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[Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

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Cositas y más cositas
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[Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Cositas y más cositas el Lun Mayo 07, 2018 4:30 pm

La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol
TOTSUKI AKIRA
Getsugakure no satoBiblotecaPrimavera 7 DD
Algo especial tenía la fricción, que sabía cubrir todos los espacios. La biblioteca era ancha y angosta a la vez, dependiendo por dónde se la experimente, pero sin importar el ambiente era la fricción la que acompañaba a uno incondicionalmente. Los tacones de la bibliotecaria, sólidos y contundentes, terminaban siendo tan olvidables como los aplausos tímidos de un solo espectador conforme. La fricción corría cual caudal del arroyo. No se cuestiona el origen ni el destino; sólo se disfruta de su pasar y lo que este significa: conocimiento. Libros gozosos de su propósito cumplido.

La gruesa y curtida piel del moreno era especialmente eficaz para hacer susurrar a las páginas. Sus yemas de profunda huella atrapaban la punta del papel con ahínco, y este sumiso no encontraba por dónde causar sus cortes ardientes. Posteriormente los cayos en palma y dorso limaban las imperfecciones de la celulosa, emitiendo con exageración ese sonido que ya tantas veces se repitió en su cabeza. O más bien nunca acabó. E incluso entre el bullicio de la jungla talada, lograba enfocar sus orbes avellana en el texto de pesada teoría. ¿Su temática?, esotérica al por mayor; sobre espíritus y posesiones. Mitos para algunos, patrañas para otros. Quién diría, sin embargo, que era ciencia pura y dura. Como los tacones. Quizá por eso se perdió en el tiempo, sin suficiente eco para extender su relevancia.

Hmm —su a veces simple mente no contenía el corroborar su entendimiento con mugidos. Sea para el libro o para los transeúntes, dejaba en claro que no estaba dormido. Que su musculatura no infería un subdesarrollo de su contrastante cabeza. O quizás era mera sorpresa, por entender a qué se enfrentaba su deseada colorada. Pero no había libro que formase la pintura exacta, ni literal pintura probablemente. Dos entes en uno, y en contra de ambas voluntades. Una aberración del orden natural; una prueba más de la corrupción de la humanidad en contra de lo poco que queda de las deidades. Parecía sarcasmo la supervivencia de las religiones actuales, cuando tanto se esfuerza el hombre por ser su propio ente superior. Y lo estaba logrando.

Con cuello contracturado se tomó una pausa, irguiendo la espina contra el respaldo del sillón de cuero bordó. La lujosa pero antigua superficie se quejó, sin saber que aquel sonido era profundamente relajante para su jinete. La fricción era tan contraria al estrepitoso sonido al que estaba acostumbrado en batalla, que realmente le daba una sensación de corte en la rutina. Suspiró, mientras apreciaba por el ventanal a cuadros la vista diurna de la aldea.
El sillón sobre el que reposaba era individual, de anchos apoyabrazos para clavar sus codos. Estaba solo, mas había un trío extra de asientos sin más que silueta de traseros pasados en sus almohadones. Su rincón del saber era rodeado por librerías que duplicaban como paredes, formando una sola textura con sus mil colores, tanto nuevos como gastados. Una mesita redonda a la derecha, de madera de pino, era la única baratija en una construcción de presupuesto liberal. El suelo, de completo mármol, era quizá el mayor orgullo arquitectónico de los invasores de la luna. Hace no tanto tiempo, todo eso era parte de la Tierra.

Daba a pensar.

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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Rokujō Nanto el Lun Mayo 07, 2018 7:01 pm

La tibieza del papel y el frío del marmol
Luger
Getsugakure no SatoBibliotecaFuturo
Hay algo en el papel impreso ¿Verdad? Algo único, paradójicamente imposible de describir con las palabras grabadas en tinta. Una sensación de entereza, de comunión con un universo existente ¿Posiblemente el mismo en el que vivimos? Algo, que sencillamente nos va captando, nos arrulla en un canto sin notas, en un sentir sin motivo y entonces, son las palabras impresas quienes ceden al sentimiento. Es una sensación compleja, aquella que data sobre sentirse uno con las palabras de un autor, con el sentir que trata de transmitirnos; formar parte de su mensaje. Los libros tienen poder, uno que va mas allá de la fuerza de una estocada, que la explosión incandescente de una estrella iracunda. Es algo complejo de explicar, suscitaba Luger en los días sin conversaciones a la vista. Se limitó a pensar en todo aquello en el mostrador de la biblioteca, tamborileando con el índice y el corazón de una mano enguantada como siempre, ante una espera tan usual como la melodía que intentaba replicar. Un ritmo suave, melancólico pero sin embargo repleto de matices o más bien chispas de un mañana distinto. Eso esperaba él; un mañana distinto.
La espera pareció alargarse, y aquellos libros sobre teoría militar tendrían que esperar como de costumbre al taconeo excesivamente atronador de la bibliotecaria. Esa mujer que chistaba como una víbora enfervorecida ante una tos fugada que correspondía a sus exigencias con el martilleo de aquellos zapatos que bien podrían haber estado forrados de hierro y almas en pena.

- Joder, como suenan... - Anunció susurrando justo cuando ella llegó al fin con el libro requerido. Ni una palabra le devolvió, ni una mirada de soslayo ¿Adivina el lector que tuvo que ser?

- ¡Chssst! - Siseó, y a Luger le entraron ganas de quebrarle el cuelo con el pesado libro que acababa por devolverle. Una sonrisa emergió en su lugar y un cabeceo de respeto logrado. Posó una mano en el libro cual botín tintineante y a punto estuvo de llevárselo, de no ser por una garra paliducha de nombre Taeko. - No puedes llevártelo, Luger. Aún espero el otro ¿Cuando piensas devolverlo? Te has pasado del plazo hace dos días. - Al infausto arquitecto tuvo que pasarle mala factura ese volumen inclemente de violencia en el que se habían convertido sus días, por que apenas acertó a reconocer más de dos palabras. Se limitó a sonreír y a tironear; halló de nuevo la negativa.

- Señorita Takeo, haré una cosa muy simple. Yo volveré a tirar, usted volverá a forcejear y todo quedará en un punto infranqueable. Comprendo mi... falta – Le costo reconocer semejante estupidez, aun sin haberla escuchado del todo asumió que esta actitud tan insultante se debía a sus deudas literarias. Que ridículo resultaba, eso si pudo reconocerlo sin dificultad. - Y si así lo halla en buenos términos, no me lo llevaré. Me sentaré en algún lugar para que pueda verme y antes de que acabe su ronda lo tendrá en este mostrador. Tiene mi palabra de caballero y reconocido catador ¿Hay trato, señorita Takeo? - Esbozó una sonrisa como un pintor firma un cuadro, y la misma mano que sostenía el libro se transformó en un ofrecimiento; un pacto en forma de estrecha comunión de cuero contra piel. La mujer, ceñuda e incrédula decidió no perder el tiempo o sencillamente, dejar a aquel majadero a su aire siempre y cuando no se llevara ningún otro libro. Aceptó el gesto llevándose a su vez el índice de la otra mano sobre los labios, exigiendo silencio y obediencia al contrato al mismo tiempo. Luger forzó la sonrisa, apostó cuanto tuvo en ella y devolvió el mismo gesto haciendo alusión un detalle anterior del que estaba seguro, ella no tendría conocimiento.

Agradecido por la liberación se limitó a buscar un lugar donde escudriñar las nuevas tácticas de infantería en masa. Un texto denso, aburrido y salvo por la mano de un general excepcionalmente explícito en sus experiencias, insufrible. Fue en aquella búsqueda desapasionada en la que pudo hallar un penacho blanquecino sentado sobre un sillón en una de las zonas dedicadas a la lectura. Entornó la mirada y no detuvo la marcha ni un paso, reconociendo aquella melena platina con tan solo un gesto abrupto de su mirada. Justo como el autor proclamaba en su resumen; Luger asaltó en una maniobra a dos niveles. Se acercó por su izquierda, contempló el título a cierta distancia, agarró una de las sillas desperdigadas de la habitación y luego, emergió a la derecha de Akira inclinándose al tiempo que colocaba la silla a la derecha de la mesita de pino en un estruendo acolchado por la acción de Luger.

- Posesiones y espíritus. Una lectura extraña y metafísica para alguien tan proclive a sustentar realidad basta y simple en forma de rodillazos en los dientes. Aprecio la ironía, al menos. - Soltó un resoplido divertido y se sentó a su lado, dejando su libro en el regazo. - ¿Que tal está, señor jinete sin caballo? ¿Ha decidido abandonar el culto al cuerpo por uno más inverosimil o se ha enamorado de una monja? -

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Cositas y más cositas
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Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Cositas y más cositas el Mar Mayo 08, 2018 2:16 am

La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol
TOTSUKI AKIRA
Getsugakure no satoBiblotecaPrimavera 7 DD
Una voz y silueta de oscura aura familiar se deslizó por el rabillo del ojo verdoso, y si bien Akira no mantenía la mirada clavada al suelo, eso no le impidió hacerse el extraño. Su atención no varió del alto ventanal, de cristales impolutos en su base y no tan pulcros hacia las alturas, donde la dama del aseo no alcanza. Notó al moscardón rodearle y hacerse con su propio asiento, plantando campamento sin invitación ni permiso con tan solo la pobre división que otorga una enana mesa. Sonrió el moreno, pues no necesitaba ninguno de los trámites citados, y tantas letras ya se arremolinaban sin sentido en su cabeza. Así como repetir constantemente la misma palabra le hace perder sentido, los términos de aquel polémico libro se fundían entre sí hasta ser un montón de nada. En fin, bien venía la compañía.

Mhm —asintió a la lectura del título por parte de Luger, y le permitió terminar su gran entrada—. Posee tan avergonzante nombre pues el autor era un creyente. Irónicamente creía en las entidades incorrectas. Creyó escribir sobre el hombre de la bolsa; aquella historia que le hacía temer de niño. Sin embargo, escribía sobre una real calamidad, de la cual ni sus padres vislumbraban su envergadura.

Cerró el libro de tapa dura con ambas manos, soltando sus páginas centrales un seco pero suave sonido. Un resoplido que solo ellas saben liberar, cuando empujan al aire fuera de sus aposentos, siendo ya la hora de su descanso. Más tarde el lector las volvería a despertar, encendiendo la luz de su ventana, y pidiéndoles que sigan contando sus fantásticos cuentos. La tapa frontal reposaría hacia arriba en aquel libro que dormía sobre el regazo del peliplata, dirigiendo este todo su rostro hacia el arquitecto de figuras.

Perdón, a veces hablo sin saber. Quizá también eres creyente. No quise ofender —dio una pausa a cejas semi alzadas esperando cierta confirmación, pero realmente estaba completamente listo para el absoluto silencio. Después de todo, se encontraban en una bilbioteca, y la encargada les miraba con dagas por ojos—. Estoy intentando hacerme paso entre las metáforas e ignorancias del autor, para aprender sobre las bestias con cola. Quizá hayas oído hablar del tema, posiblemente como mitológicos seres del averno, pero de mito no tienen nada. Aquella vez que nos vimos pude mostrarme algo... terco, con respecto a ser todo parte de un juego macabro. La verdad es que vivimos en un infierno, y acababa de darme cuenta de qué tan profundo estamos enterrados en el mismo —se encogió de hombros—. Ver para creer. Ojalá no fuese así, y ojalá no arruinase cualquier tipo de plan de "vida tranquila" —efectivamente gesticuló comillas— que pudiese tener. Porque no me enamoré de una monja, sino de un demonio —rió—. Pero qué se le va a hacer.

Desde ese entonces demoró diez segundos en darse cuenta de que se había quedado inerte en el tiempo y espacio, con la mirada perdida al frente. Enfocaba nada; las partículas de polvo salidas del papel viejo, volando frente a un haz de luz solar. De chico siempre le intrigaban, y pensaba que eran pequeñas criaturas más diminutas que insectos. La verdad es que se trata mayormente de piel muerta.

¿Cómo está Beretta?

Intentó cambiar el tema, pero sin notarlo seguía en el mismo. Pensar sobre su propio deseo de compañía eterna le llevaba, indefectiblemente, al gran logro que portaba en su pecho el hombre de lúgubre apariencia. Combinar la rigurosa vida de perro militar, con el apoyo de un ser amado. Esperaba que apreciaran ellos el valor que tenía su balanza en equilibrio, pues el resto de los condenados se encuentra rengueando sobre una sola bandeja.

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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Rokujō Nanto el Mar Mayo 08, 2018 11:48 am

La tibieza del papel y el frío del marmol
Luger
Getsugakure no SatoBibliotecaFuturo
En Luger uno podía diseccionar el horror, podía respirar la inquina; un alma insensata podía ahogarse en sus vapores y en su negra brea de macabras inclinaciones ¿Era un hombre adverso, deleznable y digno de una muerte inclemente? Nada que el mundo pudiera comprobar con las herramientas usuales, pero aún entonces, en Luger palpitaba un insano interés por todo aquello que en negro despertar, aterra, horroriza y espanta. Algo había, nunca supo, que le arrastraba de forma irrefrenable a comprobar cada testimonio, a sostener con sus manos de cuero negro el cadáver decadente, a sujetar la lengua del mentiroso, a oler la sangre coagulada de un hechicero. Era interés, fascinación irrevocable e innata que invadía su ser y en aquel instante, hizo que una chispa iluminara el acero de su mirada al comprobar el género del libro. Más contrariado se halló al saber que desconocía del todo aquella leyenda tan llamativa. Le causó impresión, tanto no saberlo, como no comprenderlo del todo y querer hacerlo. La rueda volvía a girar.

- El hombre de la bolsa...  - Repitió en un susurro sostenido, en una tonada lúgubre muy particular que denotaba su atracción ante las esferas mas herméticas y esotéricas. No pudo contenerlo, a pesar de su habitual cautela en cualquier palabra que soltaba. La pasión, la sangre y el anhelo eran tan simples, como complejos en sí mismas. - Hablas como si hubieras vivido tú mismo aquellas experiencias ¿Tan errados estaban sus padres? ¿Tan errado estaba él tan solo en algunos aspectos? - No debió inquirir en ese tema, pero el interés terminó arrastrándole sin remedio. Seguía siendo imprudente, y pronto selló sus labios apretándolos entre sí en un juramento que pretendía reprimir aquellos impulsos. En esos momentos, Akira hizo una declaración sorprendente en torno a la fe. Esa incólume, esa inalcanzable que exige obediencia y en su mismo enunciado que uno se arranque los ojos para ver lo que no puede ver. Le dedicó una sonrisa nada más, antes de responderle aprovechando el silencio otorgado. - Solo cuando fui joven me sentí atraído, o más bien quise creer en todo lo que no puedo sentir por mi mismo. Supongo que la edad me hizo cambiar de parecer, nunca más volví a asistir a un servicio religioso, nunca desde un día cualquiera. Uno sin nombre ni fecha. - Aclaró, al tiempo que dejaba su propio libro sobre la mesa de pino a su izquierda y cruzaba las piernas en un porte recto y elegante.  Aquellos días fueron extraños, fueron turbulentos y confusos. Aún guardaba celosamente los vestigios de una fe destartalada que ninguna base encontró, de un empeño en creer en un ente superior que velaba por sus pasos y su vida como un padre cuida de un hijo. Nunca más tuvo semejante necesidad pero aún en aquel día, no repudió de ninguna creencia. Se sintió avergonzado y decidido a no desvelarlo; puede que Luger quisiera creer, pero no pudiera hacerlo. Nunca del todo.

Aprovechó aquellos instantes para saludar con una reverencia tan solo ejecutada por su cabeza en forma de suave movimiento y su diestra, gesticulando los respetos mas solemnes a la bibliotecaria. Reprimió un intenso deseo de gritar su nombre y un sonoro “¡Sigo aquí, señorita Takeo!” a pleno pulmón. No quería espantar a Akira o que los echasen a ambos. No habría sido propio del decoro esperado. En el momento en el que cesaron aquellos arrebatos, Luger se sorprendió con su discreción habitual de las declaraciones de Akira, y pronto, aquel sello de labios volvió a ceder a un impulso.

