Últimos temas
» [Trama Yukigakure] Poblado abandonado
Hoy a las 9:23 pm por Yamanaka Mireyu

» [Social] [Pasado] Vinculos de fuego
Hoy a las 9:17 pm por Kagura

» Hola a todos!!!!!
Hoy a las 9:04 pm por Tadashi

» [Summer Game] ¡A merendar!
Hoy a las 9:04 pm por Nine Beasts

» [Summer Game] Sigue nadando
Hoy a las 9:04 pm por Nine Beasts

» ¡Hola!
Hoy a las 9:02 pm por Seiko Shouboku

» Saludos a todos
Hoy a las 9:01 pm por Tadashi

» UN ENORME SALUDO A TODOS
Hoy a las 8:59 pm por Tadashi

» [Summer Time] Registro de premios
Hoy a las 8:50 pm por Yatori Hoshino

Afiliados
Limpieza 10 - 06 - 18

 photo untitled45.pngBoku no Hero ROLLoving PetsCrear foroOne Piece Legacy

[Presente +18] Dos Estrellas

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

[Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Miér Mayo 02, 2018 8:38 pm

Dos Estrellas
AKEBOSHI YOSHIO
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Un pandillero entra a un hostel, y pide una habitación con cuna. No es el inicio de un chiste, sino un músico de aspecto excéntrico que cuida mucho a su amada flauta. Akeboshi, de rostro cansado y apariencia desalineada, pone pasos pesados en el entablado suelo que se queja ante su suela de goma derecha. El metal manifestado de muchos modos tintinea con cada movimiento suyo; como las agujas entrelazadas en las maltratadas solapas de su abrigo, o el alambre que cuelga enrollado en su cinto. Y del mismo modo tintinea la campana del mostrador, intentando llamar la atención de algún empleado. De momento, nadie se hace cargo.

Con un codo apoyado sobre la repisa de madera vieja, dirige la mirada al exterior esperando que así el tiempo se le escape. Afuera es de noche, aunque no hace tanto. Esta nevando, más allá de la supuesta primavera, y por eso su necesidad de ser honrado titular de un techo sobre su cabeza al menos durante el pasar de una luna. Después de dado por muerto, aquella vivienda que tan generosamente se le había proporcionado, hoy era un montón de escombros sirviendo de abono para una edificación más grande. Y esa caería en escombros también no muchos años más adelante, como todo sobre el desierto de hielo. Las personas en ese páramo solo eran la representación en carne de extender lo inevitable: el abandono. Algún día, los trastornados terminarían su tarea, y ya no quedaría nadie. El objetivo era salir antes, o ser un trastornado.

Finalmente una niña atendiendo el negocio familiar dio la cara por detrás de una cortina. No hubo demasiadas palabras intercambiadas más allá de un nombre, pues solo tenían un servicio que ofrecer. Pasó el pago y recibió la llave; la anteúltima de hecho. Pero siendo temprano y él carente de sueño, optó por el fantástico servicio complementario: una tacita de café.
Por una sola moneda se pudo dar el lujo de sentarse en una pequeña mesa redonda junto a un ventanal, clavando los ojos en las vetas de la madera mientras sorbo a sorbo atacaba la bebida. El fino vapor le humedecía los ojos, e invitaba a respirar con profundidad.


Última edición por Akeboshi Yoshio el Vie Mayo 11, 2018 10:58 am, editado 2 veces


Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Yamanaka Mireyu el Miér Mayo 02, 2018 10:16 pm

Dos Estrellas
Mireyu
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Más allá del manto blanco, existía una figura que se movía con relativa rapidez. Antaño no acostumbraba a rodearse de dichos parajes, y sin embargo tras los meses que pasaron, efímeros, creyó haberse adaptado. Debía decir que los copos polimorfos que caían desde el oscuro e infinito azabache no eran algo esperado en aquella época del año, aunque tampoco indeseado. Sus cielo se dirigieron hacia la construcción de madera que se hallaba unos metros más adelante, aquella que portaba la calidez en su interior; una calidez que añoraba ahora mismo.

Su figura esbelta se asomó primeramente por las ventanas empañadas de nieve. Tomaría con firmeza el picaporte, abriendo la antigua madera para adentrarse a la par que el tintineo conectado a dicha acción hacía lo suyo. Sus botas negras resonaban sobre el añejo suelo, estremeciéndose a cada paso que daba. Traía un abrigo del mismo tono que el frío que le había acogido, complementándose con una bufanda oscura, aunque algo más tenue que el azabache de su traje de dos piezas oculto bajo el abrigo.

Para uno. — Acotó, sin mayor dilación. La muchacha que se encontraba recibiendo la solicitud buscaría una hoja y lápiz, sin percatarse de que una nueva silueta se asomaba entre el umbral tras el mostrador. — ¿Pagarás lo de siempre? — La voz ronca y algo entrecortada del hombre que apareció denotaba cierto misterio; anhelo. La mujer acomodaría sus pálidos cabellos, esbozando una sonrisa de cortesía, neutral. —Hoy soy mortal, señor Hakuto. — Sin afán de mayor dilema, sacaría de su bolsillo diestro una suma de dinero que correspondía a lo requerido, otorgándoselo a la muchacha.

Una lástima. Será para otra ocasión.— Una sonrisa pícara se dibujaría en el rostro del hombro tosco, de altura intimidadora. Y con ello, volvería a sus aposentos tras lo que ocultaba la pared. Mireyu mantendría la mirada fija en los trámites de la recepcionista, quien parecía no importarle la situación. Después de todo, en aquel lugar era algo habitual que se tejiesen tratos bajo lo perceptible.

Pero hoy no estaba de humor. La última vez aquel sujeto había dejado marcas en sus brazos, algo desagradable para la Yamanaka. Se había emocionado demás. — ¿Te importaría si pido el extra ahora? —Su voz pausada era algo característico en ella. Melódica, suave. No lograba perturbar la calma que se respiraba esa agradable noche estrellada, aunque dichos astros no quisieran asomarse del todo debido al clima.

La recepcionista asintió, mientras que la joven desataba la bufanda que mantenía presos sus cabellos rosados, desviando su mirada hacia las pequeñas mesas redondeadas hechas para ese propósito. Necesitaba un café con desesperación. Y tras observar a un único joven de cabellera marrón, Mireyu se sentaría en la silla que daba a la mesa contigua, quedando por su lateral izquierdo. Cruzaría sus brazos por debajo del pecho erguido, aguardando su turno. — Linda noche para escapar. — Musitó, observando por el rabillo de su mirada al hombre que, sin razón, le intrigaba.

Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Miér Mayo 02, 2018 11:56 pm

Dos Estrellas
AKEBOSHI YOSHIO
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
El típico sonido sólido de la pequeña cerámica contra la mesa de pino fue usado como recurso por el músico para anunciar su presencia. Una dama de sinuosas caderas andantes ingresó, y detrás de ella se colaron algunos copos de nieve desesperados. Se pierdieron en la cálida ambientación interior al igual que su respiración hecha vapor blanco, antes de que decidida pidiera una habitación. Ella fue atendida al instante, con más cortesía e interés que el músico, lo que le robó un gesto de curiosidad. Pero recobró la mirada al frente, evaluando los diseños del papel tapiz en la pared. Típicas flores de casa de abuela.

Los finos vellos en la oreja de Akeboshi se estremecieron mientras seguía el acercamiento de sus botas, que casualmente se sincronizaban con su desprolijo corazón. Y la fémina quizá provocativa—no lo sabría con certeza, notándola tan solo por el rabillo del ojo-tomó asiento a un escaso metro del hombre, por su derecha. Su mirada dorada sin embargo nunca flaqueó, permaneciendo clavada en la pared como cuadro familiar. Buscaba muy pilla un espejo, o un cristal, encontrando su capricho en un mueble antiguo con algo de loza dispar en su interior. La puerta del mismo era de vidrio, y en su reflejo analizó la imagen de la mujer. Cubierta de más pieles blancas que un predador polar, decoraba la habitación con su cabello color de cerezo. Y entre las alas de su abrigo, vestimentas que con negro y dorado daban a entender el alto precio del producto importado. Típica maniobra para justificar una estafa ante los ojos del materialista.

Pero este es el destino de los escapes. ¿A dónde más ir?

Terminó su café, que ya había estado atacando lo suficiente. Por la nariz exhaló el aire caliente producto de la velocidad con la que tragó magma, y entonces se dignó a mirar al costado; con desgano, eso sí. Parte por parte armó un rompecabezas de claras intenciones, y seguramente fuerte personalidad.

No sabía que acá admitían otros medios de pago —acotó y alejó la taza vacía del borde de la mesa—. Me siento discriminado.

Dejó reposar el tronco contra el respaldo de madera, tronando sus omóplatos entumecidos por el frío. Habría regresado la mirada al frente, desviado a la ventana al otro lado y, tras notar que no había nada de mayor interés, regresar a la mujer. — Akeboshi. — emitió, más por compromiso que otra cosa. Meses atrás podría haberse considerado caballero cruzado defensor de los modales, pero por las malas aprendió que de nada sirven. Aun así, aprendido y todo, los hábitos dan buena pelea. Y si alguien le dirigía la palabra porque sí, si bien ya no se arrodillaría a su frente para besarle el dorso de la fría mano, al menos le otorgaría la gracia de su apellido. Con suerte, a futuro, ella podría visualizar los grandes carteles del exitoso músico y decir: "ese hombre me miró el pecho". Porque claro que lo hizo, pero ese no era el punto.


Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Yamanaka Mireyu el Jue Mayo 03, 2018 4:22 pm

Dos Estrellas
Mireyu
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Estiró la vista a la madera que los recubría, esbozando entonces una imperceptible sonrisa. Una respuesta sin duda peculiar, algo que no se esperaba del común de las mentes, algo más sencillas y fáciles de digerir.

cuando lanzaba un anzuelo hacia sus presas, normalmente le correspondían con un pez común. Uno insulso, cuyo brillo había perdido gracia y encanto al verse de forma tan reiterativa entre sus congéneres. Uno que si bien apreciaba, no era lo que deseaba. No era la razón del intento. Y sin embargo aquella noche parecía haber picado uno más pesado de lo normal, de cuyas escamas aún no podía apreciar con nitidez. Se regocijó añorando su contenido, como si hubiese aguardado aquel efímero instante; eterno.

Más allá de lo visible, por supuesto. — Contestaría, extasiada. Llevaría con delicadeza la taza hacia sus labios, probando un bocado de la amargura que arrebataba sus sueños. Saboreando el pasado, convirtiendo el presente en un futuro más dulce. Pues al final, entre la amargura, una sensación de confort se desprendía con fervor.

Una pequeña risa se escaparía de sus labios tras las siguientes palabras pronunciadas por el sujeto, logrando que volteara su rostro a verle, logrando apreciar su rostro completo. —Ventajas del género, cielo. — Una sonrisa pícara se dibujaría en su boca, analizando las facciones del hombre que poseía ahora frente suyo. Era apuesto, ciertamente. Había capturado más de un sentido de la Yamanaka. — Si quieres puedo enseñarte. — Susurró, con cierto tono de confidencialidad, deleitándose en los azares de su imaginación. Pero como todo lo que realmente hacía, la mujer sólo probaba palabras afiladas. Aunque debía admitirlo, no le incomodaría compartir aquella noche junto a él.

Volvería su mirada celestina hacia su propia mesa, retomando un nuevo sorbo. Bien había visto que él observaba algo más que sus ojos, aunque no le importaba. O eso quería pretender. Cierta sensación, extraña, se apoderaba de su cuerpo a medida que dentro de su pecho resonaba la agitación. Inexplicablemente, se encontraba nerviosa.

