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[Misión C - Pasado] Sangre Hervida

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Akeboshi Yoshio
Renegado C

[Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Lun Mayo 07, 2018 5:58 pm

Información de la Misión:
Rango C

Nombre: Sangre Hervida

Lugar: Tetsu no Yosai

Encargados: Reika, Shinso y Akeboshi

Descripción: Un complejo de investigación usa pacientes psiquiátricos sin familia hallada, dedicándose a la experimentación de diversos elíxires y drogas en desarrollo antes de convertirse estos en medicamentos funcionales. No suelen ocasionar más problemas que cadáveres bajo la nieve. Una fórmula en especial, sin embargo, generó una muy fuerte adicción y dependencia en los sujetos, alterándoles de sobremanera al tercer día de detenida la dosis. La organización dueña del laboratorio busca un grupo de tres mercenarios para retomar el control del establecimiento, e inyectar en los pacientes iracundos una dosis potenciada del elixir, que debería calmarlos hasta encontrada una "cura".

Notas: No está permitido asesinar a los pacientes/objetivos, y se recomienda no entrar en contacto con su sangre o cualquier fluido corporal en cantidades considerables.

Sangre Hervida
AKEBOSHI YOSHIO
País del HierroTetsu no YosaiPrimavera 7 DD
Todas las semanas era la misma pregunta: «¿qué hago?». No referente a la indecisión producto del aburrimiento, ni a la variedad de opciones frente a sus ojos. Ese "qué" era el típico y trillado, el de adolescente, el que ya ni tendría que saber decir. Qué hacía con su vida, claro está, que cada semana le plantaba expectante sobre uno de esos infames tablones en la vía pública. Generalmente los pedidos se clavaban cerca de tabernas, pues ahí se hundían en penas los tipos más asquerosos y rudos de la pútrida aldea. Akeboshi, en cambio, solo se acercaba a mendigar bajo la excusa de su melancólica melodía. Tocaba el instrumento que se encontrase sobre el chico escenario, juntaba las suficientes monedas para una bebida y un estofado, y salía a tomar aire. Y esa sola necesidad por limosna emergente significaba que, contra sus pocas ganas, debería tomar un trabajo más elaborado.

Con la suela de sus botas enterradas en el barro de una nieve ya inexistente, escaneó a ojo la multitud de papeles arrugados por la humedad. Ignoraba títulos, requisitos, y advertencias. Su único parámetro era la recompensa, medida que hasta la fecha le había salido totalmente errada. Aun así, ciego a sus falencias, continuaba midiendo su tiempo en oro, y por ende exigía la más alta cantidad por el hecho de no encontrarse tranquilo durmiendo en un callejón.

Finalmente, y sin darse cuenta, quedó con cara de nada apreciando aquella de más elevada suma. En contra de los estándares, leyó de abajo hacia arriba encontrando primeramente una novela de terror, hasta acabar en algo medianamente razonable. No sería la primera vez que trabajaba para una organización de dudosa reputación, y sin duda tampoco la última. En esta ocasión los lastimados no eran los animales, y eso le entusiasmaba. No tenía mucho tapujo en poner a dormir amas de casa solteras que nunca habían terminado de aceptar la vida de engaños en la que sus medias naranjas les habían encasillado.

Coló los cuatro dedos por debajo del papel, y haciendo gala del elegante pulgar que compartía con los simios se preparó para arrancarlo de la vista pública. Notó recién entonces su cantidad mínima de desgraciados, y chasqueó la lengua. Pero no dejaría que las débiles normas impuestas por los corporativos fueran en contra de su espontánea inspiración, y de todos modos desterró el encargo de su único alfiler. Hizo de lado todo orgullo ya extinto en su cara, y de pie en una fría esquina esperó. Como traficante de miradas, siguió el paso a cualquier par de hambrientos, y enseñaría cual panfleto su flamante propuesta de trabajo. Claramente hubiera sido más simple desechar aquel para continuar buscando uno de temática individual, pero se encontró a sí mismo especialmente terco esa tarde.
Estadísticas:
  • Fuerza : 4
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 20
  • Espíritu : 30
  • Concentración : 30
  • Voluntad : 30
Chakra : 130
Inventario:
  • Mateki — Colgada al cuello
  • Lanzador de Agujas — En antebrazo izquierdo
  • 15 Senbon — Clavadas en 3 hileras de 5 en la solapa izquierda de la chaqueta
  • 4 Bombas de humo — 2 en cada bolsillo del pantalón
  • Sello explosivo — plegado cual pañuelo en el bolsillo del pecho de la chaqueta
  • 3 Alambres ninja — Que cuelga enrollado del cinto cual látigo
  • 2 Píldoras del soldado — También en el bolsillo de pecho
  • 2 Mecanismos ocultos con kunai — Bajo ambas mangas de la chaqueta
  • Comunicador — En oído derecho


Última edición por Akeboshi Yoshio el Miér Mayo 09, 2018 2:39 pm, editado 1 vez

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Shinso Sonozaki
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Shinso Sonozaki el Miér Mayo 09, 2018 10:19 am

Sangre Hervida
Shinso Sonozaki
País del HierroTetsu no YosaiPasado
¿Que es el fuego sin el combustible que lo hace existir? ¿Que es de la llama fervorosa que crepita, danza, ruge y muere al matar a su huésped? Eso debía ser, convino Shinso al ponerse la camisa en aquel cuartucho maloliente de la posada.

- Un parásito te digo, Reika. Es brillante, y al morir el huésped también lo hace la misma ¿Eso soy yo, Centella? - Preguntó, pero mas bien parecía cuestionarse a si mismo al tiempo que ladeaba la mirada entre los desechos repugnantes de una habitación desvencijada y tan pulcra como el recto de un buey almizclero. Pudo terminar de vestirse con la dificultad evidente tras aquella paliza, tras aquellos asaltos intempestuosos en los que no le quedó claro quien jodía a quien. Era mejor no preguntarse esas cosas con Reika, que prefería morder a preguntar o hacer. A veces en momentos inadecuados, tuvo que reconocer. Absorto aún en sus pensamientos sobre fuegos brillantes y profundos en el pecho, de parásitos repugnantes y de pronto, un espasmo nervioso le recorrió el brazo hasta la cara en un escalofrío que solo podía aullar en una sola lengua. - ¡Ah! Vístete y vamos a la calle... estoy harto de dormir entre mierdas ¡Entre mierdas! ¡Mira esa perra! - Señaló a la salida de la puerta revelando con el mismo a una criaturilla de pelo desordenado, insuficiente y miserable que por su mirada ahogada en inconsistente pesar parecía querer buscar en vano un lugar en el que morir finalmente. Shinso dio un pisotón en el suelo y se llevó la mano a la cintura, descubriendo que su cuchillo no estaba en su sitio, lanzando un grito de frustración y arrojándose al suelo para tirarle un zapato a la miserable alimaña, que no hizo otra cosa que desaparecer de la escena con un grito lastimero.
Shinso no era ningún remilgado como tampoco un caballero confesado; él era puto carbón sin llamas y estaba comenzando a sentir una ansiedad inclemente con su situación. Quería estallar, y después de todo aquel frenesí más que desearlo estaba gritándolo. Lanzó un gruñido de resignación y terminó de vestirse con brusquedad, visiblemente molesto. Era una auténtica desgracia el haber renegado de aquellas maneras y aún entonces, no dejar marchar cuanto su pecho inflamado de violencia descarnada le instara. Quería hacer lo que le viniera en gana, y viendo las condiciones en las que vivía, mucho mejor si le pagaban. Se le iluminó la mirada entonces, como si la antorcha de su cráneo se hubiera ahogado en petróleo.

- ¡Ya lo tengo, Centella! ¡Quememos, explotemos algo por dinero! Esta aldea esta llena de putos lunáticos que en lugar de encerrarnos o matarnos nos darán un sueldo por hacer lo que mas nos gusta. Ah... en serio, me encanta este sitio ¿Sabes que al entrar vi a un tipo desmayado en una esquina? Te apuesto lo que quieras a que se lo han comido. - Asintió con una seguridad pasmosa, dando por sentado el canibalismo tan típico del criminal exacerbado como quien comprende como ley indiscutible que la lluvia cae hacia abajo y no zigzagueando.
Apenas unos segundos después recogió todas sus pertenencias y estaba bajando las escaleras de la posada a un ritmo tan frenético como habitual en Shinso. Igualmente, no había mucho que recoger y Reika tenía piernas; era capaz de seguirla por si misma sin cargar con ella. Al menos por ahora tenía piernas. Conociéndola, un día de estos se inmolaría con esa tendencia tan desagradable de hacer estallar todo lo que pudiera encadenar un grito de pavorosa agonía; casi todo lo vivo, prácticamente. A él no le importaba. La iba a querer de todas formas.

Bajó corriendo y saltó los últimos cinco escalones de un salto, algo que estuvo a punto de costarle los dientes por su efusividad y la rigidez de una mesa demasiado cerca para su gusto. Ladeó la mirada por todo el establecimiento y se le iluminó la cara para desgracia de los presentes e incontenible algarabía para sí.

- ¡Lo sabia! - Gritó arrastrando cada letra como si se le hubiera confirmado la verdad oculta de un millar de infaustas conspiraciones. No había ya del borracho inconsciente más pruebas de su existencia que algo de sangre por las paredes y un charco cuyo sospechoso olor llevaba a pensar un asalto sorpresa o una uretra en mala disposición. - Me encanta... este... sitio ¡Míralo! No esta. Seguro que ahora su casa es el colón de algún hijo de puta más grande, o más listo. Me da pena... porque me habría gustado asarlo yo mismo ¡Y eso lo habría hecho gratis! - Exclamó, justo antes de salir por la puerta y aspirar aquel olor de almizcle, sudor rancio, orina fermentada en la nieve y por supuesto el infame predilecto, cosecha de Yukigakure de la primavera... a quien le importaba el año. Olía a vómitos, punto. Poco después, esperando que su Centella siguiera el ritmo, o más bien lo liderase con el garbo de un sargento ebrio de violencia, encontró la figura de aquel chico sosteniendo un papel. Pasaron justo por delante y el único ojo viperino de Shinso no pudo hacer otra cosa mas que girar en respuesta. Aquella persona le recordaba a alguien que había visto... o más bien alguien que debía conocer de alguna desventura pasada. Sin lugar a dudas sus facciones eran familiares de alguna forma incomprensible para su mente, que funcionaba a paquete de cerrillas la hora y no daba a basto. La recompensa le convenció de centrar su atención.

Un sonoro carraspeo seguido de un examen visual desde los pies a la cabeza de quien ofrecía el encargo le hicieron dudar a Shinso al principio. Pero faltaba lo más importante, mucho más que el oro.

- Ahí pone que no se puede matar a nadie... ¿Pero les puedo prender fuego? Ya sabes... un brazo, la cara, dejarlos calvos como ratas ¿Eso se puede? ¡Ah, ah! ¿Y las explosiones se permiten, jefe? -

Estadísticas:
  • Fuerza : 10
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 10
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 5
  • Voluntad : 5
Chakra : 75

Inventario:
  • Tanto — En el cinto
  • Píldora de Soldado x1 — En un bolsillo

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Reika Oshiro
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Reika Oshiro el Miér Mayo 09, 2018 12:03 pm

Sangre hervida
Oshiro Reika
País del HierroTsuki su puta madre asdadsPasado
Reika y Shinso vivían siempre al borde de la destrucción, al filo de la locura, a las estrechas faldas de la más letal de las vesanias. Enfermos, corrompidos hasta las entrañas por un mal y una perfidia de naturalezas inimaginables, aguantaban los achaques del destino a los pies del cañón. Y en el ascenso hacia aquello que con tanto ahínco buscaban, destruían. ¿El qué? oh, pues todo. Sin ningún pretexto que amparase sus transitorias enajenaciones, sin ningún recurso que quisieran esgrimir a modo de excusa ocasional, sin ningún argumento que pudiera justificar los reveses que le daban a la vida  (o incluso a la muerte) de los demás, ellos destrozaban. El combustible y la llama que lentamente lo consumía escupían sobre el mismo concepto de coartada, repudiaban cualquier clase de inútil cuento chino que tuviera como paupérrimo objetivo restarle importancia (¿o más bien culpa?) a una catástrofe buscada. Porque ellos, para bien o para mal, siempre sumaban. Iban a más, no a menos. Y por ello mismo, cuando Shinso le habló de morir, Reika no pudo reprimir el asco que le ascendió a través de la garganta. ¿Su primer impulso? partirle la cara al carbón. ¿El segundo? estrangularle.

Al tercero, finalmente, le salió el veneno.—Ja, menudas gilipolleces sueltas a veces.—farfulló, insuflada por la ira contenida, al tiempo que terminaba de abrocharse la enfermiza chaqueta que llevaba por bandera. ¿Roja para evitar que sus amados aliados pudieran reconocer las manchas de sangre que la sembraban? oh, por favor. Napoleón se pasaba de sensible, de blando. Roja porque era el color de la venganza, de la devastación, de la locura.—Moriremos a la vez: ni antes, ni después. Y te adelanto, fósforo mío, que lo haremos a lo grande. Nunca en pequeño, ¿te queda claro?—rezongó, contrariada ante las ocurrencias que tenía aquel autómata de carne, mecha y carbón.—Y si se te acaba la hulla en el camino, Shinso, pues te jodes y te conviertes en oxígeno.—esgrimió una sonrisa infausta, sórdida de principio a fin.—Cuando llegue el momento, volaremos.—se abotonó el penúltimo botón, dejó abierto el postrero y se encaminó hacia la puerta. El restallar de sus botas contra la madera astillada coreó su sardónica marcha.—Volaremos, no moriremos.—porque pudrirse en la tierra estaba reservado para las hormigas, no para los dictadores. Oh, sí, ascendería.

La emoción desatada en Shinso se volvía contagiosa por el roce. La enfermedad de la violencia corría por sus venas, devastando aquello que se opusiera a su descarriado rumbo. El virus exigía descarnado sufrimiento, y ella no pensaba negárselo.—¿Explotar algo por dinero?repitió con parquedad, fingiendo desinterés hacia una propuesta que, efectivamente, había originado un chasquido en su macabro devenir. Contorsionó la aciaga curvatura posada en sus casi tiernos labios hasta que el inconmensurable fuego apresado en su interior se le hizo incontrolable, infernal.—Tengo una idea, Shinso.—anunció, con la mirada presa de una desgracia predestinada.—¿Y si explotamos algo por dinero?—relamió la comisura del pensamiento, se apropió de lo alegremente articulado por el combustible que le insuflaba vida sin ni siquiera un pestañeo fuera de su sitio. Devoró impíamente la reacción del contrario, se impregnó del aroma almizclero que emanaba de cada terco poro de su piel y lo contrastó con la inmunda fragancia de la estancia. Al igual que al sórdido Heráclito, las antítesis la excitaban. De un solo movimiento, fijó la desgastada venda que cubría su hueco en negro y abandonó el nauseabundo compartimento, siempre demasiado pendiente de las iracundas acciones de la brea que navegaba dentro de sus pesadillas. Se burlaba de la perra deforme que vagaba por la posada, pero bien que se parecía a ella cada vez que estaba a punto de romperse la crisma contra una mesa desvencijada cualquiera. Le sobrevino la imperiosa necesidad de partirle el cuello por la mitad: un chaquido, un crujido. Torció el gesto, apretó la boca y se mordió la cara interna de la mejilla hasta hacerse sangrar. Las ganas de éxtasis la podían.—Bum.—articuló en un susurro hacia sus adentros, deleitándose en las sórdidas fantasías que nacían, más a menudo de lo que era capaz de reconocer, en lo más hondo de su desastrado maquinar.—Démonos prisa, Shinso.—ordenó, al borde de la catástrofe, mientras afianzaba también los guantes inmaculados sobre sus desfiguradas extremidades. Algo relamía el cuero que las aprisionaba. ¿Algo? no, eso.Ya.—sentenció finalmente, apenas lanzándole un par de insulsas monedas al hombre que custodiaba aquel remanso de inmundicia y enfermedades venéreas. No estaba de humor para anécdotas: quería pisar, no que le contaran cómo otros seguramente lo estuvieran haciendo. Además, no soportaba la idea de comer. Se rascó el cuello oculto bajo la camisa: le picaba la piel o, más bien, la sangre.

Antes de que pudiera alcanzar a su pozo de petróleo, este salió despedido en dirección a alguna clase de lunático desquiciado que debía estar ofreciendo su cuerpo por dinero. Construyó una media sonrisa poseída por la discordia: seguro que no se hacía a la idea de las muchas implicaciones que un anuncio así podrían tener para Shinso. Se acercó a la posición que ambos hombres ocupaban, a paso lento, calculando con inmaculada atención las distancias; detestaba que respirasen el mismo aire que ella. Dispuesta a añadir algún comentario mordaz a la pícara situación maquinada, la contrarió la realidad. Al parecer, lo que había rastreado la mecha encendida de Shinso no era carne fresca, sino trabajo. La palabra le pesó, la mala hostia se extendió a lo largo de sus abotargadas extremidades. Chasqueó la lengua, escuchando el último fragmento de la conversación en curso.—¿Y si ya están muertos? ¿podemos reventar lo que ya no respire?—inquirió con inusitada saña, buscando un hueco legal dentro de toda aquella parafernalia. Por supuesto, omitió el jefe con el que su compañero ya se refería al inmundo desconocido. Reika gobernaba, exigía y sometía. ¿Obedecer? ni muerta.
Estadísticas:
  • Fuerza : 4
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 6
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 10
  • Voluntad : 10
Chakra : 80
Inventario:
  • Bolsa de arcilla (2.5 Kg) — Colgada a un lado de la cadera.
  • 2 píldoras de soldado — En el bolsillo derecho.

