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{Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

{Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Sáb Abr 07, 2018 1:01 pm


NANA SIN MADRE.

«Los niños aman a sus padres... cuando crecen, los juzgan.» Oscar Wilde.

¿Puedo hacerte una pregunta, Luger?—las palabras se le escurrieron de entre los labios sembradas de un espíritu deliciosamente encantador, como si no estuvieran dirigiéndose, en aquellos titilantes instantes, al escenario de una verdadera y hórrida desgracia. Cruzó las manos tras la espalda, se dejó mecer por un compás imaginario que tan sólo vibraba en lo más recóndito de sus marchitos pensamientos, y apretó el paso para mantenerse al ritmo de su singular compañero de baile.—¿Cuáles crees que son las cualidades principales que debe reunir un protagonista inspirado?—se pasó la lengua por la punta de los dientes, tratando de imitar un matiz ligeramente pensativo a la par que jocoso. A decir verdad, aquella intriga la traía de cabeza desde hacía tantos lúgubres inviernos, que ya ni siquiera atinaba a concretar el momento exacto de su incierto alumbramiento. De repente, Beretta se había despertado una pálida mañana y la duda ya estaba ahí, sembrada en los confines de su insatisfacible espíritu. Lo único que acertaba a sentenciar (que no deducir), era que el concepto de personaje principal englobaba otra serie de términos menores que, a su modo, tenían que conformar una sinfonía mayor a la del resto de los integrantes de la historia... oh, mas la música no podía existir en ausencia de armonía, así que, siguiendo una sencilla regla de tres, los rasgos, los detalles y las características de un buen protagonista tenían que alcanzar una disciplinada eufonía entre sí. ¿Cómo libraba el alma una batalla de semejante calibre? con unos factores superponiéndose a otros o cediendo bajo las infaustas garras de alguna circunstancia superior en calidad e impacto.

Tragedia, tiempo y culpa.—pronunció cada sílaba de su solemne declamación en una parsimoniosa sucesión de ceremoniosos sonidos, minuciosamente seleccionados entre incontables centenas de notas candidatas a cobrar vida entre sus cuidadas cuerdas vocales. ¿El tono? oh, querido, pues un embriagador drammatico. Llegaba el momento de dar entrada a un cautivador cédez.—Opino, cielo, que esos tres elementos son la clave esencial de todo personaje.—torció el gesto, dirigió una mirada hacia el silente panorama que los rodeaba; distraída, deliberadamente errática. No tenía pensado concederle a Luger el privilegio de creerse el centro de su atención: que le quedara más que claro que, aunque fuera su indudable preferida, no era la única Luna que orbitaba a su alrededor. En cierto sentido, planeaba convertir aquella meditabunda cadenza en una extraordinaria antífona con todas las letras; melodía corta y sencilla, dos coros respondiéndose mutuamente a través del bello y olvidado arte de la palabra. Una chispa emergió. En las vetas claras de sus ojos, que, de un instante a otro, pasaron de cinéreas a argénteas, se encendió un atisbo de espantosa genialidad que nada bueno prometía.

Algo surgía de su epicúrea mente emponzoñada por el hastío y la intriga. Sonrió con sensual candor: le pidió al maestro que le concediera un derradero puente antes de introducirse él mismo en la sinfonía.—¿Te apetece ponerle un nombre al niño?—ese gesto afable, esa sonrisa maternal. Se asió al brazo de su acompañante con simpatía, el alma enardeció ante la perspectiva de regalarle una identidad a aquella pieza de carne que, incluso sin haber comenzado a vivir, ya veía sus días contados por una circunstancia que le superaba. Beretta pensó en la maravilla que suponía poder destrozar una vida sin que esta siquiera hubiese llegado a existir como tal; tarareó entre dientes una cancioncilla anodina, rió.

Te doy el honor de bautizar al personaje.—esgrimió, con tono bajo e indeciso, al tiempo que deslizaba nuevamente su mirada hacia Luger. Escudriñó su rostro, sus ropajes y sus cabellos descoloridos bajo el tenue manto de Sol que cubría la tierra aquella mañana. En ellos halló un sentimiento intenso: tras un incómodo instante, la ceniza se dejó llevar por el viento y abandonó el azul acero en absoluto y apacible silencio. Las mejores miradas eran aquellas que pasaban desapercibidas para ambos participantes del intrincado y complejo proceso. La llegada a la escena era inminente, así que decidió apoyar sus versos de plata sobre el punto de encuentro y camuflar su ponzoña bajo una losa imperceptible de comedido encanto. Palabras, saludos y toda clase de convenciones estarían a punto de sucederse en cuanto el tercer integrante del trabajo asignado aterrizara en el lugar predestinado.—Quiero terminar rápido con esto: la gente fea, como ya sabrás, me pone de los nervios.

Le guiñó un ojo a Luger: un gesto cargado de complicidad, connivencia y exaltación. Se pasó una mano por sus ríos de cerúleo infierno y se aseguró de que ni uno solo de sus cabellos se encontrara fuera del lugar que le correspondía: las primeras impresiones se convertían en una hórrida arma de doble filo si no sabían emplearse con efectividad.—Izquierda, derecha o centro; elige.—por supuesto, no podían saber de qué dirección emergería la prometida desconocida... ¿o tal vez sí? Se aclaró la garganta y le dedicó a su querido acompañante la más encantadora de sus sonrisas: había que apostar siempre al blanco.
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Última edición por Beretta el Sáb Abr 07, 2018 7:31 pm, editado 11 veces
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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Rokujō Nanto el Sáb Abr 07, 2018 6:29 pm


NANA SIN MADRE.

Guardó silencio, como quien custodia prisioneros entre barrotes de puro argenta; miserables mezquinos que pretendían hacer mas daño que bien con sus quejidos, sus aullidos mortales y sus repugnantes descripciones. Ladeó la mirada hasta encontrarse con la de Beretta, observándola con el candor incipiente que le invadía el pecho cuando lo hacía. Una llama, una tan solo y nada más bastaba para describir todo aquello. Pura, fría, candente, adictiva como el respirar profundo tras un tiempo bajo las aguas de la existencia. Eso era Beretta: fuego, llama, frío y calor al mismo tiempo, una tormenta de gloria contenida en sonrisas zorrunas, contoneos magníficos, danzares macabros al son de la luna y sensualidad que se consume y no cesa, que muere mil veces una noche para volver a morir cientos de veces mas al día siguiente. Incontable, radiante, no cegadora... pues su luz no podía compararse a la del indigno sol que ahora los calentaba. Ella era una llama apagada, una que danzaba sobre su propia base; una aguja incandescente de frió abrasador, de gráciles movimientos, contornos indescriptibles... y esa pregunta no hizo mas que convencerlo. Luger le dedicó una mirada profunda, continuada y casi avasalladora.

Lo que tenían aquellos danzares de fuego gélido eran algo suyo, algo que quizás solo él podía percibir y se sentía agradecido por ello. La sonrió según exponía sus impresiones sobre el adalid inspirado ¿Otra de sus novelas? ¿De sus magníficas historias esperando ser encarnadas en cuerpo de papel y sentir de tinta? Sin esgrimir palabra, quiso perderse en sus vaivenes, en sus caricias, y pasando el brazo a la altura de su cintura al tiempo que la acercaba para sí, le propinaba un escueto beso a la altura del cuello y dirigía la vista al frente, Luger pensó casi sin hacerlo, porque a veces, Beretta te arrancaba la verdad con besos de gentileza impávida, con caricias de cariño infundado. Porque no podía saber si ella lo amaba como probablemente él se negaba a reconocer incluso para sí, pero gustaba de pensar en ello en buenos términos. Se trataba de su único remanso de positivismo.

- Estoy de acuerdo, cariño – Repuso, saboreando la última palabra en un gesto que indicaba que era suya. Cercana a su pecho, de su alma y su ser. Justo como ella lo denominaba en contadas ocasiones, una expresion de afecto simple y mundana, para él; un mundo entero de valor. - Yo prefiero conflicto, degeneración y sordidez. - Estuvo seguro de su respuesta, porque apenas unos instantes después, se aclaró la garganta y la acercó aun más contra sí, apretándola mas bien contra sus caderas, aminorando incluso la marcha. Estos momentos debían poseerse, disfrutarse y dejar que se consumieran despacio, justo como la llama que sostenía con la zurda. - Cualquiera te diría que las noticias mas oídas y socorridas son aquellas verdaderamente desagradables. Carniceros desalmados cuyo plato principal son huesos de cerdo largo, verdugos inflamados de la noche de brazos largos y dantescos, abyectos agresores de entrepiernas henchidas... - Aquello último se lo susurró al oído, de una forma verdaderamente mas obscena y directa a lo que acostumbraba. Carraspeó de inmediato para volver a dirigir la mirada al frente. Apenas era consciente de cuantos impulsos se le escapaban de los dedos junto a ella. - Un antagonista, que al mismo tiempo sea protagonista. Un ser miserable, un monstruo en el que podamos ver nuestras mas bajas pasiones, nuestros deseos reprimidos de violencia, carne caliente contra la nuestra y demás vicios. Un ser al que podamos despreciar en público, arrastrarlo al mismo averno mil veces y en la intimidad del hogar, acariciar las paginas donde se narre su historia con mimo; admirando en el secreto lo que no pudimos reconocer ante el mundo. Ese sería un protagonista inspirado para mí, mi dramaturga predilecta. - Con esa última dedicatoria, arrojó otro beso sobre ella, encontrando la comisura derecha de sus labios cuando los buscaba al completo. Debía esperar, pero algo en su comportamiento denotaba ansía, ahogo y deseo.

El camino que los deparaba le brindó a Luger una nueva oportunidad de impresionar a Beretta. Un nuevo ofrecimiento de su mas querida compañera; una ocasión que bien valía el riesgo a fracasar. Como los grandes hombres, en su deliberar perverso y práctico, Luger era ambicioso.

- Un engendro minúsculo que vive por el simple hecho de vivir, un ser deforme que no hallará mas que desgracias y rechazo, animadversión, pobreza, exclusión y denigrancias. - Pensó unos instantes justo al llegar al punto en el que debían encontrarse con el tercero en discordia; Luger prefería hallarse a solas con su Beretta. - Ah – Mencionó, a modo de mecanismo agradable y simpático, hallando crueldad bajo sus pensares y a punto de ahogarse con sus propias vilezas, Luger sonrió de oreja a oreja mirando a Beretta directamente a sus ojos de piedra castiza, cayendo en ellos, enterrando su acero de Damasco en su océano de cenizas. - "Gaman", querida. Aquello que intenta algo, a pesar de las adversidades y de lo duro del objetivo. Gaman, por el simple hecho de intentarlo sin objetivo. - Terminaba por añadir, al tiempo que daba un paso a su izquierda y se colocaba justo a un lado de Beretta, aún, incapaz de apartar la mirada del todo de aquel lucero deslustrado. Al escuchar su última propuesta del día, Luger quiso desprenderse de las malas sensaciones por haber denominado de forma tan despectiva y cruel a tan solo un infante; abominable, pero aún niño. - Nada de eso. - Contestó con acento saltarín. - Justo por detrás, o mejor... cayendo del cielo. -  
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Última edición por Luger el Sáb Abr 07, 2018 7:39 pm, editado 1 vez
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Sabaku no Katsura
Getsu Chunin

Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Sabaku no Katsura el Sáb Abr 07, 2018 7:13 pm


Katsura no Sabaku
Había sido llamada para una misión, una misión rango C de las cuales solía estar habituada hacer y a ser canguro de los genin muchas veces insolentes e ineptos que se pensaban que eran inmortales muchos de ellos. Quería hacer alguna misión de rango B pero parecía que escaseaban ninjas de su rango ya fuera por la guerra o por otros asuntos por los que eran llamados de forma más urgente.

Observó el pergamino por un momento mientras una sonrisa siniestra se dibujaba en el rostro mientras leía sobre que trataba aquella misión. A ella la gustaba,aunque fuera sangre inocente la gustaba derramarla aunque ella no veía lo inocente, veía que algo que era inútil estaba vivo y que la aldea no lo deseaba,no solo la aldea sino sus progenitores y los encargados del templo. Ella había tomado la decisión desde que había leído sobre que trataba aquella misión pero ahora el problema era tratar con los otros dos genin.

¿Tendría que tratar con moralistas? seguramente, solo había tratado con gente que parecía que la hacia daño derramar sangre o ser directa. Katsura estaba cansada de tanta debilidad, de tantas dudas a la hora de actuar. Ella veía muy fácil la solución para aquella misión rango C, solo esperaba que no se la opusieran o quizás acabarían muy mal, lo inútil para ella en aquel mundo sobraba y total si aquella criatura no moría en sus manos, moriría en otras, iba a acabar con el sufrimiento en general aunque fuera para su disfrute a la vez personal.

Llegó mucho antes de que llegaran los genin, se sentó en un banco dejando la calabaza apoyada al extremo de este en el suelo mientras apoyaba su brazo en este. Su arma, mejor dicho, su otra arma estaba en la cadera igual que su banda ninja. Aquel martillo que portaba en su cintura no la molestaba en aquella posición se había acostumbrado muy bien a llevarla desde que la había adquirido. Suspiró, esperaba que no tardaran hasta que dos personas llamaron su interés. No se habían percatado de ella, puesto que estaba bajo unos soportales, pero ella les oía y escuchaba bastante bien desde allí. En su rostro impasible mostró una media sonrisa cínica para finalmente levantarse mientras ellos seguían hablando.

Colocó su calabaza de arena en su espalda mientras por la espalda se dirigía hacia ellos, era alta para ser mujer, su figura era esbelta y bien proporcionada y tenían muy buenos atributos femeninos que no la importaba mostrar por la forma en la que vestía. Llevaba un tipo de corsé corto que mostraba el ombligo y hasta parte de sus pechos ya que era abierto por el escoté, unos shorts demasiados cortos y además unas botas de cuero altas que la llegaban hasta el muslo dejando parte de la piel de las piernas descubierta. En sus manos portaba unos guantes sin dedos para cuando utilizarán armas no se la resbalaran por el sudor.

En cuanto llegó a su espalda y al ver escuchado sus palabras sin carraspear y en absoluto silencio como llegó detrás de ellos soltó- si queréis follar podéis hacerlo, no creo que el engendro se vaya a ningún sitio y si queréis compañía yo me uno-su mirada azul fría e intensa como el océano no mostraba ningún sentimiento al igual que su voz que era fría e imperturbable, pero neutral. No se sabía si era una broma, ironía o era enserio. Aunque para ella lo que decía lo decía con total sinceridad por que era lo que pensaba y a ella no la importaba que la juzgaran, aquello de la primera impresión tampoco la importaba en absoluto, era una ninja, lo que pensaran los demás de ella no la interesaba.

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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Sáb Abr 07, 2018 11:10 pm


NANA SIN MADRE.
Gaman.—sus labios se plegaron en un gesto profundo: la punta de sus dientes cercionó las sílabas como si el más afilado e insolente de los puñales esgrimiera su nombre. Beretta se mantuvo estática, inamovible en su diagonal; su respiración se tornó lenta, circunspecta. Una chispa cinérea se avivó en lo más recóndito de sus cenicientas pupilas: para variar, Luger había dado en el clavo.—Gaman.—repitió, diseccionando en aquella ocasión cada diminuto universo contenido en sus cinco insignificantes caracteres. Recostada contra la Luna sin sombra que era su amante, con la mirada perdida en un punto remoto de distancia simplemente incalculable, Beretta escuchaba cada nota de la identidad, cada remanso de patética desesperación que vibraba en el aire. Le encantaba.