Y nuevamente la melódica voz del extraño resonó, obligándole a observarlo nuevamente. Sonrió, aunque esta vez, con cierta ternura. — Mireyu. — Y tras declarar su nombre, daría el último sorbo para levantarse e ir en dirección a la habitación que le había sido brindada. Pasaría por el lateral del muchacho, otorgándole un último contacto. — Espero no pases frío. — Soltó, dejándose llevar por sus pasos hacia el destino. Estar mucho tiempo más junto a él podía ser contraproducente dado el inusual comportamiento de su organismo. Debía alejarse.

Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Jue Mayo 03, 2018 5:53 pm

Dos Estrellas
AKEBOSHI YOSHIO
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Como si se encontrara en una taberna, la mujer lanzaba comentarios como dardos buscando con uno estremecer el centro de la diana. Encontraría nada más que sonrisas incrédulas por parte de un viajante que sufrió gran parte del mundo, y emitió numerosos cheques sin fondo en tiempos de hambruna. Era cuestión de darle tiempo al tiempo, y que la joven tras el mostrador ganara unos cuantos años más, para que su género perdiera toda ventaja bajo el rápido sistema de herencias de Yukigakure. No le extrañaría ser contratado a futuro para acelerar dicho trámite.

¿Qué puede enseñarle el gato al tigre? —rió por lo bajo, cruzando la pierna derecha por sobre la otra, con el tobillo en alto— Además no mezclo negocios con placer; siendo tu directa un negocio, y mi descanso aquí un placer.

Más que como felino, ella intentaría huir cual roedor después de presentarse. Al tener su andar cercano, Akeboshi alzó con vagancia la diestra para que el dorso de la mano sintiera el tacto de los finos dedos ajenos. El escalofrío que había estado acumulándose en su espina se drenó hacia el cuerpo de la dama, como estática, casi iluminando la oscura sala con una conexión azul eléctrico. Y luego le vio ir, imaginando el contoneo de sus caderas más allá del abrigo que arruinaba el espectáculo. Oh, pero Mireyu no iría a ninguna parte.

¿Escapando?

Apenas el contacto entre ambos se cortó, el artista juntó las manos sobre la mesa cual pensador, formando el sello del jabalí. Gracias al contacto le había prestado una ínfima porción de chakra, con la que le permitiría a la rosada ver el mundo según él: sin alternativas a ese destino. Pues la escalera que llevaba a los dormitorios ya no estaba, bloqueada por una pared de tapizado floral.

Cuéntame, ¿qué tan caros son tus gustos, que debes pagarlos con joyas? Cualquiera creería que de ser así, podrías costear mucho más que un dos estrellas.

La ojeó esta vez de arriba a abajo, y arriba de nuevo, antes de clavarse en sus ojos de color surreal para aquel país. Señaló la silla con la palma abierta, y la empujó un poco con el pie bajo la mesa. No era un caballero apartando el asiento para ella, pero casi.
Truquito usado:
MAGEN: KOKONI ARAZU NO JUTSU (魔幻此処非の術, ILUSIÓN DEMONÍACA: JUTSU DEL FALSO AMBIENTE)
En este Genjutsu, el usuario realiza un sello de manos para después, simplemente alterar la visión sobre algún elemento del medio. Puede cambiar la apariencia de un área especifica por completo o cambiar solo partes de estas para confundir a los afectados. El ambiente puede ser remodelado estéticamente pero bajo las formas que posee el área, es decir, no puede aparecer una forma nueva ni hacer desaparecer otra, pero sí se puede modificar la percepción visual de lo que ya existe.
Postura de manos: Jabalí.
Rango C: Hasta 3 metros cuadrados.
Consumo: 15Ck activar y 7Ck mantener


Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Yamanaka Mireyu el Vie Mayo 04, 2018 1:30 am

Dos Estrellas
Mireyu
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Sólo un pequeño resoplido saldría de sus labios, burlona. Su comentario denotaba el ego que portaba, y aquello no sacaba a relucir sensaciones positivas al chocar con el propio. Pero bien tenía razón en que lo suyo era negocio, y es que de momento pocas veces solía hacer cosas por placer. No, lo cierto es que nunca lo hizo. Muy a pesar de que no tuviese un objetivo concreto, su vida sólo le otorgaba esa pequeña cuota de nihilismo al enfrentar mentes ajenas, sin mayor perspectiva.

No agregó palabra a lo acotado por el moreno antes de que su andar fuese interrumpido por aquel roce electrizante que alteraría su piel, erizando sus sentidos. No evitaría desviar la mirada hacia este, algo sorprendida. —... — Desvió su vista hacia su destino anterior, notando cómo el paraje había cambiado mágicamente. O no.

Sus orbes afilarían la mirada, dirigiéndose con cierta intriga hacia el hombre que ahora le indicaba un asiento junto a él. Oponerse sería fútil. Además, sus acciones eran ciertamente fuera de lo convencional. ¿Por qué no darle una oportunidad? Se lo había ganado, después de todo.

Mucho más de lo que podrías pagar. — Acotó, a medida que llevaba ambas manos hacia la parte central de su pecho, buscando el gancho que mantenía unido el abrigo nieve. Lentamente, aquella piel falsa se deslizaría por sus hombros, llegando a tocar el respaldo de la silla que él le ofrecía. El relucir del azabache que conformaba el traje de dos piezas resaltaría a pesar de la cálida luz, la cual sólo jugaría con el dorado de sus encajes. No sólo sus brazos quedaban desnudos, también lo hacía el centro de su cuerpo, resaltando las caderas que en una parte se encontraban cubiertas por la falda. Esa traviesa falda con la abertura en su lateral siniestro.

Ya sentada, observaría fijamente a su interlocutor, esbozando entonces una sonrisa. — Te estás metiendo en mi terreno, cariño. — Altanera, llevaría su diestra hacia sus abundantes cabellos rosados, acariciando un mechón rebelde. —¿Te gustan las ilusiones y los juegos mentales? — Musitó, deleitada. — A mí también. ¿Es eso a lo que te dedicas, shinobi? Te sorprenderá saber que guardo mis trucos. — Aquella sonrisa tenue y pícara se mantendría fija en el chico, aguardando respuesta, probablemente más afilada cada vez. Parecía una competencia, algo que no le incomodaba.

Hacía unos minutos que ambos se habían quedado solos en la recepción. Ya ni la joven que los atendió se encontraba disponible.

Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Vie Mayo 04, 2018 1:51 pm

Dos Estrellas
AKEBOSHI YOSHIO
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Sonrió levemente y cerró los ojos un instante, mientras ella tomaba asiento. Sus párpados le ardieron al humectar las orbes cansadas, sintiendo sus lagrimales rellenarse de sueño. Suspiró por la nariz, calmo. Al exhalar recuperó nuevamente la vista, encontrándose con el abrigo desplomándose hacia atrás como nieve acumulada en un tejado. Descarado siguió su descenso, y se enfocó en la piel de los hombros ajenos, bajando por su brazo y desviándose nuevamente a su pecho. La mesa, desgraciadamente, le impediría de momento alcanzar el ombligo, así que con otro parpadeo lento correspondió el contacto visual. Ella era veneno, saborizado a fresa.

Yo estaba en este terreno antes de que lo conozcas —siguió con la mirada el movimiento de su pelo, y volvió a ella—, pero se agradece la compañía.

Mientras ella hablaba y ponía sobre la mesa su propio ego, él alternaba la vista entre sus labios rosados y ojos celestes. Los ojos para demostrar que estaba prestando atención, y había dejado de babearse—al menos explícitamente-por sus curvas. Los labios no solo porque le gustaran, sino para hacer público su objetivo de dominarlos; de hacerlos suyos en un futuro de cercanía incierta.

No me dedico a eso, sino a la música —respondió—. Los trucos son un modo pasajero de sustentar el día a día. Todos los tienen en este intento de ciudad, y lo raro es que no los uses en vez de sacrificar tu orgullo. Quizá orgullo no sea la palabra —se encogió de hombros—, ya que yo no lo tengo; pero prefiero aprovecharme de los ignorantes en vez de que ellos se aprovechen de mí.

Separando un poco más las solapas de su chaqueta de cuero, enseñó el solitario instrumento que colgaba en el centro del pecho. Le sostenía un cordel rojo que seguía el contorno de su cuello en "V", desgastado con la misma edad que él mismo.

¿Pero qué hacía el indigente dando lecciones de moral? Nunca le habían importado las costumbres ajenas, y cuando asomó un ápice de interés por el prójimo, la vida se encargó de raudamente arrebatarlo. Ahora en cambio oraba por alcanzar algún hilo suelto en la mentalidad de Mireyu, y descocer el tejido que era su hábito. La razón la sabía, y la aceptaba también. Quería que aquello deje de ser un negocio. Se conformaba con una aventura, o competencia. Ambas podía mezclarlas con el placer del descanso; fundirlas en un solo momento. Porque cuando tocaba un escenario, no quería ser simplemente una voz más del montón. Tenía que ser el que cerraba el acto y les dejaba pidiendo por otra. El protagonista de sus críticas, sean buenas o malas, porque así acaparaba el monopolio de sus mentes y palabras. Su nombre no solo sería una firma, sino un tatuaje.


Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Yamanaka Mireyu el Sáb Mayo 05, 2018 2:48 am

Dos Estrellas
Mireyu
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Su mirada retornaría con recelo hacia el castaño, afilándose un instante. Insistía en mostrar mayor poderío sobre lo que ella siempre se había jactado, algo que en primera instancia atacaba a su punto más desarrollado. Aún así, su siguiente frase haría que bajara la guardia un segundo mientras un extraño desconcierto se apoderaba de su respiración. ¿Qué le sucedía a ese hombre? El extraño que poseía en frente, que de pronto jalaba y soltaba la cuerda sin previo aviso. Competir era peligroso, bien lo sabían sus sentidos. Y aún así, él le causaba cierta adicción.

El inusual y placentero escalofrío que provocaba su mirada amielada lograba recorrer cada punto de su ser. Y si bien era algo que no quería admitir, el que se deleitara con su cuerpo le causaba cierta satisfacción, una que ni los años con diversos especímenes afanados en ello lo habían conseguido. ¿Qué era aquello? Tenía razón al tratar de alejarse, pues el comenzar a adentrarse en aquella profunda mirada comenzaba a agradarle a límites insospechados.

Y por si fuera poco, músico debía ser. Desviaría su mirada hacia las manos que mantenía ahora bajo la mesa, cerca de su ombligo. Juguetonas, mantenían de vez en cuando algunas posiciones conocidas a medida que escuchaba las ideas que el castaño mencionaba. Ciertamente era interesante el punto de vista que planteaba, y sin embargo un dejo de nostalgia saldría a relucir a pesar de la opresión que trataba de ejercer para no sacarlo a flote. — En eso tienes razón. — Musitó, casi como un susurro. Notaría el desgastado hilo carmín que unía el instrumento, aquel resguardado sobre su pecho. En algún instante de divagación, aquel sitio se le antojó cálido; reconfortante.

Apoyaría ambas manos sobre la mesa, mostrando con ello más piel de sus extremidades superiores. Y, sin pretenderlo, aquella marca que poseía a un lateral izquierdo sería visible para el morocho. Posó su mentón sobre la palma diestra, reposando con seguridad. Sus orbes esconderían por unos momentos sus orbes, acompañando dicho acto con un pequeño suspiro. —Aprovecharse debería ser lo mejor. Lástima que nuestras mentes aprenden gracias al error. — Mantuvo cierto silencio, como si intentara alejar fantasmas del pasado. Retomaría la visión, lentamente. Y con ello la necesidad de llevar la mano opuesta cubriendo el tatuaje, a medida que se apoyaba en el respaldo de su asiento. — Para algunos el error debe ser reiterativo. — Acotó, con un inevitable tinte melancólico.

Y tras elevar su mirada hacia el músico, retomaría una ligera, casi imperceptible sonrisa. — Tócame algo. — Sus palabras adquirieron fuerza, en tono imperativo. — De música. — Valía la pena aclarar, por si algo raro intentaba formular. Necesitaba despejar malos momentos, ¿y qué mejor que la música? No cualquiera, pues aquella proveniente de sus labios prometía darle algo más que simple deleite. Ansiaba, en el fondo, un nuevo respiro.

Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Sáb Mayo 05, 2018 3:10 pm

Dos Estrellas
AKEBOSHI YOSHIO
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Su inusual acercamiento, de falso hombre sabio, tenía efecto a fin de cuentas en la joven viajera. Si bien el consejo era totalmente egoísta, seguía provocando cierta satisfacción que lograra una reflexión detrás de esos perfectos ojos pálidos. Y ahora, si bien notaba la aparición de sus tersos brazos en escena, ya no la analizaría cual producto. Tampoco le dio real relevancia al tatuaje que ella terminó por ocultar, pues él también portaba uno cuyo momento ni razón recordaba; ni importaba. Sí se enfocaba en sus gestos, en su floreciente tristeza, que claramente había mantenida oculta bajo un velo de picardía y lujuria. Una máscara negra y dorada como su ropa, ocultando lo frágil de su ser. En eso la encontró distinta a sí mismo, considerándose un hombre de puras máscaras, con vacío por debajo.

Lo que quieras —acotó al instante de su petición, pero luego ella especificó, y él frunció los labios—. Oh, eso —se relamió el inferior y sonrió.

Preparó la flauta entre sus dedos, elevándola sobre el mentón sin cortar contacto visual para con ella. Apenas apoyó, de modo lateral, la boquilla contra el labio recién humedecido. Se dio una pausa, eligiendo las palabras.

Si el error es reiterativo, no estás aprendiendo nada. Por ejemplo, siempre cobro por pedidos de música, pero ahora no me interesa el dinero; ¿cómo me pagarás? —alzó un índice al instante, quitándolo de su orificio en el instrumento—. No no, lo que estás pensando está mal, y hay que aprender del error. Yo te pedí acompañarme en esta mesa, y esa es tu retribución. Es la diferencia entre algo deseado, y algo valioso. Tu cuerpo siempre será deseado —alzó las cejas—, pero tu compañía es valiosa; y de menos costo para ti. Lo esencial es encontrar ese recurso valioso, para no devaluar el deseado.

Regresó las manos a su postura apropiada sobre la flauta, desviando el extremo contrario de la misma hacia su lateral derecho. Tomó aire, llenó sus pulmones al máximo, y cerró los ojos como acto reflejo. Ella quería una melodía alegre para ocultar la melancolía. Un ritmo que llenase las fisuras en su máscara. Lo que no sabía era que, lo realmente valioso para ella, era destruir esa máscara. El trabajo del músico no era tocar lo que pedían los aplausos, sino lo que pedía el alma. Debía hurgar.

Exprimiendo el corazón junto con los pulmones, comenzó su melodía de aliento armonioso. Usó como inspiración su habitual afinidad por la naturaleza y los animales, aquellos que si bien había masacrado tiempo atrás por accidente, el día de hoy vislumbraba con reencontrada pasión. Una melodía que evocaba la sensación de soledad absoluta, pero en el buen sentido. Soledad para mirarse a sí mismo en el reflejo de un estanque, y no ser interrumpido por la distorsión de pasos ajenos. Llamaba a la instrospección, al repaso de todos esos errores, y la evaluación de todas esas lecciones; si es que las hubo. E irónicamente, si bien él podría haberse aprovechado de la inocente culpable, esta vez prefirió ayudarle a elevar su propio valor. Al fin del día—ya cercano-, si todavía le revoloteaba la idea de intentar enseñarle algo al tigre, que fuese por convicción propia y no arrastrada en la marea de su mal hábito. Akeboshi odiaba las costumbres, pues van en contra del pensamiento.


Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Yamanaka Mireyu el Miér Mayo 09, 2018 10:56 pm

Dos Estrellas
Mireyu
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Nuevamente sentiría aquel desconocido escalofrío que sólo él lograba provocar, sin comprender del todo la razón de su extraña conexión con el castaño. Sabía de antemano que malinterpretaría sus palabras, aunque en el interior quizá realmente lo deseaba. ¿Y porqué? Todo su ser se encontraba frente a una situación oscura, desconocida. Una situación que le impedía utilizar la lógica, pues parecía no haberla.

Y la nueva posición que adoptó el músico en pos de iniciar su acto haría que la Yamanaka se acomodara en su asiento, dispuesta a escuchar lo que él tenía que ofrecer. Mas no fueron sonidos musicales emitidos por el instrumento dulce que le acompañaba lo que inició, sino el de sus propios labios entonando el centro de sus cuerdas vocales.

Sorprendida, sus orbes pálidos se abrirían más de lo habitual a medida que escuchaba la necesidad de retribución por su arte. Y antes de que pudiese mencionar algo a medida que la sensación de vacío habitual inundaba la boca de su estómago, él se retractó. Como si pudiese preveer sus movimientos, antes de que Mireyu entreabriera sus labios para emitir queja, el delicado dedo que antes se mantenía sobre el instrumento iría a mitigar su acción.

Las frases podían ser mundanas, superficiales. Podían aparentar la intención más sublime, y sin embargo poseer un maligno propósito detrás. Podían hacer que estallase un conflicto que llevase a la destrucción de vidas, y a la vez salvar otras. Cuan importantes podían ser las palabras humanas, aquellas que venían del corazón. Y hasta el escaso período de vida que le había tocado, jamás logró emocionarse de la forma en que esas indirectas y casuales palabras resonaban en su piel. ¿Cómo podía ella ser valiosa sólo por el hecho de su compañía? Se negaba a creerle, y sin embargo lo hacía. Decidió rendirse ante la lucha, y simplemente esbozar una sincera y discreta sonrisa.

La melodía que comenzaba a emitir inundó el ambiente que sólo ambos presenciaban. Las almas de ajenos no poseían cabida en su memoria; en su mente. Un lugar siempre tan sagrado, al cual el día de hoy abría una puerta aunque fuese pequeña para dar paso a una figura armoniosa, portadora de alegre melodía. Inconscientemente cerraría sus ojos, adentrándose junto a él en la falsa sensación de felicidad. Como si sus problemas no existieran; como si pudiese empezar desde cero.

Ahora que lo meditaba, realmente podía lograrlo. Por un momento pensó en dejar aquella vida para dedicarse a una normal, aquello que nunca tuvo.  Y al finalizar el acto, la rosada soltaría un ligero suspiro, regresando entonces a la realidad. Abriría lentamente sus orbes, dando paso a la luz que se filtraba desde el ambiente.

Curioso era el inicio de su travesía. Después de pasar por el frío de la nieve en busca de un lugar cálido, jamás pensó en encontrar a alguien que le brindara algo más; una calidez que invadía más allá de la piel. —Gracias. — Mencionaría, levantándose entonces de su asiento con cierta lentitud, como si no quisiese hacerlo. — Veo que eres algo más que un charlatán cualquiera.— Dibujaría una sonrisa de medio lado, irónica. — Fue lindo mientras duró. — Un sentido que sin querer denotaba sentimientos pasada la música.

Ahora, sin embargo, debo marcharme. Te permití aquel Genjutsu, pero no seré igual de benevolente la siguiente vez. — Aclararía, mostrando en parte la coraza que había aprendido con los años a enseñar. Si se mostraba débil, seguramente saldría perdiendo. Siempre lo hacía, no debía creer que él sería la excepción. Y a pesar de que su lógica le incitaba a actuar con precaución, sentía un nudo en el pecho envolviéndole. Una extraña sensación, aquella que contradecía a la lógica. Debía irse, pero no quería.

Y tras observar esos orbes amielados, aquel segundo de duda le pareció eterno. Desvió tras este su mirada, tratando de reponerse. Suspiró, resignada tras dar un par de pasos en dirección a la escalera. — Puedes llegar a ser peligroso, Akeboshi. — Desviaría su rostro hacia la figura ajena, resignada. — Y por lo mismo espero que no volvamos a tener contacto. — La sinceridad en sus palabras era la misma que pensaba, pero no la que sentía. Una verdad a medias.

Daría media vuelta, continuando su camino hacia el dormitorio. Sacaría de paso la llave; quería ingresar y simplemente encerrarse.

Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Miér Mayo 09, 2018 11:54 pm

Dos Estrellas
AKEBOSHI YOSHIO
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Asintió correspondiendo a su agradecimiento. No era un aplauso, pero de todos modos entibiaría el alma propia alimentada de su goce. Y como todo público, se levantó de su asiento en cuanto la función terminó. No permaneció esperando sus reverencias, ni pidió por una canción extra. Huyó, como quien quiere evitar a la muchedumbre marchando a la vez. Huyó, como quien teme dejar su única valiosa moneda en el sombrero del artista callejero. Y no la culparía, porque él también había huido en alguna época. Después de todo, de ese tipo de gente se construyen los cimientos de la aldea. — Claro que no; soy un gran charlatán — acotaría por lo bajo, esbozando una amplia sonrisa. A él también se le había hecho lindo el momento, si es que podía decirlo siendo el mismísimo autor. En cuanto a la duración, era totalmente arbitraria a manos de la escurridiza dama. Estaba en ella la decisión de marcharse a hacer nada; a dormir y que pase el tiempo. Pero en esa mirada, por tan solo una fracción de segundo, encontró un muy efímero gesto de dolor. Una fina raíz la había sujetado a la silla, e intentaba arrancarla.

Le observó en su retirada, siguiendo su cabellera rosa contonearse al ritmo de su cadera. De vez en cuando un contorno color piel se asomaba por aquel escote en su falda, siendo la línea plateada de una tormenta tapando el sol. Una calamidad inevitable, más grande que cualquier distancia que fuese capaz de recorrer con sus mortales piernas. Y al elevar los ojos, encontró el cielo con un aire de melancolía. Le pedía no volver, pero para eso antes debía irse.

Entonces te recomiendo usar guantes —fue su respuesta, y no aclararía. Para qué—. Dulces sueños, Mireyu.

Las botas altas resonarían contra los escalones viejos de madera, crujiendo con cada paso. Él los seguía de muy cerca, con la mirada clavada en su único muslo visible tras cada bendición que las leyes de la física imponían ante esa tela colgante. Finalmente dejarían de ser una golosina ocular, y caería en cuenta del sueño que venía sufriendo hace rato. El café no había hecho demasiado, pues las hormonas en su cabeza lograron absorberlo por completo.

Se levantó, y sacó de su bolsillo la llave que miraría un segundo. Tenía como llavero una pequeña tablilla de madera, con el número trece grabado cual quemadura. «El de la buena suerte», notó gustoso, y dio tan solo un paso hacia la escalera que antes había ocultado. Sin embargo, en el rabillo de su ojo, un brillo completamente blanco le detuvo. El abrigo, impoluto como la nieve, seguía colgado en el respaldo de la silla. ¿Acaso no tenía frío la muchacha con tanta piel expuesta al mundo?, pues de ser así se daría cuenta de su despiste muy rápidamente. O quizá fue a propósito, esperando que su artista favorito baje del escenario sólo por ella, para abrigarla en la fría noche del espectáculo. O realmente ya no sentía frío, calentada por dentro gracias a las vibraciones de su melodía. Todas eran razones factibles, y como irrelevantes realidades convergían en una sola línea temporal.

Tomó ese abrigo por el cuello, con mucha seguridad. Pasó junto a la barra, y golpeó con sus nudillos dos veces la madera.

Marcho al sobre. ¿Podrían despertarme a las nueve? —dijo en voz notoriamente alta, audible probablemente por todo el recinto. Si bien aquella petición era un posible servicio del lugar—costando unas monedas extra-, él simplemente quería anunciar a los cuatro vientos sus acciones para no ser tildado de acosador o pervertido.