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Akeboshi Yoshio
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Miér Mayo 09, 2018 4:46 pm

Sangre Hervida
AKEBOSHI YOSHIO
País del HierroTetsu no YosaiPrimavera 7 DD
A diferencia del farol junto al cual hacía guardia, el marco de Akeboshi se tambaleaba lentamente, siguiendo el ritmo del viento matutino. Con su valioso papel totalmente expuesto, no ocultaba tampoco el semblante soporífero y peinado de almohada. Pestañeaba lentamente, estirando con desgano esa diestra que tenía la indecencia de hacer contacto con los codos de los ocupados transeúntes. Le miraban mal, ofendidos, pero él no replicaba. Quién diría que el éxito no sería encontrado, sino que vendría por impulso propio. Como un incendio incontenible que, antes de que pudiese percatarse, le rodeó.

Qué sé yo —se encogió de hombros respondiendo la primera pregunta—. No soy el jefe, sino el primer interesado.

Su otra mitad le alcanzó, y sería imposible discernir entre cuál era el yin y cuál el yang. Probablemente formaban una nube gris, de borde plateado y detalles negruzcos. Un cumulonimbus, invocando rayos y truenos bajo su levitar. Rebozaban energía, calórica y hambrienta. Eran justo lo que buscaba, por más que contrastase con el desgano propio del músico aletargado. En su interior el castaño de puntas teñidas de carmín no encontraba una hoguera, y no podría poner el dedo sobre la palabra ni aunque le señalaran la página correcta del diccionario. En su interior sólo había un gran mareo, que no solo arremolinaba sus entrañas, sino que fluía hasta la punta de los dedos. ¿Ganas de ponerlos en los orificios de su flauta?; para nada. Simplemente total ansia por encontrar el fin del día. Recién empezaba éste, todavía tenía a los lados de sus ojos las patas de gallo tirando con fuerzas, pero ya quería que aquello fuese señal de un pronto anochecer. No era así, lastimosamente.

Quemen y revienten lo que se les dé la gana. Menos esfuerzo para mí. Sólo que, según mi experiencia, puede mellar o anular por completo la paga que reciban al final. El cliente debe ser algún grupo de ricachones traviesos, y quién sabe para qué quieren sus juguetes. Yo no se los rompería, a menos que intenten romperme a mí con demasiada insistencia.

Al final de sus palabras fue perdiendo la voz, puesto que contenía un ataque de tos que finalmente dejó salir. Se tapó la boca con el antebrazo, y escurrió sus pulmones sin mucosa ni mucho aire restante. Parecía actuado, mas no lo era.

Dando por aceptada la oferta, enrolló el papel con ambas manos en un bonito canelón beige. Se lo escondió por el cuello angular de su camiseta blanca, dejando que caiga y juguetee por donde quiera. Con la otra mano se frotó la punta de la nariz, y emitió otra monosilábica tos, esta vez sin cubrirla.

Vayamos entonces, antes de que se les pase el entusiasmo. Puedo conseguir un carromato que nos dé un aventón hasta la capital, y le pasamos factura al cliente. Pero intenten mantener las manos en los bolsillos hasta que lo divertido empiece. No quisiera ir a pata.

Confiado en una respuesta positiva, se dio a la caminata en dirección al perímetro más cercano de la villa criminal. Ya había tenido suficientes intentos de suicidio en la tundra para ser conocido por los vendedores de transporte, quienes le vieron regresar de sus viajes de sólo ida más de una vez. Allí le bastarían un par de gestos manuales y guiños oculares para conseguir ruedas de las buenas. Ya que no saldría de su bolsillo, prefería ir cubierto de un techo y lindas cortinas de terciopelo rojo.
Se subió sin mirar atrás, pues eso aconsejaba la mitología referente a la muerte. Y si finalmente se encontraba solo en el interior, pues mala suerte. Siempre habría otro par dispuesto.
Estadísticas:
  • Fuerza : 4
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 20
  • Espíritu : 30
  • Concentración : 30
  • Voluntad : 30
Chakra : 130
Inventario:
  • Mateki — Colgada al cuello
  • Lanzador de Agujas — En antebrazo izquierdo
  • 15 Senbon — Clavadas en 3 hileras de 5 en la solapa izquierda de la chaqueta
  • 4 Bombas de humo — 2 en cada bolsillo del pantalón
  • Sello explosivo — plegado cual pañuelo en el bolsillo del pecho de la chaqueta
  • 3 Alambres ninja — Que cuelga enrollado del cinto cual látigo
  • 2 Píldoras del soldado — También en el bolsillo de pecho
  • 2 Mecanismos ocultos con kunai — Bajo ambas mangas de la chaqueta
  • Comunicador — En oído derecho

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Shinso Sonozaki
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Shinso Sonozaki el Miér Mayo 09, 2018 9:24 pm

Sangre Hervida
Shinso Sonozaki
País del HierroTetsu no YosaiPasado
Retorció el gesto, forzó los labios en una mueca de desagradable contrariedad. Sintió como sus mas inalienables deseos y aspiraciones sufrían un revés inoportuno. Casi como espadas romas y sin filo cayendo de los cielos como si de lluvia se tratase; Shinso sintió como su fuego temblaba, temía y se tambaleaba sobre un huésped debilitado que sencillamente, podía acabar por no existir. Se reclinó hacia atrás, aspiró el aire sonoramente y ladeó la mirada tanto como pudo hasta que su ojo de víbora exótica se topó con las gotas de sangre adulterada de Reika. Ella decidiría sin ningun problema por ambos, estaba plenamente convencido de ello, como también sabía que a veces a su Centella intempestuosa le gustaba sentirse arrastrada. No lo confesaba claro, ella era siempre la dominante, la jinete que roba el aire con las riendas enrolladas en la mano. Sonrió de forma casi imperceptible, en una sonrisa que nacía en el extremo opuesto a Reika y brillaba por su constante delirio de oposición. A ella le gustaba conquistar ¿Y que mejor conquista que una que nunca termina de serlo?

- Primer interesado. - Quiso llamarle por otro nombre pero a falta de presentaciones y de más datos sobre su persona que su escueta palabrería, prefirió optar por algo “técnico” como aquello – Cuente con nosotros. No te preocupes, sabremos reprimir cuanto haya en nosotros ¡Pero no esperes que sea por mucho tiempo! - Añadió en una muestra de sardónica bufonería que solo él pareció entender, pues lanzó una única y solitaria carcajada tras ello. Siendo del todo francos, Shinso se hallaba en un demencial descenso, cautivo de una rabia temblorosa y apenas oprimida en un pecho excesivamente acostumbrado a estallar en cualquier momento. Chasqueó la lengua y no dedicó mas gesto que el seguir los pasos de aquel hombre con la entereza encomiable de una persona vulgar, corriente... pero no lo suficiente, aseveraba en silencio.
Apenas pudo girarse, le dedicó a Reika una mirada vorpal, un guiño fugaz que sirvió de socarronería importada de una llama angustiada por su existencia. Ansiaba, deseaba y en su boca tuvo que reprimir los deseos mas infames de prender fuego a la carreta en la que viajarían; hacer que su madera crujiera como los huesos estallando de un esqueleto destartalado, verter de las llamas mas puras al caballo; escuchar sus relinchos de debacle insoportable en una cacofonía tan solo acompañada por la furia de unas lenguas extenuantes; espirar fuego sobre todo lo que le rodeaba; hallar satisfacción, hallar espanto... ¡Furor esplendoroso! Soltó un suspiro trémulo que descendió desde su garganta hasta su pecho, justo al momento de detenerse a las puertas del carro. Sintió como su diestra le instaba, soportó con un rigor desesperado aquellos impulsos; cesarían de un momento a otro. Pero siempre volverían mas voraces, mas fuertes y dañinos.
Permitió que Reika subiera primero pues ella merecía los honores del decoro, pero solo ella.

- Y bueno, primer interesado... - Se atrevería a decir una vez dentro del carro, con el tono ensombrecido por las ansias cautivas y el vicio execrable de un pirómano de nuevo oprimido por la necesidad. Lo odiaba... lo detestaba ¡Lo aborrecía! - … ¿Nos cuentas algo sobre tí, sobre el trabajo? ¿Cuanto... ? - Dudó, se relamió y luego unió las manos entre sí apretando un agarre que tan solo pretendía sostenerse a si mismo sentado junto a su Centella. - ¿Está lejos el sitio? Quiero llegar rápido y quedarme hasta el anochecer. El fuego solo se aprecia de verdad cuando la noche es oscura, cuando no hay otra luz más que la provista por las llamas aullantes. - Sonrió nerviosamente, se llevó la zurda a la boca y se obligó a cerrarla antes de cometer mas imprudencias. Realmente le daba lo mismo revelar su condición ¿Que había que esconder? Nada. Pero el dinero requiere de manos hábiles, y sus inclinaciones son abrumadoras, apenas contenidas. Esbozó una nueva sonrisa torcida, como si con ello solucionara algo a sabiendas, de que no debía ser muy agradable.

Estadísticas:
  • Fuerza : 10
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 10
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 5
  • Voluntad : 5
Chakra : 75

Inventario:
  • Tanto — En el cinto
  • Píldora de Soldado x1 — En un bolsillo

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Reika Oshiro
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Reika Oshiro el Jue Mayo 10, 2018 10:58 am

Sangre hervida
Oshiro Reika
País del HierroTsuki su puta madre asdadsPasado
¿Lo bonito del eco? que el repiqueteo de la punta de sus botas contra el marco de aquel puñetero carromato aplacaba cualquier otro sonido que intentase destacar dentro del vehículo. ¿Lo bonito de la vida? que Reika pretendía hacer lo mismo con todo lo que le rodeaba. El trayecto hacia el armatoste (o ataúd andante) había estado protagonizado por el restallar de su calzado contra el deslustrado empedrado de la ciudad, la respiración agitada de Shinso y la taciturna expresión del primer interesado. Por supuesto, que al puñetero carbón que alimentaba su fuego le hubiera dado por referirse al muerto viviente a partir de nombres claramente relacionados con posiciones sobresalientes -respecto a la que ellos mismos ocupaban-, a Reika, no le había arrancado ni una sola sonrisa torcida. Resultaba evidente, por favor, que llegar antes a algo siempre implicaba cierta superioridad con respecto a los que lo hacían después. El segundo mordía el polvo (o la mierda) del primero: el perdedor le comía los huevos al ganador. Shinso se quedaría sin llamas mortuorias que lamer esa noche. Sentada a la izquierda de la cerilla a medio encender, cortó el aire que se colaba por sus pulmones a golpe de gruñido. La hiperactividad desatada de su combustible también era otra cosa que saltaba (o más bien atacaba) a la vista.—Fósforo.—le reprendió en un siseo, conteniendo las inmisericordes ganas de quebrarle el jodido cuello por piedad. Chocó el carmín sangriento de su mirada contra el ojo viperino que bailaba en la única cuenca ocupada de su leal compañero.

La ironía le arrancó una sonrisa torcida, deforme. ¿Dónde había quedado la famosa sangre fría de los reptiles? seguramente, Shinso le habría prendido fuego muchos años atrás. ¿Por culpa de Reika? no, gracias a ella.—No pasa nada, prosigue.—apresó un suspiro entre sus fauces degolladoras, le concedió una prórroga inquieta al otro fragmento viviente de su alma. Ansiosa, se ensañó ahora con la renqueante silueta del primer interesado: más que aletargado, parecía un puñetero sonámbulo. Le dieron ganas de despertarlo.—, dinos un nombre o te lo pongo yo misma.—porque, efectivamente, se negaba en rotundo a seguir llamándole jefe o cualquier otro patético sucedáneo del término.—¿Vas armado?—inquirió con fiereza contenida, apretando levemente los dientes a cada sílaba articulada. Se inclinó contra el apelmazado respaldo, apoyó los codos sobre las rodillas y apretó una mano contra la otra, reprimiéndose. Entonces, chasqueó la lengua por undécima ocasión, reclamando una atención que creía merecer desde la primera calada de oxígeno que le había dado al mundo. Efectivamente, reivindicó  como suyas las miradas discordantes de ambos cianuros; Reika exigió convertirse en el centro de gravedad de aquella esperpéntica camarilla, en esa línea infranqueable que marcaría (o, al menos, pautaría) un antes y un después en los temas que, de ahora en adelante, fueran a ser discutidos. Ella siempre tendría esa última palabra problemática que, a la larga, le reportaría más desgracias que beneficios.—¿Democracia o tiranía? elige.—presionó, al tiempo que deslizaba la sangre cautiva sobre sus iris en dirección al ansioso Shinso y le instaba en silencio a mantener la boca cerrada un rato.—No hay más opciones, no hay más posibilidades. Las meritocracias me sacan de quicio, las teocracias son para retrasados mentales y las timocracias le tocan los cojones a Shinso.—un chasquido, un aviso. Que quedara claro que no pensaba someterse. Carraspeó.—¿Y bien?—apretó la mandíbula, retuvo una amenaza. El reducido espacio del carromato le crispaba los ánimos, le agriaba la voluntad de mantenerse impertérrita ante la intrascendente conversación que la negra gasolina deseaba sostener con el muerto de hambre aquel. La flauta colgaba alrededor de su cuello le ofreció un consuelo, una fantasía. Aunque un clásico, metérsela por el culo se le antojaba la más aburrida y sobria de las opciones: eso sí, la cosa cambiaba cuando entraban los explosivos a colación. Relamió la idea, se extasió en el resultado. Un escalofrío, una sombra apacible que se extiende, como un velo semitransparente, sobre la ira reprimida que nublaba sus facciones. Contrajo los labios en una sonrisa pérfida, pero tranquila.—¿Eres músico?—resaltó con peligrosa suavidad, casi amable. Al igual que Shinso, ocultó la mueca que llevaba por boca tras una de sus manos, temiendo sobrepasar los límites que ella misma se había impuesto.—No, no importa.—replicó finalmente, haciendo bailar la mirada en el horizonte de madera que los arrastraba hacia la capital. El material prendía rápido, y estallaba que daba gusto. Se azoró, ansiosa.
Estadísticas:
  • Fuerza : 4
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 6
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 10
  • Voluntad : 10
Chakra : 80
Inventario:
  • Bolsa de arcilla (2.5 Kg) — Colgada a un lado de la cadera.
  • 2 píldoras de soldado — En el bolsillo derecho.

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Akeboshi Yoshio
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Jue Mayo 10, 2018 1:29 pm

Sangre Hervida
AKEBOSHI YOSHIO
País del HierroTetsu no YosaiPrimavera 7 DD
Fósforo bromeaba con una pobre capacidad de auto-control, pero el chiste se acabaría pronto con el simple hecho de compartir techo con el particular dueto. El tiempo juntos, por más escueto, sería suficiente prueba para armar un boceto de sus torcidos moldes. Eran de ese corte, el que él fue de joven, cuando no podía permanecer quieto. Atropellado e indetenible, concentrado en hacer de ésto una aventura problemática. Pensamiento siniestro, lengua suelta sin filtro, prepotencia y voz chillona. Si el hombre era el fósforo, ella la centella de su fricción. Juntos consumirían toda ley, como su panfleto, dejando sólo cenizas para el recuerdo. En efecto Akeboshi era así, mas se aburrió en la mitad de su vida.

Por favor, llámame tan solo primero —interrumpió el inicio de la conversación, con espalda reposada en la pared. Se sentaría del lado contrario al par, viéndoles a ambos y su ferviente juventud. Perdida, sin duda, por las presiones del exterior.

Las preguntas caían como monedas en un casino. Él las recibía de brazos abiertos, literalmente, con las manos apoyadas en la cima del respaldo. Esperó a que el envión de los dos se acabara; muriera por peso propio. Les interesaba tanto, pero nada a la vez. Parecían simplemente querer quemar el tiempo con palabras apuradas. Pero él era un perezoso. Cruzó la pierna derecha por sobre la hermana, dejando una bota elevada.

Me llamo Akeboshi —dirigió una mirada a la pequeña dama—, pero me encantaría que me inventaras un nombre —añadió y giró el pie elevado para pegarle muy levemente con la punta del mismo en la rodilla.

Dándole unos minutos para pensar, regresó su atención al muchacho. Aspiró profundo llenándose los pulmones de frío, siendo su tapada nariz toda una orquesta junto al trote de los caballos.

Como dice la chica, soy músico, pero no es algo muy redituable por estos lares. Por ende me decanto más hacia el asesinato, y esas cosas. Lo que mejor pague. Aun así ninguno de mis dos trabajos me ha llevado a la capital, así que no sé a ciencia cierta cuánto demoraremos. Como fuere, creo que no está muy lejos.

