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[Misión rango C] En nombre de los dioses.

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Takeru Madarame
Renegado C

[Misión rango C] En nombre de los dioses.

Mensaje por Takeru Madarame el Dom Mayo 06, 2018 12:23 am

En nombre de los dioses
País del HierroInmediacionesPrimavera
Bostezó. —Dime anciano, ¿Alguna vez has sido feliz? —La voz de Madarame era cruda, recordaba a la que usaba en el principio de sus viajes, cuando tenía claro el rumbo que quería tomar. Ese déspota peligro que por nada se preocupaba. —Nunca. —El anciano tenía lo esperado, un tono ronco que recordaba al de su abuelo. —Pero ser feliz no es todo lo que importa. —Agitó las manos para hacer detener el carruaje, los corceles se detuvieron al unísono, haciendo caso a las órdenes de su mandatario. —En fin, llegamos, es lo más lejos que te puedo traer al norte. —Takeru se levantó de entre los costales y dio un salto para bajar. Se despidió del anciano y comenzó a caminar.

Días atrás había estado en el puerto del país debido a una misión que lo había traído, un viaje de norte a sur, nada complicado. Aquel viaje terminó por sumirlo en un contrato de guardaespaldas donde tuvo que proteger a lo que parecía un pez gordo en unas negociaciones. No todo había sido malo, si bien no encontraba transporte directo hacia el norte, por la mañana se hizo con la ayuda de aquel anciano que lo acercó a lo que era el centro del país. Tenía planeado encontrar un lugar donde pasar la noche antes de proseguir con su camino.

Así, con una meta definida en la mente comenzó a recorrer los nevosos pasajes que el país del hierro le tenía preparado. Al cabo de un par de horas caminando entre la nada fue a parar a las orillas de un río donde una barca estaba amarrada. Revisó el interior hasta encontrar una bolsa negra, el olor era putrefacto e imaginó al instante el contenido del paquete. Utilizó el mecanismo kunai para mostrar el arma y rajó el plástico de arriba para abajo, mostrando el contenido. Era lo esperado, se trataba de un cadáver, aunque algo distinto a lo que esperaba.

—Dioses. —Susurró. Aquel muerto estaba bañado en flores blancas y cuando revisó con calma es como si la carne muerta fuera la tierra de donde nacieron, incrustados sus tallos dejaba a la vista pequeñas motas de sangre, murió a causa de esto. Fue entonces cuando sintió la presencia de alguien a su alrededor, sin perder tiempo se puso de pie y regresó el ámbar de sus ojos para los troncos al borde de la muerte. —No soy ningún tipo de bandido, mi nombre es Takeru, herrero y viajero. —Dejó caer el kunai a la nieve, aunque estaba acercando la diestra a la funda de su katana.

Una chica salió de la nada, saltando se las ramas de los árboles para mostrarse, portaba encima una especie de mazo extraño y en su diestra un escudo de madera. — ¿Cuánto tiempo llevas aquí? —Preguntó la chica, mostrando por primera vez su rostro, liberando la bufanda que lo cubría. —Apenas unos minutos, voy rumbo al norte y estaba de paso cuando encontré la barcaza, ¿Lo conoces? —La chica asintió lentamente y de sus ojos comenzaron a brotar lágrimas. Posterior a ello mantuvieron una plática, el tipo de ahí era su prometido, un enviado del pueblo a las tierras de los dioses para comprender que pasaba ahí.

Ofreció llevarlo a su poblado mientras explicaba la situación, al parecer durante las noches de los sábados es costumbre de ellos mandar un barquero a la pequeña isla donde tiene que cosechar una rosa roja del pastizal que está al centro y al mismo tiempo plantar una más. Una tradición donde agradecen a los dioses por todo lo que han hecho por ellos, lamentablemente, loas cosas habían cambiado en las últimas y es que todos los barqueros mandados a realizar el ritual regresaban igual. Aquellas flores clavadas en su carne muerta era la respuesta de los dioses ante su ofrenda y esto estaba preocupando a todo mundo en el poblado.

Takeru no tenía intención de verse comprometido en algún trabajo más, pero sonaba curiosa la idea de enfrentar la ira de los dioses o cuando menos, hacer frente a aquellos que se autodenominaban así. El herrero entró a la casa del gobernador y puso las cartas sobre la mesa. Ofreció un contrato sencillo por algunas monedas, él descubriría que es lo que había hecho enojar a los divinos y a cambio obtendría un caballo y algo de dinero que le permitiera continuar su camino. Aquel regordete hombre aceptó ante la oferta, en el peor de los casos, perdería un caballo y unas cuantas monedas, en el mejor, no tendría que pagar nada.

Madarame salió confiado, nada que distara de su comportamiento y pasó a una taberna donde se encontró con un mercader. El hombre portaba armas que llevaba al puerto y ofreció sus productos al ver la katana, a cambio de unas cuantas negociaciones el azabache se hizo con un cargamento de shurikens a muy bien precio. Lo suficiente para seguir mejorando sus habilidades, por primera vez en meses tenía armamento suficiente para lucir sus técnicas. Sintió especial afecto a ellas, de ser tan miserable había pasado a tener algo con que lucirse un poco.