Avanzando hacia la escalera, comenzó a aflojarse sus prendas en anticipación por su esperado descanso. Se llevó las manos al cinturón, y soltó el nudo de un cordel platinado que le aprisionaba el estómago además de la cinta de cuero. Llegando al primer escalón, estiró ambos brazos a los lados, sacudiéndolos para elongar, portando en las manos el frío y duro dolor que le daba trabajo. Subió cinco costosos peldaños, llegando a mitad de camino. Bostezó y tosió, y se agachó unos segundos para desatarse los cordones, o quizás atárselos otra vez. Se mostraba tambaleante del sueño, y tuvo que aferrarse a un caño vertical y posteriormente al barandal para poder ponerse de pie. Al fin terminó el tortuoso ascenso con pasos más altos de lo normal, flexionando así las adoloridas rodillas. Su caminar había sido tan alborotado que sin duda no tomaría a nadie por sorpresa.

Al llegar al segundo piso tendría llave en mano diestra, ya tomada con índice y pulgar, apuntando hacia adelante. Buscaría con la mirada la puerta correspondiente, sabiendo que solo había tres allí arriba. La suya era la última de la posada, dícese la de mayor número, siendo fácil de encontrar al fondo del corto pasillo. En cierto modo era la peor, pues no tenía vista a la calle, siendo carente de cualquier ventana. Lo sabía, mas no le importaba. Su real interés era corroborar cuál había reservado Mireyu, pues si la tenía de vecina podría mandarle mensajes en código morse a través de la pared.

No sabía realmente código morse, pero podía improvisar y confiar en que la pelirrosa supondría perversiones.

Una acción oculta.


Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Yamanaka Mireyu el Jue Mayo 10, 2018 1:25 am

Dos Estrellas
Mireyu
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
No se detendría a preguntar qué significarían los guantes. Sin embargo, sus últimas palabras dirigidas a ella lograrían arrebatarle una última sonrisa. Una que él no vislumbraría debido a la posición de la dama en dirección a las escaleras.

Cinco largos y difíciles peldaños le separarían aún más del castaño, sintiendo a pesar de ello la calidez en su pecho que se mantuvo presente por unos instantes infinitos; inagotables. Su mirada turquesa se dirigió hacia las tres puertas que conformaban la pequeña posada, observando entonces el llavero que portaba. El número diez se encontraba grabado cual carbón, uno que antes no había divisado. Avanzó, comenzando a dudar y temer lo que estaba a punto de encontrar.

Tres puertas de madera de tamaño considerable; dos hacia su derecha y una hacia siniestra. Once, doce y trece la última. Ninguna de ellas era la que buscaba, por desgracia. Y cuando había llegado al final, la pequeña división de un estrecho umbral frente a la última puerta llamaría su atención, tomando la manilla de la puerta entreabierta. Diez. Dentro podía verse un armario, el cual se encontraba repleto de porquerías irrelevantes.

Apretó su diestra, la que mantenía las llaves. Una sonrisa burlesca se dibujaría incipiente en su rostro, sintiendo la sangre hervirle. —Hijo de puta. — Una maldición que fue acompañada con los pasos de alguien que acababa de entrar al mismo piso que ella. Quién más sino el músico.

Parece que los de tu especie no se rinden fácilmente con un no. — Inquirió, haciendo a un lado sus cabellos rosados para cruzarse de brazos mientras observaba en dirección al castaño, el cual se encontraba a unos cuantos metros avanzando. Mireyu alzó su diestra levemente separándola de su torso, mostrando así el número de la llave que coincidía con la bodega. Aquel hombre de la recepción ciertamente tenía un gusto poco refinado para solicitar lo que quería.

Suspiró, serenándose. —Tendré que ir a negociar. — Aunque claramente el dueño saldría perdiendo. Puede que sonara a que se sometería a sus reglas, pero por el contrario iría a utilizar sus habilidades innatas para doblegarlo. Aquellas que controlaban mentes. Aún así, quizá intencionalmente usó ese tono para engañarlo. Y cuando pensaba marcharse hacia el punto de inicio, notó el abrigo que el joven músico portaba. Se detuvo en seco, observándolo ahora de frente, junto a la puerta de la habitación que a él le habían asignado.

Oh, qué amable. — Soltó, acercándose más hacia Akeboshi. — También tienes tu lado caballeroso. ¿Intentas impresionarme? — Su mirada se encontraría entonces con la contraria, sintiendo su cuerpo paralizarse. De pronto no logró articular palabra alguna. En aquella cercanía, en aquel oscurecido pasillo. Aquellos orbes lograban brillar como el oro que reflejaban sus costuras, estremeciéndole. Tragaría saliva, bajando entonces sus ojos debido a la sutil diferencia de altura que le mantenía antes mirando algo elevado. Sus mejillas se habían tornado escarlata, sintiendo un inusual calor.

Gracias por la molestia. — Estiró su siniestra en pos de recibir su abrigo. Volvería a observarle, intentando nuevamente ocultar sus sentimientos en la máscara. Aquel reencuentro podía ser su perdición. Su corazón lo anunciaba con cada latido ascendente, algo que estaba a punto de no importarle.

Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Jue Mayo 10, 2018 1:13 pm

Dos Estrellas
AKEBOSHI YOSHIO
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Bostezando, encontró con su mirada apenas abierta a la mujer al final del pasillo. Su enojo brillaba más que el pobre y solitario farol colgado entre el tapiz, y su silencio era más fuerte que el del hostal entero. Una mirada hacia la angosta puerta que parecía corresponderle reveló no más que un angosto armario, y sin demasiado esfuerzo el músico somnoliento entendió la situación. La provocaban a la revancha, a mostrar la cara de nuevo a través de esa vieja barra. Por suerte el abrigo fue lo suficientemente llamativo como para detenerla, porque él no iba a decir nada de momento. Había perdido unos segundos de cordura intentando descifrar cómo el dueño de la posada y él eran la misma especie. Decender de los simios no nos hace sus parientes.

Clavando ella sus bellos ojos en los de Akeboshi, resaltó una de las propiedades casi extintas del músico: la amabilidad. Quizá no iba por ese lado el favor, sino relacionado a su siguiente pregunta; — — a la cual respondió afirmativamente sin vergüenza. Aquello sólo agravó la pausa siguiente, en la que no hablaron más que con la mirada. En una dimensión paralela probablemente ya se encontraban aflojando los clavos de una misma cama, y el escalofrío en el cuerpo entero parecía ser señal de aquella alterna realidad posible. Sin darse cuenta, estiró la diestra e incrustó la llave en su cerradura.

Por más que ella bajase la mirada, él no lo haría. Le otorgó su olvidado abrigo, haciendo que el mismo derramara por sobre el suave brazo de Mireyu para que pudiese sostenerlo a una mano, al igual que él. En el proceso las pieles se tocaron, e incluso después de liberado el agarre sobre la prenda, se tomó el atrevimiento de acariciar su tibio antebrazo con la yema de los dedos, comenzando desde el codo. La petición de nunca tener contacto poco duró.

Te dije que usaras guantes, y de los largos —alzó las cejas brevemente. Su caricia culminó en la mano ajena, aferrándola para no dejarla ir—. No le des el gusto. Simplemente con volver a verte ya se habrá salido con la suya, y sus ojos ni siquiera saben apreciarlo. No hay más habitaciones libres, esta fue la última —giró la llave, empujó, y la puerta se abrió completamente hacia la habitación de luz amarillenta—. Tendrás que irte a buscar otra posada, y ya es muy tarde y helado. Yo puedo dormir en una silla, pero no le des el gusto.

Nunca le quitó la mirada de encima, con las pupilas alineadas con las de ella. En su perímetro visual seguía regocijándose en la sensualidad de su figura, y sugerente de sus ropas. Rezaba a todos los dioses inexistentes por cualquier caramelo que pudieran bajarle. Que ella aceptara su plan era el primero. Después ojalá viniese acompañado de cualquier condimento. Que no le deje dormir degradado en una silla, o que cambiándose el reflejo de un espejo le permita ver más de su dulce piel, o conversar toda la noche ahí en el pasillo—daba igual. Solo quería algo distinto a la nada que era su rutina. Algo que corte con el frío del hielo, la piedra, el hierro, y la nieve. Calor.


Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Yamanaka Mireyu el Jue Mayo 10, 2018 4:07 pm

Dos Estrellas
Mireyu
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Afirmó con descaro su insinuación, tras lo cual ambos guardarían silencio. El nerviosismo que antes lograba mantener oculto comenzaría a aflorar con vehemencia, haciendo difícil el contenerlo. Y cuando creyó que estaba lista para elevar la mirada, firme, recibiría el abrigo que vendría junto a la suave y tibia piel del castaño, provocando un contacto eléctrico que haría erizar la propia.

Un ligero suspiro se escaparía de sus labios, no entendiendo bien la mezcla de sentimientos que le llevó a liberarlo. Para desgracia de su ego, no podría contener otro al sentir que el contacto, contrario a lo que esperaba, se intensificó. Las yemas de los dedos ajenos que comenzaron a recorrer su piel provocarían que casi soltara el abrigo nieve a medida que su cuerpo se sentía atraído hacia el músico. Y la aclaración de la advertencia haría que finalmente comprendiera la razón. — Así veo, por algo dije que eras peligroso. — Musitó, en un tono algo más fino, agitado. Y tras sentir su agarre, su corazón sufriría. De soslayo observó la puerta de la habitación abrirse, revelando tras el umbral la tenue luz que invitaba al interior.

Intentó sólo una vez escapar. Un paso hacia atrás, esquivando la mirada abrumadora que él le cargaba. Y cuando terminó de escuchar sus palabras, cedió. No sólo por la lógica que ostentaba, sino por lo convincente de su piel. Por la calidez de su voz. Volvería a observarlo, perdiéndose en los sentimientos que sus ojos le aportaban. Muda, intentó aclarar las diversas dudas que él le provocaba. Intentó materializar todo lo que escasas horas habían provocado en su mundo cuando lo observó por primera vez.

¿Porqué te importa? — Como un susurro, se dejaría escuchar nuevamente su voz, observándolo ahora con mayor cercanía. Ya su cuerpo se encontraba a escasos centímetros, sintiendo consigo el agarre de su siniestra. Sólo eso necesitaba saber, y accedería. No sabía concretamente qué respuesta esperaba, pero sí la deseaba por algún motivo desconocido hasta ese entonces.

Contuvo, inconscientemente, la respiración. Sus facciones resaltaban bajo la luz de la noche que aportaba la escasa iluminación del pasillo y el reflejo de la habitación. No era solo la mirada lo que la cautivaba, sino un todo. Y el estar tan cerca de sus labios no la tranquilizaba. ¿Cómo era posible que aquel hombre lograra absorber toda su atención? Se abría paso invadiendo cada rincón de su ser, sin lograr defenderse. Tembló, sólo por un escaso y efímero segundo ante aquel pensamiento. No podía contra él. —Te estaría dando el gusto a tí. — Aseveró, tras la reflexión sobre lo que él planteaba. — ... Pero también a mí. — Sincera, era difícil ocultar lo que realmente demostraba su cuerpo. El rubor de sus mejillas, el sonido de su respiración. El calor que él le otorgaba; era innegable su atracción.

Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Jue Mayo 10, 2018 7:03 pm

Dos Estrellas
AKEBOSHI YOSHIO
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Algo tan simple como un suspiro ajeno lograba darle una orden directa a todo su cuerpo. Se le erizaron los vellos de los brazos, y respiró profundo al instante, inaudible. Quería que ese aire exhalado con emoción y tabú fuese parte de sí mismo. Sentir el dióxido de carbono de singular espesor y temperatura recorrer el interior de su nariz y posteriormente cuerpo entero. Pero tan solo un suspiro no era suficiente para más que alimentar su imaginación. Necesitaba una dosis más grande de esa droga sin probar. Oh, sí que sabía que se haría adicto. Incluso así quería inciarse en aquella perdición.

Un susurro por parte de ella, que probablemente no necesitaba responder. Supo que fue una cuestionante a su propia baja autoestima, y no tanto hacia el músico. En todo caso él no se contuvo, como de costumbre.