Contuvo el cumplido, no así la risa. Absorta por la entonación de aquellas ondas de infausta inquina, se permitió desaparecer por un instante.—Dormir, despertar; dormir, despertar... ¡Una vida miserable!—exclamó, finalmente, arropada tan sólo por un velo de intransigente libertinaje. El argumento se tensaba alrededor de sus erráticos pensamientos, las sombras de unos cuantos personajes flotaban, todavía inertes, por encima de sus diferentes perspectivas... oh, sí, aquello podría funcionar. Se pasó la lengua por los labios, experimentando una repentina sequedad que evidenciaba la excitación que se cernía sobre su desastrada imaginación; deslizó la cinérea mirada hacia su acompañante. Sus cabellos, pálidos reflejos de luna, impregnaron en su desbocado espíritu una emoción atrevida; como un camino en otoño, tan pronto era barrida, volvía a cubrirse de hojas marchitas... o, tal vez, de diminutas perlas de ceniza risueña. Sin saberlo, aquella masticada palabra había sido el más valioso de los presentes que se le puede conceder a una escritora; Luger le había entregado, desinteresamente, un personaje.—Sin objetivo, sin destino.—recitó, envolviendo sus declamaciones de un lúgubre aspecto invernal.—Una esperanza muerta que lo mantiene con vida... no, una fe como una guillotina.—la centella se hizo fuego, y la llama devoró cuántas motas de cenizas se interpusieron en su camino. Alzó un brazo hacia el cielo, remanso de paz por excelencia, y lo dejó caer hacia la tierra, símbolo de podredumbre y decadencia.—Tan pesada, tan ligera.—toda ella era gracia, numen y musa al mismo tiempo.

Exaltada ante la perspectiva de alumbrar una serie de escritos que despertasen al lector de un golpe seco en el cráneo, ni siquiera la oyó venir. Al igual que la novela que comenzaba a crecer en sus devastadas entrañas, la presentación del tercer elemento de aquella variopinta escena resultó una suerte de hacha que resquebrajó el mar de hielo que llevaba dentro. La cadencia retenida en sus informes palabras, la falta de musicalidad en su taimado timbre, la ausencia de eufonía en su imperturbable manera de expresarse... antes de darse la vuelta, Beretta ya supo que estaba a punto de enfrentarse a una cesura hecha carne. Y aunque la recién llegada no pudiera saberlo, acababa de convertirse en parte del elenco principal. La insinuación despertó un instinto dormido: contuvo un suspiro de resignación y se volvió en dirección a la mujer sin demasiada parsimonia. No era momento para la diplomacia. Entreabrió los labios, dispuesta a susurrar algunas alentadoras presentaciones... mas decidió darle otra vuelta a sus ideas antes de dejarlas volar fuera del nido. Todos los errores humanos eran fruto de la impaciencia, de la interrupción prematura de un proceso ordenado; le regaló a la desconocida una sonrisa brillante, sin dientes.—La oferta promete, querida.—las palabras se deslizaron de entre sus labios rellenas de una parsimonia insuflada, espléndida.—Pero, por desgracia, venimos desayunados de casa.—¿fue pena lo que sembró su declaración? ¿o quizás desidia? un poco de ambas, cielo.

Sólo temblor y palpitación fueron las únicas y modestas respuestas de su sistema nervioso ante semejante despliegue de virtuosismo. Le había gustado la palabra elegida para hacer referencia al pequeño y diabólico Gamon: se puede llegar a conocer demasiado de una persona tan sólo por su vocabulario. Oh, pero todavía era pronto para revelar el perfil.—Beretta es el nombre que ostento, encantada.—articuló con ligereza, sin olvidarse, por supuesto, de ofrecerle una escueta y sentida reverencia a la autoridad que hoy los acompañaba. Hizo un verdadero esfuerzo por contener la ponzoña, absorta en sus maquinaciones.—Me gustaría tomarte la palabra, de veras... mas, lastimosamente, no está bien visto llegar tarde a un funeral.—una pizca de mordacidad aderezada con la educación y el recato pertinentes. Exquisita combinación de insanas mezquindades, maravilloso alarde de esperpéntica crueldad; ¿y qué le iba ella a hacer, si el bien nunca conducía a un buen final? El indeseable telón de la culpa recaería sobre el amoral público, no sobre sus inmaculados hombros.—¿No oís doblar las campanas?
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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Rokujō Nanto el Dom Abr 08, 2018 10:25 pm


NANA SIN MADRE.

Absorto en sus maquinaciones, invadido por un sentimiento incontenible de maquiavelismo incandescente, Luger se deleitaba en la desgracia. Aunque lejos de los conceptos de la crueldad insolente sobre la que demasiada gente hacía una gala excesiva, Luger era todo un admirador de los macabros conceptos de la desgracia. En ella el hombre se retorcía, se convulsionaba, moría incontables veces antes de hacerlo finalmente. Nos fustiga, nos muerde y arranca de nuestro propio cuerpo. Y pensando en cuanto dolor podía experimentar una sola vida en tan solo la duración de un año; exiguo e insuficiente, comenzó a cambiar de parecer. Con Beretta a su lado, insuflado por un afán por exagerarlo todo, por llevarlo al límite mismo del exceso y mucho mas allá. Darle obra, material con el que inspirar a su bella escritora de orquídea cerúlea. Le sonrió en un gesto afable, admirando la expresividad de aquel rostro que tanto había besado y aún entonces, como si no lo hubiera hecho nunca, volvió a propinarle un beso escueto, delicado, casi tímido de amor emergente. Acto seguido se apartó, con una sonrisa de suficiencia fingida que pretendía cubrir su retirada. Aquellos arrebatos comenzaban a ser recurrentes, continuos y excesivos. Temiendo por la seguridad de su posición, Luger se exigió orden.

Una voz firme, segura y desprovista de cualquier atisbo de duda emergió tras ellos. A Luger se le iluminó el rostro al comprender que aquellas palabras, cargadas de una obscenidad y sugerencia ardientes, no podían provenir de otra persona mas que de el tercero en discordia. Acertó en su predicción. Aquel ser que emergía, que por su timbre resultó ser una mujer, y al girarse, cualquier duda murió aplastada en un chasquido lamentable. Enarcó las cejas de inmediato, dejando que Beretta respondiera por los dos al tiempo que paseaba la mirada por toda aquella escena. Volvió a sonreír, esta vez con una oscuridad taimada, una suerte de saeta negra silente cargada de cortesía e indiferencia al mismo tiempo. - Es descortés rechazar semejantes propuestas. Pero para quien bebe todos los días no hay necesidad de emborracharse. - Terminó añadiendo tras la declaración de Beretta. Y fue toda una sorpresa para él hallarse tan indispuesto a una situación semejante. Pudo observarla, tenía ojos, no cabía duda y aún así prefirió mantener las distancias e incluso contener un incipiente impulso de acercarse aún más a Beretta. Pero Luger no era hombre necio, ni tampoco cenizo como su comportamiento denotase. Comprendía la situación pero aún entonces, carecía de los estándares tan particulares que ostenta el hombre de a pié. Si, era ambicioso, tan ardiente y lujurioso como el mas pérfido, pero aún entonces comedido en su actuar. Supo de inmediato que Beretta se hallaría en desventaja, y aún sabiendo de su particular fervor en estos asuntos, no pretendía colocarla en aquella tesitura tan incómoda ¿Fue consideración entonces? Más bien posesión, tuvo que reconocer para sus adentros y probablemente los desvergonzados atisbos de una lealtad palpitante, que le hizo desviar la mirada de inmediato y procurar que esta se ahogara en los añiles celestiales de Beretta. Toda esa mujer, era sencillamente exceso y sexualidad. Y Luger, hizo ostentación de un desinterés que radicó de inmediato en su bella orquídea. Reafirmando su posición ¿Quien desea más flores del jardín teniendo la orquídea mas hermosa y arrebatadora?"

Escuchó a Beretta presentarse, y raudo acudió tras ella realizando una reverencia breve, suficiente y ligera. -  Soy Luger, es todo un placer – Resaltó a propósito la palabra "todo" haciéndole tener una fuerza que, lejos de ser exagerado, llamaría la atención de un oído atento. Poco después se reincorporó colocando las manos tras su espalda, recogidas en un sello de negro cuero sobre el mismo, resaltando su porte magnífico: recto, sin fisuras, desprovisto de temblores y digno como ningún otro. Las palabras de Beretta lo contrariaron de inmediato de una forma divertida y socarrona, arrancándole incluso una mirada algo estupefacta ahogada en sonrisas modestas.

- ¿Campanas, querida? Serán las de su venida al mundo. Gamon va a vivir. - Resaltaba, al tiempo que alternaba la mirada entre ambas mujeres, nunca permaneciendo mas de un instante sobre Katsura. Aquel sentimiento comenzaba a ser irritante, pero no fue capaz de deshacerse de él. - Tendrá una vida horripilante, insufrible y abominable ¿No es mucho mejor permitir que eso ocurra? Mi querida Beretta, a veces tu interés en un final apoteósico no te deja ver el potencial de una secuela ¿Verdad? - Añadía con tono alegre, al tiempo que utilizaba la diestra abierta para exponer sus subsiguientes argumentos, colocándose un paso hacia Katsura, permitiendo que entre ambas pudieran verse pero aún mas cercano a Beretta. - Pensadlo. - Aseveraba con fuerza en la voz. - Un engendro que crece en la oscuridad, que es rechazado por todos los que tienen ojos para verlo y estómago para no poder soportar verle mas de una exhalación. Eso, señoritas, es auténtica desgracia. Soledad genuina y singular aderezada por el odio mas intenso, la aprensión de no ser aceptado... por absolutamente nadie. Ser un despojo, un engendro... ¿Que podría contarnos dentro de unos años? - Hizo una pausa teatral, esbozando una siniestra sonrisa que le surcó toda la cara en un gesto espantoso. - ¿Que podría hacer un ser semejante? - 
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Sabaku no Katsura
Getsu Chunin

Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Sabaku no Katsura el Lun Abr 09, 2018 11:48 pm


Katsura no Sabaku
La Kunoichi parecía igual de impasible como cuando llegó hasta ellos aunque por dentro era todo lo contrario. Estaba algo confusa,no sabía que era lo que decían ambos sobretodo, no entendía que tenía que ver el desayuno con el sexo. Ella también había desayunado, como todas las personas normales cuando se levantaban desayunaban a no ser que no tuvieran hambre, aunque pare un ninja no desayunar no era recomendable.  No sabía a que venía el sexo con desayunar, y que no parecían muy dispuestos a tener algo que parecían desear.

Aunque su mente trabajaba a mil por hora el único gesto exterior que lanzó la Kunoichi fue encogerse de hombros con el semblante tan frió que ostentaba la peliverde. No sabía como clasificar a aquellos dos, la mayoría de los genin eran para ella insignificantes, torpes y estorbos, pero aquellos dos individuos que tenía adelante parecían totalmente diferentes. Katsura, decidió en ese momento esperar a ver como actuaban, les analizaría en aquella misión a ver como se manejaban.

La chica se presentó, o eso pensaba, puesto que lo único que entendió de toda la palabrería era su nombre. Posó la mano en su cintura dejando caer el peso en una pierna y ladeando su cuerpo mientras los observaba,  parecía por una parte como si la aburriesen o no estuviera interesada, pero en verdad lo que pasaba en el interior de la Sabaku es que no entendía nada de lo que decían. Empezaba a pensar que tenían un problema del habla o algo parecido pues por mucho que lo intentaba no sabían lo que decían y esperaba que no fueran dirigida a ella la mayor parte de la conversación.

También escuchó el nombre del chico al que miró de arriba a abajo, no estaba de mal ver la verdad, por lo menos había algo decente en aquella aldea. Mientras él también hablaba de forma muy disimulada le analizaba al igual que lo hizo con la chica. Para cuando por fin parecía que ambos habían parado de hablar hizo silencio un momento de forma fría para mirarlos alternativamente mientras  ponía los ojos en blanco.-Katsura-soltó sin más aquellas formalidades sociales las odiaba, pero sabía que era casi obligatorio presentarse a alguien si ya se habían presentado los otros.

-venga vamos, no quiero enfriarme-ordenó mientras les daba la espalda sin contestar a ninguna de las palabras que habían soltado aquellos dos. Ella sabia que era extraña y diferente al resto de Getsugakure, pero esos dos genins se llevaban la palma. Ahora por una parte no sabía si era mejor que estuviera alguien que ella conocía para que la tradujera todo aquello o mejor vivir así sin que nadie supiera que no entendía ni papa. Se dirigió al templo siempre escuchando que la siguieran sus dos compañeros de misión.

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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Mar Abr 10, 2018 10:11 am


NANA SIN MADRE.
¿El potencial de una secuela? me ofendes, Luger.—una mueca de marcado disgusto se posó en la comisura de sus casi tiernos labios, evidenciando cuán desagradable le habían resultado las descaradas palabras de su alabastro. Apenas apartó la mirada de su acero sin forjar mientras trataba de rebuscar, en aquellas placas azuladas, una chispa de sarcasmo. Pero no, Luger parecía hablar completa y absolutamente en serio. Contuvo un suspiro de inusitada exasperación.—Las secuelas, cielo, son sólo para los malos escritores. ¿Tiene un cuadro segunda parte? ¿acaso una historia merece ser vivida dos veces? ¿qué es una secuela, sino una absurda manera de aferrarse a un personaje carismático y dejar de lado el deber de inventarse un nuevo argumento desde el principio? No me gusta el reciclaje, querido.—cabeceó unos instantes, silenciosa, mientras fingía experimentar en sus carnes una indignación sin límites conocidos. Las palabras se le caían de las manos a un ritmo pausado, todavía diligente.—A veces, Luger, tu interés por alargar las historias hasta que no dan más de sí no te deja ver el potencial escondido en los relatos cortos.—añadió con tono jocoso, para luego, finalmente, volver a centrar la mirada en aquella mujer que acababa de presentarse como Katsura a secas. Le gustaban los personajes sin apellido, le añadían un tinte de misterio a algo que, en realidad, no tenía por qué ser así; a fin de cuentas, en los inicios de la humanidad, a un nombre tan sólo le seguía la sombra de la persona que lo portaba. Los linajes eran un invento moderno, otro proceso de criba más, creado por la mano del hombre. Se impregnó de sus singulares andares, memorizó la postura de su cuerpo y la manera en la que se presentaba ante el mundo. Una forma musical simple en toda regla: toda ella constaba únicamente de un movimiento. ¿Será un rondó o un nocturno? habría que descubrirlo.

Te diré, Luger, lo que le sucederá a esa... cosa sin necesidad de cruzar ni una palabra con él en el futuro. A medida que vaya creciendo, se irá sintiendo cada vez más descontento, más vacío, más insatisfecho consigo mismo y con el mundo. Después, Gamon ya no sentirá nada. Se volverá totalmente indiferente y gris, toda la humanidad le parecerá extraña y ya no le importará absolutamente nada que el mundo pueda ofrecerle. Ya no habrá ira ni entusiasmo en su amorfa fisionomía, ya no será capaz ni de alegrarse, ni de entristecerse; se olvidará de cómo reír y llorar. Entonces, se habrá hecho el frío dentro de él, y ya no podrá querer a nadie. Cuando haya llegado a ese punto, sin duda, la enfermedad será incurable.—la historia era vieja, el argumento manido. ¿A qué se debía aquel repentino interés por las continuaciones? apretó el paso para seguirle el ritmo al retazo de prado que les había obsequiado el día. Perdió la mirada en los paisajes que la ciudadela les ofrecía con un ademán apático cruzándole el rostro: le producía cierto resquemor aquella pesada incertidumbre que Luger siempre le dejaba adherida... no, pegada al alma.—Soy su madrina, así que quiero hacerle un bonito regalo.—cruzó ambos brazos tras la espalda, se permitió hasta esbozar una sonrisilla ligera; Beretta estaba actuando en crescendo.—Le dejaré saber lo que es la vida en realidad. Al palpar la cercanía de la muerte, creo con fervor que vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales.—habló casi desde la experiencia, como un recatado maestro dándoles una importante lección a su más avezados pupilos. Le guiñó un ojo a la silente Katsura, sacándola a la pizarra.—¿Qué creéis que deberíamos hacer con el engendro, Katsura? ¿se os ha comido la lengua el gato?—sus zapatos repiquetearon sobre el empedrado de piedra, utilizó sus términos para producir una empática sensación de cercanía. Sí, definitivamente, el rondó le sentaba como anillo al dedo.
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Última edición por Beretta el Miér Abr 11, 2018 10:40 am, editado 1 vez
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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Rokujō Nanto el Mar Abr 10, 2018 5:24 pm


NANA SIN MADRE.

