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(Auto-misión) Operación Kalmia | Tsuki & Beretta & Luger |

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Rokujō Nanto
Getsu Genin

(Auto-misión) Operación Kalmia | Tsuki & Beretta & Luger |

Mensaje por Rokujō Nanto el Jue Abr 19, 2018 9:56 pm

Operación Kalmia.
Luger
País de la LunaGetsugakure no SatoPasado
Con el Sol caído, las estrellas emergentes en el negro lienzo sepulcral y la luz del día en pleno deceso comienza esta barbarie, esta oda a la ponzoña que mora en las lenguas, esta lucha de influencias. Este, es el designio de un feudo.

Aquel atardecer había resultado anodino, incomparable con cuantos hubieran poblado una vida como otra cualquiera. En él poco hubo reseñable mas allá del espectáculo usual de la luz moribunda, de los tonos anaranjados y rojizos empapando un horizonte inalcanzable. Uno que estuvo surcado por las arboledas lejanas que conducían a la costa oriental del país, y no muy lejos, alcanzarían los arrabales a los que se aprestaban en su cometido. Era un lugar exótico, surcado por un canal de maravillosa manufactura, un auténtico portento de aguas fluviales que permitía el paso de un lado de la isla a otro, un puente de aguas grisáceas para todo marinero que decidiera atravesar la isla, utilizando las aguas como senderos cambiantes. A su vera, caminaba Luger, con un cigarrillo en la boca a medio prender, la diestra depositada en uno de sus bolsillos y la zurda dejada caer como un muerto en vida. Había esperado no mucho y hacia delante, era capaz de seguir con la vista el camino que conducía a aquellos edificios pintorescos. Una calle principal bordeada por largos mantos de sedas hermosas, toda clase de banderas compuestas por minúsculas hebras de vivos colores que con bello resultado, reproducían imágenes, evocaban momentos y toda clase de hermosura. Era una calle exótica, aún refulgente en un vigor encomiable, con mercaderes atestiguando a quien tuviera la desgracia de hallarse cerca mediante gritos desaforados que hacían vibrar incluso el pecho. Luger hizo una mueca de desagrado, dio otra calada al tiempo que se apartaba el cigarrillo de los labios y lo toqueteaba con el índice, dejando escapar unas cuantas cenizas por el canal en cuya orilla permanecía.

Había llegado no hacía demasiado, realmente, escasos minutos donde pudo disfrutar de un atardecer vulgar por su repetición, banal por su falta de dramatismo en su opinión personal. Si, como cada tarde los cielos parecieron arder en hórridas sinfonías de guerras lejanas. Fuegos incandescentes que resultaban en el augusto preludio a la noche emergente. Aún entonces, nada que no hubiera visto cualquiera a lo largo de su vida. Se acercó de nuevo el cigarrillo para dejarlo reposar entre sus labios, al tiempo que se giraba para saludar a unos transeúntes que por ahí, con la inocencia que provee la ignorancia, caminaban y respondían al saludo con una respetuosa reverencia. Una que fue contestada de inmediato por un cabeceo, con una apuesta mayor; una sonrisa afable. Permaneció entonces a la espera, pensando en cuanto tiempo tardarían en hallar a los miembros de semejante grupúsculo. Si aquello terminaría antes del día siguiente, o quizás si los devenires del caprichoso destino los enfrascaran en un vórtice abominable de sangre, fatalidad y discordancia. Llevó la vista de nuevo a los caudales de agua flanqueados por largos muros de piedra que un día fueron blancas, ahora tan grises como la mirada cinérea de Luger. Allí, disponiendo de tiempo para pensar en cualquier nimiedad concerniente al encargo, comenzó a urdir qué clase de seres hallaría en aquella noche.