- ¿Terco? Rígido fue el golpe que me lleve a la altura del pecho, merecido por cierto – Se acarició el pecho con la zurda al tiempo que agitaba la diestra intentando restarle importancia a todo aquello. Aún entonces se sintió avergonzado de pensar con semejante inquina e impío furor contra Akira, que tan solo buscaba instruirle. Decidió devolverle el favor de alguna manera, si estaba en su mano. Paladeó en su propia boca, se deleitó de la sed hallada y se dispuso a arremeter con su lengua de hierro afilado, esta vez, con bondad pretendida. Dejó a Akira terminar hasta que el peso de sus propias palabras terminó con el bronce antes de que hubiera tenido oportunidad de incidir en todo aquello. No perdería un instante, tan solo un segundo, en socorrer a un hermano metafórico en el espectro material. - Un necio habría preguntado por las circunstancias, habría pretendido ofrecer ayuda en un intento desesperado por aliviar esa carga que tienes a los hombros. No soy ninguno de ellos y trataré de ser breve. La vida es cruda, es tosca y abrumadora. No hay nada en el mundo que vaya a ayudarte a soportar las cargas, que te preste una mano amiga o vaya a reconfortante realmente. Cualquier sentimiento que pueda dar esa impresión es autoinducido, nada real, nada que puedas ver o siquiera creer, como tu bien has mencionado. La vida es aceptación, es... - Torció el gesto tratando de encontrar las palabras en una contienda personal, incluso agitó suavemente el índice y el corazón de su diestra como si con ello diera cuerda a una maquinaria invisible. - … resignación. Adaptarse, superar el obstáculo o ser mutilado hasta que el sendero termine sin una despedida o siquiera un “Gracias por participar” ¿Puedo decir algo francamente sincero? - Esperó unos instantes  a sabiendas de que lo diría igualmente; Luger no estaba para ofrecer remansos de paz inducida. Era tan triste, plomizo y pesado como un martillo sobre la frente. En cierto sentido, le encantó aquella comparación. - Ama a ese demonio. Hazle saber que así es y no dejes que lo dude un miserable instante. No importa la malicia, lo abyecto o lo imperdonable. Si no lo haces ahora, al final de tus días no habrá mas que preguntas sin respuesta por un pasado inconcluso. Akira, la moral, las dudas, el malestar o el dolor no te darán las gracias por ser fieles a su dogma. No soy un buen ejemplo... claro. Y no hablaré con irritantes “deberías” o esos estúpidos “Yo pienso...” - Volvió a gesticular con el dedo como si aquello hubiera tomado una marcha ya imposible de detener. - Haz lo que tengas que hacer, lo que sientas necesario. Pero por encima de todo, no dejes que el arrepentimiento sea lo único que tengas el día de tu muerte. Es indigno y desagradable. - Pronunció las ultimas palabras con un tono que recordaba a la sorna de un viejo amigo, a una burla dispuesta a modo de aguja amistosa, para luego escuchar el nombre de su amada y sentir que toda aquella charla estaba predestinada. - Ja, hablando de demonios. Esta muy bien, Akira. Creo que ahora esta trabajando en algún local del centro; tocando el piano y compartiendo su arte a modo de empleo. - Dejó que se le escapara un suspiro y una mirada hacia los ventanales anteriormente visitados por Akira. - Con ella es mas fácil. Solo tengo que dejarme llevar, agarrarme al mismo ojo del huracán y desprenderme de cuanto puedo perder en el camino. Que mas dará... de todas formas no hay mucho que perder. -

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Cositas y más cositas
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Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Cositas y más cositas el Miér Mayo 09, 2018 2:28 pm

La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol
TOTSUKI AKIRA
Getsugakure no satoBiblotecaPrimavera 7 DD
Un afable asentir con la cabeza respondió a la primera inquisición de Luger, de momento sin ir más a fondo en aquella inquietud. Poner en palabras aquel menjunje de información, intercalada en verdadera, falsa e irreconocible, requería un breve tiempo de desarrollo mental. Como ya había mostrado antes, Le agradaba tomarse su tiempo antes de explayarse de sobremanera, pues si algo le molestaba eran los malentendidos evitables. Por suerte el otro hombre no se vería imposibilitado en su marcha por culpa de la autoproclamada pausa, y tras aclarar sus propias alineaciones religiosas se desembocaría hacia un discurso de pintoresco pesimismo.

Las palabras ajenas lo aseveraban, pero incluso sin ellas Akira no se consideraba alguien dependiente de su entorno; más específicamente de seres cercanos. El destino y bienestar de sus padres viajeros no solía arremeterle como más que una pasajera curiosidad, y su hermano por ahí andaba a veces gustoso de escuchar anécdotas de aventuras. Otras veces solo le ayudaba en el negocio, en silencio, y eso era suficiente. Quizás esa vida tosca combinaba con su propio contorno rugoso, y usualmente sobrio temple. Porque sí, la vida—en especial la de un militar-es cruda, y él se vistió de una coraza para afrontarla. Como dicen, si la vida te da la espalda, patéale el culo. Aunque en este caso su necesidad de debate introspectivo no era por problemas de la vida, ¿o sí? Puede que se encontrase en un mundo espejado, de giros contrarios, donde los problemas comenzaban a tomarle por desprevenido.

Su mirada, de momento perdida, regresó a los ojos de Luger. Profundos como el océano al que uno teme meterse, incluso sabiendo que flotará. Que este pidiera permiso para ser sincero le provocó una sonrisa.

Vaya, me sorprendería si no hicieras —le permitió.

Nuevamente centrado e inmóvil, como tallado junto con ese sillón a partir de una sola pieza de mármol bicolor, atendió al consejo del azabache que derribaba las paredes de la opinión externa. La cautela y las dudas solo llevan al naufragio cuando el barco en cuestión es el propio destino. Y si se permitía a sí mismo otra metáfora de marinero, tomaría el timón con fuerza para mantener rumbo a la gran tormenta. Si debajo de la misma estaba su tesoro, profundo en un mar de caos y desconocimiento, entonces él también debería dejarse llevar sin importar cuántos mástiles y trozos de vela quedasen atrás. Después de todo, ningún viejo lobo de mar cuenta las historias en las que se dio la media vuelta arrepentido.

Con sus ademanes de cabeza se podría decir que daba las gracias, o al menos proyectaba entendimiento. Seguía craneando ideas, que estarían listas poco después de saber sobre el paradero de la mujer lavanda.

Me imagino, parece tener mucha fuerza de arrastre —sonrió, pintándose a un Luger siendo portado de la manga de su chaqueta negra cual correa canina, en la dirección errante y maliciosa de la poetiza—. Y de algún modo el piano se me hace muy... ella. Aunque bueno, apenas les conozco a ambos —elevó una comisura de la boca, formando un hoyuelo en la mejilla, antes de seguir—. Yo disfruto mucho la música, pero soy incapaz de reproducirla; quizá en otra vida tenga mejor suerte —le dio un escalofrío, como una señal, mas lo ignoró.

Elevó rápidamente un índice para evitar que la conversación se desviara a temática musical o de vida eterna. Sintió que debía pagar una deuda, y era férreo en esa responsabilidad. No sería sólo una vertiente de incongruentes pensamientos. Al contrario del arroyo, justificaría su origen, mas quizá no su destino.

A lo que iba antes... —se le notaría mucho más sobrio— Así como toda mentira tiene al menos una fina raíz en la verdad, la mitología encuentra su origen en la realidad inexplicable. Pero inexplicable en el momento de su concepción, y transmisión. Hoy en cambio creo encontrarme capaz de comprender esa raíz, y ojalá discernir cuáles ramas son empíricas, y cuáles una mera ilusión óptica —se tomó una breve pausa de concentración, pues notó que hablando tanto de ramas se iría mucho por las mismas. No era momento de hundirse en metáforas y analogías—. El humano es el peor mal sobre esta tierra, pero no está solo. Imagínate qué tan corruptos estamos, que somos capaces de enfrentar reales demonios—o más bien hijos de dioses-y someterlos como simples mascotas. ¿El precio?, un recipiente familiar y controlable: un cuerpo humano; un ser humano. Que no es lo mismo.

Probablemente había dicho demasiado, pero no era nada que no pudiese encontrarse en libros si sabía dónde buscar. Era extraño que uno de los desastres más relevantes de la historia tuviese que ver con ese mismo asunto, pero se siguiese tratando como una simple leyenda. La creencia popular era sorpresivamente maleable, y así entendía la supervivencia de las religiones. Mejor mantenerlos ocupados mirando al silencioso cielo, en vez de este alborotado mundo.

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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Rokujō Nanto el Vie Mayo 11, 2018 10:50 am

La tibieza del papel y el frío del marmol
Luger
Getsugakure no SatoBibliotecaFuturo
Era de esperar que Beretta resultara tema de conversación incluso en su ausencia. Tales eran los desmanes y tendencias de su vendaval arrendado que llamaba la atención sin presentarse, brillaba sin ser necesario lucero alguno, cantaba sin notas y danzaba sin escenario. Era su trabajo, era la artista que inspiraba las conversaciones elevadas, la que suscitaba preguntas y cuestiones tan solo con existir. Tuvo que sonreirle a Akira al aseverar la buena elección instrumental de Beretta. Era cierto, el piano era su extremidad mutilada, su cuerpo en madera negra, en cuerda percutida y en notas difuminadas en el aire. La extensión que merecía y no poseía. Luger debería ahorrar, quizás trabajar con mayor denuedo; pero le compraría un piano para su disfrute personal.

- No es tan difícil. Incluso un tipo gris como yo sabe tocar el violín. - Reprodujo con las manos un movimiento que podía evocar al violín mas pequeño de la humanidad con un gesto de socarrona humildad. - No muy bien, me temo. - Añadió en el momento en el que su compañero alzaba el índice y hacía girar la partitura. Hacia la página siguiente de la misma; de Mitos y Espíritus. Le sonaba, algo había que hervía en el pensar de su broncíneo jinete que rondaba aquellos menesteres tan erráticos e incomprensibles. Se reclinó hacia atrás observándole con la atención de un alumno aventajado. Asintiendo, comprendiendo y deliberando cada motivación tras el verbo. Pronto pudo averiguar algo, pudo sentir que aquel demonio objeto de sus pasiones tenía un nombre, tenía rostro y distaba mucho de ser un concepto abstracto propio de la metáfora. Torció el gesto, pareció pensativo y cuando hubo terminado sus declaraciones, Luger ya sabía mucho más de lo que en un primer instante pudo haberse imaginado. Le resultó curioso, que no anecdótico, el como uno podía saber tanto de otro tan solo escuchándole hablar de las nimiedades más intrascendentes. Palabra, verso, prosa, estructura, obra y acción. Todas envían un mensaje, todas son engendradas por un motivo y Luger, pretendía conocerlos todos.

- ¿El peor, Akira? Yo doy un paso más adelante. El hombre se ha convertido por derecho propio en el mismo infierno bajo el cielo y sobre la tierra. - Unió las manos entre sí en un impío abrazo de negro cuero sobre el mismo, formulando un gesto, un paso de baile sin movimiento mas que el mismo que desprendía ominosa comprensión. - Olvida a los hombres de la bolsa, a los monstruos y a los engendros incomprensibles. Los años me han mostrado que los verdaderos horrores no tienen rostro ni nombre al que temer. Existen, tienen hijos, familias que los aman y una comunidad cálida. Ellos se consideran buenas personas, hacen su trabajo como cualquier otro y se miran al espejo todos los días viendo a un hombre; no a un ser ignominioso. Déjame decir que ese hombre luego volverá a su lugar de trabajo, con el paso dubitativo de alguien que duda de su condición. Finalmente llegará, y por su mano cientos morirán. Es un general, un soldado, un teniente y un agente. Una bestia o un engranaje; llámalo como quieras. Un asesino, un genocida autorizado por las leyes de un baile al que no todos asisten como protagonistas; algunos como sirvientes... otros como aperitivos. - Sonrió de una forma algo picaresca. Sabía de lo horrible de sus insinuaciones y comprendía a la perfección sus aseveraciones. Lo único que justificaba aquel gesto; era su amor al baile. - Tu chica estará bien, Akira. Te tiene a ti, y, aunque esto vaya a parecerte lo más infame e impunemente falso de tu vida... - Se llevó una mano al pecho con un exagerado gesto de seriedad dolida. - … bueno, también nos tiene a nosotros. En virtud del aprecio que siento por tu persona, Beretta de igual forma, no lo dudo, quiero hacerte saber que puedes escribir nuestros nombres en tu lista, de tenerla. Sé que puede parecer un ofrecimiento difuso, quizás excesivamente ventajoso para mí. Doy la sensación de hombre adusto, terrible y preso de una elegancia constante que solo oculta un engranaje como los que te he descrito. - Asintió, comprendiendo cada palabra, macerando y formulando sus letanías. Deslizó las manos hasta el libro escogido por él mismo, abrió una de las tantas páginas. Escrutó y en menos de unos instantes, posó el dedo sobre el mismo, sonrió y recitó. - “Obro por el miedo, por la distancia entre lo que parece y existe. El miedo es respeto y aunque ello aleja el afecto de la tropa, no queremos su cariño o devoción. Existe, pero nunca confirmes. Sé leyenda intocable, habla como lo hacen los caballeros, distingue tu enseña y tu hacer. En el día en el que de ti se requiera no pensaran en el cariño que te profesan; lo harán por el miedo que desprendas” - Concluyó, a modo de escueta explicación, mas bien de inexplicable narración.

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Cositas y más cositas
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Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Cositas y más cositas el Vie Mayo 11, 2018 2:48 pm

La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol
TOTSUKI AKIRA
Getsugakure no satoBiblotecaPrimavera 7 DD
A fin de cuentas, el hombre de la bolsa era también un hombre. Y con los suficientes escrúpulos para repetir un acto tan crudo como lo es secuestrar niños en una gran bolsa de arpillera, con el simple propósito de comérselos. Dicen por ahí que ni siquiera es capaz de contener su fetiche hasta llegada la privacidad de su guarida, y en plena huida de su asalto, robar de la bolsa rechoncha una que otra extremidad como tentempié. La mentira tiene siempre un pie en la verdad, y eso era preocupante. Yendo más lejos, la mentira es pura invención humana, para cubrir sus propios desastres. Es lo que nos permite dormir, vernos al espejo, y aceptar amor; todo sin sentirnos culpables de las grandes desgracias que sí provocamos. "Yo no fui", "nada puedo hacer", "estaba así cuando llegué", son las burdas justificaciones que damos a la inacción. Las mentiras más frías y asesinas, las que van contra nuestro propio corazón. Pero allí afuera están los pocos que no se mienten; el uno porciento como mucho. Formar parte de ellos era el verdadero sacrificio, y solamente leyendo cruzado de piernas no estaba dando reales pasos en esa dirección. Como mucho estaba quieto en un momento, indeciso. Pero hacia dónde moverse cuando no se sabe ni el destino. Sin previo análisis, cualquier destino podría ser el final, y lo consideraba un riesgo.

Más allá de la reflexión autocrítica, mantenía una mínima sonrisa hacia un Luger inspirado. Rápidamente aprendió que prefería no interrumpirle, ni meter acotaciones innecesarias en medio de su estructurado verso. Al igual que sus creaciones de ácida negrura, sus argumentos tenían una sólida y definida figura. Perfectas aristas, dolorosas puntas. Les dejaría llegar a destino, y aterrizarse. Mejor hacerlo en debate que en combate. Enviar su mensaje revelado como uno cálido, más allá de su armadura de frío hierro. No pudo evitar una sonrisa más sincera, de esas que rara vez frecuentaba, y cada día más escasas se volvían. Al menos desde el viaje de su amado demonio.

Se agradece el sentimiento —dijo con un tono grave mantenido por la costumbre, pero de dulzura reminiscente a una miel artesanal—. No puedo negar que sus excéntricas personalidades evocan fácilmente el afecto. Oh bueno, no me sorprendería que a otros les ponga los nervios de punta —rió, imaginando algunos personajes locales poco tolerantes—, pero no es mi caso.

¡Chssst!

Su rostro se serenó, regresando rápidamente de la contenida risa a un estado de neutralidad positiva, si es que eso tenía sentido. Asintió ante la bibliotecaria, y sintiéndose chistoso le dedicó un guiño para distraerla con algo de confusión. Instantáneamente regresó al azabache, para escuchar la cita emergida de su libro. Claramente era un texto mucho más denso que el propio, pero si todas las ideas plasmadas en sus páginas eran de la misma profundidad que la recitada, entonces podía encontrarle cierto atractivo. Pero así como un libro no debe ser juzgado por su tapa, tampoco debe ser juzgado por un extracto de notable favoritismo.

Hmm —saborizó en su mente—. Suena a algo que diría Kobayashi-sama, si es que siquiera se molestara en escribir sus ideas. Como él hay muchos claros engranajes de esta máquina, siendo incluso más grandes de lo que uno puede concebir. Se puede tener la inocente idea de intentar trabar el sistema como parte del mismo; pero el sistema absorbe incluso a los más rebeldes —pensó en Kio, puro de corazón pero totalmente absorto en las jerarquías lunares—. Por eso estar fuera del tablero es más complicado que simplemente anunciarlo. Ahora mismo estamos en un casillero, sin siquiera tener idea de dónde se encuentra en final. Podemos estar quietos, sentados, conversando, y sin darnos cuenta ser parte móvil de una estrategia en curso. O puede que seamos la sombra de una pieza enemiga, a punto de devorarnos sin vuelta atrás. Eso último sí te deja fuera del tablero, pero no en el sentido que uno quisiera.

Encontró una discusión entre sus pensamientos silenciosos, y los que lograban apropiarse de los movimientos de su lengua. Comprendía las aberraciones ejecutadas por mano humana, pero no veía solución. Quizá esa ceguera significaba que en realidad no tenía el completo panorama en su campo visual. No era un estudioso, pero sí un hombre de ciencia basado en su método de saber. Y sabía que no tenía todas las patas del problema contempladas. Quizás aquel hombre monstruo que amenazó con destruir al mundo, ese primer recipiente de los semidioses, tenía completa visión del conflicto. Quizá su solución de destrucción total—que a fin de cuentas sólo llevó a la propia-fue la única respuesta encontrada. Pero quizás era un loco, o un imbécil incapaz de maquinar un mejor plan.

Si un día encuentras una solución, no dudes en compartirla.

Eso logró escapar de la discusión interna. Porque sinceramente no lo veía. No veía el futuro en el que la gente dejara de ser un cáncer sobre la pobre tierra. Y no, eso no significaba que tuviera la idea de una gran masacre. Por más violento que fuese su entrenamiento diario, no se consideraba a sí mismo un ser agresivo.

