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[Misión rango C] No todo lo que brilla es oro.

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Takeru Madarame
Renegado C

[Misión rango C] No todo lo que brilla es oro.

Mensaje por Takeru Madarame el Dom Mayo 06, 2018 9:18 pm

No todo lo que brilla es oro
País del HierroCosta estePrimavera
Despertó a mitad de la noche casi por instinto, las pesadillas seguían siendo sus peores enemigas, aquellos sueños donde se encontraba al borde la muerte y todos aquellos a quienes mató estaba en fila para acabar con su vida. Desde animales hasta personas, pasando incluso por sus demonios internos, nadie más que él tenía la culpa de todas y cada una de esas muertes. Tenía la boca seca y aunque eran las cinco en punto de la mañana sintió la necesidad de ponerse a trabajar. Bajó las escaleras de la posada hasta la cocina y bebió el agua necesaria para hidratarse. Se vistió y finalmente salió del complejo.

Habían pasado un par de semanas desde que fue a visitar la tumba de su abuelo, desde aquella ocasión donde aprendió una de las técnicas más importantes del arte Tensasai, la bomba dragón. Aquel viaje había resultado en un conjunto de emociones que no era incapaz de entender, empezó con él muriéndose de hambre, pasando incluso por la ira de los dioses falsos para culminar en el pueblo que le vio nacer conociendo más sobre su abuelo. El dinero ya no le hacía falta, había hecho un amago para esconderlo del todo, nadie más que él sabía la ubicación exacta de todo, y aunque era verdad que podía tomarse una temporada libre, de algún modo quería seguir trabajando.

No era quien para juzgar cuando empezar o cuando terminar de realizar encargos, pero la adrenalina de estar al borde la muerte era lo único que lo mantenía con vida, de no ser por ello probablemente se habría suicidado ya. Incluso los vicios eran buenos, tenía razones para salir de casa cada que los cigarrillos se terminaban, aunque había pecado demasiado, en el sentido de que al saber que poseía dinero lo estaba gastando en cosas innecesarias. Aun así, se hizo con un equipo decente, múltiples armas y artefactos que ayudarían en sus misiones, por primera vez en su vida honraba lo que su abuelo le había enseñado.

Llegó entonces hasta el lugar donde se repartían las misiones, encontró a muchos como él busca de un pergamino que los hiciera con un contrato para poder continuar con sus deberes diarios. Se acercó y revisó minuciosamente cada uno de ellos hasta que encontró uno interesante. —Veo que por fin te has dignado en venir, ¿Qué te trae de vuelta Madarame? —La voz del guardia se hizo presente, era uno de los pocos con quienes llegaba cruzar palabras. —La vida. —Contestó el herrero sin muchos animas mientras seguía buscando.

El guardia se cansó de verle buscar, así que tomó un pergamino de los apartados se lo lanzó directamente al pecho, Madarame lo tomó y revisó. —Creí que habías muerto, tenía semanas sin verte. —El moreno aguantó lo suficiente. Takeru estaba entretenido revisando las condiciones del contrato por lo que los rubíes estaban bastante ocupados de momento. Finalmente regresó la vista y clavó los ojos en los contrarios. —Me costó algo de trabajo volver del último encargo, nada grave, en fin, me largo. —Se despidió del guardia levantando la mano y salió del lugar con el pergamino en manos.

El contrato era sencillo, al parecer tendría que escoltar a la prometida de alguien hasta la costa este del país casi llegando al puerto, un poblado extraño donde moraba un gobernado de unas tierras ricas en carbón. No había muchos más detalles, por lo que desconocía por completo si tendrían transporte disponible o no para sus aventuras. Madarame caminó hasta el lugar indicado, una casa de dos pisos algo cuidada, aunque bueno, cualquier cosa en Yukigakure parecía basura ante algo medianamente bien hecho por cualquier arquitecto cuyas habilidades fueran comunes.