Eran letanías, cánticos negros sin nota ni proceder. Bestiales avatares de un destino que se precipitaba sin saberlo al abismo mas profundo, sin comprenderlo, si quiera entendiendo adonde se dirigían los pasos que lo sostenían. Los avatares de un destino incierto no tienen razón alguna, escapan del pragmatismo, de la belleza y son solo espanto. Y para una mente tan joven, precoz y dispuesta como la de Gamon, el miedo no era nada. No existía, no permanecía, y en las cámaras de su mente, en un futuro atormentadas por el existir, el miedo ocupaba un lugar grotesco. Extravagantes formas, semblante irreconocible... Beretta podía crear arte, belleza y formas difíciles de comprender ¿Pero comprendía del todo la situación de Gamon? A Luger todo aquello le pareció innecesario. La vida es un bien valioso, mucho más aquella que parece lisiada, amorfa y terrible. Una vida así agradece cualquier gesto, besa las botas de quien le alimenta y en un futuro incierto podría resultar de utilidad. Se hallaba como un perverso alfil; una pieza impedida por otras tantas en su cometido. Se mordió el labio inferior de forma casi imperceptible, caviló sus posibilidades y contempló de nuevo a la joven Katsura. Al oír su nombre se dirigió a ella, haciendo una educada reverencia seguida de otra sonrisa de afables encantos.

- Lamento esta discusión extravagante, Katsura. Pero mi compañera y yo hallamos un placer perverso en estas cuestiones. Y en vista de que nuestro organismo militar nos permite hacer cuanto deseemos con el engendro, debatimos con insistencia sobre cual sería la mejor opción. - Habló con singular suavidad, denotando cada palabra con marcada pronunciación sin que llegara a resultar extenuante. Era rítmico, magnético y suave. Un hablar comedido que habría puesto en jaque al mas quisquilloso lingüista. Una corrección que tenía por objetivo la simpleza y la facilidad en el verbo. Acto seguido, y aún situado entre ambas, Luger trató de comprender la situación que lastraba a Beretta por aquellos senderos donde las botas del destino terminarían por aplastar el pecho de Gamon, se limpiarían en su cabeza deforme y lo arrojarían a una jauría de perros famélicos de una patada. Un final indeseable para cualquiera que pudiera contemplarlo o siquiera oír sobre ello. Y sabiendo que el engendro no tendría la voluntad o el don del habla para defender su existencia, Luger lo haría por él. Sería el recto defensor de la moralidad en aquella curiosa circunstancia, el abogado de lo execrable, el defensor de la vida infantil, el protector... por una vez. Volvió a sonreir, con aquella facilidad asombrosa que tenía para lograr gestos de ambiciones inconfesables. Parecía radiante, enigmático, locuaz y avezado en toda clase de términos. Era el arquero, cuyas palabras hacian de enfermas flechas de certeza inaudita y su lengua de firme cordel que las propulsaba. Paladeó la siguiente frase, se cercioró de que Beretta finalizaba sus reflexiones, y le dedicó una mirada que pudo interpretarse como conocida tan solo por ella. Una mirada de metales fríos que anunciaba su portentosa resistencia. No ocurría a menudo, pero Luger tenía su propio arsenal contra su amada.

- ¿Banalidad, mi querida Beretta? - Dijo, al tiempo que seguía a la zaga de Katsura, tratando de colocarse justo a su derecha, regulando su tono y permitiendo que tanto ella como Beretta escucharan un timbre agradable. Un terciopelo que danzaba por los oídos, susurraba y no gritaba, acariciaba y no rasgaba. - Vulgar como nosotros entonces. Banal como todas aquellas historias que conformas de los mas minúsculos conceptos. Creación, arte, farándula y belleza tienen cuerpos basados en eso que tu llamas cruelmente banal. - Oyó la última palabra de Beretta, y aunque sabía que la mordacidad de su compañera no conocía limite alguno, aún en menor medida cuando se discutía sobre sus posibles obras, quiso enmendarlo. Supo de Katsura que era alguien poco dado a la palabra. De una sencillez asombrosa en su expresividad, y aún cuando su primera frase indicaba pretensiones sexuales hacia la pareja, no pareció continuar con ello. Entornó la mirada con una levedad angustiosa. Tratando de descifrar aquellos gestos comedidos, que denotaban alguna clase de sensación oculta. Algo se escapaba de su genio, pero el tiempo se agotaba y debía actuar. - ¿Que pensáis sobre ello, Katsura? - Dijo finalmente, impidiendo que las palabras de Beretta alcanzaran su objetivo en toda su funesta gloria. Y apenas hubieron pasado unos instantes de frenetismo fervoroso en el pensar de Luger, cuando volvió a incidir – Quisiera saber, si no es indiscreción, cuales son vuestras impresiones sobre aquel engendro al que tenemos que poner fin. - Las palabras, los movimientos... decían mucho más de lo que en un instante pretendían. Luger torció la mandíbula tratando de hacer el esfuerzo.
Vió en ella calma, incluso ante la muerte de un ser tan indefenso y sabiendo de lo indecoroso y repugnante de la misión. Era adusta, imperturbable y sus palabras eran rectas como columnas en un edificio exuberante que no parece torcerse. Denotó aburrimiento, un gesto pesado... que terminó por romper una conversación ajena. Volvió a respirar, frotó los dedos de la diestra entre sí y decidió arriesgarse. - Sabe sobre la muerte. No la conozco, apenas tengo de ti un nombre por nota, pero no tengo el resto de la pieza. Katsura – Terminó por decir, sin mirarla del todo, aún cercana y confiando en que Beretta se hallara cerca. - ¿Que piensas sobre el engendro? ¿Sería muy desagradable esperar que compartiera con nosotros, dos desconocidos, lo que siente al respecto? -
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Sabaku no Katsura
Getsu Chunin

Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Sabaku no Katsura el Jue Abr 12, 2018 12:51 am


Katsura no Sabaku
La joven escuchaba como hablaban aquellos dos mientras seguía hablando el uno con el otro sin enterarse de ella. Seguía sus pasos de forma firme y con seguridad hacia el templo donde la estaban esperando a ella y aquellos dos acompañantes que tenían para aquella misión. Aunque más que misión para ella era un mero tramite que aquellos tres tenían que solucionar de una forma rápida y la forma rápida que pensaba aquella peliverde era la eliminación, algo sencillo y eficaz para los ninjas y para la aldea.

Fue entonces cuando la chica llamada Beretta la que se dirigió a Katsura. Normalmente los genin temían dirigirse a ella o deseaban no hacerlo, por tanto la sorprendió aunque no lo mostrara en su rostro. Detuvo sus pasos en seco para luego girarse para mirar de forma fría a la chica. No podía creer lo que la había dicho, era chunin un simple gato no podría ni rozarla si no era consentido, frunció el ceño levemente para luego relajar el gesto de su rostro-un gato antes de llegar a mi rostro caería fulminado al suelo-masculló con cierta mirada agresiva a Beretta. No entendía que aquello era ironía y la molesto que insinuara que un gato pudiera comerla la lengua.

Iba a volverse para seguir su camino hacia el templo cuando volvió a escuchar otra voz de aquel dúo. Su vista se clavó en Luger mientras lo miraba de forma fría mientras analizaba sus palabras. La verdad que le estaba costando entenderle pero hizo un esfuerzo para poder comprender sus palabras. Por fin, supo a que se refería y ella lo tenía muy claro y le daba igual la respuesta de ambos dos.-Eliminarlo, es un estorbo, esta aldea no necesita estorbo, nadie le quiere....-comentó mientras miraba a ambos intermitentemente.

No sabía su punto de vista respecto a lo que acababa de decir en ese momento, pero deducía que quizás estaría a su lado, la daba igual en verdad, quería estrenar su martillo con la muerte de alguien y aunque ya había sido manchado de sangre, quería que fuera  sangre de muerte. Solo esperaba que ninguno de aquellos dos la quitaran aquel momento, hacia mucho que no hacia algo así y ella disfrutaba con ello como si nada, los demás ninjas tenían reparos en matar pero para ella no, era quizás un placer.


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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Jue Abr 12, 2018 8:51 pm


NANA SIN MADRE.
El corazón humano era un instrumento de muchas cuerdas; el perfecto conocedor de los hombres las debía saber hacer vibrar a todas, como un buen músico. En el alma de toda persona existía una grandiosa melodía esencial, y Beretta, de una forma u otra, se había propuesto a sí misma desentrañar los insondables entresijos que reinaban en la parca Katsura. La escarcha que cubría su gélida mirada, la indiferencia que brotaba de sus casi tiernos labios como el más letal y homicida de los puñales, la cadencia rígida que llevaban sus movimientos a cada ademán, a cada mísero gesto... descubrían una personalidad no rígida, sino áspera. Las piezas de la maquinaria encajaron, los hilos encontraron un eslabón en el que enredarse, el personaje cobró forma en sus pensamientos y, movida por una intuición de valor incalculable, se atrevió a ofrecerse a sí misma una definición básica sobre el variopinto personaje que había decidido adornar (o erosionar) aquel estoico pasaje de la historia que tenían entre manos. Apenas le sostuvo la mirada un breve e incandescente instante: nada más establecer un contacto leve, ligero como la más veleidosa de las lluvias, Beretta se apresuró a agachar el rostro y tragarse sus palabras.—Por supuesto, no pretendía ofenderos, Katsura.—carraspeó con premura, fingiéndose espantada ante sus declaraciones anteriores. No parecía una mujer dada al bello arte de la ironía, mucho menos a la maravilla que suponía dominar las medias verdades; por ello, decidió omitirlas a partir de aquel momento. Una pieza innecesaria en el tablero, un motivo superfluo en el rondó, unas líneas de relleno que nada aportaban a una ópera prima. Beretta se impregnó de la postura de Katsura, de la forma en la que parecía enfrentar al mundo introduciéndose entre las rendijas que este dejaba en su circular; creyó entenderla.—Un gato no tendría la más mínima oportunidad ante vos: si me permitís la corrección, me atrevo a suponer que hasta se desintegraría antes de llegar a un cruzarse en vuestro camino.—la aduló sin reparo, siempre manteniendo un tono respetuoso a la par que estoico. Si Katsura no se movía con ligereza en la lengua que ella hablaba (la de poetas y dramaturgos), no pensaba utilizar ningún otro acento que no fuera el del deber y la solemnidad.—Parecéis la clase de mujer que hace temblar a sus enemigos con la simple mención de su nombre... a lo mejor, hasta se orinan encima del espanto.—jugó con las oraciones, tanteó hasta donde llegaba la comprensión de Katsura en materia de bromas. A fin de cuentas, la mejor manera de acercarse a alguien era compartiendo sus intereses más básicos, ¿no?

Como no podía ser de otra manera, entornó su plata sin forjar en dirección a Luger y desestimó sus desplantes con un breve ademán del rostro.—¿En qué momento el arte y la realidad comenzaron a ser sinónimos? debo de haberme perdido el espectáculo.—una sonrisa fugaz se posó en la comisura de sus labios, bailó en la sombra bajo sus ojos y, finalmente, se extinguió en menos de lo que duraba un comedido pestañeo.—La muerte, estimado Luger, es una forma de irrealidad, justamente como el arte del que tanto hablas.—arrugó el gesto en un mohín disgustado, repudiando las excéntricas ocurrencias que tamborileaban en el desastrado pensar de su inestimable acompañante. Dejó silbar el aire entre sus dientes un instante, al tiempo que anudaba cabos sueltos y preparaba su siguiente sentencia.—Los artistas, aunque no lo sepas, nos movemos en la misma dimensión que la nada. Le robamos fragmentos y, lo que no es, lo convertirmos en algo.—puso marcado interés en la entonación de la oración, se preocupó de que la vigorosa firmeza en su voz no delatara ni excesivo entusiasmo, ni malsana arrogancia; tenían público, al fin y al cabo. Mantuvo el ritmo de Katsura, guardando cuidado de no molestarla con una cercanía abusiva ni con una distancia exacerbada.—Además, me gustaría añadir que me ofende horrores que siempre te empeñes en definir el arte, en darle un significado concreto. Un concepto, innegablemente, supone una cosa cerrada; en cambio, el arte, es todo lo contrario.—se irguió ligeramente, segura en sus suposiciones. Enseguida recordó la precaria situación en la que bailaba, y en que no estaba bien visto dejar a una señorita sin salir a la pista; todavía caminando hacia el templo, buscó la atención de Katsura.—Y a vos, ¿os complace la música? ¿la pintura, quizás? Sí, os noto un aire acre... eso suele significar que preferís lo que puede ser visto a lo oído o sentido.—le dedicó una sonrisa afable, antes de volver a centrar su atención en la figura del monasterio que comenzaba a dibujarse en las difuminadas líneas del horizonte. Se pasó la lengua por los incisivos superiores, pensativa.

Katsura, sin lugar a dudas, era como la arena; inagotable, inabarcable, seca y arisca como ningún otro elemento natural. Nació una intensa emoción en el centro de su pecho: Beretta recordó que, en realidad, nada estaba construido en piedra, sino en arena. Las últimas declamaciones de la certera mujer terminaron de evidenciar su juicio: efectivamente, sus palabras buscaban golpear cuanto rozaban, penetrar en sus fisuras y contaminar sus receptores. Dejaba sin aliento, mas nunca sin respiración.—¿Lo ves, Luger? ¡opina como yo! Dos a uno, querido.—se regodeó, al tiempo que esbozaba una sonrisilla cargada de picardía y dirigía una nueva mirada hacia el desierto hecho carne.—Aunque, de todas maneras, presiento que esto nunca ha sido una democracia, ¿no es así, Katsura? Más bien una autocracia, o una meritocracia. Y nadie tiene más logros aquí que vos, por supuesto.—hizo repiquetear las palabras contra el viento para que se las llevase con premura a su destinataria, no sin antes impregnarlas de un deje relleno de sincera admiración y sentido respeto.—Contadnos alguna de vuestras proezas antes de llegar, por favor.—amenizó, ralentizando ligeramente el ritmo para brindarle una oportunidad a la guerrera que le permitiera adentrarse en sus fortuitas... o tal vez miserables memorias. Reposó las vetas claras de sus ojos argentes sobre la figura de Luger, le guiñó un ojo con encanto.—Consuélate: le vas a hacer un favor a un pobre niño.—¿cómo detenerse en aquel declive hacia el infierno? Lo mejor estaba a punto de llegar, ya sólo restaba continuar. ¿No empezaba a hacer calor?
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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Rokujō Nanto el Vie Abr 13, 2018 5:35 pm


NANA SIN MADRE.
El cielo lo asista si su misión consistía en alejar a esas matarifes del pulso abominable de aquel niño espantoso. Era una tarea ingrata como ninguna y nadie que pudiera tener conocimiento de la situación le brindaría la mas mínima enhorabuena de lograrlo. La situación era dantesca, hórrida y repugnante para cualquier hombre de buen proceder. Poner fin a una vida tan ínfima, con la brutalidad de un martillo descendiendo sobre un cráneo apenas formado. Besar sus huesos en espantoso chasquido, hacer que su sangre conozca la fría brisa del invierno que se escapa, que su rostro abominable se retuerza una última vez por el inclemente dolor. Respirar una vez de forma irregular, parpadear bajo sus deformidades, sentir su vida escapándose al tiempo que su cuerpo se abría como una flor en primavera. Gamon sería quien inaugurara la estación presentando flores de carne deformada, sangre derramada y estallidos de angustia inexistente.