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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Rokujō Nanto el Sáb Mayo 12, 2018 10:52 am

La tibieza del papel y el frío del marmol
Luger
Getsugakure no SatoBibliotecaFuturo
Concluido el conjuro, dando por suficiente por todo un día el número de grotescas ensoñaciones; Luger cerró el libro de un golpe, dejó escapar un suspiro de satisfacción apócrifa y permitió que el libro reposara sobre la escueta madera de pino. Sabía del tempo de las acciones, del lugar de las palabras y demás parafernalia carnavalesca propia del charlatán, como bien sabía que era suficiente esoterismo macabro por aquellos instantes. Le dedicó una mirada de atención arrendada a Akira, bebiendo cuantas palabras tuviera que soltar y deliberando más que sobre ellas, sobre su persona ¿Era momento de definirlo? ¿Era posible con dos encuentros? Daría lo mejor, sin duda y la mente esquiva y atestada en la ponzoña acusatoria que Luger tenía por maquinaciones haría un buen trabajo. Torció el gesto, desvió la mirada unos instantes e ignoró deliberadamente el siseo de la bibliotecaria, tachándola de maleducada irrupción en un proceso tan necesario como el respirar. Le dejó explicarse, al tiempo, Luger denominaba.

Akira era un hombre afable, de convicciones aún por definir en sus palabras dubitativas o más bien, de ausencia de ellas. No había rastro alguno de ambición mas allá de aquella vertida en el bien de aquel demonio, aquella bestia cautiva del hombre esta vez no por su mano sino por su carne. Denotaba devoción, compromiso... no todos sentían un amor tan profundo y sincero como mantener su presencia ante semejante disyuntiva, y aún así; dudaba. Su mente no encontraba sosiego en la calma entre tormentas, comprendía el peligro, la abyecta figura de un ser ignominioso que ahora germina en el pecho que una vez hubo amado. Nunca más serian dos entes unidas por el destino y la devoción de los corazones henchidos por el amor. Ahora serian tres, siempre y de forma incesante. El desagradable recuerdo de un par de ojos viciosos observando cada gesto y cada risa debe ser insoportable, molesto... tanto como sentir un parásito tras los ojos que se aman. A punto estuvo de compadecerse, pero en Akira halló algo más que simple lástima. Aún tras todo ello, esa duda podía significar algo bien distinto a lo planteado y cuando el tiempo había transcurrido lo suficiente como para que resultara tan natural como un paso tras el anterior; Luger rompió el silencio.

- Lo primero – Anunció con un tono divertido, al tiempo que cruzaba las piernas y recogía las manos entre sí a la altura del abdomen, representando una postura elegante y recatada. - Kobayashi-sama debe ser un señor de lo más pintoresco y agradable. Seguro que a veces te cocina y todo lo que prepara destila cariño y comprensión - Aspiró y con aquel evidente tono sarcástico, continuó con su asalto inclemente – Los mas rebeldes... -  Caviló, apenas unos instantes para luego volver a mirarle con un deje de particular picaresca tan propio de él como del viento viajar sin cesar. - Apostaría, pero sería muy injusto por mi parte.Si lo hiciera, apostaría lo que quieras a que conoces alguien de esa clase de subversiones. No lo pregunto, estoy muy seguro de ello. - Y parecía tan convencido que apenas dio unos momentos para la respuesta antes de continuar con su proceder. Estaba desatado, desde luego. Había tenido tiempo para hilar los conceptos, de transportar las piezas y conformar al hombre llamado Akira; al bronce, al jinete de los cielos, al hombre de cabello de plata y corazón tan genuinamente humano, que dejaba de serlo al instante por su singularidad. Cada pieza, cada palabra y gesto conformaban otra pieza, otra nota en una partitura y probablemente sería una sinfonía inacabada de por vida e incluso más allá. Uno nunca podía comprender del todo a una persona, podía intentarlo, poner fe, cálculos exacerbados e instintos por igual. Aún entonces en el camino de aquel que adjudica una medida, un número y un cordel a la misma vida humana no encuentra certeza; solo conjeturas, piezas incompletas. Vestigios de alguien que cree ser, que finge serlo y sueña con ello, pero que igualmente no se comprende a sí mismo. Era su trabajo, su tedio y su forma comprender donde otros dudaban.

- No solo te avisaré, te haré partícipe, estimado amigo. Mi trabajo es complejo, es adverso y con una tendencia exagerada a deformarse sin control. Claro, tu y yo luchamos en el frente como iguales, pero cuando las armas callan y las leyes vuelven en su vigor antiguo alguien debe deliberar y poner a juicio personal el mundo que ahora le rodea. - Se llevó la zuda al rostro, apoyó la mandíbula sobre la palma y pensó antes de hablar ¿Debía optar por ello? No era hombre de pocas luces, tan solo reservado... y en las consideraciones que lo arrastraron entonces, Luger consideró que debía callar tanto como él. Continuó sin más dilación. - El mundo ha cambiado, Akira. No deja de hacerlo mientras hablamos. Aquí, al tiempo en el que nos sentamos; acuerdos catastróficos llegan a un puerto de aguas negras, al tiempo en el que conversamos alegremente sobre la situación; miles mueren, nacen y engrosan filas de maquinarias más antiguas que nosotros mismos o este edificio, mientras contemplamos la nada creyendo que por supuesto, nada significa; el mundo gira sin nosotros. Seré tan sincero como la prudencia me lo permita, Akira. - Se giró, dedicándole una mirada de profunda seriedad como nunca creyó que hubiera visto. - Este mundo se muere, amigo. El siguiente podría ser muy distinto y antes de que las trompetas atronadoras del juicio desciendan con toda su pavorosa furia... yo pienso estar en el lugar adecuado. Y velo, me desvivo por quienes piensan de la misma forma, así que ahora quiero preguntarte algo y quiero que lo pienses bien. No creas que es una pregunta que te hace un desconocido de mente errática y palabras aun mas extravagantes. Akira. - Entonó, dejó que el tiempo transcurriera como un río que apremiaba en su deceso. El de aguas escasas, el de aguas para una garganta sedienta y finalmente, procedió. - Entre el nacimiento y el deceso, durante tu vida en esta tierra a la que llamamos País de la Luna, de los Astros eternos y el hermetismo... ¿Cuanto estas dispuesto a sacrificar por ella? ¿Tu vida? ¿El quién eres? ¿Todo cuanto tienes? - Dejó que cada pregunta descendiera como un torrente, un proyectil de sangre ennegrecida y certeza afilada, pronto, consideró que había pasado el tiempo suficiente para la última intervención - ¿A quien amas, Akira? ¿Estarías dispuesto a dejar que aquel engendro devorase su alma? ¿Que agostase su cuerpo y marchitase el semblante que de seguro, ilumina tus días? ¿Que estarías dispuesto a permitir? -

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Cositas y más cositas
Pokémon

Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Cositas y más cositas el Lun Mayo 14, 2018 5:06 am

La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol
TOTSUKI AKIRA
Getsugakure no satoBibliotecaPrimavera 7 DD
Resopló por la nariz con gracia, víctima de la fugaz imagen del más temeroso hombre de la aldea con delantal y un guante de horno, levemente ruborizado a través de su grisácea piel. Se atrevería sin duda a tildar aquella opción como imposible, sólo existente en la imaginación de los dos murciélagos de biblioteca en ese instante. — Si tan solo su frase célebre no fuese "no espero nada de ustedes" — volvió a dejar escapar una risa de puro aire por sus fosas nasales. Desde siempre le extrañó que alguien como su amigo Inuzuka se haya apegado tanto a un hombre con el afecto de una pared de concreto sin pintura, pero alguna pieza debió encontrar en ese viejo arcón que faltaba en su propio rompecabezas. Algunos, como los dos presentes, se completaban con el afecto de una pareja, y otros con una figura paterna. En ese mismo efímero pensamiento pasajero el moreno se planteó el requerir o no dicha misma figura, y muy fácilmente concluyó en la negativa. Pasada la broma, para otro día dejaría el auto debate de lo raudos que podían pasar los pensamientos sacudiéndole el cráneo, cuando apenas pasaban dos o tres segundos según las manillas del reloj. Luger, manteniendo su ritmo, se viraba a otro terreno.

Mientras el azabache apilaba las fichas en su número de la ruleta, Akira asentía comprensivo. Después de todo, considerándose nuevamente usuario del método científico—hasta donde su ignorancia le permitía-, no escupiría semejante conjetura sin una base cuando menos sustanciosa. Sin ir más lejos, podría poner como ejemplo al propio arquitecto de hierro como un rebelde. Pues la rebeldía no está necesariamente encadenada a la barbarie, o el vandalismo, sino al cuestionamiento de las cercas plantadas para guiar al ganado. Y no solo cuestionamiento, sino también accionar contrario. Por eso último, al menos de momento, no haría tal cosa como definirlo de rebelde con o sin causa. Recién cuando la vida lo pusiese frente a la decisión de "órdenes contra corazón", es cuando podría empezar a deducir qué tan lejos llegaban esas pesadas palabras que gustoso descargaba. El peliplata sólo asintió, una vez más, pero con mayor acentuación para diferir ese gesto del que antes acompañaba como compás la afirmación de su interlocutor.

Buen puente había sido ese comentario hacia una tierra más negra. Con pasajes lubricados, el alfil comenzaba a tender el mantel de una muy fría cena. No tanto como la venganza, pero por el simple hecho de no tener causa inicial cargada de ira. Solo un propósito definido y bien planeado, nacido de la simple crítica a ese mundo cambiante. ¿Pero es realmente el mundo el que cambia, o nuestra percepción del mismo? Un poco de todo, seguramente, como suele serlo. No hay blancos ni negros perfectos, así como su piel es realmente café, y su cabello gris claro. Y por cómo iniciaba el discurso recibido, no sabía hacia qué tonalidad catalogarlo. Quizá era mero mal entendimiento por parte de Akira, pero captaba en sus siempre bien escogidas palabras que Luger tenía una aspiración muy específica, y muy única. Única en el sentido de haber solamente un cupo en existencia para ella. Una pieza del tablero sin hermana. Y si bien aborrecía esos malentendidos, también temía preguntar. No por tímido, sino preocupado de las orejas que pudiesen crecer en las paredes, entre los libros, o bajo el marmolado suelo. «El lugar adecuado» resonaría en su mente, y no con la voz del actor de sus pensamientos, sino con la de Luger mismo. Se hizo una nota mental para algún otro escenario de mayor privacidad, pero no podía evitar derramar al menos unas palabras.

Cualquiera diría que intentas armar tu propio juego de piezas —comentó antes de responder a su desafiante cadena de preguntas.

Poniéndose cómodo a la hora de hilar las ideas, le imitó levemente en postura. Abandonó el libro cerrado en la misma mesa de pino, y retrajo las manos para finalmente cruzarse de brazos, marcando así una diferencia de personalidad que seguramente su socio sabría analizar; mas no Akira. Prefería no armarse de ese tipo de prejuicio.

Estoy dispuesto a sacrificar cuanto he recibido, que dista mucho de ser la vida, o identidad. Ha decir verdad, no considero mi yo como uno irreproducible dadas otras circunstancias, al menos a grandes rasgos. Creo que lo mismo se da en muchos otros integrantes de la aldea; siendo esta relativamente joven. Como intuirás no soy nativo de la Luna; mi cable a tierra son mis vínculos aquí—pocos pero valiosos-y mi honor. Hice un juramento y pienso cumplirlo, pero siempre y cuando aquella entidad ante la que he jurado mantenga su naturaleza. De lo contrario, los términos del contrato cambian. Puede que no para la ley que nos rige, pero sí para mi moral; y eso es lo que vale finalmente a la hora de enfrentar decisiones.

Volvió a resoplar por la nariz, pero era obvio el cambio de intención. Un suspiro profundo, que nutre la mente con la carga de oxígeno necesaria para tan relevante introspección. Y aun así, existía la posibilidad de que sus afirmaciones sobre sí mismo fuesen totalmente erradas. Nada garantiza que el actuar en caliente siga las normas impuestas por una conversación en plena armonía.

Me siento más inspirado a sacrificarme por la inocencia que quede sobre la gente de esta tierra, que por la tierra en sí. Al fin y al cabo, la tierra es sabia, y no nos necesita. Y las jurisdicciones, cuando el mundo muera, no significarán nada.

Más allá del agradecido anzuelo para su pensar, consideró injusto cargarse él de tapujos y cautela, permitiendo que el alfil se lance como tan especialista es, hasta el fondo por una diagonal. Y si bien ya estaba más que establecida su pieza predilecta, también había dejado en claro que no tenía porqué atenerse a las reglas escritas de un solo juego. Después de todo, un soldado que no es capaz de adecuarse a otro rol, es un inepto.

En usted, mi estimado, me cuesta ver intención de sacrificio. Por el contrario, encontrar una ganancia en el caos que otros verán como decadencia. Estar en el borde adecuado del barco cuando este se dé vuelta, y encontrarse a sí mismo al tope de una quilla inversa. De allí, extender la mano a los pobres faltos de aire, si es que no les aconsejó con antelación mantenerse a su lado. Un héroe post facto.

Muchos podrían tomar tal comentario como un insulto a su lealtad, o presión a su ética. Confiaba, en cambio, que el hombre rescatara el elogio que suponía lograr tal cometido; si es que siquiera era el suyo. Y si no, con suerte le corregiría, o ahodaría en sus motivaciones. Totsuki no era alguien que soliese hacer preguntas directas—a menos que una extrema curiosidad le fuerce la mano-sino atrevidas afirmaciones tentando una contradicción. Quizá reflejo de su estilo de lucha, o una simple costumbre de mercader heredada.

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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Rokujō Nanto el Mar Mayo 15, 2018 5:38 pm

La tibieza del papel y el frío del marmol
Luger
Getsugakure no SatoBibliotecaFuturo
La infausta e insalubre mentalidad de un hombre retorcido; era todo lo que quedaba en el sentir del arquitecto por hierro en lugar de cemento, por carne, verbo y obra maltrecha por cimientos. Se mantuvo expectante, con las manos entrelazadas en un conjuro negro, hórrido e incomprensible incluso para sí mismo. Enardecido, anticipando la respuesta selecta sobre el hombre a su lado ¿Cuales serían sus respuestas? ¿Por donde su sangre sería más débil, mas dubitativa? Como una adusta composición de piano, como la asfixia provocada por una suave nota de violín mantenida hasta el extremo, Luger había comenzado a bailar a su son desde un principio. Se le permitió soltar la lengua, recitar sus negras poesías sin rimas, su candoroso gesto y su simpatía tan natural, como fingida. Pero habría sido injusto para Akira que eso hubiera sido así, por suerte así era. Luger no tuvo que fingir afecto, no fue necesario representar el infame papel del traidor con el pellejo de un amigo querido. Akira despertaba en su pecho afecto, se presentaba como alguien honesto, de fiar y agradable ¿Por qué condenarlo? ¿Por que arrastralo hasta la negra brea que compone su cuerpo y ahogarlo en ella como con el resto? Y ello habría desencadenado un sinnúmero de preguntas similares. Pero el arquitecto solo planifica, edifica para luego forzar la mano del mundo en las formas que así deban ser. El mundo podría ver en ellos a matemáticos, a hombre de respeto y ciencia pero en la desagradable realidad; eran los asesinos de parajes, los hombres hambrientos de ambiciones que solo podían verse satisfechas con la edificación de vetustas obras de ingeniería. Obra del hombre, burla del mundo natural, burlesco carnaval de arena, madera, arcilla y vidrio. Más profano que la imitación de la vida; era  el rechazo de la misma.

- Mis piezas son las mismas que las tuyas o las del resto del mundo, amigo. Lo que importa es saber utilizarlas, explotarlas si lo prefieres. - Con la voz distorsionada tras sus guantes de cuero negro, Luger no apartaba la mirada de su responder y de pronto; repercusión. Aquellos brazos frente a su pecho pudieron significar decenas de pensares, mil obrares distintos que convergían en un solo gesto. Algún necio sin seso lo habría catalogado de enfado ¿Lo era? Lejos de la espantosa realidad, Luger comprendía su deseo de establecer una división entre el tema sugerido y él. Aquel hedor a incomodidad manifiesta, la simiente de una duda plantada que ahora era revelada al arquitecto le puso de sobreaviso: podía degenerar negativamente. Akira era un hombre afable, de gestos calmados y palabras escogidas hasta el punto de establecer pausas entre respuestas. Lejos de la timidez, era prudencia, caminar de puntillas no para evitar ser escuchado, en su lugar, se atrevía a discernir una intención oculta. Se relamió sin abrir la boca, sin mover la lengua; un gesto que solo se consumaba en una mente avocada en su maquinar. Esperó su respuesta.

Respeto, honor, entereza, la elección de las raíces y no la vana “lealtad” que promulgan los necios reclutadores de la Luna. Ellos no comprendían el danzar de sombras y palabras; Luger haría un mejor trabajo que ellos mismos. Y a cada sílaba, casi podía sentir el como desentrañaba a Akira, como su zumbido grotesco se colaba en su cráneo y ahora germinaba. Pletórico, decidió atesorar cada palabra como si hubiera sido un regalo sincero ¿Sincero? Un hombre como él siempre hacia uso de las palabras adecuadas, de las escogidas y las deliberadas. Mentiroso o no, el juego no se trataba de responder correctamente; se trataba de hablar bajo unas condiciones adversas. Y Luger comprendía a la perfección los peligros que acechaban en cada sombra inaudita que los rodeaba. Asumiría riesgos, conjeturas y las excusas que hicieran falta. Tenía claro un concepto; y era la persona de Akira. Esa conversación había resultado más fructífera que cualquier otra imaginable. De haber sido posible; se habría felicitado por un buen trabajo.
Todas aquellas respuestas lo motivaron a continuar escuchando en el mas imperturbable silencio, en la búsqueda mas escrupulosa detectó contrariedades. Un minúsculo bailoteo en su tono, quizás una paranoia sin razón alguna. Pronto se descubriría pero antes, una dedicatoria al arquitecto, que sorprendido, no hizo más que bajar las manos e inclinarse hacia Akira con lentitud, no queriendo perderse una sola sílaba.