- Nada agradable, presumo. - Respondió entre susurros coartados por el cigarro que pendía de sus labios. Dio otra calada en respuesta al tiempo miraba hacia los lados, comenzando a impacientarse por su amada Beretta y en un plano de igual, pero distinto interés, a quien hubiera sido asignado a semejantes tareas. Luger reconocía que el feudo disponía de toda clase de payasos, charlatanes como él e incluso dantescas máquinas sedientas de un conflicto inagotable. Tuvo que reconocer que en su curiosidad y recelo habían razones mas concretas que el simple interés que fingía por todos los que le rodeaban. Si, claro... no por todos la mirada de Luger brillaba con el voraz interés de un arquitecto al contemplar una fugaz idea atravesar su pensamiento. En la mayor parte de las ocasiones nada podía esperar, siquiera profesionalidad, mucho menos virtuosas compañías mas allá de su querida Beretta. Sonrió de medio lado y volvió a dar una tímida calada. De pronto su cigarrillo perdió todo el interés, tanto que lo sostuvo con el índice y el pulgar de la zurda y permaneció por largos segundos escrutando su forma parda, su extremo encendido y las suaves volutas ascendiendo ¿Debía dejar de fumar? Era algo banal y estúpido en semejantes ocasiones, pero de Kyoren hubo escuchado no en pocas ocasiones que agriaba el gusto al besar. Luger se contrarió, torció el gesto y se preguntó como demonios iba a saber a qué sabía su propia lengua. No obstante en esa duda había un resquemor que permanecía, aún cuando volvió a clavar la colilla en el sitio al que pertenecía. Aún tras aquel gesto despectivo a un cambio tan profundo, Luger no fue capaz de determinar si merecía considerarlo por una segunda vez, no fuera que en su tozudez, estuviera resultando obtuso. Al fin y al cabo, se preocupaba de resultar agradable, amistoso y accesible para quien fuera, y en una medida desproporcionada, a Beretta. Negó para sí, al tiempo que volvía a torcer la mirada en dirección al barrio marginal. Aquel que parecía ocupar ambos lados del canal por estrechos puentes e incluso, roñosas cuerdas que de estable guardaban poco. Se decidió a desprenderse de cualquier pensamiento mas allá de todo aquello, volvió a dar una calada y repasó sus encomiendas, caviló y dirigió su mirada hacia la distancia, tratando de ver algo en el gentío o las sedas dispuestas.
Claro el objetivo, solo restaba comprender ¿Quienes eran aquellos desgraciados?


Última edición por Luger el Sáb Abr 21, 2018 9:27 am, editado 2 veces

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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

Re: (Auto-misión) Operación Kalmia | Tsuki & Beretta & Luger |

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Vie Abr 20, 2018 10:51 am

Operación Kalmia.
Beretta
País de la LunaGetsugakure no SatoPasado
La arrebatadoramente pintoresca aldea oculta del País de la Luna era, a priori, como comerse de golpe una caja entera de bombones de licor. Al principio, vagabundear por las empinadas y singulares callejuelas que inocentemente la conformaban te producía una impresión semejante a la que te envuelve después de recibir un impacto directo en la boca del estómago. Sin duda, en una primera instancia, te asombrabas ante sus expresivas edificaciones, te maravillabas perdiéndote entre sus innumerables detalles, sucumbías a la agobiante necesidad de mantener la mirada clavada en la fachada de semejantes construcciones en lugar de en tu camino. Oh, sí, no había recién llegado que no se dejara cautivar por los femeninos encantos de Getsugakure no Sato. Como una mujer especialmente hábil en su particular juego, experta en su maquiavélico e insondable campo, tejía adorables redes de mentiras a tu alrededor y, cuando finalmente entrabas en razón y querías desenredarte, ya era demasiado tarde. Estabas demasiado enmarañado, demasiado coaccionado; la ciudad se había hecho contigo y ahora te encontrabas a su absoluta disposición. Beretta, por más que no quisiera pensar realmente en ello, se había dejado manejar como todos los demás. El camaleón, a veces, también erraba sus cálculos, se equivocaba de disfraces.