Salió ya entrada la tarde para ser guiado por la muchacha, vestía como de costumbre, aquel abrigo de lana y el cubrebocas impoluto, aunque llevaba a la mano todas sus armas, incluidas las shurikens recién selladas en sus pergaminos. Caminó entre la nieve sin hacer mucho ruido hasta llegar a la barcaza que lo transportaría al islote. Se despidió de la chica y prometió resolver el misterio que mató a su futuro marido, o cuando menos, honrar su memoria para que no quedara en la nada. Al subirse no pudo evitar sentir nervios, enfrentar la ira de un dios sonaba extravagante.

Usó los remos para avanzar tranquilo y rodear el islote, estaba analizando las dimensiones del mismo, no parecía ser tan grande, aunque según la información dada por los mapas del poblado se trataba de una extensión de tierra de alrededor de quinientos metros cuadrados. Finalmente decidió entras por el oeste, amarrando la barcaza a un viejo árbol cuyas raíces se alimentaban del río. Al tocar tierra sintió un olor bastante peculiar, se trataba de algo extraño, un aroma que provocaba algo de sueño. Entendió de inmediato que era un somnífero natural, aunque no comprendía cuanto tiempo tardaría en caer dentro de sus garras.

Quizá fue una coincidencia que el cubrebocas retrasa la entrada de aquel intoxicado aire, pero estaba seguro de que tendría mucho tiempo más que los anteriores. Comenzó a moverse, aunque en esta ocasión lo hizo entre las ramas, saltando de una a otra buscando retrasar su llegada, espiando en todo momento su alrededor hasta que finalmente dio con su destino. Se trataba de un jardín natural de rosas, hermosas y rojas, igualando al color de sus orbes, a ese carmesí tipo sangre. Todas y cada una se movían siendo mecida por los fríos aires del país del hierro.

Bajó de las ramas de los árboles y caminó hasta el centro hasta cortar la rosa correspondiente, tomó la semilla que le habían otorgado e hizo hueco entre la tierra para que esta pudiera florecer a la perfección, en ese instante un kunai peino la mejilla del chico y este simplemente mostró una sonrisa aletargada. No tenía planeado tener que pelear tan rápido, pero aquellos hombres habían cometido el error de mostrar su posición, el kunai también terminaría saliendo del mecanismo y este lo lazó directamente a la cara de uno de los hombres escondidos entre las ramas. Esquivó por nada.

Takeru emprendió carrera y soltó sus pergaminos para comenzar a lanzar armas a diestra y siniestra, atentando contra la vida de los malhechores. Finalmente, cuando estuvo a nada de los árboles dejó ir el par de herramientas al suelo, un par de sellos fueron lo necesario para que los papiros se elevaran y él saltó al punto máximo de los mismos flotando como si de un auténtico divino se tratara. Descubrió entonces que era un total de tres hombres los que le hacían frente a la lluvia de hierro. Cuando encontró que era inútil seguirlos atacando decidió bajar de su danza eterna.

Hizo cuatro sellos hasta llenar los alrededores de una niebla negra que finalmente encendió con ayuda de sus dientes, encendiendo la negrura y alimentando la ira de aquellos extintos dioses. Una nube de fuego que provocó gritos entre los hombres, haciendo que perdieran la locura en el proceso. Notó entonces que uno alcanzó a escapar y decidió alcanzarlo. Se movió entre las ramas de los árboles hasta llegar a él, comenzó a jugar con su mente, dejándolo creer que atacaba por un lado cuando sus movimientos estaban procesándose por otro. Dejó de jugar, saltó de una de las ramas y cortó uno brazo de un solo tajo, dejándolo bastante herido, aunque aún poseía la extremidad.

Interrogó al hombre hasta entender todo, parecía ser que el gobernador hacía mal las cosas y engañaba a sus campesinos haciéndolos enterrar unos cuarzos negros de gran valor, hombres venían a recoger los cuarzos y los vendían a grandes precios. De ahí que el trío decidiera robar los cuarzos y eliminar a los barqueros. Takeru optó por la salida fácil, rajó la garganta del hombre y después regresó al campo de flores que quemó sin dudas. Prendiendo fuego a todo hasta que se consumiera en cenizas. Finalmente regresó al poblado y explicó que a cambio de corregir sus errores tuvo que terminar con la vida de las flores.

Finalmente entró a la residencia de aquel gobernador y explicó que lo sabía todo, el regordete anciano le regaló una carroza y pagó más de lo establecido en el contrato. Ahora podía seguir su camino, el norte estaba más cerca que nunca.
Información de la misión:
Rango C


Nombre: En nombre de los dioses.

Lugar: País del Hierro.

Encargados: Takeru Madarame.

Longitud: Lo que tenga que durar.

Descripción: Tras no encontrar un trabajo que le permitiera regresar a la villa, Takeru decide emprender su camino en solitario, de un modo u otro caminando entre la nieve llega a un viejo poblado donde se hace con un contrato particular. Recientes desapariciones están mermando la estabilidad de los habitantes, quienes adjudican tales eventos a la ira de un viejo dios. Es trabajo del herrero resolver el misterio.

Notas: —.

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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

Re: [Misión rango C] En nombre de los dioses.

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Dom Mayo 06, 2018 8:15 am

TEMA CERRADOPuntos otorgados a Takeru.

  • Mediante post: 4 PN.
  • Recompensa de misión: 4 PN y 1800 ryos.
  • Total: 10 PN y 36250 ryos..

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