Cerró la boca un momento y se saboreó las encías con la lengua. Mirando al techo masticó las inquietudes de la fémina, mas no cuestionó su relevancia. Se imaginó de líder por un momento, y se desechó por completo. Como una suave y dulce melodía sin lírica, estaba destinado a acompañar de modo imperceptible. Aumentar, incrementalmente, el valor del silencio sin que nadie lo supiera. Pues cuando él acallaba, allí se encontraba el vacío. Acarició su flauta, con pensamientos de perversión.

La verdad que no tengo idea de política, liderazgo, ni organización; Chispita —regresó a ella—. Les adelanto que no me hago mucho problema por el futuro, o los planes. Para qué. La partitura estaba escrita desde antes de conocernos, y el dedo nos arrasará como las simples notas que somos en ella. Usa la clave que quieras, yo sólo fluyo. Y si el dedo son ustedes mismos, mejor aún. Gustoso de ser el estruendo de su orquesta.

Muy probablemente sus palabras no tenían más propósito que el de perder tiempo, al igual que las de ellos. No sabía ni si creía en su propio dogma, el cual cambiaba con cada viaje en carromato según lo mal recordaba. Ellos parecían tener una práctica muy definida sin embargo, gravada a fuego. Él improvisaba. Quizá se tendría que haber limitado a decir eso y no más.
Estadísticas:
  • Fuerza : 4
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 20
  • Espíritu : 30
  • Concentración : 30
  • Voluntad : 30
Chakra : 130


— 1 técnica preparada.
Inventario:
  • Mateki — Colgada al cuello
  • Lanzador de Agujas — En antebrazo izquierdo
  • 15 Senbon — Clavadas en 3 hileras de 5 en la solapa izquierda de la chaqueta
  • 4 Bombas de humo — 2 en cada bolsillo del pantalón
  • Sello explosivo — plegado cual pañuelo en el bolsillo del pecho de la chaqueta
  • 3 Alambres ninja — Que cuelga enrollado del cinto cual látigo
  • 2 Píldoras del soldado — También en el bolsillo de pecho
  • 2 Mecanismos ocultos con kunai — Bajo ambas mangas de la chaqueta
  • Comunicador — En oído derecho

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Shinso Sonozaki
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Shinso Sonozaki el Vie Mayo 11, 2018 12:07 pm

Sangre Hervida
Shinso Sonozaki
País del HierroTetsu no YosaiPasado
Se dedicó tan solo, a reclinarse hacia atrás tanto como pudo, observando la situación, respirando con la azarosa dificultad de quien fuego tiene en sus pulmones y desea exhalarlo ¿Era odio? Amor, pasión arte y desconcierto por partes iguales. Habría deseado que saltaran del carromato en pleno  movimiento, reventarlo, quemarlo y dislocarlo del mismo mundo al mismo tiempo. Y en sus ensoñaciones, en sus delirios crueles de motivación innecesaria, Shinso se permitió el lujo de callar cuando se le requirió, de guardar su lengua ardiente al ritmo de Reika. La miró de reojo, escrutó su busto y tuvo que reconocerlo; tenía un buen par de...

- ¡Alto! Te llamaré Patillas. - Se interrumpió a si mismo, e incluso a quien por lo visto, se hacia llamar Akeboshi como bien podría haberse hecho llamar Pompus, el Libertador. Le gustó ese último nombre. Mas adelante lo presentaría a modo de propuesta sincera de mejora. Debía practicar su sonrisa para entonces, porque era consciente que la de ahora; forzada y artificial, parecía mas bien las fauces irregulares de alguna bestia cuya cordura intercambió por vigor. - Patillas... ¿Eres músico? - Preguntó, tratando de contener la clásica fanfarria vulgar de quien toca un instrumento y no especifica cual. Rezó a un dios en el que no creía para controlarse un poco. Se notaba displicente, arrebatado en un impulso incontrolable y temía que todo ello saliera ardiendo con él mismo en forma de Sol a ras de suelo. Carraspeó y dejó que ambos se explicaran entre ellos, guardando silencio en lugar de sus balbuceos habituales. Sabía a su pesar que la palabra no era su virtud más excelente, pero trataba de compensarlo con una actitud positiva y un humor refinado al par que sumamente elegante. Saltaba a la vista su buen estar en cada broma concerniente a sus patillas sin final tanto flanqueado sus ojos como su cabeza. Oh, pero que mordaz era el hijo de puta, pensó tan convencido que habría sorprendido a los presentes de haber podido ser testigos.

Todo ello pareció encontrar un abismo, uno en el que se despeñaron todas las buenas intenciones en el instante en el que se percató del nombre y aquel movimiento contra su Centella ¿Intencionado? Debió serlo, y ello no hizo mas que desatar un fuego que hasta aquel momento, crepitaba bajo las brasas. Se llevó al instante una mano al cuchillo con la firme intención de rajarle el cuello ahí mismo. Ofendido, enardecido y sintiendo las llamas agolparse en su garganta, a muy pocos centímetros estuvo de prenderle fuego a todo cuanto le rodeaba. A sí mismo, a Patillas... ¡Al caballo, por todos los cielos! ¡Ese caballo debía morir con dolor! ¡Dolor y fuego! Recitaba una mente agitada, turbulenta como una pira enardecida por gasolina. Aquellas maneras, aquella calma impertérrita y suave que solo sirvió como engaño. Aquel Akeboshi resultó ser un necio, un atrevido infame que tocaba a su Centella, que la degradaba a ser una simple chispa.

- ¡Eh! - Gritó, enarcándose hacia adelante con la empuñadura cautiva de su diestra y la zurda sobre su asiento, preparado para embestir, para morder como una bestia en descenso a la rabia y al furor provocados. Sintió unos deseos intensos de hacerlo, de cumplir sus ansias de sangre calientes sobre heridas abiertas. - ¿Quien cojones te crees que eres...? - Preguntó, haciendo gala de un tono desprovisto del nerviosismo anterior y ahogado en la agriedad de una ira abrupta. Pensó en cientos de formas, en docenas de instantes en los que el carro se tambaleaba, su cuerpo era tentado y en las dos decenas de latidos que le instaban con un grito rasgado que ascendía como una esfera de hierro candente: hazlo.

Estadísticas:
  • Fuerza : 10
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 10
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 5
  • Voluntad : 5
Chakra : 75

Inventario:
  • Tanto — En el cinto
  • Píldora de Soldado x1 — En un bolsillo

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Reika Oshiro
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Reika Oshiro el Vie Mayo 11, 2018 4:44 pm

Sangre hervida
Oshiro Reika
País del HierroTetsu no YosaiPasado
Reika, una vez más, demostraba que lo que cualquier persona tuviera que decir, le importaba una mierda. Aunque el recién presentado como Akeboshi no le hubiera dado permiso para bautizarlo de nuevo, ella, en su incontestable condición de dictadora, lo habría hecho de todas formas. Una tirana no pedía consentimiento alguno antes de sesgar: cortaba, sin más. El toque (o más bien el golpe) la sorprendió: el repentino dolor que atravesó su pálida rodilla le recordó que, después de todo, tal vez aquel hombre todavía no comprendiera bien la situación en la que se encontraba. Seguramente, fuera una de tantas otras personas que apenas sospechaban, al percibir la primera fisura en una pieza de porcelana, que esa delgada línea bastaba para hacerla estallar. Reika apresó un siseo de advertencia entre sus sórdidas fauces, le puso un apaño a la grieta que segmentaba su ánimo en dos mitades opuestas. Contrarias. Rígida, la zorra se entretuvo flexionando los dedos enguantados; indefectiblemente, eso se removió dentro de las inefables entrañas de su prisión de cuero, reivindicando libertad. O, tal vez, tan solo aire. Hacía tiempo que no les dejaba a sus queridísimos monstruos oler la pólvora: les debía un favor. O dos, según como se diera la tarea. Recuperada del atentado contra su esfera personalísima, perforó con las gotas de sangre que coronaban su aviesa mirada aquella taciturna sombra que se hacía llamar músico.—Sácate la mierda de los oídos y escúchame, compás.—chasqueó con brío la lengua, tratando de sacarse de encima el incipiente malestar que se le había quedado enquistado en el cuerpo.—Si me vuelves a tocar queriendo, te parto la boca. O, mejor aún, te estallo los tímpanos.—apretó la mandíbula, escupió las palabras y, en todo momento, sostuvo aquel rígido nexo visual. Entonces, sintiéndose inviolable en su precaria posición, le propinó un ligero empujón a la rodilla del contrario haciendo uso de la suya propia. Le devolvió el cariño, la atención.—¿Lo pillas, flautín? sin querer o queriendo yo, no pasa nada.—explicó lentamente, siempre con la mejor de las intenciones; es decir, con la que a ella le convenía. Saboreó la inquina esparcida en el ambiente, el tintineo de la tensión a punto de romperse. Llegaría el inevitable momento en que la situación estallase, estaba segura de ello.

Chispita. Aunque, siendo sincera, no se esperaba el sobresalto tan pronto. Boom. Al parecer, la edad no había curtido al desconocido tanto como este se creía. El estado natural de los hombres no era de paz, sino de guerra; cuando no de guerra abierta, de guerra que podía estallar en cualquier momento. En el desquiciado caso de Shinso, como con todo lo que tenía que ver con él, esta predisposición al conflicto se llevaba siempre al límite. La culpa, por supuesto, era del muerto de hambre. Escrutó, impertérrita, el súbito proceder del inagotable carbón; lo observó desenvainar el cuchillo que tan fielmente les servía durante las cacerías, abalanzarse hacia delante y regalarle una sentida amenaza al primer y retrasado interesado. La había cagado, qué lástima. Por un instante, a Reika le pareció excesivamente embriagadora la idea de rajarle la garganta y, poco a poco, dejar que la vida se le fuera escapando de entre los dedos por aquella delgada línea que él mismo había abierto con sus indecentes comentarios. Un momento, ¿indecentes? No, más bien, inapropiados. Aunque, por otro lado, tampoco podía exigirle respeto a un músico convertido en asesino. No era su vocación la de súbdito, sino la de esclavo. Una hormiga obrera, prisionera forzosa de una reina a la que jamás llegaría a conocer. ¿Se apiadó de su alma? no, le pudieron las ganas de verle sufrir a la larga.—Alto.—centelleó, haciendo honor al seudónimo tan apropiado que su hulla le había dado tanto tiempo atrás. Cruzó los brazos por debajo del pecho, azotó con el carmín de su mirada la desventurada imagen de aquel incendio desatado.—Fósforo, no hay por qué inflamarse.—se pasó la lengua por la comisura de los labios, paladeando el instante.—No hay nada de malo en ser una chispa, pedazo de carbón sin cerebro.—le reprendió con resuelta fiereza, irritada ante la perspectiva de que Shinso se hubiera saltado la orden indicada con tanta soltura y familiaridad. Un castigo ejemplar, eso le esperaría de regreso a casa.—Una chispa basta para encender la mecha de un explosivo, para volarlo todo por los aires. No es un insulto, por ahora.—torció el gesto, dando por finalizada la inesperada reprimenda.—Sin embargo...—sin permitir que el silencio terminara adueñándose del abyecto espacio, Reika se deslizó hacia delante y tomó asiento justo a la vera del músico arruinado, invadiendo su calma.—... imagínate, compás, a un gilipollas sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar y reventarle el puto cuerpo. Él lo ignora, pero el público lo sabe. ¿Sabes cómo se le llama a eso? suspense. Pues muy bien, mientras estés con nosotros, ese pobre gilipollas eres tú. Bienvenido a la jaula de grillos, Akeboshi; eres la primera incorporación. Una falta más, y te degrado a puta cerilla y le dejo a Fósforo jugar con tu cabeza cuanto le apetezca.
Estadísticas:
  • Fuerza : 4
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 6
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 10
  • Voluntad : 10
Chakra : 80
Inventario:
  • Bolsa de arcilla (2.5 Kg) — Colgada a un lado de la cadera.
  • 2 píldoras de soldado — En el bolsillo derecho.

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Akeboshi Yoshio
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Vie Mayo 11, 2018 6:27 pm

Sangre Hervida
AKEBOSHI YOSHIO
País del HierroTetsu no YosaiPrimavera 7 DD
Tal como sus apodos lo sugerían, el par de jóvenes era de combustión espontánea. Cualquier mínimo gesto o burla por parte del arlequín provocaba una reacción agresiva, y si bien era el propósito de toda su persona, terminaba por hacerse saturante o aburrido. Si iba a trabajar con ellos, no se suponía que debían saltar ante cualquier trampa de ratones que pusiera en el camino. Debían reírse a su lado de los crédulos que gastasen mecha encendiéndola por las provocaciones de Akeboshi.

So, so... —amansó como a un caballo al joven tuerto, posando las palmas abiertas hacia adelante tapando cada pectoral propio. Era un espacio muy reducido para bailar, y no querría golpear otra vez a la chica, de modo accidental y más fuerte.

Perdón si dañé susceptibilidades. Tienen la presión muy alta, cuando estamos en un viaje de relajación. Permítanme.

Sin preludio tomó el instrumento de viento cómodamente colgando de su cuello, y con ambas manos se lo llevó a la reseca boca. Si intentaban detenerle, para eso tenía una pierna elevada lista para alejar a quien sea de una patada resorte. No es que fuese una estrella de la lucha libre, pero sí sus extremidades tenían la costumbre de estorbar, por más bobas que fueren. Y su canción tornaba igual de bobo a los otros cuerpos, con notas ominosas salidas del mundo de los muertos. Toda la audiencia quedaría boquiabierta, incapacitada de reacción ni siquiera para su más sentido aplauso. El carromato se detendría en seco, sacudiéndose, y los caballos relincharían con terror. El mismísimo chofer del transporte añadiría sus propios gritos, pues era partícipe de la obra de teatro. Porque sí, no sólo era músico, sino también artífice de escenarios fantásticos.

Cordeles de inevitable malicia habrían emergido desde todas las direcciones en esa jaula de madera. Serían Fósforo y Chispita las sensuales asistentes del mago, metidos en su caja de espadas. Estaba corto de presupuesto para espadas sin embargo, pero esos hilos de cirujano eran igual de certeros en sus estocadas. Atravesarían piel, carne, y hueso. Imposibilitarían cualquier movimiento, incluso del meñique del pie, permitiéndoles solamente hablar con la modulación digna de un mendigo sin educación. Sus músculos, aferrados por una esotérica fuerza del más allá, comenzarían a desintegrarse junto con la poca sanidad mental que les quedaba. Se enfrentaban a la pronta inexistencia, a una tortura impensada siquiera en esas frías tierras. Y esa ni siquiera sería la mayor de sus preocupaciones.

Akeboshi elevó las cejas, mientras agachaba la cabeza con el mentón pegado al pecho. Nunca dejó de tocar. El meñique y el anular de la zurda aprovecharon una secuencia de notas graves para tomar su pañuelo del bolsillo frontal de la chaqueta, que sacudió revelándolo como una nota explosiva. Mas nunca dejó de tocar. El papel se dejó caer sobre su regazo, a la vez que con la punta de un pie empujaba la bota contraria. Hizo lo mismo del otro lado, dejando sus coloradas patas ventilarse en público. Cual monje levantó nuevamente una pierna, esta vez para tomar costosamente el papel entre el gordito pulgar y su vecino. No, no dejó de tocar música. Y ahí tenía la mortífera carta en su pie, que con una pobre aplicación de chakra comenzó a encenderse con una fina llama azulada. Estiró ambas piernas, poniéndolas entre el dúo, y comenzó a forcejear con ambos pulgares de los pies intentando cortar la nota al medio. Le costaba; solamente podía arrugarla, y continuaba su ignición. Si tan solo llegaba a un tercio del camino, todos volarían por los cielos.