Recorriendo el borde del canal principal, la nostalgia se había decantado por envolverla entre sus brazos de niebla y cubrir sus memoria con un tono sepia, desgastado pero atractivo. Como Luger.Oh, qué despiste.—volviendo a la comparación inicial, sí, la llamativa villa, en un vistazo rápido, al igual que un buen licor, te sentaba como una patada en las sienes. Pero luego... ¿qué pasaba al tercer dulce de la caja? la sensación se atenuaba. Cierta ingravidez continuaba meciéndose en tu vientre, mas los mordiscos perdían su efecto inaugural, su atractivo. Te terminabas el último bombón anhelando recuperarla, retenerla entre tus tambaleantes brazos el máximo tiempo posible; oh, todo el mundo sabía lo amargo que resultaba siempre una pérdida. Sobretodo en estos variopintos casos, donde la ausente (¿o más bien fallecida?) constituía uno de los pilares fundamentales que soportaban tu perspectiva. Nada era más triste que la muerte de una ilusión.

Antaño, la aldea le había parecido absurdamente encantadora, lugar placentero de toda festividad, el deleite del mundo, la máscara del País de la Luna. Le había inspirado mil y un cuentos de hadas, cientos de poesías de naturaleza discordante y relatos románticos tan empalagosos que no se atrevía ni a reconocer como suyos. ¿Y ahora? por supuesto, la seguía encontrando lira en su virtuosa apariencia, numen en la negra oscuridad que recorría sus empedradas aceras a altas horas de la noche, iluminación en las metáforas prendidas a los gruesos canales que la surcaban. No obstante... la magia había quedado brutalmente eclipsada por la melancolía. ¿En qué momento se había convertido en esa clase de escritores que tan sólo dejaban escapar de su grácil pluma versos desesperanzados, historias basadas únicamente en la desventura, cuentos sin final feliz? Para no variar ni un ápice sus viejas costumbres, Beretta desestimó sus propios reproches. Se acercaba al suntuoso punto muerto en el que había acordado reunirse con Luger nada más terminara de atender sus excéntricas y puntuales manías de narradora obsesiva: cualquier novela policíaca (¿o debería utilizar el socorrido término de 'literatura negra'?) que quisiera hacerse llamar como tal tenía que iniciar con un encuentro, una presentación fugaz e inesperada de los personajes principales. Luger, por supuesto, ocuparía el honorable y habitualmente subestimado papel de inspector; llevaría la batuta de la investigación, encadenaría las señales una tras otra y, finalmente, se atribuiría todo el mérito de la misión. No le importaba lo más mínimo: Beretta no estaba allí precisamente para participar. ¿Y el tercer elemento de aquella ecuación cómo sería? ¿cerraría un plantel perfecto o se limitaría a encasillarse en algún cliché clásico? le quedaba poco para descubrirlo.