Nadie lloraría, nadie le dedicaría un miserable epitafio en una tumba que no tendría por el bien del Estado de Getsugakure. Su cuerpo marchito, deforme, de ojos apagados o probablemente reventados de la misma forma que su cráneo, ya no albergarían la intensa agonía de hallarse en un mundo que jamás lo habría aceptado. Su mayor bendición fue abandonarlo en esos términos; sin saber qué desidias le deparaba un universo de semejantes magnitudes. Uno que promulgó sin que se le torciera la sonrisa que ofrece al mundo, que su existencia como engendro no satisfacía los intereses de la aldea.
Quizás tras la misión habría aplausos, un par de monedas para comprar una bebida de golpe fuerte que desprenda el olvido entre los dedos. Luger arrugó el rostro, pensó en todo aquello al tiempo que Katsura liberaba las escasas palabras con las que pretendía hacerse entender. Asintió cuando le habló, sonrió e incluso se inclinó moderadamente demostrando un respeto que no sentía pero si comprendía. Pensó, entonces, que quizás Katsura en un pasado escaso a escala, también habría sido un engendro. Este día nefasto, supondría un acto simbólico de venganza, retribución y exigencias halladas. Volvió a sonreír, escuchando con atención cuanto se intercambiaba durante el camino, pensando en como debía sentirse semejante monstruo cuando matase a Gamon. Ello le hizo reflexionar de sobremanera. Apagó su sonrisa en un seco golpe discordante, algo se movió dentro de él y le hizo recapacitar, hacerle hallar sentido y proceder a todo aquello.

Con el garbo y magnífico proceder al que le tenía acostumbrado... "El Artilugio" cobró vida por si solo. Sus cuerdas restallaron, acariciaron un aire inexistente y vibraron con ominosas intenciones. Volvió a sonreír como antes, mostró dientes y fingió asertividad. Un gesto desperdigado hizo bailar un par de músculos, Luger procedió.

- Me disculpo entonces. - Rompió un silencio que nunca existió, o más bien interrumpió a Beretta en el instante en el que su última sílaba se liberaba de su cuello de cisne de cristal. La conocía, sabía de sus ritmos, de sus bailes y sus contornos. Supo que Beretta favorecía la concordia tan solo cuando le fuera útil a su historia, pero Luger tenía visión. La certeza más concretamente, de que Gamon no encontraría el final de sus días en otro que no fuera este, pero aún entonces, había mucho que decir. - Me disculpo por pensar en Gamon como una criatura viva, con corazón y ser tal y como somos nosotros. Bueno, no como nosotros... - Aclaraba, al tiempo que seguía el ritmo del paso, escondiendo la zurda en el bolsillo del pantalón y dejaba la diestra desatada, contorsionándose en el aire con gráciles movimientos que apoyaran cada palabra y cada marcada entonación. Era el canto fúnebre de quien sabe y no cuenta, de quien se acerca a comprender y no aparta la mirada. - Sería todo un placer, uno exacerbado y glorioso el escuchar cuanto su persona quisiera contarnos, Katsura. Pero me es difícil apartar mi pensar de esta situación que nos atañe. No resulta complejo en si mismo aplastarle el pecho a un simple infante que berrea en el suelo. Sentir un fuerte estrépito bajo el zapato y seguir adelante, oh, eso desde luego es muy simple ¿No estamos de acuerdo? - Lanzó una mirada que pasó por Katsura y terminó dañando a Beretta en el proceso. Una fijación que tenía por objetivo el hacerles saber con cuanta ligereza hablaba sobre el tema. Establecía contacto, tejía una hebra de desdeñosa conexión entre Katsura y su propia persona. Continuó, aportando tan solo unos instantes de pausa. - Oh, pero la dificultad la encuentro en lo que implica. No me toméis por un santurrón, he aplastado cuellos sin tener las manos sobre la garganta de nadie. Se a que huele la última exhalación de un cuerpo al abandonar la vida. A... qué huele el espíritu al hallar imposible su estancia, por así decirlo. Yo os hablo de cuanto depara a Gamon. - Hizo crujir su mandíbula con un veloz gesto hacia la izquierda, de forma imperceptible y ello marcó el inicio de la pieza, la cuerda de hierro delgado que inauguró el movimiento. - Este, el organismo que nos encomienda la muerte de Gamon, no es otro que un cuerpo militar. Una máquina de hacer la guerra, todo un entramado al estudio de ejercer la violencia con efectividad. Por supuesto, entre nosotros existen ciertos individuos mas dotados para ello. Seres a los que difícilmente podemos compararnos en su destreza inhumana de dar muerte a quien se le indique. Mujeres, hombres e incluso niños especiales, con un don para hacer mucho más que el resto de nosotros. Yo lo reconozco, admiro a semejantes personas. Desearía ser una de ellas... - Dejó que un arrebato de decepción y vergüenza fingidos le ocupara el rostro. Languideció en silencio y continuó - ... pero ese destino es reservado a los monstruos. Y lo digo con claridad. Admiro a las bestias, a los engendros, a las abominaciones de este mundo que son calificadas como tal por sus dones, desdeñadas de inmediato y rechazadas por quienes son. Ellos, mi estimada Katsura y mi amada Beretta, son los únicos de esta existencia que saben realmente... quienes son en realidad. - Remarcó la última frase tras la pausa, acompañó cada palabra con sinuosos movimientos de su diestra que hizo las veces de conductora de su discurso. Envenenó, emponzoñó y rodeó con un difuso velo de incógnita todo aquello. Hizo una simplificación grotesca y repugnante, pero aquello guardaba un objetivo.

- Y creo firmemente, en que Gamon algún día será uno de ellos. Tiene su historia, razones para odiar mucho más que todos nosotros. Y algún día, podría ser algo más que un simple desecho con ojos y vida. -
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Sabaku no Katsura
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Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Sabaku no Katsura el Sáb Abr 14, 2018 2:27 pm


Katsura no Sabaku
Hablaban demasiado cada uno de aquellos dos, demasiado para su gusto. Y como pensaba todas las veces que abrían la boca se preguntaba de que país de origen sería. No había escuchado a ninguno hablar así, por lo menos en aquel país en el que llevaba bastante tiempo viviendo, aunque no fuera su país de origen, era lo más parecido a su casa o más bien a un nuevo hogar. Al igual que ella quizás esos dos habían nacido en otro sitio y habían llegado a Getsugakure para vivir mejor o a una nueva vida, no lo sabía y no lo tenía claro tampoco.

Parecía que tras haber disparado las palabras del gato la chica daba marca atrás ante la manera de actuar de la peliverde. Ahora decía que no veía probable que a la chunin la podía atacar un gato, seguía a entender a las personas por que no podían ser claras. Primero decían una cosa para luego redimirse de sus palabras y decir lo contrario. La gente la confundía, con lo fácil que era ser claro, conciso y directo en la vida y la gente intentaba dar vueltas a todo. No sabía si algún día comprendería a la gente aunque tampoco la importaba mucho aquello.

Decidió que lo mejor era seguir andando hacia el templo, al poco tiempo toparon con unas escaleras que se alzaban delante de ellos y que tenían una leve inclinación para llegar al tiempo, tampoco eran muchas ya que alternaban los banzos con descansillos. Comenzó a subir los peldaños mientras escuchaba a hablar al chico decía muchas palabras al igual que la chica y aquella la aburría demasiado, suspiró cansada intentado entender a alguno de los dos de aquella pareja.

Tenía la intención de dejarlo allí plantados e ir a realizar la misión ella sola. Se detuvo a mitad de las escaleras tras haber creído entender que la chica estaba a favor de la muerte de la criatura y el chico parecía reticente, más bien no quería matar a aquel engendró suspiró tras recordar la palabra autocracia que había dicho la joven genin.- No os he pedido opinión, es lo que va a pasar, la aldea no necesita estorbos y estamos en guerra, tampoco necesitamos pobreza y acabara vagabundeando o traicionando al país por unos pocos ryus o algo que nunca tendrá-sentencio la Sabaku mientras los miraba a ambos, ella iba a acabar con el bebe y parecía que no podía ser tan cruel como pensaba ya que uno de los tres era reticente, pero había formas de matar menos duras.

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Setsuna Kan'ei
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Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Dom Abr 15, 2018 10:40 am


NANA SIN MADRE.
Nuestras convicciones más arraigadas, más indubitables, son las más sospechosas. Ellas constituyen nuestro límite, nuestros confines, nuestra prisión. Sintiendo ya cómo el ocaso anhelaba deslizarse por encima de aquella desagradable misión y darle fin al cometido asignado, Beretta contempló con nuevos ojos la árida silueta de Katsura. Volvió, una vez más, a impregnarse de su aliento, de la mesura de sus impertérritas palabras, del hincapié que realizaba, de manera casi obsesiva, en el ingrato concepto de utilidad; quiso, para variar, indagar en aquel punto de inflexión dormido, meter el dedo en esa tosca sentencia que se deslizaba desde sus labios de inmaculada arcilla y hurgar en su interior hasta encontrar una respuesta satisfactoria o romperla en el proceso. Contuvo el aliento, agitó los dedos en el aire, guiando un compás imaginario, fantaseando con las magnánimas posibilidades que, de pronto, sentía danzar a su alrededor; invisibles, sí, pero tangibles. Parpadeó un instante, ladeó el rostro hacia la izquierda apenas unos centímetros, cargó sus labios con una sonrisa diligente, siempre al servicio de quién la necesitara; se mintió a sí misma, se obligó a tragarse la historia y a deslizar los hilos que manejaban el eje central del argumento hacia delante, hacia su culmen. La decepcionaba no ceder a sus propios caprichos, no concederse la oportunidad de diseccionar a aquella tosca mujer como si del más raro de los especímenes se tratara. Le dolió en el corazón (o, al menos, así llamaba a la estrafalaria máquina que al compás que se movía producía ruido) rehusar la oferta de su desastrada mente, la propuesta que tan diligentemente le ofrecía una solución a sus ansias de conocer... no, de entender.—Vaya, me alegra haber acertado al suponer que esto era una autocracia.—repuso, cubriendo o pintando su semblante con un gesto atento, cordial.—Ser emperador de sí mismo es la primera condición para imperar a los demás, y resulta evidente, por supuesto, que vos cumplís ese requisito de sobra y de más. Me acato a vuestros deseos con gusto... además, da la casualidad de que también son los míos.—afiló la mirada, mas mantuvo la curvatura pegada, viscosa e inapetente, a sus emponzoñados labios. Aunque Luger jamás llegara a creérselo del todo, por una vez, Beretta no estaba siguiendo la corriente, no se había puesto su piel de camaleón antes de salir de casa. Katsura, honestamente, la agradaba.

La noche llegaba al desierto de una sola vez, como si alguien, en la lejanía, fuera el indeseable encargado de apagar sus luces. Poco a poco, comenzaba a intuir (aunque no  a comprender) la manera correcta de tratar con aquel impasible monumento a la austeridad; le dedicó una mirada sincera y macerada, afable de los pies a la cabeza. Si mantenías las manos abiertas, todas las arenas del desierto tendrían la oportunidad de pasar a través de ellas; en cambio, si las cerrabas, lo único que alcanzarías a sentir, con suerte, sería un minúsculo resquicio de la verdadera inmensidad que abarcaba. Alzó la vista en dirección a las escaleras que, imponentemente, se presentaban ante su demacrada perspectiva. Se mordió el labio inferior con excesivo brío, una comparación maquiavélica se deleitó recorriendo sus grotescas neuronas, corrompiendo allí donde tocaba sin pudor alguno. El mundo había que fabricárselo uno mismo, recaía en tus polvorientas manos crear peldaños que te hicieran ascender, que te sacasen del negro pozo en el que te encontrabas; había que inventar la vida, porque, a lo largo de inconmensurables lustros, acabaría siendo la única verdad conocida. Beretta echó en falta una pluma, una herramienta leal con la que dejar por escrito sus repentinas iluminaciones.

Volvió la vista atrás, reparó en el camino andado; el momento de la moraleja se acercaba, aunque todavía no tenía decidido si aquello, al final, podría hacerse pasar por cuento. ¿Podía una tragedia disfrazarse de fábula? Caperucita se había vestido de engendro, el lobo de demonio, el leñador (¿o a lo mejor la abuelita?) de herrero y la narradora de personaje, así que no encontraba problemas en darle un giro de tuerca más a la historia. Ascendió uno a uno los exquisitos peldaños, le guiñó un ojo a Luger mientras le vibraba el pecho, expectante.—No pienses que no entiendo tu ocurrencia, cielo; quieres que, al igual que un árbol, cuanto más quiera Gamon elevarse hacia la altura y hacia la luz, tanto más fuertemente tiendan sus raíces hacia la tierra, hacia abajo, hacia lo oscuro, lo profundo... hacia el mal.—la palabra sonó perfecta entre sus labios, le sentó de maravilla a sus encantadoras sonrisas cortadas.—Vaya, el camino hacia el infierno está sembrado de buenas intenciones.

Chasqueó la lengua, finalmente, llegaron al magnánimo templo que se había ofrecido a hacer de punto de recogida. La rechoncha silueta de un sacerdote se fue dibujando a medida que se acercaban a la capilla central, sus regordetas facciones enseguida acabaron cobrando sentido en su agradable y piadosa expresión.—Tristemente, Luger, no creo que la grandeza de un hombre se encuentre en ser una meta, sino en que sirva de puente; lo que en la humanidad encuentro atractivo es su condición de tránsito, de ocaso.—acto seguido, se llevó el dedo índice de su extremidad izquierda a los labios, rogándole a su acompañante silencio. Los hilos que tejían no eran aptos para los oídos de un hombre entregado a los dioses, ¿verdad?—Hay muchas maneras de morir, hay muchas maneras de vivir. Pero eso no tiene ninguna importancia... al final, sólo queda el desierto.
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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Rokujō Nanto el Lun Abr 16, 2018 1:00 pm


NANA SIN MADRE.
Luchó con denuedo, todo el que uno puede ofrecer en una lucha verbal conservando el decoro del reseto y la augusta deferencia con quienes conversa. Luger se halló derrotado, encontrando un suntuoso muro en Katsura, y en un vorpal abismo cuyo final existente, consistía en delgados cuchillos ponzoñosos, Beretta, por supuesto. Se limitó a sonreír, a esconder las manos en sus bolsillos y adquirió un semblante despreocupado, distraído e incluso ajeno a todo aquello. Supo entonces que sus desvaríos hacia Gamon podían ser infundados, que quizás toda su gracia no bastaría para salvar la miserable existencia del no nato. Pudo haberse lamentado, pero el enigma que compone cada fibra del mecánico ser, la concordancia, la sinfonía nunca completada de Luger, no conocía de aquellos procederes. Pensó en todo aquello como todo un conflicto bélico. Un intercambio de vidas, en forma de palabras, de candente sangre que brotaba de un par de lenguas, de un campo de batalla yermo que no respondía mas que con su única plegaria: hay muerte, tendremos justo lo que se espera. Tuvo que reconocer que había sido idealista, todo un soñador abotargado en la necedad al pensar que podría trastocar el pensamiento de Katsura. Ella parecía demasiado obtusa, demasíado rígida y centrada. La observó de reojo, asintiendo ante su impertérrita sentencia como quien acepta un regalo indeseado, ácido, sórdido pero aún un obsequio aceptado.

- No puedo cambiar vuestro parecer, según comprendo. Creo que será mejor que os pida disculpas por mi insistencia. - Respondió en una secuencia calculada, justo tras una sincera exhalación de hastío. Vió entonces en Katsura la clase de personas que no ven el mundo en toda su profundidad. Lo contemplan, sienten la tierra escapando de sus manos, la lluvia empapando su cuerpo y la sangre recorriendo su torrente a cada latido. Aún entonces no saben que les depara el destino, que es ese mundo execrable, sucio y voraz en el que ahora residen. Una sinfonía discordante, mas bien todo un desconcierto donde cientos de miles de piezas inacabadas chocan entre sí. El como aperturas de cientos de siglos aún recitan sus negras poesías, el como nuevas composiciones mueren en un instante, aplastadas en un apócrifo combate entre otras dos docenas. Un canto mantenido, confuso, agudo, grave y demencial que no cesa. Se mantiene, desconcierta, avasalla, oh, ruido y mucho más que siembra en nuestros huesos cuanto mal nos rodea. Nosotros ejercemos justo lo que el mundo quiere de nosotros, y aún cuando creemos contradecirlo... no hallamos nada más que un sentido oculto, predestinado sobre el cráneo de algún demente adventista. Luego solo silencio.
En Katsura veía todo aquello, como si de un lóbrego presagio se tratara. Torció el gesto y se dedicó a caminar, pensar en todo cuanto se perdía, en canto pudo haberse ganado. Porque no siempre se podía hallar la victoria, arrastrarla por los pelos de su hogar y exponerla como un trofeo indecoroso. En ocasiones uno solo podía buscar el equilibrio entre cuanto se pierde y cuanto se conserva. Luger no era distinto en ese razonamiento, y supo que no todo se hallaba diluido en las tormentas del fracaso.

