilmente, difícil la tendrás contra monstruos como él.
Te conozco tan bien que sé lo que debes estar pensando en estos momentos. Sé que te estarás culpando por no haberme cuidado durante mis últimos días como lo has hecho con la pérdida de tus amigas, pero también sé que quieres cargar con toda la culpa porque ese es tu camino ninja, y sé que puedes aguantarlo pese a todo, porque eres una gran persona y algún día serás un gran shinobi. Sí, Kio, lo sé todo y esto es solo el comienzo.

Koromaru, sabes que tu eres mi segundo hijo y eres tan importante como el tonto que tienes al lado. De hecho, no tengo mucho para decirte pues de nosotros tres eres el más sabio e intuitivo, asi que solo quiero pedirte un favor antes de continuar con todo esto: no desistas de Kio, sé que a veces es muy difícil de manejar y casi siempre hace lo que quiere, pero por favor, ahora te necesita más que nunca. El vínculo que existe entre ustedes dos es su jutsu más poderoso, letal, apocalíptico, asesino e imparable...

Estoy feliz pese a todo porque, ¡al fin puedo volver a ser una niña!
Kio, has heredado mi peor lado. Has heredado mi forma de ser y todo aquello que me mantuvo lejos de la vida como kunoichi. Eso solo significa una cosa dados tus grandes avances como shinobi: todo tu talento lo has heredado de tu padre y hay un solo motivo por el cual te lo digo ahora... Sentía vergüenza.
Ambos fuimos engañados, mi amor. Los tres. Sí, creimos que tu padre nos tiró a la basura por una cualquiera y eso me ha carcomido durante varios años, pero el día en que nos enteramos de su muerte, finalmente supe el verdadero motivo de esto. Kio, lo que te estoy a punto de contar es algo que guardé en secreto durante mucho tiempo, y es algo que romperá tu corazón aún más.

Tu padre nos amaba.

Si estás sosteniendo esta carta, también te has encontrado con la otra. La misma es de tu padre, y como sé que muy a pesar de todo lo que estoy diciendote, probablemente ya estarás en proceso de destruirla o ya lo habrá hecho de abrirla antes, la misma cuenta el motivo por el cual hizo lo que hizo.
Tu padre, Kiosuke, hizo todo lo que estaba a su alcance para que nos separemos de él. Dado su rango avanzado como shinobi, consiguió información importante que daba a entender lo mucho que pasaría en años venideros con la aldea... Sí, con Konoha. Sabía todo lo que iba a suceder si nos quedábamos con él, y necesitaba una manera de justificar nuestra salida de la aldea y por tanto, nuestra llegada a Getsugakure. No sé si realmente esto tiene que ver con la guerra actual u otro hecho, no sé tampoco si es verdad o un falso arrepentimiento, pero el hecho de haber llegado el mismo día en que nos enteramos de su muerte me da la pauta de que todo esto fue planeado con antelación. Él murió a raíz del hecho por el cual nos alejó, y conociéndolo casi tan bien como te conozco a tí, sé que lo hizo con una sonrisa en su rostro, orgulloso de haber logrado su principal objetivo: proteger a su familia, incluso a costa de su propia vida.

Kio, Koromaru... Creo que es todo lo que tengo para decir, pues no puedo seguir con esta carta sin sentir como poco a poco se me va la vida en cada letra escrita. No quiero dejar de hacerlo, aún hay mucho que quiero contarte, pero ya creo que va siendo momento. Ahora mismo tengo mucho cansancio y no me atrevo a dejar todo a medias por si durante mi sueño no acabo despertando para continuarla... Es momento de que te conviertas en un hombre, pues ya no hay quien aún te ve como su eterno bebé.

Kio, Koromaru, los amo... Espero que tarden en llegar para volver a vernos.

Nuevamente el silencio azotó los alrededores, y Kio Sawarabi cerró los ojos dejando escapar una última lágrima. Koromaru miró a su compañero con gran angustia en sus ojos, con marcas de agua por debajo de las hojeras caninas marcando las lágrimas que había soltado durante toda la lectura.
Ambas cartas cayeron al suelo, víctima de una repentina pérdida de fuerzas del joven Inuzuka. Su compañero se subio a él, y juntos enlazaron un fuerte abrazo, el cual perduraría varias horas antes de una vez más, ser víctimas de un sueño profundo bajo la calma de un peso, que de alguna u otra forma, había perdido la fuerza que empujaba sus hombros hacia abajo.

Pasadas algunas horas, al caer la noche, alguien llamó a la puerta...

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Zatoichi Byakura
Muerto

Re: Verdades: Corazón roto [Relato Mensual]

Mensaje por Zatoichi Byakura el Mar Feb 27, 2018 1:28 pm

TEMA CERRADOPuntos otorgados a Kiosuke Sawarabi.

  • Mediante post: 5 PN.

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