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[Presente] Carne fresca

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Kuroda Yukimura
Getsu Genin

[Presente] Carne fresca

Mensaje por Kuroda Yukimura el Lun Abr 02, 2018 3:58 pm

Carne fresca.
Kuroda Yukimura
Getsugakure no SatoRestaurantesVerano/Presente
Físico:

Getsugakure era una villa tranquila en su mayor medida, eso quizás era lo que más me gustaba de ella. Sus calles estaban siempre llenas de vitalidad pero en su mayor orden. Cada cual tenía sus obligaciones y entre ellas, a los militares de profesión como había elegido yo, siempre teníamos nuestros días libres para liberar tensiones, y sobre todo, ver algo de mundo fuera de las cuatro paredes imaginarias que dejaban a la vista de nuestros quehaceres.

Normalmente yo los días libres aprovechaba para realizar algunos trabajos extras para ganarme un dinero que me venía siempre muy bien para armar mi arsenal bélico. Hoy era un día distinto, el sol estaba en el centro del despejado cielo mientras que mis pasos caminaban tranquilos por una de las calles aleatorias de la aldea. Mis pasos estarían marcados por la vagancia y la serenidad mientras que mi mirada iría rotando desde un lado al otro, a veces miraba hacia el cielo y llevaba mi mano a modo de protección frente a la luz del sol, estábamos entrando en épocas más soleadas.

Mi vestimenta de hoy sería bastante informal, teniendo la suerte de ser un día libre para mí, no tendría que llevar mi bandana Genin conmigo. No es que odiara llevarla, ni mucho menos, es más, me gustaba, ya que era un cargo que me había ganado. De primeras una camisa blanca de un tanto suave, del lino más blanco que podía haber. Por encima de esta tendría una chaqueta de cuello más o menos alto, de cuadros rojos azules y rayas blancas, constituido también por una capucha que llevaría prácticamente de adorno. La parte de abajo sería sencilla, un pantalón de un rojo oscuro con unas tiras blancas desde la hebilla del pantalón hasta los bolsillos de este, ligeramente ajustado a la cintura y con amplia ligereza a medida que iba bajando por mi piernas. Mis pies estaría cubiertos por unos calcetines blancos que no se verían al estar tapados por unas botas negras, completamente negras, sin ningún dibujo y llegando estas hasta mi tobillo. Todo ello se vería adornado por un viento de brisa apaciguada y tranquila que movería mis cabellos despeinados hacia el lado que más le convenía.

Una vez que mis pasos hubieran entrado en la zona más comercial de la aldea, cogería mi cartera de uno de los bolsillos y me aseguraría de que había traído dinero suficiente para entrar a una de las tabernas del lugar a tomarme algo tranquilamente. Cuando me adentré en el primer establecimiento que encontré, un olor a jazmín recorrió mis fosas nasales al mismo tiempo que observaba el interior de este. Cinco mesas en total colocadas aleatoriamente, dos a mi izquierda y tres a mi derecha con un pequeño pasillo entre las sillas que llegaría hasta una barra de unos cinco metros de lado a lado. El bar estaba vacío, apenas un hombre de uno sesenta años estaría sentado en la esquina izquierda de la barra mientras que se tomaba su consumición y una muchacha de unos dieciocho años secaba con perseverancia un jarra de cerveza.

La camarera dedicó una sonrisa de complacencia hacia mí al mismo tiempo que yo haría una seña para indicarle el lugar donde me sentaría. La mesa del medio de las tres que se encontraban a mi derecha sería en lugar donde sentaría mi cuerpo a descansar mientras que la chica salía de la barra y se acercaba a mi posición con elegancia y una incontrolable sensación de hospitalidad. - Una cerveza, por favor - Dije simplemente afirmando mi petición con una sonrisa de medio lado, sin abrir mi boca. La mesa sería completamente de madera, como todo el local en sí, un cuadrado de un metro de lado, más o menos, con su correspondiente gaceta y su lugar para las servilletas. Yo estaría sentado en la silla que daría justo a la entrada del local, teniendo esta de frente. Algo que si me extrañó fue que no tuviera un cenicero, quizás era un local que no permitía fumar dentro. >> Seguramente por eso esté así de vacío << Realmente yo lo agradecía en sobremanera. No me gustaba el olor a tabaco.

Un par de minutos pasaron cuando la chica aconteció con sus andares y posó encima de mi mesa una jarra de medio litro, más o menos, de la cerveza más conocido en Getsugakure no Sato. Así mismo, dejó sobre mi mesa un pequeño cuenco con frutos secos, acto que agradecí asintiendo con la cabeza y sonriendo como la anterior vez. Tenía bastante sed, así que lo primero que hice fue coger con mi mano derecha la jarra y dar un pequeño trago, haciendo que aquel brebaje comenzara a bajar por mi garganta y refrescando mi interior.

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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Lun Abr 02, 2018 7:35 pm


CARNE FRESCA.

«El alcohol puede ser el peor enemigo del hombre. Pero en la biblia dice que ames a tu enemigo.» Frank Sinatra.

En la vida, como en la muerte, había aspectos con los que uno, sencillamente, tenía que lidiar. Algunos, podían ser tan sencillos e irrelevantes como que el ingenio de Luger no estuviera especialmente avezado aquella tarde; otros, en cambio, tan insoportables e inhumanos como que la botella de whisky acabara de terminarse así, por las buenas. Existen pocas cosas más tristes que observar a la última gota de un buen licor deslizarse a través del cristal, recorrer los sugerentes labios del menudo recipiente y, finalmente, ir a morir a una luctuosa copa vacía. Mientras era testigo de cómo el elixir expiraba su último aliento, Beretta no pudo contener un suspiro de amarga y contenida resignación.-Oh.-no encontró mucho más que añadir al monólogo que se había marcado su compañero. Si tenía que lidiar con sus soliloquios estando sobria, entonces no merecía la pena ni fingir que los escuchaba. Se mordió el labio inferior con saña, muerta de ansia.-Invítame a otra copa.-exigió, incapaz de contener un pequeño berrinche. ¿A quién se le ocurría pedir solamente una botella para compartir entre dos personas?-Eres el peor anfitrión de la historia: la próxima vez, ni me invites.-omitió, con todo el descaro del mundo, el hecho de que había sido ella misma la que había exigido estar presente en su alcohólica excursión. Consideraba un derecho de nacimiento el asistir a cualquier clase de reunión en la que se vieran inmersos, claramente por igual, intelecto, ebriedad y refinamiento. ¿Espíritu, alma y cuerpo? já. Quien le atribuyera a aquellas tres cualidades alguna clase de simbolismo ancestral o místico, estaba muy errado.-Y en cuanto al enigma que te propuso Kyoren... es demasiado fácil.-ni se molestó en contener la ponzoña: impregnó todas y cada una de sus palabras de aquella particular toxina que con tanta facilidad se le escapaba a puñados. Chasqueó la lengua con sonoridad, se inclinó ligeramente hacia delante y alzó el dedo índice en dirección al sagaz Aburame.-E ingenuo.-no esperaba que le diera la razón, pero tampoco que le llevara la contraria.-Hay una casa en la que uno entra ciego y sale viendo, ¿qué es?-dejó la pregunta expirar entre sus sonrosados labios antes de continuar. Le gustaba sentir el timbre de su pintoresca voz vibrar alrededor de su propio aliento.-La escuela.-sin duda, era un tremendo desperdicio de ingenio.-Y ahora, dame mi recompensa.

Se removió unos instantes sobre su posición: aquel antro de mala muerte distaba mucho de parecerse a los sofisticados establecimientos que había visitado durante sus maravillosos años de mantenida. Deslizó una mirada mordaz hacia su acompañante: por un momento, se cuestionó en silencio cómo le sentaría al muchacho si, de repente, se le diera por buscarse un nuevo amigo. Extrañamente, no encontró satisfacción en la fantasía; de hecho, para ser sinceros, hasta le sentó mal. ¿Qué era aquella sensación de vértigo que le corroía las entrañas cuando se imaginaba en brazos de otro hombre? tonterías. Se apartó un aterciopelado mechón de delante del rostro, azorada de pronto ante una situación para nada pintoresca. Por supuesto, se forzó a perder sus insondables pupilas en cualquier detalle nimio que no fuera a descolocarle los pensamientos; desde aquella recatada posición, se le hacía de lo más sencillo escrutar, a través de las plantas marchitas que ocultaban su mesa, las idas y venidas de los diferentes individuos que se atrevían a poner un pie en la ordinariez convertida en bar.-Mataría por un cigarro.-refunfuñó para sus adentros, obligándose a no alzar la voz en demasía. No era educado montar un escándalo en público.-¿Llevas alguno encima, cielo?-torció el rostro apenas unos centímetros hacia la izquierda, poniendo especial empeño en compaginar el melódico cariz de su tono con un seductor juego de pestañeos y medias sonrisas. La dama que cautiva al héroe haciendo uso, tan solo, de sus encantos personales.
Y aunque no estaría del todo bien equiparar un tesoro con un pitillo, no pudo evitar la dispar comparación. No era culpa suya, sino del llamado mal del escritor. Las exageraciones se le escapaban con la misma facilidad que las mentiras, qué se le iba a hacer. Desde luego, ponerle remedio, no se encontraba entre sus prioridades. Ni entre sus intereses, para qué negarlo.

A punto estuvo de volver a insistir cuando, de pronto, reparó en un pequeño detalle en forma de advertencia que se hallaba sobre la barra. «Prohibido fumar.» Y así, queridos lectores, era como un argumento se derrumbaba bajo el peso de las circunstancias.-Oh, por favor.-la irritación vibró en sus palabras, un sentimiento intenso se deslizó a través de sus pestañas.-¿Qué clase de monstruo privaría a una escritora de su veneno?-permitió que un mohín airado se instalara permanentemente sobre la curvatura de sus casi tiernos labios. El café, el alcohol, el tabaco, el amor y, en general, todas las toxinas que no eran lo bastante fuertes como para matar en un instante, se terminaban convirtiendo en una necesidad diaria para cualquier novelista que quisiera considerarse como tal. Inspirada por un orgullo herido, se puso en pie de un salto y se dirigió hacia la maltratada barra con ganas de revolución.-Eh, perdone.-le increpó a la diligente camarera, que en aquel mismo momento había terminado de tenderle su consumición a un hombrecillo demasiado joven como para quitarle el diminutivo de encima.-¿Cómo se atreven a prohibir fumar? El cigarrillo es, sin duda alguna, el placer perfecto. Es exquisito, pero te deja insatisfecho... como los pecados, ¿verdad?-incapaz de morderse la lengua, no pudo evitar dirigir su último comentario al muchachito que descansaba a su derecha. Oh, qué entrañable personaje secundario.
PAÍS DE LA LUNA - RESTAURANTES




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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Rokujō Nanto el Lun Abr 02, 2018 10:14 pm


Carne Fresca
- Dos años son mucho tiempo, Beretta. Y desde aquellos días es como si hubiera pasado mucho mas que simples días, encadenados a meses y estos ensartados a años. - Luger se reclinó sobre el respaldo de su asiento, donde había dispuesto su chaqueta negra de rayas verticales blancas a modo de perchero. Ladeó la mirada hacia el suelo, afectado por impresiones de una vívida teatralidad. En un instante aquella visita le había hecho darse de bruces con una realidad avasalladora, algo que invadió su mente y nubló su juicio de sobremanera. El alcohol nada pudo hacer con alguien que se hallaba inmerso en una pena que no supo catalogar; quizás motivado por el inexplicable terror de que, al nombrarla tal y como era, se haría mas real de lo que ahora se le presentaba. Volvió a dedicar una mirada a medias a Beretta, siendo incapaz de ofrecerle una vista sincera y completa. - Me hace querer preguntar al aire o a quien sea donde demonios se ha ido todo ese tiempo. Hablo de dos años, maldita sea... - Negó lentamente mientras alzaba la mirada, esquivando deliberadamente a Beretta en el proceso, incluso cerrando los ojos con levedad. Quiso que la oscuridad y el olvido que la acompañaba como fiel albacea aliviaran su carga. De nuevo, las presunciones no le llevaron muy lejos. - ... habría jurado que aún tengo veinte años. Y sin embargo me siento mas viejo, mas ajado y aún ahora no sé que estoy haciendo ¿Esto es todo lo que nos espera? - Bajó la vista de forma abrupta, esta vez enfrentando el acero azul de su mirada con el ámbar asfixiante de Beretta. Una concordancia de colores que por parte de Luger buscaban alguna clase de ánimo. - ¿Beber día si y otro también sin sentido? ¿Qué estamos haciendo, Beretta? - Volvía a inquirir, casi con una desesperación que caía sobre él como un manto tupido. Algo que le atenazaba el cuerpo, agitaba su espíritu y nublaba su mente de formas insondables. Deslizó su mano enguantada hasta su vaso vacío, y aun sabiendo que nada había, trató de dar un trago de aire impregnado con el olor del alcohol barato que sabía que no podría permitirse. Aun entonces no le importaba. El simple hecho de hallarse sin una miserable moneda no le impediría empapar su cuerpo en alcohol de alta graduación. Esperando, y eso debía reconocerlo, a que el veneno de profundos golpes fuera a matar aquello que tanto lo confundía. No hubo suerte, o sencillamente no lo intentó de verdad.

Las peticiones de Beretta le hicieron saber que toda aquella charla había resultado inútil, tan infructuosa y banal como el mas sordo balbuceo. Torció el gesto con cierta decepción. - Cariño, estoy de acuerdo. - Convenía, haciendo girar el vaso sobre su base con lenta ejecución. - Si fuera tan inteligente como pienso que soy habría pedido cinco botellas aún sin poder pagar ni la primera: cualquier zote sabe que eres una compañía difícil de soportar en la claridad de la sobriedad. - Con ello pretendía ofender a la voluptuosa mujer que lo acompañaba. Ello le provocó cierto resquemor, y acto seguido le dedicó una sonrisa cómplice y un guiño. Pensó que con ello le haría saber que lo mencionaba con todo el afecto del que disponía, no obstante sintió que no fue suficiente. - Déjame aclarar algo... - Hizo una pequeña pausa teatral, dejando el vaso sobre la mesa y extendiendo la diestra hasta la mano delicada de impoluta pulcritud de Beretta. - ... y es que así lo prefiero. Mía eres y tuyo soy ¿Por que añadir a nadie más? Dejemos a los tontos seguir siéndolo y a los enfermos de amor morir de lo suyo ¿No? - Quiso con ello zanjar el asunto, al tiempo que piqueteó con el índice en la mano de Beretta y cruzaba las piernas. Poco después escuchó la respuesta al dilema con el que Kyoren había inaugurado su conversación hacía no mas de unas horas. Luger se entristeció de manera al recordarlo. De nuevo un peso candente de cadenas restallantes pesaba sin pesar, colgaba sin hallar molestia alguna, pero no dejaba de sentirlo.
Le entristeció saber lo rápida que había resultado Beretta en resolverlo, pero justo de la manera que no debía hacerse. De Kyoren se podía decir mucho: que era un ingenuo, que su fe era un lastre para su carrera, que su sentido del deber se hallaba mutilado por sus compañías e incluso que podía resultar vehemente en su discurso. Pero nunca que careciera de profundidad. El tardó en captarlo, pero al momento en el que Beretta lo tildó de ingenuo, Luger pudo resolverlo de inmediato. - Claro... la escuela. - Insistía Luger, comprendiendo al instante que Kyoren la utilizaba como un mero vehículo. Una simple sombra de una resolución oculta. Algo había aprendido de los santos de los que se rodeaba, pues en esa simple e ingenua adivinanza, como Beretta señaló, Luger halló que se refería directamente a él mismo. Volvió a mirar a Beretta con el rostro impertérrito, haciendo un esfuerzo por aunar aquellos enigmas dispuestos por el que se hacía llamar su amigo. El hombre que señaló el hecho de que en su ceguera, en su desidia e individualidad, había perdido el sendero y no sabría encontrarlo. No hubo aprendido nada: salió de la escuela sin ver. Y viendo a una mordaz Beretta exigiendo su nueva ponzoña, Luger hizo un esfuerzo por volver con ella; por escapar una vez más de la realidad.

- Oh, ninguno, querida. - Dijo con una lástima exagerada, al tiempo que las últimas palabras escapaban de entre sus labios y ella se levantaba hasta la barra con afanes azarosos. Deslizó la zurda hasta el bolsillo de su chaqueta, palpando unos cuantos cigarrillos maltrechos que mantuvo en secreto. - Shh... mantened el silencio, miserables. - Amenazaba, al tiempo que se levantaba, dejando los vasos y la botella vacía sobre la mesa y se colocaba la chaqueta sobre los hombros, pero no introducía los brazos por las mangas.

La escena de una Beretta airada por una regla que le impedía matarse a gusto era ya vieja conocida. Tan solo que en aquella ocasión le sirvió a Luger como el sendero de castigo que tanto ansiaba para desprenderse de las cuestiones planteadas por Kyoren, el puto monje.
Se acercó a la barra, al tiempo que Beretta se dirigía a un muchacho situado en la tercera mesa, justo por delante de él. Torció el gesto, los cordeles se tensaron y la maquinaria soltó un quejido de siniestra factura que indicaba que todo comenzaba a cuadrar. El resolver el destino de sus días debería esperar.