El monje despuntaba sobre el horizonte empedrado del sendero. Allí se hallaba, esperando, con el semblante sosegado que se podría esperar de su condición de religioso eremita. Ante Beretta, Luger no pudo soltar un minúsculo resoplido. En parte como último estertor de un orgullo herido, en parte... por un pecho inflamado por la pura poesía de su amada.

- E incluso eso podría ser contrario a lo que pensamos. Quien sabe si al final del sendero que todos recorremos y Gamon jamás hará, no haya otro destino que la simple inexistencia. Quizás haya algo... distinto a todo lo que conocemos. Que esta vida solo sea un tránsito que nos arma de un valor estúpido, de sabiduría, comprensión y porque no, miedo. Un proceso necesario, dantesco, hórrido e insoportable que nos depara tan solo un desenlace, que resultó ser un principio ¿No sería maravilloso pensar que todo esto no es sino un prólogo irrisorio? Ah, los muertos tienen mucho que contarnos de esas lenguas cebadas de gusanos. - Recitó como si aquellas fueran las funestas líneas de algún libro antiguo. Uno macabro, conciso, y descriptivo sobre cuantos horrores podían esperarnos tras el umbral del deceso. Cuando hubo entonado la última letra, el monje desvió la mirada hacia ellos. Pronto, aquel gesto de calma irredenta pareció adquirir matices contradictorios. Luger enarcó una ceja, torció de forma imperceptible aquella sonrisa y halló que todo aquello, podía ser bien distinto a como pensaban.

El monje era hombre orondo, de ropas ceremoniales y holgadas, tintadas en el blanco mas sucio y en el negro mas insuficiente pero aún representando la dualidad de la existencia. Portaba uno de aquellos rostros que te hacen pensar en la naturaleza de los monjes. Era rechoncho, de nariz pequeña, carrillos hinchados y ojos, curiosamente, tintados de la pradera mas hermosa en la noche más ocura. Prado humillado, por una noche que niega al mundo su visión. Y en aquel rostro, sudoroso, de ojos en perpetuo gesto de paz impuesta, se pudo advertir incongruencias con su estado pretendido.
En un principio dudó de acercarse, dió un paso que no tuvo contestación, tragó saliva y finalmente se decidió a encontrarse con el trío. Se acercó con rápido devenir, con ambas manos recogidas en un gesto piadoso, hacia la mitad de un estómago cebado que bamboleaba graciosamente a cada paso. Algo que pudo haber sido cómico, incluso habría incitado a la limpia carcajada sobre el aire, pero en su rostro algo había que hacía desaparecer toda intención. Al acercarse, el monje no esperó a que nadie lo recibiera, e incluso Luger tuvo que contener una reverencia seguida de su usual presentación.

- Habéis venido a matar al engendro ¿Verdad? - Inquirió, con una voz grave, dulce, aterciopelada que formaba un contraste, o quizás una armonía, con el resto de su aspecto. Aún entonces, con aquella pregunta tan clara, simple y escueta, el monje tenía un rostro demacrado, ahora perceptible por la cercanía. En aquellos ojos había nerviosismo, se dirigían a todas partes tratando de disimular un sobrecogimiento lastimero. Su mandíbula temblaba, refulgía de un pánico ya pasado pero aún persistente, como un animal salvaje que entierra sus fauces en una carne que pretende arrancar, morir o lograrlo todo. Paladeó las palabras, unas cuentas murieron en su garganta antes de emerger finalmente y luego continuó aquel asalto tan desconcertante. - Mi nombre es Tauyi, soy uno de los monjes de mayor grado y antigüedad en el templo. Os pido por... - Se interrumpió, algo hubo que parecía llamarle de algún punto lejano a su espalda. Algo que ignoró y volvió raudo a la conversación. Aquello que lo requería... parecía aterrarle hasta un punto insospechado. - Disculpad. Ha sido una noche nefasta. Aquella criatura fue depositada en estas mismas escaleras, más concretamente en el sexto escalón. - El monje se santiguó de inmediato, besando unas cuentas que pendían de su brazo izquierdo, cuyos dedos parecían gusanos hinchados atados a desgana a un muñón. - Tengo que decir que... no he sentido tanto desconcierto en toda una vida dedicada a los huérfanos. He tenido en esta morada a casi cien novicios de su edad, que fueron cedidos de igual forma. Niños que fueron repudiados por gente abyecta, rechazados por todos los que pudieron quererlo y eligieron no hacerlo. Y en todas esas décadas intempestuosas dedicadas a la educación y a la contemplación nunca, jamás hallé semejante... - Parecía que las palabras eran confusas, encontradas de forma apresurada y daban la sensación de que no eran escogidas con libertad. Al monje algo le atribulaba, le acosaba y le descentraba, finalmente hizo un esfuerzo. Exhaló profundamente y les dirigió una mirada a los presentes, una perdida, desprovista de toda luz. - ... engendro. - Sentenció.

A Luger todo aquello le resultaba inverosímil, extraño y con toda probabilidad, inadecuado ante una situación tan simple como un niño indeseado.

- Buen hombre, no creo que sea para tanto el llanto de un infante tan pequeño ¿Como de horrible puede llegar a ser algo tan joven e inexperto que pueda turbarle de esta forma? - Preguntó Luger, utilizando la derecha para reforzar su pregunta, con calmados movimientos que pretendían calmar los ánimos de aquel desgraciado.


- Se equivoca, lamento decir. El engendro, el niño... no llora. No lo hizo más que al principio al hallarse en las escaleras, lo recogieron algunos de nuestros más ancianos, lo llevaron al templo y en un principio, quisimos acogerlo como tantas veces hicimos. - El monje agachó la cabeza, a sabiendas de que todo aquello podía traerle problemas. Pero su espera había resultado insoportable, ardía en deseos de expulsar todo aquello, esperando así que sus tormentos cesaran. - Tuvimos que mentir a la administración. Fingir que sencillamente no podíamos ni queríamos hacernos cargo. Porque aquel ser no puede ser humano. Supimos de su extravagante aspecto, de sus marcas, de su abominable rasgo y aún entonces nuestro piadoso corazón fue cautivo de su necesidad. Pero en cuanto lo posamos en el templo, dejó de llorar. Miró a sus alrededores como si quisiera saber donde se encontraba. Nos miró a nosotros... fijamente. No dejó de hacerlo, alternando entre unos y otros, ahí, tumbado y con la boca cerrada. No supimos qué hacía o qué buscaba con ello. Luego... vino el resto. - Lamentaba.
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Sabaku no Katsura
Getsu Chunin

Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Sabaku no Katsura el Sáb Abr 21, 2018 12:37 pm


Katsura no Sabaku
La extraña pareja seguía intercambiando palabras entre ellos, extrañas palabras que la joven seguía sin poner ninguna atención. Es más había decidido solo hacer caso cuando se dirigieran a ella o nombraran su nombre. No quería hacer mas esfuerzo mental con ellos, aunque en verdad se sentía algo inculta, puesto que su única educación fue la academia ninja, la biblioteca de Getsugakure y los aprendizajes de su hermana mayor Quinn, la cual allí no estaba, y la única persona por la que su corazón sentía algo, aunque fuera un mínimo sentimiento.

Hablaban todo el rato de un tal Gamón, no sabían quien era pero para ella la parecía hasta ridículo el nombre. Ella se centró en subir aquellas escaleras empinadas que llevaban al templo hasta vislumbrar con sus ojos fríos a aquel sacerdote del templo. En cuanto llegó arriba se detuvo esperando que este empezara a hablar, mientras esta ladeaba la cadera y se cruzaba de brazos dejando caer el peso en una de sus piernas, este dudada y parecía nervioso.

El monje comenzó a hablar rápidamente, no la gusto que diera por supuesto lo que iban a hacer con la criatura-nosotros daremos la sentencia final-aclaró intentando no dar a entender de forma segura que lo que harían era matar al niño. A ella  no la gustaba que la dijeran como debía de hacer la misión o como debía de matar, puesto que si habían mentido en la misión, en la redacción de esta a la Sabaku no la hacia mucha gracia, puesto que no entendía la mentira como tal, una cosa era ocultar algo y otra cosa para ella era mentir.

Luger participo en la conversación mientras la peliverde se encontraba pensativa, el genin intentaba saber que era aquella criatura que tanto terror irradiaba al monje. A la chunin no se la perdía ningún detalle de sus palabras y ahora temía que aquella misión fuera mas peligrosa de lo que parecía y no temía por ella, sino por que a cargo de ella estaban aquellos genin-¿sabes que si nos has mentido podías perjudicarnos a nosotros  y a la aldea?-soltó de su boca de forma fría  y con mirada calculadora mientras lo miraba de formar bastante molesta.- a lo mejor necesitamos ninjas de mayor rango para la misión y ahora que has mentido-dijo la kunoichi pronunciando la ultima palabra con asco-dinos de una jodida vez que pasa-finalizó mientras daba unos pasos amenazante hasta el monje con su voz sin pizca de sentimiento. Odiaba los rodeos y odiaba las mentiras cuando ella las sentía innecesarias¿para que mentir? siempre lo preguntaba, por que la gente mentía.
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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Lun Abr 23, 2018 9:25 am


NANA SIN MADRE.
Más que el cuento de Caperucita, aquella enrevesada historia se estaba convirtiendo por momentos en la viva reencarnación de la cancioncilla infantil que hablaba sobre mundos al revés. Como no podía ser de otra forma, se adjudicó a sí misma el papel de bruja hermosa... privilegios de ser la mano que mecía la novela, ¿no? Contuvo el aliento mientras el encomiable hombre de Dios se apresuraba a compartir ciertos detallitos sin importancia acerca del, por lo visto, ominoso Gamon. Las palabras del sacerdote denotaban asombrosa inquietud, espléndido desasosiego... no, más bien, maravilloso espanto. U espantosa maravilla, según las preferencias de cada quien. Beretta, a pesar de estar sintiendo bajo su mortecina tez los ingratos afectos de la dolorosa intriga, optó por fingirse indiferente hacia la terrorífica situación en la que se encontraba inmerso el buen clérigo. Por supuesto, la novelista ardía en gratos deseos de interrogarle, de diseccionar el horror cautivo en sus iris desvaídos, de abrirle los pensamientos y juguetear con la anatomía de sus incognoscibles miedos hasta conseguir extraer el origen del problema. ¿El precio a pagar? poco. A fin de cuentas, en el código penal no salía nada que le impidiera asesinar ideas, creencias o desvaríos. Mucho menos por amor al arte, ¿verdad? Ahora sí, una pálida sonrisa de abril (abierta metafóricamente a las muchas aguas que tuvieran que caer del cielo) dominó la comisura de sus labios y serpenteó a lo largo de sus facciones dotándole de cierto cautivador aire ladino. Oh, sin duda, de haber existido, Freud habría alabado sus innovadores planteamientos en el campo de los traumas.

Le dirigió una mirada corroída por la excitación a Luger, más que buscando atrapar aquellas dudas razonables que le ponía al loco, anhelando hacerlas suyas, tomar las riendas del interrogatorio. Por otro lado, si habían cambiado de cuento, e incluso de género, tocaba una modificación de papeles, ¿no? Luger, en menos de un pestañeo, pasó de abuelita disfrazada de herrero a pirata honrado. Los reproches de Katsura envolvieron sus oídos en una caricia seca, adusta como su dueña. ¿Sería preocupación lo que buscaba manifestar aquel inconquistable desierto? ¿quizá hacia una posible muerte prematura? ¿o, a lo mejor, hacia la más que certera probabilidad de que el rollizo caballero que humildemente los atendía no resultara ser otra cosa más que un pobre e inconsciente desquiciado? o... ¿tal vez, bajo aquella capa de rabia contenida, Katsura temía por la vida de quienes se encontraban a su consistente cuidado? Al parecer, sí que era el mundo al revés. Hasta la bestia infausta se había convertido, de un momento a otro, en un lobito bueno; ¿cuánto tardarían todos los corderos en meterse con ella? Estaba por verse.

Ha enfadado a nuestra supervisora, caballero.—resaltó, perfecta en su fingida aflicción. Incluso se permitió enterrar ligeramente la punta de sus insondables pupilas en el suelo pulido del templo, turbada. Se pasó la lengua por los incisivos inferiores, tratando de sellar en sus facciones una sempiterna impresión de estupefacción... no, mejor de comedido desconcierto. Que en sus rasgos se notara que, a lo largo de su corta carrera (¿como efectivo militar o como incauta novelista? oh, tanto daba), había visto innumerables cosas, pero nunca de semejante e indeseable calibre.—Si yo fuera vos, me apresuraría a esclarecer todo este... peculiar asunto antes de que a la adorable Katsura se le ocurra aplastaros la cabeza contra el pavimento que nos sostiene. Que, por cierto, es muy bonito.—regaló, articulando las palabras con excesivo mimo y cuidado, vistiéndolas, en su infinita misericordia de madre piadosa, de veladas sugerencias y no de imprudentes exigencias que mal podrían terminar para ambas partes. Soltó un flébil suspiro: cruzó los brazos a la altura del pecho, jugó con el dócil tempo que mecía la inmaculada estancia en su abrazo raído. En su desastrada imaginación, dobló la hoja que sostenía aquel fragmento de la historia, la puso a contraluz y examinó las pulcras líneas trazadas sobre su exquisita superficie; dudó, calculó y, finalmente, aceptó. Mojó la punta de la pluma en el tintero, se inclinó ligeramente sobre el folio a medio corromper y Kan'ei le consintió al argumento que continuara sin mayores interrupciones. Los giros inesperados de guión, cuando surgían solos, convenía seguirlos, no opacarlos.—Un niño sin miedo que no llora y un hombre consagrado a los dioses muerto de terror por una criatura tan pequeña... qué curioso, ¿no creéis?—cabeceó apenas un par de veces, hizo repiquetear la punta de su zapato contra el mismo suelo en el que ya era casi capaz de vislumbrar, informe y esparcida a lo largo del mismo en desigual sinfonía, el contorno de la poca sesera del devoto sacerdote.—Dese prisa y cuéntenos ese suceso que tan frenético lo tiene. Después, en su infinita experiencia, Katsura juzgará cuáles deberían ser nuestros movimientos.—posó en sus marmóreos labios una curvatura plagada de armonía, al tiempo que retrocedía un único paso con la noble intención de cederle el protagonismo a la dueña de la rudimentaria arma. Desde luego, las palabras dolían... pero un martillazo, oh, eso tenía que ser terrible.
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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Rokujō Nanto el Mar Abr 24, 2018 9:03 am


NANA SIN MADRE.
Tal era la turbación del monje, hasta tal punto execrable e inconfesable alcanzaban sus perturbadas ensoñaciones en vida, aquellas de las que no podía estar seguro de que fueran tan solo simples delirios de una vida excesivamente eremita expuesta de pronto a los rigores del exterior, que no parecía comprender del todo. El monje pudo haberse asustado, pero en el instante en el que las acusaciones de perjurio, falsedad, ineptitud, cobardía y desprecio se presentaron ante él, su rostro se endureció al instante. Apretó los dientes, sus cuentas chasquearon en una mano temblorosa por un acceso del sentir incomprensible. De pronto aquellos ojos de la pradera oscurecida por la noche mas espantosa se oscurecieron aún más. El hombre permaneció en silencio, uno profundo, grave, horrible, antinatural y de pronto, desde la distancia a su espalda, en aquel templo que cada vez se presentaba más y más torcido, se escuchó un alarido. Fue una suerte de graznido animal, uno estridente que por lo elevado cualquiera habría dicho que habría sido agudo, pero el devenir del mundo es incomprensible en toda su magnitud y en aquel día nefasto, fue hosco, ronco y roto. Parecía el alarido final, la última declamación de una bestia impía cuya garganta era aplastada en el mismo latido que atrapaba el aullido, y la última exhalación. El monje en cambio, no movió ni un músculo, presa de un silencio que denotaba ofensa y el furor de un hombre santo cuestionado.

