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| Entrenamiento Semanal | A fool's flame

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Rokujō Nanto
Getsu Genin

| Entrenamiento Semanal | A fool's flame

Mensaje por Rokujō Nanto el Dom Abr 01, 2018 8:16 pm


A fool's flame
La ponzoña en sus labios era verdaderamente embriagadora ¿Cuanto hubo tardado en acceder? ¿El transcurso de una pareja de latidos ínfimos? Beretta asintió, supo que ganaría y Luger se reafirmó. En aquella competición donde ambos tramposos y miserables se enzarzaron solo podía haber víctimas inocentes. Desprovistas del derecho a cuestionar, dudar o preguntar. Se les arrebató todo aquello en el instante en el que los ojos acerados de Luger se posaron sobre aquella escena de idílica visión: una familia de cálido trato, almorzando un día cualquiera, un anodino y terroso tiempo en familia. Que despreciable tuvo que resultarles para proponer semejante ponzoña, y que bien se sintió cuando su pareja le correspondió con un desafío. Tenía que quererla desde luego.
Luger se rió en un gesto comedido que ocultó con la zurda, apoyando su espalda sobre la pared de madera destartalada de una tienda del barrio adecuado.
Deslizó un terso cigarrillo hasta sus labios, lo posó como quien sostiene un mundo de cristal con indiferencia al tiempo que observaba a la mujer y a los hijos entrar en la casa. Una vivienda humilde, de fachada simple. Una puerta principal y dos ventanas en el frontal, flanqueada por las viviendas del vecindario. Un hogar que estaría atestado de toda clase de recuerdos, verdades a medias y palabras de consuelo. Luger deslizó una cerilla hacia afuera, la prendió en la palma de su mano enguantada y encendió el cigarrillo sin apartar la vista de la casa. En un conjuro de cenizas y sospechas, Luger barajaba las posibilidades de aquella situación. Supo de inmediato que Beretta jugaba según sus normas personales y aquella familia de vidas anodinas atestadas entre cuatro paredes de modestia atávica, no iba a presentar dato alguno. Carraspeó al tiempo que daba una profunda calada ¿Como afrontarlo? ¿Debía ser atrevido? ¿Quizás dar la voz de alarma sobre la condición nefasta de aquellas personas? Algo se le iluminó en la mirada de forma imperceptible, una chispa resplandeciente que surcó su semblante como un cordel que vibra con gravedad. Quizás era lo que necesitaba. Se reincorporó de un impulso y se dirigió a la casa sin perder mas tiempo. Según comenzó a andar se llevó las manos a la ropa, tratando de alisar, arreglar las dobleces y limpiar el polvo del camino. Pasó los dedos por los acordes invisibles de una maquinaria que comenzaba a moverse y procuró afinar el instrumento de su voz antes de comenzar sus pesquisas. Carraspeó una última vez, paseó la mirada por aquel barrio y decidió comenzar su proceder.

