Últimos temas
Afiliados
Limpieza 09 - 05 - 18

 photo untitled45.pngBoku no Hero ROLLoving PetsCrear foroOne Piece LegacyCrear foro

Entrenamiento Semanal | Klavier |

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Entrenamiento Semanal | Klavier |

Mensaje por Luger el Mar Abr 24, 2018 6:27 pm

Klavier.
Luger
País de la LunaGetsugakure no SatoEntrenamiento Semanal
Nada podía decirse, ninguna disculpa habría bastado para resarcir el agravio infligido. Nada habría calmado el intenso dolor en aquella herida que sangre desposeía, pero si vergüenza y desconcierto. Porque incluso en estos días era superfluo tratar de enmendar algo que nació erróneo, sin vida llena de la gracia y certeza como la que el mundo acostumbraba a dotar a cuantos seres caminaran por la tierra, surcaran los cielos o se sumergieran en los detestables lechos marinos de este mundo. Luger hizo una mueca de desprecio que ahuecó todo principio hasta aquel instante, caminando por aquellas calles sin nombre, arrabales sin dueño ni preponderado. Allá donde el humo de la artesanía siembra negras lanzas irregulares en un cielo de mediodía. Donde el veneno asciende en grotescos pilares; la garganta de un feudo a punto de estallar y colapsar ¿Y cuando poseía Luger en esa vida? ¿Cuanto podía deberse a su acción y obra? Nada más allá de alimañas dadas por muertas, asuntos nimios y deleznables. Su trabajo, su vida... ¿Que sentido tenía todo aquello? Caminando por la negra avenida, con un enorme jardín de plantas muertas que discurría acompañándole todo el trayecto, Luger pensó con verdadera lobreguez sobre el transcurso de las cosas. Sobre oscuras pretensiones, negros designios, corazón tan marchito y abominable como aquellas que mueren en interminable sucesión a su derecha; Luger no sabía que pasos dar.
No lo supo entonces, cuando su vida quedó atenazada por el contacto con la realidad ¡Negación! Fue entonces lo primero que surcó su mente. Ahora que resultaba imposible seguir negando el aire, la sangre que se deslizaba por sus manos, el acero chirriante y el complejo trabajo del enigma que componía su existencia en el feudo, no sabía que hacer.

Se dirigió a aquellos arrabales con una intención desconocida, sórdida en ocasiones, siempre deleznable por quienes preguntaran y obtuvieran una sincera respuesta. Caminó sin saber a donde ir, cruzándose con personas de rostros marcados por la inquina, sorprendidas, deleznables, hambrientas en su mayoría... pero no tanto como Luger. Él tenía un hambre, negra, esquiva, profunda y espantosa que llevaba consumiendole toda una vida. Ahora que el mundo parecía comenzar a permitir su disección, ahora que Luger sostuvo el escalpelo, abrió sus costillas como si de una caja de música se tratase y disfrutó de sus hórridas letanías, supo ver más de lo que debió haberlo hecho jamás. Alzó la vista y reconoció no con poca dificultad donde se encontraba. A varias manzanas del centro del infecto arrabal, acercándose a uno de los canales sépticos, donde los excrementos, la sangre coagulada y los desperdicios de miles flotaban alegremente sobre las aguas estancadas. A poco margen se le llamaban aguas a aquellas masas informes, engendros a medio camino entre el líquido y lo horriblemente húmedo, pero aún sólido. Chasqueó la lengua con fastidio. Sabía con certero fastidio que aquellos lugares rebosaban de personalidades conocidas. Quiso alejarse, y en un arrebato de concisa practicidad, torció el camino hacia la izquierda, tratando de atravesar unos callejones flanqueados por altos edificios de grises compases. Caminó rápido, altivo y siempre atento a cuanto ocurriera a sus espaldas. Aunque su rostro no era desconocido en esos lugares, aquello no tenía porque representar algo agradable.
Supo en muchas ocasiones cuales eran los compases de aquel lugar detestable, a que son bailaban sus habitantes demacrados y con qué frecuencia todo aquello se convertía en un requiem sin final. Aquello le hizo sonreír con una lucidez triste, pero veraz. Bajó la vista, metió las manos en los bolsillos y consideró cuanto le fue posible al tiempo que esquivaba desechos dispuestos en aquel largo y retorcido callejón que debía llevarlo al infecto canal y de ahí; los cielos decidirían. La frecuencia de aquellos paseos sin destino comenzaba a resultar angustiosa, mucho más al comprender cuanto su vida se parecía a un requiem inacabado, uno que siempre parecía llegar a un final aburrido y sin sentido, para formar un repunte magistral y nunca cesar. Torció el gesto con disgusto, pasó la mirada por las ennegrecidas paredes del callejón y entonces; fulgurante destello de carne y acero oxidado.