Luger se revolvió, dio un paso a la derecha y luchó en vano por hallar qué había provocado semejante sonido. Uno tan artificial, tan natural al mismo tiempo y de un espanto tan inherente que le provocó una oleada de sensaciones desagradables. Torció el gesto; aquello comenzó a resultar extravagante y abominable.

- Si, mentimos. - Añadió el monje rompiendo el silencio que quedó como abotargado cadáver sin rostro ni nombre al concluir el espantoso graznido. Lo dijo tan tranquilo, tan calmado y tan pálido, que bien podrían haber sido sus últimas palabras antes de caer fulminado al suelo. Afortunadamente, no lo hizo. - El bien de este templo requería de acciones ajenas a nosotros. Porque intentamos poner fin a su vida por nosotros mismos, pero fracasamos. Rezamos, oramos toda la noche en conjunto intentando expulsar al engendro con la ayuda de los santos, pero fracasamos. Le ofrecimos todo cuanto nuestras rectas vidas nos permite poseer, tratamos de ahuyentarlo amenazando a todo su ser, y no solo a su cuerpo. Fracasamos. - El monje bajó la vista, besando las cuentas pendientes de su mano, pronto, se pudo advertir unas marcas de fuerza impresas sobre su muñeca. Unas dispuestas a lo largo, surcadas de círculos que le atravesaban la mano en varias secuencias como esta. Volvió a mirar al frente, esta vez a Katsura, determinando de forma acertada que era ella y no otro quien estaba al frente de esta empresa. - Quisimos darle muerte nosotros porque pensamos que permitiríais que viviera. Y no podemos permitirlo. Ha matado a dos de nuestros hermanos, o al menos eso creemos. Porque no hay cuerpos que llorar ni enterrar. - En su semblante pronto se vieron las sombras de la antigua angustia, el horror tomó forma en su carne, el temblor cesó para convertirse en siniestra quietud. El monje entonces pareció morir mil veces, recordar una docena de sucesos, querer huir e incluso, desvió la mirada escaleras abajo un instante. Algo tembló en sus labios, sus cuencas se llenaron de lágrimas, sonrió con un deje consternado. - Intentamos hacerlo... intenté rodear su cuello con mis cuentas, romperle la garganta con ellas. Y no pude. - Añadió con la voz temblorosa. Luger hacía mucho que había abierto los ojos con un espanto palpable. Se acercó un par de pasos, levantando ambas manos hacia el monje con el fin de llamar su atención sin ningún éxito.

- Escúcheme, tiene que contarnos lo que ha ocurrido. No tenemos forma de saber qué esta ocurriendo en este templo si no hace el esfuerzo de contar cuanto ha acontecido la noche que ha pasado. - El monje entonces se revolvió, trastabilló inmóvil en el sitio y dirigió una mirada de intensa estupefacción hacia el suelo empedrado del templo. Vaciló, abrió la boca para contener las palabras después. Las lágrimas aún contenidas descendieron entonces en una única y lánguida cascada por su ojo izquierdo.

- ¿Ha amanecido? - Preguntó. Luger sintió un escalofrío que recorrió su columna, alzó la vista y pudo comprobar con sus ojos que el día estaba recto como el mástil de un ahorcado. Torció un gesto amable, el decoro se rompió entonces y no pudo evitar agarrar por las solapas al monje, que hizo un gesto de profunda abstracción, desviando la mirada tanto como pudo, abriendo la boca en un gesto que recordó a una triste estupidez sin sentido.

- ¡Entre en razón, necio! Dígame que demonios ha pasado ahí dentro ¡Mire! - La zurda enguantada de Luger forcejeó con el cuello del monje para hacerle ver el día, cuando lo hubo conseguido entre sendas maniobras, el monje retrocedió al instante, como si la visión del día fuera dolorosa, pecaminosa y grotesca. Se frotó ambos ojos con la zurda, gimiendo de dolor a tan solo unos pasos del trío. Luger se revolvió, sintió un miedo anormal que se alimentaba de la desinformación. Pasados los momentos del respeto, habría arrancado los secretos de la misma carne de aquel hombre rollizo de haber estado en su mano. El no saber, el ignominioso desconocer de cuanto ocurre, era la verdadera trampa en todo aquello. - No se cuantos o qué horrores sin nombre ha percibido, pero puedo asegurarle que no haremos nada si no cuenta cuanto vio ¿Eso lo ha entendido? ¡Responda! - Volvió a insistir, tratando de hacer entrar en sus cabales a aquel monje roto, aquellos fragmentos de hombre que pudieron recomponerse apenas comenzó el encuentro, pero tan pronto se mostraron discordantes con el resto del templo.

- No... por favor, tenéis que matarlo. No puedo más, no podemos más. Ya no sé cuando pasa el tiempo, si el día fue ayer o no ha sido nunca. - Se llevó la zurda a la sien, tratando de ordenar sus pensamientos, aquellos de los que ahora no podía disponer. Era la entropía de un caos apabullante, un abismo de negros pensares que tan solo permite ver lo justo, pero nunca en la secuencia acertada. - Ayer vino un hombre... traía un niño ¡No! - Su voz parecía desesperada por encontrar las palabras. Gemía, lloraba en un silencio sin llanto, luchaba de veras por comprender aquello que no entendía pero sabía. - Estaba en las escalera... ¡Esta ahí! - Gritó con la voz descerrajada, y echó a correr hacia las escaleras preso de una desesperación anormal. Al llegar a ellas, comprobó que no había nada que buscar. Se echó a temblar, y no como cuando uno siente los rigores del frío abrazando su piel. Fue un trémulo movimiento de tímido comportamiento, uno escaso, terrible y doloroso precisamente por lo ínfimo de su presencia. El monje vaciló, dirigió una mirada a los convocados y bajó un escalón. - Yo no fui quien lo recogió. Me dijeron que el niño era un engendro, que era gris y no pálido, que solo uno de sus ojos funcionaba, que tenía cristales clavados en el pecho, brazos desprovistos de... - Bajó otro escalón. - No pudo ser obra del destino. Algo horrible tuvo que traerlo a nosotros. Y yo intenté matarlo... ¡Intenté matarlo! - Gritó de pura consternación, tan estridente fue que el pecho de los presentes pudo haber vibrado con la voz de un hombre completamente destrozado. Bajó un escalón más. Luego otro. - El engendro esta en el patio interior. En un templete de tejado marrón, de adornos funerarios. Es el lugar donde enterramos a nuestros hermanos muertos. Decidimos llevarlo allí en un principio porque pensamos que... - Bajó un escalón y entonces vaciló. Tragó saliva, tembló en el sitio y dedicó una mirada desconocida al vacío. Apretó con tanta fuerza las cuentas en su mano, que incluso pudo advertirse sangre vertida abrazar los dedos. Luger entonces dio un paso adelante, sin saber si sería para darle caza en la persecución, o por algún azar desconcertante.

- Deténgase. No vamos a dejar que se vaya sin contarnos de verdad que ha ocurrido. Piense con claridad, por todos los Santos. - Inquirió, suplicó e incluso casi podía decirse que aquello fueron palabras nunca usadas de aquella manera. El monje no se giró, no respondió y en un instante, volvió a alzar la vista a un cielo que entonces le resultó abominable, ahora, no podía saberse qué vio.

- El engendro esta en el patio interior, en un templete de tejado marrón y adornos funerarios. Sabemos que es ciego, pero aún entonces puede vernos. Sabemos que no puede andar, que no llora, que apenas respira y no come. - Se dió unos instantes, aún inmovil e incluso parecía querer bajar otro escalón, pero terminó por apagar sus intenciones. - El engendro esta en el patio interior... - Y sencillamente, se arrojó hacia las escaleras. No se oyó ningun grito, ninguna muestra de dolor en el monje rollizo; tan solo el estruendo de su cuerpo quebrando a cada escalón. Chasquidos antinaturales, sendos golpes de algo que ansiaba ser destruido y finalmente encontraba su consuelo. Luger echó a correr hacia los escalones, e incluso se retiró la chaqueta de los hombros para usar su ferreo polvo, pero cuando alcanzó el abismo, pudo ver al monje al final del camino. Retorcido de formas horrendas, con los huesos quebrados hasta el borde del espanto, con sangre que brotaba como una fuente de su cabeza y aún entonces, pudo advertir en un esfuerzo; que no había soltado sus cuentas.
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Sabaku no Katsura
Getsu Chunin

Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Sabaku no Katsura el Mar Mayo 01, 2018 5:21 pm


Katsura no Sabaku
No entendía nada de lo que estaba pasando en ese templo pero por lo menos el monje había confesado su mentira. Había mentido por miedo, miedo a lo que ese trió iba a hacer con el engendro, miedo de que no se ocuparan de él debidamente. Aquello demostraba la poca lealtad o confianza que tenía en los militares y cuerpos de seguridad de la aldea. No todos eran débiles que les horrorizaba el simple hecho de ver sangre o notar como los huesos se resquebrajaban, para ella era fácil quitar una vida y hacía mucho que no quitaba ninguna.

Las palabras de Beretta la hicieron crecerse más. La gustaba que la tuvieran en esa estima y que la alzaran de aquella manera. Tener fama de violenta para ella era un gran orgullo, prefería ser temida por todos que ser alguien de mera importancia en aquel lugar. La verdad es que la apetecía aplastar al hombre contra el pavimento, pero sabía que no estaría bien visto en aquel lugar y acabaría seguramente en arresto domiciliario o algo así, tendrá que esperar a ver como todo aquello evolucionaba.

Ella lo escuchaba con el rostro serio, sin mostrar ningún tipo de sentimiento, si algo era propio de la Kunoichi es que no era capaz de sentir miedo. No conocía ese sentimiento y si lo sintió alguna vez apenas se acordaba de aquella sensación, no sabía lo que era ese sentimiento. Aquel monje no daba ningún dato claro, ella no sabía lo que era aquella criatura y tampoco sabía a que atenerse ante la descripción que daba aquel hombre regordete que tenía delante.

Pronto Luger perdió la paciencia con el hombre y empezó a presionarle para que contara algo que les ayudara en algo, a tanto llegó la impaciencia del Genin que este le agarro del cuello. La joven seguía observando todo como si nada, pero la verdad es que esa forma de actuar no la había visto en ningún ninja de su nivel. Aquello la agrado algo a la Chunin y no era algo fácil agradar a la Kunoichi de cabellos verdes. Esperaba grandes cosas de aquella pareja, lo único que si no fueran tan raros como la parecía a la Sabaku seguro que sabría mas o menos que les depararía el futuro.

Entornó los ojos cuando el regordete empezó a repetirse una y otra vez sin decir nada, no llegaban a ningún acuerdo en ningún momento, además parecía que se había bloqueado. Fue entonces cuando empezó a hacer preguntas que no tenían la mayor lógica lo que provoco que Luger se desquiciara al igual que Katsura pero esta no lo mostrara. Fue entonces cuando el monje pareció romperse y se precipitó escaleras abajo mientras la chica de fríos ojos azules lo miraba impasible, como si no la importará nada la muerte de aquel hombre. El genin intento ayudarle, pero la Kunoichi no movió ni un solo dedo-bueno, vayamos por lo menos nos ha dicho donde esta-comentó mientras tras mirar de reojo como salía la sangre del cuerpo del sacerdote ella caminaba en dirección a la puerta.
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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Miér Mayo 02, 2018 8:49 pm


NANA SIN MADRE.
Algunas personas sentían la desgracia como otros amaban: de un modo íntimo, intenso y sin remedio. A medida que al voluptuoso monje se le llenaba la boca con ideas que ni siquiera él acertaba a concordar correctamente entre sí, Beretta notaba cómo el interés hacia aquel circunspecto hombre iba desapareciendo lenta pero inexorablemente. ¿Qué gracia podría encontrarle a un individuo que no era capaz ni de poner en simples palabras las inexplicables torturas que habían azotado su espíritu? o su alma, quizás. Entornó levemente su desvencijado mirar, deshojando en silencio las titubeantes explicaciones de la santa presencia que los honraba con su poca facilidad de habla. Trató de ver más allá de lo evidente, retorcer las oraciones articuladas con desorbitado horror y desencajar su verdadero significado a golpe de pluma. No obstante, sus intentos fueron tan vanos como ingratos. Desistió, prefiriendo entonces concentrar sus primorosas atenciones en la demacrada imagen del sacerdote. Un halo de fatalidad había dejado su marca en él, pudriendo el gesto prendido a sus hondas facciones. Se movía despacio, a menudo abstraído aparentemente en sus infaustas cavilaciones, o en su pesadillesca imaginación, como si su futuro se encontrara predeterminado y él, por su parte, no tuviera planeado ofrecer resistencia frente a sus inefables fauces.

Absorta en sus propias maquinaciones, Beretta fantaseó en otra piel, se atrevió a vislumbrarse encerrada en esa nauseabunda prisión oronda que se hacía llamar a sí misma caballero piadoso. Oh, ¿qué horrores habían logrado dejar semejante úlcera en su interior? ¿qué clase de diabólica criatura había conseguido hendir un cuchillo en el mecanismo que pautaba sus latidos sin ni siquiera poder empuñarlo? Se descubrió, para su inevitable sorpresa, admirando la magnífica labor del engendro.—Dígame, temeroso señor, ¿cuánto tiempo ha permanecido ahí, contemplando su desastre?—tanteó, ofreciéndole la mejor de sus medias sonrisas. Sin embargo, se mantuvo al margen, todavía un paso por detrás de la abyecta Katsura.—Luce usted el gesto de un hombre que ya no piensa en la luz.—chasqueó la lengua, retorciendo las palabras en un macabro juego sin participantes.—Oh, pero debo de estar equivocada, ¿verdad? Su papel en la función le impide perder la fe.—extravió la mirada en un punto lejano, inhóspito.—¿O tal vez no?—empezaba a cansarse de las abigarradas insinuaciones del tembloroso fraile. Parecía perdido en un punto muerto, inmerso en alguna clase de laberíntica realidad completamente fuera de su alcance. Al parecer, no todos los universos podían plasmarse con tinta. Resopló: el nudo de la historia hacía tiempo que comenzaba a girar peligrosamente, el momento de que apareciese el monstruo se retrasaba. El tempo se estropeaba, la sinfonía interpretada se resentía.

Los repentinos movimientos del monje la tomaron por sorpresa: lo último que habría esperado por parte de un hombre de bordes redondeados sería un súbito acceso de vivacidad. Frunció el ceño, persiguiendo con la sombra de sus insondables pupilas el rumbo elegido por el elemento discordante de aquella incontrolable partitura; la pieza se tornaba ilegible.—Estese quieto, caballero.—demandó, sintiendo la inquina florecer bajo su piel de marfil.—Es evidente que delira.—no perdió el tiempo y, al igual que Luger, enfiló la distancia que la separaba del impredecible individuo buscando acallar sus vaivenes emocionales. Antes siquiera de que llegara a su posición, los márgenes del desastre inminente se ensancharon hasta incluir la muerte del hermano entre sus inestimables líneas.—Oh, vaya.—odiaba las repeticiones, pero debía reconocer que el momento había resultado, a lo menos, dramático. ¿Tal vez, aquel cuerpo corrompido por los excesos de la fe habría tenido un mejor destino de haberse encomendado a los dioses del teatro? ¿guardaban acaso sus ahora flácidos restos un artista muerto? Contuvo una mueca de nauseabundo rencor.