Se acercó a la barra, justo tras Beretta y dejando la zurda apoyada donde su asiento conoce su carne, dirigió una mirada firme a la camarera. Un gesto bastó para captar su atención de inmediato, señaló una jarra y luego al joven de su derecha. Tal fue la decisión con la que lo hubo ordenado que la cerveza comenzó a fluir casi de inmediato. Propinó un beso en el cuello a Beretta a modo de toque de atención, agarró el vaso del joven y se acercó hasta él, depositando el vaso justo por delante de él, entre ambos, para después sentarse con una escueta reverencia.

- Disculpa si te incomodo. Te he traído la cerveza al menos. - Mostraba, abriendo la mano para indicar el vaso situado justo delante de él, al tiempo que lanzaba una sonrisa desprovista de dientes: socarrona, suficiente, intrigante y anegada de contexto. - Mi nombre es Luger, y esa encantadora señorita es mi compañera Beretta. Si... - Alzó ambas manos en un gesto comedido, volviendo a replicar aquella sonrisa escueta y encantadora. - ... son nombres raros. Y seré franco, conciso tanto como se me permita. - Debía ser tajante. Captar su atención en el transcurso de tres exhalaciones o perdería su mano contra el chico. Era joven, lo reconoció al instante y aquella ropa informal denotaba un desinterés por su presencia. Barajó, escudriñó y consideró dos docenas de procederes, cuando hubo finalizado apenas transcurrieron dos latidos. Podía mejorarse. - ¿Apetece un simple desafío? - Hizo un gesto por debajo de la mesa, fuera de la mirada del joven, indicándole a Beretta que pidiera dos vasos más y una jarra en la barra. - Yo le contaré algo sumamente interesante. Una tragedia de hombres cuyo honor se disipó entre las brumas de la familia, las ambiciones de un padre y el devenir de las eras. Y si es de tu agrado... nos invitas a algo de cerveza. - Alzó ambas cejas esperando una respuesta, pero mucho antes de que permitiera al muchacho intervenir, volvió a arremeter. - No probaré una miserable gota si no gustas de ello. Pero... debes ser honesto tal y como yo lo seré ¿De acuerdo? - Su última pregunta estuvo cargada de su singular timbre, extendió la diestra entre ellos esperando que la estrecharan, con la mirada clavada como dos dagas de pálida gloria. Era un contrato tácito, un gesto de buena voluntad. Un tramposo no tenía porque ser sincero ¿Pero un desconocido? Carecía de razones para mentir ¿Verdad? - Los hombres de palabra sellan sus acuerdos. Y tu eres un hombre a mis ojos ¿Me equivoco? - Sedal tendido: empieza la sinfonía.
País de la Luna - Getsugakure no Sato




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Daisuke Nara
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Daisuke Nara el Mar Abr 03, 2018 6:16 am


Daisuke Nara
Los últimos días vividos por Daisuke no habían sido los mejores, no había tenido misión alguna, y la verdad era que el solo tener que dedicarse a entrenar era algo que no le causaba mayor emoción en su vida. Sabía de la importancia de prepararse, y es que no por nada era un ninja, un ente militar que en cualquier momento sería llamado para proteger su hogar, su país, aunque para ese momento se encontraba un tanto molesto consigo mismo – Estúpido – fue un comentario el que salió de la boca del Nara. Este se encontraba en su casa recogiendo y ordenando algunas cosas, cuestión que era ciertamente inherente pues él siempre se había caracterizado por ser alguien bastante estricto y diestro en todo lo que hacía. Pero ¿Hasta qué nivel era eso cierto? Esa era la pregunta que se había estado haciendo el muchacho, inquietud que comenzó con un misión en la capital del país de la Luna, pero que se acrecentó aún más en los recientes días con el encuentro con el auto llamado Kuroda Yukimura. Su mente estaba llena de dudas y preguntas, no sabía porque había tomado ese accionar tan irresponsable en la práctica con su camarada, pues si bien la curiosidad era el máximo motor en su pensar, esta no era la suficiente excusa para cometer tal acto. Se sentía estúpido y no pudo evitar decírselo a sí mismo, no era su estilo pero debía hacerlo pues sabía muy en claro que no iba a cambiar nunca.

Se detuvo un momento en el medio de la sala de su casa, todo parecía estar en su lugar, impoluto; como si nadie hubiera pisado ese sitio en mucho tiempo. Era ordenado en todo, un joven que a su corta edad gozaba de una amargura gracias al trato estricto de su progenitor. Realmente había pasado todo ese tiempo y necesitaba distraerse en demasía, por lo que, en una afirmación de un pensamiento pasajero, el muchacho no hizo más que optar por salir a tomar algo en algún sitio de la aldea. Se miró en un espejo, arreglándose esa vestimenta tan usual que lo caracterizaba, se acomodó de una manera parecida a él… perfecta. Su bandana ninja la ubicaría en su cuello como solía hacerlo, no estaba de servicio pero ya estaba tan acostumbrado a usarla que no le importó el tenerla encima. Tan metódico, tan estirado, estricto y justo; esas eran cualidades en él mismo, cosas que en algún momento se vieron dudosas, pero que sin duda no iban a cambiar de la noche a la mañana. Abrió la puerta con algo de ambición, quería salir a un nuevo mundo, uno en el que su mente no estuviera jugándole malas pasadas, un sitio donde se pudiera distraer observando como las demás personas hacían cosas indebidas.

Sus pensamientos no tardaron mucho en seguir con aquél juego mental, las personas pasaban y pasaban siendo seguidas disimuladamente por los orbes del ninja sombrío, pero esto no era suficiente para él - ¡Eso fue sólo un error! – comenzaba su etapa de negación ensimismada, no tenía ninguna otra arma con la cual defenderse de su propia personalidad. No podía permitirse el darse cabida a él mismo – Ya… no volverá a suceder – sus pasos iban tan lentos que parecían pisar las propias nubes. Él no creía en escalas de grises y eso también se reflejaba en su propio ser, se sentía mal, pero debía aceptar las consecuencias que eso conllevaba. Sacó un cigarrillo ubicado en uno de sus bolsillos, todos sus artilugios estaban consigo por mera costumbre, pero el móvil de su propio vicio nunca podía faltar. Utilizó un encendedor que estaba en el bolsillo opuesto para dar mecha al cigarro, se lo llevaría a la boca con cierto grado de desesperación controlada que era perfectamente disimulada al mundo exterior. El fumar le calmaba muchísimo la ansiedad, así quedaba y quedó demostrado en sus propios ojos cuando estos cambiaron su semblante al tener en su interior la mera sensación de la nicotina.

Guardó su encendedor y se dedicó a continuar con su caminata, ya se encontraba mucho más tranquilo que antes, logrando bloquear lo que sus pensamientos intentaban decirle. Su mirada se enfocaba en todo lo que podía, las personas vitalizadas por el día que, a gustos del propio Daisuke, se encontraba en perfectas condiciones – Que día tan bonito – no se había dado cuenta hasta ahora, pero ese cielo despejado se mostraría ante él cuando su caminata ya se encontraba mucho más avanzada. Pasó cerca de treinta minutos caminando a través de Getsugakure no Sato, su objetivo para salir era el poder ir a tomar algo y así poder sentirse mucho más libre de sus propios pensamientos. No tenía problema alguno en entrar al primer establecimiento que encontrara, y como quien no quiere nada, así pasó pues casi sin darse cuenta el muchacho ya estaba en las afueras de un local en específico. Como era obvio pensar, su cigarrillo ya no estaba en su boca, este había desechado lo que quedaba de aquél objeto en uno de los botes de basura que había en las calles de aquél poblado.

No tardó más tiempo en entrar, siendo que cuando ingresó al local pudo notar como este se encontraba medianamente vacío, cosa que realmente no se esperaba. No se quejaba de esto, pero vamos que era muy extraño el ver algo así, sobretodo porque se trataba de un bar o  al menos eso parecía ser. Dicho sitio le recordó una misión que llegó a tener hace no mucho tiempo, una en la que debía tratar con los borrachos, pero el problema fue principalmente con quien sería su compañero para ese momento en particular. Bandit realmente le hacía querer golpearle, eran tan distintos que para ese momento realmente agradecía el no tenerlo cerca. Y es que el destino parecía ser tan imprudente como para juntar al Nara con alguien como Ban, además de que ese local actual era tan parecido al de esa misión. Realizó un escaneo rápido desde su posición en la entrada, no parecía haber nada especialmente interesante, pero no podía estar más equivocado – Kuroda… - fue lo único que vino a su mente en respuesta a lo que el mundo le estaba mostrando.

No sabía ni cómo ni porqué, pero ya estaba ahí y no podía echarse hacia detrás. Su camarada de la aldea no estaba solo, pero eso no le importaría en lo absoluto al ninja de las sombras que comenzó a acercarse al punto visto con pasos lentos. No le interesaba mucho el saber de los demás, siendo que para ese momento sólo estaba yendo a saludar por mera cortesía – Buenas – dijo en cuanto estuvo lo suficientemente cerca para que lo escucharan y además lo vieran. Su tono era serio como siempre, su cortesía no parecía haber sido embargada por ningún otro tipo de sentimiento más que el de la cordialidad que va acompañado por una expresión seria – Un gusto verte de nuevo, Kuroda. Lamento importunarlos – se disculpó de manera formal ante todos los presentes pues parecían que estaban hablando.
País de la Luna - Getsugakure - Restaurantes


 

 

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Kuroda Yukimura
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Kuroda Yukimura el Mar Abr 03, 2018 10:41 am

Carne fresca.
Kuroda Yukimura
Getsugakure no SatoRestaurantesVerano/Presente
Físico:

Todo cambio de un momento para otro y, aunque el bar apenas estaba lleno por esos dos locos, me sentía incómodo ante su sola presencia. Sentía como movimientos círculos de extraños seres con alas en mi estómago. La sensación creció más cuando aquel hombre de ojos claros y pelo aún más claro todavía se sentaría conmigo y sería él quién me ofrecería aquel brebaje tan intenso que ya habría recorrido mi garganta.

Por un momento miré a la chica que ahora ardería en cólera por la existencia de una norma base que le incordiaba de tal modo, misma a la forma en que ella lo estaba haciendo todavía más. Odiaba el tabaco, todo olor que me pudiera recordar a él haría que mi estómago se retorciera y que quisiera cerrar mis fosas nasales con dos persianitas imaginarias. Esa mujer tenía una pinta muy extraña, de eso no había duda, y aunque se había atrevido a dirigirse a mí en sus últimas palabras de la réplica a la camarera, yo crucé mi vista hacia otro lado. Si bien normalmente hubiera sido amigable y habría sonreído por lo menos ante sus palabras, esta vez ni si quiera movería la línea que formaría mis labios.

Más tarde podría reconocer el nombre de ambos dos. Luger. Beretta. Tenía la sensación de que esos nombres, pese a no ser muy claros y seguramente tratarse de algún mote impuesto por ellos mismo, estarían en más de una ocasión en mi vida. No era de esperar que fuera así, al fin y al cabo, no parecían ser del tipo de personas que pasaban desapercibidas, sobretodo ella. Cuando dirigí mi seria vista hacia el joven, comenzó a contarme sobre mil historias que tendría entre sus pensamientos y a ofrecerme una especie de acertijo con el cual, si yo perdía, tendría que invitarles a cerveza, más no me había dicho que ganaba yo de no gustarme su historia.

Contar una historia y que lograra cautivar a un público selecto no era sencillo, siempre necesitabas añadir matices y giros que incluso los propios comediantes no se esperen. - Uhm... - La verdad que no me apetecía escucharle, no parecía de ese tipo de personas que se callaba fácil, y aunque hoy no me había levantado con el mejor de los humores, quizás debía de abrir mi mente hacia el día que se presentaba y dejar mi mal carácter, o intento de este, para otro momento. - ¿Y si simplemente os invito a una ronda y me lo cuentas en otro momento? - Diría apoyando ambos codos en la mesa, mirando a sus claros ojos mientras que una pícara sonrisa socarrona crecería en mis labios. No era el tipo de hombres que me gustaban, eso desde luego, aunque quizás es misterio me llevaría por el camino de la amargura. Debía ser cauto, seguramente fueran pareja. No querría tener a la loca de Beretta detrás de mí porque simplemente le sonreí a su hombrecito.

A partir de aquel momento todo cambio, al menos para ellos. Alcé mi mano hacia la camarera y levantando mi dedo corazón e índice en alto, este ya supo que debía de añadir dos jarras más para mis dos nuevos amigos. Al menos, gracias a que no llevaba la banda ninja ni nada característico de mi empleo, no daría más información de la necesaria al dúo loco. Todavía no me parecían de fiar, así que debía andarme con ojo.

De un momento a otro, giré mi rostro hacia el lado contrario cuando ya tuviéramos ambas jarras añadidas y la mujer ya se iría con la cuantía de lo que se debía. - Oh, Daisuke, cuánto tiempo sin verte - Diría con una sonrisa más tranquila y sincera. Todo lo que pudiéramos tener en el pasado Daisuke y yo ya estaba solucionado. Apenas un entrenamiento en el que las ideas principales habían cambiado un poco con el devenir de los golpes. - Siéntate aquí, con nosotros - Ofrecí cordialmente, éramos cuatro personas, aunque Beretta no estaba sentada aún, y habría cuatro sillas, por lo que, la mesa estaba al completo. - ¿Que te hace pasar por estos lares, viejo amigo?, ¿tú también estás de día libre? - Pregunté mientras que, sin darme cuenta, había sacado el tema de mi empleo, cosa que no quería haber hecho, pero que salió sin más. No era que me gustara ocultar mi profesión, pero los días de descanso, algunos al menos, me gustaba aprovecharlos para desconectar completamente de ello.

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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Mar Abr 03, 2018 12:54 pm


CARNE FRESCA.

«Yo doy a los personajes un lugar preponderante entre todos los elementos que se conjugan en una novela. Unos personajes que vivan de verdad relegan, hasta diluir su importancia, la arquitectura novelesca, hacen del estilo un vehículo expositivo cuya existencia apenas se percibe y son suficientes para hacer verosímil el más absurdo de los argumentos.»


No podía planearse una buena historia; al igual que el buen vino, tenía que destilarse y dejarse reposar hasta que adquiriese la forma, el color, el matiz y la sustancia adecuados. A largo plazo, por poco que se hablase normalmente sobre el tema, lo más durable en lo que una persona escribía era, sin duda alguna, el estilo; ello era la mejor inversión a la que podía destinar un novelista su tiempo. Así pues, no fue de extrañar que la entonación y las palabras del adorable adolescente despertaran en su retorcido parecer una retahíla de metáforas y comparaciones que le habrían sentado de maravilla a una hoja en blanco. Rodó los ojos, un tanto decepcionada, cuando descubrió lo que la esperaba; la cerveza era al refinamiento, lo que una prostituta al amor. No obstante, en lugar de protestar, Beretta se mordió la punta de la lengua, cabeceó apenas un instante y, de un momento a otro, ya había recuperado su papel. El chiquillo abigarrado le cayó en gracia: le gustaba que la gente no fuera especialmente agradable, así se ahorraba la desgracia de cogerles cariño. Oh, todo el mundo sabe lo desgarrador que resulta siempre, para un escritor, tener que cerrar la historia de un personaje particularmente adorado, ¿verdad? Pero así son las cosas, así se escriben las historias.-Cerveza, qué alegría.-repuso, arropada por un tonillo cantarín que mucho distaba de reflejar su verdadero estado de ánimo.

Tirar de un hilo por aquí, modificar una nota por allá... y listo, obteníamos una falsedad digna de hacerse pasar por verdad. No tardó demasiado en elegir asiento: con todo el descaro del mundo, sin pararse a pensar demasiado sobre ello, se instaló en la silla contigua a la del chiquillo imberbe.-Oh, desde aquí, casi puedo escuchar cómo se le rompe el corazón a Luger. Es la primera vez que le rechazan una historia a cambio de una bebida: le vas a hacer llorar.-se mordió el labio inferior cargada de una repentina e inusitada jocosidad. Mientras se fingía entretenida en una nimiedad cualquiera del antro, estudió por el rabillo del ojo las maneras, el comportamiento y las posturas que adoptaba el extraño. Cada personaje estaba compuesto de muchas pequeñas sutilezas, opciones extrañas y maneras especiales de decir una sola palabra; más que una conversación amena y casual, Beretta estaba llevando a cabo una inspección... no, una escrupulosa e inmisericorde disección de la identidad del muchacho.

