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| Entrenamiento Semanal | Unforgettable

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| Entrenamiento Semanal | Unforgettable

Mensaje por Luger el Lun Abr 02, 2018 1:30 pm


Unforgettable
Un carraspeo, un exabrupto que raspó su garganta como una cuchilla de filo deslustrado bastó para hacerle saber que el día había llegado. Se levantó con parsimoniosa lentitud, con la mirada perdida, agobiada de un silencio que le acompañó toda la noche y al despertar, permanecía con irredenta resolución. Se levanto como de costumbre con parte de la ropa aun puesta, sobre la sabana hecha un harapo arrugado bajo él y con el resto de la casa pulcramente ordenada. Una muestra de escrupulosa pulcritud de Luger, que volvió a emerger como una espuma de mar molesta, que ahoga y no asfixia. Que importuna, irrita y angustia, pero nunca mata. Y aún con el semblante roto por el desagrado, hizo la cama tan bien como pudo. Midiendo las costuras, utilizando los márgenes del soporte con el fin de que esta no estuviera un miserable palmo fuera de su sitio. Conseguido ello, se vistió con la natural lentitud con la que se disponía a iniciar otro día. Una mañana mas sin sesgo ni semblante que no reportaría beneficio ni pérdida alguna. Y mientras de anudaba una corbata recién estrenada de intenso bermellón, Luger maldecía una suerte nefasta donde ni siquiera las desgracias le perseguían.

- ¿Es tan difícil que entre un adicto y me amenace con rajarme de arriba abajo si no le doy el material? Y yo diría... "¿Que material, cerdo?" - Comentaba, con tono afable y conciso, al tiempo que se enguantaba ambas manos. - "El material, capullo. Ese que hace que me arda el culo y vomite colorines ¡Sé que lo tienes!" - Continuó en aquella farsa que pretendía hacerle escapar de semejante monotonía. Se puso los zapatos sentado aún en la cama y continuó lanzando aspavientos a los lados. La maquinaria de dramatismo salvaje y teatral acabaría cuando tuviera que hacerlo. - Y entonces, claro. Sacará un cuchillo hecho con un trozo de cristal con un mango de harapos sucios donde antes se hubieron limpiado excrementos humanos ¡Oh! - Dijo, al tiempo que se levantaba con un arrebato de inspiración avasalladora, que hizo que vibrara por su propia invención. - ¡Y con muchas enfermedades! - Exclamaba, aún en un tono comedido y controlado, justo como él gustaba utilizar. Los gritos eran estridentes, zafios y vulgares. Quien susurra, quien habla y canta en tonos suaves es en verdad, hombre de cultura y refinamiento. - "¡Mi material lumínico, cabroncete! ¡Te rajaré el ano si no me lo entregas!" Gritará... ¿Con...? - Según se dirigía a la sala de estar del mismo piso, agarró un palillo dispuesto aún en la mesa, acariciándolo con gesto dubitativo, tratando de averiguar que clase de deleznable condición afectaría al sujeto que lo asaltase. - Un moco... uno blanquecino ¡No! Negro, de hollín y pereza por retirarlo. Uno tan cercano y... no. - Volvió a negarse a sí mismo, observando el palillo con las cejas alzadas, como si este fuera a responderle con mayor precisión que él mismo. - ¿Que tal algunas manchas de saliva seca surcándole la mandíbula inferior y el pecho? Oh, si. - Sonrió de forma sardónica, satisfecho de su sórdida maquinación. - Un auténtico degenerado sin modales. Una bestia impía que acuda a hacer de mi vida algo que merezca ser vivido ¿Tan difícil sería? - Y justo entonces, con el palillo sobre la cabeza y un mundo de fantasías muriendo en un instante; un golpe a su puerta. Una sensación de haber convocado algo maligno le recorrió el cuerpo y a punto estuvo de alejarse corriendo de la sala. Tragó saliva, entornó la mirada con sospecha y se acercó a la puerta. - Eeh... ¿Si? - Preguntaba, con un miedo manifiesto que le atenazaba el cuerpo y le hizo sostener el palillo como una posible arma de defensa. Se percató de inmediato que un trocito de madera astillado y perforando uno de sus ojos como mínimo resultaría molesto. Pero la imagen de aquel adicto deleznable atravesar su recuerdo casi le hizo devolver la cena... de haber cenado, claro.