Una carcajada: única, mordaz y susurrada bastó para dar comienzo a su contrarespuesta.

- Ah, me ofendes, Akira. - Fingió, por supuesto. Se relajó echándose atrás en su asiento y desvió la mirada a un punto indeterminado del escenario desprovisto de telón. - Hace horas que el capitán y el resto de leales han abandonado el barco. Fui yo quien provoco aquel motín, quien envenenó las reservas, quien promulgó prohibiciones en boca de otros ¿Aquel héroe post facto que citas? Ese hombre está solo en mitad de la ancha mar sin más recursos que un pecho inflamado en rebeldía súbita. - Finalizó con un chasquido de lengua, una tonada grave que denotaba el final de una partitura; tocaría la siguiente sin más premura. - No soy la clase de hombres que sencillamente se conocen, Akira. Más bien son aquellos que ves en fotos muy antiguas, aquellos sobre los que lees en libros de historia en los que apenas les dedican dos frases ambiguas. - Apoyo el codo en uno de los brazos de la silla, su mandíbula sobre el puño y una mirada socarrona del acero al bronce coronado en platino. - Recuerda, el capitán sigue vivo. Quizás no lo entienda, quizás rece un poco esa misma noche por su innata buena estrella. Pero yo sé, y ahora tu también... - Se señaló a sí mismo con el índice sobre el pecho para luego dirigir la mano abierta, que no acusatoria, hacia Akira. . - … que fue por mi obra impoluta que sigue con el corazón latente en un pecho inconsciente. No confundas lo inexplicable de mis acciones con deslealtad - Dicho esto, se levantó de un espasmo, agarró el libro que trajo en primer lugar y lo ocultó bajo su hombro y su chaqueta de alabastro.

- ¡Vamos a pasear! Tengo una sed indescriptible ¿Tu no? - Su tono de pronto cambió, mutó a la practicidad en uno jovial, alegre y despreocupado. Quizás fingiendo una leve demencia, probablemente aludiendo al deseo del ser humano de recobrar la normalidad y la cordialidad tras la tensión sometida. Pronto, sus juegos volvieron en todo su esplendor. - ¿El libro? No te preocupes, lo devolveré junto al otro. Ahora tengo ganas de andar despreocupadamente como si fuera un colegial. Por mucho que mi altura y mi aspecto de sepulturero denoten lo contrario. - Y pronto la tensión pareció inexistente, de repente todo se diluía en una lluvia de primavera.

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Cositas y más cositas
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Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Cositas y más cositas el Miér Mayo 16, 2018 3:15 am

La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol
TOTSUKI AKIRA
Getsugakure no satoBibliotecaPrimavera 7 DD
Qué mejor manera de evadir una acusación, que llevarla a su máximo exponente y convertirla de lleno en una burla. En mera fantasía. Pero como ya había manifestado Akira, algo de verdad se encontraba detrás de toda esa verborragia. Y no solo era el hecho de que, en efecto, la apariencia de Luger daba la imagen de una antigua fotografía. También hacía alusión a su original rol de arquitecto, pero no tan protagonista como uno real. Tal cual ya lo había atestiguado en combate, el azabache era capaz de mantenerse apacible a las sombras del conflicto, resguardado en una retaguardia insospechada. Dirigiendo la orquesta con finos matices manuales, como titiritero experto, o más bien ventrílocuo. A través de él hablaban los sueños más básicos. No los de un infante, sino los de un anciano que ha visto y digerido todas las amarguras de la vida, siendo capaz de catalogarlas en frías siluetas negras, y sin curvas. Quizás a través de estas creaciones de su atareada mente, el alfil sería capaz de desarraigarse de emociones y, como dice, ejecutar los más intrincados planes carentes de ética; o rediseñadores de la misma. Por más rectilíneo que fuese el fruto su voluntad, lo que finalmente le caracterizaban eran las acentuadas curvas y espirales. El camino impredecible, y que acaba donde nadie lo ve, cuando nadie lo espera. Un contraste total con el caballo, que usando su propio físico como estandarte, es un hombre de ángulos rectos e hipotenusas.

Pobre del capitán —dijo sin preocupación, sabiendo que no le agradaba ese cargo ya probado. A él le gustaría estar en la vigía dado el caso, simplemente mirando a las hormigas correr alborotadas en círculos como si hubiesen dado con fuego. Las manos que tomaran el timón poco importaban, mientras no lo entregaran al fin del mundo.

Y ahí, de la nada, cayeron en su mente recuerdos que habían resistido como hojas olvidadas por el otoño. Abrió levemente los ojos más de la cuenta, intentando repetir en su mente las exactas palabras que generaron una suerte de conocimiento oculto en la corteza posterior del cerebro. No lo logró, pero sí su esencia. El líder de la Luna, el que se promocionaba como tal, no era más que eso dicho: corazón latente en pecho inconsciente. O peor aún, alguien muy consciente de su falencia de corazón. Pues el real, el capitán que sí portaba las estrellas en su hombro, estaba lejos abrazando a una sirena vecina. ¿Qué jugo podía sacar de ese limón?, de momento no mucho, pero sí era una piedra para cualquiera ansioso por lanzarla. De momento lo cayó. Levantó aquella hoja mitad verde y mitad marrón, y la pegó con cinta a su rama original. Sería el problema de su yo futuro.

El repentino movimiento de su interlocutor de espabiló, dándole el impulso de enderezar la espina y posar una mano sobre su libro cerrado. De igual modo lo reclamó dentro de su palma, poniéndose de pie. No lo había notado antes, pero su acompañante era notoriamente alto. La irregularidad del terreno en su primer encuentro había camuflado la diferencia, pero sobre el perfecto mármol se encontró en la necesidad de alzar algo la vista para encontrar sus ojos. Chistosamente poco después él mismo haría referencia al obvio detalle.

Creo que tanto papel deshidrata el aire —flexionó ambos hombros hacia atrás, haciendo sonar su esternón como vino descorchado, si el corcho fuese en realidad piedra—. Aunque no conozco mucho la zona. Solía perder el tiempo y el dinero en el puerto de la capital; nunca entre rostros potencialmente conocidos. ¿Sabes?, una vez fui campeón de sucias y denigrantes peleas de bar —rió como quien recuerda una travesura—. No lo recomiendo; olerás sangre durante un mes, incluso después de retirarte.

Imaginando que Luger le correspondería en la iniciativa, inició la marcha hacia la salida. Supuso que devolver su propio libro complicaría la situación del morocho, pero simplemente era incapaz de imitarlo. Un tirón en su mano le obligaba a depositar ese libro sobre el mostrador de la bibliotecaria, sabiendo que ya no lo necesitaba. Una lectura más, que le había inculcado desprecio por un autor más. Así como escribir requiere vomitar miles de palabras antes de crear una obra maestra, investigar también requería nadar en un océano de basura.

Tras la fachada de la biblioteca, la primavera—ya muy avanzada-podía olerse fácilmente. Los árboles de la plaza frente al edificio habían recuperado todo su follaje, y en las hojas nada duraba el rocío matutino antes de ser evaporado por el Sol. La arquitectura isleña rebozaba de color gracias al cada vez mejor clima, y tanto verde realmente quitaba toda excusa para esconderse en una taberna a chupar malta con dejo de madera y metal. E incluso así le agradaba la idea, viendo los días agradables como parte de su trabajo. Si el cielo estaba despejado, solía significar entrenamiento o encargos. Sin embargo, invertirlo en trago y buena compañía se sentía como un verdadero descanso.

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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Rokujō Nanto el Jue Mayo 17, 2018 5:24 pm

La tibieza del papel y el frío del marmol
Luger
Getsugakure no SatoBibliotecaFuturo
Tuvo que sonreirle, que lanzar una risotada despreocupada al aire en una respuesta tan sincera como siniestra viniendo de alguien como él.

- Desde luego, Akira. Pobre capitán. En eso estamos más que de acuerdo. - Dirigió una mirada hacia la nada indispuesta, hacia alguna estantería lejana sin nombre visible o quizás hasta algún concepto que sirviera de pretexto para aquella respuesta. No quiso ir mas lejos, sabiendo que toda su atención debía hallarse en el hombre que ahora se levantaba. Al quedar uno frente al otro, Luger pudo comprobar la disparidad entre sus alturas. Decidió no mencionar nada al respecto ¿Para qué? Convino, limitando sus acciones a una sonrisa sin dientes, suficiente para presentar un gesto de evidenciable cordialidad, de fragante cortesía. A uno Luger podía caerle mejor o peor, pero resultaba arrebatador en aquellos momentos de silencio. Donde solo presentaba gestos selectivos, suaves, metódicos y nunca ofensivos. Era caballero sin corcel, de modales por bandera, de lengua por larga lanza y valores ocultos. Un trato siempre cálido, un buen gesto, una sonrisa en el momento adecuado... aquello era lo que realmente hacía de él un hombre aceptable. Lejos de su siniestro comportamiento, de su voz sosegada y algo rasgada de una afonía ya pasada pero nunca superada del todo. Podría definirse como un hombre de un tiempo indeterminado, antiguo, atrapado si se deseaba servir de aquella manera. Alguien a quienes los años no le hicieron cambiar un ápice, incluso que retrocedió varias décadas porque, en su libre pensar, resultaba mas agradable.

Respondió a la primera declaración de Akira con un cabeceo leve pero elegante, justo antes de escuchar su esternón estallar como el hueso de un pollo asado. Un tic arrebatado surcó su semblante, le hizo parpadear un par de veces y por unos instantes, no estuvo muy seguro de qué había escuchado. Por alguna razón estúpida, tuvo la sensación de que Akira acababa de romperse a sí mismo con aquella musculatura privilegiada que tenía y estaba a punto de caer sin vida al suelo. Por supuesto ese no resultaba ser el caso, aún entonces, el gesto de Luger parecía absorto en aquella posibilidad.

- Yo... - Balbuceaba aún pendiente de que no colapsara en algún momento al empezar la frase. Menos de un par de parpadeos después, el arquitecto se recompuso, carraspeó rápidamente y volvió al tablero tan pulcro como hasta entonces. - … tampoco conozco la zona a fondo. Pero de haber sabido que abusabas de pobres paletos habría acudido antes ¿A sangre dices? Sería la de otros, amigo. No te imagino recibiendo un golpe que no te hiciera devolverlo de inmediato subiendo la apuesta con una de esas sonrisas tuyas de suficiencia y complicidad. - Estaba casi seguro, casi podía verlo justo ahí, rompiéndole los dientes a un estibador de un rodillazo. Quebrando sus paletas en mil fragmentos, haciendo que se tragase unos cuantos y que estos, rasgasen su garganta de camino a los abismos a los que una vez sirvieron. Parecía poético, pero dicho de aquella manera podía resultarlo cualquier cosa. Solo Akira, el jinete broncíneo, calentándose las manos antes de comer. Era justo lo que era; nada más que eso.

- Aaah... si te hubiera conocido en aquella época probablemente habría intentado convertirme en tu representante ¿Sabes? - Comentaba con un suspiro inicial al tiempo que se encaminaban a devolver el libro de Akira ignorando a la bibliotecaria con una sonrisa radiante pero, sin libro que devolver. Por supuesto, antes de que esta se encaminase a realizar el proceso de devolución, Luger ya se habia marchado con Akira dejándola con la palabra en la boca. Volvería, claro. Lo que no sabía era cuando. - Casi puedo revivir la escena... - Luger alzó la mirada cercano al umbral de la salida, extendiendo la zurda hacia adelante e inclinándose hacia Akira en su representación imaginativa de historias paralelas. - “Señor, Akira, su talento está desaprovechado. Llámeme Luger, representante de estrellas del combate ¿Quieres ser rico, amigo? Puedo conseguirte a las chicas mas picantes del puerto al chasquear los dedos, comprarte unos zapatos con menos alerones y... ¡Que me aspen si en menos de un año no te conviertes en toda una leyenda!” - Citaba, y aunque su tono denotaba que la última frase debía ser gritada, tan solo las enunció con un susurro   amortiguado, mas inmerso en la historia que en su intensidad. Poco después se retiró de su lado, llegando al exterior acompañado por unas risotadas anegadas en aquella ensoñación añeja. - Te habrías arruinado, seguro. Conociéndome, habría sido el inicio de una relación de lo más extravagante llena de viajes, estafas y desventuras. Sobre todo malditas desgracias pero eh – Se giró un instante dedicándole una mirada tan seria, que todo el ambiente calló de pronto. - Nos lo habríamos pasado estupendamente. Eso si te lo habría asegurado. Vamos, aquí cerca hay un puesto de... - Detuvo su frase a medias, desviando la mirada al suelo ladeandola de un lado a otro como si la respuesta se hubiera desprendido de su boca como un muerto. - … esas mierdas de pulpo que son redondas y pican como si te crucificasen la lengua ¿Sabes? - No muy orgulloso de la explicación se limitó a dirigirse a un puesto callejero. Una suerte de carromato con un viejo mulo en la trastienda y un mantel sujeto a dos vigas de madera. Una pequeña fogata y un hombre de mediana edad sirviendo aperitivos a un único cliente. Lo invitó a entrar con un gesto, al tiempo que dejaba el libro “prestado” en la igualmente difícil de denominar “barra” sentándose en un banco improvisado quizás demasiado bajo para comer en aquella barra.

- ¡Buenos días, pueblo! - Recitó Luger como si fuera una suerte de pregonero malogrado y tumulario. No consiguió más que una mirada de soslayo del tendero y absolutamente nada del otro cliente, un hombre demasiado absorto en un tazón vacío salvo por algunos restos de caldo pardo al que observaba con el amor de un padre que pierde a un hijo querido. - Pide lo que quieras, Akira. - Anunció Luger sentándose justo en medio. Resultaba una posición adecuada; justo en el centro. Cerca del bronce, del anodino amante de tazones, en pleno frente del anciano. Diablos, incluso el mulo de haber estado frente a la tienda y no tras ella, habría desviado la mirada. Gajes del oficio, lo denominaban algunos.

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Cositas y más cositas
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Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Cositas y más cositas el Miér Mayo 23, 2018 12:14 am

La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol
TOTSUKI AKIRA
Getsugakure no satoBibliotecaPrimavera 7 DD
Protegidos por un amplio marco de madera, recrearon una escena popular en los barrios bajos de cualquier país costero. Allí donde los nudillos afloran como coloradas rosas en un día soleado, no faltan las propuestas de un escuálido encorvado hacia un pobre orangután sin dos dedos de frente. No solo los fuertes viven de la violencia, sino más bien aquellos con la suficiente viveza como para aprovecharla. Aunque el moreno, ni en su inconsciente estado pasado hubiera accedido a un contrato, sea por dinero o por fama. La pelea había sido su simple pastilla para dormir, pues bajo el colchón la cama se quejaba abultada con billetes sin usar. A fin de cuentas, la vida del shinobi podía ser insospechadamente redituable.

Soltando una breve risa—ya libre de las restricciones de la bibliotecaria-colocó los brazos en jarra, encontrando en Luger un típico vendedor. Le recordaba a aquellos proveedores de dudosas frutas encontrados en altamar, capaces de ofrecer a su propia madre por una pequeña torre de monedas de oro sobre su palma.

Fantástico sin duda; hasta hubiéramos tenido nuestro propio barco para retar a los fenómenos de tierras lejanas.

Dejando que el viento cálido se lleve sus frágiles ideas, le siguió la mirada al azabache que parecía perseguir una hoja arrebatada de su árbol. No había ninguna, mas ese camino dibujaban sus iris de alquitrán. Finalmente, cuando el hombre recobró la razón, un burda explicación totalmente alienígena para el léxico que solía manipular terminó por dibujar, de todos modos, la imagen mental de las bolitas de pulpo. — ¿Takoyaki? —inquirió al instante, aunque a él no se le hacían picantes en lo absoluto. La dureza de su pardo cutis se transmitía, quizás, a su paladar. Decidió sin embargo no insistir en su palabra apenas modulada, y simplemente seguir al hombre de rumbo fijado. El humilde puesto gastronómico al que le guiaba era desconocido para Akira, como casi toda la zona. Él solía comprarle únicamente a los vendedores de la zona comercial, vecinos del local atendido por su hermano, donde claramente conseguía un beneficiado precio. No es que le diera especial importancia al dinero, pero sí a la eficiencia.

Ingresando a los dominios el negocio nómada, habitualmente delimitados por una escueta cortina de segmentos cuadrados, el peliplata tuvo que tragar saliva pesadamente con algo de vergüenza ajena, o quizá propia. Que un sujeto de la refinada apariencia de Luger tan solo utilizara la palabra "pueblo" en una frase, lograba el efecto contrario alejándole lo más posible de lo popular. Un claro estafador, como ya estaba estipulado. El sobrio semblante de Akira estaba allí para brindar algo de tranquilidad a los únicos dos presentes, siendo una suerte de filtro plateado. Aunque un filtro mal puesto en todo caso, en un flanco, dejando al pobre cliente a la merced del sombrerero a su lado.

Un tendón —recitó muy simple al tendedero a la expectativa. Claramente no hablaba de un tendón anatómico, sino del apodo o abreviatura de un plato común. Camarones tenpura, en un bol de arroz, o udon. Ten-don—. Y de paso un par de Takoyaki, si es que tiene bien caliente.

No podía perderse aquellos bocados de pulpo a los que Luger hacía referencia, pero bien podía estar confundido su compinche desconociendo realmente las delicias del pueblo. Y para beber, no pidió nada, pues es costumbre un vaso de agua helada de cortesía; incluso rellenable a voluntad. Cuan más humilde el establecimiento, mejor tratado terminaba el cliente.