Se pasó la lengua por los labios y, en un arrebato encantador, decidió prender un cigarro azabache y llevárselo a la boca en un ademán escueto, grácil. Últimamente, no fumaba tanto como debería; estaba perdiendo su toque de escritora, y nada la aterraba más que ello.
Dio una diminuta calada al arma negra y expulsó el vaho tarareando una melodía deliciosamente inconstante. Comenzaba a impacientarse, pues nunca le habían gustado los senderos demasiado largos; las marchas, en su gran mayoría, debían ser concisas y directas. En exceso, un camino sugestivo se podía convertir en un pasaje insufrible. Finalmente, en la línea estrecha que dibujaba el horizonte, diferenció la alargada silueta del acerado arquitecto que últimamente se había propuesto a sí mismo derruir el imperio que llevaba por nombre Beretta. Kan'ei se removió bajo la piel que habitaba, retrocedió hasta los confines más remotos de sus aciagas pupilas y le cedió la palabra al personaje, a la ficción. La escritora reconocía que las habilidades de Luger eran terriblemente ominosas: a fin de cuentas, estaba más que acostumbrado a llevarle la contraria a la naturaleza.—Tenía el agrio presentimiento de que estarías fumando, estimado compañero.—lanzó a modo de controvertido saludo, robándole palabras a su pensamiento con todo el descaro del mundo.—¿Quieres oír algo que se me ha ocurrido viniendo hacia aquí?—propuso, al tiempo que acortaba la distancia que los separaba y, guiada por la codicia, elevaba la diestra hacia los inmaculados labios del hombre para arrebatarle su fragmento de insatisfacción cautiva e intercambiárselo por el que ella misma llevaba prendido a las comisuras.—¿Te has parado a pensar que las góndolas son como cunas? se mueven en perfecto balanceo y el arca, encima, parece un ataúd espacioso. Está bien así... de esta forma, entre la cuna y el ataúd, indiferentes, podemos ir flotando por el Gran Canal.—le dio una calada al tesoro robado, contrayendo casi de inmediato una mueca agria, sumamente ácida.—Hay que ver, Luger... tanto tiempo, y todavía no sabes qué fumar.

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Tsuki Kunimune
Getsu Genin

Re: (Auto-misión) Operación Kalmia | Tsuki & Beretta & Luger |

Mensaje por Tsuki Kunimune el Sáb Abr 21, 2018 7:10 am

Automisión Aceptada:
Rango C

Nombre: Operación Kalmia
Lugar: Getsugakure no Sato

Encargados: Tsuki, Beretta y Luger

Longitud: Indeterminada

Descripción: El crecimiento de la aldea ha sido inaudito, exponencial y en algunos casos desorbitante. En estos años de vertiginoso desarrollo y descontrol, la administración es incapaz de hacerse cargo de cuantos problemas surjan entre la población. Los recursos son valiosos y escasos, no obstante, este problema requiere de intervención directa.
En los arrabales del este de la ciudad existen multitud de mercados exóticos, toda clase de gustos estrambóticos se ven satisfechos en aquellos lugares tan suntuosos. Donde parece que la pobreza se ha engalanado de unos colores bien diferenciados. Ahí, nos consta que han comenzado a operar cada vez a mayor profundidad en el sector económico, social e incluso militar, una desconocida organización de criminales. Estos no son como los demás a los que nos hemos enfrentado. Aunque su poder e influencias aún se limitan a unas cuantas calles en un barrio perdido del exterior de la ciudad, aún podrían llegar a trastornarse de formas insospechadas. Actúan con un celo, una solemnidad y un refinamiento indignos de su condición. Son crueles, desproporcionadamente sádicos en sus negocios y no obstante ha sido imposible encontrar a testigos que señalen a sus miembros, bien conocidos por nosotros, como culpables de ninguna clase de delito. No hay pruebas, pero los crímenes han sido cometidos y de ellos no podemos esperar colaboración.
Obtengan la verdad, desarticulen la organización y devuelvan la influencia de la aldea sobre aquellos lugares. No permitan que los encuentren antes que ellos a vosotros.

Notas: Será una misión delicada, llena de subterfugios, rechazo, ocasionales combates y fuertes dialogos. Se recomienda paciencia, pulcritud y profesionalidad.

Tsuki
Necesitaba dinero, como era costumbre, sólo iba a misiones cuando lo necesitaba; a veces simplemente para comprarse algún lujo, otras veces porque la matriarca de su abuela le obligaba a apoyar algo en su hogar; aunque esta vez estaba tratando de convencerse a sí mismo que en realidad iba porque quería ser un mejor shinobi, porque esa era su responsabilidad. A decir verdad la misión en cuestión era... algo extraña, al contrario de lo que estaba acostumbrado, se encontraría con unos desconocidos compañeros cerca al área, ¿por qué?, ¿cómo sabría tan siquiera que eran ellos? Pidió apenas a un superior una vaga descripción de sus compañeros y marchó tan pronto rápido como se le permitió.