Tocó el portón dos veces hasta que finalmente se abrió, una muchacha bastante delgada era la autora del acto y entregó una sonrisa acomedida al herrero. Su piel era blanca y recordaba al color de la nieve, casi insustancial, su cabello era rizado y de color café, brillante y bastante cuidado, el par de ojos era del color del ámbar. En resumen, toda una belleza. Pero se había algo que destacar era aquel aroma a frutas que su piel expedía, una loción que nunca había tenido el placer de presenciar. Takeru saludó enérgico y presentó el pergamino.

—Ya veo, serás tú quien me llevará hasta la costa. —Notó cierto desánimo entre sus palabras, pero se limitó a asentir. —Entonces en marcha, fuera nos espera una carroza, con su correspondiente conductor. —El herrero caminó hasta el lugar donde tenía la maleta y ayudó a la chica a salir de casa, ambos caminaban entre la nieve, aunque el abrigo de ella era tan grande que apenas y podía caminar. — ¿Y cuál es tu nombre? —Preguntó la mujer. —Takeru. —Respondió el azabache. —Yo me llamo Saori, mucho gusto. —Y se hizo el silencio.

Llegaron al transporte justamente fuera de la aldea, un carromato justo para transportar las pertenencias de alguien y llevar dos o tres pasajeros, dependiendo de la comodidad deseaba. El azabache dedicó los primeros minutos a revisar la constitución de lo que sería su transporte durante los próximos tres o cuatro días, la costa este tenía caminos entre montañas y valles por lo que moverse ahí llevaba un poco más de tiempo que ir directamente al puerto principal. Cuando estuvo seguro de que podría soportarlos se montó junto al conductor. —Si las cosas se ponen feas, tu siempre tira para adelante, yo me encargaré de lo demás. —Y se metió al carruaje.

El tiempo hizo lo suyo y el viaje comenzó. Durante las primeras horas del mismo todo fue paz y tranquilidad, los caballos respondían bien y a un ritmo constante. Saori buscó cruzar palabras con Takeru para saber un poco más de él, aunque el pelinegro evitaba sus preguntas o simplemente respondía lo necesario. Fraternizar nunca había sido uno de sus fuertes, pero tampoco es que importara demasiado, prefería que fuera así, conocer a las personas solo formaba lazos y los lazos daban paso a debilidades. No quería ser débil.

Sin embargo, no todo sería tranquilidad incluso para él. A mitad de un paraje de curvas entre las montañas una de las ruedas del carromato comenzó a fallar, haciendo que los caballos tuvieran que reducir su paso. Takeru bajó del transporte para apoyar al conductor en el cambio de la rueda, no duró mucho, unos cuantos minutos se perdieron en ello. Para cuando regresó al interior del transporte encontró a Saori dormida, la mujer no prestaba mucha atención a lo que pasaba a su alrededor. Más tarde que temprano Takeru también sucumbió ante la necesidad intrínseca de dormir, cerrando el par de carmines en el proceso.

Horas después sintió como una flecha peinaba su mejilla, al instante reaccionó, cometió el error de haberse quedado dormido. Saori al mismo tiempo hizo lo suyo, se asustó un poco al ver como un par de flechar se estampaban contra la madera de forma constante, tal y como lo había dicho, el conductor siguió tirando hacia delante, aunque los caballos estaban algo asustados. El pelinegro hizo un amago para subir a la parte superior del transporte, un movimiento sencillo mediante el cual colocó ambas plantas de los pies sobre la madera y después se posó en lo alto.

Miró detenidamente a sus enemigos, un carruaje que cargaba a un par de personas y en lo alto uno más que se movía entre la tundra. Era hora del espectáculo, hizo un movimiento para deshacerse del abrigo, mostrando por primera ocasión su camiseta negra de tela delgada. Llevó la diestra a la espalda, tomando del estuche grande un sello explosivo, lo cargó directamente sobre una aguja en el lanzador central y soltó de inmediato el fino metal, buscando impactar contra el carruaje de la altura. A la par unas cuantas flechas intentaron comerse su carne, pero evitó todas con ayuda del mecanismo de kunai oculto que ahora era visible.