Kuroda. Como era de esperarse en un capítulo destinado a la presentación de conflictos, un nuevo personaje entró en acción. Deslizó la mirada en su dirección sin tomarse muchas molestias en cambiar la posición de su cuerpo: por más que aquellos dos individuos se conocieran de antemano, no pensaba renunciar a su podio.-Así que Kuroda, un nombre de lo más maravilloso.-articuló con encanto, a la par que alzaba la mano izquierda y le daba un pequeño toquecito en la punta de la nariz al pequeñín. A los niños buenos había que recompensarlos con adorables gestos maternales, o eso murmuraban las malas lenguas.-¿Me permites darte un consejo sobre estilo?-ni burla, ni sorna, ni desconsideración se intuyeron en su sincera preocupación. Realmente parecía angustiada (o, más bien, turbada) por algún detalle intrascendente en la apariencia del chico: manías de escritora, tal vez.-Primera norma del buen ver, querido; nunca vayas de tres colores a la vez, irrita.-procuró que su tono se mantuviese tan apacible como inofensivo, que ni una sola chispa de crispación se asomara a alguna de las sílabas que conformaban sus huecas palabras. Su diestra voló hacia el consuelo etílico que la aguardaba sobre la mesa: no encontró impedimento alguno para entregarse a sus brazos.

Se llevó el recipiente a los labios y, haciendo alarde de una sofisticación que quedaba absolutamente fuera de lugar teniendo en cuenta lo que estaba consumiendo, tan sólo se humedeció las comisuras con el burbujeante elixir. Devolvió el artículo a la mesa, se inclinó hacia atrás en el respaldo de su asiento y se relamió su media sonrisa con delicadeza.-Deberías prestar más atención a tu apariencia, sobretodo teniendo en cuenta que formas parte del cuerpo militar de la aldea.-ahí estaba la clave, la respuesta. Permitió que la metafórica saeta impactase donde le viniera en gana: una escritora no tenía por qué estar pendiente de todos los hilos que conformaban su historia, ¿verdad? Daisuke. No, el nombre del recién llegado tampoco le había pasado desapercibido. Ahora sí, una vez creyó haber terminado, por el momento, de interrogar al benjamín del grupo, se volvió muy lentamente hacia el adusto y solemne pelinegro. Parecía estrictamente del tipo de personas que se quedaban al fondo, y cuyo carácter era una mezcla no llevadera de indiferencia exterior y arrogancia interior.-Qué encanto.-pronunció a modo de cordial bienvenida.-Siéntate ahí, al lado de Luger, que se tiene que estar sintiendo muy solito.-¿cinismo? ¿caradura? ¿sinvergüenza? ¿ironía? Oh, qué ofensa... tan sólo trataba de ser educada.
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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Rokujō Nanto el Mar Abr 03, 2018 6:35 pm


Carne Fresca
Un concierto, mas bien una sinfonía, se trata de virtuosa armonía y disciplina. Un orden de complejos factores que se superponen unos a otros en una cacofonía digna de admiración por su complejidad abrumadora. Un movimiento en aquellas complicadas piezas a doce instrumentos podía albergar mayores matices que el transcurso de una vida humana. Luger comprendió hacía mucho que una sinfonía era algo mas que música; era la misma vida. Un fragmento ominoso cautivo en las notas y el papel de la partitura, arrancado del pecho de su autor, derramado desde su mente y su cuerpo. Un sacrificio, y al mismo tiempo toda una prueba de valor henchido de pesar. Porque como los artistas mas frustrados y brillantes en su devenir comprenden y quizás solo ellos en su totalidad; la belleza proviene del sufrimiento.
Un sufrimiento que no tenía porque ser evidente, que le sobrevino al gentil caballero en forma de ultraje comedido. Un joven imberbe y precoz que pareció interesado en la compañía pero no en el goce de una retribución por ello. Cerró la mano en un puño firme, apretándola con un gesto que trataba de contener el furor de un hombre despreciado, cuyo rostro se contrajo de forma casi imperceptible, manifestando una contracción en la comisura inferior derecha de sus labios. Una retracción fatal que inmediatamente se transformó, se perturbó mas bien, en una sonrisa que le surcó el rostro al tiempo que replegaba la mano ignorada.

- Sería mas proclive a ganarme esa cerveza. La acepto, pero no beberé a gusto, Kuroda. - Pronunció cada letra de su nombre en una rápida sucesión, como si una cuerda de metálicos contornos se tersara de repente sobre su lengua, o que esta misma lo fuera. Torció el gesto, dirigió una mirada a la mesa; distraída, deliberadamente ausente. No tardó en responder a Beretta en su habitual improperio. En cierto sentido, esa ofensa le había animado a continuar con todo aquello. Una chispa emergió. Una espantosa mueca se formuló en su cara interna y apretó los dedos de la zurda en un arrebato de incontenible genialidad. Algo surgía de su mente emponzoñada por la humillación y la desgracia. Sonrió con afable semblante; todo un auténtico profesional. - Oh, Beretta... alguna vez tenía que llegarme la derrota. Y creo que Kuroda se siente incómodo con nuestra presencia. Quizás le intimidemos con nuestras largas frases, con nuestros acentos de terciopelo o nuestros trajes extravagantes. - Apoyó los codos sobre la mesa dirigiendo una mirada firme hacia el joven. La siniestra maquinaria dió comienzo en un silbido inaudible; la carne se dispuso, el espíritu enardecía por los azotes a su conciencia marchita, la mente trabajaba y urdía con lobreguez. Luger pensó en el objeto de su particular ofensa, en quien era el que se hallaba justo ante él. Debía saber, con premura.

La llegada de otro hombre a la escena resultó todo un alarde de nueva información. Palabras, saludos y convenciones de toda clase le advirtieron sobre mucho más de lo que pretendía saber con tan solo observarle. - Todo un placer, Daisuke. - Esgrimía con tono socarrón y bajo, al tiempo que deslizaba su mirada hacia el recién llegado. Escudriño su rostro, su pelo y su ropa. En ellos halló cientos de deducciones arrancadas a una piel expuesta tan solo en el rostro: no necesitaba más. En aquellos ojos de complicidad entregada a Kuroda, en sus menciones y su cercanía halló mas verdad y resolución de la que podría haber obtenido en una simple conversación. Beretta hizo el resto, señalando lo evidente. A su querida compañera nada tenia que reprocharle; tan sagaz y astuta como siempre la había conocido. Le guiñó un ojo; un gesto que significaba amor, complicidad y adoración. Luego se lo haría saber de forma distinta.

- Adelante. Justo a mi lado. - Invitó, abriendo la mano junto a él en un gesto que pretendía ser cercano. - Asumo que no os conocéis de mucho. - No podía saberlo por supuesto. Pero en el juego de la deducción mediante la cual pretendía extraer donde no debía adentrarse, Luger tenía una pretendida destreza. Se aclaró la garganta y les dedicó la mas zorruna de sus sonrisas: primer movimiento.
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Daisuke Nara
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Daisuke Nara el Miér Abr 04, 2018 5:44 am


Daisuke Nara
La llegada del shinobi de las sombras al lugar pasó con normalidad, no parecía haber nada que lo importunase, además de que al momento de su acercamiento ya todos se encontraban sentados. No obstante, los comentarios de la chica se llevaron las papeletas protagonistas, al menos antes de que el joven Nara se pudiera sentar – Tiene razón – no pudo evitar pensar el muchacho, aunque había un poco de confusión en su mente. No había nada malo ni que criticar ni mucho menos, pero era un tanto interesante el ver como la voz de la fémina podía llegar a sonar tan apacible, al menos desde los oídos de Daisuke, más después de que está le propinó un gesto algo maternal al del clan Yuki. Echó una mirada al llamado Luger -¿Luger? – no pudo evitar pensar ante lo que había escuchado, era la primera vez que escuchaba ese nombre y la verdad era que le parecía un tanto raro. No obstante, no le prestó demasiada atención a eso limitándose a ubicarse en la silla que quedaba vacía, con la espalda recta y una postura tan impecable que incluso podía dar un tanto de miedo, y es que se encontraban en una taberna – Sí, no me han dado ninguna misión – reafirmó el comentario de Kuroda, mientras veía todos y cada uno de los objetos que en la mesa allí reposaban.

Él no era el tipo de persona que disfrutaba de la bebida en exceso, prefería mil veces la calma y serenidad que le proporcionaba un cigarro, mas eso no significaba que no pudiera dar un trago de vez en cuando, siempre y cuando no estuviera de permiso militar o haciendo alguna otra cosa importante – En eso tienes razón – no pudo negar lo que tal vez era obvio para aquél sujeto de vestimentas elegantes. Lo había visto, pero realmente no le parecía ser un shinobi al igual que la fémina, aunque en esos días cualquiera podía engañarte sólo por cometer de guiarse por las apariencias - ¿Y ustedes son shinobis? – no tuvo reparo en preguntar, obviamente con total cortesía pues no quería cometer algún tipo de imprudencia. El hecho de que estuvieran acompañando a Kuroda podía ser un indicio, pero la verdad es que la curiosidad estaba matando al sujeto de rostro serio, no podía evitar pensar que ese par era un tanto particular.

Su vista estaba puesta en ese par, intercalaba sus ojos entre ellos, como buscando algún tipo de señal o información para poder conservarla. No obstante, hubo algo que interrumpió la conversación que apenas había iniciado - ¡Esa gente del país del agua no debería ni de existir! – se escuchó con total claridad en todo el local que estaba prácticamente vacío. Dicho sonido no hizo otra cosa que hacer que Daisuke volteara, realmente no sabía qué sucedía, pero lo que vió le trajo un par de malos recuerdos. Sus ojos visualizaban a un par de hombres atravesando la puerta, estos se notaban un tanto producidos y afectados por el alcohol, pero la situación tampoco era tan preocupante como para afirmar que estuvieran borrachos. El Nara no hizo nada más que blanquear los ojos en señal de molestia, y es que eso no solo le recordaba aquella misión donde tenía que encargarse de ese tipo de gente, sino que en su propia forma rechazaba las conductas que en su opinión, no eran correctas.

Aquellos sujetos que entraron al sitio no parecían ser más que unos pobres diablos, no tenían nada de valor encima, aunque tampoco estaban sucios o con ropas rotas como para afirmar que eran vagabundos - ¡Ellos nos quieren quitar el mar! – gritó el que no había hablado con anterioridad, ese que se distinguía del primero porque era rubio a diferencia de su compañero castaño - ¿No lo crees así? – estaban ya en medio del local, detenidos, buscando hacer algún tipo d eespectáculo, aunque lo más interesante de todo fue que esa pregunta fue hecha al llamado Luger, señalándole sin ningún tipo de reparo – Están a un paso de la borrachera – lanzó al aire con molestia mientras esperaba una respuesta o algún tipo de reacción de parte ese hombre que estaba a su lado. No lo conocía como era obvio, pero resultaba un tanto interesante el saber cómo reaccionaría, si lo haría bien o mal en los estándares tan tajantes que tenía el muchacho de cabellos oscuros.

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Kuroda Yukimura
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Kuroda Yukimura el Miér Abr 04, 2018 11:41 am

Carne fresca.
Kuroda Yukimura
Getsugakure no SatoRestaurantesVerano/Presente
Físico:

La situación desde luego podría catalogarse como de lo más variopinta. No sabía realmente por dónde empezar; los comentarios de la joven y lo que parecía ser un descortés movimiento por mi parte al rechazar la historia de Luger. - Lo siento, es que realmente hoy me he levantado extraño, hubiera aceptado sin rechistar, más te hablo en serio cuando digo que podría ser en otro momento - Diría después de como el hombre, a pesar de haber rechazado su acertijo, aceptada la bebida sin problemas.

Más tarde sería Beretta la que llamaría mi atención sentándose a mi lado y dándome su más sincera opinión sobre mi vestuario. Siguiendo su línea de cordialidad simplemente cogí mi chaqueta y la aparté un poco dejando ver mi camisa más hacia el interior. - ¿Tú crees? - Diría mirando hacia mí mismo, yo creía que estaba bien vestido, aunque si bien era algo cierto, era que las camisas me sentaban como anillo al dedo. - Aunque si te digo la verdad es lo primero que he pillado para salir, un día de descanso no es para desperdiciarlo vistiéndose con atuendos militares - Diría al mismo tiempo que sonreía a la única mujer de la mesa y apartaba mi vista de ella después de su gesto, algo extraño tal vez, y volvía mi vista hacia la jarra de cerveza. La cogería a su vez por el asa y elevaría levemente el recipiente para que un trago del elixir recorriera mi garganta como agua en el desierto. - ¿No bebes nada, Daisuke? - Preguntaría después de terminar con mi acción, dejando la jarra de nuevo delante de mí.

A continuación, escucharía las palabras del peliblanco sobre mi comodidad con el dúo. - Oh, por favor, no me malinterpretéis, desde luego que ha sido una sorpresa conocer a tan variopinto dúo, pero me reitero en mis palabras: hoy no me he levantado con buen pie - Diría mientras que sonreía hacia el peliblanco y luego cambiaba mi mirada hacia la dama. Después de eso, cambiaría mi posición, estirando levemente las piernas sin golpear a nadie en el proceso y colocaría mi espalda informalmente en el respaldo de la mesa. - Además, todavía tengo reciente el fallecimiento de mis padres, quizás sea por eso - Soltaría como bomba informativa. Si bien era aquello una toma de contacto, si que agradecía saber si era o no shinobis de la Aldea de la Luna, al fin y al cabo, la mayoría de los shinobis que conocía acabarían compartiendo misión conmigo. A decir verdad, el único con el que todavía no había tenido el gusto era Daisuke, ¡oh! Y Tsuki, ese rubio que en un solo momento me hizo tener que retener mis impulsos en sobremanera para no saltar encima de él y quitarla la ropa. Mordí mi labio inferior levemente para tranquilizar mis pensamientos al mismo tiempo que escuchaba las palabras finales de Daisuke. Eché un pequeño vistazo al dúo de borrachos que acababa de entrar mirando por el lado izquierdo del shinobi de las sombras. No me importaba que estuvieran allí, es más, aunque no compartiera sus palabras para nada, ya que en guerra Kiri era una aldea amiga, o eso había entendido de las palabras de Kiosuke, no me molestaría que estuvieran en el lugar de no elevar demasiado el tono y no crispar mis nervios. Hoy era un día de relajación, bebida y una agradable conversación, nada más.

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NB Narración
Master

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por NB Narración el Miér Abr 04, 2018 3:25 pm

Getsugakure no Sato
Desdichados aquellos que podían cobijarse tras los hermosos rayos del sol aquel día. Parecía que todo había sido ideado por los mismos dioses en cuanto el astro rey, ardiente, se alzó en la mañana para saludar con suma elegancia las lindes de una aldea como lo era Getsugakure no sato. El movimiento de sus civiles realzaba el comercio en las calles más transitadas del lugar, los bares y tabernas incluso parecían encontrarse en la cima gracias al modo con el cual no solo personas buscando embriagar su garganta se adentraban en tales terrenos, si no también los más desagradables marineros que posiblemente acabasen de llegar de alta mar. Un día como otro cualquiera, entre las grandezas de una de las más afamadas aldeas que el mundo, jamás había llegado a conocer.

Modesto, insulso... habían muchas características que alzar aún a pesar de la calidez de la mañana. Una taberna, o quizás un bar de mala muerte que brindaba sus servicios a la juventud, y los más experimentados, no muy lejos de lo que se podría citar como el centro de la aldea. Era cómico incluso el como en ocasiones tal lugar se poblaba de tal cantidad de personas que ni si quiera nadie llegaba a reparar en la triste calidad de sus brebajes, los mismos que eran servidos sin escrúpulos y con ello sin la vergüenza que debería de caracterizar al mismo dueño que amaba desencantar sus bienes con el agua de sus ya desgastados grifos. Claro estaba, aumentar la cantidad por tan solo bañar sus manos en oro barato, cuando te encontrabas rodeados generalmente de marineros borrachos era sencillo, más aún porque si estos se encontraban en el interior de tal militarizado poblado, era porque se necesitaba del sustento de los comerciantes para brindar alimento a los afamados guerreros que brindaban sus vidas por la seguridad de sus compatriotas.

Cada paso efectuado hacia el interior del local, se convertía en un manjar para sus camareros, quien interesados esperaban la entrada de sus comensales, desgraciadamente no siempre una buena clientela, significaba un gran número de ganancias.

NPC Kirigakure: Kaede Mashiba
Por favor, ¿Es que acaso aquí los civiles no tienen un mínimo de educación? — Dulces pero a su vez robustas. Unas femeninas palabras parecían alzarse por encima de cualquier otra conversación aún a pesar de la lejanía. No había un mínimo de pudor, e incluso podía llegar a notarse aquella tonalidad desleal a la común, dando pequeñas muestras de que el alcohol, como de costumbre, ya había hecho mella en la fémina que yacía en el lateral izquierdo y más alejado de la entrada de aquel bar de mala muerte. — Ya ni si quiera se puede tomar una asquerosa cerveza estropeada y barata cuando uan se encuentra haciendo "turismo" — Junto a aquellos vocablos se podía escuchar el sonido de unas pesadas botas tocar la madera del local, algo que delataba como aquella que había osado interrumpir la conversación de aquellos desgraciados que habían entrado dando voces al lugar.