No le agradaba para nada esa clase de encuentro, ¿debían acercarse al lugar, simplemente ponerse a platicar a idear un plan? Además, esta sonaba más a una especie de misión en cubierto, en la cuál lo último que le gustaría demostrar era a lo que se dedicaba, si es que realmente los empleados —si es que les podía llamar así— estarían patrullando constantemente. Sentía que estaba yendo a la misión con los ojos cerrados, dicho de otra manera, el rubio notaba una clara desventaja de su parte. Suspiró para liberar la frustración antes de comenzar con su camino, la dirección en donde encontraría los chicos.

Al parecer, Tsuki fue el último al llegar, pudo verles desde lejos y reconocerlos por los datos que había sido capaz de recolectar, sólo esperaba que no todo fuese falso o nada más allá que simples rumores los cuales no le llevarían a ninguna parte, pero realmente no tenía una mejor opción. Parecía que ambos ya se conocían (o eran muy buenos socializando), hasta el punto de compartir vicios y quejarse por el gusto de éste. Lo único que hizo fue rodar los ojos, estaba casi seguro de que la situación se tornaría bastante incómodos estando en el medio de ellos dos

Buen día —murmuró apenas estuvo a una distancia adecuada, el Orochi se veía pulcro, con una extraña mezcla de elegancia y la flojera representada en una persona—. Lamento interrumpir sus criticas al cigarro ajeno; soy Tsuki —como solía hacer, comenzaba con un actitud agradable, dejando a relucir sus modales acompañado de una máscara de amabilidad, se seguiría comportando de esa manera, de nos ser que comenzara a conocer a ambos; en ese caso evaluaría con sus propios criterios, pudiendo desechar el buen trato hacía en individuo en cuestión, sólo en caso de que no sintiera que le convenía.

Getsugakure




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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: (Auto-misión) Operación Kalmia | Tsuki & Beretta & Luger |

Mensaje por Rokujō Nanto el Sáb Abr 21, 2018 9:17 am

Operación Kalmia.
Luger
País de la LunaGetsugakure no SatoPasado
Beretta esta vez no llegó como ningún vendaval de desventura perdida. Acostumbrado a los arrebatos de poesía irrefrenable, Luger se sorprendió con grata satisfacción de sostener una conversación de lo más tranquila, al tiempo claro, tan lírica como ambos acostumbraban. Le devolvió una sonrisa a modo de bienvenida que correspondió en efecto a su comentario. En ocasiones Beretta parecía conocer los designios de su pensar, la justa medida en la sinfonía que denota al arquitecto de la misma, la forma, la disoluta disciplina de un hombre sin nombre que se presentaba ante ella, y aún entonces adivinando con abrumadora certeza cada pensamiento. Robándolos, pues en cierto sentido, Beretta era su ladrona, su magnífica tormenta asesina de secretos, expoliadora de vergüenzas y dudas. La quería justo como era; ella era el sentir y al emoción que toda una vida podía experimentar. En su insistente medida sin control. Nada hizo cuando en un alarde de picaresca, su amada intercambió entre ellos el objeto de sus vicios y adicciones; la ponzoña escogida. No hizo mas que sostenerlo entre los labios un momento, agarrarlo con delicadeza y dedicarle una mirada de reconocimiento.