No renuncies aún a tu propuesta —dijo de la nada, recuperando un viejo tema del aire, mientras esperaba su pedido—. Nada nos priva de viajes, estafas, y desventuras. Bueno, lo de estafas puede que quede fuera, pero el resto no sería inusual en nuestra línea de trabajo. Y por más erráticas que esas líneas sean, en algún punto de este pequeño mundo convergerán.

Ojeó la barra para arrebatar de su reposo a la jarra de agua con hielo. Como buen dueño el tendedero habría ya plantado un vaso frente a cada comensal, que él llenaría para engañar al estómago. Ofreció antes que nada a su cómplice de motines soñados, antes de servirse él mismo. Se le cruzó la idea de algún fermentado, pero antes tenía que apaciguar a las bestias residentes en su tripa.

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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Rokujō Nanto el Jue Mayo 24, 2018 10:40 am

La tibieza del papel y el frío del marmol
Luger
Getsugakure no SatoBibliotecaFuturo
Si Luger hubiera resultado ser hombre sincero y de palabra, habría expresado de nuevo su sorpresa ante el requerimiento de un tendón. Prefirió guardar silencio, callar las lenguas y contener la mirada en un punto fijo mas allá de los universos insondables y apócrifos de una tabla desgastada con varias perforaciones en su superficie. Quedó como ensimismado, o más bien abstraído del todo en lo que parecieron ser unos instantes de intensa estupefacción. Bien, tan solo hubo escuchado como su abdomen colapsaba tan solo por tensarse, ahora requería de tendones... ¿Sería para sustituir algo que había perdido dentro de la biblioteca? Carraspeó de inmediato ya sentado y extendió el indice hacia las alturas, encargando exactamente lo mismo que su compañero. Un sobrio asentimiento por parte del tendero le basto para hacerle comprender que su pedido estaba en camino y con ello, esos condenados Takoyaki insuflados del infierno. Quizás el tenía un paladar excesivamente sensible, o quizás estaba tristemente acostumbrado al insípido alimento que provee el bolsillo prieto. No hizo más que volver la vista, ahora doblemente asombrado por la respuesta de Akira. Enarcó las cejas, e incluso entornó la mirada con una evidente incredulidad que fue aderezada por una sonrisa tan típica en Luger como sumamente zorruna. Atestada de picaresca antes siquiera de alcanzar su cenit. Supo que el pedido había llegado, y agradeció que le sirviera el agua a él primero con una leve reverencia tan solo ejecutada de cuello hacia arriba. Poco después, intrigado por aquella insistencia en lo que creyó una hipótesis de un pasado bien distinto, Luger se decidió a incidir en ello a mayor profundidad.

- Ah, no llenes de ilusiones este corazón marchito por la ruina y la desgracia. - Respondió con cierto tono de burla, rebajado a su mínima expresión para en su lugar, presentarse como una media ensoñación de verano. En unos instantes, en el mísero transcurso de una bocanada de aire; Luger volvió a sentirse joven. Más allá de sus días actuales, donde apenas con una veintena se sentía tan muerto y anciano como cualquier veterano atávico a los vapores de la guerra inmisericorde. Allá por entonces, cuando no había más falsedad que la necesaria y podía vislumbrarse en el espejo con la firme capacidad de nombrar a su reflejo sin dudar ni ta siquiera un poco. Tuvo que sonreír de forma ladina y experta, tan bien ejecutada como cualquier gesto que emulase el decoro de hombres más elegantes y más pudientes. Despertó nostalgia en aquellos días que tan escasos fueron, y tan inertes se hallaban. - Claro, no sería lo mismo sin las estafas... pero uno puede hacer excepciones por los amigos. - Asintió plenamente convencido de ello, al tiempo que daba un sorbo al vaso recién sorbido y escrutaba aquel glorioso cuenco oda a la fritura, a la gamba encomiable, al huevo glorioso y al sobrio pero resiliente arroz. Paladeó en su misma boca, sin siquiera sacar la lengua o esgrimir un movimiento, acercándose la primera gamba en un escueto mordisco armado con un par de palillos en su diestra. Un solo bocado y asintió tan solo una vez hacia el anciano, dedicándole una mirada de sincera admiración. Era arrebatadoramente magnífica. Solo esperaba que no costara demasiado.

- Recapitulemos. - Anunciaba mientras volvía a depositar los palillos a un lado del tazón, rectos y en un ángulo vertical perfecto, para luego limpiarse la boca delicadamente con un pañuelo. - Mi oferta sería la siguiente, basándome en lo que entonces te habría propuesto con los cambios de este presente tan nuestro como al mismo tiempo tan ajeno. - Fue un minúsculo aguijoneo a quien no estaba presente y a mayor exactitud, a quienes en realidad dominaban el asunto. - Lógicamente el dinero no es problema. Yo apenas llevo unos meses en trabajo activo y bueno... ahora soy capaz de correr más rápido que la desnutrición, hecho inaudito aunque no lo creas. Bravo por nuestros señores feudales. - Apretó la zurda y la alzó al aire, coreando de forma discreta y desapasionada. - Aunque sí, los viajes serían magníficos, las desventuras por igual y tengo que decir que, así, de forma espontánea, se me ocurren un par de destinos. Que incluso no se alejarían de nuestras responsabilidades. Estarían remuneradas, bien vistas y nos reportarían toda clase de problemas abominables que así, hablado mientras comemos pueden resultar nimias. - Solía gesticular, agitar las manos, formular en el aire con los dedos e incluso moldear el mismo aire en cada explicación. Una forma de expresarse tan nítida como explicativa. Era algo engendrado, de sus pocos talentos innatos esa suerte de mímica reflejada por un subconsciente vigoroso. En ocasiones, en realidad en la gran mayoría, estos gestos solían resultar excesivamente invasivos o desenfrenados. Procuraba controlarlas, pero se sentía cómodo y con Akira, hubo decidido ser tan coloquial como afable. Se dio unos instantes para meditar sus palabras, tratando de no elegir incorrectamente y al mismo tiempo, una bocanada de aire caliente atestado de los vapores de su comida le instaron a actuar con celeridad. Sorprendentemente y de forma que pocos entenderían, se sintió algo abrumado y extasiado. La palabra, la oratoria y el discurso eran disciplinas tan complejas como cualquier deporte. Mucho más, de parte de quien lo practica, por supuesto.

- Existen personalidades que obraron mucho mal al organismo al que representamos. - Se señaló con la mano abierta el interior de su chaqueta al tiempo que mostraba en su interior su bandana identificativa prendida en un bolsillo interno. - Esas personas indeseables son criminales, asesinos, devoradores de cachorritos... gente desagradable desde luego. Mi propuesta... es tan sencilla como acercarnos a una oficina no demasiado lejos de aquí. - Se dedico unos momentos para rememorar el camino. - Preguntar por un tal Nakajima-san. Es un hombre adusto, dado a la violencia y a la intimidación pero la propuesta le encantará. Probablemente nos ofrezca  su apoyo. - Carraspeó, consciente de que había soltado toda clase de palabrería de contexto y aún, no había propuesto nada en absoluto. Intencionado, por supuesto. Volvió a esgrimir los palillos y le dedicó una mirada que brilló por su astucia inherente y los fuegos de un embaucador – Cazaremos criminales por todo el mundo. Traidores, prófugos, desertores... todo ello viajando sin parar, nunca durmiendo dos veces en el mismo sitio. Una forma perfecta de ascender en el escalafón, de ser remunerado y tildado de héroe sin parangón de la justicia inextinguible. Todo ello financiado por este, nuestro amado gobierno. En este "negocio" a eso se le llama un completo.- Finalizó con un nuevo asalto sobre su gamba y de nuevo, un gesto de agradecimiento al anciano.

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Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Cositas y más cositas el Vie Mayo 25, 2018 9:56 pm

La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol
TOTSUKI AKIRA
Getsugakure no satoBibliotecaPrimavera 7 DD
El servicio del local ambulante demostró diligencia, sirviendo con notable rapidez los platos escogidos por el par. Frente a él, el vapor de suaves esencias humedeciéndole las fosas nasales le robó la atención por unos segundos, perdiendo en parte el hilo de la conversación que Luger nunca soltaría. Con sus sílabas como música de fondo en su carro alegórico, el moreno se desfiló entre los sabores que sabía encontraría en ese plato, simplemente acarreado por el vaticinio de su aroma. La condensación del calor en sus mejillas le dio la vívida imagen de un colchón dando reposo a su cansado cuerpo, cayendo cual tabla de cara en la cama perfecta. Y entonces el picor, el contrastante sabor de la degustación de bocados de pulpo, sazonados de agridulce y bonito rayado. Le despertaban de ese letargo entre caricias, encendiéndole el pecho y reactivando la máquina. La combinación lograba, a fin de cuentas, un borrón y cuenta nueva en pleno día. Olvidó las letras de tinta que muy frágiles se caían de las páginas del libro leído, como si fuesen hechos de un ayer, o una vida pasada. En pleno mediodía, volvió a comenzar. Y eso que apenas había dado la primera inhalación. Se podía decir que disfrutaba de cada paso de la comida.

De nuevo en tierra, dándose cuenta de que el tiempo reloj era mucho más lento que el de su razonar—una vez más-, tomó los palillos de madera y los separó con un decisivo quiebre. Mirando de reojo al vendedor parlante, escarbó el arroz bajo los camarones, elevando una buena cantidad frente a su mentón.

Espero que entre esos destinos haya algo más que islas. Ya me tienen algo cansado —dijo con gracia, pero también seriedad. Si bien el continente le había visto dar su primer llanto, todos los subsiguientes se dieron en embarcaciones o protuberancias de tierra varadas en la nada marítima. No sabía lo que era trepar un monte y encontrar más verde que el que los ojos son capaces de digerir—. Aunque tampoco iría tan lejos.

¿Miedo?, sí, pero no de la experiencia o falta de ella. Miedo, más bien preocupación, de los caprichos del destino. No quería que sus enormes garras se clavaran alrededor de él como barrotes estrechos hechos de pura uña mugrienta, encasillándolo en una tierra tan desconocida como lejana. Perder el camino de regreso, y el mismísimo deseo que caminarlo. Convertirse en un desaparecido más, como los que se cosechaban por unidad cada temporada. Como dijo, el monótono panorama le tenía tan solo algo cansado, mas no harto. No parecía querer revolucionar su vida; no la actual sino la futura. Tenía la cabeza saturada de posibilidades, y ningún hecho. Pensamientos sobre una determinada persona que hasta le había incentivado a leer de esoterismo. A él, el escéptico. Un estilo de vida al cual ya se había encadenado por pura voluntad, y aunque otros le encontrasen errores él defendería tercamente. Por eso sí, podía visitar hasta el mismo infierno para retar a pulso al diablo, pero con la intención de un pronto regreso.

A todo esto, se olvidó de comer. Se llevó finalmente el arroz a la boca. Suave, apelmazado, de gusto tan blanco como se debe. Su propósito por el momento no era acompañar, sino dar una barrida al paladar. Del mismo modo lo hizo con sus ansiedades, y sucumbiendo a la costumbre comenzó a atacar el plato sin piedad. Como máquina de movimiento continuo se llenó la boca una y otra vez, tragando mientras el azabache hacía lo mismo con puras palabras. Por más que su vicio fuese ahondar consigo mismo en el sabor de la comida, esa vez lo evitó para no dejar solo al alfil. Porque él podía perderse muy fácil. Así que, si bien masticaba y disfrutaba el placer de los camarones reventando entre sus molares, se forzaba a engullir rápidamente antes de caer en su ilusión rosada bañada en tenpura. Recién se pausó cuando encontró un punto final en la historia contada por Luger.

¿Viajar sin parar? —preguntó aludiendo a sus preocupaciones interiores—. ¿Qué diría Beretta de eso? —agregó usando a la pianista como excusa de su propio interés—. Al menos a mí no me gustaría estar separado tanto tiempo. Si bien nunca dijiste un número, ser tildado de héroe parece requerir cierto esfuerzo. Mientras tanto, para otros, para los que tienen la opinión de real peso, ya somos héroes —sonrió con un grano de arroz pegado a un diente, pero un recuerdo le arrebató hasta eso.

Durante seis meses más o menos, me dediqué a eso mismo. Cacé piratas y esclavistas al rededor de este país, sin pausa ni respiro. Encadenando desgraciados fui remunerado lo mismo que quien busca fantasmas inventados por los pueblerinos. Y de héroe me quedó menos rastro que las costuras en los uniformes tajeados. Lo peor es que, después de todo eso, la cosa sigue igual. Nada cambió; donde uno tropieza otro se alza. El problema no está en la maleza, sino en el jardinero, y nosotros somos hormigas —rió—. Debo estar cansándote con la misma analogía planteada con distintas metáforas, pero es que una y otra vez uno se percata de ello, y de la impotencia propia.

Para callarse a sí mismo le mandó una bolita de pulpo entera a la boca. La condenada estaba más caliente que la lava creada por su sensei, convirtiendo su respiración en una chimenea. Aún así se la aguantó, masticó quemándose las encías, y tragó cerrando un ojo. La lengua con textura de gato le duraría todo el resto del día.

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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Rokujō Nanto el Lun Mayo 28, 2018 5:31 pm

La tibieza del papel y el frío del marmol
Luger
Getsugakure no SatoBibliotecaFuturo
El crujido de la fritura, la suave agresividad del aceite aún caliente y empapado de sabrán los cielos cuantos matices distintos. La comida, hecha con dedicación y empeño, doblemente sabrosa, convino. Y aquel hombre ajado, de pocas palabras, rostro endurecido por el calor de la brasa y ojos pequeños pareció haber encontrado forma en sus fuegos, en su sazonar y vibrante voluntad. Agradeció una última vez con aquella reverencia anterior; no pretendía resultar invasivo como tampoco abrumador, y continuó comiendo de tanto en tanto. Siempre con el recato y la etiqueta como firme abanderada, Luger continuó con aquel plato de delicias arrancadas de un mar muy cercano. Manjares que pocos habrían advertido al contemplar semejantes criaturas por primera vez y que ahora danzaban por su lengua cuales abyectos criminales en la ronda de un fusilamiento nocturno: en fila, sin más agradecimiento que un tajo, un disparo y una despedida descendente en el foso de todos. Un gesto agradable y un pañuelo raudo acudiendo a limpiar la sangre que se desprendiera de sus labios. Una alegoría siniestra; le encantó imaginarse a aquellos camarones como criminales de guerra y a él como una especie de engendro descomunal y abominable que por su propio obrar incontestable devoraba a quien bien le venía en gana. Se sintió infantil, y dio gracias de hallarse a solas en sus pensamientos, dejando que Akira contestara a cuanto se hubo hablado.

Asintió al escuchar mencionar a Beretta de sus propias palabras, sonriendo de inmediato y callando con el fin de que su contraparte pudiera explorar todos los problemas de su propuesta. Disfruto haciendo algunos hoyos por fosas comunes en tierra de arroz y camarones por infames fugitivos. Ya se imaginaba su pecho sembrado del tintineo de media docena de condecoraciones y un sueldo menos indigno con el que brindar lujos y comidas semejantes a cada momento. Pronto, Luger halló en las palabras de Akira rastros de una animadversión oculta, un sentimiento en un principio apenas percibido en su pregunta invasiva de hacía no más de unos minutos. Socorrido por un pañuelo que clausuraba aquella ronda de ejecuciones dantescas, Luger dejó descansar los palillos en vertical justo al lado del tazón para dirigir una mirada suspicaz hacia el broncíneo jinete sin caballo. Cejas arqueadas, una sonrisa torcida y socarrona; algo hubo descubierto de toda aquella propuesta impulsada por la fantasía y la ambición aparente. Akira dudaba, como todo hombre. Se alegró de que fuera humano y no alguna suerte de autómata de bronce al que mucho le hubo contado. Suspiró tranquilo en un dramatismo oculto por su rostro de pálida porcelana; mantuvo el semblante y tan pronto como Akira hubo declamado sus cuestiones, ya supo como incidir.

- Beretta es un espíritu atestado de intereses. Camino sobre un cordel metálico muy seguro a sabiendas de que soy yo quien lo sostiene incluso sin estar en ambos extremos. Beretta podría acompañarnos, por supuesto ¿Y de no hacerlo? Bueno... - Lanzó una media risotada al aire, que realmente, indicó posibilidades fuera del alcance de la simple palabra, más cercanas al hecho acertado de una personalidad vibrante como la de su vendaval. - Digamos que encontraría la forma de vivir aquello a lo que nos avocaríamos. Es una escritora, amigo mío. Ansía el drama del sendero, el polvo del camino empapando nuestras botas y el corazón cultivado de una canción melancólica por un hogar lejano. Vendría. - Terminó su certeza con un par de golpecitos sobre su corazon perlado por amor clemente y sincero. Tan seguro se hallaba de ello, que jamás lo habría propuesto de no haber estado seguro de todo cuanto decia. Pero aunque lo hubiera prohibido una nación y él mismo; a Beretta uno sencillamente no la domina o entorpece. Es viento, vendaval cerúleo de un cielo muy distinto al nuestro. Vive y muere por sus reglas, no por las de este mundo, aseveraba para sí. Pronto volvió al asalto, esta vez, sería Akira el objeto de sus devenires. - Se bien lo que pasa por tu cabeza bañada en plata deslustrada, Akira, jinete mío. - Entonado a modo de saltarina canción, Luger inauguró una nueva temporada de pensamiento. - El viaje es el objetivo en sí mismo, no lo que nos lleva a él. Nombro a criminales como meros puntos de destino incierto a lo largo de un vasto universo. De quien yo hablo es del sendero, de sus oscuras letanías, de la misma tierra preñada de secretos cegados al mundo. - Alzó la mirada hacia un cielo despejado, esta vez señalando con el índice y el corazón al lugar al que dirigía la mirada, dispuesto a guiarle en aquellos caminos ultraterrenales. Pronto, el arquitecto comenzó a edificar.

