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|Entrenamiento semanal| Don't cry for me, Argentina.

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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

|Entrenamiento semanal| Don't cry for me, Argentina.

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Lun Abr 02, 2018 1:39 pm


Don't cry for me, Argentina.

«¿Qué lengua habla el viento? ¿De qué nacionalidad es la tempestad? ¿De qué país viene la lluvia? ¿De qué color es el rayo? Justo cuando creía conocer la mayor parte de las respuestas, cambiaron todas las preguntas. ¿Qué puedo mencionar sobre la irracional, impulsiva y desconcertante Kōan que no haya sido ya pronunciado en algún momento? escribir acerca de sus veleidades es como intentar hablar de un viento del que no se recuerda con precisión el sonido. Cierto es que compartíamos ciertos intereses (como nuestra mal disimulada secreta pasión por cambiar de opinión como de vestuario), pero, quitando esas pequeñas aficiones en común, no nos unía nada demasiado profundo. Disfrutaba de sus volubles palabras y de la canción que mecía su espíritu: me hacía gracia escuchar sus mudables sentimientos y perderme en esa especie de absurda inconstancia que rodeaba su presencia. Sin embargo, no encontraba en su personaje ninguna característica transcribible. ¿Cómo escoger las palabras adecuadas, querido amigo? Era tal que una corriente de viento en pleno verano: movía esos hilos invisibles en el aire que unen las olas, los cabellos y los pensamientos. Ella misma parecía estar hecha de brisa, ¿verdad? Te entraba dentro, convertía tus reflexiones en una tormenta y, apenas se alejaba, te faltaba el oxígeno. Y, sin embargo, a pesar de poseer tan asfixiante poder, no he conocido a nadie que sea capaz de expresar adecuadamente la quid de su identidad. Había algo heroico y noble en su espíritu, o no. Le gustaba tratar a todo el mundo por igual, o no. Era una criatura ingobernable, o no. Hablaba más con los árboles que con los hombres, o no. ¿Lo ves? es lo que tiene trastocar todo lo que tocas: luego resulta imposible extraer una opinión absoluta sobre ti. Oh, qué curioso... a lo mejor, sí que teníamos muchas más cosas en común de las que pensaba. No tengo interés en continuar redactando esta misiva, así que espero que encuentres satisfactorios mis pareceres; o no, tampoco es que me importe en demasía tu opinión.

Nunca tuya,
Beretta

Le pidió perdón a la tinta por haberla forzado a redactar aquellas insípidas palabras. Se arrodilló ante su exquisita pluma por exigirle un trabajo tan ingrato. Murmuró incluso unas palabras de disculpa hacia sí misma por haberse obligado a responder, finalmente, una de las muchas y aburridas cartas que aquel hombre desagradecido se empeñaba en enviar una semana tras otra. Y si un fortuito viernes no le llegaba ninguna, al siguiente la esperaban, frente a la puerta de su apartamento,dos. En el fondo, entendía su insana obsesión. Se puede borrar a una persona de tu mente, pero, sacarla de tu corazón, ya es otra historia. Beretta se inclinó ligeramente hacia atrás y permitió que su cuerpo reposara, durante apenas unos cuantos minutos, sobre el respaldo de su incómodo asiento. Tampoco es como si le interesaran los problemas de un amante pasado, suficiente tenía con mantener viva la chispa de aquel personaje.—Perdonar y olvidar. Es lo que dicen. Es un buen consejo, pero no es demasiado práctico. Cuando alguien nos hiere, deseamos herirle; cuando alguien nos trata mal, queremos tener razón. Lo máximo que podemos esperar es que algún día tengamos la suerte de olvidar.—lanzar inquietas reflexiones al aire también se estaba convirtiendo en una de sus aficiones predilectas: de alguna manera, la excitaba la idea de que el viento pudiera recolectar sus pensamientos y susurrárselos a los árboles en las frías noches de invierno. Eso sí, que no la tachasen de quisquillosa; si lo hacía a lo largo de los ocasos otoñales, primaverales o estivales no se quejaría. Eran estaciones que se prestaban menos a la poesía, pero también conservaban cierto cariz literario.

Desestimó sus propias aspiraciones y posó las vetas ámbar de sus ojos sobre las taciturnas letras: parpadeó un par de veces antes de animarse a plegar la hoja por la mitad e introducirla en un menudo sobrecillo de papel. Los envoltorios buenos los reservaba para otras ocasiones. Al terminar de sellar la carta, se tomó unos enjutos instantes para redactar la dirección adecuada, dibujar -que no escribir- su marca particular en una esquina de la misiva y rociar con unas gotitas de perfume la totalidad del envío. Enloquecer, otro de sus pasatiempos predilectos; ¿cuántas horas se pasaría el caballero tratando de atesorar su sugerente fragancia? Casi se sintió tentada de cambiar la frívola despedida por unas líneas un tanto más... desconcertantes. 'Nos veremos pronto', habría sido una opción más divertida. Cabeceó en silencio, arropada por las veladas sombras de su estancia; no le apetecía comenzar de nuevo aquella parafernalia. Muy lentamente, con esa sutil certeza que envuelve los movimientos de las personas que saben demasiadas cosas, se puso en pie y se paseó por la habitación masajeándose las sienes. ¿Por qué salía a relucir nuevamente el asunto de Kōan? ¿dónde quedaba aquel acuerdo tácito de no volver a mencionar su problemático nombre? Oh, cómo la hastiaba que un escritor intentase salvar -en vano, por supuesto- un argumento recuperando tramas y conflictos pasados. Qué poca imaginación tenían algunos.