- Tumbas y cunas en el mismo vehículo ¿Eh? - Respondió de inmediato con sonora diversión. - No sé si llamarlo poético, sórdido o adecuado el hacer uso tanto de lo primero que nos sostiene en el mundo como el último lecho. Quizás algo desagradable para quien no tenga nuestras inclinaciones, Beretta. - Apenas hubo pronunciado las palabras cuando se llevó el cigarrillo prestado a los labios, dio una calada y reconoció al instante cual de los dos invertía mas dinero en una muerte prematura. - Si me lo pagas tú, fumaré lo que gustes, querida. - Respondió en afable e incisivo comentario, al tiempo que se enfrascaba en aquel nuevo placer de suaves volutas. Era un tabaco controlado, medido al milímetro, delicado en su golpe y de gusto asombrosamente sedoso en el paladar. Un objeto de refinados paladares que por supuesto tuvo que venir de Beretta y no de ninguna otra persona. Otros se habrían sorprendido, habrían aprendido un nuevo delicioso rasgo de la dramaturga y la habrían admirado con los ojos de la devoción emergente. Conocía ese proceso, lo había vivido de forma incontable y cíclica. Siempre pensando que todo lo sabía de ella, de quienes había sido o de los retazos de cuanto podría ser en el futuro. Justo cuando consideraba que podía conocer cada paso y cada sílaba de su siguiente lirismo desatado: se equivocaba. Y eso volvía a repetir el ciclo, volvía a dar comienzo el carrusel de final inacabado y comienzo silenciado. Uno nunca pudo saber cuando dio comienzo o donde podía encontrarse. Era mejor dejarse llevar.

Permaneció observando el canal unos momentos, justo cuando a su espalda emergió el tercero en la partitura. Una voz que pudo calificar de haber podido como la tímida viola de voz sesgada que persigue al virtuoso violín; tan magnífico como él, tan grande y admirado pero aún entonces ignorado. Giró sobre sus talones con el cuidado de que el gesto resultara inofensivo, meticuloso pero sin llegar a ser exagerado. Se presentó ante él justo lo que su voz denotaba. Un chico de rubios resortes por cabello, hebras del sol lejano por corona y ojos del cielo mas intenso. Le sonrió y apagó el cigarrillo con la punta de sus dedos, tiró de la ceniza atrapada y la arrojó al caudal para guardar el cigarrillo en uno de los bolsillos interiores de su chaqueta. De Beretta y sus refinados placeres, nada se desperdiciaba.

- ¡Tsuki! Una luna ha descendido a visitarnos como introducción a esta noche. Somos afortunados, querida. - Volvió a sonreír con evidente diversión, para luego acercarse un par de pasos, tendiéndole la mano enguantada que no hubo tocado ceniza alguna, con el semblante de un amigo olvidado al recordar un afecto reencontrado. - No lamentes nada. Puedes llamarme Luger. Espero que no te haya sido complicado encontrarnos. -

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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

Re: (Auto-misión) Operación Kalmia | Tsuki & Beretta & Luger |

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Sáb Abr 21, 2018 12:37 pm

Operación Kalmia.
Beretta
País de la LunaGetsugakure no SatoPasado
A medida que sus melifluas e inofensivas líneas lograban acariciar el amargo paladar de Luger, Beretta casi era capaz de intuir la estrambótica manera en la que el artilugio del metódico arquitecto se ponía nuevamente en marcha como un reloj puesto en hora; para variar, hoy eran sus aciagos metales sin forjar los que refulgían en algente plata.—Si tuviera que preocuparme por la opinión general, jamás llegaría a escribir ni una sola palabra.—protestó con remarcada decepción, al tiempo que le propinaba una nueva calada al negro tesoro robado y concedía a sus facciones el privilegio de dar vida a una mueca de sincera repulsión. Se pasó una lengua por los labios, asegurándose de que no quedara ni un solo centímetro de su piel contaminado por aquella nauseabunda toxina. ¿Por qué continuaba devorándola entonces? oh, sencillo, porque le daba la gana. O porque era de él, tal vez. Ligeramente turbada por sus propias e incongruentes reflexiones, Beretta mordisqueó con desgana el extremo inferior del cigarrillo; por un instante, se planteó la posibilidad de deshacerse de aquel retazo de muerte prematura. Aflojó la presión de sus inmaculados incisivos sobre el filtro: desechó la indigna idea en cuanto osó atravesar sus desastradas ensoñaciones. A pesar de su mal sabor, ayudaba a llenar aquel vacío que la ausencia de Luger siempre le provocaba en la embocadura del estómago.—Te los pagaría encantada, querido... pero a mí me los regalan, lo lamento en el alma.—replicó, permitiendo que en sus suaves comisuras se posara una mariposa en forma de velada media sonrisa. La explicación se la entregó sin filo, sin ganas de herir o cortar. Le dio un ligero y cauteloso toque en la nariz, para luego hacer descender su experta diestra hasta la altura de su trajeado pecho.—Llevas mal anudada la corbata.—sin darle demasiadas vueltas al asunto, hizo descansar el instrumento asesino en sus labios y dedicó un par de instantes al nudo que coronaba la vestimenta de su alabastro. Las primeras impresiones eran cruciales, y no pensaba permitir que ni un solo detalle se encontrara fuera de su eminente lugar. La introducción de aquel negro arco argumental debía resultar más que brillante, ¡espléndida desde el inicio hasta el final! Una vez concluido el sistemático retoque, asintió ligeramente para sí.  Manías de escritora.

