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{Automisión D} La vida es sueño.

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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

{Automisión D} La vida es sueño.

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Jue Abr 26, 2018 10:43 am

La vida es sueño.
Beretta
País de la LunaGetsugakure no SatoPasado
La vida es sueño:
Rango D

Nombre: La vida es sueño.

Lugar: Gestsugakure No Sato.

Encargados: Beretta.

Longitud: Indefinida.

Descripción: Aunque beneficiosos, los mercaderes pueden tener usos mas complejos e insondables de los que uno puede llegar a concebir a corto plazo. Beretta ha sido contactada con el fin de realizar un acercamiento preliminar a uno de los trabajadores encuadrados en el sector de la construcción, bajo sueldo de un conocido gremio de mercaderes, estibadores y patrones de puerto. Su objetivo será el de, bajo cuerda, realizar averiguaciones sobre si el sujeto escogido sería proclive a colaborar con nosotros como miembro inconsciente de un futuro proceso de "Penetración" al gremio al que pertenece. El objetivo primordial es averiguar cuáles son sus vulnerabilidades, sus delirios, su moral, su situación económica, su mecánica de pensamientos... es decir, cualquier información pertinente sobre el objetivo.

Notas: Recuerde, el sujeto no debe saber de sus intenciones.


Aunque pocas personas la creyeran, en una primera instancia, Beretta no mentía en absoluto al afirmar que, a su enrevesada manera, admiraba los célebres y socorridos castillos en el aire. Eso sí, si destinabas tu intrascendente tiempo a construirlos, luego recaía en tu mano no permitir que se perdiera inútilmente tu trabajo; a fin de cuentas, el cielo era el lugar donde precisamente tenían que hallarse. El problema radicaba en lo que proseguía a la edificación inicial: si tardabas demasiado en cimentarlos, acababas pagando cara su destrucción. Aunque nacieran como una intrincada red de falsas y anodinas ilusiones, los castillos en el aire podían dar mucho más de sí de lo que la gente creía. Se mantenían en pie a pura fuerza de voluntad, y eso decía algo de su jefe de obra, sin duda. Por supuesto, Beretta no entendía de arquitectura, pero las largas charlas mantenidas con Luger a ojo de la chimenea le habían servido para aprender a apreciar los pequeños detalles que un edificio delataban acerca de su autor. A fin de cuentas, los arquitectos eran hombres sintéticos, capaces de vislumbrar (¿o tal vez admirar?) las cosas en su conjunto antes incluso de que estuvieran hechas. ¿A qué venía tanta infructuosa reflexión acerca de un tema tan mundano como la esperanza humana? aunque sonase demasiado ordinario, al conocer a aquel inesperadamente bien vestido albañil, lo primero que se le había pasado a Beretta por su desastrada cabecita era la banal idea (que no el concepto) de ilusión. Ella era una escritora, una creadora de mundos, una sembradora de realidades mentirosas... y, sin embargo, allí se encontraba, perpleja ante lo estúpidamente ilusa que podía llegar a ser una persona cualquiera.

Oh, pero no nos equivoquemos: el recién bautizado en su pálida memoria como Kai Fujioka, hombre robusto y anodino incluso entre los suyos, no se trataba de un crédulo de los habituales. No soñaba con grandes castillos en el aire como tantos otros de su condición, sino que se deleitaba con el sencillo placer de saberse absoluta y completamente prescindible. A menudo, se repetía a sí mismo entre dientes que de nada serviría intentar mover el mundo, porque, de todas maneras, al final no le correspondería a él recibir los beneficios de sus ingratos esfuerzos.  Kai: mar. Fukioja: canción... o tal vez arrullo. Desde luego, existían personas que no se merecían el nombre que se les había sido dado. No lo honraban, y aquello le ponía los nervios de punta. A Beretta, en su acérrimo amor por el lirismo, le había parecido poético concederle siete días de prueba al, efectivamente, sustituible e insustancial caballero... oh, a la tercera jornada de observación, ya creía conocerle mejor que la pobre mujer que lo habría parido. Kai Fujioka, sin duda, era de esa clase de personas cenizas que, en su animadversión hacia la sociedad en general, creaban infames límites a su alrededor,  se restringían sus acciones antes siquiera de que alguien les llevase la contraria. Se ponían baches en el camino a propósito, se saboteaban a sí mismos como si, en realidad, no quisiera progresar, conducir sus cenicientos pasos hacia un fin más grandilocuente que el de sencillamente existir. Lo despreció sin cruzar ni una sola palabra con él y, sin embargo, no pudo dejarlo estar en su inmundicia. Aunque las páginas de aquella manoseada historia le clamaron por piedad, Beretta se consagró a la tarea de hacer a aquel hombre un peón válido para la aldea.