Se acercó, dando por finalizada una espera algo ridícula, donde su diestra agarraba el palillo como si fuera un roble de augusta esperanza. Se sintió sumamente estúpido entonces, pero aún sabiendolo, no lo soltó. Abrió la puerta de golpe y todo su resquemor se disipó como un vendaval.

- Kyoren... ¿No hay nadie contigo? - Preguntaba, paseando la mirada por encima de los hombros de su otrora camarada. Kyoren entornó la mirada con contrariedad, incluso mirando a los lados.

- Solo, como tu prefieres ¿Interrumpo algo? Pareces nervioso – El timbre de voz de Kyoren era particular por muchas cuestiones. Aquel joven de voz rota, surcada de matices que solo un oído agudo podía percibir. Era como si por su garganta hubieran surcado desiertos enteros de soledad infausta, de áridos paisajes que agostaron su voz en el proceso y finalmente, le concedieron una presencia única. Un canto casi fúnebre, calmado, rasgado, roto y magnífico cuya presencia no hacía mas que encandilar. Luger habría querido una voz como la de él, pero tuvo que conformarse con una particularidad para los tonos silenciosos. Sabía ser sugerente con su voz, pero Kyoren... era un seductor nato.

- No, nada. Son... tan solo delirios míos. No tienes de qué preocuparte. Adelante. - Se internó en su casa sin ofrecerle entrar primero, se conocían, ambos sabían de sus trucos. Kyoren le siguió el rastro, siempre ataviado con largas gabardinas entreabiertas: una elegancia dispar y conformada por un pelo negro que siempre sintonizaba a la perfección con el resto de sus ropas. - Dime, mi inefable amigo ¿Que hace que un tipo como tú, después de dos años sin verme venga a hacerlo un día cualquiera? - Preguntaba Luger, al tiempo que extendía la mano hacia un estante cercano a la mesa, disponía una baraja de cartas ajadas sobre ella y se sentaba. Kyoren hizo el amago de alzar la zurda, para terminar ejecutando el mismo gesto con la diestra. Algo que no pasó inadvertido para Luger. Aún sentado y acariciando el cuero de sus guantes y estos el tosco papel de las cartas, le invitó a sentarse con un cabeceo. Kyoren pareció reacio, dejando que unos segundos se escaparan antes de hacer ningun gesto.

- Luger solo he venido a... -

- Kyoren, por todos los cielos ¿Que somos? ¿Unos putos criajos? Siéntate de una puta vez. - Alzó el tono, provocó incomodez en su interlocutor y cuando estuvo a punto de sentarse dió un golpe sobre la mesa con los nudillos y señaló la puerta. - Y cierra la puerta. Por favor. - Aquella petición sobre sobre el papel parecía ser algo afable, pero el tono, la mirada firme de desafío y la incipiente media sonrisa de Luger lo convirtieron en toda una afrenta. Kyoren no le prestó mas atención, se giró hasta cerrar la puerta tras de sí y luego se sentó a la mesa, dejando ambas manos sobre ella, la diestra sobre la zurda. Luger volvió a sus cartas, percatándose de nuevo del gesto.

- Sigues llendo a esas reuniones ¿No, Kyoren? ¿A cuantos santos has besado ya? -

- No es algo que seas capaz de entender. Respondeme a algo, Luger... - Kyoren se reclinó hacia delante, llevándose la diestra a la cabeza con el semblante contraido por la ofensa y la duda. - ¿Como es vivir sintiéndote tan vacío? Sabiendo que al morir no habrá mas luz que la que se escapa tras de ti en caída libre. No, quiero saberlo... ¿Que estas haciendo con tu vida? - Kyoren parecía ofuscado, atenazado por sentimientos encontrados por Luger, aquel camarada del círculo interior.