¿Qué pasa cuando cuatro personas y dos caballos están sentadas sobre un explosivo? Ellos lo saben, el público también, y no pueden hacer nada. El héroe es un torpe, un bardo queriendo salvar a su equipo con sus alegres notas. ¡No deja de tocar! Eso sí es suspenso.
Estadísticas:
  • Fuerza : 4
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 20
  • Espíritu : 30
  • Concentración : 30
  • Voluntad : 30
Chakra : 130 - 25 - 1 = 104


MATEKI: MUGEN ONSA (魔笛・夢幻音鎖, FLAUTA DEMONÍACA: CADENAS FANTASMAS DE SONIDO)
Es un genjutsu que se basa en el sonido de la flauta demoníaca. Luego de ocho notas musicales, quien oye la melodía caerá en una ilusión que le hará pensar, ver y sentir que su cuerpo ha sido sujetado por muchas cuerdas, las cuales le impedirán moverse. Incluso sin la intervención física de una fuerza externa, el cuerpo se ve privado de toda la movilidad y la conciencia misma se desvanece progresivamente. Al mismo tiempo, la victima sufre alucinaciones, como la sensación de que su cuerpo se derrite, lo que hace también haya un grave agotamiento mental. Dado que la técnica se transmite mediante sonido, es difícil de contrarrestar, y el usuario no necesita saber la posición del enemigo para hacerlo caer en la ilusión, todo esto la convierte en una técnica sumamente conveniente.
Requiere: Un turno de preparación.
Efecto: Inmoviliza al afectado y reduce en 3 puntos su voluntad por turno. A partir del segundo, comenzarán a perder 25Ck por turno. Los efectos negativos a las estadísticas tendrá una duración de dos turnos.
Rango C: 13 metros a la redonda.
Consumo: 25Ck por ejecutar y 15Ck por turno.
Inventario:
  • Mateki — Colgada al cuello
  • Lanzador de Agujas — En antebrazo izquierdo
  • 15 Senbon — Clavadas en 3 hileras de 5 en la solapa izquierda de la chaqueta
  • 4 Bombas de humo — 2 en cada bolsillo del pantalón
  • Sello explosivo — plegado cual pañuelo en el bolsillo del pecho de la chaqueta
  • 3 Alambres ninja — Que cuelga enrollado del cinto cual látigo
  • 2 Píldoras del soldado — También en el bolsillo de pecho
  • 2 Mecanismos ocultos con kunai — Bajo ambas mangas de la chaqueta
  • Comunicador — En oído derecho

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Reika Oshiro
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Reika Oshiro el Mar Mayo 15, 2018 10:15 am

Sangre hervida
Oshiro Reika
País del HierroTetsu no YosaiPasado
¿Viaje de relajación? Akeboshi Yoshio no tenía ni puta idea de lo que estaba hablando. De lo contrario, habría encontrado más prudente morderse la lengua hasta desangrarse que atreverse a insultarla de aquella manera. ¿Tomarse las cosas (o más bien las respiraciones ajenas) con calma? ja. A diferencia de las hormigas, Reika no caminaba, aplastaba; no avanzaba, masacraba. ¿Pasar de puntillas por  la vida de los demás? ni en sus peores pesadillas. De nuevo, Reika no paseaba, marchaba a la guerra.  Decirle que llevara cuidado y tragara hondo antes de actuar, para bien o para mal, era pedirle que renunciara a todo aquello que la hacía sentirse mínimamente viva. Por ello, no fue de extrañar que, cuando sus desastrados oídos mecieron aquella hórrida petición entre sus tímpanos, Reika no se sintiera capaz de contener las ganas de apuñalarle todas y cada una de las articulaciones del cuerpo para enseñarle lo que ella consideraba un verdadero retiro espiritual. Pero el vaivén del encuentro, el devenir de las circunstancias, por una vez, no se deformó a placer ante la dentellada de la zorra; la música llegó antes que la puñalada.

Las cadenas que emergieron de la puñetera nada (o, más bien, del mismísimo infierno), aunque carecían de un principio como tal, encontraron un buen final al que agarrarse en su casi tierna carne; las sintió, hundidas en las pérfidas entrañas de su alma, palpar huesos, morder órganos y continuar su camino. ¿Gritar? ni siquiera se le pasó por la cabeza. Inmovilizada, desastrada y enloquecida de rabia, la única vía de escape que encontraba su ira era a través del punto muerto de sus ojos; efectivamente, la furia azotaba sus insondables pupilas con un furor desquiciado, trastornado. Forcejeó de pensamiento, pero, como era de esperarse, el esfuerzo resultó tan banal como exasperante. Irritada hasta la médula, apretó la mandíbula con saña, casi queriendo partírsela; no obstante, ni en eso obtuvo un resultado satisfactorio. El sistema nervioso no respondía correctamente sus órdenes, no destruía como era debido. A solas con la oscuridad, Reika perdió el control.

Quería morder, quería desmembrar, quería arañar, quería torturar al flautista sonámbulo hasta la muerte; no, mejor aún, hasta la siguiente vida. Odiaba la música de viento: las melodías suaves le arrancaban las vísceras de su sitio. En lugar de clavarse en la realidad, la acompañaban. Y aquello no podría haberle causado una mayor repugnancia. Gruñó. Anhelaba retorcerse en aquel incomprendido encierro, oponer resistencia. Y, sin embargo, no hallaba en sus adentros ninguna salida, ningún impulso homicida que, en aquella situación, pudiera socorrerla. Y, entonces, para variar, la situación cambió. De nuevo, sin que ella tuviera opción de articular palabra o acción alguna en su contra. ¿Frustrada? desquiciada. A pesar del intenso dolor que le recorría las extremidades, Reika seguía pudiendo ver lo que ocurría a su alrededor; el daño nunca había sido un problema para sus cinco (¿o tal vez seis?) sentidos. Eso sí, le temblaba la conciencia. O, más bien, se le derretía por momentos. El papel contorsionándose entre las falanges descoloridas por el frío de aquel nauseabundo simio le resultó, como mínimo, grotesco. Parpadeó, y la excitación de poder, al menos, manifestar cierta energía en el exterior constituyó un aliciente lo suficientemente vehemente como para mantenerla despierta. No quería fundirse en negro: al menos, no todavía. Tenía que mantenerse con los ojos bien abiertos hasta el mismo instante de la explosión. Porque sí, Reika ya no estaba enfadada.

Ni siquiera irritada. Acababa de descubrir, a lo mejor, un resquicio de valor en aquel montón de mierda cansada que llevaba por nombre Akeboshi; sí, una insignificante pepita de oro sepultada en un puñado de heces a medio descomponer. Rotó la mirada en dirección al pañuelo vorpal, notando cómo el deseo le perforaba las entrañas y pugnaba por salir a campo abierto; rió para sus adentros, trastornada. ¿Resonaron aquellas perturbadoras carcajadas en todo el tembloroso carromato? oh, quién sabe. Tenía... no, necesitaba decir algo, producir algún sonido que manifestara cuán maravillosa se sentía en aquellos momentos. Retorció la lengua en su propia cárcel hecha de boca y, tras un par de desconcertantes instantes, paladeando la onomatopeya, articuló con paupérrima sonoridad.—Tick, tack.
Estadísticas:
  • Fuerza : 4
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 6
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 10
  • Voluntad : 10 – 3 = 7 :c
Chakra : 80
Inventario:
  • Bolsa de arcilla (2.5 Kg) — Colgada a un lado de la cadera.
  • 2 píldoras de soldado — En el bolsillo derecho.

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Shinso Sonozaki
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Shinso Sonozaki el Miér Mayo 23, 2018 9:06 am

Sangre Hervida
Shinso Sonozaki
País del HierroTetsu no YosaiPasado
Su sangre no bailaba, aullaba en una noche sin luna al hervir, con la piel en llamas, con el cráneo fundido y la mandíbula desencajada. Shinso, de quien pocos podrían haber advertido jamás unas inclinaciones tan retorcidas y repugnantes, estaba listo siempre y desde aquellos días nefastos tan lívidos; a arder en los mismos fuegos que prendía en el mundo. Era natural, que quien sostuviera la antorcha estuviera dispuesto a arder, que quien sostuviera la condena entre las manos propiciara su vida al mismo final. Quien cabezas cortaba, debía hallar su garganta seccionada sin remedio. Shinso lo comprendía, se carcajeaba de ello y Akeboshi no pareció entenderlo sin embargo. Lejos estaba de su comprensión que no solo era fuego lo que con fuerza ruge y agosta, que también sulfuro brillaba en su mirada, negro carbón componía su pelo, gasolina su piel  y Reika su mecha ostentaba. En el mismo instante en el que dirigía sus manos a la flauta, aquel movimiento simbolizó el principio de una afrenta, el final de una necedad.

Terminó por bramar; más bien el sonido de una bestia infame abriendo las fauces torcidas, desencajando sus garras por cuchillo y en un impulso tan salvaje como irreflexivo, Shinso se precipitaba sobre Akeboshi con el ímpetu de una bestia informe. Un ser consumido por la agresividad, con su único ojo fulgurante de un fuego propiciado; pronto todo fue ira, salvajismo contenido por... cuerdas. Hilos que su carne atravesaban, el dolor intenso de quien se siente abandonando el mundo sin hacerlo del todo y Shinso contenía un grito, forcejeaba con el cuchillo en ristre hacia el mismo rostro de Akeboshi. Con los ojos abiertos, fulgurantes de un objetivo apenas lejano, con la mandíbula abierta en anticipación negada, babenate, en un aullido desgarrador ahogado que por gutural no hizo más que producir un efecto de chasquidos rasgados en su garganta. Pero se advertía furia, con su cuerpo erguido a menos de unos centímetros de Akeboshi, no consiguió el tiempo necesario como para atravesarle el rostro con el cuchillo, la pierna le obstaculizaba, pero su brazo... estaba demasiado cerca. Cerca, de arrancarle el rostro de un tajo, de perforarle los huesos de la cara, de destripar donde tripas no había y sacarle los ojos en la composición de la rabia inconexa. Quería desatarte; gritó, intentó hacerlo produciendo un sonido aún mas desgarrador y hosco, completamente incomprensible. Sentía su cuerpo fundirse, no por la acción de las llamas clementes, lejos de la voluntad de Reika ¡Ella! No fue capaz de girar el rostro, demasiado obcecado en acabar con el artífice de todo aquello, aprisionado por aquellos cordeles que sus huesos atravesaba con inquina, que sus músculos sentía romper por ellos, que sus cartílagos desgarrarse ¡Y nada importaba! Porque Reika reía, cantaba las alabanzas de una demencia infausta. Y Shinso quiso corresponderla, reír con ella... pero en sí no cabían más que los impulsos de acabar con todo aquello.

Dio un respingo, sintió en aquel delirio insalubre como perdía los músculos de la espalda, como la sangre brotaba a borbotones, como su zurda dejaba de existir, quebrada en la carne que no soporta la existencia ¿Su diestra? La que sostenía el cuchillo parecía aguantar el peso de un universo en sí misma, tan recta, temblorosa por el forcejeo y tan firme como una lanza que atraviesa el pecho de un engendro. Ahora era la misma bestia quien depredaba al cazador, y Shinso... más monstruo que hombre, se sintió exultante de un furor abominable. Una rabia que hizo cantar letanías, una melodía macabra con el habla trastornada por el delirio, un canto de gorgoteos en unas fauces abiertas, tanto como los de un engendro que engulle a su presa. Con el cuchillo en ristre, ladeando su agarre pero nunca su objetivo, con las mandíbulas empapadas en saliva y el sentido pervertido por aquella ansía ya irrefrenable; Shinso comenzó a temblar. No por miedo, lejos del pavor que aquellos delirios insalubres que pretendían romperle ¡Ellos solo alimentaban su fragua! Aquel dolor incentivaba, su rabia vibraba por ello, su corazón maltrecho bombeó dos... ¡Tres veces más sangre y azufre! Quiso reclinarse un poco más... perder el brazo izquierdo, arrancarse la piel de las piernas y sesgar el rostro de aquel miserable Primero antes de morir. Escuchó el relinchar de los caballos, sus propios gritos incomprensibles y se hallaba preso, cautivo de una locura muy conocida y amable. Al tiempo en el que Reika imitaba con sorna el sonido de un reloj, o lo que apenas en su descenso pudo escuchar, Shinso acompañó con una única carcajada, cerrando la mandíbula expuesta unos centímetros.

- Se... aca... ba... ¡T-tu... tiempo! - Aullaba. A sabiendas de que aquello no podía sostenerse mucho más, comprendiendo, e incluso admirando, las agallas de Akeboshi. El mote escogido anteriormente debería esperar, ahora un “Rojo” al final... sería más adecuado. Reconoció su valor, incluso en aquellos momentos de inconsciencia alterada, habría sido plato de buen gusto reconocerle el gesto al tiempo que le abría las mejillas, rompiéndole los huesos con el cuchillo a modo de palanca. Uno debía reconocer un buen trabajo; solo así se incentiva.

Estadísticas:
  • Fuerza : 10
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 10
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 5
  • Voluntad : 5
Chakra : 75

Inventario:
  • Tanto — En el cinto
  • Píldora de Soldado x1 — En un bolsillo

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Akeboshi Yoshio
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Miér Mayo 23, 2018 5:12 pm

Sangre Hervida
AKEBOSHI YOSHIO
País del HierroTetsu no YosaiPrimavera 7 DD
No desagradecería a un público entusiasta, de sonrisa rígida, ansioso por abalanzarse en búsqueda de un autógrafo. Pero qué exigentes eran, pidiendo con sus pequeñas voces entre la multitud que el espectáculo llegase a su climax. Él no sabía bien cómo concluirlo, como esas canciones que no tienen fin definido, sino que se baja el volumen progresivamente hasta que el silencio se adueña del escenario. Un final muy pobre, falto de cálculo o bien improvisación. Nunca caería él en ello, y por eso, en el peor de los casos, se iría con un estruendo. Suyo o ajeno, daba realmente igual. No temía compartir los aplausos. Después de todo, él ya no tenía edad para ser un talento sorpresa. Eso se lo deja a los jóvenes, que sorpresivamente sobran en la nieve.

Finalmente todo su jugueteo probó ser una simple burla, un acto de mago de cumpleaños. Los pulgares e índices de los pies—si es que mantenían esos nombres en las extremidades inferiores-se aferraron seguros al papel, y como el platillo final de la orquesta cortaron en dos la nota explosiva. Su única nota explosiva, cabe mencionar, pero tenía suficiente chispa con sus acompañantes como para andar cargando ese tipo de armamento. Al instante y como saltamontes se impulsó con ambos pies empujando el filo del asiento frontal, deslizándose hacia su propia izquierda y chocar el hombro con la pequeña puerta del carromato. Los barrotes de la jaula del par de bestias ya habían desaparecido, pero les tomaría un respiro notar que sus cuerpos estaban enteros, y no untados por el suelo.

Tras la melodía romántica, los dejo a solas —dijo en voz alta.

Los caballos se habían dado al galope trastornado, pero él sabía que el chofer estaba aún fuera de sí. Mirando sonriente a la hermosa pareja de pubertos, empujó la puerta y dejó caer su cuerpo al frío exterior. Tan sulo una mano se aferró al marco de lujosa madera, y la fuerza centrífuga hizo lo suyo revoleando su cuerpo con el viento. Por fuera, los pies se adhirieron al lado del transporte, y grácilmente trepó como ardilla hasta la parte frontal. Allí un hombre inconsciente daba literalmente rienda suelta a los equinos. Un patada y acabaría dando tumbos en la dura nieve, tomando ahora Akeboshi el control del camino.

¡Aprovechen el tiempo juntos, retoños, y mantengan esos furiosos pensamientos! ¡Pronto llegaremos! —gritó a todo pulmón, trepado con un pie sobre el lomo de cada caballo. Luego tosió como si en su garganta se estuviera incubando un espécimen extraterrestre de anatomía gelatinosa. Escupió un gargajo negro y continuó campante.

La capital negra se alzaba entre la nieve como un tumor, pero en realidad era mucho más contaminante. Columnas de combustión se alzaban por sobre sus murallas de hierro, haciéndole a uno cuestionar cómo la fuerza aplastante de ese coloso no había pasado por encima de los rebeldes de la nieve. Quizá el hierro quería a sus lacras, a sus parásitos. Sin saberlo, creyendo ingenuos ellos que eran una traba en la sociedad, eran tan solo un escalón más de la corrupción que eleva al mundo, y eleva las fábricas de la nación sobre las nubes. Literalmente. Tan desmesurada era la expansión del hombre corrupto sobre el pelado hielo, que incluso estando a kilómetros de los edificios en el horizonte, los renegados ya alcanzaban el pie de sus primeras defensas.

Una muralla incólume, no por virgen sino por eficaz, con el porte de una montaña metálica. En su centro una franja vacía, donde el Sol nunca llegaría a iluminar. Una grieta impoluta por la cual transitaban varios carruajes como el propio, pero más que nada de mayor envergadura. A los lados, hombres de pesada armadura y largas espadas custodiaban el camino. No les revisaron ni detuvieron, pero bastó una fría mirada para obligar al músico a sentarse tranquilo en el puesto del chofer.
Estadísticas:
  • Fuerza : 4
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 20
  • Espíritu : 30
  • Concentración : 30
  • Voluntad : 30
Chakra : 104 - 3 = 101


— KI NOBORI.
Inventario:
  • Mateki — Colgada al cuello
  • Lanzador de Agujas — En antebrazo izquierdo
  • 15 Senbon — Clavadas en 3 hileras de 5 en la solapa izquierda de la chaqueta
  • 4 Bombas de humo — 2 en cada bolsillo del pantalón
  • Sello explosivo (1 usado) — plegado cual pañuelo en el bolsillo del pecho de la chaqueta
  • 3 Alambres ninja — Que cuelga enrollado del cinto cual látigo
  • 2 Píldoras del soldado — También en el bolsillo de pecho
  • 2 Mecanismos ocultos con kunai — Bajo ambas mangas de la chaqueta
  • Comunicador — En oído derecho

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Reika Oshiro
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Reika Oshiro el Sáb Mayo 26, 2018 8:11 pm

Sangre hervida
Oshiro Reika
País del HierroTetsu no YosaiPasado
Aún derretida, Reika seguía destilando veneno a través de cada condenado poro de su cuerpo. La malicia, atrapada irremediablemente dentro de su líquida conciencia, rezumaba incendiara sagacidad; ¿y la risa que brotaba, deformada y esperpéntica, de sus casi tiernos labios? diversión. Akeboshi Yoshio había encendido el cabo suelto de su mecha y, para bien o para mal, ya no se apagaría hasta observarla explotar. Consumirse indefectiblemente en un mar irredento de desquiciada pirotecnia desatada; se había quedado, efectivamente, con las ganas de ver algo (o, más bien, a alguien) volar por los aires. Por desgracia, la diabólica zorra no volvería a descansar hasta saber el deseo satisfecho. Un sello roto y unos grilletes que, a golpe de silencio, desaparecían; aquello sí que era un buen inicio para el cuento. Tan sólo faltaban monstruos bajo la cama y animales casi humanos que se comieran a los hijos de los vecinos: liberada, su cuerpo cayó hacia delante y encontró un consuelo de cuero agrio en el desastrado sofá.