Tratando de serenar la marea de sentimientos negativos que amenazaba con derribar su recatado temperamento, realizó un pequeño ademán de muñeca para sacar un montoncito de papeles que descansaba a un lado de su escritorio. Torció el dedo índice de su mano izquierda y, obediente y diligente como pocas criaturas podían serlo, la hoja más cercana se elevó en silencio y comenzó a plegarse sobre sí misma justo como la sinopsis de aquel capítulo. El único encanto que habitaba en el pasado era, precisamente, que ya había pasado. Frunció el ceño en un gesto elegante mientras continuaba brindándole escuetas e indiferentes órdenes a la hoja en blanco: ni siquiera era realmente consciente de qué pautas le estaba dictando exactamente. No le dirigió ni una mísera mirada a su obra hasta que estuvo terminada: a fin de cuentas, no merecía la pena leer borradores inconclusos. La figura que la aguardaba encima de la mesa no era lo que esperaba: el cisne que la observaba, impertérrito, desde su cárcel de papel y su podio de novelas desgastadas, perturbó las aguas marchitas de su conciencia.—Oh, vaya, vaya.—enarcó una ceja con encanto, a la par que avanzaba hacia su pequeña creación y la acogía entre sus manos. Estudió su color macerado, la grácil curvatura de su garganta y la impetuosa postura de sus alas; se había equivocado.—Oh, Kōan... eras viento, sí, pero no volabas.—una sonrisita mordaz se instaló sobre la levísima curvatura que conformaban sus inmaculados labios. Arrugó la creación entre sus manos, la dejó caer en el desordenado suelo de la estancia y lo desechó como quien no quería la cosa. Vuelta a empezar. Durante lo que bien pudieron ser dos o tres horas, Beretta puso todo el cuidado del mundo en recrear justo aquellas figuras que más le habían gustado a la ausente en su momento. A fin de cuentas, no había nada más bonito que un personaje que se acordaba de los que ya no estaban, ¿no? Infundía una grácil e innegable melancolía en el lector, sin duda.—Una mariposa desvencijada, un zorro sin escrúpulos, una endiosada flor de iris, una moribunda estrella...—fue enumerando a medida que las iba concibiendo. Hasta que no hubo terminado de trazar la última punta del astro pálido, no cesó en su empeño; cuando tuvo todas las creaciones reunidas, abrió la única ventana que alumbraba el hogar y las hizo volar en una singular marcha fúnebre. Fin del momento bonito.

Hora de pasar página: momento de coger un cuaderno en blanco y dar rienda suelta a un nuevo argumento. Se sentó frente al escritorio henchida por un sentimiento contradictorio. Por un lado, nada le apetecía más que dar comienzo a una historia diferente... y, por otro, la sombra de unas alas negras se cernía en su memoria con unas ansias insólitas de atención. Efectivamente, un cuervo en piel de zorro se le aparecía en los pensamientos como por arte de magia cada vez que trataba de concentrarse en la desnuda página.—Oh, maldito.—intentó ahuyentar al ingrato deseo, pero la llama ya estaba avivada y la semilla, plantada. No obstante, se negaba a darle la satisfacción a Luger de ir a visitarle por necesidad y no por interés.Una excusa, eso lo arreglará todo.—se puso en pie guiada por movimientos suaves, elegantes y, ante todo, magnéticos. Deslizó una mirada insípida por la estancia, extendió un puñado de papeles alrededor de una circunferencia y, sin mediar palabra o duda alguna, los hizo seguir el compás de un viento invisible que los elevó en una especie de infausto tornado. Cualquier objeto al alcance de la bestia elemental se vio arrastrado hacia la debacle: en cuestión de un par de minutos, aquel apartamento había pasado de ser el nido de un halcón a la guarida de un león.—Ahora que todo está en su sitio, puedo irme.—¿destino? él. ¿Hacía falta añadir algo más? A fin de cuentas, la mejor manera de eludir una tentación, era cayendo en ella.
PAÍS DE LA LUNA - GETSUGAKURE NO SATO.




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Kuroda Yukimura
Getsu Genin

Re: |Entrenamiento semanal| Don't cry for me, Argentina.

Mensaje por Kuroda Yukimura el Lun Abr 02, 2018 4:23 pm

TEMA CERRADOPuntos otorgados a Beretta.

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