Porque creo que pensamos lo mismo. Es lo que pasa cuando lo deseado y lo valioso convergen en una sola cosa. Y porque creo que estás peleando contigo misma, en vez de seguir los latidos.

Respondió también murmurando, sin dejar que su voz penetre más allá de un metro a la redonda. Ya no le interesaba hacerse público, sino todo lo contrario. Quería sentirse como en casa propia, bajo la completa privacidad que permitía cualquier tipo de error intencional. Porque hasta ahora todos sus días vividos habían consistido de errores, y no quería ilusionarse de que este sería la excepción. Aun así, ingenuo, guardaba la esperanza. Esperanza de que el hoy evolucionara en un mañana, ambos conectados como parte de una misma historia. Y no que cada amanecer sea un nuevo nacimiento, desechando detrás todas las vidas pasadas. Cada vida más irrelevante que la anterior.

Tiró con cuidado de su mano, acercándola a él para deshacer ese paso de inseguridad que ella dejó ir. Él no se movería, defendiendo su cercanía a la entrada de la habitación, donde pretendía encontrar a ambos prontamente. Asintió a sus últimas palabras, con párpados pesados que no llegaban a cerrarse, sino tornarse en una mirada de cómplice despiadado.

Y mis ojos sí saben apreciarlo.

Volvió a tirar, dando no uno, sino dos pasos hacia atrás. Su talón izquierdo ya habría pasado bajo el marco de la puerta. Además, la siniestra que aferraba la contraria, pegaría el codo a la cintura del artista, cerca de su baja espalda. Escasos los centímetros que les separarían, y más teniendo en cuenta el involuntario estirar del cuello propio. Ya podía oler su perfume, y respirar su aire; finalmente. Pero qué tragedia sintió, cuando supo que tampoco era suficiente.

Volvió a tirar, y otro paso atrás. Exhaló con tal arrebato contenido que podría hasta secar los labios ajenos debido al calor. Las puntas de las narices ya hacían contacto, muy muy a penas. Quizá no contacto real, pero sí podían sentir la energía estática acumulada en ellos transferirse de uno a otro a un nivel microscópico. No volvió a tirar, pero sí le soltó la mano para ubicarse en su cadera. Su corazón se reacomodó dentro del pecho, y hasta le provocó dolor.

¿Seguiría ella ese latido?


Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Yamanaka Mireyu el Jue Mayo 10, 2018 11:03 pm

Dos Estrellas
Mireyu
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Un nuevo y diferente escalofrío recorrería su espina, más intenso que los anteriores. ¿Cómo era capaz de darse cuenta de su conflicto interno? No, lo cierto es que era demasiado obvio. Sólo se limitaría a apretar sus labios, sintiendo una vergüenza inexplicable invadirle. No podía negar lo que él aseveraba, pues era innegable que la cercanía ajena aceleraba cada vez más sus latidos. Los suaves y adictivos murmullos que él le ofrecía lograban estremecer su cuerpo, tan sublimes y armoniosos como la música que él emanaba con su instrumento.

Deseaba de alguna forma apoderarse de ellos. Deseaba que aquel susurro fuese sólo para ella, y así lo sentía. Aquella retención que él ofreció ante su duda lograría empeorar la situación, acercando más su cuerpo al del castaño. Y, sin darse cuenta, sus pasos le llevaron a seguirlo cual corriente hasta pasar el umbral de la habitación, ahora bañados en la cálida y tenue luz del nuevo escenario. Su respiración se agitó, sintiendo entonces la ajena. Aquella bocanada de aire que él liberó sólo consiguió exaltarla más, logrando que entreabriera sus labios con tal de sentir su sabor; su calor.

La pano que antes sostenía la propia iría, traviesa, a acariciar parte de sus caderas, allí donde la piel yacía igual de expuesta que los brazos. —Ngh... — Intentó contener un leve quejido, el cual se escaparía igualmente de su boca por el placer que causaba el contacto de su mano sobre aquella zona. Una caricia que le incitaba a más, que le invitaba a dejarse llevar.

Y entonces sentiría el contacto que volvería a estremecer su cuerpo, aquel de ambas narices chocando a medida que sus labios se acercaban. Entrecerró sus orbes, jadeando levemente por el calor que su cuerpo adquiría a una velocidad abrumadora. Lo observó, más de cerca que nunca. Ya no podía escapar de la realidad. — El precio... — Susurró, apenas audible. Sí, acostumbraba a pedir algo a cambio por sus servicios, salvo que este era especial. Y como tal, su precio. — ... Es tu vida. — Aseveró, cerrando con ello sus orbes. No podría probar un bocado sin obsesionarse. No podría tenerlo para al día siguiente perderlo. Necesitaba que fuese suyo, y con ello se comprometía a permanecer a su lado.

Sus labios sellaron cual pacto los ajenos, sintiendo la abrasadora calidez que pronto se esparció por su cuerpo, aumentando aún más su temperatura. Y apretó su beso, intenso. Intentó robarle el aire, sin importarle que ella se quedara igualmente privado de aquel elemento. Ya no era necesario, sólo necesitaba saborearlo.

Soltó el abrigo, olvidándolo en el frío suelo sobre el que se encontraban. Utilizó sus manos para apoyarlas en el pecho del castaño, enredándose entre sus prendas para atraerlo hacia su cuerpo, estrechando el contacto. Necesitaba sentirlo, deseaba tenerlo. A cada segundo que respiraba su aire y fragancia, enloquecía. La lógica ya no existía en su mundo; en el mundo de ambos.



Última edición por Mireyu el Jue Mayo 24, 2018 3:56 am, editado 1 vez

Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Vie Mayo 11, 2018 12:18 am

Dos Estrellas
AKEBOSHI YOSHIO
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Por más que sólo emitiera un muy fino quejido, el dulce sonido de la voz femenina se había convertido en una especie de ambrosía. Gracias a ello presionó con más fuerza el agarre sobre su piel desnuda, fundiendo los dedos contra el inicio de su espalda. Era suave, tersa, y de una tibieza creciente. Al igual que en ella, podía sentir en su propio cuerpo un sol que se extendía desde el pecho hasta cada rincón de su piel, y le hacía flaquear las piernas. Estas, sin embargo, nunca se rindieron en su vital labor, y lentamente les dejaron a solas en el interior de la habitación.
La conflictuada pelirrosa dictó la sentencia, y él la consideró demasiado piadosa. Su vida no valía nada, y ni siquiera la consideraba suya para empezar. Era esta su segunda chance en el mundo de los vivos, que recién ahora estaba aprovechando. Recién ahora se preocupaba de mantener aquel momento intacto, lejos de la presencia de la señora muerte. Entonces para qué pedía ella su vida, si era la mismísima fabricante de aquel valuable.

No pidas algo que ya tienes —susurró, e iba a seguir hablando, pero ella selló sus palabras en el interior de su boca para dejarlo en completo silencio. Yoshio no dudó ni por un segundo, pues gran parte de él estaba al acecho esperando aquel momento. Bastante bestia se apropió de las pasiones femeninas, y se impuso ante ella comiéndole la boca. El discurso interrumpido lo transmitió con su propia lengua, desesperado, como si no se hubiera alimentado en meses. Y era cierto. Ese tipo de alimento, el del corazón, era una fruta prohibida que probaba por vez primera. Prohibida por él mismo, y su iluso modo de vida. O por el sitio pútrido donde había decidido vivir, y nada crecía, nada maduraba. Ahora, en cambio, brotaba una pasión. Conocería mentalmente el verdadero color rojo, imaginando el interior de la boca que le enloquecía, chocando con la propia en una danza que fantásticamente parecía pretender una fusión. Era imposible, pero a la vez lo lograba a un nivel espiritual. Algo que nunca hubiera concebido si se le intentaba explicar.

Finalmente sus necesidades como meros mortales entraron en acción, y por una fracción de segundo el momento se detuvo. Pareciera que respirar por la nariz no era suficiente para abastecer a esos trastabillados pulmones, y además eran numerosos los menesteres que acababan de agitar su mente. De una patada cerró la puerta, que empujó el abrigo tumbado a un lado. No hacía falta llave, pues desde el interior hay solo picaporte; y esa pequeña herramienta dorada había caído quién sabe dónde. No le importaba, de hecho ni se acordó de ello.
Mañana negociamos — rápidamente atinó a rodearla con ambas manos, sucumbiendo a la fuerza de sus delicados brazos que le pedían total cercanía. Indeciso posó las palmas sobre sus mejillas, hirvientes, tornando esos labios en lo más carnoso sobre este mundo de pecadores. Se besaron demasiado, más de lo diseñado para sus lujuriosos cuerpos, mientras sus manos descendían hasta sus hombros, presionándolos entre sí. No era demasiada la tela que ella utilizaba para cubrir su cuerpo, a diferencia del músico bien abrigado. Y esa suma de capas, tres cuando mucho, se le hacía infinitamente gruesa y limitante. Estaban pegados, a cuerpo completo, chocando sus pelvis, ombligo, y pecho. Pero más allá de que bien sentía la excitación del busto ajeno presionarse contra su pobremente esculpido torso, esas tres capas eran un universo de distancia.

Alejó levemente el torso, mas sin separar los labios. Sufrió la desconexión con el corazón ajeno, como si el propio ya no supiera latir sin seguir ese ritmo estrepitoso. Pero era necesario, completamente, pues los brazos con ese mínimo espacio concedido se apresuraron a sacudir la chaqueta a los lados. Enojado con su propia prenda azabache, las manos bien aferradas a la misma tiraron de cada lateral, descubriendo la vieja blancura de su camiseta desgastada. Un par de erráticos movimientos dejaron el abrigo en el suelo, justo como el de Mireyu, y sin querer lo pisó con un nuevo paso reverso. Un par de metros distaban de la cama individual. Quería llegar, saltar de un impulso, pero otros impulsos eran mucho más fuertes. Volvió a rodearla ahora con mayor libertad en sus movimientos, y pasó los brazos por detrás de su perfecta espalda para apresarla en su totalidad. La zurda algo elevada, trabada debajo de un omóplato, pasando por debajo de la tela negra y oro. La diestra más decadente, con la mitad de los dedos reposando en la elevación de sus posaderas. Sin infiltrarse a nivel de la piel como su hermana, sin embargo. Por algo a la otra le decían la siniestra.


Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Yamanaka Mireyu el Jue Mayo 24, 2018 4:00 am

Dos Estrellas
Mireyu
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Amagó un quejido, el cual jamás saldría a la luz de forma completa. En cambio se escabulliría entre la boca ajena, sintiendo la intensidad con la que él la besaba. Y esa misma intensidad iría, como desencadenante de un ciclo, a activar aún más sus impulsos, inhibiendo la timidez que inicialmente invadía su cuerpo. Todo rasgo de indecisión habría pasado completamente al olvido a medida que saboreaba el paladar ajeno, sintiendo sus lenguas chocar. Devoraba cada sensación que él le otorgaba, ardiendo en el proceso. Su juicio se encontraba nublado por el roce que el cuerpo del castaño mantenía contra su propio cuerpo, además del estímulo que el primer beso contagiaba, sin cesar.

Pero necesitaban acordarse del aire. A pesar de que intentó olvidarlo bebiendo el elixir que le mantenía realmente viva, sus labios se separaron abruptamente. Una respiración jadeante podía escucharse por parte de la joven, sintiendo la humedad en su boca más abundante de lo habitual. Elevó su mirada hacia la miel ajena, contemplando aquellos ámbar devolverle una complicidad idílica. El sonido de la puerta que los aislaría del mundo completamente era sólo la manifestación física de lo que ya había ocurrido. Porque ya no tenía atención para nadie más, sólo para él.

No logró emitir una respuesta tras el comentario que el músico había lanzado, y tampoco lo creyó necesario. Si no hubiese estado influenciada por el desbordante éxtasis que el contacto cálido de su piel le provocaba, probablemente le hubiese importado afinar detalles. Mas como él había mencionado, era algo que podría dejarse para el día siguiente.