La primera regla de quien sabe los pasos de este baile de sombras, embustes y desengarzados rostros es saber bien a qué se enfrenta uno. La anticipación no llegaría con simples preguntas dubitativas, no acudiría como una inspiración divina propia mas bien de artistas de otras disciplinas. Esto requería tiempo, garbo y tacto, y Luger era todo un avezado estudiante. Se dirigió a los callejones que surcaban la espalda de las viviendas. Allí estaban los jardines; minúsculos espacios donde la hierba parecía afanarse por crecer inútilmente sobre la parte posterior de casas que le robaban toda la luz del sol. Era patético observar como aquellos rastrojos de plantas descoloridas y marchitas luchaban por algo de agua, algo de sucio alimento que llevarse a una boca inexistente. En esos jardines morían muchos mas que en algunos de los campos de batalla mas crueles. "Ah, matarifes. Si gritaran todos estaríamos sordos" pensaba, con gesto divertido al tiempo que se deslizaba de jardín en jardín. Paseó la mirada de un lado a otro, volvió a dar una calada e incluso saludó a una pareja que pasaban por ahí. Un afectuoso saludo para quien se dignara a verlo. Una reverencia anegada de falsa cordialidad, un desaire oculto tras la cintura a forma de gesto despectivo. Luger era experto en todo aquello. Cuando hubieron pasado de largo apoyó la palma abierta sobre la valla que delimitaba el jardín de la calle. Esperó unos instantes y multitud de insectos acudieron a su encuentro. Atraídos irremediablemente por su llamado, aquellos seres, mas honrados que el mas honesto de los trabajadores, le contaron cuanto quiso saber. Y tuvo que remarcar, que si bien eran del todo confiables, en ellos solo hallaba el respeto que se siente por un animal estúpido y útil. Si eran tal y como se presentaban, no se trataba precisamente de una moralidad desarrollada, un intelecto amable o unos modales exquisitos. Aquellos engendros en miniatura solo albergaban verdad y honestidad no por decoro, mas bien por simpleza bruta, salvaje y abrumadora. No obstante, les dirigió un cabeceo respetuoso. Dió toda la vuelta y llamó a la puerta, dando una última calada al cigarrillo para desprenderse de él justo después. La puerta se abrió de golpe y ahí estaba, la ajada señora Aozawa.

- Señora Aozawa Iyo ¿Me equivoco? - Levantó la mano antes de que esta respondiera, tratando así de hacerla saber que era él quien dominaba la conversación y no otro. - Por supuesto que sí que lo es. Me explicaré, ya que sé cuanto tiempo requiere el cuidado de una pareja de niños. - La señora de la casa guardó silencio, al tiempo que Luger entonaba sus letanías de falsedad y embuste. Mostró su glifo de Getsugakure engarzada en el interior de su chaqueta, y haciendo uso de toda su labia, se le permitió entrar.
Fue una tarde de lo mas vertiginosa, donde con todo el pesar de un corazón afligido por semejante desgracia, Luger se afanó por explicarle a la señora que su nación lo necesitaba. Ello la sorprendió, a lo que Luger, comprobando que sostenía la atención de la azarosa señora, se dispuso a rematar. Explicó con todo lujo de detalles como las últimas sospechas parecían indicar como su marido trabajaba en asuntos turbios. Un ser despreciable que los usaba como un escudo, una cruel farsa que tenía por objetivo hacerle parecer mas normal a ojos de la sociedad. La señora Aozawa pareció romperse cientos de veces en aquella conversación dantesca. En sus ojos murió la esperanza, pero Luger la asistió, la sostuvo de las manos y la conminó a recomponerse. Usando a sus hijos como pretexto, la instó a denunciarle, a hallar pruebas de una vida deleznable y a ponerse en contacto con él en cuanto le fuera posible. La mujer, confundida, atrapada en una vorágine de revelaciones ponzoñosas estuvo a punto de echarse a llorar. Sin poder creerlo, aquella traición desventurada poseía una magnitud tan contundente que no hubo lugar a la duda. Luger supo entonces, asintiendo con un gesto de falsa tristeza, que entonces cada duda se convertiría en sospecha. Que cada aspaviento, palabra inadecuada o movimiento errático se transformaría como por puro arte de las alquimias mas sórdidas, en rastros de una vida deleznable. Salió de aquella casa dejando una tarjeta falsa con la cual se pondría en contacto con ella. Y marchándose del lugar plenamente satisfecho, Luger convirtió a su oponente en su confidente. Un par de ojos y oídos tras las íntimas paredes. Creó problemas donde solo hubo espacio para el amor, la confianza y el afecto. Parecía justo que ella ganara la apuesta por él. Era su marido, al fin y al cabo.
País de la Luna - Getsugakure no Sato




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Kuroda Yukimura
Getsu Genin

Re: | Entrenamiento Semanal | A fool's flame

Mensaje por Kuroda Yukimura el Dom Abr 01, 2018 8:54 pm

TEMA CERRADOPuntos otorgados a Luger.

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