Se acercó a su harapienta vera el cuarto miserable día, más amarga y hostil que un vino echado a perder con el paso inmarcesible de las estaciones. Qué cíclica podía tornarse una vida si te descuidabas, ¿verdad? Una tarde en el bar con su sombra, le bastó y le sobró para averiguar que aquel personaje secundario guardaba una insospechada fe ciega hacia la exactitud. Todo le parecía creado en la naturaleza con una lógica absoluta y admirable. A sus ojos, los principios y los fines se equilibraban perfectamente. Las auroras se habían forjado en oro para hacer alegre el despertar, los días para madurar el trigo, las lluvias para regarlo, las tardes oscuras para predisponer el sueño tras una longeva jornada en la construcción, y las noches para dormir. Oh, de pronto, se le antojó absurdamente sencilla la tarea de romperle los esquemas, de hacerle salir de sus circunspectos márgenes. Le empujó, para qué negarlo, fuera de la línea del aburrido dibujo que se pasaba los días pintando. Una sola noche de brujas fue suficiente para dejar su credo reducido a cenizas, consumido por su propio fuego. Precisamente ella, la emperatriz de las medias tintas, le enseñó el inmisericorde valor de la ilusión. ¿Bienaventurado el que no esperaba nada, porque jamás se vería decepcionado? le cambió a Alexander Pope por Voltaire.—La ilusión, amigo mío, es el primero de todos los placeres.—le había ronroneado con encanto al oído, amparada por las cándidas llamaradas de un licor demasiado fuerte y una canción llamada empatía.

Aquella velada le tocó el corazón al vetusto albañil y, a la siguiente, no le hizo falta ni iniciar ella misma la conversación. Cuando el objetivo se acercó hacia su majestuosa posición en la barra del tugurio, vibraba en las puñaladas que llevaba por ojos una chispa de renovada voluntad, un resquicio de lo que podría querer ser en un futuro. Le habló sobre sus cadavéricos proyectos: en su fuero interno, Beretta se lo imaginó desenterrando sus esperanzas infantiles de aquel cementerio abyecto en el que todos nos deshacemos de los pensamientos asesinados que vamos dejando en vida. Le correspondió las diligencias, le lamió las heridas, le hizo ver que aspirar a más no era un delito tipificado, que la vida era sueño, no realidad. Al sexto día, satisfecha con los resultados obtenidos, se dedicó a seguir sus pasos, a merodear bajo las sombras que lo amparaban para ahondar en las mismas yagas que había ayudado a sanar. Lo vio revolverse en un matrimonio infeliz, abrazar a unos hijos amados y sacar viejos libros olvidados de algún baúl sempiternamente guardado bajo la cama; al séptimo día, Beretta sacó una hoja en blanco y plasmó la desconocida identidad de Kai Fujioka por escrito. ¿Le hizo justicia? durante incontables lustros, a Beretta le gustaría pensar... no, creer que así fue. Que convirtió a aquel albañil inepto, cliente habitual del racionalismo exacerbado, en una canción marina, en un eco de una marea mayor, en un compás destinado a terminar ascendiendo. Lo marcó como contacto válido para el feudo y, de regreso a casa, se le dio por pensar en Marco Aurelio. ¿Acaso la vida de un hombre era lo que sus pensamientos hacían de ella? ¿Qué era la vida, sino un frenesí? Una ilusión, una sombra... una ficción.
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Natala Nendo
Getsu Chunin

Re: {Automisión D} La vida es sueño.

Mensaje por Natala Nendo el Jue Abr 26, 2018 5:04 pm

TEMA CERRADOPuntos otorgados a Baretta.


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