Un estruendo se hizo presente cuando el sello explosivo impactó contra la carroza, elevando pedazos de madera por los aires y al mismo tiempo acabando con la vida de aquellos que iban en el interior. En esta ocasión cambió el foco del encuentro, la izquierda volvió al estuche grande y retiró un pergamino de color rojo, tal como lo esperaba, hizo un sello de manos y al instante todo fue a peor. Para ellos una especie de dragón de fuego sería lo último que verían, aquellas llamas les dieron de lleno, liberando miedo y pavor, terminando con sus vidas.

Takeru volvió a cargar su mecanismo kunai y entró al transporte, usando su abrigo cubrió el cuerpo, sentía el frío calar en su carne y huesos. Notó como Saori estaba escondida entre la tela del suyo, mantenía el par de ojos ámbar expectante de alguna herida para el herrero, pero suspiró al verlo bien. —Gracias al cielo estás vivo. —Madarame no respondió y se limitó a tomar la cajetilla de su abrigo, encendió entonces con ayuda del mechero la punta y comenzó a fumar. Vio como Saori hacía muecas, aunque esta no hizo reclamo alguno.

Un par de días transcurrieron, pasaban las noches alejados de los caminos principales y Takeru hacía de cazador para conseguir algo de comida, aunque llevaban la suficiente para sobrevivir a base de frutos secos. Traía ocasionalmente pedazos de carne de cerdos salvajes y en una ocasión tomó un gran trozo de una vaca extraña que encontró. Aunque Saori no consumía las proteínas el conductor sí agradecía el esfuerzo del pelinegro. Fue hasta el último tramo donde una especie de embauque les esperaba, un grupo de cuatro hombres con ballestas apuntando directamente al transporte. —Caballeros, entreguen todo y podrán salir vivos de esta. —Alcanzó a escuchar por la ventana.

Saori estaba preocupaba a pesar de que días atrás le vio hacer grandes cosas a mitad del camino y en movimiento. Madarame se bajó del carruaje e hizo un amago para entregar la katana, cuando los forasteros vieron su cooperación relajaron un poco los músculos, entonces el aprovechó el momento para atacar. Ambas manos tomaron los pergaminos especiales de su abuelo y los dejaron caer sobre la nieve, al instante un par de sellos se formaron entre sus manos para elevarse a lo alto.

Una lluvia de hierro se hizo presente, liberando kunais y shurikens que mermaron en la carne de los hombres quienes huían despavoridos, aunque no fue suficiente para escapar de las garras de la muerte, perdiendo su vida en el proceso. Takeru ayudó a la chica a retomar la compostura y comenzaron de nuevo su camino. El último tramo fue un trámite, llegaron al poblado donde ofrecieron al herrero a quedarse en la casa del gobernador debido a sus servicios, aunque este simplemente se negó, cobró el dinero y se metió a una posada con el fin de descansar, al día siguiente ya tendría tiempo de pensar en su regreso.
información de la misión:
Rango C


Nombre: No todo lo que brilla es oro.

Lugar: País del Hierro.

Encargados: Takeru Madarame.

Longitud: Lo que tenga que durar.

Descripción: Dos semanas después de su regreso a la villa Takeru decide ponerse a trabajar una vez más. El contrato que consigue es sencillo, debe escoltar a una mujer hasta la costa este del país donde contraerá matrimonio con el gobernador de un pequeño pueblo.

Notas: —.

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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

Re: [Misión rango C] No todo lo que brilla es oro.

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Lun Mayo 07, 2018 8:27 am

TEMA CERRADOPuntos otorgados a Takeru.

  • Mediante post: 4 PN.
  • Recompensa de misión: 4 PN y 1900 ryos.
  • Total: 4 PN y 38150 ryos.

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