No tardaría en ponerse en pie y mucho menos en dar a mostrar un hermoso y cuidado cuerpo que, a diferencia de otros días, aquel se encontraba decorado por ropas oficiales de la aldea. Vientre al aire, con una simple camisa de tirantes blancas y un chaleco completamente abierto que daba a mostrar sus grandes dotes, mientras que sus brazos se cruzaban por la parte baja de su pecho, realzandolo tan solo por su posición. Su larga melena rosácea en cambio, esa vez se encontraba anudada en lo alto de su cabeza, dejando caer su cabellera cual cascada en una cola de caballo, dejando así que los rebeldes mechones que habían escapado de tal lazo, cayesen a cada lateral de su cabeza, sin ocultar un curioso rombo morado en su vistosa frente.

Algunos podrían conocerla, después de todo era una de las mejores especialistas en medicina de su país, y aliada de aquel que se encontraba pisando, mientras que otros ignorarían la grandeza de aquella mujer que lo único que daba a relucir su país de procedencia, era aquella bandana metálica decorando su cuello con el símbolo de la niebla. — ¿Es que acaso debo de reportaros por irrespetuosos? ¿O es mejor que os saque a patadas de vuestra propia aldea? Tsk...Maldita sea.

Tan pronto sus palabras irregulares, bruscas pero que daban a conocer que aún a pesar del leve licor de la bebida, la mujer era consciente de absolutamente todo, los hombres se limitarían a callar. Si, una mujer les estaba gritando, pero no una cualquiera, aquella era Kaede Mashiba, una mujer que si conocían estos era por la gran gala que siempre había mostrado al exterior, la inmensa fuerza que la determinaba y sobre todo, su tan abundante belleza que, aún a pesar de mostrarse distinta ante las prendas que demostraban su titulo, se realzaban con cada uno de los detalles que la componían.

Sus palabras habían sido escupidas mientras sus pasos la habían llevado a una distancia prudente de los marineros, y unos cinco metros de distancia en diagonal hasta la situación de la mesa de aquellos shinobis que hasta ahora, había ignorado. Pero aquello la había acercado hasta la gran barra del local, provocando que su codo izquierdo se colocase sobre esta, mientras no apartaba la mirada de los marineros que lentamente, se iban alejando para colocarse en una mesa donde esta, no pudiese hacerlos besar el suelo. — Ellos pagarán mi bebida, y quiero otra jarra de cerveza, pero de la buena. No de esa mierda a la que enturbiáis con vuestra agua. — Su comanda rápidamente sería tomada por el dueño del bar que al ser consciente del pequeño escándalo había decidido tomar posición del interior del bar mientras los demás camareros reanudaban su trabajo.

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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Miér Abr 04, 2018 5:00 pm


CARNE FRESCA.

«Yo soy la novela, yo soy mis historias.» Kafka.

Siendo honesta, Beretta se sentía un tanto contrariada respecto a Kuroda Yukimura. No podía evitar que un sentimiento espeso, prácticamente indigerible, se extendiera a lo largo de su identidad y le causara molestias en la punta de las extremidades; reconocía cada pequeño fragmento de aquel irritante cosquilleo que recorría los recovecos sombríos de sus entrañas. La decepcionaba que las personas que iban apareciendo, por casualidad, en su novela no actuasen como ella se esperaba... mas, ¿cómo iban a hacerlo, si ni siquiera conocían al personaje ficticio que creaba para que encajasen en él? Contuvo un velado suspiro de impaciente resignación: por un momento, había esperado encontrar en el imberbe muchachito alguna pizca de malicia, una pálida sombra de inquina, una astucia escondida bajo una capa de juvenil arrogancia... pero no, Kuroda se mantenía brillante en su papel de figurante. Entornó la mirada apenas un instante, queriendo mirar más allá de sus mundanas explicaciones y de sus ordinarias expresiones; diseccionó a su presa en silencio, inspeccionó su anatomía y sus peculiaridades con sórdida fijación y, finalmente, se dio por vencida. De momento. No era de esa inconstante clase de personas que se rendían con facilidad: se tomaba sus modestos descansos, eso sí.

Oh, Kuroda, me decepcionas.—reconoció al cabo de unos fugaces instantes. Se planteó la posibilidad de compartir su desilusión en alta voz, mas, como de costumbre, enseguida cambió de opinión.—Me pareció ver en ti una chispa de rozagante rebeldía, ¿me sigues?—extendió su inmaculada diestra, permitió que sus descoloridas falanges se cerrasen en torno a la grotesca jarra y, tras pensárselo un desvaído momento, balanceó el recipiente buscando hacer danzar el líquido de su interior. Oro bailando sobre vidrio: qué bonito.Estaba segura de que te pondrías en pie, darías un golpe sobre la mesa, defenderías tus ideales de belleza y, de repente, ¡me faltarías al respeto! Por supuesto, me habría sentido altamente ofendida... no me habría quedado otro remedio que achacar tu insolente desplante a una absoluta falta de madurez. Sin embargo... oh, me apena que no haya sido así.—el cariz amargo de sus siseantes palabras dejaba entrever entre sus masticadas sílabas un destello de apatía, o, tal vez, de sincera pena.—Estás renunciando a uno de tus mayores derechos, cielo; la mocedad necesita creerse, a priori, superior. Claro que estarías equivocado, pero ese es precisamente el gran privilegio de la juventud.—se hubo callado entonces, porque su atención danzaba entre los diferentes personajes según le iba apeteciendo y ahora, como narradora, le daba la gana de centrarse en el «Fitzwilliam Darcy versión de prueba» que tomaba asiento, solemne y firme, frente a ella. Cautivador.

El desfile de pestañeos que prosiguió a su predecible pregunta fue más un intento por fingirse sorprendida, que una muestra real de turbación; los hilos se enredaban, las historias se creaban.—¿Nosotros? ¿shinobis? ¿yo?—se recreó en el sabor de las palabras, se dedicó a esgrimir un tonillo cohibido, casi encantador.—Está claro que, Beretta, sí que lo es.—entonó, a la par que humedecía nuevamente sus labios con el insoportable brebaje y se enderezaba en el asiento, diligente. Oh, qué bonito era, de cuando en cuando, salirse del personaje e inspeccionar el panorama desde una perspectiva diferente.—No me trates de usted, por favor. Todavía me quedan muchos cuentos que contar antes de ganarme semejante título, caballero.—términos pulcramente seleccionados en cautividad, brillante dicción desarrollada y perfeccionada a lo largo de los años; Beretta se sentía radiante. Deslizó sus inquebrantables iris ambarinos en dirección a su compañero: se lo preguntó con la mirada. ¿Y tú, Luger, eres un shinobi? A veces, tenía la extraña sensación de que ni él mismo se lo terminaba de creer. Sin duda, eres lo que los demás creen que eres. Entreabrió los labios, dispuesta a tener siempre esa última palabra tentadora, mas, al ser testigo de un nuevo e inesperado acceso de sinceridad por parte del benjamín del plantel, decidió dejar silbar el aire entre sus dientes. Tras una confesión de semejante calibre, lo correcto era guardar silencio, ¿no? O añadir veneno, si la situación lo ameritaba.—¿Quieres otro consejo, Kuroda? te lo regalo.—cruzó sus ominosas pupilas con las del ingenuo hombrecito. Para variar, quiso ir más allá; alzó ambas manos y, con gesto firme, las apoyó sobre las inmaculadas mejillas del muchacho. Lo obligó a mirarla, a prestarle atención.—Es peligroso ser sincero si no se es también estúpido, ¿lo entiendes, querido?—permaneció tan sólo un segundo más en aquella generosa posición y, tras un comedido suspiro, rompió el nexo de unión y retornó a su habitual e irregular comportamiento.—¿De qué estábamos hablan...?—el vínculo no fue lo único que se cortó, pues su intento de cambiar el eje de la conversación se vio frustrado por la necedad transformada en marineros. Beretta detestaba a aquellos deplorables individuos que no eran capaces de encontrar la discordante elegancia de la ebriedad: en su historia no estaba permitida aquel tipo de indeseable decadencia.

El pudor es un sólido que sólo se disuelve en alcohol o dinero, vaya.—sentenció, guiada por un innegable deje malintencionado, mientras despedía a los beodos con apenas un ademán del rostro. Si algo detestaba más que tener que lidiar con los desperdicios de la sociedad, era tener que hacerlo estando, precisamente, sobria. Un mohín ladino se instaló en la comisura de sus pálidos labios: un quinto personaje de atrevía a incorporarse a la incongruente escena. Se pasó una mano por el rostro, buscando recolocar algún que otro mechón que pudiera encontrarse fuera de su lugar correspondiente; una no podía ir a presentarse hecha un cataclismo, ¿verdad? Sobretodo si, quien estaba a punto de conocerte, todavía no sabía que ibas a inmortalizarle en papel. Una nueva ínfula se extendía, como un veneno lento y pernicioso, a través de su torrente sanguíneo; le apetecía reafirmar el despreciado concepto de la identidad plana. Por su parte, Beretta estaba, en la medida que le resultaba razonable y posible, a favor de los personajes llanos. Resultaban imprescindibles dentro de cualquier novela que quisiera llamarse como tal: sin duda, ayudaban a destruir la ilusión y revelar la verdad. La actitud recia, la coloración áspera de sus declaraciones, los ademanes raídos que acompañaban sus obtusos pasos... era perfecta para el papel. Al igual que un rayo atravesando la más negra de las noches, la desconocida iluminó una luz oscura en sus pensamientos.—Me pregunto qué manía tendrá la humanidad con creerse dueña del océano: nunca ha sido su amigo. A lo sumo, cómplice de sus inquietudes.—lanzó, a la par que se apoyaba sobre el respaldo de su asiento y posaba, con suma delicadeza, sus centelleantes piedras semipreciosas sobre la espalda de la recién llegada.—El mar encanta, mata, conmueve, asusta, hace reír; en ocasiones desaparece, de vez en cuando se disfraza de lago... o bien construye tempestades, devora naves, regala riquezas, no da respuestas, es sabio, es dulce, es potente, es imprevisible. Pero, sobretodo, el mar llama.—se pasó la lengua por los labios, sedienta, de pronto.—Dulce y hermoso, pero, para mi gusto, demasiado cruel.—estudió la postura desganada de la mujer, su tono crudo y directo.—Caminas lejos de casa, ¿me equivoco?—sedal tendido.
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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Rokujō Nanto el Miér Abr 04, 2018 7:52 pm


Carne Fresca
¿Que macabras danzas se interpretarán aquellas noches? ¿Que discordantes arcos barrerán las vidas de quienes se vean atrapados en sus compases? ¿Y quienes de ellos harán vibrar sus huesos en el espantoso estrépito que la música produce? ¿Que música? La de la misma vida, la sinfonía de quienes saben escuchar y componer. Quienes tejen, quienes crear y conforman el mundo que concebimos como azaroso. Oh, azar... pensaba Luger con un desprecio tan intenso que atravesó su semblante concibiendo un insignificante gesto de repugnancia. Y es que, nada podía existir mas vacuo y falso que ese concepto. El mundo se movía según un compás, cientos, miles y en verdad incontables. Ese día nefasto, ya fuera inflamado por las afrentas o por el simple hastío, Luger haría su especial colaboración a la pieza.
"Primer movimiento en ciernes. Apertura... " determinó, y aclarándose la garganta, escuchando las preguntas del hombre que se sentaba a su lado y la ávida respuesta de Beretta, dió comienzo en augusta reflexión. Antes de intervenir en su pieza personal, dedicó un gesto con la mano abierta con el que trataba restarle importancia al rechazo de Kuroda. Al fin y al cabo el chiquillo ya había sido asaltado por la lengua mordaz de Beretta. Nada le produciría mayor satisfacción que contemplar las vorpales palabras de la mujer atravesar un pecho indefenso y ver a este sangrar incluso cuando ninguna sangre mana de las heridas. Las mejores sin duda, son las que no se muestran tal y como son. En materia del sentir, todo lo que no se ve es mucho mayor de lo que en realidad parece.

- Que palabra tan burda y escueta para abarcar un concepto tan vibrante y complejo ¿No creéis? - Llevó las manos a su vaso, sin probar gota, paseando una mirada cargada de expectación por los presentes. Adornando cada latido de sus miradas devueltas con una sonrisa perspicaz, tratando de caerles en gracia, o mas bien plantear enigmas sobre su comportamiento. Era afable, no obstante, sonreír cuando sobre a uno recaía la vista de un tercero ¿No? - Oh, si. Beretta desde luego que puede serlo. Muy diestra, precisa, abrumadora y apoteósica. Algo que no siempre puede verse en personas de su condición. - Añadía, al tiempo que señalaba con la mano abierta a la única mujer sentada a la mesa. Gesticuló una sonrisa que le surcó el rostro: toda una dedicatoria a una monarca de su corazón, una ofrenda de valor insignificante que palidecía ante la presencia de tan augusta oscuridad. - De Luger sin embargo ¿Que sabemos? Oh, si. - Fingió recatado interés, desviando la mirada al techo, como si escudriñara sobre atávicos manuscritos de lectura compleja. Se llevó la zurda al pecho, tratando de hacer funcionar el sórdido mecanismo que componía su corazón y por un instante dudó en decir la verdad... pero la pieza continuaba con su macabro proceder. - Nada más que lo que uno averigua por sí mismo. Lo mismo que nos cuenta la luna sobre su brillo, la música sobre sí. - Cortó al instante su críptica información para dirigir una mirada a Kuroda; al pobre indeseable le habían abandonado sus padres. Quiso sentir lástima, pero mas bien se sintió resarcido por un destino que le guiñaba un ojo mientras arrojaba un par de cadáveres a una fosa común. Deliciosa retribución, pero aún insuficiente.
Dió un impulso hacia delante, incluso llegando a levantarse un poco para colocar la diestra justo delante de Kuroda, tratando de mostrarle un respeto y pesar inusitados. En su rostro murieron al instante sus pretensiones, su enigma y en el no hubo supervivientes, no más que el solemne pesar de la lóbrega muerte. - Lo lamento mucho, Kuroda. - Respondía con sequedad, con la mirada entristecida y sobria de repente, para despues inclinarse de nuevo hacia su respaldo, como si aquello hubiera sido el movimiento de algún hórrido escorpión. Y la sinfonía seguia trastabillando, se movía, respiraba... y justo como lo que hubo parecido, había sido. No eran condolencias, sino veneno lo que de los labios de Luger brotaba. Y en el mismo movimiento de retorno, su mirada pereció tan apagada como si hubieran sido sus padres los que hubieran perecido en aquel momento. Sin exagerar, pues no hubo lánguidas lágrimas de alegría arrebatada brotando de sus cuencas, como tampoco hubo un pecho que se encogiera por la agonía de la existencia. Era simple solemnidad, respeto y sobriedad. Aquella que percibe uno de quien se siente de veras afectado por la situación. El muy bastardo sabía hacer que incluso el ademán de desviar la mirada con angustia resultara creíble.
La entrada de los ruidosos borrachos fue todo un golpe de efecto para la pieza. La irrupción de percusión perfecta para atraer la atención del público, justo a tiempo para romper con brusquedad el decresendo aportado por la miserable pérdida de Kuroda. Incluso se acercaron a él para conocer su opinión al respecto de aquel atajo de ladrones pelágicos de Kirigakure. Como por arte de magia, parecía que el destino no solo se había encargado de Kuroda, sino que ademas le concedía el suntuoso don del protagonismo ¡Que dichoso se sentía! No tardó en desviar la mirada hacia el hombre que lo preguntaba, levantándose en el acto mientras sostenía su vaso de cerveza con la zurda.