Con la cabellera descolocada, los mechones desordenados y los pensamientos desequilibrados, Reika continuó riendo entre dientes, imitando, como buenamente podía, la perturbadora melodía recién escuchada.—¿Nos dejas, compás?—articuló con exagerada rotundidad, poniendo un empeño claramente excesivo en compaginar el eco de las fúnebres palabras, el estremecedor tarareo y las desenfrenadas carcajadas. Y es que, como de costumbre, Reika se negaba en rotundo a renunciar a nada. O, más bien, a algo. Lo quería todo, pero, como no estaba en su mano hacer suya la árida patria por el momento, se conformaría con preservar y acaparar lo poco que poseía; manías de tirana. O, tal vez, instinto animal. De rodillas sobre la mugrienta alfombra, clavando las uñas en la roída tela, se entretuvo probando a abrir y cerrar las falanges una y otra vez; ojalá hubiera podido enterrarlas en las entrañas del inmundo Akeboshi.—¿Lo has sentido, Fósforo? nos ha jodido pero bien.—evidenció, forcejeando consigo misma para no escupir sobre el suelo del carromato. ¿Le dolía el pecho, el corazón o, quizás, la humillación del momento? tratándose de Reika, esa supuesta vergüenza jamás encontraría otra vía de escape que no fuera la rabia. O, mejor dicho, la ira.

Azotada por la cólera y, al mismo tiempo, también por la exasperación, empleando ambos codos como único punto de apoyo, logró incorporarse levemente y rotar de posición. Una vez cumplida la misión, poseída descaradamente por una pesadez sin límites, se dejó caer contra el respaldo de los maltratados asientos y perforó con su rocío sangriento los diversos devenires de Shinso. Lo atravesó porque, en realidad, no tenía ganas de escrutar detenidamente sus dispersos entretenimientos. Tampoco de enfrentarlo.—Fósforo, lávate los oídos y escúchame con atención.—dictó, incapaz de dominar el deje malhumorado que sembraba el ligero resquemor de su perversa entonación. Entrecerró los párpados, agobiada hasta las trancas. Algo cabizbaja tratándose de ella, cruzó los brazos por delante del pecho a sabiendas de que, de aquella sugerente manera, lograría captar la escasa atención de aquella inestable gasolina a medio encender. ¿Riesgo de incendio? elevado. ¿Y de explosión? moderado. Apresó un irritado suspiro entre sus casi tiernos labios, elevando una pierna con resuelto ímpetu para poder pasarla por encima de la contraria; inspirando dominación, apoyó la coronilla contra la incómoda cabecera del carromato. Le pesaba, para qué negarlo, hasta el imaginario látigo con el solía flagelar el mundo a su alrededor; lo dejaría descansar.—Y mírame a la cara cuando te hable, ¿de acuerdo? tiene que quedarte muy claro lo que te voy a decir.—demandó con ensayada y corrosiva lentitud, acompasando la vehemencia del inclemente tono a su propia respiración descarriada.—Ese hombre, Ake, Aki, Aka, Bush, Bosh, Akebaca... agh.—se atragantó indefectiblemente, por lo que se vio obligada a realizar una inesperada pausa nada más comenzar el aburrido, pero necesario, sermón.—El Bonsái este, es lo que llevamos buscando todo este tiempo. No es una hormiga, ni un escarabajo, ni una rata; es, Fósforo, un perro.—vibrante de adventicia emoción, la zorra se inclinó hacia delante, buscando complicidad en la serpiente adormecida de Shinso.—Pero no un perro cualquiera, es el perro que queríamos. No la podemos cagar, ¿entendido, carbón?—y como con aquello creía que todo quedaba bien expresado, volvió a recostarse contra el ceniciento respaldo y le dio un par de escuetos golpes a la parte de madera que quedaba a su espalda.—¿Y esa puñetera tos, Bonsái? cualquiera diría que estás a punto de palmarla.—sonrió, henchida de una nueva locura. ¿Contenta? ¿ilusionada? ¿esperanzada? eso ya era mucho decir. Por el momento, ya estaban llegando.
Estadísticas:
  • Fuerza : 4
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 6
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 10
  • Voluntad : 10 – 3 = 7 :c
Chakra : 80
Inventario:
  • Bolsa de arcilla (2.5 Kg) — Colgada a un lado de la cadera.
  • 2 píldoras de soldado — En el bolsillo derecho.

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Shinso Sonozaki
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Shinso Sonozaki el Dom Mayo 27, 2018 9:10 am

Sangre Hervida
Shinso Sonozaki
País del HierroTetsu no YosaiPasado
Absolutamente cautivo de sus frenéticos desenlaces, el hecho de que todo hubiera terminado tan abruptamente a como fue engendrado no resulto más llevadero. La ilusión se hubo roto por completo, pero Shinso cayó al suelo preso de un temblor intenso, violento y apabullante. Aún podía sentir la carne desgarrándose del hueso, sus sentidos abrumados por la intensa oleada de terror, la soledad, la inquina... nada había terminado. Se llevó la zurda al rostro, ocultando su ojo cegado al mundo, con la mandíbula bien abierta de una bestia encolerizada que perdía el rumbo de sus pensamientos. Temeroso, le llevó más de unos segundos siquiera reponerse y para cuando pretendía en vano levantarse, halló más al alcance de su mano el trepar lastimosamente hasta uno de los respaldos de la carreta. Allí permaneció unos segundos, demasiado afectado, envenenado por las pérfidas ilusiones de aquel engendro que por nombre Akeboshi ostentaba. Shinso se acordaría de él por supuesto ¿Como no hacerlo? Era la denominación de una abominación tan nefasta como sí mismo, tanto quizás como Reika, y convencido de ello, tan seguro como su certeza en las llamas que agostan la carne del mundo.
Apenas podía escuchar a su Centella, aquella vorpal daga en la oscuridad que perfora las costillas, rompe un par de huesos, astilla la espina dorsal y baila furiosamente entre ellas. Levantó una mirada trémula con inusitada dificultad. Se halló roto, descompuesto sobre unas esferas hasta entonces inaccesibles. Tuvo que sonreír atrapado en aquellos vórtices espantosos; porque su negocio era el dolor infame, su vicio era la ciencia del fuego y el arte de la lengua incandescente. Antes lo había pensado, ahora estaba muy seguro de ello; su trabajo era meritorio.

- Ha hecho más que jodernos... podría habernos matado. - Añadía en un hilo de voz tambaleante, aún consciente, pero pugnando por así mantenerse. La violencia del viaje le hacía querer desfallecer, por semejantes ardides, terminó por enfundar el cuchillo en el cinto y agarrarse a la tela con toda la firmeza que pudo ofrecer con sus maltrechos brazos, dedicándole a Reika miradas alternas de ambigua atención. No era ninguna falta de respeto; pero Shinso se hallaba tan quebrado, consumido por aquel insoportable destino simulado, que apenas era capaz de sostener la mirada sin sentir el más hórrido de los pesos sobre su pecho. Hizo el esfuerzo, insuflado por una determinación suficiente, pero no del todo. Tan pronto como Reika le advertía sobre escucharla con expectación, sencillamente ladeó la mirada. Esa combinación exacta de palabras siempre le había causado un rechazo, prácticamente físico, con el que apenas quería lidiar en semejante estado. A punto de girarse, contempló un premio bien distinto ofreciéndose en su voluptuosa expresión bajo su pecho. Abrió su ojo de serpiente demencial con saña. Eran maravillosos, y a cada mirada y a cada roce que le ostentaban a Shinso le parecían incluso más perfectos. Preso de sus ensoñaciones, de sus fantasías eróticas y del infame deseo de huir de aquellos estertores en vida que lo poseían violentamente, Shinso decidió que aquellas indulgencias serían el sendero, tan pronto como se hubieron alzado, ya estaba tan atento como si el Sol estuviera estallando en pleno cielo.

- Si, si... a la cara. - Mencionó de pasada, reclinándose hacia atrás en su asiento de manera que quedara a una mayor distancia, y no se notase demasiado que aquella visión focalizada no era más que un engaño. Le veía la cara, claro, como parte de un todo. Pero estaba mas concentrado en aquel bamboleo sensual provocado por la carreta sobre sus almohadas de medianoche. Ahora se habria echado una siesta, y se preguntó si a Akeboshi le habría importado mucho esperar una o dos horitas. La segunda por supuesto, para despertarse. Comer algo, beber, ir al baño... que para él significaba mear en unos arbustos y quizás algo de danza horizontal violenta. Se le fueron las ganas de inmediato. Tal y como estaba, si hacía algo con Reika saldría muerto. Agitó la cabeza profusamente y prefirió centrarse en la conversación.

- Akeboshi, mi Centella. Pero Bonsai también es estupendo. - Mencionó a modo de fulgurante retirada. Mejor no llevarle la contraría, porque si él estaba en ese estado febril e invadido, no quiso imaginarse el genio de Reika en esos instantes. Enarcó las cejas, o al menos la única visible ante su discurso. Y si bien la figura del espantoso bardo se hallaba inconclusa, oculta tras las maderas y el movimiento de la carreta estuvo en un acuerdo inconfesado. Asintió tan solo, carraspeó y volvió a llevarse la zurda a la cabeza, tratando de que esta no se despegara del sitio. - Tal y como mandes, Centella. Aunque quisiera no podría ni caminar en condiciones. - Añadió en inusitada seriedad. Parecía algo fuera de sí, de todo su comportamiento. Sencillamente, ignoró la situación, volvió a reclinarse y comenzó a padecer los resultados de aquellos desmanes pasados con sufrido silencio. Que el viaje llegara, él no estaría preparado, pero cuando todo aquello hubiera pasado de largo; estaría encendido y listo para arder.
Estadísticas:
  • Fuerza : 10
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 10
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 5
  • Voluntad : 5 - 3 = 2
Chakra : 75
Inventario:
  • Tanto — En el cinto
  • Píldora de Soldado x1 — En un bolsillo


Última edición por Shinso Sonozaki el Miér Mayo 30, 2018 10:44 am, editado 1 vez

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Akeboshi Yoshio
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Dom Mayo 27, 2018 10:38 pm

Sangre Hervida
AKEBOSHI YOSHIO
País del HierroTetsu no YosaiPrimavera 7 DD
Alguna religión inventada debían seguir los locales para explicar tan magnánima construcción que constituía la entrada a la capital. La inmensa eternidad de muros y fábricas que decoraban el anillo exterior de la ciudad debían ser obra de algún mesías mandatario del acero, de poderes mágicos logrados con el agitar de un simple báculo. Otra cosa no explicaba temática tan perfecta y corrupta a la vez, del negro humano contra el blanco de la naturaleza. Tetsu no Yosai, como primera impresión, convencía a uno de haber emergido desde las profundidades del averno para ser embajada del mismo sobre la superficie. Construcciones alineadas y de similar atrocidad, compitiendo entre sí por quién emanaba la mayor cantidad de humo y hollín. Al cabo de un kilómetro del monótono pero sorprendente panorama, llegaron a una segunda muralla de exacto gris. Esta, a diferencia de la anterior, contaba con un portón grabado de altura inmensurable, pero abierto para el paso de los visitantes. La vigilancia no era tan cuantitativa como antes, pero sí más temerosa. Los hombres y mujeres que cual estatuas mantenían sus ojos en cada extraño, evocaban la idea de reales asesinos y verdugos. Por más inconsciente que uno se creyera, la sensación de poder ser degollado en una fracción de segundo era ineludible. Aun así, el improvisado conductor del carromato prevaleció a las intimidaciones, y atravesó el colosal arco entrando al anillo intermedio de la capital. En aquel debería encontrarse el objetivo.

¡Ya casi estamos! —anunció a sus pasajeros. Por un momento se sintió a gusto con el trabajo, considerándose capaz de abandonar la misión para adentrarse de lleno en el rol de chófer. En esa ciudad los clientes debían desbordar. Pero después se acordó de la música.

Una placa en una esquina anunció el nombre de la calle donde se ubicaba el establecimiento psiquiátrico, que por suerte era fácil de ubicar para un completo extraño a la gran metrópolis. Giró a la derecha, única dirección posible, y siguió aquel camino entre residencias de piedra y láminas de metal. Al par de minutos tiró de las riendas, deteniendo a los pobres animales. Dos golpes fuertes contra la madera del transporte intentaron enviar un mensaje a la pareja de innombrables.

Se habían detenido frente a un edificio tan creativo como una caja de zapatos. Cuadrado, incoloro, depositando todo su diseño en la superficie base del cemento que le dio vida. Pocas y pequeñas ventanas, todas con gruesos barrotes y vidrios rotos tras los mismos. Un leve derrame bordó en una que claramente representaba sangre seca. De techo plano completamente negro, y de chimenea apagada, para variar. Sus puertas frontales eran de hierro, como una imitación de las de la ciudad, aunque de dimensiones acordes para una persona. Frente a la construcción, un predio vacío que supuestamente se denominará jardín, de no ser por la falta de césped, árboles, o siquiera arbustos muertos. Solo más piso de cemento; una suerte de estacionamiento para carruajes, probablemente usados para el traslado de pacientes.

Frente a la fachada del lugar, un hombre calvo de bata blanca contemplaba el inmueble. Estatura promedio, delgado, lentes de cristales redondos, y prominente bigote canoso. Bajo la bata, más ropas de laboratorio, y calzado extrañamente deportivo. Cruzado de brazos, era custodiado por dos hombres armados con katanas y protegidos por armaduras ligeras. El trío nada hacía, más que esperar a los recién llegados.

¿Aló? —se anunció el músico, aunque claramente ya habían sido notados.

Buenos días, caballero —el de bata se giró encorvando su bigote y dando a suponer que estaba sonriendo. Comenzó a caminar hacia Akeboshi para tenderle la mano, y sus escolta le siguieron a cada lado—. ¿Ha venido por el anuncio?

Las pintas del artista eran más de obvias. Un pandillero cualquiera, de edad ya pasada para esas pobres prácticas. Por más que tuviese poco armamento, las agujas burdamente clavadas en el cuero de su chaqueta gritaban "mercenario de poca monta" a leguas.

En efecto, soy Akeboshi, y ellos vienen conmigo —extendió un brazo hacia atrás, señalando al par, dando un salto de fe y esperando que ya hubiesen abandonado el carromato—. ¿Entiendo que sus pacientes tienen rabia o algo así? No tengo problema en utilizar medidas moderadas, pero si en algún momento sentimos que nuestra vida peligra, tendremos que defendernos acorde.

¿Rabia? Hm, sí, podría llamarlo así. Les abasteceremos con suficiente antídoto, así que por favor, intenten no lastimarlos demasiado. No todos son agresivos, y necesitamos realizar estudios posteriores —suplicó juntando las manos, mientras uno de sus escolta elevaba un maletín. Akeboshi atendía de brazos cruzados, no queriendo repetir lo que acababa de decir—. Yo soy Ageru, director de la investigación que estábamos haciendo antes de que esto se saliera de control. Les proporcionaré unas jeringas de fácil uso, que simplemente deben clavar en los pacientes y presionar un gatillo. En tan solo un segundo la dosis se inyecta; no hace falta demasiada. Cada jeringa tiene dosis para diez personas, y son veinte pacientes en total, así que debería sobrarles.

El hombre a la derecha abrió el maletín, mostrando los utensilios. Poseían un mango similar al de una ballesta, con un tubo encima de diez centímetros de largo. En la punta del mismo, una larga y gruesa aguja de la misma longitud. Los tubos estaban llenos de una solución color carmín, realmente opaca. Akeboshi tomó uno, aunque no le gustaba andar con las manos ocupadas; ni siquiera una.
Estadísticas:
  • Fuerza : 4
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 20
  • Espíritu : 30
  • Concentración : 30
  • Voluntad : 30
Chakra : 101
Inventario:
  • Mateki — Colgada al cuello
  • Lanzador de Agujas — En antebrazo izquierdo
  • 15 Senbon — Clavadas en 3 hileras de 5 en la solapa izquierda de la chaqueta
  • 4 Bombas de humo — 2 en cada bolsillo del pantalón
  • Sello explosivo (1 usado) — plegado cual pañuelo en el bolsillo del pecho de la chaqueta
  • 3 Alambres ninja — Que cuelga enrollado del cinto cual látigo
  • 2 Píldoras del soldado — También en el bolsillo de pecho
  • 2 Mecanismos ocultos con kunai — Bajo ambas mangas de la chaqueta
  • Comunicador — En oído derecho

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Reika Oshiro
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Reika Oshiro el Miér Mayo 30, 2018 9:32 am

Sangre hervida
Oshiro Reika
País del HierroTetsu no YosaiPasado
Si Tetsu no Yosai realmente hubiera representado un nexo de unión con el infierno, tal vez, Reika habría demostrado (o, al menos, fingido) un mayor interés hacia el despliegue industrial que se extendía, de pronto, ante el indolente carmín que se desangraba dentro de su mirada. Apática, inaccesible en el desidioso bastión de sus perversas maquinaciones, la zorra se recostaba contra una de las esquinas del desvencijado carromato y probaba a aguijonear con las pupilas cualquier detalle negro que fuera captando en pleno movimiento. El juego, por supuesto, no era difícil; ni siquiera mínimamente entretenido. Una ciudad construida a base de metal, hierro y hollín estaba obligada (o, más bien, indefectiblemente predestinada) a existir revestida siempre en obsidiana. Y si a alguien no le gustaba la tan improvisada como  puñetera silogía, que se jodiera vivo.