Extravió su descolorida mirada sobre las tersas aguas del canal el tiempo justo como para perderse la inminente llegada del tercer vibrante componente de aquella policíaca historia. Por ello, lo primero que se le quedó grabado en su oscilante memoria acerca de Tsuki Kunimune fue su dúctil, pero al mismo tiempo disciplinada, voz. Sin duda, aquel muchacho habría sido un virtuoso del violonchelo. Un instrumento fundamental, grave. Tras un instante de tambaleante duda, se decidió a guardar silencio; permitió que fuera Luger quien tomara la iniciativa en aquel predestinado encuentro. A fin de cuentas, era su compás el que marcaba la dirección hacia la que girar en cada escena, ¿no? Antes siquiera de echarle un primer y comedido vistazo al recién llegado, dejó reposar sus desvaídos iris en las noctámbulas e incomprensibles pupilas de su compañero; flagraban en su acero fugaces lampos. A cada palabra pulcramente articulada, el trueno se removía en su mirada. Ahora sí, le concedió al joven Tsuki toda su cuidada atención. Con gesto cándido, se deleitó en el enigma escondido dentro del muchacho. Para su grato deleite, había cumplido con la primera y más importante de sus expectativas: dejar una imagen incompleta de sí mismo. Laureado su infantil rostro en oro y coronadas sus facciones por dos ojos de luciente cristal, Beretta se maravilló ante la brillante perspectiva de ganarse su reluciente simpatía. ¿No podía acaso, aquel inapetente chiquillo forjado en dorado, convertirse en un príncipe desterrado? ¿o, quizá, en un aspirante a héroe empujado a los márgenes del sistema por culpa de alguna injusticia inmerecida... o, mejor aún, de un castigo justamente ganado? Reunía las cualidades visuales para ello: el oro resistía las leyes entrópicas de la descomposición.—Encantada, Tsuki.—saludó, añadiéndole a su habitual tonillo encantador un timbre alegre, desinhibido. Se envolvió en su piel de camaleón, se aproximó a la altura del chico y le depositó un diminuto beso en cada una de sus pálidas mejillas. Le sonrió, peligrosamente cercana.—Soy Beretta, pero quién debe interesarte de veras es Luger. ¡Es un arquitecto! Un profeta en el verdadero sentido del término... o así debe ser, al menos. Si no puede ver, por lo menos, diez años hacia delante, no merecería ser llamado arquitecto.—le concedió espacio al chico, desviando ahora la mirada hacia el maestro de la obra. El mar estaba listo y plateado, en la distancia brillaba su barco de acero y en el cielo aún claro se distinguía la luna... una circunferencia blanca con abolladuras de sombra.

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Kuroda Yukimura
Getsu Genin

Re: (Auto-misión) Operación Kalmia | Tsuki & Beretta & Luger |

Mensaje por Kuroda Yukimura el Sáb Mayo 12, 2018 1:16 pm

TEMA PAUSADOEste tema permanecerá cerrado y pausado a petición de los usuarios.