- Pienso que necesitan justo esto. Un poco de alegría que les baje por la garganta y menos pensar ahí arriba. Tenga. - Dijo, al tiempo que le ofrecía su propio vaso al marinero con el semblante sincero de quien ofrece algo de corazón.  - Id, luego hablaré con vosotros sobre esos perros de mar, con ínfulas. Creo que puedo añadir de veras mucho a vuestro conocimiento. - Se acercó a uno de ellos ignorando el intenso olor a sudor que ascendía de su cuerpo al tiempo que susurraba la última frase, en un tono tan bajo y delicado que incluso a esa distancia era complejo de oír. Mareaba al marinero con un abrupto movimiento de la mano que sostenía la cerveza y lo recondujo hasta las mesas del fondo, al tiempo que agostaba con la mirada el rostro de ambos, grabando sus voces, aspecto y pretensiones. Daría un buen uso de ellos en otro momento. No sobraban los necios cuyo odio era fácilmente inflamado por simples palabras sin fundamento, como no faltaban nunca los astutos embusteros que los ensalzaran como héroes nacionales, los hicieran subirse al podio a la vista de un nutrido público, susurrándoles actos execrables de muerte y vergüenza que solo beneficiaran a una de las partes, al tiempo que la otra creía con firmeza en su causa. No faltaba entonces el instante en el que los zapatos de cuerpo pulido de Luger los empujara al vacío del pedregoso sendero. Allí donde el público clamase la sangre de los bárbaros salvajes, de los saboteadores y los tiranos. Y mientras en sus últimos instantes los necios se giraran, luchando por saber que fue de todo aquello que la vida parecía prometerles, solo verán el rostro de Luger empequeñecerse por las alturas; sonriendo en un gesto que casi le desencajaría las mandíbulas y quebraría su piel por el deleite. Después solo restaba permanecer una exhalación más, escuchar el chasquido líquido del impacto y abandonar el lugar.
No tardó entonces en escuchar a la recién llegada, algo que le exhortó a girarse, alzando la diestra a su lado para hacer callara a los marineros. Él se encargaría, ellos podían sentarse, pareció decirles en un gesto ambiguo de tranquilidad. Se acercó un paso a la voluptuosa mujer con un pelo... realmente llamativo. A Luger casi pudieron recordarle a un atardecer cuyos fuegos celestiales fueron emponzoñados por la bruma de la civilización abriéndose paso a furiosas dentelladas. Aún sin abandonar la mesa y cerciorándose con una sonrisa de que Kuroda tendría que pagar otra ronda ajena, le dedicó su más respetuosa reverencia.
- Perdónalos. Los hombres vulgares y beodos no comprenden del todo los complejos mecanismos de la vida. Les resulta difícil siquiera mantenerse con vida, y eso que es el único objetivo claro que se nos presenta. - Procuró hablar en un tono focalizado, dirigiendo las palabras hacia el lado contrario de la estancia de forma que solo algunas personas pudieran oírlo, no los marineros a su espalda, desviados hacía unos instantes. - Mi nombre es Luger, señorita. Es todo un placer saber de alguien... - Hizo una pausa, determinando sus posibilidades y sus desventajas. Hizo una apuesta, se arriesgó y continuó su pieza. La apertura parecía extenderse ya demasiado. - ... tan íntegro. Luego me haré cargo de ellos. Por ahora los mantendremos tranquilos, luego haré que se traguen las palabras y los dientes. - Le sonrió de oreja a oreja, sin dientes ni complejos. Destilaba confianza, y sabiendo que jugaba a un compás peligroso, Luger prefirió hacer uso de todas sus cartas. Los embaucadores no dejaban de ser lo que eran ¿Verdad?
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Daisuke Nara
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Daisuke Nara el Jue Abr 05, 2018 2:49 am


Daisuke Nara
Sin duda alguna que ese par de personas eran un tanto vario pintas, al menos para el recién llegado Daisuke que no hacia nada más que mirar y escuchar todo lo que pasaba en la escena. Miró a Kuroda en cuanto le preguntó que si gustaba de beber, lo había negado con total naturalidad a pesar de había salido de su casa para eso, cosa contradictoria, pero vamos que no tenía muchas ganas de tomarse algo para ese momento - ¿Beretta? – no pudo evitar pensar ante las palabras del dueto, ese era un nombre que resultaba totalmente extraño para el Nara pues a pesar de que no tenía mucha experiencia en el mundo, tenía el suficiente conocimiento como para dar por supuesto que esos no eran nombres comúnes – Luger y Beretta… - pensaba al tiempo que arqueaba una ceja disimuladamente, realmente era un tanto raro pero eso no importaba mucho la verdad. Esos dos eran verdaderamente interesantes, el shinobi de las sombras los había estado escuchando notando como la chica había estado atacando a Kuroda de una manera un tanto elegante y hasta perturbadora, todo parecía ir de un sitio a otro sin tener más objetivo que a un Yukimura como objetivo de comentarios venenosos – Lo lamento – como muchas mujeres, aquella de cabellos oscuros no permitiría que el Nara gozara de cortesía exagerada, pero ese su estilo tan particular de hacer las cosas.

El ambiente se sentía algo extrañado para el sujeto de veintiún años, no parecía molestarse y ni siquiera  llegaba a hacer sentir un toque de ansiedad, pero la verdad era que no sabía ni como reaccionar ante lo que ocurría. Sus ojos miraban de manera disimulada a todos y cada uno de los presentes, aunque hacia especial énfasis en la fémina y en Kuroda, pero no por nada especial, sino porque debido al ángulo en el que se encontraban, le era un tanto complicado ubicar con perfección al llamado Luger. No tenía ni la más mínima intención de beber, no portaba ganas ni sed de hacer algo así, pero lo que en verdad se llevó las papeletas de todo fue el comentario hecho por el único que no tenía un nombre raro aparte de Daisuke - ¿Sus padres murieron? – su silencio pasó de ser natural a ser incómodo, no sabía qué decir, al menos en los primeros cinco segundos después de recibir aquél mensaje tan particular.

Realmente no tenía ni la más mínima idea de que su compañero de aldea había perdido a sus padres recientemente, cosa que le resultaba un poco contradictorio al usuario de bukijutsu pues en su pensar sólo se pasó la palabra luto. En su fastidiosa opinión, el ahora huérfano debería estar teniendo un tiempo de luto prudente en vez de estar tomando en una taberna, pero bueno, así era el mundo ninja donde Daisuke apenas comenzaba a caminar – De verdad, lo siento – llegó a decir al tiempo que hacia una pequeña pero sutil reverencia con su cabeza, esta no era muy exagerada pues no llegó a quitar la postura tan impoluta que cargaba consigo el joven desde que se había sentado con aquellos tres seres. Ponzoñosa era mucho que decir sobre aquella mujer, más bien se diría que era directa y sin escrúpulos, y es que no tuvo reparo alguno en decirle al miembro más joven de la reunión que era un tanto estúpido, aunque a decir verdad, tenía minutos haciéndolo de manera descarada, sin compasión y con mucha elegancia y estilo.

No pasó mucho más tiempo antes de que la intervención que fue nombrada antes fuese recibida, esos marineros borrachos estaban aturdiendo la paz que se vivía en el local. Daisuke no hizo nada más que lanzar un comentario tajante al tiempo que los veía y blanqueaba sus ojos en señal de molestia, y es que ellos deberían estar haciendo algo productivo en vez de estar cayendo en el más profundo de los abismos. Miró con algo de sorpresa a Luger ante su levantamiento de la mesa, no se esperaba eso, además de que tampoco venía venir que este tuviera un comportamiento un tanto agradable para con aquellos desalmados - ¿Qué está haciendo? – su tono era serio al tiempo que veía lo que estaba pasando, aunque era casi que obvio que el sarcasmo era el mayor aliado de todas y cada una de las palabras de aquél hombre de vestimentas lujosas. Sin embargo, una voz totalmente grande, de dimensiones groseras y grotescas se hizo presente en la escena tan particular que estaba observando el muchacho de del clan Nara - ¿Quién es ella? – no pudo evitar decir, aunque esto fuese lo suficientemente bajo como para que sólo sus compañeros pudieran escucharle.

El sujeto de cabellos oscuros no podía evitar mirar a la fémina que se encontraba de pie, está era muy buen ver, con curvas que resaltaban gracias al chaleco que la delataba como un miembro importante de la aldea. Era bastante atractiva, no lo podía negar, pero el simple hecho de que estuviera lanzando gritos cual tabernero molesto le quitaba cierto encanto a la mujer. Naturalmente, el muchacho la detalló lo más que pudo, estaban a cinco metros de distancia en diagonal, pero eso fue suficiente como para hacer que pudiera notar la bandana ninja que ella portaba con tanto orgullo - ¿Kirigakure no Sato? – decía por lo bajo hacia Kuroda y Beretta, no quería ser escuchado, además de que aprovechaba de que la mujer de gran carácter seguramente se encontraba distraída tratando con Luger, aunque esto no era más que una simple especulación – Él debería tener cuidado – su tono era mucho más serio que antes, mientras más la veía más maquinaba la situación, era preocupante todo eso – No a todo el mundo lo dejan salir de una aldea ninja – eso se los habían dejado en claro a todos, especialmente a ellos que eran gennin, principalmente porque estaban en medio de una guerra. Y sí, Kiri y Getsu eran aliadas confirmadas, pero eso no daba carta blanca a que todos pudieran entrar y salir así como así – Esto es muy extraño... – continuaba diciéndole a sus compañeros sin quitar su vista de la escena que estaba aconteciendo – Debe ser alguien importante – culminó con tono de preocupación, principalmente porque ni Luger ni Beretta habían demostrado ser muy discretos al momento de decir las cosas, aunque esto se remontaba más que todo a la fémina.


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Kuroda Yukimura
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Kuroda Yukimura el Jue Abr 05, 2018 10:51 am

Carne fresca.
Kuroda Yukimura
Getsugakure no SatoRestaurantesVerano/Presente
Físico:

Sonreí atento a todas las reacciones de mis compañeros de mesa cuando, uno por uno, casi a continuación del anterior, irían dándome sus seguramente falsas disculpas. Encogí mis hombros y abrí mi boca para soltar la perla de gracia. - Los asesinaron sin piedad, pero yo debo seguir - Diría para intentar cortar de lleno aquel tema de la conversación, intentaría que nada más se volviera a hablar sobre mí y mi pasado, quizás demasiado información ya estaba dando tanto al dúo como al shinobi de las sombras.

- Te capto perfectamente, pero realmente se me da muy mal mentir - Le diría a Beretta suavemente mientras que parecía como mis labios jugaban con el viento después de cortas las palabras, pasando mi lengua por entre ellos dos para enjuagarlos. A continuación, cogí la jarra de cerveza y tranquilamente vacié lo que quedaba de contenido, bajando este lenta y sutilmente por mi garganta. Así mismo, cuando posé la jarra, dediqué una mirada de desaprobación a Luger que le había dado a aquel pobre hombre de mala muerte la jarra a la que yo mismo le había invitado. Segundos después relajé mi ceño fruncido al sentir como aquella voz firme echaba casi a patadas de nuestra zona a aquellos marineros. Esa voz aguda pero con fuerza hizo que un escalofrío recorriera mi espina dorsal. Más aún me puse más nervioso cuando vi aquel rombo en su frente, sabía que provenía de tierras lejanas por su traje y ese rombo me advertiría sobre su gran poder, si ya de por sí denotaba un poder bastante agraciado, aquel signo proveniente del Iryo Ninjutsu hacía que incluso más se me pusieran las carnes de gallina. Había leído sobre él en la biblioteca, sabía que era un signo de extrema pureza y gran fuerza, más no sabía que "poderes" daba a su portador. >> Debo descubrirlo << Pensé para mí mientras que colocaba mi posición firme en la mesa.

De un momento a otro, Luger levantó su cuerpo de la mesa y se dirigió hacia la joven de cabellos rosados que había entrado en escena arroyando todos y cada uno de nuestros deseos de tener una velada tranquila. - No sé si es muy buena idea que Luger se acerque así... - Le diría a Beretta en un tono suave y casi imperceptible para alguien que se encontrara a más de dos metros de nosotros. Esa bandana que la joven portaba... sabía que era de un lugar lejano, allí donde el mar era signo de vida. - Ah no, yo no pienso pagar lo de esta mujer, esta vez os toca a vosotros - Volvería a susurrar al mismo tono a la joven que tendría a mi lado izquierdo. La situación se volvía graciosa por momento, más algo me decía que no debíamos hacer enfadar a aquella mujer, pues además de mostrar signos de alcohol en sangre, no parecía tener un carácter muy afable.  

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NB Narración
Master

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por NB Narración el Jue Abr 05, 2018 4:27 pm

NPC Kirigakure: Kaede Mashiba
Grandes hallazgos parecían encargarse de paliar los errores de los insensatos marineros de aguas dulces. ¿Pero qué decir de una simple y moribunda viajera? Si bien no era la primera vez que se apostaba entre las tierras que la misma luna abrazaba en las noches, aquello no quitaba que su inexperiencia la hiciera sentir absorta ante el mal olor que incluso las palabras de los desgraciados revolaban por los aires. Su primer impulso se había convertido en acallar bocas ajenas con la furia que vestían en sus ropajes quienes provenían de la gran bruma, pero aún a pesar de aquello, quien parecía calmar las hermosas aguas, había irrumpido haciendo gala de elegantes palabras aunque ya la joven había despotricado con gusto ante los pulgosos sabuesos.

Sus orbes cárdenas viajarían entre quienes hasta ahora habían permanecido en el olvido, más aún por el hecho de que su comanda había sido enviada a la cuenta de los marineros, pero parecía que los intrépidos jóvenes deseaban protagonismo, y la joven, no se lo negaría. — ¿Debería preguntar por vuestra identidad? — Las cuestiones fueron lanzadas como fichas de casino mientras el descontento aún yacía en su mirada, pero el sonido de la jarra ser colocada sobre la barra que esta había conquistado, robaría por unos instantes su atención, provocando un suave mecer de lo que parecía el oro en su mejilla a modo de argolla y de su voluptuoso cuerpo para depositar su tersa piel sobre el extremo de tal néctar.Pero aquel acto no quitaría importancia a quienes se dirigían a ella, puesto que tal movimiento solo se convertiría en una razón para alzar su nueva bebida hasta sus labios, pero sin dar un nuevo trago puesto que su cuerpo volvería a tomar protagonismo en dirección no solo a quien se encontraba en sus cercanías, si no tambien a la mesa donde la joven de oscura melena se encontraba. — Cualquiera diría que sois demasiado jóvenes para estar en estos antros a tales horas de la mañana. Va más con el perfil de desgraciado que no hace nada con su vida, y prefiere mancillar el honor de una mujer que espera su llegada cuando alimenta a sus hijos. — Claro puñal en dirección a sus tan afamados marineros.

Un pequeño trago a su bebida cortaría sus palabras por unos instantes, pero aquello no evitaría que sus hermosas orbes cárdenas mantuviesen contacto con el hombre que se encontraba antes esta, aunque finalmente tomaría la libertad de abandonar dicho físico para aguardar a la fémina y de tal modo, dar fin a sus dudas. — No exactamente. Después de todo una alianza nos convierte en hermanos, de igual modo que el gran océano que nos rodea. Por vuestra edad, y lugar de residencia sería extraño afirmar que sois simples comerciantes así que me arriesgaría a decir que no sois civiles. — Su brazo derecho se movió, denontando suma elegancia antes de colocar la jarra una vez más sobre la barra y girar por completo su cuerpo, dejando su espalda contra la vieja madera que se apoyaba y pasear sus codos hasta esta tras orientarlos hacia atrás. Su cuerpo se acomodaría, provocando no solo que su cuerpo fuese algo más vistoso, si no también la oscuridad de sus negros pantalones, escondidos tras hermosas botas militares. Su hermosa y recogida melena rosácea, bailaría con el movimiento y tanto su placa oficial en el cuello, como el sello de su frente, ahora estaría más a la vista que nunca, de igual modo que su enfundada delantera.

Mi nombre es Kaede Mashiba, una de las mejores especialistas médico del Pais del agua. He sido enviada para dar con Onimaru Aoyama, y enviar un mensaje a la capital. — Clara y concisa, no le interesaba perder el tiempo, mucho menos cuando se encontraba disfrutando de una pobre cerveza. — Sois shinobis. ¿Me equivoco? Los cuatro de vosotros. — Aclaró como una llamada de atención para quienes aún se mantenían en silencio.

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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Jue Abr 05, 2018 7:34 pm


CARNE FRESCA.

«El mar es una espada innumerable y una plenitud de pobreza. La llamarada es traducible en ira, el manantial en tiempo, y la cisterna en clara aceptación. El mar es un antiguo lenguaje que ya no alcanzo a descifrar. En su hondura, el alba es una humilde tapia encalada.» Jorge Luis Borges.

Los viólaceos iris del quinto elemento de aquella ecuación indescifrable no cesaban en su empírico empeño de evocarle la misma sensación amoratada que le dejaba el roce del océano contra su piel en los pálidos amaneceres de invierno, cuando los primeros rayos del sol teñían sus aguas de un exuberante matiz violáceo. Beretta se removió unos instantes sobre su posición, intranquila. ¿Le resultaría verdaderamente conveniente sumergirse en los caudales de un personaje que, por el momento, se mantenía libre de sus invisibles hilos de tinta? oh, la pregunta ofendía. Los pescadores llevaban siglos sabiendo que el piélago era peligroso y la tormenta, terrible... pero, sin embargo, eso no les impedía hacerse a la mar. ¿Quién es ella? La pregunta que Daisuke le había regalado momentos atrás resumía, en cada una de sus sencillas y rombas letras, la quid de la situación. ¿Quién eres? La escritora posó su atención nuevamente sobre su madura fisionomía, escrutó, sin temor a ser descubierta, el cariz de sus robustos movimientos; se perdió en la lacónica y coriácea forma que tenía de pronunciar sus palabras, no así sus preguntas. Las cuestiones que lanzaba, a su parecer, se movían más por el sendero de la exigencia que por el de la intimidación. Contuvo un instante el aliento: en tan sólo un segundo, sopesó todas y cada una de las posibilidades que se extendían al alcance de su mano. Trató de hacerse una idea sobre la soga que se cerniría alrededor de su pálido tallo de lirio si decidía esgrimir una actitud airada: asímismo, también se imaginó las rosas que lloverían sobre su presencia en caso de presentarle sus sinceros y anodinos respetos. Oh, qué ridiculez por su parte. ¿Fantasear con supuestos de hecho y casualidades como una chiquilla de quince años? la vida era esencialmente incoherente, y la previsibilidad de los acontecimientos tan sólo un ilusorio consuelo. Espiró.