O muerto, tanto le daba. Chasqueó la lengua con sonoridad, amenazando -o, tal vez saludando- a todo aquello que estuviera a punto de extinguirse aplastado bajo la suela de sus gruesas botas; es decir, por ahora, al suelo. ¿Y más tarde? según tenía entendido, estaban a punto de enfrentarse a un puñado de inmundos desquiciados que, en su inevitable locura, ni siquiera habían sido capaces de dar un golpe de Estado en condiciones; el personal directivo del puto psiquiátrico, desde luego, no podía esperar que el número de bajas fuera a mantenerse en cero. No cuando se trataba, precisamente, de ellos. Entornó los párpados con saña, perforando la nueva calle por la que doblaban en completo silencio; tan absorta se encontraba Reika dentro de sus idílicas pesadillas, que ni siquiera se había parado a pensar detenidamente sobre la inusual seriedad que, contra todo pronóstico, acababa de representar(porque sí, Reika prefería creer que la había fingido a que aquella irredenta severidad pudiera estar habitando, somnolienta, y al acecho en alguna de sus perturbadas neuronas) el normalmente inquieto y travieso Shinso. Esperaba que a la cizañera gasolina, por arte de magia, no le diera por querer volverse alguna clase de aburrido biocombustible. A ella no le daba la gana de renunciar a la toxicidad por un poco de estabilidad.

Finalmente, el improvisado (y, para qué negarlo, eficiente) cochero anunció que habían llegado a su turbador destino. O, al menos, al más inminente. Aún ligeramente irritada por el inesperado episodio anterior, Reika apretó la mandíbula con vehemencia, queriendo contener las ansias de contaminar, destrozar y explotar que le acribillaban, a ratos, las sienes. Cerró sendas manos enguantadas, deseando, tal vez, que hubieran estado desnudas para poder enterrar las uñas dentro de su propia carne; desgraciadamente, no todos los deseos se hacían realidad. Mucho menos así, por casualidad. Se pasó la lengua por los incisivos superiores, cruzó (o, más bien, chocó) una hórrida mirada con Shinso y abrió la puerta que daba al exterior sin ninguna gana de mediar palabras inservibles, desprovistas de utilidad, con endiosados amantes de las investigaciones peligrosas (cuya efectividad, por cierto, ya había quedado más que humillada al perder el control de un irrisorio tropel de enfermos mentales con tanta droga en sangre que, seguramente, ya fueran más la substancia en sí que personas). U hormigas, mejor dicho. Así pues, desalentada, abandonó el vehículo de la única manera bien conocida por Reika Oshiro para dejar clara su inapetencia: de un humor de perros de tres pares de cojones. Al tocar tierra, restalló la nieve descolorida bajo la suela de sus botas, anunciando caos; o, como mínimo, descontrol. Confiando a duras penas en que el contraproducente Shinso no se extraviaría por el camino (tal vez, atrapado por algún detalle minúsculo de la fachada o bien maravillado ante la estructura raticida de la vetusta edificación), siguió de cerca los pasos del puñetero 'magnate de la flauta' pervirtiendo en su desastrada imaginación cualquier sonido que este produjera: por ejemplo, ¿un crujido en el terreno? evidentemente, el chasquido de uno de sus huesos al quebrarse, al partirse y al doblarse. Se estremeció tras él, venenosa. Por suerte, el altamente inflamable carbón que la alimentaba no dispondría de demasiado tiempo para perturbadas y variadas ensoñaciones; el comité de bienvenida que los esperaba, frente a la puerta, no resultaba nada alentador para su malhumor. Entornó la mirada, exasperada. Menuda mierda.

Antes de que pudiera entreabrir los labios para introducir ella misma al séquito que la acompañaba, Akeboshi, seguramente sólo por joder, tomó la iniciativa. Gruñó, a la defensiva. Hizo chocar el tacón de su añejo calzado contra el empedrado que conducía al edificio, irritada. Ellos vienen conmigo. Tres palabras habían bastado para terminar de arruinarle el ánimo. ¿Lo peor de todo? que ni siquiera se atrevió a alzar la voz para contradecir los descarados desplantes del músico alelado. Escupió al suelo, permitiendo que el portavoz del centro se explayase cuánto quisiera en el atrevido cometido que el discordante terceto tenía que llevar a cabo; de primeras, se le hizo condenadamente fácil. Cargante, incluso.

¿A qué nivel de agresividad han llegado los 'pacientes' como para que ni siquiera podáis poner un triste pie en la clínica?—doble ataque, por joder. Entrecerró los párpados, henchida por la desidia, y perforó con la mirada la angosta envergadura del edificio, reparando, por supuesto, en las muescas de sangre reciente (y no tan reciente) prendidas a los, al parecer, resistentes cristales de las ventanas.—Si nos muerden, arañan, escupen o violan, ¿nos pasará algo? ¿y si se lo hacemos nosotros a ellos?—cuestionó con palpable desinterés, antes de dar por zanjada la ronda de preguntas y aproximarse al maletín tendido. Extendió la zurda y, poniendo cuidado de no pincharse sin querer, agarró la central.—Y si, por accidente, nos clavamos esta mierda, ¿qué ocurrirá?—¿precavida? temeraria, más bien.
Estadísticas:
  • Fuerza : 4
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 6
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 10
  • Voluntad : 10
Chakra : 80
Inventario:
  • Bolsa de arcilla (2.5 Kg) — Colgada a un lado de la cadera.
  • 2 píldoras de soldado — En el bolsillo derecho.

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Shinso Sonozaki
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Shinso Sonozaki el Miér Mayo 30, 2018 10:43 am

Sangre Hervida
Shinso Sonozaki
País del HierroTetsu no YosaiPasado
Todavía desecho y hecho un ovillo parcial y decadente a un lado del carromato, Shinso pugnaba por mantenerse consciente por el trauma anterior. Por lo general, seguía un ciclo de pensamientos libre, pero que constituía un patrón evidente a cualquiera que pudiera acceder a él. Esperaba que con ellos su mente se dispersara en los senderos de la estupidez y la ignorancia de modo que no fuera consciente del trauma que había soportado hacia no mas de unos minutos. Quizás horas, y esa confusión tan nefasta le hizo sabe que en cierto sentido, al menos había funcionado para hacerle matar el tiempo.
Desde llamas furibundas que bailaban al unísono, al torso desnudo de Reika y en ocasiones ambas cosas al mismo tiempo. Utilizaba su ristra de recuerdos para sobrellevar aquella situación de espanto y demencia azorada, recordando, rememorando situaciones de hórrido esplendor agostado. Quizás esa piel debía arder con mayor intensidad, ese fuego debía envenenarse con la ponzoña del pelo humano o esa traquea aplastarse de un pisotón. El chasquido que pronto recordó le transmitió un sonoro escalofrío que lo hizo trastabillar en el sitio y entonces, sus pulmones se llenaron de un olor bien conocido. Hollín, fuegos industriales, hornos espantosos que a la fuerza el mundo transforman. Esgrimió una mueca de curiosidad infantil y se dirigió con estrépito hacia la puerta trasera del carromato, asomándose para contemplarlo con sus propios ojos.

Gloria en la tierra. Un fragmento de algún paraíso sobre una sucia montaña de blanco que pareció mostrarse ante su único ojo viperino. Perfectas líneas rectas que vomitaban humo como lanzas negras hacia un cielo maltratado, hórridas estructuras de ideales pretendidos; pura eficiencia industrial. Shinso sonrió tan espantosamente como solía hacerlo, viéndose de pronto arropado por aquellas estructuras que le flanqueaban, que le impedían ver el mismo cielo y que incluso tornaron a las blancas nubes invernales en corruptas y deformes muestras del obrar humano. Volvió a inspirar inflamado por aquella visión tan espléndida. Donde muy seguro se hallaba de asegurar que no habría horno sin llamas prendidas, hogar donde no vibrasen los fuegos domados y donde el cielo pudiera verse claro y prístino. Se sintió entonces, agradecido de hallarse donde estaba. El sitio era estupendo para veranear.
Suspiró con anhelo y volvió al carromato visiblemente mas contento de aquel viaje. Le valió unas imágenes gloriosas, un sentido maravilloso de reafirmación y el sentir que había un hogar entre el humo y las llamas. Se imaginó viviendo en aquella capital vetusta y ominosa. Con su propia fábrica de llamas, sus propias docenas de chimeneas y quizás un negocio enfocado a la quema de vagabundos. Lo deliberó profundamente, como si ello fuera algo terriblemente rentable. Pensó, que por supuesto, la gente necesitaba los zapatos de los vagabundos y no a ellos. Asintió plenamente convencido. Algún día tenía que ponerlo en practica, aseguraba.

Un par de golpes sobre la carreta y el recuerdo de qué demonios había venido a hacer le hicieron volver en sí. Lo alejó de sus ensoñaciones de vagabundos haciendo cola por un bocadillo para recibir un ladrillazo en la nuca y una visita carnal a los fosos de cremación, pero era hora de volver al presente. Dejaría su plan de jubilación aparcado unos instantes. Aún estaba preparándose para levantarse cuando su Centella ya estaba dispuesta a salir y oía a Akeboshi bajarse del carro. Pronto se detuvo, consideró un par de situaciones y quiso corresponder los desmanes del flautista macabro de alguna forma ¡Una buena presentación! Convino... ¿Pero como mostrar una buena impresión? Debía ser contundente, por supuesto. Y apremiado por esa tarea y viendo como Reika salía del carro como las personas, él decidió hacerlo de una forma bien distinta. Agarró su cuchillo del cinto, se incorporó de un salto y rasgó profundamente la tela en el techo, para después dar un salto y emerger desde el agujero a pleno grito desgarrador y absurdo. Todo ello enfundando antes el cuchillo, por supuesto.

- ¡Me ha parido un carro, por Dios! ¡Aahahaa! - Gritaría como un poseso desvencijado, con el semblante contraído por algún dolor terrible y espantoso importado de un universo lejano y horrible. Todo ello, tuvo que hacerlo justo cuando Akeboshi los presentaba como simples “añadidos” a la escena y por supuesto, acto seguido de aquellos gritos espantosos se ladeó a un lado fuera del agujero. Pensó en terminar con alguna suerte de voltereta esplendorosa, pero antes siquiera de considerarlo rodó torpemente por el carro hasta darse un buen golpe contra el suelo asustando a ambos caballos en el proceso, que ya estaban completamente aterrados por los gritos anteriores. No satisfecho con toda aquella escena e ignorando deliberadamente todo lo que se hablaba se levantó como si nada hubiera ocurrido. Se limpió la nieve prendida de su ropa con una serie de golpes repetidos y fulgurantes. Poco después, se dirigió al escenario con el rostro serio de quien nada había hecho. - Buenas... - Dudó un instante no sabiendo exactamente la hora que era, pero siendo tarde para retractarse se arriesgó. - … mañanas. Supongo. - Carraspeó sonoramente y desvió la mirada hasta tratar de encontrarse con la de Akeboshi a su derecha, guiñándole el ojo y extendiendo el pulgar hacia arriba con el puño cerrado. De veras consideraba que había sido una presentación asombrosa. - Alto ahí... compañero. - Extendió el brazo hasta alcanzar una de aquellas agujas gigantescas para empuñarla con cierta ligereza. Como quien agarra una cuchara de palo, mismamente. - ¿Y podemos inyectarlas donde sea? En... ¿En un ojo por ejemplo? ¿En plena garganta? ¿Los huevos valen? ¿Y si me trago lo de dentro sin querer me muero o me convierto en un hombre-polilla con tendencias racistas? - Se detuvo un instante como si de pronto toda esa efusividad muriera en un chasquido, prendido por la visión de aquel hombre con bata blanca. - Joder, ese bigote es la hostia ¿Lo peinas... usas algo? Es la leche, en serio... ¡Bueno! - Volvió a gritar de forma estridente desviando la mirada hacia la puerta de hierro que hacia de entrada a las instalaciones. - ¿Vamos o qué? -
Estadísticas:
  • Fuerza : 10
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 10
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 5
  • Voluntad : 5
Chakra : 75
Inventario:
  • Tanto — En el cinto
  • Píldora de Soldado x1 — En un bolsillo

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Akeboshi Yoshio
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Miér Mayo 30, 2018 8:45 pm

Sangre Hervida
AKEBOSHI YOSHIO
País del HierroTetsu no YosaiPrimavera 7 DD
El característico ruido de un cuchillo cortando lona le obligó a voltearse, siendo completo espectador del acto del joven Fósforo. No evitó soltar una risa, y conociendo el valor de aquel gesto, también aplaudió unos segundos. Todo artista, y en especial los magos de cumpleaños, se merecían el mayor reconocimiento posible en sus infelices vidas mediocres. Aunque por más que intentara levantar los ánimos del ambiente, los pasos pesados de la muñeca asesina mataban la alegría en un instante. Llegados ambos jóvenes junto a él les dedicó una sonriente mirada, no captando en absoluto el guiño del tuerto, que no era más que un pestañeo para quien no estuviese en sus pensamientos. El científico, sin embargo, mostró un total repudio facial. Rápidamente se arrepintió de poner su petición de trabajo en la aldea de los criminales y psicópatas, entendiendo de mala manera lo cierto de los rumores. Eso no alteró su discurso en todo caso, permitiéndoles con muchas dudas armarse de las jeringas con gatillo.

En primera instancia atendió las inquietudes de la chica, que comenzó con cierto nivel de cordura.

Suelen correr contra uno, lanzar manotazos, y a veces hasta morder. Nos estábamos encargando nosotros mismos, hasta que sufrimos una inesperada baja y tuvimos que retirarnos —bajó el tono a uno de pena—. Concluimos que sería mejor no escatimar en recursos, y dejar el tema a los expertos.

Por supuesto que los expertos no parecían serlo para nada, aseverando esa sospecha en el cliente con la siguiente ronda de preguntas condimentada por la dulce voz de la muchacha, que para nada combinaba con su sombrío semblante.

Ehm... no les pasará nada... relacionado a la patología en cuestión —frunció el ceño, confundido—. ¿Y por qué ustedes...? —comenzó a preguntar, pero concluyó que no tenía caso. Mejor dejarlos ser. La última pregunta, sin embargo, le incomodó un poco, provocándole que se rascara un lunar la calva—. El antídoto que cura el ataque de violencia no les haría nada, pero está acompañado de un fuerte alucinógeno que actúa por media hora, aproximadamente, hasta que la cura en sí hace efecto. Esto quiere decir que los pacientes que inyecten no quedarán inconscientes, sino muy perdidos y confundidos. Les recomiendo no mantenerse cerca de ellos incluso habiendo aplicado la dosis, a menos que pase más de media hora.

Viró su atención finalmente a Shinso, también con cara de asco. Aunque si bien su pregunta era mayormente incoherente, tenía sentido el cuestionar las zonas óptimas de aplicación.

Pueden inyectarlo en cualquier músculo —acentuó—, aunque lo mejor sería el cuello; donde hace más rápido efecto. Y no entiendo por qué lo tragarían, pero produce el mismo efecto, sólo que más leve y duradero.

Akeboshi mientras tanto estaba harto de las preguntas y la información. Si querían usar los testículos de un paciente como bolsas de té en una taza con antídoto, a él le daba igual. Simplemente quería entrar al recinto, dejar a todos culo al norte, y salir con una buen saco de dinero. Por eso la pregunta final del niño pirata le iluminó el rostro, y relajó los hombros como quien abandona la tensión acumulada en treinta años. — Vamos — asintió, y comenzó a dar pasos en reversa hacia el laboratorio antes de girarse para tener viento en popa. Con la zurda cargó aquella herramienta médica transformada en armamento, y con la diestra sujetaba su instrumento musical transformado en lo mismo. A menos que encontrara un buen sitio donde guardar la medicina (no le preguntaría a la mujer del grupo, sabiendo su respuesta), se vería desprovisto de su arte para lidiar con los simios en batas de hospital.

Esperando ser seguido, alcanzó el portón de hierro grabado. El mismo había sido trabado con una barra del mismo metal atravesada frente a él, calzada en el umbral de cemento como si ese método de cierre hubiese sido premeditado. El hombre de ciencia, que le había seguido por la mitad del camino antes de plantarse en el sitio, le sopló la respuesta.