Atrajo su cuerpo hacia el propio, dejándose llevar por las caricias de aquellas cálidas y gentiles manos que ahora tomaban con vehemencia sus mejillas, algo tan contradictorio que le enloquecía. Podía sentir la pasión con la que aquel tacto la invadía, y a su vez la minuciosa labor de cuidarla. Por primera vez en su vida el ambiente no denotaba peligro; no anunciaba desgracias. Cada beso que ambos se intercambiaban era más intenso que el otro, sumergiéndolos en la lujuria. Y a diferencia de otras ocasiones en las que rehuía de aquello, ahora deseaba más. No sólo físicamente, sino que a modo mucho más trascendental e intangible: lo quería a él; ya no le interesaba nadie más.

Podía sentir el placer que la cercanía de su cuerpo provocaba, haciendo que el propio reaccionara a cada compresión que sus pechos ejercían sobre el torso contrario debido a la respiración agitada. Sin embargo una desconexión momentánea haría que su ritmo cambiara, pues la cercanía cálida de él se alejaba para tratar de despojarse de una de sus capas. Agradeció no perder sus labios, húmedos y deliciosos. Los saboreó, mordiéndole suavemente el inferior. — Acércate. — Susurró, demandando el nuevo contacto que otorgaría una prenda menos. Y sus plegarias fueron prontamente respondidas con un paso que les llevaría más cerca de la cama, ahora a escasos metros.

Un escalofrío más, y con ello y nuevo suspiro. Suspiros que eran para él, y bien sabía que así sería por mucho tiempo. Deseaba otorgárselos, ahora sin tapujos ni prejuicios. La zurda infiltrada bajo las telas de su ropa harían que aquel nivel de éxtasis aumentara, incluso más de lo que no creía capaz. Y curiosa, bajaría ambas manos para escabullirse bajo la tela vieja que cubría innecesariamente aquel torso que deseaba sentir a plenitud. Al alcanzar su objetivo — levantando de paso la prenda blanquecina— proporcionaría caricias por sus costados, aferrándose de las caderas ajenas para atraerlo más hacia sí.

Sus besos no cesaban, exigiendo más.Una creciente desesperación se apoderó de su mente, llegando hasta su corazón. La necesidad de sentirlo a plenitud aumentaba, logrando que aquellas manos se precipitaran hacia el cinto que mantenía presa su parte inferior. Él había logrado quitar una capa de arriba, y ahora ella le ayudaría con la parte baja. Si él le guiaba, con mayor rapidez se desharía de aquel impedimento para continuar amándolo. Aún desconocía lo que realmente estaba sintiendo, pero en el fondo lo sabía. Separó un segundo sus labios, suplicando con su respiración el aire que no necesitaba, y sin embargo sus pulmones exigían. —Eres fuego. — Musitó, aún con la respiración entrecortada. No bastaba con llevar guantes largos, eso era subestimarlo. Lograba quemarle por dentro.

Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Jue Mayo 24, 2018 1:23 pm

Dos Estrellas
AKEBOSHI YOSHIO
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Deslizándose en espalda ajena, sus manos eran más delicadas de lo que acostumbraban, y sus dedos más cuidadosos de lo que solía importarles. El tímido contacto con la piel de la mujer, abrigando los nudillos bajo su única capa de ropa, era para un atrevido como Akeboshi una simple petición. Pedía permiso, pues donde antes no le hubiera importado ser reprimido con una bofetada que le marcara la mejilla, ahora quería que todo saliese perfecto. Que el día terminara de la mejor manera: fundiéndose con la mañana siguiente con total irrespeto a la necesidad del sueño. Que ella le correspondiera en las ansias de saltearse todos los pasos, para saltar directo al abismo de magma. Y así lo hizo, a buena velocidad, trepando con sus finas manos de yemas filosas por el torso masculino.

En un santiamén la camiseta blanca había desaparecido. No parecía ser el objetivo de Mireyu, mas sí su deseo. Él se lo concedió cortando por un segundo el contacto con ella, y cruzando las manos por delante del pecho tomó los límites de la tela que ella acababa de elevar. De un saque retiró la prenda por sobre la cabeza, obviamente interrumpiendo esas angustiadas bocanadas de pasión que ya ni besos podían llamarse. Lanzó la remera contra una pared, para que muera en el suelo, pícara testigo de la futura escena inevitable. Y antes de que la prenda tocara la alfombra cargada de estática, los dos cuerpos ya se encontrarían nuevamente pegados entre sí. Esta vez, sentía en su abdomen la suavidad del liso estómago de la fémina, que inyectaría la más pura y rauda de las excitaciones en su ser. Ya mismo deseaba arrojarla contra cualquier superficie, y hacerla suya. Queriendo transmitirle ese pensamiento sin palabras, se aferró con ambas manos al trasero de la pelirrosa, infiltrando una por el escote lateral de aquella generosa aunque curiosa elección de vestuario. Tiró para hacer presión contra su propia pelvis, y como media naranja ella por su cuenta hacía lo mismo. Recién ahora se daba cuenta que él tan solo era la mitad de lo que debía ser; y ahí dentro cumplían ambos su cometido.

El artista era la clara obra de un mal maestro como lo era la nación del Hierro. Su torso estaba marcado con múltiples cicatrices de antaño, como grietas en la piedra rellenas con brea. Las costillas del lado derecho aún se teñían de un suave morado de viejas hemorragias. Y su brazo izquierdo, dañado por voluntad propia, había sido firmado por un pintor anónimo con el tatuaje de un dragón rodeando toda su compostura. Qué derecho tenía él de cuestionar un mísero número en el brazo de su musa.

Cuando los labios finalmente se tomaron una pausa mayor a un mísero segundo, él miró sonriente sus celestes ojos perdidos en el suelo. Esas manos de ángel se transformaban en las de un pequeño demonio, o una súcubo, negociando con el cinturón de su negro pantalón. Sabía lo que la dama quería: ayuda del caballero; pero él se la negó. Prefirió perderse en su claro rostro de concentración empedernida, y distraerla un momento lamiéndole la comisura de la boca. A la vez, elevando las manos propias por la cintura y luego las costillas ajenas, pasó ambas bajo los ocupados brazos de la mujer para entrelazar los dedos en el cierre de su prenda superior. No sabía bien con qué mecanismo se cerraba, fuesen botones o cordeles, pero no le importaba. Tiró a ambos lados con una fuerza jamás descubierta, para liberarla a ella también de la jaula que contenía su acelerado corazón. Juntos sufrirían esa fría corriente de aire que pasaba bajo la puerta, que les pondría la piel de gallina.

Tú me incendiaste —comentó en un susurro.

A la vez finalmente la hebilla propia se rendiría. La cadera del músico era tan delgada, de pelvis marcada a los lados, que el pantalón caería por simple trabajo de la gravedad una vez que la cinta de cuero fuera destrabada. La desgastada tela negra cayó a sus pies, revelándole a su curiosa acompañante que él no solía llevar ropa interior, y que de llevarla hubiera estado muy incómodo intentando acomodarse dentro de ella. Pero a fin de cuentas debía ser agradecida por tener un paso menos que superar, una tortura menos en la cual desconcentrarse. Eso significaba, sin embargo, que la cosa estaba dispareja.

Con ambas manos abiertas le acarició el pecho, siendo "acariciar" una palabra muy indulgente para la presión aplicada. Bajó por el frente del femenino cuerpo sin romper contacto, pegando sus pectorales a ella cuando los dedos llegaran a la altura del ombligo. La beso, otra vez, y se aferró al límite superior de esa falda oscura como quien se sostiene de una baranda que le separa de una mortal caída. Y como si fuera una vil correa, tiró de allí para atraer su mitad inferior hacia la propia, dando dos largos pasos de espaldas hasta chocar las pantorrillas con la madera de la cama. Abrió los ojos, cerrados por instinto en el beso reciente, para penetrar en la mirada cerúlea con perversión. Sus cejas se relajaron, dándole el semblante de un felino agazapado, y devolvió aquella mordida de labio que le había vuelto loco.

Tuvo ganas de que ella decidiera de qué modo aterrizar ese vuelo, así que eso esperó. Como incentivo, la siempre traviesa siniestra se aferró a uno de sus senos, mientras la otra seguía sujeta a la falda, o más bien luchando por infiltrarse bajo esta.



Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Yamanaka Mireyu el Lun Mayo 28, 2018 1:28 am

Dos Estrellas
Mireyu
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
La tibieza de su piel quedaría expuesta más de lo que intentaba en un inicio. Lo deseaba así, casi desde el primer minuto en que sus miradas se cruzaron. Y como un complemento incomprensible, él se había adelantado a sus deseos para retirar la prenda blanquecina, dejándola en el olvido inerte del frío suelo. No logró contemplar del todo el torso que tanta excitación causaba de sólo sentirlo cerca, de sólo tocar su superficie ardiente. Estaba ocupada en unir sus labios a los del músico, y en sentir el roce que sus cuerpos provocaban. Poco podría apreciar, si sus corazones se encontraban unidos sin un milímetro de distancia.

Ella quería apegarse, él la atraía complementando sus pelvis en un perfecto encaje. Y sumado al agarre en su parte trasera que las manos sedientas lograban, los suspiros de placer se harían presentes entre los besos desesperados, sintiendo cómo él recorría con una de sus manos la piel desnuda que se hallaba tras la abertura lateral. Un deseo incontrolable de entregarle todo, de que él le diera todo. Su respiración agitada jadeaba entre cada bocanada, separándose finalmente para intentar desvelar el truco del cinturón que mantenía presa la última prenda que él portaba. Apretó sus labios, sabiendo que él negaría su ayuda. Iba a reclamarle, pero el tacto húmedo de su lengua pasando por entre la comisura de sus labios haría que su concentración cediera, sucumbiendo nuevamente a las sensaciones que el castaño le generaba. Entrecerró sus orbes, dejándose llevar. Disfrutando las caricias traviesas que, incesantes, le mantenían viva.

Con fuerza, su prenda superior cedería para revelar su torso ante el músico. Sus pechos, aún cubiertos por el sujetador azabache de encaje, estarían ahora más susceptibles a la voluntad de él, de ambos. Y como todo el trabajo en conjunto que realizaban, la hebilla también cedería en ese punto. Sin mayor esfuerzo, los pantalones del castaño caerían revelando la piel desnuda de este, sin otra capa que le estorbase. Un nuevo suspiro denotando la desbordante excitación que él le generaba, acompañado esta vez de sus labios apretándose, mordiéndose instintivamente el inferior. Deseó besarlo y apegar sus cuerpos nuevamente, pero el brusco agarre hacia sus pechos haría que su cuerpo entero se estremeciera, soltando un gemido más agudo y fuerte, sin lograr reprimirlo a tiempo.— Ngh...— Entreabrió sus labios, ardiendo. Su respiración errática avanzaba, gimiendo levemente a cada exhalación debido al esfuerzo; al descontrol.

Logró divisar su torso, antes de que sus cuerpos exigieran sentirse nuevamente. Las marcas presentes poseían una variedad admirable, incluyendo aquel tenue cambio de color en uno de sus costados. A medida que las manos ajenas bajaban hasta acariciar su ombligo, también se percató del tatuaje que portaba en el brazo izquierdo con la apariencia de un dragón envolvente. Lo besó nuevamente, acariciando cada centímetro que pudo de su piel, antes de volver a apegarse. Y una vez unidos, sus manos irían hacia la espalda, otorgándole nuevas caricias cargadas de lujuria y cariño, una extraña combinación que ni ella conocía. Deseaba curarlo, protegerlo. Era perfecto dentro de todas sus imperfecciones, y sin embargo no deseaba que alguien se atreviese a tocarlo nuevamente.