En un gesto arrebatado, Luger consiguió detener su camino justo al momento en el que un cuchillo rasgaba el aire justo por delante. Un tajo, otro, y a cada paso Luger sentía que toda aquella sorpresa le embargaba y consternaba. Y cuando quiso darse cuenta una estocada estuvo bien cerca de perforarle el abdomen, retrocedió finalmente interponiendo la diestra entre su atacante y él para descubrir una risotada lenta, monótona y casi forzada.

-Diestro... ¿Que estás haciendo? - Preguntó, con la voz entrecortada por el esfuerzo ante la bestia que se había presentado; babeante, restallando en una furia que no era capaz de comprender del todo, angustiada por cuanta carne debía ingerir hasta morir en el proceso.

- Nada, amigo. Pero te vi distraído y pensé que querrías bailar con el viejo Diestro. Algo de la música que siempre me relatas puesta en práctica. Un beso del óxido atravesando los dientes y perforándote la garganta tras ellos. A ti te van estas cosas, Luger, no a mí. - Aquel hombre de voz seca, hosca y sedienta era la de Diestro. Un hombre alto, monstruosamente fuerte que superaba los cuarenta, de entradas elevadas, pelo castaño y cano, barba de varios días y con el aspecto de no haber bebido en siglos. Tal era la bajeza de su voz, la gravedad, la sequedad y gutural secuencia, que Diestro siempre pareció artificial. Un abyecto villano de novelas, el hombre de los cuchillos mellados, embotados y sin afilar del todo. Alguien con quien no quieres encontrarte. Luger hizo una mueca de desagrado, se recompuso y bajó las manos, pretendiendo fingir un encuentro agradable, pero algo, hizo que Diestro pareciera más amenazante, discordante y preso de un sentir inalcanzable para Luger. - No me gusta que uses esos trucos conmigo, Luger. Te dije bien claro que no tolero esas malas artes en mi presencia ¿Quieres seguir tu camino? - Señaló hacia su espalda con su particular cuchillo oxidado, sin ninguna sonrisa de desafío, tan solo el semblante de un hombre que probablemente, gustaba de estar nadando en aguas demenciales. - Ábrete camino a través del viejo Diestro. Vamos, hace semanas que no te veo y siento que debemos acercar posturas. Dime... ¿Que piensas de mi? - Entonó su propia mención alzando el tono, con aquella voz rota del todo, hizo que pareciera algo dantesco y horrible.

Luger no dió ni un paso, apenas respiró con regularidad y mantuvo un rostro impertérrito. De Diestro sabía tan solo su mordaz reputación; un compendio de excesos de violencia íntima, donde su cuchillo parecía vibrar más rapido que su lengua, cantar alabanzas al óxido y al herrumbre, expresarse mejor con su inusual presencia de siniestras cortes. Calló cuanto se pensaba de él realmente, pues bien sabia del ego de los hombres como Diestro. Era inconstante, veleidoso y peligroso en estas situaciones. Detestaba todo cuanto tuviera que ver con el mundo al que él denominaba "indigno" con la pretensión insana de presentar su vida como ejemplo de virtud. Una torcida, abominable y abotargada de espanto. Sonrió en respuesta.