A punto estuvo de ir a responder sus declamaciones cuando, de pronto, un prodigioso suceso alumbró su incandescente ánimo. Oh, qué sensación más maravillosa. Esa de cuando el destino finalmente se descubre y se convierte en un sendero inteligible, una huella inequívoca, de dirección pulcra y exacta. Podría haber sucedido cualquier cosa en aquel vertiginoso instante... y, sin embargo, el destino se había decantado por complacer sus anhelos de protagonismo y conocimiento. La verdad era, que existían momentos en los que la omnipresente y lógica red de las secuencias causales se rendía, cogida por sorpresa por la mismísima vida, y bajaba al patio de butacas, mezclándose con el público, para dejar que, en el escenario, bajo las luces de una libertad desbocada y repentina, una mano invisible pescara en el infinito regazo de lo posible y, entre millones de cosas, sólo permitiera que ocurriese una. Por supuesto, a Beretta le encantaba ser ella la mano que mecía la cuna... mas, por una ingrata ocasión, no le importó que fuera otra la que quisiera reconducir el argumento de la historia. A fin de cuentas, no debía olvidar que estaba tratando con una de las muchas encarnaciones del infausto y onírico océano; por más que le pesase, ni siendo ella misma la encargada de pasar a pluma aquellos acontecimientos, tendría en su mano la oportunidad de impedir que las olas terminaran borrando toda aquella huella que no fuera la suya propia. Algo en su desatinada sinceridad avivaba su tóxica simpatía: maquinaba, recreaba y tanteaba las muchas versiones de la vida de Kaede Mashiba que se iban hilando, brizna a brizna, sobre la compleja red de maquinaciones en la que se había convertido tiempo atrás su imaginación. En todas las variopintas crónicas, siempre destacaba la misma circunstancia; Beretta estaba segura de que su propia existencia le había enseñado el imprevisible valor terapéutico de la exactitud. Seguramente, para la incontrolable mujer, era el medicamento que, disuelto en cada sorbo de su vida, mantenía alejado el crudo veneno del desvarío. A cambio de su confidencia, le regaló una escueta sonrisa.

Kaede Mashiba.—saboreó cada una de sus sílabas, las paladeó en la comisura de sus casi tiernos labios y las digerió con el resto de la información revelada. Incluso llegó a levantarse para presentarle una pequeña reverencia a la exuberante señorita. No, tampoco le había pasado desapercibido el hecho de que Luger le había brindado un trato demasiado generoso a la desconocida; por norma general, todas las mujeres, hasta que se demostrase lo contrario, debían ser tratadas en calidad de señoras. Con la mirada colmada de una subordinación que no experimentaba en lo más mínimo, avanzó un paso hacia delante y cruzó ambas manos por delante del torso. Las dejó a la vista, a sabiendas de que, en presencia de superiores, no era demasiado conveniente permitir lugar a dudas.—Los cedros son tan erguidos, rectos y bellos... desearía que los corazones humanos también crecieran de esa manera.—omitió, por supuesto, el mísero detalle de que hasta el más pequeño de los gusanos era capaz de roerle el corazón a un árbol de aquella clase y derribarlo. Desvió la mirada hacia su atrevido compañero y lo instó a seguirla en su profunda muestra de respeto y deferencia hacia la recién llegada.—Mi nombre es Beretta y, aunque no me gusta limitar mi concepto a una sola palabra, digamos que sí, que soy una shinobi.—trazó una pálida y diligente sonrisa sobre sus labios contaminados y, un instante más tarde, se situó a la vera de su querido acompañante. No hubo mayores presentaciones: las encontró absurdamente innecesarias. Kaede Mashiba contaba con parte de su perniciosa aprobación: a veces, lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Lamento decirle...—se tomó un momento para hacerle saber que, efectivamente, a partir de aquel momento sería tratada con el debido formalismo. Se pasó la lengua por la comisura de los labios, se mordió el segmento inferior de los mismos, fingiendo seleccionar las palabras con exacerbado cuidado y, finalmente, retomó el tempo de la conversación.—... que no reconozco al hombre que buscáis. ¿Responde a alguna apariencia característica? suele decirse que una imagen vale más que mil palabras.—oh, qué truhan estaba hecha. Cualquiera habría dicho que lo pensaba de verdad, cuando lo cierto era que, como buena novelista, repudiaba todos y cada uno de los medios de comunicación que no estuvieran ampliamente basados en la palabra. No tardó en deslizar la mirada hacia las inmaculadas amatistas que Kaede llevaba prendadas a sus solemnes iris: empañó sus pupilas con una mezcla de sentida admiración y cautelosa prudencia. El milagro de existir, el instinto de buscar, la fortuna de encontrar, el gusto de conocer. Al parecer, el argumento de aquel segmento de la novela se había decidido por azar de la sonrosada mujer: los engranajes giraban, la pluma se deslizaba sobre la hoja en blanco que representaban sus inquietos pensamientos. Cruzó, ahora, una parsimoniosa mirada con Luger: ¿le apetecía ya al maestro ponerle punto y final a la secuencia de apertura?
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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Rokujō Nanto el Vie Abr 06, 2018 12:20 am


Carne Fresca
Para Luger, aquel crisol de lenguas desencajadas y de lívido tremor era sin duda un hecho insólito. Acostumbrado a los pasos inconclusos, a las palabras cautivas y a las falsedades regurgitadas, toda aquella situación le resultaba asombrosa. En su infausto desconcierto, uno que hizo vibrar su singular sinfonía, que hizo reverberar el instrumental y arrancar la pieza de su partitura, casi le hicieron querer abandonarse a aquel sinsentido. Entregarse al abandono insano de quien es ciego pudiendo ver, de quien teniendo la partitura y las directrices de toda una vida entre los dientes habla sin orden. Se sintió radiante, pletórico y vibrante en un escenario que le brindó en un torrente de público fervoroso la oportunidad de ser a la practicidad, el único jugador de un dúo magistral del que tan solo un puñado de escogidos sabrían apreciar. Justo como la música cargada de complejidad y erudición, su pieza era tan solo apreciada de verdad por quienes entendían su composición, y aún incrédulo, situado a un lado de la mesa donde el resto se hallaba sentado entonces, Luger sonrió. No lo hizo con la sucia falsedad con la que deseaba buenas relaciones con el resto de insulsos jóvenes que se disponían en aquel espanto de reunión, no lo hizo con su macabro maquiavelismo anticipándose al orden de la partitura, revelando mucho más de lo que el público debía conocer en forma de traspiés. En esa ocasión... fue genuina gracia, gloria cautiva en sus labios de pálida noche arrebatada los que rompieron en alborozo. Porque sí, Luger no podía llegar a creerse del todo como en aquel mundo surcado de extremo a extremo por la insoportable cicatriz del espantoso engaño; todos ellos parecían deseosos de gritar y aullar a los cielos cuanto eran.
En una simple apertura de modestas melodías, hubo confirmaciones militares, padres enterrados bajo el peso de un cuchillo travieso que decidió danzar con avidez entre sus costillas, un par de repugnantes hombres que en apenas unos meses yacerían enterrados en cal viva y vergüenza ¡Y esa introducción! Kaede Mashiba había resultado una sorpresa, un descenso de los cielos que hizo vibrar a quien pudo escucharlo, y dedicándo una mirada atolondrada y anegada de emoción a Beretta, casi no pudo contenerse. Volvió a sonreir, sin dar un paso de donde se encontraba, con la zurda apoyándose sobre la mesa tan solo a partir de los dedos índice y corazón, con la derecha tras la espalda y el gesto recto hacia Kaede. Escuchó los desvaríos balbuceantes de los percusionistas, los arrebatadores asaltos del piano de Beretta y tuvo que irrumpir; la apertura finalizaba, el decresendo moría en labios del insulso Kuroda, ahora apremiaba la velocidad, la sorpresa, la rabia de una muerte que se niega: alegrissimo, arquitecto.

-Como dije hacía no demasiado; me parece una palabra vana, escueta, insuficiente y casi burda para describir un concepto tan amplio. Luger es mi nombre. - Dijo justo después de Beretta, inclinando la cabeza en un gesto comedido y respetuoso, bajando incluso la mirada unos instantes en un movimiento de fugaz juicio. Escudriñó su figura, se percató de sus ropas, se impregnó de su postura y sobretodo, grabó su rostro a fuego en aquel lugar de sórdidos contornos en el que Luger anhela cada semblante como si de un tesoro se tratara. Jamas olvidaba una cara, y mucho menos cuando a esta se le añadía un nombre. Oh, y cuanto valor poseían ambas cosas en conjunto. Los únicos conceptos que atan a nuestra identidad, lo que somos, quien somos... y aunque quiso seguir por esos derroteros donde la mente desciende sin final ni retorno, sin castigo ni sosiego, se obligó a centrarse en la pieza que ocupaba sus pasos. Acabada la apertura, restaba incidir en la primera fracción de la pieza. Algo contundente, algo que debía agradecerle a la señorita Mashiba por su aportación. No solo uno, sino dos nombres. Era una buena forma de empezar. - Onimaru Aoyama... - Pronunció el nombre como si paladeara con sorna un plato dispuesto para la crítica. Ladeó la mirada y se giró de repente, paseando la mirada por aquellos marineros abalanzándose sobre la cerveza ofrecida. Contuvo un desdeñoso gesto que luego se liberaría a gusto. Rodeó la mesa en lento caminar, alzando la mirada con teatral movimiento, tratando de descifrar aquellas palabras en un silencio que se rompía con un lento tarareo que tenía como objetivo mantener la atención en él. - Un nombre de lo más común. Aledaño de estas zonas, seco, casi sin adornos. Pero debe ser importante para que alguien como usted haya sido destacado en estos lares. - Se detuvo justo tras Daisuke, colocando la zurda sobre su hombro izquierdo, inclinándose hacia él tan solo unos centímetros. - ¿Sabrias algo, Daisuke? ¿Algo que no quieras contar al resto? Porque pareces muy asentado en estas zonas. Quizás tu carne encierre mas de lo que quieras compartir. - Embaucando a cada palabra y derivando cada gesto en pos de atraer la atención sobre el discreto hombre de semblante taciturno. Oh, negros como la misma noche maldita podían ser sus días, oscuros enigmas podían encerrar su huesos, pero la discreción por la que tanto clamaba no iba a tenerla; no con Luger. Habiendo mordido tan solo en la superficie dulce, habiendo tan solo arrancado piel y no carne, molestias y no agravios; Luger se alejó tan pronto como acudió hasta deslizar sus pasos musicales hasta Beretta. La asaltó desde atrás y en un movimiento estudiado, augusto y conocido, deslizó ambas manos enguantadas por sus hombros y colocó su rostro junto al suyo.
Aspiró su aroma a tinta, a historias contadas y a muchas otras cautivas aún en ella: clamando por escapar o morir, pero no esperar. Sintió la piel de su mejilla contra la suya, el calor lascivo que desprendía aquel cuerpo que tantas indulgencias le proveyó y, ebrio de una emoción dantesca que tan solo provenía del flujo constante de secretos desatados al aire, Luger tan solo lamentó no tener las manos libres para acariciar los hombros de Beretta como era debido. Mezclar insensible piel muerta, teñida del funesto negro con la espléndida seda que conformaba a su compañera era toda una afrenta. Luego se resarciría.
- Quizás podamos ayudarla. Algo de asistencia en su tarea no le vendría mal. Nos alejaría por nuestra parte de estos ambientes tan abyectos y al mismo tiempo, lograría su objetivo con el apoyo de la soldadesca local. Indigna, claro... - Tuvo la picaresca de desviar la mirada a su derecha, mirando sin mirar, justo a la dirección en la que se situaban los otros dos, aun sentados, petrificados por una circunstancia que en su lugar debió haberlos enardecidos. Volvió con Kaede en el transcurso de un latido. - ... válida, en gual medida. - Se apartó de Beretta y dio un paso a su izquierda, colocándose a un lado de ella, y no detrás. - Así le daremos la oportunidad al joven Kuroda de pagar su deuda consigo. El muy malencarado planeaba escaquearse de pagar la ronda. Esa que yo no me gané, de la que no probé una insignificancia y a la que no me acercaré. - Sonrió entonces en lento proceder; una sola nota de contundente violín rompiendo la mitad de la pieza.
País de la Luna - Getsugakure no Sato




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Daisuke Nara
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Daisuke Nara el Sáb Abr 07, 2018 5:50 am


Daisuke Nara
Sin lugar a dudas esa mujer de cabellos tan resaltantes era alguien que no se debía ignorar, no sólo por su belleza rústica, sino que su carácter tan pesado hacia que su personalidad fuera muy grande y difícil de ignorar.  No todos los días se podía ver a una mujer de esa índole, aunque esto era desde la inexperiencia de Daisuke, aquél sujeto que apenas tenía veintiún años y estaba comenzando a dar sus primeros pasos en la vida dura de los militares. No obstante, la edad no parecía ser un impedimento para aquella mujer, y es que si bien se veía como alguien con mucha experiencia, tampoco llegaba a aparentar más de los cuarenta años aunque al final nada terminaba por ser cierto sino se confirmaba – No se equivoca – dijo para sus adentros en respuesta de la afirmación hecha por el personaje más reciente de aquél pequeño acto. El Nara no dejaba de verla con atención desde su sitio, no habían llegado al momento de las presentaciones por lo realmente no tenía la necesidad de pararse, siendo que hasta ese momento en particular sólo tenía muchas especulaciones en su mente.

Era adepta a la bebida, eso se notaba a leguas por estar en el sitio que estaba, aunque esto no siempre podría ser una verdad y el mismo espadachín podría dar fe de eso. La vista que otorgaba aquella curiosa mujer era un tanto agradable dentro su propia agresividad, el muchacho de cabellos oscuros no dejaba de detallarla tratando de analizarla como si de un psicólogo se tratase. No obstante, en cuanto vio el símbolo en su rostro no supo hacer nada, pero esto se dio simplemente porque no lo llegó a considerar un dato importante. Vivía en la propia ignorancia, como todos y cada uno de los presentes en ese sitio, algunos ignoraban unas cosas mientras que otros se dedicaban firmemente a tratar de curar ese mal a través del estudio forzoso, aunque en pocas palabras era un tanto imposible. Para su buena fortuna, una pequeña pero dosis de información le fue dada en unos instantes – Kaede Mashiba… – mencionó el shinobi de las sombras por lo bajo, y es que a pesar de que en su interior se esperaba un resultado similar, el hecho de su sorpresa se vio expresada en su rostro al menos por un segundo.

No dudó demasiado en levantarse con algo de firmeza, no tendría nada de raro si el resto conociera a Daisuke, sabía que estaba frente a un superior, y sus compañeros también parecieron entenderlo con claridad – Mi nombre es Daisuke Nara, a su servicio – una reverencia con la cabeza fue dada en señal de respeto. No tenía muy en claro si debía hacer algo similar, pero si pertenecía a una aldea aliada en la guerra era suficiente como para ganar una porción de su subordinación. Todo era tan extraño para él, y es que ese día estaba libre, sí, se había llevado su bandana ninja de identificación, pero debía admitir desde el vamos que ya tenía esa costumbre desde hace un tiempo. No llegó a responder si era shinobi o no, aunque se pudo ver desde el momento en el que se levantó de su silla porque como se dijo antes, cargaba su respectiva identificación como miembro militar menor de la aldea de Getsugakure.

Subió su cabeza con algo de lentitud, su mente estaba perdida e inmersa en sus propios pensamientos, en sus preguntas sobre aquella que había afamado ser de las mejores especialistas médicos del país del agua. No sabía si sería cierto o no, no le constaba, pero con el simple hecho de que tuviera una banda ninja y estuviera fuera de su aldea era suficiente como para saber que era alguien importante. Continuaba detallándola sin decir mayor cosa, con una mirada que reflejaba algo de suspicacia y confusión a la vez, pero esto se vio interrumpido con la intervención del hombre del curioso dúo, ese que portaba vestimentas formales y se hacía llamar Luger. Pudo sentir la mano de su camarada shinobi, realmente no se esperaba esa pregunta y la verdad es no pudo hacer otra cosa que no fuera pestañear un par de veces, al menos durante los primeros cincos segundos. Su homólogo de cabellos plateados le había prácticamente comprometido con todo lo que estaba pasando, no le molestaba en lo absoluto, pero resultaba un tanto interesante para el ninja de las sombras que ese hombre fuera tan confiado y suelto a la hora de hablar – Sí, conozco a Onimaru Aoyama – afirmó sin ningún tipo de tapujo, aunque la verdad fuese que no pudo evitar recordar la primer encuentro que tuvo con aquél que sería nombrado en el bar actual. No fue la experiencia más gratificante que haya vivido, pero Daisuke supo agradecer la rigidez con la ese shinobi de cabellos rojizos vivía, recordándole a él mismo en ciertos aspectos aunque con unos niveles menos estirados. Ese era uno de los mejores ninjas en la aldea oculta entre la luna, o al menos así decían los rumores que había escuchado de sus familiares, por lo que por su mente no pasaba la confirmación de que esa mujer era importante – Pero la verdad es que desconozco dónde poder encontrarlo – comentó desde la franqueza mientras seguía maquinando y recordando al mismo tiempo su encuentro con el buscado.