- Joder Kyoren, tengo trabajo ¿Que quieres que te diga? ¿Te hago una lista sobre lo que tengo que hacer cada día? ¿Tanto me echas de menos, cosita? - Le respondió con tono burlón, pero Kyoren había sido tan certero como lo recordaba. El tiempo no lo había hecho menos agudo y aquella voz sesgada le atravesaba como agujas que cosian sus ideas y pretensiones. Se sintió atrapado, quiso escapar y haciendo un gesto con las manos arrojó todas las cartas sobre la mesa. Se derramaron indistintamente sobre ella, y en el mismo instante, un enjambre de insectos emergía de las mangas de Luger y revolotearon entre las cartas, agarrándolas con torpeza y tratando de hacerlas cuadrar con movimientos fluidos.

- No parece que hagas nada. Llevo dos años sin saber de ti y no has cambiado un ápice. Siempre con tus desafíos, tus mentiras... ¿Qué eres? Y es una pregunta sincera. Siento respeto por ti y he venido a hablar contigo; porque te considero un amigo, por mucho que creas que ya no significó nada el tiempo que compartimos. - Kyoren posó la zurda sobre su pecho, haciéndole saber que estaba ahí, que permanecía y acudía con intenciones honestas. Otro habría accedido, habría roto su coraza de falsedad y ambigüedad, pero Luger era un perro viejo en estos desmanes. Ambos sabían que la conversación no había tenido una sola palabra impregnada del perfume de la verdad en todo su curso. - Y... ¿Que tal esta Beretta? - Eso hizo que su concentración en las cartas se quebrara por un instante, al tiempo que se esforzaba por ocultar su reacción. Kyoren tenía sus trucos, desde luego.

- Trabajo, "amigo" como siempre ha sido. Puede que tu te entregues a esos cultos y vayas por ahí asegurandote que su influencia en los ignorantes permanezca, pero otros tienen sus miras puestas de forma mas global y menos discriminatoria. - Kyoren bajó la mano, Luger lanzó una mirada y supo entonces que había acertado en su apuesta. Era un rosario, una simple cuenta que se asomaba desde la manga y de seguro, surcaba todo el antebrazo hasta el codo. Seguía siendo quien era y hubo evitado la pregunta por ella tan rápido como pudo. Su interés resultaba molesto, intrigante incluso. - Quiero decir... trabajo para la aldea. Cumplo con sus designios. -

- ¿Y cuales son esos? ¿Los tuyos? - Inquería Kyoren, con un tono que recordó al de un golpe sobre una roca.

- No, joder ¿De que me estas hablando? Alguien tiene que hacer lo que yo hago. No creerás que un lugar como este se mantiene a ciegas de sus propias entrañas. Ambos sabemos que el verdadero veneno no esta en el exterior, esta dentro de nosotros... de todo esto. - Continuó con su juego de cartas, con aquellos diligentes insectos trabajando a destajo, manipulando la baraja y haciendo verdaderos espectáculos de amplia concentración. Kyoren desvió la mirada de aquello, evocando algo, quizás huyendo de un recuerdo.

Aquella conversación tendría que terminar. Las cartas cayeron, la paciencia de Luger se agotó con el leve estrépito que causaron. Le pidió que se volvieran a ver en otro momento y al partir, Kyoren trató de abrazarlo. Luger rehusó con educación, haciendo alusión a un resfriado que lo tenía malogrado. Ambos se despidieron y quien permaneció ahí, sembrado de dudas y escarnios, pensó en todo lo que no hacía. Todo lo que no era.
País de la Luna - Getsugakure no Sato




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Re: | Entrenamiento Semanal | Unforgettable

Mensaje por Kuroda Yukimura el Lun Abr 02, 2018 4:25 pm

TEMA CERRADOPuntos otorgados a Luger.

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