Uno nacía Creador, ya fuera como artífice, estrella o virtuoso. Deslizó la plata que coronaba sus ingrávidos iris sobre la retorcida prisión dejada atrás por el repugnante creyente: no encontró, en su postrero gesto de vitalidad, ni una sola pizca de belleza. El asco le sembró la boca.—Parece que ya tengo mi respuesta.—masculló la novelista entre dientes, al tiempo que se encogía ligeramente de hombros y recuperaba una postura recta, impoluta. Cruzó los brazos tras la espalda, aguardando a que su lúgubre arquitecto terminara de guardarle luto al difunto.—La fatalidad nos hace, irremediablemente, invisibles; supongo que ni la vida lo veía, ni él quería ser visto por ella.—concluyó, deshaciendo el pegajoso silencio que amenazaba con impedirle a Luger pasar página.

Katsura tiene razón, al menos nos ha dicho dónde está nuestro queridísimo Gamon. Vayamos, a ver qué nos cuenta.—la sangre que fluía a través de la brecha del monje parecía haber sido esculpida a golpe de maravilloso cincel. Oh, puede que aquello sí que fuera arte. Arrebatadora, giró sobre la punta de sus talones y se encaminó en dirección al afamado patio interior.—Nuestro deseo, nuestra voluntad de saber, debían ser para él un suplicio más. ¿Quién nos augura que, si nos enteramos, el hecho de conocer su misterio no sea el comienzo de un drama más espantoso que los que ya se produjeron aquí?—hizo bailar la suposición entre sus incisivos, emponzoñando todas y cada una de las sílabas que se contorsionaban a su alrededor. Soltó una risilla cantarina, amena y ligera como un veleidoso devenir.—El engendro está en el patio interior, en un templete de tejado marrón y adornos funerarios. Sabemos que es ciego, pero que aún entonces puede vernos. Sabemos que no puede andar, que no llora, que apenas respira y no come.—imitó pomposamente al fallecido, a la par que hacía repiquetear la punta de sus ingrávidos zapatos contra el lustroso pavimento.—El engendro está en el patio interior.
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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Rokujō Nanto el Vie Mayo 04, 2018 6:26 pm


NANA SIN MADRE.
El estertor supuso tan solo el inicio de una macabra sinfonía, la oscura grandeza que ahora daba inicio a un descenso donde los infiernos poco tiempo aguardaban, donde el cielo fingía su presencia, donde la tierra pervertida y sin piernas o manos con las que arrastrarse fuera de todo aquello; solo aguanta un grito que no puede lanzar al viento, porque no hay garganta ni boca con la que hacerlo.Las reacciones de cuantos estuvieron ahí fueron dispares, a cada cual única en el complejo proceso del pensar humano. En Katsura no propicio la mas leve reacción; los fuegos del conflicto fraguaron un corazón, sellaron su sangre, inflaron un pecho que ahora con nada ardía. En Beretta, ahogada de los espantos que solo la ficción conlleva, sembrada de cuantas desgracias insoportables puede brindar una vida de padecimientos; no hizo mas que las burlas del novelista sin sorprender.

Incluso Luger, el negro arquitecto de edificios conformados con sangre en sus cimientos, brea por cemento y carne por muros; no hizo nada. No hubo una mueca de espanto, tan siquiera un gesto fuera de su sitio. Tan solo imperturbable calma que pareció atraparle al instante en el que el cuello del monje se quebrara, ascendía mas allá de la carne que lo aprisionaba... y veía el cielo por primera, y ultima vez. Pronto sus sospechas, su inquina por la falta de información sobre lo que ocurría trastornó su proceder pasando de la animadversión intensa, a la simple y escueta calma de un muerto. Se giró, sin siquiera asentir y escondió las manos en los bolsillos.

-En el patio interior se encuentra... pero si este templo es justo como todos, y suelen serlo. Tendremos que atravesar el edificio principal o sencillamente rodearlo. Actuemos con presteza, si él a optado por dar fin con su vida de esta manera no podemos saber a que se atienen los monjes del interior. - Aseveró mientras caminaba a la zaga de Katsura y Beretta. Su humor pareció oscurecerse, sus formas relajarse de una forma intrínseca, relacionada con todas aquellas sinfonías que tan solo comenzaron a afinar su impío instrumental. Luger parecía lóbrego, su gesto habitualmente cortés pareció diluirse a cada chasquido espantoso que anticipaba uno aún mas escalofriante. Aquel cuerpo abotargado descendiendo por las escaleras le brindó unos tintes de realidad inoportuna. Quiso medrar en la conciencia de Katsura, brindar oportunidades a una vida que apenas comenzaba, pero pronto comenzó a dudar siquiera de su propia existencia. No era ajeno a los horrores del mundo, a la insoportable "Verdad" tras las cuerdas de lo mundano. Aquel universo que coexiste, que baila tras nuestra sombra, que no existe en realidad ¿Está con nosotros? Pero ahí permanece, como un zumbido en una habitación de abrumadora envergadura, como un sordo traqueteo tras la nuca, como una lengua deslizándose por nuestro cuello en una noche de frío intenso. Nada que pudiera corroborarse extendiendo con la mano, nada que pudiera ser comprobado con los ojos cuerdos de la entereza; el mundo parásito, sin hambre, sin labios y aún entonces capaz de transmitir mensajes. Luger sintió la hórrida sensación de que se encaminaban a un sendero que pocos podrían soportar. Se estremeció a cada paso sin demostrarlo, tan solo le basto con apretar los puños en los bolsillos. Ellas no parecerían afectadas por todo aquello, ajenas a cuanto podía estar ocurriendo. Peor el hombre racional que moraba en su pecho, que orquestaba con sucia sobriedad cada latido y cada respiración le instaba a obrar con cautela exacerbada y fanática. Ellas no sentirán el miedo atenazarles el pecho, Luger tampoco lo haría; sentiría el terror innombrable por todos.

El edificio del templo se alzaba ante ellos como una vetusta estructura conformada por gruesas vigas de madera oscurecida por el barniz. Tejado suntuoso de verdes plomizos, toda clase de efigies religiosas a cada cual mas virtuosa, o sencillamente espantosa en su concepción. Rostros contraídos por dolores inhumanos, por visiones que nunca nadie podría adivinar... ¿Acaso esas figuras veían más con sus ojos de bronce conformado que todos nosotros? En sus vividas expresiones de espanto, parecieron aseverarlo. A cada paso hacia la negra estructura pudieron oírse murmullos, al principio tan solo susurros deformados por la distancia que ningún sentido albergaban entre sí. Pronto se convirtió en toda una cacofonía desconcertante, en los que algunos parecieron mantener aullidos delgados y agudos, voces graves que chocaban entre sí en bufidos extravagantes, estrambóticas canciones al espanto desposeídas de cualquier forma o utilidad. Pronto, si uno cesaba su caminar y obrar, podía hilarlas. Podía comprender aquella sinfonía que imitaba instrumentos con voces, sustituía percusiones con arrebatos de voces rotas, delgados violines de notas chirriantes por aullidos delgados y estridentes, instrumentos de viento puestos al servicio de abominable esfera. Nada más que eso. Susurros, apenas audibles, persistentes, golpes en ocasiones que sonaban siempre al unísono ¿Llantos? Solo podría averiguarse al entrar. Incluso pudieron oírse toda clase de hórridos crescendos; voces rasgadas que parecían ascender con los lamentos de una vida miserablemente insoportable. Nada más que aquello inundó un aire, transportó aquellas notas retorcidas de manera que tan solo aquel trío pudiera escucharlas. Y a Luger la sangre pudo detenerse ahí mismo, en su lugar... ascendió los primeros peldaños. Insuflado por una decisión profana y absurda, no cejó en su empeño hasta situarse justo ante la puerta principal, con aquellos susurros, con aquel desconcierto de horripilantes mantenidos, de espantoso concierto vivido... pronto golpes. Gritos de violencia desatada que recorrieron el edificio de lado a lado. Ningún idioma que pudiera entenderse, tan solo balbuceos incomprensibles, rítmicas percusiones de voces que lo acompañaban... aún entonces, ritmo en el caos.

Luger se giró con el gesto marcado, incapaz de deshacerse del ritmo macabro que ahora inundaba las cercanías del templo como una lluvia torrencial de locuras desatadas. Luchó por hacer que su voz fuese percibida entre el ruido

- Esto esta dejando de ser un simple encargo ¿Oís eso? - Anunció, alzando el índice y escuchando un único hilo de voz espantosamente cercano, uno inhumano, gutural, vibrante como la cuerda de un violín que comienza a quebrarse. Uno que no dejó de cesar un miserable instante al momento en el que el grupo se presentó ante la puerta execrable. Luger volvió a desviar la mirada hacia ellas, provisto de un temple que incluso a él sorprendía. Sin sonreír, sin mostrar ningún decoro, posó la mano sobre la entrada del palacio de la sinfonía discordante con la parsimonia de un copo de nieve solitario. - ¿Os habéis decidido? - Preguntó de forma sincera, de veras intentando comprender cuanto escuchaban ellas o si todo aquello formaba parte de algún engaño o ilusión desbordante. Aún entonces, los susurros, la sinfonía de voces asoladas, los golpes de carreras en el interior, las cuerdas rotas por voces solistas... no cesaron.
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Sabaku no Katsura
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Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Sabaku no Katsura el Sáb Mayo 05, 2018 5:47 pm


Katsura no Sabaku
En verdad no la importaba nada, absolutamente nada lo mucho que tuvieran que andar para llegar hasta donde estaba el engendro del cual se tenían que ocupar ambos ninjas. Lo bueno de todo aquello que estaba sucediendo es que ambos genin no se habían escandalizado por la muerte del monje, ni habían hecho preguntas absurdas sobre aquel cadáver o sobre intentar llamar a alguien para que se ocupara del cuerpo. Si fueran cualquier otro genin seguramente no dejaría de hablar, decirla cosas sobre su insensatez o directamente de su poca humanidad.

A medida que andaban escuchaban sonidos o quejidos que a todo el mundo se le encogería el alma o tendrían un miedo atroz, pero ella sin duda lo estaba disfrutando. Sus pasos seguían mientras ella ansiaba llegar el momento de acabar con aquella criatura, aunque la desconcertaba que podía encontrarse en aquel lugar y que fuera peligroso para ambos genin. Estar en aquella aldea y estar en una organización militar provocaba que tuvieran que protegerse los unos a los otros y al ser superior estar pendiente de los de cargo inferior.

Notaba como Luger estaba mas callado de lo normal, quizás fuera ese sentimiento el cual se llamaba miedo, mientras Beretta había concordado con las palabras de la peliverde de que debían de ir al lugar el cual el monje había dicho que se encontraba la criatura. Estaba ansiosa por acabar aquella misión, se estaba alargando mas de la cuenta, cuando se suponía que tan solo era matar a un bebe con defectos y que nadie deseaba en aquella aldea. En teoría era un trabajo fácil y sencillo que quizás se estaba complicando a medida que conocían mas datos de aquel ser.

Entonces llegaron a la puerta de entrada del recinto donde se alojaba la criatura, antes de que pudieran entrar escuchó la advertencia o mas bien duda del genin que las acompañaba a las chicas en aquella misión. Lo miró frunciendo el ceño parándose enfrente de él, estaba mas que claro lo que habían decidido. No entendía por que lo volvía a preguntar, como si fueran a cambiar de parecer y más tras ver que aquel ser había provocado que el monje se había suicidado en un acto de cobardía por parte del sacerdote.-si, pienso hacer lo que hemos decidido al principio, mi opinión no va a cambiar-sentenció con voz seca mientras lo miraba esperando que todos quisiera eliminar al bebe.
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Setsuna Kan'ei
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Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Dom Mayo 06, 2018 12:56 pm


NANA SIN MADRE.
Sintió un ligero escalofrío de miedo y, aunque aquel sentimiento fuera relativamente normal en la vida de las personas, en la de Beretta representó toda una represiva novedad. Un tormento detestable que añadir a las múltiples erratas que últimamente encontraba en su etéreo personaje: una fisura, una grieta, un vacío más en el papel que, a veces, llevaba por nombre Beretta. Enfilando el camino pautado por el maestro de aquel desastrado dueto, se encogió levemente sobre sí misma y se vio forzada a cruzar los brazos bajo el pecho, por si acaso. No era miedo, se dijo, sino desasosiego. Cosas muy distintas, ¿verdad? Aparte. Contuvo una nueva oleada de incertidumbre, se amenazó a sí misma con el olvido para retener la sombra amarga que se retorcía en sus entrañas a cada extraña tonada que recibían sus espantados tímpanos. Así como no podía permitirse volver la mirada hacia las cosas que dejaba atrás, tampoco podía transigirse el sentirse asustada. Lo que sí se admitió, para variar, fue errada. Desde el inicio de aquel incongruente relato había ido cometiendo una serie de desventuradas equivocaciones que, ahora, le estaban pasando malas jugadas. No se había anticipado a los acontecimientos y, por ende, le tocaba sufrir las consecuencias del tan manido pánico. Aunque algunos escritores sostuviesen, a su retorcida manera, que las novelas de intriga tan sólo podían funcionar si el propio narrador entendía sólo a medias lo que sucedía, Beretta no estaba de acuerdo con su simple maquinar. La fórmula funcionaba, sí, pero... ¿a qué precio? Convertir la mano que guiaba la pluma en un instrumento manipulable, en una marioneta de las circunstancias, ¿no era una forma de negarse a sí mismo? Kan'ei se negaba a reconocerse terrenal, a considerar al maquiavélico devenir como el único narrador omnisciente de la ortopédica desventura que conformaba la humanidad. Mírame, futuro. Apretó pulcramente el paso para no perderle el ritmo a la  pieza, reteniendo a duras penas el indómito impulso de rasgar el velo de surrealismo que los rodeaba. Te desafío, mañana. A pesar de que ya le había demostrado a la realidad de qué tinta estaba escrita en innumerables vidas, volvería a dejárselo claro. Pasó página.

A Beretta nunca se le había pasado por la cabeza compararse con la luna, mas, en el irremediable instante en el que el timbre de un tambor sin forma se le enquistaba en el tímpano izquierdo, se juró a sí misma que,  al igual que la impertérrita reina de la noche, controlaría sus mareas. A cualquier precio. La fúnebre tonada se superpuso a la que ellos mismos interpretaban con su silencio, tapando lagunas, despertando sórdidas sensaciones bajo su mortecina tez. Contuvo un suspiro de velado temor, se mantuvo rígida ante la puerta que, al parecer, conducía al infierno. O, mejor aún, a una pesadilla en vida. La muerte le resultaba aburrida, demasiado imperturbable para su retorcido gusto. ¿La diferencia principal que veía entre un estado y otro? la opción a cambio, sin duda. Sin embargo, a pesar de sus férreas reflexiones anteriores, en aquellos erráticos momentos, Beretta no sintió más que un horror tan profundo y espantoso que apenas osaba respirar o parpadear.

La brea prendida a su sangre le exigió tal inmovilidad que a punto estuvo de romper a temblar. ¿Qué partitura inenarrable estaban interpretando aquellos condenados súbditos de la fe? una espantosa, carente de ritmo y de sentido. Por más que se esforzó en encontrarle un orden a la lúgubre sinfonía, Beretta no acertó a atribuirle una pauta plausible, un orden concreto. Cambiaban los giros, variaban los tonos, se superponían los motivos musicales unos por encima de otros a cada sílaba articulada, a cada instrumento imitado. Se le escapó un siseo: el agudo silbido se le escurrió de entre los dientes infectado de una ponzoña desconocida, de un odio desmedido. Ladeó el rostro hacia la izquierda, contrajo la mandíbula en una mueca sin sonrisa. Detestó a quienes allí dentro estuvieran atreviéndose a deformar la historia, a cambiar el argumento de su obra. Se interponían en el desenlace, enturbiaban la marcha fúnebre que llevaban ya varios capítulos entonando; pisaban su trabajo, sus líneas.—Entremos.—articuló con esfuerzo, notando como la garganta comenzaba a arderle exageradamente. El nudo que atenazaba sus incólumes cuerdas vocales no se daba deshecho. Revistió el pavor que obnubilaba su parecer con una capa de instinto narrativo: encontró la fórmula perfecta para cambiar el miedo por la intriga. ¿Una novela de terror? se negaba a cambiar el género a aquellas alturas del cuento. Si el misterio surgía cuando se le añadía fascinación al espanto, dejaría que su pluma rociara unas gotas de curiosidad sobre la narradora.—Me matan las ganas de saber qué está ocurriendo.—probó a articular, notando el rencor, la frustración y el espanto enquistados en su amargo paladar.—Nos encontramos frente al gran misterio, aquel que hace temblar a la humaidad desde su origen; ¡lo desconocido!—por primera vez en toda su falsa existencia, no le importó ni un ápice si las palabras en su boca sonaron auténticas, carroñeras o más fingidas que el nombre con el que solía presentarse. Las dijo, sin más.  
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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Rokujō Nanto el Dom Mayo 06, 2018 4:44 pm


NANA SIN MADRE.
Por unos momentos, Luger pudo debatirse entre el timbre vacilante de una Beretta que no pareció ella misma. Un cariz distinto la impulsaba, la entonación musical que tan bien conocía estaba ausente y pronto, su corazón se encogió de inmediato, su respiración se entrecortó. Un arrebato profundo le ascendió por todo el cuerpo como una nota aguda, rota y deshecha. Aquella mujer de paso artificial, de palabras forzadas... tenía miedo. Pero la artista, el vendaval, la fragua de mil sentencias y justicias poéticas no podía sentir tal cosa. Ante él, por obra de una orquesta macabra donde las voces de miserables hacían las veces de instrumentos de forma inadecuada y sórdida; Luger pudo ver a quien moraba tras Beretta. Creyó hacerlo unos momentos antes de sentir el agarre sobre aquella puerta corrediza demasiado real como para dejarse llevar por los impulsos del anhelo. Le guiñó un ojo, una mirada de sincera adoración.