Sintió la fuerza de la atracción hacia la pelvis de él, obedeciendo con ansia. Y entre los besos, sus pasos los llevaron a ambos hacia la cama, deteniéndose en el instante en que ambos dirigirían miradas cómplices. Esos ámbar le enloquecían. — Me encantas — Entre su agitada respiración, admitió lo obvio. Y las manos trabajadoras del castaño continuaron otorgándole placer, logrando nuevos suspiros, sonoros. Llevó su diestra hacia el costado diestro de su falda, logrando con un movimiento que esta se abriera, dejando atrás el azabache que caería al suelo, como el resto de sus hermanos olvidados. Ahora sólo poseía su ropa interior de la misma tonalidad, algo que quizás no se mantendría por mucho más.

No nos separemos nunca.— Suplicó, casi como una orden. Con sus manos acariciaría el torso de él, deteniéndose algo más en sus heridas, para posteriormente empujarlo con suavidad hacia la cama. Una vez cayera, ella le seguiría subiéndose sobre él. Y besó su cuello, bajando a su torso. Sus cabellos caerían cual cascada sobre el cuerpo de quien, sin entenderlo, amaba. Era cierto. El amor nunca era racional, jamás comprensible. Ya podía admitirlo.

Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Lun Mayo 28, 2018 2:42 am

Dos Estrellas
AKEBOSHI YOSHIO
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Una pausa le tomó por desprevenido, imaginando que sería impulsado cual cometa al otro lado de la cama por la lujuria contenida de Mireyu. Sin embargo esta logró calmar sus sensuales suspiros para modular tan solo dos palabras, las suficientes para erizarle el vello de los brazos que la abrazarían a la altura de su cintura. La melosa tonalidad de su voz acalorada, y la sensación de su suave jadeo chocando contra el cuello propio, hizo caer a Akeboshi en un hechizo de fuerza irrevocable. No lo explicaría de otro modo, por falta de comparación con sensaciones anteriores. La combinación de esas dos palabras tan simples, se le hacía realmente nueva, original. Tan motivado se sintió con ellas, que estaba impulsado a repetirlas como un tributo. Pero odiaba el plagio. Se tomó su propia pausa de un segundo, acariciando los lados de la tersa piel desnuda mientras agraciaba su vista con la silueta de la mujer. — Me fascinas — correspondió entonces.

Admirando el obviamente atractivo cuerpo de su compañera de cuarto, se relamió rápidamente. Se le hacía sabroso, y lo llevaba a una dura encrucijada. Quería despojarlo de la ropa interior que cubría como último bastión de defensa sus partes más íntimas. Se imaginaba, travieso, que si su cabello era de un rosa tan dulce, de qué color serían las cerezas que adornarían el postre de su pecho. Deseaba acabar con la tiranía de la tela, pero al mismo tiempo la admiraba. Su erótico diseño, su perfecta elección de color, contrastante con lo claro y delicado de su piel. Era la imagen más bella que había contemplado jamás, eso podía garantizarlo. Pero incluso así, sabía que aún no había develado la verdadera joya esperando a ser profanada. Pero no tenía más tiempo para babear imaginando lo que se ocultaba tras el telón, pues finalmente sintió el empuje de las delgadas manos contra sus pectorales. Se rindió en parte, pues apenas cayó sentado sobre el colchón. Sus ojos a la altura del pecho ajeno tenían la ubicación perfecta.

Nos pegaremos tanto, que nos será imposible separarnos.

Al imponerse ella sobre el cuerpo del músico, trepándolo, él la guió de tal modo que subiera las rodillas sobre la cama, a cada lado de la cadera propia. Al haberse quedado sentado en vez de completamente acostado, de momento no le permitía lanzarse sobre él como la más caliente de las sábanas, pero todo tenía un propósito. Con ambas manos abiertas gozó la ternura de sus posaderas, pegando así el cuerpo de la dama contra el propio, estando totalmente desalineados. El rostro del castaño se ahogaría entre sus pechos, y en el pie de esas perfectas curvas plantó dos besos con algo de impetuosa succión. Usó dientes, labios y lengua, como el más diestro de los animales, para hacer a un lado un hemisferio de su sostén y adueñarse de la textura rugosa del pezón. No tuvo piedad alguna, como buen muerto de hambre que era. Y no queriendo tener que repetir esa lucha, llevaba al mismo tiempo ambas manos a la espalda de Mireyu, desabrochando el gancho de esa prenda.

Entonces se dejó caer, de espaldas, llevándose con él en cada mano las cintas negras que colgaban sobre los hombros de la chica. La parte superior de su lencería caería rendida sobre el cuerpo de Yoshio, mas sería tarea de su compañera desecharla a un lado. Él sería lo más molesto posible buscando incapacitarla de cualquier acción, deslizando los dedos de la siniestra por su muslo derecho, trepando a la entrepierna. Casi tuvo que alejar la mano al instante, sintiendo que la misma se quemaba por la temperatura de aquella zona. Pero no retrocedió, con completa despreocupación de la integridad propia, con tal de fundirse en esa endemoniada mujer capaz de drenar cada gota de su alma. Y qué mejor modo de fundirse, que por allí. Usando los dedos favoritos de su flauta, el índice y el mayor, incentivaría lentamente el tacto de esa zona ajena, pero tan propia. Dejaría de intermediaria a la última tela negra, para ver en ella las desesperadas muecas de ansias por encontrar el final de esa canción. Y todavía, sin embargo, faltaban preparativos.

No queriendo desaprovechar sus suspiros y quejidos, Akeboshi encorvó la espalda para elevar su rostro. Quería alcanzar el de la diosa que fácilmente lo dominaba, y continuar regocijándose con el pecado de sus besos. Él, un simple mortal ya muerto más de lo debido, sintiendo la gracia esotérica de su carne divina. Estaba incrédulo de lo que su propio tacto le decía, de cómo le describía el contorno del torso que la diestra rodeaba, o la humedad encontrada por la siniestra al—finalmente-apartar apenas el borde elástico de las pardas bragas. Esos dos emisarios del diablo se perdieron al instante en la intimidad de Mireyu, algo más frenéticos que en un comienzo. Soltó por instinto un murmuro de saboreo mental, que apenas nacido ya había muerto dentro de la boca ajena. Respiró con fuerza por su nariz, no tanto por necesidad, sino para demostrarle que se encontraba exaltado cual toro. Se aferró con la mano hábil de su espalda, y bajó a la cintura para tirar levemente hacia abajo. Quería que ella se pegara a él, más que nada en la mitad inferior, para que atestiguara lo listo que se encontraba para recibirla. Que no había mejor momento.


Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Yamanaka Mireyu el Lun Mayo 28, 2018 7:53 pm

Dos Estrellas
Mireyu
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Sentía desde hace tiempo sus mejillas arder producto del calor acumulado en su cuerpo. Y, aún así, el sentir sus manos acariciar los costados de su cadera asociado al murmullo de su melódica voz, haría que esas mejillas se sonrojaran más. Las palabras de Akeboshi, complementando las propias, resonaban como la dulce miel de su mirada, empapándole por completo. Se impulsó hacia la cama junto a él, deseosa de besarlo, de tenerlo.

Pero el músico tenía otros planes. Detuvo su andar a medio camino, quedando él sentado sobre las sábanas, y ella sentada sobre sus piernas, con las pelvis cercanas, aunque no tanto como necesitaba. Observó su torso, y algo más abajo. Mordería su labio inferior, relamiéndose, inconsciente. Su diestra iría a acariciar los castaños cabellos de Akeboshi, quien mantenía estos a la altura del pecho apenas cubierto de la Yamanaka. Y aquellas palabras que soltó lograron poner su desesperada alma en un temporal descanso. En una seguridad que invadiría su piel, arrebatándole el aliento. —Nos fundiremos, tenlo por seguro. — Su cuerpo se apegó, al igual que su pelvis. Sintió la excitación de las manos cálidas y sedientas acariciar con vehemencia su parte trasera, inclinando sus senos instintivamente hacia el rostro del castaño.

Y esos dos besos endemoniados lograron estremecerle, provocando que su cuello se torciera hacia atrás, en un intento por contener un espasmo que nada de comparación tenía a lo que hubiese sufrido antaño. Apretó sus labios, ahogando suspiros inconexos. —Nghaah... — Uno más sonoro, imprevisto. Sintió aquella traviesa lengua hurgar en una de sus cerezas, arrebatándole la cordura. La diestra que antes acariciaba sus mechones, ahora se aferraba con fuerza a estos en un intento por retenerlo, y, a su vez, ayudarlo. Los espasmos que sufría su cuerpo se hicieron presentes, ya no pudiendo contenerlos.

Y de pronto, sus pechos quedaron libres. La opresión que sentía producto de la tela azabache caería, colapsando sobre el torso de su compañero. Finalmente cedía, recostándose sobre las sábanas. Y ella así lo seguiría, estirando su siniestra en pos de apartar la prenda que le quitaba visión de ese deseado cuerpo. Pero no todo era fácil, y es que su media naranja se encargaba de incomodarle en cada acción que deseaba realizar. Sintió la mano traviesa del músico escabullirse por su muslo, tratando de llegar a su entrepierna. Entrecerró sus orbes, lanzando un nuevo gemido. Apretó ambas piernas a modo de instinto, mas no logró juntarlas debido a que entre medio se interponía la pelvis acalorada del castaño. Su pulso se aceleró aún más, si eso era físicamente posible.

Apretó sus labios, desesperada. Tuvo que entreabrir su boca para dejar escapar el aire que retenía, sin poder evitar relamerse por el placer que aquel contacto provocaba. Como buen músico, era hábil en manipular sus armas que tocaban cada instrumento. Tuvo que apegarse al torso de este, sintiendo un leve temblor invadir su cuerpo. Sentía la humedad de su cuerpo aumentar, desbordándose en aquella zona. Y como si él hubiese escuchado sus plegarias, alcanzó su rostro con el fin de unir sus labios en un nuevo beso. Húmedo, travieso. Su lengua pasó incluso por fuera de su boca, adorando esos labios cálidos que tanto le fascinaban.  

Sintió sus suspiros, su jadeo. La lujuria antes contenida en su ser ahora se intensificaba, demostrando que no existían límites para el placer que él podía otorgarle. Sus dedos, su respiración, sus suaves e incitantes empujes a unirse. Sentía que la locura se apoderaba de su alma, quemándose. Sólo la unión completa, consumada, podría ayudarle a recobrar algo de cordura. Y, continuando con el deseo de ambos, bajó su pelvis hasta la contraria, ayudada de la labor que la siniestra del castaño había hecho para apartar la tela azabache que se hubiese interpuesto en el fin, mas ahora quedaba libre para encajar a la perfección.

Bajó, sintiendo cómo ambos se unían, sin reprimir entonces un gemido agudo, duradero. Se aferró como pudo a la espalda de Akeboshi, incluso más fuerte de lo debido. Un nuevo espasmo, una respiración caótica. Colapsaba, se desbordaba. Temblaba de puro placer, entregándole su cuerpo por completo. Quería besarlo, mas su rostro se apegó al hombro izquierdo, tratando de controlar su propio cuerpo. No pudo, había llegado al cielo. Y, aún así, deseaba más.

Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Miér Mayo 30, 2018 5:02 pm

Dos Estrellas
AKEBOSHI YOSHIO
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
De haberse encontrado al aire libre, toda la nieve rezagada del invierno pasado hubiese abandonado las tierras del país. Ensimismado en la experiencia del sabor de la piel ajena en sus labios, Akeboshi cerraba los ojos imaginando una suerte de vista calórica. Se sentía parte de ella en una llamarada que incineraba la pobre cama, que por más vieja y sucia que fuera, nunca habría visto cataclismo mayor. Viendo la escena desde un tercer punto de vista, hasta le hubiera desagradado la brutalidad con la que se alimentó del pecho de Mireyu, extasiado por esos quejidos de placer. Una voz perfectamente femenina, salida de lo más primitivo de su sexo, retrocediendo al músico al mismo estado mental. Sin saber ya qué hacían sus extremidades, locas danzantes contra la piel e intimidad ajena, solo era consciente de la estela dejada por sus besos, alternados entre senos, boca, y cuello. Tarde se darían cuenta de las marcas selladas en este último. Y también era bien consciente de la invasión de aquellos dos dedos, entrometidos donde no les correspondía, pero no por eso tímidos. Sus falanges una a una apostaban por más, pero tuvieron que rendirse a una abrupta retirada en cuando el jugueteo pasó a ligas mayores.