Debe correrla a la derecha —explicó en voz alta, cinco metros atrás.

¿Cómo un rollo de papel higiénico?

El bigotudo no halló respuesta, pero el músico había comprendido. Con la única mano libre comenzó a tirar de la barra, ubicando su cuerpo del lado derecho, y la misma se deslizó como si en su extremo oculto por el cemento tuviese ruedas. Con algo de esfuerzo la insertó por completo en la pared, revelando un picaporte antes oculto por la traba. El castaño miró detrás suyo, corroborando los rostros de la chispita y su fuego de artificio, antes de girar el picaporte y abrir la puerta hacia el exterior.

Por dentro, oscuridad, aunque no absoluta. Una luz titilante en la mitad de un pasillo develaba un corredor de muchos metros de largo—difíciles de discernir-con puertas a los lados cada par de metros. Nadie a la vista, y el silencio era incomodante. No muy fanático de la situación, se quedó ahí de pie.
Estadísticas:
  • Fuerza : 4
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 20
  • Espíritu : 30
  • Concentración : 30
  • Voluntad : 30
Chakra : 101
Inventario:
  • Mateki — Colgada al cuello
  • Lanzador de Agujas — En antebrazo izquierdo
  • 15 Senbon — Clavadas en 3 hileras de 5 en la solapa izquierda de la chaqueta
  • 4 Bombas de humo — 2 en cada bolsillo del pantalón
  • Sello explosivo (1 usado) — plegado cual pañuelo en el bolsillo del pecho de la chaqueta
  • 3 Alambres ninja — Que cuelga enrollado del cinto cual látigo
  • 2 Píldoras del soldado — También en el bolsillo de pecho
  • 2 Mecanismos ocultos con kunai — Bajo ambas mangas de la chaqueta
  • Comunicador — En oído derecho

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Reika Oshiro
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Reika Oshiro el Sáb Jun 02, 2018 10:13 am

Sangre hervida
Oshiro Reika
País del HierroTetsu no YosaiPasado
No habría aplausos para Shinso por parte de Reika: mucho menos, ovaciones. Aunque le había pedido que se comportara dentro de lo que era posible para alguien como él, su orden (porque sí, nunca había dejado espacio para negociar términos y condiciones) parecía haber caído sobre un balde vacío antes de llegar siquiera a rozar la deficiente memoria de la gasolina a medio encender. Chasqueó la lengua y, por si su humor de perros no fuera lo suficientemente monstruoso de por sí, a la bola de billar se le dio por hacer lo que le era más afín a su irreverente clase. Hablar a medias, arrastrando todas y cada una de las pesadas palabras articuladas y, lo que era peor, poniendo excesivas anotaciones donde uno, a priori, consideraría innecesario hacerlo. Así, en menos de tres putos minutos, la zorra, alardeando de instinto animal (o, más bien, bestial) sacó en claro tantas cosas que, por un momento, paladeó la posibilidad de mandar la empresa a la mierda y usurpar el carro del sonámbulo para volverse a casa. ¿A casa? bueno, a lo que quiera que fuera Yukigakure para ella. Sin embargo, supo de inmediato que no podría llevar a cabo la irredenta fantasía por más ganas que tuviera; eso sí, si decidió quedarse, por más que le pesara a algunos, no se debió a esa clase de incongruente sentido del deber que tantos otros criminales en la aldea manifestaban hacia los inmundos trabajos que les encomendaban.

Fue cosa, tal vez, de Shinso. Le dirigió una mirada tiránica y, en el fondo de aquel iris viperino, le pareció encontrar una sombra de ilusión; hacía mucho tiempo que no le sacaba de paseo, y aquello la hacía sentir una mala dueña. Una dictadora terrible, casi inhumana. Además, a su manera, parecía estar trabando con el recientemente bautizado como Bonsái una curiosa relación, si no agradable, ligera, al menos.

Entornó levemente su único párpado visible y, con ensayada lentitud, le devolvió el foco de su visual principal al supuesto hombre de ciencia. Agh, qué ganas le entraban de hacerle tragar su propio bigote ardiendo a cada tonada pronunciada. Se pasó la lengua por los incisivos superiores, emponzoñada hasta la médula. ¿No se merecía un pedazo de carne cruda como compensación por aguantar tanto tiempo sin mandar al contratante callar la puta boca? se estaban perdiendo las referencias. Cambió el peso de una pierna a otra, impaciente, aburrida e irritada. Que no concretara de qué coño iba la 'baja inesperada', la enturbió; que hablara de que no se infectarían de la patología 'en cuestión', la exasperó. Aquel juego de dobles sentidos la hacía sentirse, valga la redundancia, doblemente enfurecida. Al menos, la explicación de los efectos concretos del supuesto antídoto fue, como mínimo, correcta. Sosteniendo el delicado instrumento entre sus enguantadas falanges, Reika soñó con la posibilidad de inyectársela en vena al calvo de los cojones para ver más de cerca cuán ciertas eran sus afirmaciones; cómo no, tuvo que reprimir sus bienaventurados instintos primarios. Desgraciadamente, no siempre podía hacer lo que le viniera en gana.—Un potente alucinógeno, ¿eh?—repitió con lentitud, tomándose su tiempo para procesar todo lo que aquella información podía significar para ellos. Cruzó otra mirada escarlata con Shinso, esperando encontrar un arrojo de complicidad en aquel ojo de costumbres danzantes; no esperó demasiado antes de decidir seguir al autoproclamado líder de la compañía en dirección al portón de hierro que presidía, de manera negligente, la entrada al infierno de los perturbados mentales.

El miedo estaba de más, así que no lo invitó a la reunión de sentimientos encontrados que se acababa de organizar, inesperadamente, en la boca de su infecto estómago. Chasqueó la lengua, empañada su mente por la posibilidad de que Shinso terminara sacándose su único ojo bueno con aquel utensilio del demonio; correr con tijeras en la mano, para el inflamable combustible, era una manía irremediable. Y, aunque estuvo a punto de pedirle amablemente (dentro de lo que cabía en ella, claro estaba) que le diera su jeringuilla para guardársela por su propio bien, ante el panorama que Akeboshi abrió, se vio obligada a cambiar de proceder.

¿Qué cojones?—masculló entre dientes, incapaz de concebir un escenario más desolado que aquel que se les presentaba en aquellos momentos. Apretó la mandíbula hasta hacerla crujir, incómoda por la ausencia de movimiento en el interior del grotesco edificio. Faltaba vida: o, lo que era prácticamente lo mismo, locura desatada. No recordaba haber oído por ahí que los retrasados mentales, precisamente, se caracterizaran por quedarse quietecitos en una esquina. Consternada, pero nunca asustada, le tendió el utensilio que ella misma portaba al hombre más joven del grupo.—Agárrala un momento.—rezongó, sembrada por la hosquedad, mientras maquinaba su siguiente movimiento.Bonsái.—llamó entonces, queriendo concederle unos cuantos instantes de quietud a su fósforo para que procesara cuanto estaba a punto de tener que soportar.—Si necesitas urgentemente la otra mano para aliviar tus ganas de música y hacer lo tuyo...—enfatizó con descarada osadía, buscando, por supuesto, jugar ella a los doble sentidos.—... dale la mierda esa a Fósforo.—concluyó, mordaz. Una vez se viera con ambas extremidades libres de cualquier clase de obligación, la zorra trazaría un único y sórdido sello; el área se expandiría ante ella, y las sombras que, a su alrededor yacieran, se verían obligadas a cobrar forma ante su incontestable rastreo de hambrienta cazadora. El lobo no estaba para jugar al escondite con Caperucita.
Estadísticas:
  • Fuerza : 4
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 6
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 10
  • Voluntad : 10
Chakra : 80 – 20 = 60
Inventario:
  • Bolsa de arcilla (2.5 Kg) — Colgada a un lado de la cadera.
  • 2 píldoras de soldado — En el bolsillo derecho.
Técnica:
Kenshutsu (検出, Detección)
Es la técnicas más simple y básicas de los sensoriales, aunque una de las más fáciles de aprender, es bastante importante y vital en combate. Esta habilidad le permite al usuario tener la capacidad de sentir el chakra de todos los individuos presentes dentro de un radio de alcance determinado, logrando conocer la ubicación casi exacta de ellos cuando se esconden o preparan jutsus. Requiere algo de concentración y un sello a dos manos mientras permanecen inmóviles.
ALCANCES:
RANGO C: Hasta 250 metros a la redonda.
RANGO B: Hasta 400 metros a la redonda.
RANGO A: Hasta 600 metros a la redonda.
RANGO S: Hasta 1000 metros a la redonda.
CONCENTRACIÓN:
Normal: Avanza 50 metros a la redonda por turno hasta llegar a su alcance máximo.
Buena: Avanza 75 metros a la redonda por turno hasta llegar a su alcance máximo.
Muy buena: Avanza 100 metros a la redonda por turno hasta llegar a su alcance máximo.
Talentoso: Avanza 150 metros a la redonda por turno hasta llegar a su alcance máximo.
Virtuoso: Avanza 200 metros a la redonda por turno hasta llegar a su alcance máximo.
Extraordinario: Avanza 300 metros a la redonda por turno hasta llegar a su alcance máximo.
Leyenda: Avanza 500 metros a la redonda por turno hasta llegar a su alcance máximo.
Postura de manos: Caballo
Consumo: 20Ck activar y 12Ck mantener.

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Shinso Sonozaki
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Shinso Sonozaki el Sáb Jun 02, 2018 6:34 pm

Sangre Hervida
Shinso Sonozaki
País del HierroTetsu no YosaiPasado
Alzó la vista rompiendo al instante toda atención depositada en el hombre calvo y extravagante. Observó los cielos ennegrecidos por el humo, los delgados y supervivientes copos de nieve revoloteando atrapados en un calor insoportable. Sus cuerpos pronto dejarían de ser lo que fueron. Arderían en pleno cielo, sin llamas que lo consumieran, sin más cenizas que agua evaporada o demasiado ínfima para contemplarse. Torció el gesto para volver de nuevo a la conversación. Sin mucho interés en todo lo que se decía a sus alrededores, Shinso se limitó por entero a encogerse de hombros con una ceja arqueada y un gesto de evidente despreocupación. Para cuando fue consciente de la respuesta ofrecida por aquel hombre del bigote, contempló a Reika dedicándole una de aquellas miradas picarescas y llenas de voraz e infame deseo indispuesto. Se sintió halagado, incluso se habría atrevido a decir que se ruborizó. Terminó por acercarse hasta quedar muy cerca de su oído.

- Hm... Centellita mía. Ahora no. Luego nos damos lo nuestro. - Susurró, evidentemente, no supo de que demonios se trataba todo aquello y cada vez le importaba mucho menos. Abstraído en aquel carro que le engendró de mala manera y en los cielos profanados, poca atención le brindaba a los simples hombres. No era precisamente por alguna clase de sentimiento abstracto, elevado o alguna presunción de vanidosa divinidad. Sencillamente nada de eso le interesaba lo más mínimo ¿En su haber? Habría entrado con el fuego clamando entre sus dientes, con la garganta hinchada de sangre y condena. Habría quedado solo el edificio y el carbón resultante de vidas al completo. Se sintió decepcionado en realidad, de no haber sido contratado para otros menesteres. Chasqueó la lengua al ver que la atención general se centraba hacia la entrada del edificio.

En cuanto Akeboshi lo dispuso, se giró hacia la entrada y caminó con paso alegre, al par que vivaracho al tiempo que blandía aquella aguja con empuñadura como quien balancea un palo sin más sentido. Percatándose de ello, decidió enfundarlo como buenamente le fue posible en la zona lumbar por supuesto, con la aguja hacia el exterior de su ropa. Quizás luego... debían jugar un poco con aquellas dosis. Enarcó la ceja de inmediato en un arrebato de intelecto inextinguible cual farolillo prendido en plena feria ¿A eso se refería Reika? Y lejos de importarle un culo de rata afeitado, siguió adelante torciendo el gesto en un ademán nuevamente, despreocupado.

Un abismo de oscuridad informe, simples sombras que rehuyeron al luz de un día marchito en cuanto el hierro dejó de resultar un impedimento. Tuvo que sonreír, sintiendo el fuego comenzando su sonata, sus venas impulsadas por la sangre caliente. Inspiró, y pudo oler al hollín impregnando el aire, al sabor derramado sobre su paladar a humanidad repugnante. Y aquella luz trémula, desafiante y desagradable. Antes de que una simple chispa emergiera de sus fauces, una nueva aguja se le presentó ante sí. Sabiendo de los deseos posteriores de Reika, probablemente afanados en una noche extravagante de alucinógenos y sexo desenfrenado, tomó lo que ella quiso sin muchos miramientos.

- ¿Un regalo? - Preguntó algo ingenuo para llevar de nuevo la aguja al mismo lugar que la suya propia salvo que un poco más hacia un lado. Dejó que de nuevo, su Centella refulgente dominara la situación como a ella bien le convenía. Se encogió de hombros y dio un paso adelante, inclinándose hacia un lado de una forma algo retorcida, aunque cómica en cierto sentido. - Hm... ¿De qué está hecho el edificio? Vigas, paredes, mobiliario... no de madera intuyo. Los putos retrasados terminan astillándola y haciéndose dañito en las boquitas babeantes ¿Acero? Fingiré que si. No dijeron nada de mantener las instalaciones impolutas. - En un sorprendente tono que rozaba la cordura y la interesada atención a sus materias, Shinso volvió a incorporarse cruzándose de brazos para acto seguido, extender su diestra ofreciéndose a cargar con la aguja de Boshi, el Bonsai Furibundo. Esperó unos instantes antes sonreirle de la forma más espantosa y forzada que uno pueda imaginarse. Con la mirada descompasada, los labios irregulares y quizás con un macabro gesto torturado. Dando por hecho que la sostenía, o no, volvió a encarar el negro sepulcral, ya libre de aquella parodia profanada de sonrisa, gracias a los cielos. - ¡Centella! - Entonó de inmediato. - ¿¡Que ven tus ojos de zorra mala!? -
Estadísticas:
  • Fuerza : 10
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 10
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 5
  • Voluntad : 5
Chakra : 75
Inventario:
  • Tanto — En el cinto
  • Píldora de Soldado x1 — En un bolsillo

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Akeboshi Yoshio
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Mar Jun 05, 2018 6:53 pm

Sangre Hervida
AKEBOSHI YOSHIO
País del HierroTetsu no YosaiPrimavera 7 DD
En un arrebato de valentía, Akeboshi se internó en el pasillo con apenas dos pasos. Volteó la mitad superior de su cuerpo esperando apoyo, para ver casualmente a la amarga mujer entregando su aguja al maniático, que bien podría haber sido un paciente—como todos ellos realmente. Y en pos de liberar las dotadas manos del artista, le sugirió lo mismo a él, al Bonsai, enseñando el filo de una nueva cara en la siempre oscura mujer.

Oh, ¿ahora te preocupas por mi comodidad? —cuestionó risueño— Gracias, pero tengo ganas de hacerlo más interesante. Después de todo, los pobres locos no tienen flautas; o bueno, eso creo. De tenerlas, sí será justo.

Elevando un positivo pulgar al tuerto, agradeció pero rechazó su predisposición de simple lacayo. Aquella energía fogosa, sin embargo, debía tener mucho más potencial que cargar las molestas inyecciones. Además, estas últimas, por más armatoste que las consideraban, terminaban siendo la herramienta clave para cumplir el encargo. Una alternativa era dejarlos a todos inconscientes con bonitas ilusiones suyas, pero no tenía ganas de cansarse tanto. Valga la redundancia, pues ¿quién las tiene?

Ansioso por continuar la marcha, golpeteó la punta del zapato un par de veces en el suelo de cemento, impaciente. Chispita se ponía a meditar en plena entrada, como si no hubiese nada mejor que hacer; aunque por la pregunta de su supuesta pareja algún sentido oculto poseía aquel rito. — Zorra mala — repitió agraciado el músico en un susurro, y aguardó respuesta.

Pero no serían los ojos de la canina aquellos testigos de las sorpresas tras puertas de metal, sino su mente, o ese cosquilleo especial que indescriptiblemente le señalaba direcciones cual brújula compuesta por el vello de los brazos. ¿Veinte había dicho el científico?, pues veintiséis respuestas obtenía. Dos de ellas exactamente a su lado y justo frente a su ser, siendo sus compañero. Otras tres por detrás, en el exterior, siendo el calvo y compañía. Las restantes estaban desperdigadas por el predio con una formación calculada, mas errática. Se enfilaban en una grilla de cinco presencias de profundidad por cuatro de ancho, separados por cinco metros entre cada uno, pero con alineación algo desviada en más de un sentido. Y en un caso, en la esquina derecha más lejana, eran dos las señales que llamaban la atención de Reika. Todas se movían, vibraban, rebotaban, y de vez en cuando invadían espacio vecino por un par de segundos antes de regresar a su posición inicial. Todas menos aquella de sobra en la lejanía. Ninguna firma espiritual se comparaba a la del trío, siendo simples civiles salidos del molde, con ciertas fallas de fábrica.

