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[Entrenamiento Semanal] Unterricht

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[Entrenamiento Semanal] Unterricht

Mensaje por Luger el Mar Abr 17, 2018 10:52 am


Unterricht
Hoy el solar estaba hermoso, era agradable y su sabor era de lo mas espléndido. Aunque nada podía ver mas allá de la luz de una tenue vela coartada por los vientos de la noche, Luger inspiró con profundidad, sintió el aroma del óxido corromper los aceros desechados a su alrededor, ese que se mezclaba con la sangre coagulada de cuantos infectos animales, hombres o lo que fuera se hallara en los alrededores. Un tenue quejido que apenas pudo describir se asomó entre las alturas, un atisbo de horror le atravesó la espalda, mantuvo las manos en alto, resopló, redobló sus esfuerzos cuanto pudo en aquel lugar. Sintió su respiración entrecortada, los pulmones ardían en un singular garbo, haciendo que cada exhalación fuera una liberación tardía que pronto se veía traicionada por otra bocanada. Dolía, tanto como tuvo que apretar los dientes, girar la vista hacia un lado tratando de aislarse de aquel olor penetrante. Aquella macabra composición de hierro, sangre, carne, podredumbre y augusta desgracia conformadas en el mismo cuerpo. Quiso abstraerse, entregarse a cuanto el macabro hierro necesitara de él y con un violento ademán hacia el aire, aquellos quejidos fueron contenidos con la férrea entereza de quien se halla de frente a la muerte.

Sintió sus brazos colapsar, quebrarse sus huesos y su cuerpo pronto se vería afrontando una situación real, mucho más que cualquier ensoñación estúpida. Quiso huir, cesar en todo aquel empeño y que todo cayera como un peso muerto sobre aquel lugar infausto cuyo recuerdo no permanecía en los de nadie. Negó, resopló y continuó erguido sobre la tierra ennegrecida por el hierro. Miró al cielo, a las brillantes dentelladas de estrellas lejanas, tuvo la sensación de que algo las unía, una suerte de comparación indeterminada. No pasó mucho tiempo hasta que pudo hallar a qué se debía todo aquello. Sonrió de medio lado, en un gesto que pudo interpretarse con triste resignación.
Era fracaso.

Las vio ahí, pendientes en la lejanía mas inabarcable. Siempre brillando para al mundo, sin que este tuviera forma de corresponder a esas lejanas moribundas. Ellas no hacían más que eso. Morir para siempre, vivir sin vida, irradiar una luz que a nosotros nos recuerda a una vida pura, poética y hermosa en una noche que para ellas ya no tiene día. Pero Luger, como tantas otras personas a las que tuvo el placer o la desgracia de encontrar, no podía sentir otra cosa que odiosa comparación, hórrida tristeza. El fracaso de esas estrellas era el suyo, uno continuo, detestable y amargo que no le dejaba dormir en las noches de soledad angustiosa. Las observaba en un silencio sepulcral, encendiendo una vela junto a la ventana, correspondiendo de la forma mas humilde, comparándose con aquellos cadáveres en una descomposición que duraría incontables vidas. Él nada sabía de la astronomía, de la ciencia de los cielos que determinaba cuanto era, cuando y donde iría a continuación. Aún entonces, las percibía como muertas, simples cuerpos luminiscentes que acudían cada noche, deslizaban el cuello por una soga de oscuridad inmaterial y luego... pretendían suicidarse en aquellas alturas. En el sitio donde nadie alcanzaría a ver jamás. En ellas veía su fracaso reflejado, uno doloroso, persistente e incisivo. Apretó los dientes, sus piernas temblaron y la estructura comenzó a gemir, sufrir y añorar la inexistencia. Luger se recompuso a duras penas, torció los gestos, desvió la fuerza a otros puntos, buscó hallar en su disciplina algo más de tiempo. Pero los quejidos no cesaban, pronto un chirrido de un agudo insoportable comenzó a crepitar uno de los pilares occidentales. Lanzó un bramido y quiso ahogar el sonido, arrancar aquel pilar con saña y que todo cesara. Pero no pudo hacer otra cosa que sostener la situación. Volvió a resoplar, los pulmones habían arrojado cuanto pudieron, y ahora su garganta ardía con el mismo fuego sin lengua que en ellos. Cada respiración, cada exhalación desesperada surcada era una evocación a las llamas, un sufrir que recordaba al del fuego crepitando sobre un acero que se deforma, se dobla, gime y llora pero no consigue terminar con ello jamás.

