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| Auto-misión | Operación Sonnenblume

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Rokujō Nanto
Getsu Genin

| Auto-misión | Operación Sonnenblume

Mensaje por Rokujō Nanto el Miér Abr 25, 2018 4:56 pm

Operación Sonnenblume.
Luger
País de la LunaGetsugakure no SatoMisión
Un día gris como otro cualquiera, uno donde los pajaros cantan con la monotonía del ayer, donde el sol parece reticente a bañar la tierra con una luz que cree inmerecida. La gente camina por las calles como viene haciendo cada día; siempre los mismos rostros repitiendo el ciclo inacabado de una vida que transcurre sin motivo ni pesar de magnitud. Otro sentir, otro cabeceo sobre la cama habría sido preferible pero, aquel día gris de primavera, asuntos dispares requerían de las atenciones de Luger. Un par de golpes sordos sobre su única ventana al exterior le convencieron de su tarea. Deslizó la mirada con plomizo desenlace sobre el reloj de pared; las once y media. Paladeó con desgana sintiendo los sabores de la desidia y la insistencia de un deber que debía cumplirse. Carraspeó hacia la nada y se dirigió a la misma ventana al tiempo que usaba los dedos, aun desprovistos de sus particulares guantes, para echarse el pelo ensortijado de la mañana hacia atrás. Una sola vista al exterior le bastó para comprobar cuanto debía hacer.
Transeúntes, hombres anodinos, mujeres vulgares, ancianos cuyos mejores días pasaron hacía mucho y entre todo el gentío, bajo un cariz que muy pocos podrían observar, aquel niño de pelo lacio, oscuro como la dentellada de una alimaña bajo las sábanas y con cara de haber muerto de camino al encuentro. Era el miserable de Kain. Un niño siniestro de pocas palabras, altura insuficiente y varas delicadas por brazos. Una sola mirada entre ellos bastó para que Luger abandonara la ventana y Kain la calle. Era el procedimiento habitual.

Se vistió con una particular parsimonia, enfundándose en sus guantes por supuesto, como punto de inicio para aquella anodina aventura sin héroes, doncellas y mucho menos quiméricos encuentros. Luger torció el gesto con cierto interés renovado. Si, pensaría en ello de tal forma. Carraspeó pesadamente, agarró su batuta invisible de maestro de ceremonias y al tiempo que se anudaba la corbata bajo la garganta a modo de soga de ahorcado invertida. Paladeó las palabras, sintió su corazón emocionarse tan solo un ápice por la farsa a punto de representar y levantó las manos con teatralidad en la solitaria compañía del aire polvoriento de un piso que haría las veces de escenario decadente, y gradas solitarias.

- Acérquense cuantos piernas tengan para lograrlo, o arrastrense si ello lo mereciera, caballero – Añadió al final dedicándole una mirada de mordacidad apagada a una silla coja, rota y tan ajada como la residencia al completo. - Escuchen la historia de un héroe con perversa reina por amante, no ninguna doncella, pues ella hacía mucho que había sido devorada por quien ahora amaba. - Recorrió el piso ladeando la mirada, buscando su chaqueta con lentitud redomada, sin cesar un instante en su desinteresada puesta en escena. - Ese héroe que a nadie salvó, ese que nombre no tiene y tampoco corcel altivo que espere bajo su ventana. Aquel que viste de negro, se ahorca cada mañana... - En mitad de la búsqueda y al quinto paso, halló demasiado apretado el nudo de la corbata y decidió soltarlo un poco soltando un minúsculo quejido por el esfuerzo. Poco después encontró su chaqueta bajo la mesa, entornó la mirada con cierta confusión y se la echó a los hombros sin querer indagar mucho más. - ... ese que se deja la capa bajo las mesas sin recordar porque sus cigarrillos están mojados pero no el resto del manto. - Anunciaba, al tiempo que encontraba su ponzoña escogida en forma de tabaco mugroso, mojado e insalvable. Hizo una mueca de contrariedad, arrojándolos al suelo, abriendo la puerta y saliendo por ella. Sin ni siquiera molestarse de cerrar tras él. - El héroe nada tiene, ni castillo, ni sirvientes, ni tesoros bajo el suelo. - Ladeó la mirada mientras desfilaba hacia el exterior atravesando un pasillo con moho como escolta. - Bueno, quizás algo indigno de ser buscado. - Comentaba por lo bajo.