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Kuroda Yukimura
Getsu Genin

Re: (Auto-misión) Operación Kalmia | Tsuki & Beretta & Luger |

Mensaje por Kuroda Yukimura el Miér Jun 06, 2018 2:28 am

TEMA ABIERTOEste tema ha sido reabierto a petición de los usuarios.

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Tsuki Kunimune
Getsu Genin

Re: (Auto-misión) Operación Kalmia | Tsuki & Beretta & Luger |

Mensaje por Tsuki Kunimune el Lun Jun 11, 2018 7:24 am

Operación Kalmia.
Tsuki
País de la LunaGetsugakure no SatoPasado
¿Cómo podía Tsuki describir lo que había encontrado? Se trataba de un par bastante inusual, sin duda, él mismo diría que se encontraban demasiado emocionados para estar en el inicio de una misión, incluso dudó de haber encontrado a las personas correctas, hasta que ambos dieron media vuelta para verle directamente, sí, correspondían a las descripciones que había recibido antes de partir «Tsk» se limitó a pensar el joven. ¿Acaso era una broma? No le sorprendería que su abuela tomara cualquier medida para sacar su flojo trasero a la calle. Sin embargo, el rubio estaba acostumbrado a tratar a la gente como era tratado él, aunque... mentiría si digo que sabía exactamente como comportarse.

Arqueó ligeramente una ceja ante el comentario de su nombre compartido con el satélite, eso era nuevo. Normalmente a la gente le daba igual su nombre, ahora el extraño chico peliblanco le extendía la mano, Tsuki no quiso ser descortés, por lo que extendió la mano para corresponder el saludo—Bueno, realmente no son el tipo de personas que pasan desapercibidas —respondió con una ligera risa. Si pensaba que eso era extraño, no imaginaba lo que pasaría a continuación: la chica tuvo la osadía de darle un par de suaves y fugaces besos en la mejilla, ¿¡qué demonios!? Claro que el Orochi, como todo un inexperto ejemplar masculino, sintió algo extraño recorriendo su cuerpo, un poco de enojo mezclado con placer. Ninguna chica antes lo había saludado así, era demasiado vago como para socializar y tener amistades lo suficientemente cercanas donde existiera confianza suficiente para ese tipo de saludo.

Sin dudas fue algo difícil de ocultar para el chico, pero se aferró a la distracción, ni si quiera llegó a sonrojarse, aunque su ritmo cardíaco se alteró, similar a cuando uno detecta una amenaza, porque aquel beso más allá de excitarle, por alguna razón se había sentido como una mordida lanzada al aire, casi como las mismas serpientes que se dedicaba a invocar para cumplir sus deseos, sólo que la chica no sería como aquellos reptiles, parecía que ella tenía su propio invocador, mismo que se encontraba ahora frente a él—Es un placer —dijo al fin, con una pequeña sonrisa ladeada—, parece que ambos se conocen bien. Casi me hacen sentir como la tercera rueda —agregó—. Pero ya tendremos tiempo para socializar en otra ocasión, ahora no hemos viajado para eso, ahora estoy ansioso por ver las habilidades de nuestro arquitecto profeta —La sonrisa se borró de su cara, pero la expresión amigable continuaba tapando sus hipócritas palabras, porque Tsuki quería hacer de todo, menos trabajar.

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Tsubame Yamanaka
Renegado C

Re: (Auto-misión) Operación Kalmia | Tsuki & Beretta & Luger |

Mensaje por Tsubame Yamanaka el Lun Ago 13, 2018 1:08 pm

TEMA CERRADOPuntos otorgados a Tsuki

  • Mediante post: 2 PN.

Puntos otorgados a Setsuna Kan.ei:

  • Mediante post: 4 PN.

Puntos otorgados a Rokujo Nanto:

  • Mediante post: 4 PN.

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