Lo lamento:
Quiero pedir disculpas a los involucrados por no haber posteado ayer, se me fue la luz y pues... nada. Hoy tuve un evento que también se repetirá mañana, por lo que disculpen además el post, ando tan cansado que ni me pasé por el discord a saludar. ¡Nos vemos!


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Kuroda Yukimura
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Kuroda Yukimura el Sáb Abr 07, 2018 5:24 pm

Carne fresca.
Kuroda Yukimura
Getsugakure no SatoRestaurantesVerano/Presente
Físico:

Todos y cada uno de los acontecimientos que ponían en manifiesto una auténtica obra de teatro, donde todos y cada uno de los actores marcábamos nuestro diálogo como autómatas. La nueva mujer de cabellos con el rosa más puro dio un giro a los acontecimientos, un giro claro donde los cuatro supimos cual era nuestro lugar, donde parecía que todos sabían actuar a la perfección. Me gustaba aquello. Parecía que incluso el dúo afirmó sus acciones y probablemente Luger habría sido, aunque algo directo, acertado en sus acciones.

A continuación fue Beretta la que se levantó de su silla y caminó hacia la joven. Gracias a mi posición hacia la puerta, la barra apenas quedaba a un giro de cuello para ver todo aquello con ojos expectantes y mirada inquisidora. Mis pensamientos eran claros, necesitaba algo que me hiciera moverme, que hiciera que mis piernas quisieran levantarse solas. >> Kaede Mashiba, una de las mejores especialistas... médico << Y ahí estaba mi punto de inflexión, aquello que me hizo levantarme rápidamente después de pensarlo un rato y dejar que incluso Daisuke levantara su cuerpo. Me había demorado demasiado a la acción y por último, aunque no menos importante, era el más rezagado a dirigirme hacia nuestra superior. Aunque de una aldea aliada, debido a no sé qué guerra tenían montada fuera, era una superior y por eso mismo, el respeto y sobre todo, la sumisión, era claves para ganarte el porvenir. Ya Kio me avisó de la guerra asentada sobre nuestros lares, aunque sus palabras también fueron duras, nunca venía de más un chute de información como aquel. Tenía ganas de volver a verle y mostrarle lo mucho que había mejorado.

El devenir de los acontecimientos, y sobre todo, las actuaciones magistrales de mis compañeros de bar, dejó de más mis pasos y mi colocación a un lado de Beretta, más adelantado para que Kaede pudiera verme bien. Durante aquel corto camino de apenas unos segundos pensé varias opciones, no sabía si mirarle a los ojos, no sabía si ser un poco más cercano y mantener las distancias, no sabía ni que decir, realmente, por lo que dejé que mi yo interior saliera al escenario por mí.

- Kuroda Yukimura se presenta - Diría con mi cuerpo firme y mirada, después de decidirlo, firme hacia sus ojos. Por un momento quedé ensimismado por sus ojos y aquella mirada hipnotizó mis músculos por un segundo, dejando que no pudiera mover mi cuerpo durante dos interminables segundos. Cuando cogí fuerzas de donde ni sabía que tenía, volví a mi presentación como actor a su texto. - Genin de Getsugakure no Sato y médico aún inexperto - A continuación, doblé mi cuerpo por la cintura como un resorte hacia delante, formando un perfecto ángulo de noventa grados para mostrarle mi más sincero respeto. - Un placer tenerla por nuestra aldea, señora Mashiba - No sabía si había acertado, si me había comido algunas palabras, si simplemente mi reverencia y toda mi acción en sí había sido demasiado sobreactuada. Lo que si sabía era que los nervios no me habían jugado una mala pasada, y no había atacado estúpidamente como había hecho con Kio. >> Valiente idiota fui << Pensé mientras que corregía mi postura y daba unos pequeños pasos hacia atrás, colocándome en la línea de mis compañeros.

Durante las palabras restantes sobre aquel hombre que venía buscando la pelirrosada, me mantuve callado observante. Aquel signo en la frente de la joven Kaede hacía que no pudiera evitar sentir curiosidad, no pudiendo apartar mi vista de sus trazos. ¿Qué escondería aquel signo? Sabía que algo tendría que ver con la medicina de la que ambos dos éramos portadores.

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NB Narración
Master

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por NB Narración el Sáb Abr 07, 2018 9:24 pm

NPC Kirigakure: Kaede Mashiba
Sus vocablos habían sido enunciados en dirección a los jóvenes, pero aún a pesar de lo que parecía un ligero interés, el rostro de la fémina permaneció bajo la custodia de la indiferencia mientras aguardaba por respuestas.

Algunos podrían tacharla de dantesca si conocieran que era lo que se escondía tras sus sinuosas acciones, pero para su tan agria suerte aquel día, lo único que le interesaba era escapar de sus obligaciones y dejar más que nunca atrás los formalismos que evidenciaban su tan ostentoso puesto, o tan envidiados títulos en los terrenos del agua. Un viaje tras las aguas le brindaba tal merecido descanso, por lo menos si esta decidía incorporarlos puesto que no se encontraban a decir verdad entre sus obligaciones, pero eso no quitaba que la joven Mashiba era caprichosa, algo brusca o incluso se había ganado la desconfianza de algunos por acciones totalmente desmedidas cuando realmente lo sentía algo "correcto".

No corto de este modo ninguna de las acciones de quienes se encontraban ante sus hermosas orbes cárdenas, pero si se pudo llegar a observar cierto descontento aunque podía sentir la miel bañar sus labios ante los formalismos que el dúo mostraba con tan sinuoso descaro, como si personajes de una picaresca obra se tratase. Desgraciadamente ante sus ojos no existía un escenario, tan solo la desgastada madera de un local que frecuentaban los más desgraciados marineros, o que por lo menos, brindaba tal imagen ante sus pensamientos. Era una mujer clara, a la cual le gustaba mantener la línea temporal más acotada posible en cuanto a información, pero no mostró descontento muy a pesar de sus ligeramente enturbiados pensamientos. — Un dúo curioso. Desconocía la existencia de la existencia de tales artistas entre las filas de la Luna. — Bañaría sus labios en palabras ligeramente envenenadas, pero que no dejaban de deslumbrar con un pequeño matiz de intriga ante los formalismos tomados con suma elegancia, pero descarada confianza plasmada en acciones.

La suerte estaría aún así de su lado cuando un tercero se uniese a tan exuberante obra, ganándose así por completo la atención de la pálida superior que aún se mantenía manteniendo cautiva bajo sus codos la desgastada barra de su espalda. Unas palabras que si bien carecían de información, brindaba cierto atisbo de esperanza a la rosácea muchacha que ignoraría por unos instantes los formalimos del cuarto pero tomaría así la iniciativa de erguir por completo su cuerpo, y dar dos cortos pasos al frente, acortando un metro entre los shinobis de la Luna y ella. — Me basta. — Aclararía de inmediato sin dar rodeos. — Dado a que las palabras de vuestro compañero terminaron por captar mi atención, y la ayuda fue ya citada, tomaré bajo mi titulo el completo derecho de encomendaros ciertos trabajos. — La picardía tornaría su rostro en una curvada sonrisa, mientras que sus delicadas manos, tomarían camino hasta su propia cintura, ignorando el chaleco que ocultaba ligeramente sus laterales, para desacomodarlo y demostrar la fina curvatura que portaba tal esbelto y cuidado cuerpo, el mismo que había levantado tantas pasiones que incluso vidas había arrebatado ante el deseo.

Vosotros dos. — Diría con algo más de autoridad, paseando la mirada por el curioso dúo que segundos atrás se había encargado de citar. La madera ahora crujía bajo sus pies, abandonando su remarcada cintura a la par que se situaba ante Beretta y Luger. — Necesito que marchéis a la capital. — Diría con completa libertad mientras su derecha se introducía en uno de los bolsillos interiores de su chaleco, dejando a al vista un hermoso pergamino albino con una cinta celeste que mantenía este delicadamente cerrado. En el, un símbolo completamente desconocido pero que destilaba tanta elegancia que demostraba su importancia. — Me limitaré a suponer que sois conscientes de quien toma protagonismo como Kemuru no Hime. Mostrad este pergamino en palacio. Debéis de dárselo personalmente. Cualquier problema, haced uso de mi nombre. — Tendió tras ello su mano al frente, colocando el pergamino a escasos cuarenta centímetros de la joven. — En cuanto a Daisuke Nara y Kuroda Yukimura. — Añadiría sin apartar la mirada de la joven, a la espera de que tomase tal importante pertenencia. — Me acompañareis hasta el Palacio del Tsukikage. Tengo entendido que Aoyama suele frecuentar tal lugar dado a que es cercano a vuestro líder.

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NB Narración
Master

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por NB Narración el Sáb Abr 07, 2018 9:29 pm

Misiones brindadas.
— Kaede Mashiba ha tomado la iniciativa de separaros en dos grupos, brindandoos de tal modo misiones a ambos. Si bien no es una Kunoichi del País de la Luna, su titulo y la alianza le brinda total potestad para hacer uso de vuestros servicios, servicios que serán remunerados tan pronto finalicen y que os brindan cierto acceso a pequeñas iniciativas en los terrenos oficiales del País.

— Luger y Beretta en este caso deberán de realizar una misión entre ambos que constara de un viaje a la capital, una misión que deberán de realizar de forma conjunta —en un tema individual— y desarrollar por varios post. Una vez desarollen su camino hasta la capital, enriqueciendo de tal modo el trayecto y la llegada hasta esta, narración volverá a irrumpir frente a las puertas del Palacio de los Daimyos para dar paso a su cometido.

— En cuanto a Daisuke Nara y Kuroda Yukimura. Ambos acompañareis a Kaede Mashiba por la aldea en busca de Onimaru Aoyama.

— Podéis continuar con este tema junto a Kaede Mashiba hasta que decidáis separar vuestros caminos por diferentes temas.

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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Dom Abr 08, 2018 1:23 pm


CARNE FRESCA
El roce de la piel de Luger contra la suya propia le provocó estrafalarios escalofríos a lo largo y ancho de su marchito cuerpo. Como ya era costumbre, las manos del violinista eran la chispa que incineraba su corazón; ¿sus ojos? el indeleble crisol que transformaba el humo que habitaba su mente en negro e incandescente fuego. Durante un instante, Beretta se entregó a aquella sensación de peligro; en la profundidad de tal fatuo sentimiento se movía la lengua en vano. El lenguaje de su memoria y de sus sentidos carecía de un vocabulario adecuado para tal ardor... y dolor. El silencio que se instaló en sus iris plateados tras aquel inesperado contacto, le recordó al que reinaba en los días más fríos del invierno, cuando dolía respirar y todo permanecía en calma. No obstante, la escena proseguía acorde el guión; los personajes se movían en su línea y el hilo argumental no daba vueltas sobre sí mismo como en tantas otras novelas mediocres. Entrecerró los párpados, obligó a aquella intensa emoción a abandonar su vientre y, finalmente, se encontró de nuevo navegando en las indómitas aguas que Kaede Mashiba agitaba a cada paso que daba en dirección contraria. Desde tiempo inmemoriales, era más que sabido por la  avispada humanidad que, para llegar a rozar nuevos horizontes, era necesario alejarse de las viejas orillas conocidas; internarse mar adentro. El brioso canto de la indómita mujer volaba, con sus alas forjadas en cadenzas desbocadas y cesuras improvisadas; armonía y eternidad inspiraron en el enrevesado pensar de Beretta. No le pesaba admitirlo: al principio, se había equivocado estrepitosamente al comparar a la vibrante Kaede Mashiba con una arietta cualquiera. Le faltaba ornamentación, le sobraba... cuivré, tal vez. Aquel cariz pausado y fuerte que reverberaba en el aire tras ser pronunciada cada una de sus palabras, sin duda, encajaba con mayor facilidad en una pieza musical más contundente, menos ordenada y cuidada. En una obertura categórica, sí. Sonrió.

El futuro tenía muchos nombres. Para los débiles, era lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes, la grandiosa oportunidad que los aguardaba tras cada sombra o puerta. Para Luger, quizá, un sentido. ¿Y para Beretta? oh, queridos, para ella, el futuro, no podía ser nada más, ni nada menos, que un recuerdo. En cuanto su compañero hubo pronunciado las palabras mágicas que en toda novela hacen avanzar el argumento principal, intuyó lo que estaba por llegar. La flecha del destino, cuando se espera, viaja lenta. La repentina diligencia de Kuroda Yukimura conmovió un fragmento de su corroída alma: no encontraba escena más deprimente que la de un muchacho buscando probarse... no, más bien, deseando fervientemente demostrarse a sí mismo que vale o que, como mínimo, existe. Las tristes almas de aquellos que viven sin fallas y sin alabanzas siempre despertaba un sentimiento intenso en las sombras bajo su espíritu: avivaban una impávida llama que se empeñaba en creer extinta a pesar de las quemaduras que emponzoñaban y sembraban sus pensamientos.

Oh, médico.—articuló, con cierta cuidada y meticulosa indiferencia, justo después de que el muchacho terminara de esgrimir su vigorosa presentación. Bajó la mirada unos instantes en un movimiento de fugaz juicio: escudriñó su lánguida figura, se percató de algunos detalles que, en una primera instancia, le habían pasado desapercibidos. Las manos de un maestro en el arte de la medicina no se asemejaban a las de ninguna otra clase de persona. ¿Y cómo podrían, si eran manos entrenadas para bailar con los hilos de la vida? Hablaban otro lenguaje, tocaban otras canciones. Oh, los doctores eran hombres que, a diferencia del resto de seres mortales, tapaban sus errores con tierra.—Como tú, Luger.—pronunció las palabras como si paladeara con sorna un acertijo tan atávico como incomprensible a ojos que no fueran los suyos. Hizo restallar la plata contra el acero, metal contra metal.—Ambos os habéis versado en la ciencia de la incertidumbre y el arte de la probabilidad.—se detuvo ahí, pues tampoco deseaba andarse por las ramas y terminar vagando por aquellos confines remotos de la mente que ya le pertenecían, casi por completo, a su queridísimo acompañante. Al igual que ocurría con la gran mayoría de los venenos conocidos por el hombre, tan sólo la dosis adecuada de ficción volvía a una fantasía, nociva. Tóxica. Finalmente, llegaron a sus fácilmente deleitables oídos las palabras aguardadas; una a una, las atesoró en su memoria con sincero afán de recordarlas más adelante con algo parecido al cariño. Kaede Mashiba tocaba ahora con larghezza, con una amplitud inusitada que les ofrecía una gloriosa oportunidad para incorporarse a la sinfonía sobre la marcha; por supuesto, Beretta nunca le decía que no a un regalo desinteresado. Se relamió la cara interna de la mejilla, ocultó sus macabros pensamientos bajo una deferente inclinación del rostro que buscaba expresar cuán profundo (y sincero) era su respeto hacia aquel quinto elemento. Aunque, de éter, aquella mujer tenía poco. En su espíritu no resaltaban espacios vacíos, sino fuegos fugitivos.—Suponéis bien.—efectivamente, cualquier miembro de la milicia que se quisiera hacer llamar como tal, tenía por real obligación conocer el nombre de Kemuro no Hime. Un anhelo atávico, anterior a su misma existencia, vibró en las vetas de sus ojos; por fin podría cotejar la ficción con la realidad.
¿Incienso iluminador o cortina de humo para tapar un defecto? ¿misticismo embriagador o cuentos chinos para irse a la cama? pronto, muy pronto, lo averiguaría.—Tened por seguro que cumpliremos con nuestro cometido: a fin de cuentas, toda misión constituye un vínculo de deber.—embaucadora como sólo un novelista lo puede ser, se incorporó sobre su casi metro setenta de altura y extendió la mano hacia el pergamino tendido. Admiró la delicadeza de su tacto, su alma de escritora contuvo el impulso de desenrollar sus secretos y devorar sus letras; apretó los labios, mantuvo el gesto solemne y lo escondió en un bolsillo recóndito de las profundidades de su chaqueta.

Cuando la promesa queda hecha, las personas implicadas están en la obligación de consagrar sus fuerzas a su debido cumplimiento.—tuvo la picaresca de desviar la mirada en dirección a los otros dos integrantes de aquel cuarteto que llegaba ya a su indigno final.—¿No es así, chicos?—cuestionó en apenas un susurro, acompasando sus apacibles declamaciones a una pieza imaginaria, tan sólo viva en su alma jocosa. El capítulo comenzaba a teñirse del cariz oscuro que siempre supone una despedida inesperada: ¿cómo aderezar el momento bonito? ¿cómo resucitar las pálidas lágrimas de un lector poco dado a los sentimentalismos? Oh, las promesas siempre venían bien para esta clase de situaciones incómodas. Primero, se acercó al pequeño Kuroda.—No dejes apagar el entusiasmo, virtud tan valiosa como necesaria; trabaja, aspira, tiende siempre hacia la altura.—¿verdad? ¿mentira? ¿farsa? ¿evidencia? Oh, qué más daba, si, de todas formas, lo importante en aquellos pasajes de la novela era lo que se decía, no lo que se sentía.