Ella bajó, con intenciones más claras que en un telegrama. La mano siniestra del artista decidió portarse bien por vez primera, y bajó más rápido aún para alcanzar el segundo instrumento del músico, pero su primer cerebro—en este caso. Siendo cada milisegundo primordial, él se preparó para su llegada, separando incluso las piernas levemente para forzar un gesto similar en los tiernos muslos a sus lados. Y cuando todo se dio, la habitación dejó de existir. Dio igual el frío bajo la puerta, dio igual la burda posada. Dio igual la aldea y el país. Todo era reemplazable, prescindible, todo menos ella. Cómo podía ser aquel acto tanto más penetrante que cualquiera anterior, no lo sabía; pero no era simple placer el que se inyectaba directo a su espina, sino algo más. Un motor se activó en su cuerpo, y con fuerza los dedos de la zurda se enterraron en la cintura de la mujer. La hermana fue directo a su mejilla, para pedirle que se quedara ahí para siempre, mientras él la besaba entre quejidos asombrados de placer. No podía evitar ocultar esa sorpresa, provocada por la extraña sensación que alcanzaba desde la entrepierna—protagonista de toda acción-hasta la mismísima boca del estómago, donde dicen que el espíritu mismo reside. Había sido transportado por ese cosquilleo.

Pero así como las emociones estaban a flor de piel, y en su corazón se convencía de haber encontrado la verdadera razón de su existir, la lujuria pura también ganaba terreno. Akeboshi era un hombre de pecados, y estos le ganaban muy fácilmente el pulso en cualquier situación. Cuando volvió a abrir los ojos, estos no serían de un miel cálido cual hogar de leña, sino dorados como los de un predador en plena caza. Frunció levemente el ceño, mirando a Mireyu a los ojos, compitiendo contra ella. Comenzó a moverse no tan rápidamente, sino fuertemente, aseverando su convicción en cada impulso. No podía evitar morderse el labio inferior, pero no era realmente el que deseaba sentir bajo sus dientes. Por eso volvió a ella, y en cambio usurpó los suyos. Intercaló besos, con lamidas, y mordidas. Un animal que no sabía si jugaba, o mataba. Lo violento de sus ataques de pelvis parecía sugerir lo segundo, pero era todo en pos de llegar lo más profundo posible en el núcleo de su alma, y así comprobar qué tan gemelas podían llegar a ser.

Por más que la porción del físico propio injerto en ella era un pequeño porcentaje de su ser, todo su sistema nervioso se había enfocado en la tarea. Sentía un completo abrazo perfecto, fogoso y calzando con su silueta como hecho a medida. De algún modo le dolía, por ser más su emoción que la capacidad de su cuerpo, pero deseaba continuar sintiendo ese dolor. No solo ahora, sino siempre que pudiera. Sólo gracias a este se sentiría realmente vivo; una prueba de su humanidad, por más básica que fuera.


Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Yamanaka Mireyu el Vie Jun 08, 2018 3:13 am

Dos Estrellas
Mireyu
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
El mundo podía derrumbarse, y sin embargo ellos seguirían existiendo en ese pequeño trozo de realidad que habían creado. Esa realidad que hasta ahora jamás había experimentado, logrando llevarle hacia niveles insospechados de placer. Mantendría su agarre hacia la espalda del músico, sintiendo el sorpresivo gemido que este soltaría, logrando dar vuelta su realidad. Conseguía estremecerle por completo, llevándole a la locura, incitándole a su cuerpo a liberarse de todo control mental. Su respiración entrecortada se alzaría junto a la contraria, como si quisiese atrapar esas exhalaciones al aire para alimentarse de ellas, desesperada.

Podía sentir las caricias de sus manos invadirle, apoyando su mejilla contra la mano que ofrecía el calor tan deseado, tan añorado. Como si hubiese esperado ese momento toda su vida, esa unión perfecta. Su cuerpo inicialmente rígido y estremecido por el primer contacto profundo, adquiriría mayor movimiento al sentir el vaivén que el castaño realizaba con su pelvis. Espasmos vendrían nuevamente, a medida que los quejidos que se escapaban por entre sus labios aumentaban, desbordando la excitación que mantenía dentro de su cuerpo hirviendo.

Abriría sus orbes, observando entonces la mirada felina de su amado, aquella que parecía querer devorarle luego de haberle engañado con la miel de su dulzura inicial. Y sin embargo aquello no lograría amedrentarle, sino excitarle más. Con sus propios celestinos entrecerrados, mantendría el contacto a medida que sus labios entreabiertos dejaban en evidencia su entrega al placer que él le otorgaba, moviéndose a la par que lo hacía el cuerpo contrario. Subiría un poco más, arrepintiéndose al instante para bajar, topándose con el miembro del músico en el proceso, y con ello logrando una mayor penetración. A cada acto de bajada le seguían suspiros sonoros, agudos. Espasmos incontenibles, apretones contenidos de dolor debido a las emociones fuertemente desencadenadas por el encaje.

Lo besaría, sintiendo la humedad de su boca volverse mayor a lo habitual, intercalando juegos entre su lengua y labios ajenos. Devolvía mordidas, entregaba gemidos. La emoción contenida en su pequeño cuerpo le haría cerrar sus orbes, alejando de vez en cuando sus labios para alzar la voz en un nuevo quejido, fruto de la pasión desatada. La rapidez con la que empezó a avanzar provocaba que su cuerpo completo se quemase, sucumbiendo totalmente. Lo deseaba, lo necesitaba. Sabía que aquello era el elixir de su vida, la razón de su existencia. Y no simplemente el mero hecho carnal, que si bien era una parte importante, iba de la mano con la sensación de plenitud y entrega mutua que jamás creyó llegar a sentir en su vida.

Su diestra iría hacia la mejilla contraria, aferrándola para así perpetuar un nuevo sello de ambos labios, temblorosa. Exhalaba la calidez que, desbordada, se escapaba entre sus poros. Lo besó nuevamente, corto, reiterado, desesperado. Y entre su pérdida de juicio, entre las contracciones que lograba sentir a medida que ayudada de sus muslos y parte trasera se movían al ritmo de él, se le escapó un pensamiento reiterado, invasivo. Uno que sentía que estallaría en su pecho más de una vez, a pesar de haberlo negado al inicio. Uno simple y complejo a la vez, tan significativo que ni ella conocía su verdadero significado.

Te amo — Entre susurros y besos, lo dijo. Apretaría sus dientes, sabiendo que venía un nuevo espasmo. Sus muslos se juntarían algo más, a medida que la diestra que antes acariciaba la mejilla contraria ahora se tornaba rígida, presionando entonces su cuello. Le pertenecía, no había vuelta atrás. Lograba llegar a lo más profundo de su ser, recordándoselo a cada nuevo golpe, elevando la taquicardia al infinito. No aguantaba más, no por mucho. Aquello ya no podía llamarse respiración, era caos. Un caos perfecto.

Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Sáb Jun 09, 2018 12:02 am

Dos Estrellas
AKEBOSHI YOSHIO
Yukigakure no satoPosadasPrimavera 7 DD
Atrapado en una enredadera rosa luchaba por su libertad, renegando entre dientes que también usaba para combatir a la hiedra venenosa. Se aferraba a sus contornos, la marcaba con sus uñas descuidadas. Era violento, pero también cuidadoso de su naturaleza. Disfrutaba el aroma de sus hebras de cerezo, y probaba la fruta de sus labios con total devoción. Sin tapujos acompañaba aquellos ataques suyos con inconscientes quejidos y suspiros, sabiendo que eso descontrolaba a la maraña de placer que era Mireyu. Las miradas de ambos, clavadas siempre y cuando la lujuria no les obligara a cerrar los párpados, emanaban una especie de contacto esotérico que conecta sus perdidas almas. El músico nunca consideró realmente propia la suya, y aún siendo prestada ahora se tomaba el atrevimiento de regalarla. Dejaba ir toda su energía con aquellos movimientos ascendentes—que agraciada ella devolvía-, entregando también su entero ser. Nunca había estado tan perdido, y en el sitio correcto al mismo tiempo. Allí donde el destino siempre lo quiso, y tanto le tomó llegar.

Bajó el ritmo para recuperar el aliento, mientras ella parecía masticar una idea, aún hundida en sus excitantes gemidos.

Preguntaría dónde estuviste toda mi vida —jadeaba, interrumpido—, pero la misma acaba de empezar.

Palabras ridículas de una frase que no funcionaría ni en el más barato de los bares, contra las más fáciles de las mujeres. Pero ahora daba igual, toda jugada era permitida cuando la copa—o las copas de pecho-se encuentra entre manos. Tenía derecho a ser estúpido, a no pensar; a no ser juzgado por mostrar lo simple y contradictorio a su autocrítica que podía llegar a ser. Y ella también podía, al parecer. Derrumbando por completo la represa de sus emociones, Mireyu dijo las palabras mágicas. Esas que solían abrir puertas y conceder deseos, pero en el mago farsante, sólo las cerraban. Continuó sus movimientos por reflejo y para no derrochar la perfección de la anatomía en ambos, mas su cabeza se perdió por un momento.

¿Qué derecho tenía él a recibir ese regalo? Una pregunta muy trillada, que no dejaba de ser cierta. Esa vida a la que ella se quería encadenar ni siquiera era suya. Akeboshi realmente había perecido en la nieve, destrozado, o cuando mucho en una clínica clandestina del mejor nivel. Cómo puede amar o ser amado el no-muerto, cuyo corazón no le pertenece, pues fue devorado de una víctima. No podía, no debía, pero quería. Y el querer era más grande que los otros dos impedimentos. ¿Debía ser egoísta y apropiarse por completo de aquella identidad arrebatada? Quizás aquella era una señal, de que debía mandar a la mierda aquellos pensamientos lamentistas. Solamente una vez había apartado su amor por la eficiencia por el bien de salvar una vida, y ello provocó su caída total. Por ello le costaba el ayudarse siquiera a si mismo, queriendo dar un salto celestial tan alto que, arrebatado por un golpe demoníaco, conllevaría a una caída más fuerte de la podía soportar. Su preocupación, más allá de eso, era que ella no lo pudiera soportar. Que se desilusionara, que se pusiera en peligro, que llorara, que se angustiara. Qué derecho a arriesgar otra vida ajena, aunque, después de todo, ella habló primero.

Y yo —dijo con timidez, mentalmente cerrando los ojos con fuerza, como quien da un salto de fe superando a duras penas sus miedos. Pero una vez que el salto está hecho, ya no hay vuelta atrás. Mejor disfrutar el viento en el rostro—. Te amo también —añadió entonces más seguro.

Su concentración había flaqueado, obviamente, pero ahora dueño de su propio espíritu sentía una nueva fuerza. Era la sensación de ser entero, no sólo junto a ella, sino por su cuenta. Sin saberlo le había dado mucho más que amor y placer; también amor propio. Y eso le daba miedo, pero la adrenalina era más fuerte. Esta le llevó a abrazar el torso fino de la mujer, tirando hacia el propio para sentir el calor de sus latidos. Con dientes y besos se aferró a su cuello, y a veces hombro. Trepó hasta su oreja, besando el lóbulo, y corrigió trayectoria hasta dar con su boca. Aquellos nuevos besos, si cabía la posibilidad, eran más apasionados que todos los anteriores. Había mucho más en juego, y mucho más ganado. No había nada por detrás, y una vida entera por delante.


Volver arriba Ir abajo

Re: [Presente +18] Dos Estrellas

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.