- Imagina el tañido desgastado de una guitarra. De tenerla sería yo mismo quien lo hiciera pero me parece que es importante para el ambiente. - Guiñó un ojo a los cielos y pronto se sintió arropado por el manto del narrador. Ofrecería su relato a los vientos, esperando que ellos danzaran hasta sus hebras de cielo mas celeste que el mismo cielo. Paladeo unos instantes las palabras a punto de conocer el mundo, y comenzó. - No me agotas con semejantes comparaciones, Akira. Precisamente de ello te hablo. No del abandonar el mundo que conocemos; no tengo derecho a pedirte tal cosa y tan siquiera yo querría aquello. Esta isla esta prendida en mi recuerdo y mi corazón de una forma especial, tan mía como desconocida para el resto. Pero yo te hablo del mismo viaje, del sendero oculto que mora mas allá de los océanos que nos engullen. Caminar por las montañas nevadas de algún sendero iluminado por el mapa estelar, extender la mano y sentir la tierra caliente de un desierto tan lejano como ajeno a nuestro conocimiento. El cazar criminales es tan solo un pretexto al mismo tiempo que los reconocimientos agradecidos pero más bien, de comprender algunas cuestiones. - Chasqueó la lengua, ahora comenzaba. - No deseas abandonar esta isla por el temor de comprender a tu amada verse en solitario. Demasiado importante para que se le permita deambular por el mundo, lo comprendo. Yo te ofrezco senderos lejanos, exotismo, vibrantes aventuras. Para mí es muy simple; conmigo mis vientos viajan. - Bajó al vista, apoyó el brazo izquierdo en la improvisada barra y le miró fijamente, tanto como nunca antes lo había hecho a la salvedad de una ocasión. - Pero los secretos de todo un mundo no acuden hasta a tí en forma de manuscritos sellados en una biblioteca pública. Existe saber en el mundo, Akira, que ni tu ni yo comprendemos. Azarosos desarrollos, perversión hecha resultado grotesco que deambula por el mundo sin el pleno conocimiento de cuanto bien pueden propiciar. Akira. - Hizo una pausa, alzando la diestra para ofrecerle a sí mismo; Akira para el bronce, pensó divertido. - Tú puedes ayudarla, está en tu mano el lograrlo. El mundo es muy vasto y esta atestado del conocimiento de milenios de secretos. Es una prostituta sucia, desagradable y no siempre muy accesible. Pero en el momento en el que se fuerza su mano sencillamente cede; en el fondo la vida no es tan compleja. - Volvió a su plato, sostuvo de nuevo sus palillos y toda su atención pareció centrada en su comida. - Solo eso, Akira. Un viaje, secretos que bien podrían servir a tu causa y no a los del resto. Quizás reconocimiento, aunque no importe. A mi también me gustaría comprender algunos conceptos herméticos. Tu turno. - Finalizó con un nuevo asalto recatado a su plato.

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Cositas y más cositas
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Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Cositas y más cositas el Lun Mayo 28, 2018 11:03 pm

La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol
TOTSUKI AKIRA
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Todo pensamiento, toda seguridad, por más sólida que resuene en el eco del cráneo propio, siempre encuentra obstáculos al encontrarse en el caos del aire libre. Así el alfil lograba que Akira debatiera para sí mismo la definición que tenía de futuro, sin importar que días atrás el mismo estuviese gravado en mármol. Porque así como construía, el arquitecto destruía. Abría la mente de un hombre que había dejado de danzar, para comenzar a marchar. Le mostraba las curvas que había olvidado, que su movimiento no debía ser puramente una diagonal, sino una conjunción de dos marchas. Le recordaba su naturaleza indirecta, desafiante de las predicciones. Por eso, mayormente, consideraba que conversando con el azabache alimentaba también su mente, además del goce que el plato traía a su estómago.

Tendría que pensarlo —soltó cortante, sin mucha vuelta más que la del tiempo necesario para decantar una idea—. Es más fácil ser seguido por el viento, que por los mares. Ambos caóticos, sí, pero el primero con mayores libertades.

Se permitió un bocado más, usando el tiempo que le tomaba saborearlo para acomodar las palabras en el orden adecuado. En el transcurso se acomodó el cabello colgante a los lados de su rostro, no queriendo que se empape en olor a fritura. Tras exiliarlo sobre la inclinación de su encorvada espalda, imitó a Luger apoyándose de la barra con el codo contrario. Su interpretación del cazafortunas había ido más allá del acto inicial, añadiendo términos al contrato con tal de acaparar la exclusividad de su luchador estrella. Y dejando de lado los juegos, el peliplata tenía cierta suposición de su constante interés. No solo la agradable química—¿o magnetismo?-que se dio entre los caballeros desde un primer encuentro, sino que le servían los privilegios con los que el moreno contaba simplemente por portar el galardón de su rango militar. Abandonar las puertas, e incluso la frontera, a libre voluntad; solamente le exigían una burda excusa. Beneficio que nunca había utilizado, pero que el hombre frente a él comenzaba a endulzar.

De momento, puedo decirte que mi deseo por acompañar es mucho mayor a mi deseo por entender. A las mujeres no se las entiende después de todo, sólo se las ama —citó a un sabio de otras tierras, sonriente—. Pero sí confesaré que atacas en mí un punto débil por herencia: el de la exploración y predisposición a la maravilla. No por nada mi familia vivió embarcada, costumbre que antes de llegar aquí, para mí era ley mundial. Mis padres conocieron lo vasto del mundo, aún lo hacen; aunque para mí el mundo es lo que mi imaginación pueda llegar a dibujar al ampliar el detalle de una pintura, o el recitar de un libro fantasioso. Basta con decir que un simple pájaro conoce más de este planeta, que yo mismo, un hijo de viajeros.

Cada vez se encontraba con menos tapujos a la hora de hablar de sus emociones, o intenciones, para con la colorada que hace tiempo no veía. Si bien la última imagen que a fuego se grabó en su retina fue la de un inocente cuerpo sin vida, la sola chispa de esperanza otorgada por su maestro era suficiente para hacerle tejer todo un destino custodiando a ese tesoro nacional. Porque antes de nacional era suyo, así muy egoísta se lo había apropiado. Así, sin saber ni siquiera qué era lo que ella pensaba, o si realmente Onimaru había dicho la verdad. Su joya podría bien ser una farsa de vidrio, una baratija, y él engañado iría al fin del mundo con tal de conseguirla. El oro de los tontos. Pero incluso con esa posibilidad en mente, incluso considerándose a sí mismo astuto y difícil de trampear, caía de lleno en las garras de la ilusión; porque de esperanza nada. Por eso y solo eso Luger lograba plantar una duda, pues de lo contrario no encontraría tierra fértil, sino sólo cemento. Un consenso sólido de su propósito. De momento, sin embargo, era un incierto. Tendría que pensarlo, en efecto.

Así que cambiaré de tema —ladeó violentamente unas riendas imaginarias—. ¿Cuál es tu visión hacia el País de la Luna? ¿Están tus pies en este satélite, o eres tan solo un cometa pasajero? —afiló la mirada sobre los ojos de petróleo contrarios—. A diferencia de mí, imagino que te adentras algo más en eso de la política, y puedas tener un agarre más comprometido en cuanto a lealtad, o nacionalismo —se encogió de hombros, incapaz de concretar una idea coherente, y dependiendo puramente de la habilidad de su interlocutor para captar su ignorancia en la materia—. O algo así.

Ahogó su incomodidad con otro bocado; el último de hecho. Ya no quedaban más que algunos desordenados granos de arroz, que demasiado esfuerzo sería recoger con los palillos. Optó por plantarlos sobre el tazón con alineación diagonal, indicando que había terminado.

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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Rokujō Nanto el Mar Mayo 29, 2018 9:09 am

La tibieza del papel y el frío del marmol
Luger
Getsugakure no SatoBibliotecaFuturo
Entre bocados, Luger sobrevivía al momento dedicándose aparentemente a tan solo su comida, pero en el instante en el que Akira preció receptivo a responder a las cuestiones planteadas, se digno a girarse, no por completo, por supuesto. Asintió de tanto en tanto, con la levedad del maestro de ceremonias y nunca de forma muy insistente. Supo de Akira entonces, que aquel dudar tan nimio tan solo constituía un pequeño tallo sin raíces profundas, tan solo una criatura minúscula e insignificante. Torció la mandíbula en un acto que pudo interpretarse como deliberación, así era, pero no aquel que uno hubiera imaginado. Pudo prever ciertos movimientos rígidos por parte de su broncíneo jinete; descartó grandes trastornos en su vida sin ninguna ayuda externa. Era hombre de metáforas sencillas, ansias de una vida apacible. Y como ya hizo entonces Belisario, aquel hombre ya muerto y nunca constituyente en este universo; abandonaría las armas, su carrera, su gloria divina en la ciencia de la masacre por un campo de olivares y un arado. Con que facilidad los grandes y excelsos militares intercambiaban el bastón de mando por las llaves de un hogar rural y apartado. Algunos lo mencionan como un mal recurrente, evidente e inevitable. Luger lo achacaba con sencillez a la escasez de ambición y de hambre insatisfecha. Agradeció a un cielo silente y desprovisto de dioses el dotarle de semejante virtud, al tiempo que Akira contaba su historia y en Luger, formulaba un nuevo retrato del jinete de cobre, ya no bronce, por supuesto.

Pronto, aquellas promesas de esoterismo, secretos agolpados en alguna garganta desconocida y tomos apócrifos que pudiera obrar algún bien a Akira parecieron quedar en un segundo plano. Fue el viaje, su primera y más evidente faceta dentro de este ofrecimiento el que al parecer, hizo temblar los cimientos de un hombre que ansiaba morir en el prado como un nómada. En una tienda de pieles, con un caballo pequeño, terco... pero siempre leal. Luger se pasó la zurda por la barbilla cavilando aquellas posibilidades. Determinando y elucubrando si de alguna forma su ponzoña podría forzar su pensamiento en esos derroteros. Tras aquella charla, y sabiendo mucho más sobre Akira de lo que podría haber imaginado por sí mismo, se apartó la mano y se dedicó unos segundos a su plato, a sabiendas de las preguntas de su compañero, pero dejando que el tiempo escapase sin escrúpulos. Tres bocados propinados, un pañuelo raudo de pulcritud pretendida y pronto Luger estuvo preparado para responder. Sabía que iba en contra de la etiqueta aquello de comer en mitad de una conversación; este proceder tenía sentido y obrar. Ocultismo en los procesos cognitivos le guiaron en aquello; a veces el tiempo puede obrar maravillas en una conversación.

- Mi visión... - Repetía con delicadeza. Supo bien que debía callarse su verdadera impresión sobre la nación que abanderaba, como bien supo que sus cambios podían resultar incendiarios. Mantuvo la calma y pasados apenas dos latidos de un corazón marchito como el suyo; proseguiría. - Soy un bestia encadenada a una estrella lejana, muerta hace mucho y que aún entonces su luz pervive durante eones tras el suceso. - Hizo uso de una antigua leyenda tan solo recordada por fanáticos, ancianas de pueblo y algunos textos prohibidos. Pareció adecuada y poco tiempo después, quedó con ganas de más. - Sin duda el entramado político es un lugar donde no me siento incómodo. Ese juego de palabras, estirpes y sangres mas nobles que las del resto no me resulta desconocido. Solo diré que tenemos de qué lamentarnos por no haber nacido en otros términos, si carrera en política quisiéramos medrar, por supuesto. - En esa frase aludía de forma sutil a un desinterés por el sendero común. Luger no era un hombre evidente, de pensamiento abstracto y esquivo se jactaban sus procederes. En todos, sencillamente. - Aquí el Sol calienta de forma gentil, la tierra es tan suave como la seda importada y cada mañana descubro un nuevo sabor, una nueva vista del canal o una canción que desde su nacimiento, vino a morir en mis oídos una vez más. Esta isla ocupa un lugar muy apreciado para mí, tengo que confesar. Es mi nación, la tierra que me vio nacer y el objeto de mis intereses. Soy hombre de Estado no por placer, más bien por vocación confesada. - Ladeó sus ojos acerados, tratando de hundirse en el escaso plato que permanecía. Absorto en sus propios desmanes, le pareció adecuado aderezar su relación con Akira en virtud de la verdad, por escasa que fuera, no fuera la sinceridad la causante de muchas pérdidas en su vida; esta no la sería. Respiró profundamente, dudó de llevarse un nuevo bocado a las fauces y desistió al girarse para encarar de nuevo a Akira. - Me hallo versado en política y en la ciencia de la guerra. No arte, eso te lo aseguro. Quien en su día lo entonara de aquella manera poco sabía del asunto y fue motivado en gran parte por embellecer tan brutales conceptos. - Agito levemente la diestra obviando aquel asunto, para después continuar. - Con ello te digo que he vislumbrado a lo largo de la historia cientos de casos bien distintos. Muertes de imperios anunciadas apenas un año antes de su deceso, otras con siglos de diferencia. Este mundo nuestro de grises, lunas cornudas y dioses caminantes en la misma tierra que pisamos tiene futuro. Uno brillante, adusto y glorioso. Pero debe ser guiado de forma adecuada, y no por ello digo que nuestros feudales, alabados sean, no sepan lo que hacen. - Lo pensaba, sin duda. Pero aquello era charla para otra ocasión. - Tan solo manifiesto una posibilidad, un sendero complejo pero muy plausible. Hablando de lealtad encontrarás pocos hombres en tu vida que pretendan tanto bien para toda una nación como el que a tu vera despunta. Parece algo presuntuoso, soy consciente, pero es por el bien de la nación. - Terminó su discurso con una pícara sonrisa y un ultimo asalto a ultranza a su plato. Apenas dos bocados recatados pero medidos al límite. Un cuenco vacío provisto de restos de arroz. Una imagen horripilante en una vida mas miserable, en la de ellos solo un preludio a la siguiente.  - ¿Algo de licor, mi buen Akira? Para este conversar tan pesado será algo más que necesario. - Preguntó al tiempo que imitaba su gesto con los palillos.

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Cositas y más cositas
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Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Cositas y más cositas el Mar Mayo 29, 2018 8:52 pm

La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol
TOTSUKI AKIRA
Getsugakure no satoBibliotecaPrimavera 7 DD
Contra todo pronóstico apostado por el albino, Luger se dispuso a poner sus cartas sobre la mesa con más dedicación de la sospechada. Como siempre, sin embargo, sus palabras iban cubiertas por un velo de numerosos sentidos, algunos ocultos, y otros bien nítidos. Siendo diplomático, caminaba en un campo minado con la audacia de una gacela, evitando afirmaciones que lo pusiesen en una posición complicada, pero al mismo tiempo rozando el filo de lo explosivo. Y todo ese enjambre de letras ofuscadas alcanzaban a un Akira algo perdido, adormecido por el estómago lleno, que con suerte lograba pestañear a una velocidad normal. Su cabeza, ya algo cansada de la lectura matinal, no hallaba sentido a la metáfora de la bestia encadenada. O sí lo hallaba, pero era incapaz de salir del repetido concepto de aquellas míticas bestias con cola usando a su estimada como recipiente; como jaula más bien. Por no querer pensar más en ese tema, prefirió ni molestarse en comprender ese verso, dándose tiempo para digerir todos los siguientes para poder mantener el apresurado ritmo del azabache.

Encontraría en él cierto orgullo por esta tierra que no había visto nunca antes. No porque su caso fuese espectacular, sino porque simplemente el nacionalismo escaseaba en la Luna. Claramente la opinión del musculado estaba totalmente cegada por su falta de allegados, o por su propio origen extranjero; pero no dejaba de ser su opinión, que venía alimentando desde hace años ya. Le envidiaba, en cierta forma. Eso era obvio. Por un momento deseó ser capaz de impregnarse de esa vocación confesada, y quizás así sentirse más perteneciente a la tierra que no le vio nacer, pero sí le daba el sustento día a día. Nunca se había puesto a buscar esos pequeños detalles que le traían dicha de solo pensarlos. Detalles pertenecientes a la nación, claro está. La belleza de su naturaleza y vasta superficie verde, bastante distinta de la de los vecinos del sur. Costas de fina arena, y acantilados con rocas de suave dureza. Pintorescas casas, buena gente, ajena a los problemas continentales. La característica pero obvia silueta de Luna creciente, o menguante para aquellos crecidos en el hemisferio contrario. Sí, fácilmente podía encontrar esos detalles, pero eso no significaba que haría un instantáneo clic convirtiéndole en férreo defensor local. Y si así fuera, en todo caso, se vería menos predispuesto a un viaje devorador de años.

Alabados sean — murmuró como un eco de las palabras de Luger, sin siquiera saber bien los nombres de dichos mandatarios. Realmente no era diestro en esa materia, ni quería que se le cruzase.

Una vez terminada la elaborada respuesta del alfil, Akira supo que tendría mucho que reflexionar con su almohada por las siguientes tres noches, mínimo. Terminó asintiendo al aire, lentamente, aceptando su proposición de un aperitivo pero sin ser capaz de manifestarla verbalmente. Los engranajes en su cabeza aún estaban ocupados, pero tras un par de segundos le permitieron enfocarse en la realidad.

Ehh sí —regresó, y le dio una mirada para aseverar su atención—. Un sake digestivo sería muy bienvenido —miró entonces al hombre que atendía el local, asintiendo con la cabeza. Ojalá tuviera permiso de venta alcohólica, o que al menos hiciera una ilegal excepción proveída por su reserva personal, de favor al elocuente par. No debía ser común cruzarse con un par mayor de edad en la cercanía de la academia.