Le regaló una espléndida sonrisa, de esas que atraviesan historias y se graban a fuego lento en las leyendas; qué dramática era. El segundo personaje al que dirigió su atención no pudo ser otro que Daisuke sin apellido, el Fitzwilliam Darcy que apenas había tenido ocasión de hacerse valer en aquel encuentro fortuito; una suerte que, pese a que pudiera aparentar precisamente lo contrario, Beretta fuese una ardiente seguidora de las segundas, terceras, cuartas y hasta quintas oportunidades.—La próxima vez que nos veamos, trata de emperifollar un poquito tu comportamiento y te aseguro que saldrás en la portada de mi siguiente historia. Encajarías como un guante en una novela romántica, vaya.—le guiñó un ojo, le dio un toquecito en el centro del pecho y, ahora, se centró en la inaudita tempestad que había puesto patas arriba aquel pasaje del argumento.—Partimos, pues.—reverencia de turno, pronunciada disciplina, una dosis de la educación pertinente y ya estaba preparada para tomar el brazo de Luger y salir por la puerta grande cuanto antes. ¿Y esas prisas? oh, queridos, todo el mundo sabe que, así como en las introducciones siempre hay que ser el último en llegar, en las despedidas se debe ser el primero en marchar.
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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Rokujō Nanto el Dom Abr 08, 2018 7:08 pm


Carne Fresca
El aluvión de presentaciones que se derramaron tras él fueron indecisas, torpes, lentas e insuficientes. No podía culpar a quien no sabía danzar al ritmo, a quien era incapaz de contorsionarse ante la música de la intriga. En ese danzar de letárgicos movimientos todo parecía transcurrir a varias velocidades, distintas, diferenciadas y todas ellas arrebatadoras en su propio universo descriptivo. Mundos completamente ajenos, integrados al mismo tiempo entre sí y sin ellos. Carraspeó y con aquella mujer denominada a sí misma Kaede ante él, tuvo el tiempo que precisaba para cerciorarse de todo aquello. De empaparse cual avispado artista de cuantas notas aquella pieza descargaba sobre su pensar. Ladeó la mirada, guardando silencio al ver a Kuroda realizar la reverencia mas exagerada y burda que hubo conocido hasta ese momento. Aún con una sonrisa petrificada, grabada no sobre marmol eterno sino mas bien sobre tiza permeable, Luger pareció aprobar el comportamiento, desdeñandolo en secreto.

Kuroda, ese joven en cuyo universo parecía estar en continuo tránsito. Un viaje sin destino conocido, un ascenso surcado por vertiginosas y súbitas escaladas. Un mundo indiferente en ocasiones, absorto sobre sí mismo, errado o no, puro en su simpleza. Contempló sus movimientos bruscos y forzados como los vanos intentos por adaptarse a una realidad que se presentaba avasalladora y absorbente. Podría vender cuanto fuera, ocultarse o más bien sepultarse bajo su cabello amatista y aún entonces la mirada inquisitiva de Luger lo arrastraría de su impío cobertizo de madera destartalada. No lo evidenciaría, por el decoro que se le guarda a las personas y a los niños por igual, pero en él... Luger vió centellas, vió las notas graves de un violonchelo rasgando el firmamento. En él halló mucho mas que el anodino potencial de una vida entregada a la disciplina, al tedioso pulso de la vida marcial o la vana gloria de la conquista. Torció el gesto entonces en una sonrisa aún mas pronunciada.

"Algún día, cuando su vida alcance el cenit que debe soportar hasta hallarse completo, haré de él mucho más de lo que es. Convertiré sus días en aullidos que desgarran la garganta, su indiferencia en una obsesión y si todo transcurre como debe... esa obsesión en el enfermizo amor que se siente por lo negado" pensó Luger, en un instante de perversa lucidez. Maquiavelismo que surcó la pieza de notas irresolubles, de dantescos escenarios que aún estaban por llegar. E incluso interpretando su glorioso danzar de sombras y silencio, Luger compuso. Porque si bien Beretta era la artista, Luger era finalmente la mano que inspiraba su pluma, su tacto musical y su inspiración de morboso resplandor.

La comparación de los labios de Beretta lo volvieron a colocar en su tesitura usual. Aquello le hizo cerrar los ojos con cierta suficiencia al tiempo que alzaba la diestra para despejar las dudas sobre ello. - No, no como yo. - Repuso de inmediato a su afirmación, que más bien fue una acusación. Sobre la cuestión de la incertidumbre, Luger dedicó de nuevo la mas amplia y falsa de sus sonrisas, oculta bajo una tenue máscara de interpretación fundamentada en su experiencia. - La incertidumbre es toda suya si la quiere. Yo prefiero las certezas o las verdades. Son útiles, reales en toda su brutalidad y decadencia. - Aseveró al tiempo que deslizaba un brazo alrededor de las caderas de Beretta, acercándola con el mimo de un bailarín versado; musicalidad, constancia y destreza corporal. Justo cuando el nombre de aquella personalidad despuntó en aquella pieza tan desordenada, Luger abrió los ojos, sonrió y esta vez, fue de verdad.
Halló entonces un interés renovado en aquella mujer que les encomendaba una tarea sencilla. Acudir a la capital, conformarse en los salones donde el lujo, la sordidez y el embuste tienen su verdadero santuario. A la cámara de los secretos contenidos entre dientes rotos, bajo las gargantas de los pisoteados con impunidad. Fue Beretta quien recogió el elegante pergamino albino, pero Luger quien sintió el ansía de sostenerlo entre sus garras, y conteniendo sus incipientes impulsos, realizó una escueta reverencia que apenas le hizo inclinarse unos cuantos grados. Un gesto amable, ligero y suficiente. Procuró hacerlo a la vista de Kuroda: el chico tenía que aprender.

- Se hará, pierda cuidado. En nosotros uno puede confiar cuanto sea preciso. - Quiso dedicarle entonces a la mujer que los encomendaba una mirada sostenida, desde la reverencia aún persistente y cargada de toda clase de connotaciones. En aquellos ojos en virtud del acero, Luger transmitió a Kaede su rostro, trató de grabarse en su sentido y hacerle saber al tiempo que se levantaba y sin necesidad de palabra alguna que ellos, no eran como el resto. Singularidad perseguía decididamente. Algo obtendría. Poco después Beretta cargó con su vorpalidad usual. Perforando costillares, haciendo temblar lenguas indecisas e inflamando corazones hasta entonces gélidos. Les dirigió un tormento en forma de ponzoñosa inseguridad, y de nuevo, inspirado por las declaraciones tormentosas de su artista, Luger siguió cual sombra. - Dales una oportunidad. Son buenos chicos, lo intentan de verdad. - Y con ese modesto pareado dirigido a Kaede, Luger reforzó el dudar y no la confianza. Lo intentan... ¿Pero lo logran? Fue la incógnita, el enigma regurgitado del ícor ennegrecido. Después recogió las manos tras su espalda viendo como Beretta se despedía de formas singulares, usuales en ella, pero de proceder sorprendente para el profano.
De su universo Luger nada podía augurar, pero de aquel hombre adusto, seco y recatado quiso intentarlo.

¿En él? Quiso arriesgarse pensando en caos. En maquiavelismo que suscita, que inflama, que se hincha hasta que su piel se pudre por la presión, pero en su cuerpo no cesa. En él quiso pensar en actos execrables, en una mano que no tiembla según arranca las vísceras de un amigo cercano. Una garganta que calla, siente y no asegura. Un hombre que quiso ser niño antes de ser quien era, no lo logró y pasa los dias soñando con ello. Un ser... uno abominable cuyo ser en absoluto razona, vive, siente y muere en su propio pensar. Nada demuestra, solo considera, actúa y muerde hasta romperse los dientes contra quien se le encara. ¿Pudo haber visto a un soldado? Luger torció la mandíbula en un gesto dubitativo, considerando a Daisuke como un instrumento, despersonalizando y desollando en vida en un grado superior a ella. Se preguntó cuales serían sus límites, hasta que punto su valor podía ser tensado sobre un cuerpo de madera y tocar con él las mas lúgubres letanías. Rió para sus adentros, imaginando cientos de macabros y escabrosos escenarios. Con él construiría mucho arte basado en el dominar.

"De ti haré un engendro sin nombre. Una bestia que no chilla ni ladra, solo muerde, se atraganta y no se ahoga ¿Querrías servir al Estado, Daisuke? ¿Y a quien le sirve a él? A ti te tensaré tanto como las cuerdas de un instrumento, te haré pasar por todo cuanto el mundo cree imposible y saldrás indemne. Beretta guarda razón en sus palabras: serás romance. A ella le encantará tener tragedias que narrar" Y con esa determinación, hallando adecuada la despedida de Beretta y dejando tomar su brazo para marchar, Luger dedicó una última mirada a los presentes.

- No lloréis. Volveremos a vernos. - Añadía. Y en ello no moraba tan solo una insípida despedida, había verdad. Algo que Luger no concede con facilidad, que no danza como a él le gustaría pero que al mismo tiempo su presencia otorga peso a la composición. Él al fin y al cabo era arquitecto, hombre de feudo, decidido en su deber... ¿Era ese el destino de aquellos dos años de vida? No quiso considerarlo, y saliendo del establecimiento con la belleza hecha cielo encarnado bajo el brazo, Luger supo... que solo había comenzado la pieza. Nada había terminado.
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Daisuke Nara
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Daisuke Nara el Mar Abr 10, 2018 4:11 am


Daisuke Nara
Ese encuentro tan fortuito había sido víctima de un vuelco sumamente brusco, el destino de había antojado no sólo de hacer que los gennins conocieran a una de las figuras desatacadas de la aldea oculta entre la niebla, sino que además los había direccionado a distintos caminos – Médico… - no pudo evitar pensar en la presentación de su compañero de aldea, y es que este no parecía ser del tipo de persona interesadas en la medicina, pero en esos días no era fácil conseguir adivinar a cualquiera sólo con mirar sus ropajes y actitudes – ¿Luger es médico? – no pudo evitar decir ante el comentario de la chica de cabellos azulados, aunque ciertamente esa pregunta no tenía cabida dentro de aquella conversación tan espectacular que escuchaba el Nara. Ahora todo le parecía más extraño que antes, siendo que ahora Luger también tenía ciertos talentos para la medicina a pesar de que este insistiera un tanto en decir que no. No obstante, en el pensamiento del muchacho de cabellos oscuros sólo venía a cuento de que esa negación venía propiamente dicha al hecho de que estaba siendo comparado, y no a que fuera usuario de la especialidad médica, pero la verdad era que con ese par, cualquier cosa era posible en la vida misma.

Arqueó una ceja en señal de curiosidad, principalmente en relación a aquella pareja que disfrutaba haciendo comentarios innecesarios a través de palabras bien sonantes y burdas – El arte de la probabilidad… - comentó ante lo que llegó a escuchar de Beretta, ignorando por un segundo la situación en la que se encontraban actualmente. La especialista médico conocida y auto nombrada como Kaede Mashiba les había asignado un par de trabajos al cuarteto en escena, cosa extraña para el espadachín que desde su posición sólo pudo atender y afirmar con su cabeza, siendo esta era la primera vez que un militar de otra nación le mandaba a hacer algún tipo de encargo. Eso no se veía todos los días, pero esa oración no era otra cosa más que el reflejo de la inexperiencia de Daisuke ante los asuntos ninjas – No habrá problema en acompañarle, Kaede Mashiba – comentó con total respeto a quién sería su jefa improvisada.

Ya todo parecía estar servido con Daisuke y Kuroda formando un grupo, mientras que el par de shinobis raros irían a la capital a tratar con un Daimyo – Ojalá no los maten por su insolencia – se dijo a sí mismo mientras miraba detenidamente a aquél par. No le caían mal, pero sí que era cierto que si se llegaban a topar con alguien tan importante como el Daimyo de un país, era un peligro para ellos mismo el siquiera abrir la boca. Tal vez el muchacho de las sombras estaba exagerando, pero por lo poco que habían mostrado en esa ocasión, esos sujetos podían terminar muertos por simplemente abrir la boca y destilar un letal pero bonito veneno en forma de frases. No todo el mundo era tolerante, especialmente en tiempos de guerra donde las formalidades estaban a la orden del día, además de que los que llegaban a tener cierta jerarquía exigían de manera un tanto fastidiosa la subordinación y discreción. Pero al final, ese sería su problema, mas la verdad esperaba que no murieran simplemente porque muy a pesar de ser raros y pretenciosos, le caían bien.

Sus pensamientos se vieron evidenciados y confirmados con las últimas frases dadas por Beretta y Luger, esa pretensión era hasta cierto punto graciosa para él, siendo que no llegó a decir nada en particular. Pero él no era un alto cargo y cualquiera de estos últimos pudiera considerar una ofensa algún tipo de comentario parecido, no obstante eso ya no importaba pues ya estaban por salir de aquél acto de extrañas luces y guiones – Hasta luego – saludó cortésmente mientras los veía salir del local testigo de todo – Que gente más rara – fue lo que alcanzó a decir al tiempo de que estos salieran del sitio, y es que desde su perspectiva no parecían ser personas normales, pareciendo más a un par de desquiciados que buscaban algo de atención de manera desesperada – Como ya dije, de mi parte no habrá problema en acompañarla, Kaede Mashiba – estaba autoafirmando su posición frente a la mujer de más alto rango, con ese toque de formalidad y rigidez que tanto caracterizaba al Nara.

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Kuroda Yukimura
Getsu Genin

Re: [Presente] Carne fresca

Mensaje por Kuroda Yukimura el Mar Abr 10, 2018 10:43 am

Carne fresca.
Kuroda Yukimura
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Físico:

Después de mis movimientos algo automáticos, que aunque robóticos eran del todo sinceros, mostré una seriedad afable a cualquier de las palabras que fueran dadas por la pelirosada. Aunque estaba en mi día libre, no todos los días se presentaba la idea de regodearte con alguien del poder de Mashiba. Aunque si bien tenía su curiosidad puesta en el dúo, yo mantendría mi firme envergadura al lado de mis compañeros sin desmerecer ni un solo atisbo. Era cierto que el dúo eran desde luego de más pintorescos, e incluso para alguien de otro lugar podrían parecer hasta de otro planeta. Sus palabras, sus movimientos, carecían de sencillez, todo era premedita y todo movimiento conjuntaba una complejidad.

No sabía ni alegrarme por la experiencia que tenía Luger o rechazar que hubiera otro médico delante de Kaede. De todos modos, todavía mis palabras no habían llamado la atención de la pelirrosada, pero en algún momento, todo a su tiempo, solo debía esperar. De seguro acababa por interesarse por mí, o al menos era creía y esperaba. De pronto el albino rechazó la idea que había puesto Berettae en consideración y causaron un desconcierto, parecía como si no se pusieran de acuerdo, como no quisieran contar algunas cosas. De todos modos, aunque hubiera mentiras en sus palabras, no me importaría mucho, a fin de cuentas, miles de shinobis formaban la milicia de la aldea y quizás no volvería a verles después de este coloquio.

Mis ojos brillaron después de que las misiones fueran encomendadas. Esta brindó un pergamino que la joven de cabellos azules cogió, mas fue arrebatado rápidamente Luger, como quitando un poder a la joven, por si volvía a meter la pata como anteriormente revelando la especialidad médica del albino. >> Que pareja más rara, madre mía << Y no es que me cayeran mal, es más, directamente ni sabía de ellos como para formar una idea firme, pero sí que algunos de sus movimientos resultaban del todo extraños. Mas cuando dieronsé la vuelta para marchar a su cometido, asentí ante la pregunta, que aunque retórica fue contestada por mi acción, de la joven Beretta. A continuación se acercó a mí, sus movimientos hacia mí me resultaban del todo familiares, como de una madre aconsejando a su hijo. Soltó cuatro palabras que, aunque entendí, tampoco hice mucho caso. >> Esta chica no está bien de la cabeza << Pensé para mí cuando ambos dos, realizando sus despedidas, marcharon hacia su cometido. Solo esperaba que les fuera bien.

Más tarde, cuando el dúo se hubiera marchado, Daisuke mencionó algo que yo llevaba pensando durante todo el tiempo. Miré hacia él con una sonrisa sincera de medio lado y expresé con una leve risa que tendría toda la razón. A continuación, ambos dos estaríamos dispuestos, al parecer, a marchar con Kaede a donde hiciera falta. Si bien era cierto que yo ni tenía la banda Genin conmigo, el estar con un alto cargo como lo era la señora Mashiba, restaba importancia a mi insignia, pues esperaba que la joven pelirrosada respondiera por mi cargo. ¿Que podía decir? Yo estaba en mi día libre hasta hacía un par de minutos, y seguramente no esperarían, siendo alguien tan temperamental como Kaede, a que fuera a mi casa para cogerla y armarme.

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