Ansioso, el músico quitaría la mirada del par de jóvenes para clavarla en el fondo del pasillo. Era difícil calcular su largo, más que nada porque culminaba en penumbras, pero tenía seis puestas equidistantes entre sí, a cada lado de su tenebroso espacio.
Estadísticas:
  • Fuerza : 4
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 20
  • Espíritu : 30
  • Concentración : 30
  • Voluntad : 30
Chakra : 101
Inventario:
  • Mateki — Colgada al cuello
  • Lanzador de Agujas — En antebrazo izquierdo
  • 15 Senbon — Clavadas en 3 hileras de 5 en la solapa izquierda de la chaqueta
  • 4 Bombas de humo — 2 en cada bolsillo del pantalón
  • Sello explosivo (1 usado) — plegado cual pañuelo en el bolsillo del pecho de la chaqueta
  • 3 Alambres ninja — Que cuelga enrollado del cinto cual látigo
  • 2 Píldoras del soldado — También en el bolsillo de pecho
  • 2 Mecanismos ocultos con kunai — Bajo ambas mangas de la chaqueta
  • Comunicador — En oído derecho

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Reika Oshiro
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Reika Oshiro el Miér Jun 06, 2018 6:40 pm

Sangre hervida
Oshiro Reika
País del HierroTetsu no YosaiPasado
Aunque sus ojos de zorra mala de poco sirvieron contra las gruesas paredes de hormigón que los rodeaban, su instinto animal (o, más bien, bestial) sí que le resultó de gran y, a lo mejor, excesiva  ayuda. Teniendo en mente diabólicas distancias, desojadas presencias, discordantes movimientos e incongruencias varias, tratando de hacerse con la mayor parte de los muchos detalles que atravesaban su espiritual campo de visión, Reika estuvo a punto de volverse tan loca como los allí internados; decidió, a regañadientes, mandarlo todo a la mierda. Sin embargo, la pregunta de Shinso, merecía ser correctamente contestada. A fin de cuentas, hasta se había tomado la molestia de llamarla por su verdadero nombre. O, al menos, por uno que se ajustaba vagamente a su identidad.—El rastro vira rumbo nor... sur...—chasqueó la lengua, ofuscada, y deshizo la influencia que irradiaba con muy poca mañana o aprecio.—No tengo ni puta idea de hacia dónde estamos orientados, así que lo diré a mi manera.—enunció, intransigente, mientras apretaba la suela de sus gruesas botas contra el pavimento desolado y atravesaba con el látigo de sus iris un punto indefinido del pasillo abandonado.—Hay retrasados mentales repartidos por todo el jodido edificio: se mueven casi siguiendo patrones, se retuercen sobre su posición como gilipollas y, seguramente, también se mean encima mientras hablamos.—se pasó la diestra por la cara, apartándose un rosado mechón mal ubicado de delante del rostro y tomando la delantera del avance sin pararse a cruzar ni una sola palabra con el perro-bonsái. No fuera a creerse, de nuevo, que estaba siendo amable con él.

Ah, mierda.—apenas había dado dos pasos hacia delante, y ya estaba deteniéndose para señalar con un ademán de la zurda el fondo del macabro corredero; concretamente, hacia el lateral derecho.—Por ahí, en cambio, hay un par de puñeteros perturbados que ni siquiera pestañean; me dan ganas de morderles la yugular sólo para oírlos gritar.—masculló entre dientes, conteniendo las frenéticas ganas de pasar de largo por delante de la primera puerta a la izquierda e ir directamente a aplastarles la cabeza a las almas en pena del último cubículo visto para sentencia. No obstante, logró reunir la templanza suficiente como para domar al instinto (o al salvaje anhelo, más bien) y desplazarse hasta quedar frente al primer portón encontrado. Ladeó el rostro, inspeccionando la cerradura. Aunque llevaba por mordaza un cerrojo del tamaño de una cabeza de rata disecada, no le parecía que hubiera sido utilizado recientemente; en todo caso, el óxido alrededor del mismo le dejaba claro que, de medidas de seguridad, aquel centro entendía -o necesitaba- poco. Deformó la comisura de los labios en una sonrisa sin fondo y, un instante después, tras pasar la punta de los dedos por encima del enmohecido cierre, les dirigió un ligero chasquido como único llamado a sus compañeros de jauría.—Al parecer, no saben, o no son capaces, de abrir puertas.—evidenció, apenas alzando con la diestra enguantada la herrumbrosa herramienta para, luego, dejarla caer nuevamente contra la vejada puerta negra.

El ruido, aunque leve, reverberó alrededor del enclaustrado pasillo igual que un eco insípido escupido por el mismísimo diablo; Reika saludaba al infierno, esperando resultados. O, mejor aún, amenazas de muerte.—O, a lo mejor, es que no tienen las uñas tan largas y los huevos tan grandes como para abrirse paso a arañazo limpio.—se burló, descarada, queriendo seguir tentando a la suerte. En lugar de probar a desvelar el misterio, la zorra mala le propinó una patada desatada a la obtusa superficie; ¿le harían, así, caso los atormentados drogadictos? ¿o eran desequilibrados mentales? ¿desorientados octogenarios abandonados por hijos que ya estaban hasta los cojones de aguantarlos y habían querido sacarse unas monedas a su costa? la verdad, ni se acordaba. Tampoco le importaba. Propinó un último golpe al portón, asegurándose de que los inquilinos se hallarían bien despiertos, y retrocedió un par de pasos hacia atrás, altanera.—Bonsái, ¿y si entras tú primero? te veo ansioso por abrir camino e inspeccionar el terreno. Hasta te he hecho el favor de anunciarle a los bichos tu llegada: no hace falta que me des las gracias.—se pasó la lengua por los labios, perforando al dueto con la sombra de su carmín escarlata.—Lo hago encantada.—o, más bien, por joder.
Estadísticas:
  • Fuerza : 4
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 6
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 10
  • Voluntad : 10
Chakra : 80 – 20 = 60
Inventario:
  • Bolsa de arcilla (2.5 Kg) — Colgada a un lado de la cadera.
  • 2 píldoras de soldado — En el bolsillo derecho.

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Shinso Sonozaki
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Shinso Sonozaki el Miér Jun 06, 2018 9:18 pm

Sangre Hervida
Shinso Sonozaki
País del HierroTetsu no YosaiPasado
Ante aquella podredumbre en forma de oscuridad sin nombre Shinso trastabillaba. Temblaba, se revolvía en su piel sintiéndose arder con la misma intensidad que una pira funeraria. Sentía las ansias, el hambre de unas llamas sobre sus entrañas que refulgían con la violencia de un combate descarnado. Sangre caliente inundaba sus órganos, empapaba sus vísceras y le impulsaba a caminar, perderse entre la oscuridad... iluminarla por siempre. Hacerle sentir a todo cuanto a su alrededor dudaban el como las llamas no lo harían un instante. Desquiciado, dejó escapar un bufido de exasperación. Ansioso, famélico de la sangre caliente derramada, del fuego purgador de existencias, de rastro por cenizas refulgentes. Motivado por las maldiciones de su Centella, por sus pasos sobre aquella oscuridad, por Akeboshi dubitativo entre lo perceptible y lo imposible. Y Shinso masticaba, paladeaba la tensión de una espalda torcida por la expectación. Frotaba los dedos de la diestra entre sí, abandonado a la visión de las tenebrosas sombras que por palabras de Reika; se hallaba poblada de víctimas.

Retrasados, miserables, dementes, vagabundos, nobles hombres, mujeres e infantes que pululaban sin destino por aquellas habitaciones. Era fuego, lo que ansiaban sus carnes sin saberlo. Llamas profundas, cercanas y cálidas mas allá de todo afecto propiciado por el falso humano; ello susurraban sus huesos cautivos de una condición ignominiosa. Tragó saliva. Su corazón palpitaba con fuerza, su pecho reverberaba a cada impulso del terrible horno. Apretó los dientes y la sed se tornó insoportable.

- Pronto... - Susurraba en un vano intento por acallar sus entrañas de aquel fuego que tanto deseaba libertad, de aquellas fibras empapadas en un furor hedonista por el gusto de la violencia. - Pronto... - Repetía de nuevo, en un dogma recién importado que pretendía lograr lo que una vida de restricciones humanas no hubo conseguido. Unas cadenas quebradas de un control inexistente yacían en un lugar de nadie; siempre ardiendo, siempre asfixiante. - Pronto... - Volvería a repetir una última vez en un susurro apócrifo y personal. Caminando con paso distraído, con un temblor apoderado de su zurda y una diestra en firme agarre de la nada. Furia, ira, espantosa resolución de violencia desencadenada. Quería entrar en aquellas habitaciones, romper la mandíbula de aquellos repugnantes dementes, arrancarles los dientes a patadas y obligarles a tragarlos. Que fueran las astillas de sus propios huesos los que rasgaran su garganta, su sangre la que inundara sus pulmones... y su fuego quien le acogiera en sus momentos finales. Aspiró con profundidad, tratando de mantenerse cuerdo entre aquellas ensoñaciones. Pero eran delicia difícil de ignorar, y su cuerpo templo de profanación inmisericorde. Era una pugna perdida en su dantesca definición; sintiendo un nuevo impulso recorrerle la mandíbula, pronto fue él quien quiso hundir sus fauces en el cuello de alguno de los objetivos. Rió, inconscientemente, abandonado al delirio.

Un golpe de Reika le sirvió de advertencia ante el furor que se avecinaba. Cercana a ella tan solo por unos pasos, se obligo a tragar saliva. Erguía su cuerpo entonces acechando las entrañas oscuras de aquel sendero cuyo candado de hierro herrumbroso bloqueaba su acceso. Maldijo, blasfemó y contuvo un aullido de desgarradora impotencia. Una nueva frase de Reika, un nuevo escalofrío que recorría su cuerpo en una vertiente de profanada calidez. Sentía su boca sedienta, su garganta ardiendo en las brasas de un fuego clemente. Se descubrió a punto de saltar, a tan solo un impulso de abalanzarse sobre una presa inexistente que ciego ante su único ojo de serpiente enloquecida, no sabría identificar. Un último golpe sobre la puerta, un candado que no parecía resistente en exceso. Y justo cuando su Centella hubo finalizado su desafíos insalubres... el fuego triunfó sobre el hombre, las llamas sobre la carne, el furor irrevocable por bestia.

Un bufido de esfuerzo ensombrecido, una llama auspiciada por la oscuridad persistente y Shinso, se arrojó sobre aquella puerta en una carga precipitada e inflamada de un hambre insoportable. Apenas sobre dos pasos su cuerpo impactó contra la puerta, el candado oxidado trastabillaba por última vez en un chasquido que auguraba su deceso y con Shinso en aquella habitación; la locura se hizo carne.

En aquella misma carga sulfurosa no solo abrió la puerta con el desgarrador aullido de una bestia enardecida, lejos de contentarse con ello el primer miserable en la oscuridad, babeante, confundido y malogrado recibió el primer asalto. Se abalanzó sobre el mismo, lo derribó contra el suelo sin percatarse ni de su rostro ni de su condición. Enfurecido, hambriento de violencia devastadora, apenas se hubo recuperado del impacto se erguía sobre la presa convulsionada entre gritos irregulares que a poca inteligencia inspiraban. Un golpe, un derechazo sobre su rostro, y lo que creyó oír como una nariz quebrándose con hervor.

- ¡Cabrón! - Gritaba, y un nuevo golpe reafirmaba el insulto. Un par de recién llegados miserables parecieron querer apartarlo, quizás morderlo y cuando uno de sus brazos pareció rodear a Shinso, fueron sus fauces las que devolvieron el favor. Un aullido de dolor, un tironeo y sangre derramada sobre la bestia henchida de llamas. Se revolvió aún sobre el escuálido oponente sin rostro otorgado por ninguna luz. Se zafó de aquellos asaltantes y haciéndose con una de las agujas prendidas a su espalda, lanzó un culatazo en lo que creyó, sería el pecho de uno de aquellos que en ayuda acudieron. Libre de sus ataduras, hundió la aguja con saña en el pecho de quien bajo él se encontraba. Forcejaba, gritos deshumanizados parecieron acompañar a la acometida y Shinso susurraba, siseaba, para luego gritar junto al miserable de una forma muy distinta y desgarrada. Apenas unos instantes, esos gritos se tornaron en balbuceos, y Shinso desviaba la mirada hacia los lados en busca del resto. - Ocultos en la oscuridad... salid, salid. Soy luz en vuestras vidas, sangre en vuestros pulmones ¡Venid que os bendiga! -
Estadísticas:
  • Fuerza : 10
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 10
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 5
  • Voluntad : 5
Chakra : 75
Inventario:
  • Tanto — En el cinto
  • Píldora de Soldado x1 — En un bolsillo

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Akeboshi Yoshio
Renegado C

Re: [Misión C - Pasado] Sangre Hervida

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Jue Jun 07, 2018 9:40 pm

Sangre Hervida
AKEBOSHI YOSHIO
País del HierroTetsu no YosaiPrimavera 7 DD
No podía negar el viejazo que tenía encima hace tiempo, pues disfrutaba tomando a la ligera los severos traumas portados por los más jóvenes de Yukigakure. Aquel sitio era un vertedero de inadaptados sociales (lo sabía de primera mano), y tras tanto tiempo conviviendo con los mismos, sus patologías se tornaban más que normales. Chispita y Fórforo eran originales, eso no se los negaría, pero a fin de cuentas seguían dentro de la misma bolsa que él y todo el resto. La bolsa de los desechables, más abajo que los iracundos pacientes del manicomio. Porque a estos últimos, al menos, unos cuantos calvos de bigote los querían con vida.

Será un pla- —llegó a decir ante la invitación de la dama, pero abruptamente interrumpido por el jabalí que arremetió de lleno contra la puerta. Como cañón disparado abrió la misma de par en par, rebotando esta con su pared del otro lado, y cerrándose de un portazo ante el pasaje del tuerto. Akeboshi se lanzó adelante rápidamente, y volvió a abrir la puerta—como se debe-para atestiguar al rabioso joven forcejeándose con un intento de persona. Se encontraba en una suerte de habitación del hotel más barato, la cual del lado opuesto de la puerta no tenía pared, sino barrotes. Estos dividían el "dormitorio" de otro contiguo, separados por una puerta de las mismas barras de hierro. La puerta divisoria sin embargo se encontraba rota en sus bisagras, y de allí emergió el otro ser al auxilio de su trastornado vecino.

Uno de los dos hombres que se acercaron al chico combustible fue, en efecto, el músico. Corrió para alcanzarle al mismo tiempo que el enfermo que intentaba aprovecharse de su ataque al tumbado en el suelo, para alejar de una patada a ese segundo atacante. Como agradecimiento se llevó un ataque de su propio compañero de misión, aunque la aguja rebotó en las senbon que el artista llevaba en el pecho, como notas de un xilófono. Dejando de lado el descontrol del muchacho, aquel sonido le agradó, y tendría en cuenta para más tarde.

¡Soy yo petardo! —alertó a Fósforo antes de que decidiera repetir el ataque, luego de que clavara con furia la aguja en el paciente tumbado. Aquel efecto alucinógeno no tenía mucho sentido si los dejaba en coma antes de aplicar la dosis, pero quién era él para juzgar.

El segundo paciente había sido impulsado contra los barrotes, por lo que su sombría silueta revelaba. Akeboshi corrió hacia él los cinco metros de profundidad que tenía la habitación, y de su muñeca izquierda sacó por arte de magia un kunai oculto. Con el mismo bloqueó un manotazo lanzado por la persona, clavando la hoja del mismo en la palma contraria, y en combinación clavó la propia jeringa directo en la garganta del esperpento. Este hizo gárgaras con algunas gotas de antídoto que se filtraron desde los músculos del cuello hacia su esófago, antes de caer mareado al suelo. De un tirón el castaño reclamó su pequeña daga negra, y con una patada en la quijada dejó inconsciente a la segunda víctima.

Siguiente puerta —dijo, viendo que más allá de los barrotes y la habitación contigua no había más camino.

Entre jadeos caminó de vuelta al pasillo inicial. Allí el eco de gruñidos y gritos de cabras locas comenzaba a resonar. A los residentes de aquel establecimiento parecía no agradarles la visita, algo que demostraban con ruidos de golpes y rasguños en las puertas de metal. No todas tenían candados; de hecho, solo una minoría. Si alguna neurona permanecía intacta en sus cerebritos, nada garantizaba que no fueran capaces de abrir una puerta ellos mismos.
Estadísticas:
  • Fuerza : 4
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 20
  • Espíritu : 30
  • Concentración : 30
  • Voluntad : 30
Chakra : 101
Inventario:
  • Mateki — Colgada al cuello
  • Lanzador de Agujas — En antebrazo izquierdo
  • 15 Senbon — Clavadas en 3 hileras de 5 en la solapa izquierda de la chaqueta
  • 4 Bombas de humo — 2 en cada bolsillo del pantalón
  • Sello explosivo (1 usado) — plegado cual pañuelo en el bolsillo del pecho de la chaqueta
  • 3 Alambres ninja — Que cuelga enrollado del cinto cual látigo
  • 2 Píldoras del soldado — También en el bolsillo de pecho
  • 2 Mecanismos ocultos con kunai — Bajo ambas mangas de la chaqueta
  • Comunicador — En oído derecho

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