- Todo lo bueno, Diestro ¿Que puedo pensar de un hombre con el que apenas he hablado al intentar abrirme la carne? Porque tu cuchillo no corta, amigo. Tu cuchillo impacta, rompe y sierra con desigual proceder. Ah, de ti Diestro, uno solo puede pensar lo bueno, lo extravagante y lo mejor. - Deslizó la diestra hasta el interior de su chaqueta, se hizo con un largo kunai de negro metal, pudo ver como Diestro forzó una sonrisa desproporcionada. Bajó su arma, ambos lo hicieron, se dedicaron una mirada desprovista del cariño que se profesan los dignos rivales. Aquello no era ningún duelo, ningún acto de honor puesto a prueba, tampoco una lucha desigual y Luger, sabiendo de su condición y que podría deflectar todo el acero que Diestro pudiera utilizar en su contra, se contuvo ¿Como no hacerlo ante semejante monstruo? En su día pudo oír cuanta furia desataba, el como con sus manos desnudas hubo arrancado la vida del cuerpo de un miserable Genin de catorce años apretando su cuello hasta que nada hubo entre sus manos. No hubo mas pensar, solo proceder, muerte y discordancia.

Ambos se arrojaron sobre el otro, con Diestro arrojando sendos bufidos de furia, arrojando tajo tras tajo, y Luger intentando hallar descanso entre unos y otros. Abrió la guardia, y de un descenso ominoso, Diestro a punto estuvo de rasgar el rostro de su oponente, Luger retrocedió y antes de conseguirlo, una diestra patada le derribó en el suelo. Diestro gimió en un intenso e insano placer, se abalanzó con la furia de una bestia incongruente, estocada tras estocada el suelo restalló con las chispas de un cuchillo romo, con Luger retrocediendo, buscando apoyo en una de las paredes. En el mismo instante comenzó a intercambiar golpes, danzas. Tal era lo descarnado del combate, la pérdida del terreno sobre Luger que incluso se proyectó la posibilidad de desprenderse de todo aquello, matar a Diestro... huir. Apartó todas sus ideas de pronto con la siguiente embestida de Diestro.

-¡Ven! ¡Vamos, Luger! ¡Quiero hablar de verdad! - Gritaba Diestro, y esta vez su voz parecía entrecortada por el esfuerzo, por la demencia vibrante que parecía poseerlo. Luger se dedicó a esquivar su cuchillo, pasando por debajo de uno de los golpes de Diestro, quedando a su espalda e instando a su arma a encontrar la carne de su oponente, encontrando el aire en un rápido movimiento del mismo en forma de agradable danzar. Pronto, el cuchillo de Diestro volvió a descender, intercambiar golpes, avanzar con dos estocadas, dos pasos abyectos que a punto estuvieron de costar un estómago y un hórrido sufrir. Lanzó dos tajos de advertencia, Diestro no retrocedió, chocó su cuchillo con el de Luger, sintió el vibrar del golpe y pareció enardecerse con mayor intensidad. Gritó de nuevo, se arrojó en un frenesí desconocido y se dirigió a por el pecho de su contrincante. Lanzó dos besos, uno por cada lado, en forma de cuchillo embotado que rasgaron ropa y pronto encontraron el arma de Luger acariciando el rostro de Diestro y entonces, se detuvo. Dio un paso atrás y sintió la sangre manar en delicada caída desde su mandíbula inferior. Su rostro entonces se ensombreció, no dijo nada, no hizo nada. Señaló el camino tras Luger con un cabeceo. Tan siniestro como acostumbraba, tan enigmático y devastado como siempre sería hasta el fin de sus días. Luger no dudó, dio media vuelta y procuró abandonar el lugar a la mayor brevedad.

Sintió el corazón desbocado, las piernas temblorosas y no soltó el arma. Permaneció atento todo lo que le resultó posible a sus espaldas. Sintió una sensación espantosa, una traición que era inminente, que descendería sin previo aviso y costaría mucho más que la llana vida. Un calor surcaba su abdomen, palpó la herida recién hallada, supo que no era grave pero aún entonces, maldijo su suerte.


lugerfirma

Volver arriba Ir abajo

Re: Entrenamiento Semanal | Klavier |

Mensaje por Natala Nendo el Mar Abr 24, 2018 6:47 pm

TEMA CERRADO.
ENTRENAMIENTO: 9 PN



Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.