Yo tengo menos política que un ladrillo, y tampoco me entusiasma esa ciencia de la guerra que mencionas. Sinceramente se me nubla la mente al intentar verme en un rol en el lejano futuro, o bueno, no tan lejano. Si se diese el milagroso caso de que los mares siguieran efectivamente mis pasos, o más bien transitemos juntos la faz de la tierra como un ladrillo barrenando un tsunami, entonces disfrutaría de una vida adulta de nómada. Sí, sí; siguiendo las encomiendas de la institución ante la cual he jurado, pero de preferencia en las remotas lejanías del salvaje oeste—tal y como planteabas. Y en ese entonces, si es que tú mismo no te encuentras empotrado en un inesperado trono, desempolvaría tu vieja propuesta. Ojalá que aquel milagro, de darse, se dé más pronto que tarde. Que no nos agarre atornillados a un trofeo, sino libres y predispuestos a hacer el mundo nuestro.

Se interrumpió para ver al tendedero confeccionar un set de licor de arroz, con un par de vasos pequeños y una botellita blanca. En bandeja de acero viejo sirvió el trío, y por una razón aparentemente sin sentido el peliplata soltó una corta carcajada.

Vaya, no he tomado ni una gota y ya estoy derramando estupideces —continuó la risa en una frecuencia inferior—. Afortunadamente el alcohol no me desestabiliza demasiado, o sería un peligro.

Antes que nada se palpó los bolsillos del pantalón, encontrando en uno un pequeño saco de dinero. Se sintió aliviado, ya que no aceptaría una invitación tan cuantiosa por parte del tragicómico acompañante. Después de todo, por más que Akira ignorase atrozmente la pirámide jerárquica, tenía que contemplar su mayor capacidad de ingresos.

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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Rokujō Nanto el Jue Mayo 31, 2018 11:18 am

La tibieza del papel y el frío del marmol
Luger
Getsugakure no SatoBibliotecaFuturo
Negó entonces en un cabeceo adusto y parsimonioso; tan elegante como a lo acostumbrado. Negaría en el ayer y también en el mañana. - Ningún trono me roba horas de sueño, amigo mío. Es halagador que pienses que mis ambiciones se encuentran en cúspides tan elevadas pero... como ya te dije no soy hombre de rostro perceptible. - Agradeció el gesto del tendero con una nueva reverencia y una sonrisa de cortesía. En el tiempo en el que Akira entonaba sus frases y ofrecía una bolsita de dinero, Luger se limitó a servir algo de licor en ambos vasos en cantidades similares. Acto seguido, ofreció el primer trago con la diestra abierta en un gesto lleno del decoro del que tanto hacía gala y continuó con aquella charla. Carraspeó, y pronto su semblante se vio ensombrecido por alguna suerte de bruma, nimbo desconocido e impertérrito. Algún obrar ajeno producto de un recuerdo, o quizás un deseo insatisfecho. Torció el gesto finalmente. - Como antes he comentado, no soy la clase de persona sobre la que uno puede leer en los libros de historia. Me identifico como un hombre de Estado, de nación y del pueblo. Único tan solo hasta cierto punto. Como yo ha habido cientos, quizás mil a lo largo de los cientos de años que componen esta, nuestra historia. Son hombres como yo quienes fuerzan la mano del destino, quienes corrompen la suerte hasta trastornarla, convirtiéndola en mera servidora de un porvenir bien distinto. Soy la clase de hombre que podrías contemplar al fondo, en fotos multitudinarias y antiguas, empolvadas del silencio de los años y olvidados por todos. - Terció el tono, a sabiendas de que podía resultar siniestro en su explicación. Quiso detenerse, pero consideró que Akira merecía algo más que simple falsedad aderezada por la cortesía o la informe etiqueta. Convencido de aquello, hizo un último intento aflojándose levemente el nudo de su ceñida corbata carmesí, como si con ello el aire y los secretos escaparan tan solo en un agudo silbido de una garganta abyecta y terrible. - Me gustaría pensar en un futuro tranquilo, donde la nación no ocupe mis pesadillas y... - Se permitió una pausa, una vacilación. Una diestra fulgurante alcanzó el vaso y un funesto trago sin respuesta le sobrevino. Volvió a dejar el vaso y se decidió a continuar.

- Mis pesadillas; aquel campo de cultivo de todos mis miedos y terrores. Conociéndote como te conozco las tienes a menudo, quizás no despierto. Nadie dijo que fuera necesaria la bruma del sueño para que te alcanzaran. - Ladeó la mirada hasta rehuir la suya, en un sincero intento por abstraerse; por entonar una verdad bien distinta y abstracta. - En ellas todo suele comenzar como de costumbre. Soy yo quien sufre, todo lo que amo es torturado ante mis ojos. Un destino incontrolable ruge, aulla y me desgarra algo más que el cuerpo, te aseguro. Es una sensación discordante, asfixiante y perturbadora. A cada noche que esos sucesos me arropan, creo morir, quiero hacerlo en cierto modo. - Chasqueó la lengua y sonrió con cierto aire depresivo. - Entonces, por algún impulso macabro del que soy incapaz de responder; soy yo quien esgrime todos esos horrores. No me refiero a que soy yo mismo quien tanto daño me inflige, ah... eso habría sido fantástico en alguna suerte de novela espantosamente deficiente. No, en absoluto. - Dejó que unos momentos se escaparan, se sirvió de nuevo otra copa con cierta lentitud plomiza y sostuvo el vaso pequeño frente a sus labios. Balanceando suavemente su contenido en un contoneo hipnótico y rítmico. - Me refiero a que soy yo mismo quien de pronto convierte aquella pesadilla en un horror para la misma. Pronto soy yo quien tortura a los hombres sin rostro perceptible. Quien rompe el cuello de seres espantosos, quien bebe de la sangre de un cordero degollado. Me convierto en todo el mal, todo el espanto que mis pesadillas importan para torturarme. Me pierdo, todo se nubla y pronto soy cautivo de mi propia venganza. Ah... y la pesadilla continúa. Se transforma en una carrera frenética por atrapar a todos cuantos mal me pretendieron. Los ato, los cuelgo boca abajo sobre las ramas de un árbol pálido en un bosque que no soy capaz de describir. Entonces los desuello vivos, con apenas un cuchillo minúsculo y a sendos tirones sobre su piel levantada. - Se tragó de un simple movimiento todo el contenido; ningún gesto que respondiera al fuerte sabor. Dejó de nuevo el vaso sobre la bandeja metálica y esta vez, armado con una mirada de acero adusto y maldito, devolvió la mirada al jinete de bronce.

- No me malinterpretes. No considero que sea alguna especie de engendro horripilante. Tan solo te he contado toda esa sarta de ensoñaciones para hacerte ver algo muy concreto. - Ladeó la mirada de un lado a otro, torció el gesto tratando de determinar y escoger las palabras adecuadas y finalmente, se atrevió con una secuencia determinada. - Posiblemente no sea un hombre corriente. No piense como lo hace el resto, quizás sangre de la misma forma pero es la mente lo que nos diferencia ¿Quieres ver lo que el mundo tiene que ofrecernos? - Se encogió de hombros despreocupadamente. - Se hará, amigo mío. Descuida. Ahora que me encuentro algo motivado... ¿Te apetece preguntarme algo? Se imaginativo -

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Cositas y más cositas
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Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Cositas y más cositas el Jue Mayo 31, 2018 8:08 pm

La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol
TOTSUKI AKIRA
Getsugakure no satoBibliotecaPrimavera 7 DD
Más allá de las palabras del alfil, y su insistencia en ser una longa sombra vigilando tras bastidores, Akira no espantaría la idea de algún día verlo como la figura del rey. Si la cadena de eventos invocados por el caos terminaba en sugerirle esa jugosa oportunidad, le costaba creer en una negativa por parte del azabache. Seguramente su yo actual estaba convencido de que aquella no era una posibilidad; pero el tiempo causa estragos, y oxida al hierro. ¿No sería interesante acaso, ver al versado comensal dirigir tropas como prismas volantes? Esa sería una partida de ajedrez de la cual podría llegar a disfrutar, incluso sabiendo que sería el caballo que carga, flanquea, y descompone la formación contraria. Y aunque el estrés del juego añada un tinte oscuro a su director, ¿qué le hace una raya al tigre?

A veces intentando estar al margen, nos convertimos en el centro —soltó como un murmuro mientras abrazaba su pequeño vaso con la plenitud de la palma morena, callosa—. El ejemplo más extraordinario se encuentra aquí mismo, en casa —agregó.

Sin ánimos de quedar atrás bebió el sake con el mismo ímpetu que su vecino, dejando desnudo el fondo del vaso de porcelana, pidiendo por más. Sin preguntar levantó la pequeña botella como un zurdo, y rellenó ambos recipientes comenzando por el ajeno, devolviéndole el favor. Por un segundo contempló las consecuencias de aclarar sobre sus declaraciones, y por culpa de ellas desistió de tal privilegio. Un tendedero, o un ingenuo cliente callado. Los malos oídos podían encontrarse incluso disfrazados de una amante lujosa, o más bien así solía ser. Cortando por lo sano, dejó la acotación para otro momento, para otro lugar. Y en retorno, como premio consuelo, le ofreció toda su atención con una mirada que plasmaría en perpetua memoria la imagen de un arquitecto contemplando su siguiente pieza.

La pesadilla recurrente de Luger se dibujó en los aires como sinopsis de terrorífica novela. El peliplata, de imaginación fluente, se convirtió instantáneamente en cómplice de sus temores. En su propio sueño, sin embargo, Akira no maquinaba pesadillas; solo revivía el mismo recuerdo. Típica cicatriz de un evento traumático, pero a fin de cuentas menos cruenta que la creación del ingeniero. En esta, el hombre desgarraba la convención de los malos sueños para dejar de temerle a un mundo despiadado, sino a su propia bestia contenida. Todos poseemos demonios, pero los de él no estaban escondidos tras un manto de vergüenza, o al menos no ante los oídos de Akira. Por esto, más allá de la incómoda situación de tendencias psicópatas declaradas, el jinete sonrió de lado. Obviamente no era una mueca intencional, sino influenciada por la realización de encontrar una verdadera amistad que va más allá del reiterado uso de su palabra. Porque los sinceros amigos no son los que se trepan a la vela del destino cuando el viento se encuentra a nuestro favor, sino los que reman a nuestro lado con las manos desnudas cuando apenas tenemos una pútrida balsa. Son los que no se escogen, ni nos escogen; solamente se agradecen.

En algún momento hay que repetir el encuentro de aquella vez, en un entorno que nos permita más libertades. Con o sin tu impredecible vendaval presente, pero lo ideal sería a solas. Que puedas perder los estribos con total falta de responsabilidad o culpa, sin más ojos sobre tus designios que los de tu único objetivo. Intentar llevar la pesadilla a la realidad, y así desmitificarla al lograr ponerle montura. Un principio tan básico como el muy repetido enfrentamiento a los miedos.

Bebió un sorbo del fuerte licor con los ojos puestos en los gestos del pálido sujeto, intentando hacerse una idea de las distintas máscaras que el vendedor poseía para cada evento. Y por la puerta trasera de la mente propia, mientras tanto, se colaba el difuminado recuerdo de su misión importante más reciente. Más pronto de lo sospechado había olvidado el rostro de sus enemigos, que durante su inocente dormir fueron transportados a la siguiente vida. Las preguntas no salen de la nada, como las mentiras.

¿Le temes a tus propias capacidades, o autocontrol? —tomando el vaso esta vez con solamente dos dedos, lo columpió para marear al líquido y evaporar algo de su vicio—, y añadiendo a ello, ¿te ves capaz de quitar una vida, suponiendo que sea requisito de tu labor? No sumido en ira, ni deseo de venganza. Como una simple tarea más en una lista de menesteres ajena.

Reposó el vaso sobre la bandeja creyendo que la respuesta podía demorar un par de segundos. Con dos dedos apenas elevados, llamó la atención del responsable del establecimiento andante. — ¿Tiene algo de maní? — preguntó en voz baja, y el buen hombre le sorprendió con un pequeño cuesco a tope de esas delicias. Feliz, Akira respondió con un pulgar alzado y acompañante guiño de ojo, antes de meter sus garras en el salado acompañamiento. Su gusto y consistencia atacaba fortalecido por el fuerte contraste, limpiando además el paladar para el siguiente sorbo del licor de arroz. Simple y eficiente.

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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Rokujō Nanto el Dom Jun 03, 2018 10:58 am

La tibieza del papel y el frío del marmol
Luger
Getsugakure no SatoBibliotecaFuturo
Expectante, sereno en realidad de hallarse libre de secretos que a nadie interesaban, Luger desvió la mirada para encontrar a un sonriente Akira. Enarcó las cejas y devolvió una sonrisa semejante incapaz de descifrar el motivo de las mismas.

- Soy divertido ¿Eh? - Le preguntaba en suave cadencia al tiempo que su sonrisa crecía en tamaño y esplendor. Poco despues, fue extinguida al escuchar sus pareceres sobre el pasaje pesadillesco relatado. El como una confrontación violenta, alejada de los conceptos del control o la norma quizás era lo que su cuerpo ansiaba. Se deleito en sus formas, quizás en la posibilidad de relajar sus tensiones espectrales en el simple hecho del combate. Con la diestra sobre su regazo y la zurda cavilando sobre su mentón, ocultando su boca y deliberando sobre ello, Akira finalizó su discurso y Luger, se sintió halagado. - ¿Y donde hacerlo, de pensar seriamente en ello? No es como si la vacua seguridad de esta aldea me brindara muchas oportunidades ¿No es asi? Y, siendo sinceros. - Agitó la diestra en el aire restandole importancia a sus palabras de forma indirecta. - Eso que describes parece una batalla al uso o un sótano excesivamente lóbrego. - Se dedicó unos instantes en escudriñar el rostro de su recien hallado compañero. Torció el gesto, evidentemente convencido de un pensamiento recién engendrado. - No parece que lo tuyo sea precisamente lo segundo. - Akira quizás se situaba en un lugar extraño en el espectro moral. Un lugar esquivo, gris, impertérrito e inamovible. Lejos de lo obtuso, era hombre de obrares humanos y precisamente por ello, el papel de soldado incuestionable parecía muy cercano a su enteder. Negó entonces toda pretensión o pensamiento; Akira era algo más que todo aquello. Pocas palabras hacian falta para definir a un hombre y esas, no eran las precisas para quien tenía a su lado.

Decidió desprenderse de sus ardides habituales, sencillamente relajarse, contar y escuchar como una persona usual. Dejaría su oscura prosa para otra ocasión, sus engaños emponzoñados en otra hora bien distinta. Akira no se merecía tales cosas.

- ¿A mi control sobre mí mismo? - Tuvo que dejar escapar una carcajada grave, suave y casi susurrada. Más que por el humor que desprendía la contrariedad, pareció más bien desilusionado con que no fuera tna simple como aquello. - Si por un instante estuvieras bajo mi piel y fuera mi lengua la que ostentas no pensarías nada como eso. En absoluto, amigo mío. - Poco despues, llegó la cuestión otorgada. Guardó silencio, cerró de repente los labios e incluso desviño la mirada hacia la madera ajada, aunque en realidad, a ninguna parte en especial. Apenas dos segundos despues, un estrépito y nuevamente su atención sobre su compañero. - ¿Lo dudabas? ¿Doy la impresión de alguien tímido con el cuchillo o de estómago delicado? Puesto que has preguntado, no muy certero adelanto, trataré de ser descriptivo. - Tomó aire y agradeció aquel nuevo aperitivo que llegaba a su mesa. Hizo crujir el cuero de sus guantes ennegrecidos y dudó unos instantes en retirarlos. Finalmente, se decidió a comer con ellos. - Lejos de ser un cabrón sin sentimientos ni conciencia, más bien soy alguien que valora el objetivo e identidad del mundo que le rodea. Supongamos... - Ladeó la mandíbula hasta producir un breve chasquido que más por sonoro, se tornaba algo siniestro no por su naturaleza, sino por la exactitud del mismo justo al terminar de hablar. - … que las personas tienen un sendero. Nunca delineado, pero sabiendo quienes son, uno puede determinar sus pretensiones y deseos. Mi trabajo, tal y como lo has expuesto, es el controlar que esas ansías o ideologías si te encuentras especialmente revolucionario sean del agrado de nuestra bella nación ¿Y si no es así? No soy partidario de la muerte. Considero que es negativo para el negocio. Como suele decirse, o más bien como solo yo te diré dado el panorama que ostentan las nuevas generaciones: cuando saben quien eres, cuando tu nombre trastabilla sobre la lista inadecuada... todo ha acabado. - Dejó una pausa deliberadamente dramática justo tras ello. Se llevó a la boca uno de aquellos frutos desecados y asintió con gusto. Bajo el punto de sal, un sabor contundente. Acto seguido y por supuesto al terminar de masticar del todo, se permitió continuar. - Por supuesto con ese fin al que me refiero no tiene porque significar la muerte. En dilatadas ocasiones un enemigo vivo, engañado y confundido es mucho más util que un cadáver y un sustituto. Pensamiento lateral, querido amigo. Nunca dejes que sepan como funciona tu pensar. De ser posible, muestra que estas como un puto cencerro y serás aún más impredecible. - Luego de ello, señaló con la mano abierta sus zaptos de cuero negro y pulido. Hizo un recorrido ascendente hasta su rostro, siempre con gesto suave y cortés.