- Amo lo desconocido, querida ¿Cuanto tiempo hace que no hablamos como es debido? - Supo que no era la ocasión, que estaba frente a una Katsura impertérrita que le empujaba a afrontar cuando hubiera en aquel templo barnizado en los hórridos parajes de lo grotesco. Quiso aún entonces hacerla saber que la había visto, que su resquicio de luz hacia un exterior adverso no tenía porque ser un suplicio. Hablarían de ello cuando tuvieran ocasión pero en aquel entonces, Luger se limitó a abrir la puerta de golpe, en un movimiento que hizo temblar a la orquesta de susurros demenciales y de pronto, comenzó a trastabillar. Los percusionistas parecieron huir con el sonido y... ¿El objeto de aquellas voces que recordaban a un violín cediendo a una fuerza superior a su supervivencia? Un monje agazapado tras la misma puerta. Uno que al instante en el que vio la luz del sol lanzó un chillido estridente, para adentrarse en el templo  caminando de forma adversa e irregular con ambos brazos y piernas. Aquel chirrido cesó de inmediato, adentrándose en una oscuridad apenas iluminada por las luces de unas velas mortecinas. Únicas en todo aquel umbral a la calamidad incomprensible. Luger entornó la mirada, torció el gesto y su sentido común le advirtió de cuanto moraba sin ser visto ni oído en los contornos de aquella oscuridad inflamada por la escasa luz interior. Se aferró a cuanto vio en el exterior, se tragó cuantas reservas tuviera. Debía ser firme. - Encabezaré la marcha. Seguid mi estela y si algo ocurriera, aprovechad vuestra ventaja. - Alzó la voz tanto como le fue posible, pretendiendo acallar a aquellos susurros que pronto se alzaron en un crescendo ominoso.

Los primeros pasos fueron simples, el caminar sin pensar un solo ápice en el siguiente paso de la sucesión no resultaba complejo ¿Pero mantener el ritmo? A cualquiera le habría resultado complejo en aquellas ofrendas de locura desatada. Aquellos susurros se alzaron, se convirtieron en hórridos chasquidos, la composición no mermó; se intensificó. En los pisos superiores podía escucharse el crujir de las tablas, los pasos de docenas de personas que parecían bailar sin ritmo establecido entre ellas pero que sin embargo, seguían un orden abyecto de sonidos estrafalarios. Los susurros se enardecieron, aumentaron en su sorna apabullante, los violines imitados por voces no cesaron, los pasos, golpes y pronto respiraciones entrecortadas sembraron los pasillos iniciales con toda clase de cacofonías ensordecedoras ¿Por su intensidad? Por lo desconcertante, abrumador y discordante. Luger atravesó los primeros pasillos sin detenerse, con el paso firme de quien abre una brecha, de quien extiende la mano para abrir la carne con un cuchillo fragoroso que ahora tomaría el papel de su mismo cuerpo. A su izquierda los sonidos parecieron mas intensos tras las puertas correderas, a su derecha, una puerta abierta reveló los horrores desconocidos. Algo que le hizo detenerse, abrir los ojos con el desconcierto que ello apremiaba... ¿Pero que vio en su vanguardia?

- ¿Que fe profesan estos monjes? - Preguntó, acercándose en la oscuridad titilante, abriendo la puerta con lentitud y dejando que cuantos quisieran observaran todo aquello. Rabia, lamentos, locura incomprensible. Aquellos monjes habían perdido la cabeza sin remedio. Al menos dos docenas de ellos se repartían en una habitación probablemente destinada a la meditación silenciosa, ahora era una sala de demencia, desasosiego y frenetismo. Se reunieron en hórridas cábalas, en pasajes de adoración de letanías sin sentido. Marchaban en el sitio, bailaban, rezaban con la mirada gacha y perdida hacia el suelo en una oscuridad tan solo rota por una antorcha; la efigie de un muñeco espantoso que ardía ensartado por una lanza que sostenía el que dirigía la marcha. Era una procesión, una cabalgata de ruegos, horrores y fuego alzado que bailaba junto a ellos. Estaban inmersos en una adoración y en un trance religioso tan severo y tenebroso, que algunos de ellos parecieron mas muertos que vivos. Dejando que sus brazos colgaran en una muerte indecisa, que sus ojos se perdieran en el suelo, que solo sus cabezas afeitadas y magulladas por heridas recientes conocieran la luz de aquel fuego. Ninguno alzó la mirada ante los intrusos. Estaban demasiado concentrados en aquella adoración profana.

No pasaron mas de unos segundos hasta que Luger decidió abandonar todo aquello con la mente dispersa. Todo aquello, en su totalidad, carecía de sentido lógico ¿Que era ese engendro? ¿Gamon pudo haber hecho semejantes trastornos en las mentes de tantas personas? Debía haber una explicación lógica, y ello moraba en la nuca del templo, en el patio interior donde los adornos fúnebres les esperarían.

El resto del camino por aquellos pasillos ominosos no estuvieron marcados por la facilidad, a cada paso, algunos monjes suplicantes emergían de un lado a otro del pasillo. Pasaban caminando, rezaban, siempre con la mirada gacha y el rostro descompuesto por alguna visión espantosa que aún les acompañaba. No reaccionaron a los saludos de Luger, como tampoco lo hicieron a la violencia que luego ejerció sobre uno de ellos. Sencillamente balbuceaban, suplicaban a una deidad sin nombre, rogaban a la oscuridad indecisa de una vela temblorosa; algunos, lloraban.
A cada habitación del templo, todo pareció degenerar. En una de ellas, los monjes decidieron despojarse de sus vestiduras y erguirse en comunas inenarrables, donde todos parecían querer unir sus cabezas con las de otro en abyectas formaciones de rezos y súplicas sin sentido de desnudez abominable. En otra de ellas, decidieron colgar cuantas efigies encontraron por los pies, para luego romperlas con saña en una retribución incontestable. Arrasaron con algunas de madera, mancillaron cuanto pudieron las metálicas y otras yacían a lo largo de los pasillos manchados por el barniz levantado. Una última de ellas, estaba llena de cuentas, todas ellas asidas sobre las manos de un único monje anciano de vista blanquecina, iluminada por una vela muy cercana. No parecía respirar, no parecía vivir y aún entonces, sus brazos rectos en cruz erguido sobre el suelo, parecía indicar lo contrario.

Luger decidió ignorar todo aquello, buscar la salida al patio interior y todo ello, absorto por la inefable necesidad de sentir a Beretta cerca, a ella más bien... a quien en el peor de los instantes, decidió temer y no amar.
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Sabaku no Katsura
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Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Sabaku no Katsura el Dom Mayo 06, 2018 7:13 pm


Katsura no Sabaku
La joven frunció el ceño mientras miraba a Luger puesto que estaba tomando el control de la situación. Aquello la molestaba bastante puesto que ella era el rango superior, digamos, la líder, la que tenía que proteger a ambos genin. Alzó la ceja mientras miraba al chico incrédula, lo dejó pasar por aquella vez, pero sabía que él no iba a poder protegerla de nada, solo esperaría hasta llegar al patio donde se encontraría. A la vez estaba contenta de que Beretta daba la sensación de que estaba ansiosa por entrar pero a la vez quizás tendría miedo, puesto que para cualquier ser humano algo normal aquel paisaje helaría los huesos a cualquiera.

Cuando abrieron la puerta y entro la luz en el interior del templo uno de los monjes huyó al notar los rayos del astro rey. Sus paso fueron decidido dentro del templo, mientras observaba con expectación en aquel lugar que en vez de sagrado la parecía un lugar para la depravación. No entendía muy bien la situación, a ella no la asustaba a aquello ni la impresionaba, no tenía vergüenza, incluso ver a alguien desnudo ni siquiera la molestaba en absoluto. Era algo natural para ella aunque para la sociedad aquello era algo muy privado, a ella no la importaba desnudarse en cualquier situación.

No entendía aquello si era producido por aquel engendro el cual tenían que ocuparse de él.Pero no lo entendía, como un ser así podía producir aquello en seres de edad adulta que se suponía que se dedicaban a la espiritualidad y a los dioses. Katsura sabía que no era su misión pero la gustaría hacer una limpieza de aquel templo, eliminando a aquellos monjes perturbados que estaban en aquel lugar santo. Ella no creía en ningún dios, por el momento no había ningún dios en aquel país que ella pudiera creer, de momento creía en ella misma que era dueña de su destino.

Por fin llegaron a la puerta del patio, fue entonces cuando adelanto a Luger para encararlo por un momento para cortarle el paso y que no entrara.- Creo que la que tiene que entrar primero soy yo - dijo mirando a Luger advirtiéndole secamente y tomando la delantera de la misión enfrentándose a la puerta del patio. Si algo los atacaba ella podía resistir el ataque sin ningún problema y así poder ellos dos contraatacar si fuera necesario.

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Setsuna Kan'ei
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Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Lun Mayo 07, 2018 9:57 am


NANA SIN MADRE.
Aquel homenaje a la más absurda de las depravaciones habría despertado las delicias del revolucionario Bakunin. 'La religión es una patética demencia colectiva: si no me creen, observen este horripilante espectáculo', habría exclamado a voz en grito, siempre coreado por los cánticos discordantes de los desquiciados hombres santos. Y, sin embargo, por una triste vez, aquella inverosímil locura desatada no estaba relacionada... no, instigada por los insípidos dioses a los que tanto rendían culto. Encontraba su infausto origen, a priori, en una criatura de existencia real y constatada. Oh, vaya, qué empirista la habían vuelto los años. Internarse en la sórdida estancia no fue tarea fácil: ya no porque el nudo enquistado en su garganta le impidiera quitarle hierro al asunto mediante mordaces y mal intencionados comentarios, sino porque la escasa iluminación ayudaba poco o nada a facilitar el avance. Resultó toda una suerte que el instinto del único varón del grupo lo animara a encabezar la lúgubre marcha. ¿Sintió miedo por él? oh, no. Compasión, tal vez. Si había algo que tocar en medio del camino, él sería el primero en dar ese amargo paso. Lo recompensaría más tarde, prometido. El tintineo metálico de la chaqueta de Luger guió aquel fortuito descenso hacia la desesperación. Porque sí, en tal abominable despliegue de erráticas e incomprensibles conductas, Beretta no pudo encontrar nada más que paranoia, frenesí y pánico. Frunció el ceño ante el inesperado comentario de su alabastro, conteniendo entre sus viperinas fauces la imperiosa necesidad de mandarlo a algún otro pasaje de aquella novela en desarrollo para evitar insidiosos malentendidos.—Hablar poco, pero mal, ya es mucho hablar. Creo que abuso de los diálogos, cielo, así que les estoy dando un descanso.—replicó con comedida lentitud, impregnando cada una de sus veleidosas palabras de cierto cariz mordaz, tentador.—Además, no le encuentro la gracia a 'dialogar como es debido'. La vida es una cosa demasiado importante para hablar de ella seriamente.—entornó su ceniciento mirar y, un instante después, había dado por zanjado el tema. Nuevamente, y para no rectificar viejas y queridas costumbres, Beretta se dejaba un sinfín de explicaciones en el tintero. Apresó entre sus labios un suspiro de esporádica resignación, dedicándole un último vistazo de anhelo a la puerta que quedaba, abandonada, a sus espaldas.

El espectáculo continuaba, la escena se retorcía sobre sí misma tantas veces que ya se le hacía imposible de describir. Se le presentaba a su juicio de escritora una situación absolutamente inefable, inenarrable de los pies a la cabeza. Mantuvo la barbilla alzada y la postura recta, buscando inspirar, quizás, cierta estabilidad o resiliencia ante un mundo que parecía haberse olvidado de qué diantres significaba la palabra coherencia. Una idea navegó a través de sus pérfidas maquinaciones, hilando conceptos, sembrando vendavales y recogiendo macabras hipótesis. Sin duda, el espíritu de aquellos avatares de la fe se movía en una dimensión extraña, atípica, en la que coexistían la angustia y el éxtasis. ¿Terror, intriga o surrealismo? le tocaba elegir un género. Una categoría en la que tipificar y regularizar un argumento que nada tenía de usual.—Ya no profesan ninguna fe en concreto, Luger.—articuló con inspirada lentitud, al tiempo que se apegaba a la avanzada posición del amargo coleccionista de perfectas imperfecciones y acariciaba ligeramente la solapa inferior de su negro traje. Adoptó un gesto conciliador, tan invisible como imperceptible. Aún así, esperaba que el perverso dueño de sus páginas fuese capaz de intuir el sentimiento, la calma que no sentía, pero que trataba de transmitir en cada una de sus estudiadas maniobras.—Se han entregado a cualquiera que quiera escucharlos. Quién sabe, a lo mejor, al terminar, somos nosotros sus dioses.—bromeó, barnizando con inusitada picarcía la estimulante declaración. La fe era el pájaro que cantaba cuando el amanecer todavía permanecía oscuro. Antes de tiempo, a su parecer. Deslizó la mirada hacia la nueva entrada abierta, dejando que la corona de plata que rodeaba sus pupilas se impregnara de la sordidez allí apresada. ¿Cadena perpetua? Beretta, sin mayores miramientos, los habría condenado a la pena capital. La locura basada en el desenfreno y la necedad no despertaban el más mínimo de sus intereses... asco, era la emoción que le sembraba la boca en aquellos momentos. Siseó nuevamente, al borde de un ataque de nervios. Se le erizaban los cabellos de la nuca a cada falso golpe de percusión, a cada renovado compás de incoherencia desatada. Irse, quería irse. Oh, pero, ¿qué clase de novelista sería si se retirara ante el primer acceso de locura? una nefasta, muy negligente.—Acepta la locura.—murmuró entre dientes, como un mantra consolador.—Crea el delirio.—apretó la palma de las manos contra la espalda de Luger, instándole a no detenerse en demasía con elementos secundarios de la inverosímil escena.—Establece la duda.—continuó, ajena al presunto malestar que la iniciativa de su alabastro había avivado en la impasible Katsura.—Alimenta la paranoia.—concluyó, finalizando así de recitar los fácilmente digeribles preceptos que, en su día, ella misma se había autoimpuesto como consignas básicas. Se sintió bien, y luego mejor. El miedo retrocedía, el pánico se disipaba ante la voluntad de narrar que corroía sus entrañas. El aire de la estancia, enrarecido por la falta de ventilación y el calor humano desprendido, tembló y se suavizó ante el camino liberado. El final los aguardaba, paciente.
PAÍS DE LA LUNA – GETSUGAKURE NO SATO.


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Re: {Automisión D} Nana sin madre |Luger & Katsura & Beretta|

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