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|Entrenamiento semanal| With a sense of poisoned rationality.

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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

|Entrenamiento semanal| With a sense of poisoned rationality.

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Dom Abr 01, 2018 7:39 pm


With a sense of poisoned rationality.

El que tenía imaginación, con qué facilidad sacaba un mundo de la nada. Y, si no, que se lo dijeran a la infausta Beretta, que llevaba ya un buen rato acechando las idas y venidas de un pobre padre de familia desde unos ojos muy dispares de los habituales. Si le hubiesen preguntado directamente al respecto, ni siquiera se hubiera molestado en ocultar sus malintencionadas pretensiones; sacar conclusiones precipitadas, retorcer las verdades hasta convertirlas en deshonestas mentiras y tergiversar los hechos hasta que terminaran siendo irreconocibles figuraban en los puntos del día. Transmutada en aquel impersonal animal que, durante tantos siglos, se había rumoreado que simbolizaba el abstracto concepto de perspectiva, no podía evitar caer en las garras del aburrimiento. Volaba lenta, bajando y subiendo en el cielo como si quisiera borrarlo, meticulosamente, con sus alas forjadas en papel; efectivamente, parecía que la laminada criatura estuviese sempiternamente enfadada con la historia escrita a mano alzada sobre las inquietantes sombras errantes del firmamento. Apenas se había separado cinco metros de su queridísimo cuerpo y ya lo echaba terriblemente de menos: tenía que hacer algo con su adicción a las apuestas. La propuesta de Luger le había sonado tan ponzoñosa y tentadora, que ni siquiera se le había pasado por su oscura cabecita rechazarla; ¿cómo iba a oponerse a semejante proposición? El día se presentaba tan anodino que nada le había parecido mejor que dedicarle aquellas páginas de su novela a cualquier personaje cuaternario que se le pusiera por delante: un padre de familia no parecía, a priori, un digno protagonista para aquel capítulo... pero, como solía decirse, las apariencias engañaban, ¿no? Y, aún así, afanada en mantener una perspectiva optimista, no podía evitar pedirle perdón a la tinta por las carillas que tendría que ensuciar esa misma noche con los irrelevantes quehaceres de un hombre anónimo.

Oh, pero qué ingrato era el aburrimiento. Sus labores de observación estaban rozando la extrema ordinariez: ¿realmente podía existir un hombre que, de tan simple, resultara absoluta y completamente anónimo a ojos de los demás? En el tiempo que llevaba siguiendo sus andanzas, se había percatado de que, como no era especialmente diestro en ningún área, no tenía ningún enemigo reseñable. Sin antagonistas, no hay conflicto posible. Como no era dueño de una personalidad reseñable, nadie se paraba a hablar con él más de tres minutos y medio. Sin encuentros memorables, no se pueden rellenar los espacios en blanco con citas interesantes. Como hacer, no hacía gran cosa, pues tampoco era una opción válida y plausible concentrarse en relatar sus intrascendentes andanzas diarias. A Beretta no le cabía la menor duda al respecto: iba a ser, con diferencia, su peor obra. Y, además, no le quedaría más remedio que reconocer su derrota ante el indeseable de Luger. En su cuerpo de papel, no pudo contener una mirada afilada; si el relato carecía, por sí solo, de acción, personajes, ambiente y conflicto, no le quedaba más remedio que tomar medidas drásticas. Tras asegurarse de que el donnadie se detenía frente a un puesto ambulante cualquiera, se apresuró a regresar a su zona de control y retomar su forma original. Las fábulas podrían narrar maravillas acerca de las águilas, pero ella seguiría prefiriendo los halcones. ¿La diferencia entre ambos? fácil: el último se comía a las primeras para desayunar. De nuevo en su piel de cordero, se pasó, con cierta innegable parsimonia, una mano por el rostro y se aseguró, como de costumbre, de que no le quedase ni un sólo cabello de su oneroso caudal fuera de lugar. Le preocupaba estar perdiendo facultades: normalmente, se le daba excepcionalmente bien encontrar malos rumores hasta debajo de las piedras. Sólo había que saber levantar las lenguas adecuadas.

A aquel ritmo, tendría que ofrecerle a Luger una opinión mundanamente imparcial, lo que significaría que, en realidad, había fracasado en su cometido. Las opiniones objetivas carecían de valor y, por lo tanto, de interés. Abandonó, un tanto irritada, el estrecho banco en el que se encontraba asentada y se dispuso a regresar a la zona exacta en la que había dejado extraviado a su trivial personaje cuaternario; por supuesto que conocía su nombre, mas no guardaba el más mínimo interés en llamarle por él. Aquel hombre constituía la prueba fehaciente de que lo menos frecuente en este mundo era vivir... la mayoría de la gente se limitaba a existir, eso era todo. No queda otro remedio, habrá que sacar la artillería pesada; el amor. Desde tiempos remotos, la mejor forma de hacer avanzar el hilo argumental de una historia especialmente plana era a través de la seducción. Un protagonista que apuesta todas sus cartas a un romance imposible, un héroe corrompido por una rosa envenenada, un villano que recupera el sentido al notar los cálidos labios de su amada acariciando los suyos... sí, estaba decidido. Divisó la alargada y desastrada silueta del individuo manteniendo una conversación con lo que debía ser la señora más mojigata que había tenido la deshonra de conocer en toda su vida. Le dio hasta reparo sus maneras de comportarse frente a aquel anodino hombre. Empleando un edificio a su izquierda como escondite, se apostó tras sus nobles muros y tomó un singular papelito que llevaba escondido en algún recoveco prohibido. Se hizo con la pluma que llevaba siempre bien escondida tras sus cabellos y garabateó algunas palabras coquetas que harían a la mujer del anegado padre de familia llevarse las manos a la cabeza, escandalizada. Una vez terminada su mezquina labor, se pasó la hoja por los ropajes, el cuerpo, los pliegues y los labios; las notas de amor había que firmarlas, ¿verdad? Finalmente, sin hacer uso alguno de las manos, plegó en cuatro la inocente hoja gracias a su peculiar don. ¿El toque final? se asomó apenas unos centímetros de su escondrijo, calculó la trayectoria y propulsó la metafórica saeta en dirección al bolsillo de la víctima.-Deliciosamente perfecto.-el triunfo fue absoluto. La labor de espionaje estaba terminada: Luger tendría que invitarla a una frondosa copa de algo caro a cambio de haber descubierto los intolerables cuernos que el desvergonzado caballero le ponía a su devota esposa. Aquella noche, en el hogar de los Aozawa, ardería Troya. Oh, había que mirarlo por el lado bueno... al menos, se había ganado el derecho a un apellido.

'La perfección es una pulida colección de errores.'


PAÍS DE LA LUNA - GETSUGAKURE NO SATO.




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Kuroda Yukimura
Getsu Genin

Re: |Entrenamiento semanal| With a sense of poisoned rationality.

Mensaje por Kuroda Yukimura el Dom Abr 01, 2018 8:52 pm

TEMA CERRADOPuntos otorgados a Beretta.

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