Acto seguido, se permitió comer algun que otro maní de aquellos. No eran precisamente un manjar caído de los cielos irreverentes; pero como ya había pensado anteriormente la sencillez era todo lo que uno precisaba.

- Ah, pregunta desechada y contestada. Es mi turno. - Con un divertido acento carnavalesco, Luger volvió a desviar su atención frente a Akira. Apretó los labios y entrecerró la mirada como quien escruta la salvaje antomía de un melón tostado al sol para luego, determinar una respuesta con un sonoro aspaviento. - ¿Cual es tu ideología? Hablo de religión, preceptos morales. Que te mueve a actuar en favor o en contra de por ejemplo... un conflicto bélico. Supongamos, siempre desde el punto de vista hipotético y falso, que nuestra nación se enzarza en una guerra desastrosa contra un país minúsculo. Uno pobre, quizás lejano cuya cultura es todo un vergel de concordia, paz y adoración a la cosecha. Digamos que te envian en una misión de exterminio. Esos campesinos besa-pimpollos no se mueren con facilidad ¿No? Bien... - Entornó la mirada entonces, y en su acero por iris pareció brillar algo distinto al simple devenir humano. - ¿Que haría Akira, el hombre de relámpagos y bronce? ¿Matarlos? Y vuelvo a especificar, todo esto es falso. De hecho, sirves a Gesukistán. Una nación de astrólogos y cabreros. - Su diestra voló entonces en un ofrecimiento de palabra.

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Cositas y más cositas
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Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Cositas y más cositas el Lun Jun 04, 2018 11:01 pm

La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol
TOTSUKI AKIRA
Getsugakure no satoBibliotecaPrimavera 7 DD
Las inquietudes de Luger sobre los detalles del clandestino encuentro fueron respondidas por un simple asentir de la cabeza de su contraparte, frunciendo el mentón y la boca en símbolo de confianza pedida y asumida. Se le venía a la mente aquel denso bosque de árboles imitando garras, y sombras profundas como la pupila de una amante. De un verde tan intenso que ocultaba cualquier corrupción humana, y raíces tan bestiales que denigraban a sus partícipes a su instinto primitivo. Un sitio cercano en espacio, pero lejano en aura. Donde uno podía dejar de ser sí mismo y verse desde fuera, desde el follaje infinito, como testigo de

Libre de preocupaciones continuó haciéndose con manís de a manojos, bajándolos con sake para finalizar el rito con un muy sabroso suspiro a boca abierta. El tema de conversación podría haberse tornado repentinamente lúgubre, mas la seriedad que suele portar Akira bajo el toldo de sus cejas se esfumaba tan rápido como la superficie en el cuenco de frutos secos. Ante las sarcásticas preguntas de un alfil que actuaba ofensa, él negó con la cabeza, sonriente. No dijo nada, ansioso por endulzar los oídos con aquella respuesta que sabría sería intrincada. Porque Luger no solo usa pensamiento lateral, sino también curva sus palabras. Y detrás de las idas y venidas estaba la verdad, que si bien era previsible en alguien como el azabache, servía al platinado para complementar su propio ser.

O muestra una cordura de naturaleza recta —acotó a su consejo—, aunque bajo su superficie repte un caudal de corrientes imprevistas.

¿Era una alusión a sí mismo, o simplemente una alternativa propuesta? Decantaba más a lo segundo, pero aún así el marmolado no tenía bajo su completo agarre el entendimiento del obrar propio. No actuaba por mero instinto, claro está, pero tampoco perdía el sueño cuestionándose a sí mismo el porqué de cada paso. La razón de su propio sendero, ese conjunto de causales que le llevaban a definirse, eran descubiertas poco a poco como las bellezas en un paisaje nunca antes transitado. Un camino que si bien le era cómodo, no había estudiado, ni se le había recomendado. Un camino en el que por ahora estaba solo, y por ser este sinuoso y de obstáculos buscados, no llegaba a revelar su fin. Como dicen, lo que importa es el trayecto; pero sin objetivo, sin embargo, uno solamente está perdido.

No sabría ponerle nombre a mi ideología —rió algo grave, con tono siempre retumbante en las cortinas que aislan el humo del local—. Religión, no gracias. Moral, la de una familia mercante. O sea, ningún precepto, sino puros conceptos que fui germinando en la segunda mitad de mi vida —se llevó otro manojo a la boca, aunque a diferencia del violinista, no fue tan minucioso a la hora de finalizar su proceso de trituración—. Para empezar nunca me hubiera enlistado dentro de Gesukistán, y por ende evitar situaciones como las de aniquilar a esos pobres granjeros. Pero en la desafortunada hipótesis donde Gesukistán solía presentar una publicidad menos... cobarde, para luego cambiar de rumbo, entonces me remito a lo que ya he dicho. Me considero hombre de honor y palabra, y mantengo mi lealtad a aquel contrato firmado con juramento, siempre y cuando no lo considere alterado; corrupto. Un genocidio no cabe en los términos de mi contrato, y por ende le buscaría una solución alternativa. Por ejemplo, buscarles a los campesinos otro sitio donde besar sus pimpollos, para luego simular una atroz y exuberante destrucción. ¿Qué diferencia habría entre un páramo desértico cargado de espíritus vengativos, y uno donde ni un alma pereció? Para la dura política, nada. Ambos son tierra fértil de colonización.

Se terminó otro pequeño vaso al culminar ese capítulo del cuento. Sus mejillas apenas tenían un tinte bordó por sobre la oscuridad inherente a la piel.

Además —atrevió agregar—, no habría un niño que haya huido por el rabillo de mi ensangrentado ojo, y que coseche ira durante toda su vida para repetir mi misma proeza a la inversa. En cambio habría todo un pueblo agradecido. Un potencial santuario para fines que cualquier avispado podría intuir.

Se rascó la barbilla mirando la botella, y decidió no continuar. Se sentía repleto y pesado, con el cerebro exigiéndole una siesta. La digestión no solo debía llevarse en el estómago, sino en la cabeza. Las dietas pesadas no eran ajenas al siempre demandante cuerpo del musculado, mas la longa conversación si se le escapaba de la rutina. No es que le molestara, sino que carecía de la costumbre de hablar de la cabeza hacia afuera. En un intento por hacerle un favor a su sistema digestivo, irguió bien la espalda sobre el taburete, echando los hombros hacia atrás como si ello empujase el arroz hacia la zona industrial de su estómago.

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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Rokujō Nanto el Vie Jun 08, 2018 10:44 am

La tibieza del papel y el frío del marmol
Luger
Getsugakure no SatoBibliotecaFuturo
En su decoro personal, en la negra etiqueta que acompañaba al arquitecto, jamás un gesto fuera de su sitio. Una dentellada sobre aquellos frutos demasiado ambiciosa, demasiado grotesca en los procederes del comer y muy lejana de la naturalidad con la que su compañero de comida asaltaba aquel cuenco. Lejos de juzgarlo, se limitó a escuchar cuanto tuviera que ofrecerle en respuesta. Consciente de lo limitado de su pregunta, de su burda torpeza al preguntar algo con semejante ligereza, Luger nada esperaba obtener. Y al término de aquellas respuestas, ladeó la vista y asintió con una sonrisa ensayada. Nada, como hubo de esperar. Tan solo buenas intenciones, desacatos y osadía extirpada. Pronto el soldado se transformaba, se pervertía su cometido y pacto con la sangre y solo hacia ella. Pudo ver entonces un pueblo desplazado... y dudó, antes de continuar con aquellos pensamientos. Sobre su naturaleza, sobre la gravedad de los mismos, sobre su cruel ignominia y salvaje realidad. Satisfecho con ello y animado por la última declaración de Akira, se decidió a embaucar.

Paladeó las palabras, carraspeó y permitió que algunos segundos obraran a su antojo tras la última frase articulada. Dejó que el viento se llevara los instantes, incluso se permitió el lujo de comer una vez más en gesto tan recatado como todos los anteriores. Poco después, entonó una pequeña nota a garganta cerrada que pretendía hacerle saber que iba a comentar algo. Dispuesto, emocionado e incluso sintiendo el lastre de una maquinaria espantosa que por corazón ostentaba; declamó.

- Juguemos a algo. A la ficción, a la realidad y a la posibilidad. Como últmo añadido, querido amigo. - Se giró hasta apoyar el codo izquierdo sobre la improvisada mesa y quedar de frente hacia el lado. Con la diestra danzando con gracilidad hacia cualquier dirección, como si con aquello se recitaran conjuros antiguos y espeluznantes. - Consistirá en una interpretación poco inspirada por mi parte. Un testimonio, un diario si lo prefieres de alguien que puede, o no haber existido. Cuando termine me gustaría que decidieras al respecto. Que sopesaras mis palabras y, aunque sé que ahora no estas muy por la labor de pensar. Como nadie, creeme... intenta hacer el esfuerzo. Quizás sea divertido, pero de seguro muy instructivo para ambos. - Carraspeó suavemente una última vez, al tiempo que corregía su postura y quedaba con la espalda en una recta posición. A punto de comenzar, Luger sopesó las posibilidades, repasó historias dantescas, horribles destinos reales e imaginados y pronto, su mirada acerada se iluminó con un deje perverso tras ellos. Sonriente, comenzó a su historia.

- Soy un joven sin oficio. Mis padres languidecen bajo la cosecha de un invierno nefasto. Pasamos hambre, y nuestras posesiones son escasas. Soy feliz, igualmente cuidando de quienes lo precisan, prestando mis brazos a cualquier intento de vivir un día más. Mis metas son exiguas, nimias y sin importancia para el resto del mundo. Vivir un dia más para nosotros, es una bendición de un cielo magnánimo, de una tierra que nos ama por nuestros cuidados y nosotros lo agradecemos esmerándonos en nuestro cometido. - Su entonación parecía correcta, distinta por mucho del habitual en su hablar. Su mirada fija parecía querer inspirar el mensaje, su diestra; delineaba las palabras y las tejía sobre el mismo aire en suntuosa declaración. Sin tiempo que perder, continuó. - La guerra alcanzño nuestra provincia y nuestra nación empobrecida no pudo contener un frente. Yo esperaba ser reclutado, morir defendiendo mi aldea, pero era muy joven para ello, muy niño para sostener una espada pero no una azada. Y continue labrando sin éxito, empobrecido y temeroso de que cualquier día al azar de los bosques meridionales emergieran las bestias que por hombres se hacen pasar y nos exterminen como nosotros hacemos con las ratas que roban nuestra cosecha. Pero el día no llega, y sentimos miedo. Porque escuchamos las noticias que vuelan de un lado a otro, las masacres insalvables, las vidas perdidas, el mundo acabando a nuestro alrededor ¿Y fuera? ¿Alguien sabe de nuestras desgracias? Nadie. Estamos solos, tenemos miedo y faltan meses para nuestra cosecha ¿Que haremos? Aguardamos. - Permitió una pausa para beber algo de sake, para despues, con cierto dramatismo, fue su diestra quien empezó a delimitar las palabras antes que su propia boca. - Un dia unos hombros acuden. Sus uniformes les acreditan como soldados, sus banderas rasgadas nos hielan la sangre en las venas y nos paralizan las piernas. No son de nuestra nación. Tememos lo peor, huímos a nuestros hogares. Mamá esta llorando, papá esta desesperado y no deja de gritar tratando de reunir nuestras posesiones. Pero yo sé que no tenemos nada, pero está demasiado aterrado para ello. Y el tiempo pasa, no oímos gritos... terminamos por salir. Son los soldados los que nos llaman, nos aseguran que su deber es acabar con nosotros. Yo no soy consciente, pero llevo llorando en silencio mucho tiempo, sin llanto ni quejido; solo lágrimas. Y el hombre se apiada, nos permite abandonar toda nuestra vida. Y mi padre rompe a llorar. Yo no lo entiendo, nuestra vida está salvada... y al girarme para consolar a mi familia y quizás al resto de adultos, puedo vislumbrar el campo a lo lejos. No estamos salvados. - Luger asintió con pesadez, con exigua satisfacción por aquella historia narrada. Alzó el índice y se permitió unos momentos apra aclarare la garganta. Continuó no demasiado después. - Nuestros campos de cultivo fueron adjudicados a nuestra familia, entregados por nuestra nación puesto que la tierra no le pertenece al pueblo pero si a nuestros señores. Sin tierras, arrebatadas nuestras formas de subsistencia... pasarán años antes de que esta guerra termine. Moriremos de hambre mendigando en las calles de ciudades más grandes repletas de refugiados. Porque nuestra vida está atada a las tierras que labramos. Porque sin ellas no podemos pagar los impuestos y por tanto, somo prescindibles. Lo comprendo, lo entiendo, y mi madre ya no es capaz de sollozar. Desesperado entiendo cuanto nos espera y entonces me pregunto cual habría sido la mejor opción. Morir hoy, o dentro de unos meses. - Finalizó el relato, ofreció el turno de palabra a Akira y desvió la mirada con levedad. Como si aquello no importase, como si fuera excesivamente común. Bebió un nuevo sorbo de sake, suspiró aliviado por el ardor bajando desde la garganta y el calor depositado en su pecho.

- Dime ¿Me lo he inventado o es algo dolorosamente real? ¿Tiene opciones la vida o es una desgracia inmerecida? -

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Cositas y más cositas
Pokémon

Re: [Futuro] La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol

Mensaje por Cositas y más cositas el Vie Jun 08, 2018 6:05 pm

La Tibieza del Papel y el Frío del Mármol
TOTSUKI AKIRA
Getsugakure no satoBibliotecaPrimavera 7 DD
Escuchó el relato del lúgubre, siendo este un acercamiento pesimista—¿o realista?-de su propia hipótesis. No se le dificultó para nada hacerse la imagen de aquel niño que él mismo había pintado como un posible vengador, luchando por su cordura en un ambiente de pura amargura y llanto insostenible. Se vio a sí mismo, el soldado, desde otro punto de vista. Como cuando él, insignificante en el mar, se enfrentó a la enormidad de una mítica bestia mitad tortuga mitad demonio. Las intenciones de un coloso así de extraño a lo habitual, y de capacidades tan hostiles, se hacen irrelevantes cuando uno sólo sopesa la potencial desgracia que caerá sobre su propia vida de manera inminente. Y la imagen le daba una enseñanza al fin y al cabo; una preparación. Ser aquel demonio era contraproducente. Debía ser humano.

Comprendo —respondió anunciando entendimiento a la dramatización. Ya había dejado de comer o beber, limitándose en mirar a la nada de freidoras y neveras del otro lado del mostrador—. Para alguien que vive por el día a día, un mes más podría ser muy significante, sin embargo. Como lo pintas esa familia está condenada a la inanición, pero sólo si mantienen una cabeza cuadrada y no buscan una alternativa, como el soldado lo hizo —miró a Luger, inspirado no por un recuerdo, sino por una anécdota de su propio hermano—. Mi familia tenía un campo en el País del Rayo, en medio de la nada, bajo la protección de nadie. Suena muy similar a tu pueblo de infelices, incluso muy frágil ante un ataque de Get... Gesukistán —sonrió apenas de lado, para retornar a la seriedad—. Pero descontentos con la difícil carrera de la cosecha contra el hambre, sumando la tragedia de una impensada boca extra a alimentar, ellos sí vieron una alternativa. No sólo dejaron sus tierras; dejaron la tierra en general. Poblaron el agua, y nunca más su dominio fue regido por un egoísta mandatario. Irónicamente, generaciones más tarde, el niño se transformó en el soldado.

Giró la cabeza cual perro que piensa, mareándose con las vueltas del destino. Tal y como Luger previó, ya no estaba muy predispuesto a cranear más de lo mismo. Los engranajes seguían girando, como siempre, y seguía siendo igual de inútil negarlo. Pero por más que el avance de la máquina fuera inevitable, tampoco creía en una solución que requiriese la muerte de su combustible: la gente. O quizás así funciona el humano. Es lo que necesita para definirse como tal. Esa constante trituradora cagándole la vida con cada paso, pero convenciéndole de que se hace cada vez más rico. Con cada vuelta de la máquina, la velocidad aumenta de modo exponencial. Los cambios que antes requerían generaciones, pronto se darán en tan sólo un par de años. Tanto los que concebimos buenos, como los naturalmente malos. Y así es desde que se domó el fuego, y se miró a las estrellas.

Es real, pero no tiene por qué ser doloroso —agregó a la historia de su vida, considerándose lejos de traumado por la anterior guerra—. Tal vez, y sólo tal vez, a lo más que puede aspirar uno es facilitar el paso por ese camino obligatorio. Eso desde un punto de vista benigno; la maldad siempre posee un abanico más grande. Me refiero a bien y mal como intentar aminorar el sufrimiento ajeno, contra acrecentarlo, respectivamente. El bien, es siempre una peligrosa apuesta. Uno cree que ayuda, pero como en tu historia, la suma final de sufrimiento se fue a las nubes. Pero aún así sigue existiendo esa esperanza, ¿por qué?, por las excepciones. Y uno, como excepción, debe devolver el favor que le hizo la suerte. Retribuirle a aquel que apostó por uno, y ganó —se encogió de hombros—. Supongo que creo eso, si mañana no cambio de opinión. La rueda ya se intentó destruir, después de todo. Tanto por hombres como por monstruos, y nadie lo logró. Esta no se inmuta. La rueda es el mundo.

Dio dos palmadas a la barra, llamando la atención del dueño. Con la diestra algo elevada juntó índice y pulgar sosteniendo entre ellos un pincel imaginario, y con él firmó el aire. El hombre, cansado de escuchar a los jóvenes divagar, asintió aliviado. Se retiró unos segundos a resumir los consumos que acompañaron al debate, rascándose detrás de la oreja con su lápiz mientras maquinaba la suma en su cabeza.

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