En unos instantes salió del edificio, saludó a una pareja de vecinos que entraba y les preguntó por la salud del viejo y entrañable Soryu, aquel hombre laborioso y emprendedor que abrió en su época la primera pastelería dedicada de la calle. Tras unos intercambios de cortesía Luger al fin se sintió libre de escapar de aquellas insultantes muestras de falsa concordia. Atravesó la avenida, se deslizó unos callejones mas hacia la derecha y luego se internó en una suerte de parque comunitario, provisto de enormes sauces de ramas frondosas; algunas habían comenzado a florecer hacía tan solo unos días. Respiró profundamente el aire cargado de las fragancias vegetales y rodeó el árbol con resuelta tranquilidad. Bien sabía, y así fue, Kain el desventurado se hallaba con la mirada clavada en el suelo. Apenas un paso transcurrió entre su cabeza de negro esperpéntico asomando entre los sauces y su delgado brazo tendiendo un trozo de papel deslustrado. Luger la agarró y Kain de inmediato se levantó de un salto dirigiéndose a la salida. Hizo una mueca de ofensa fingida al tiempo que abría el mensaje entregado.

- Que niño tan desagradable. -

- Tengo tu edad. - Añadió Kain justo al irse por el mismo callejón por el que Luger habia entrado. Le respondió entornando la mirada, dando un par de pasos para dirigirse al encuentro del niño que resultó no serlo sin éxito alguno.

- No, no puede ser. - Mencionó con la incredulidad y normalidad con la que alguien afirma que la lluvia cae hacia abajo y no de lado. Prefirió dejar aquellas pesquisas para luego, revisando aquel mensaje tan simple de cometido igualmente sencillo:  observar. Lanzó un resoplido que se transtornaba en suspiro a medida que el aire silbaba hacia el exterior. Se guardó el  mensaje en uno de los bolsillos del interior de la chaqueta y se dirigió a su angustiosamente burdo cometido.

Pasaron menos de veinte minutos de lenta caminata, salpicada por los saludos a algunos conocidos cuyo nombre no recordaba y a los que sencillamente llamaba "amigo" en un intento de parecer cercano. Se abrió paso entre el gentío a golpe de sonrisa y amable comportamiento, entre tantas víctimas, finalmente pudo vislumbrar el puerto; su objetivo indirecto en aquel conteo anodino de estibadores sudorosos. Era la clase de trabajos que te hacian replantearte el rumbo de tu vida, y en Luger fue muy similar al sentarse en un puesto de aperitivos, pedir un triste vaso de agua para calmar una sed "insoportable" y permanecer atento a quienes salían y entraban.

Fueron horas extenuantes, donde el único reto fue el marear al dependiente para que no consiguiera echarle de su asiento, eso y el poder controlar los rostros de quienes atravesaban la puerta de la oficina portuaria que ahora era el objeto de sus atenciones. Como resultaba lógico, no iba a permanecer apuntando rostros, nombres ni direcciones justo en la puerta con la mirada clavada a quienes entraban y salían a menos de seis metros de él. Habría resultado estúpido y sospechoso.

- Al héroe le faltan años para ser tan descuidado. - Añadía mientras daba un sorbo minúsculo al mismo vaso de agua del principio al tiempo que mantenía una rigurosa atención ,que pretendía ser descuidada, en aquella oficina donde los productos venidos y enviados con el resto de los mares como cauce. Pasadas aquellas horas, tuvo la oportunidad de contemplar a muchas personas. Algunos nombres arrojados imprudentemente al aire, ciertos rostros de desgana persistente en vista de una jornada insufrible que volvía a sucederse, personalidades especialmente lacónicas o con tendencias a una moralidad sorprendente en aquellos ambientes donde el dinero y el escorbuto parecían bailar a un ritmo extravagante. Justo al irse, Luger pidió una cuenta que no debía provocando por última vez a un tendero que a punto estuvo de partirle el vaso en la cara. Tuvo la prudencia de alejarse al tiempo que la pedía, dirigiéndose con un largo rodeo a su  residencia al tiempo que apuntaba en el mismo papel ofrecido por el niño raquítico con aires de edad, las pesquisas obtenidas. Lo depositó en una grieta acordada situada a menos de dos calles de distancia de su casa, siguió el camino y al llegar, supo que aquella tarde había sido un espanto.
Paseó la mirada por la habitación y descubrió con pesar que nadie había acudido a su encuentro en todo el tiempo. Siquiera robado, y eso era aún mas triste. Al tiempo que se sentaba en la silla coja y maltratada, echó en falta algo de cielo en su oscura vida, un poco de cerúlea poesía... pero uno no siempre puede contar con la belleza cantar las horas de un día. Fue precipitado en su deducción. Un beso en una servilleta le iluminó el corazón, y le arrancó una sonrisa.
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Kaguya Kagemaru
Kumo Genin

Re: | Auto-misión | Operación Sonnenblume

Mensaje por Kaguya Kagemaru el Miér Abr 25, 2018 8:14 pm

TEMA CERRADOPuntos otorgados a Luger.

  • Recompensa de misión: 3PN y 800 ryos.
  • Total: 3 PN y 800 ryos..
    PN antes: 14.5
    PN después: 17.5
    Ryous antes: 0
    Ryous después: 800

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