Su vela se apagó y toda la oscuridad hizo terrible castigo de su oscura pretensión. En un principio, aquella estructura conformada del hierro de su factura tenía como objetivo aumentar su control, su fuerza y su mandato sobre el mismo. Quiso construir, edificar una estructura simple que constara de cinco pilares conformados por alargadas formas geométricas. Mantuvo la fuerza, pensó en su insensatez que podría sostener semejantes alturas con la simple voluntad de aquel desgraciado ¡No podría! Y tuvo que aceptarlo, vibró su dominio, uno de los pilares comenzó a deshacerse por el peso y aquel chirrido no hizo más que engrandecerse en su fracaso. Desvió la mirada cuanto pudo, sostuvo lo que quedaba a duras penas en un colapso que ya había sido anunciado y aceptado. Aquello solo resultaba en una triste y miserable demora que nada le reportaría. En aquellos instantes de peligro, de pié en medio de un solar cuya chatarra en herrumbre eran sus únicos habitantes, Luger se sintió desfallecer.
Una idea surgió su mente, una macabra, tan oxidada y desastrosa como el resto del mundo inmediato que le rodeaba. Algo oscuro, discordante, nefasto y azaroso como una aguja enterrada bajo la piel.
¿Por que no dejarlo? Sería tan simple como apartar las manos, dejarse vencer por una noche de cadáveres orquestada por una luna oculta. Cobijarse en la arena sucia por los desechos, morar con ella, esperar a que toda la estructura de polvo de hierro colapsara sobre él y esperar un deceso rápido. Dejar que todo terminara en aquel instante, en el aura de acertado patetismo. En el fracaso que conformaba su existencia. Luger dudó, e incluso él tuvo que admitir que sonaba tentador acabar con aquella vida indeterminada, divertido aún cuando se contrastaba con las vidas de cuantos le rodeaban. Al fin y al cabo el mundo nada perdía con su marcha. Solo a un mezquino, un arquitecto de negras estructuras que al fin le concederían a su padre el respiro que tanto buscó. Una ambición que nacía y moría entre los rescoldos de un hombre insuficiente de talento escaso. Alguien que no podría soportar el devenir de los días, que no podría adaptarse a ver el mañana seguido de otro más, y así en una sucesión insoportable donde cada miserable segundo tendría que enfrentarse a lo que es ¿Y que era? Nada. Ni escritor, ni artista, ni hombre de estado vivía encerrado entre unas costillas azarosas. Él no era como Beretta, no era el torrente de belleza incontrolable y natural que refulgía de ella, no era el intelectual que pretendía fingir ante ella y mucho menos, sería digno de una vida a su lado.
Esperaba que aquella condenación bajo los hierros quejumbrosos que había conformado en su vida le reportaran un final rápido, sucio y miserable. Era divertido, si... pero no lo suficiente.

Luger se recompuso, dirigió un gesto a las alturas y el hierro pareció sufrir como nunca antes lo hubo hecho. La energía atravesó cada compuesto metálico, chisporroteó y vibro con la violencia de un preso enjaulado que encuentra la libertad antes de morir finalmente. Lo dejó ir, colapsó los dos pilares de occidentales, hizo que la estructura cediera en un quejido monstruoso, donde más bien parecía que daba muerte a un ser descomunal. Una respiración más, mantuvo el control, hizo que las arenas de los pisos superiores besaran el cielo, empujó la estructura hacia aquellos pisos colapsados y comenzó entonces su proceder.

Movió los brazos como si aquello fuera un coro de sinfonías insoportables. Chirridos desbordantes que perforaban el oír surgieron de los pisos intermedios al ser desviados en toda su fuerza hacia los puntos que lo harían caer. Quejidos, aullidos del metal colapsando sobre los pilares derribados en una gloria arrebatada, que no dejaron de desaparecer en una sucesión estrambótica, derramándose por aquella tierra insana para luego, cesar todo ello en un estruendo abominable. Hierro que caía finalmente, un edificio de cuatro horas de existencia que finalmente descendía sobre el vacío de un solar abandonado de unos arrabales indeseables. Luger dio dos bocanadas de aire, se llevó las manos a los bolsillos, miró a sus alrededores y halló sus cigarrillos sobre la tierra. Agarró uno de ellos, lo encendió con un gesto empuñando una cerilla y contempló su obra de hierro devastado sobre chatarra olvidada. Apenas podía respirar al tiempo que fumaba, pero aún entonces tuvo tiempo de extender la mano, con la frente perlada de sudor y el semblante roto por el esfuerzo, atrajo una gran cantidad de arena de hierro, se conformó en un suspiro en su chaqueta que acudió rauda a su encuentro.

Había sido una noche larga, insoportable y molesta. Luger se marchó con las ideas aun sin clarificar, pues allí en el cielo, aún quedaban muertos a los que tenía que velar al llegar a casa. Resopló a desgana. Nada había que podía llamarse hogar.
PAÍS DE LA LUNA – GETSUGAKURE NO SATO.


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Re: [Entrenamiento Semanal] Unterricht

Mensaje por Yatori Hoshino el Jue Abr 19, 2018 6:28 pm

TEMA CERRADOPuntos otorgados a Luger .

  • Recompensa:10 PN
  • Total: 18.5+10= 28.5 PN


Apenada por la demora en la revisión.





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