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Larva | Entrenamiento Semanal |

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Larva | Entrenamiento Semanal |

Mensaje por Luger el Miér Mayo 16, 2018 5:44 pm

Larva
Luger
País de la LunaGetsugakure no SatoEntrenamiento
Unos trescientos gramos de sulfurosa voluntad nos separan de la muerte, nos insufla violencia en los brazos, nos engrandece, nos inflama e incluso es el producto de toda la inquina de una vida, de todo el amor, del malestar, el sosiego y el horror indescriptible. Tan solo un peso menor a medio kilogramo supone la delgada línea entre lo que es y lo que fue. Aquello podía resultar cómico, miserable, quizás triste pero ahí estaba en su gloria sin fanfarria, en su estar sin ornamentos; un corazón humano.

- Doscientos noventa y siete gramos. - Aseguraba en aquella balanza rudimentaria, metálica por el bien de la desinfección, oxidada por azares del desinterés. Aquella noche de primavera, Luger decidió requerir un permiso de acceso a las morgues de la aldea, una petición sincera a cambio de un trabajo desagradable y sórdido que muy pocos estaban dispuestos a ejecutar. Pavorosos de un temor antiguo como es el transgredir las barreras de la carne, sostener las mismas tripas en la mano y contemplar nuestro rostro sin máscara adaptada; tan solo un joven estudiante se encargaba de aquel hospital militar en la zona oeste de la aldea. Aunque tardaron semanas en permitirle el acceso a aquellos establecimientos no había motivos reales para denegarlo ¿Que había que malograr? ¿Acaso debían temer el extravío de algún cuerpo miserable nunca reclamado y a duras penas nombrado? Le permitieron hacerlo bajo el pretexto de poner a prueba sus componentes, estudiar anatomía, refrescar los contenidos de una carrera mortecina apenas practicada. A todo punto curioso, el arquitecto resultó ser también doctor, médico, hombre de sanación y dantesco conocimiento anatómico.

Una noche de luna radiante, estrellas acusatorias y sombras espantosas fue el escogido para la consumación de su trabajo. Y presto, había acudido al lugar acordado, firmando en cada impreso y asegurando su buena fe de trabajo y progreso en pos de una nación desesperada en avances en los campos de la sanación. Contando con el escaso interés que despertaba aquella morgue olvidada de un hospital desvencijado regido tan solo por un estudiante tan siniestro como él mismo, aunque de forma bien distinta, Luger no obtuvo ninguna negativa. Así pues, risueño pero procurando no mostrarlo en excesiva libertad, se aprestó al trabajo requerido. Tuvo que cambiarse en cierta forma con el objetivo de mantener los hórridos fluidos lejos de su ropa; esa prevención era un detalle agradecido. Luger se dio por satisfecho con un par de guantes de cuero largos hasta los codos, seguidos de una bata espantosamente blanca, de tela gruesa que alcanzaba hasta pocos centímetros por debajo de las rodillas. Un guiño al espejo dio la orden de salida; el trabajo esperaba.

- ¿Tengo que considerar que has venido solo a esto, Luger? - Preguntó Heike, el hombre encargado de llevar adelante aquel proyecto de clasificación y estudio rutinario. Gafas redondas, pelo rubio arreglado de forma escrupulosa y un singular sentido de la limpieza le presentaron como un hombre melindroso, gris y tan adusto como parecía. Contrario al pensar habitual, Heike era una persona cuyo control variaba entre lo asombrosamente inexistente y el furor inclemente. La razón por la cual se hallaba destinado de por vida en aquellos parajes de frío, piel ahogada y ojos sin respuesta tenía motivos. De sobra.
Se hallaba transcribiendo cada dato de importancia, apoyado en una mesa al otro lado de la habitación, que por grande, quizás tendría unos quince metros cuadrados y en su centro, una enorme superficie metálica donde el afortunado de la noche era el objeto de sus atenciones. Bajó la vista y apuntó los datos requeridos.

- Como de costumbre, Heike. Sabes mas de mí que yo mismo. Claro que no he venido solo a jugar a los médicos fracasados contigo. - Heike levantó la vista al instante, sintiendo la punzada como toda una bofetada, pero antes de que la situación resultara mas dantesca, Luger volvió a intervenir. - Te traigo esto, amigo mío. - Resaltó antes de desatar una ira innecesaria. Para sin limpiarse las manos tras haber extirpado un corazón al uso, se dirigió al zurrón que trajo consigo, haciendo salir un tarro transparente. Sin etiquetas, sin mas distinción que aquel color blanco mortecino. Una suerte de compuesto mas lívido que la sangre, no tanto como el agua, que presentó sobre la superficie metálica con un sonoro estruendo del cristal besando al metal. - Es justo lo que hablamos la última vez, Heike. Es el compuesto para embalsamar, importado del archipiélago del sur y modificado por estas manos. - Presentó sus manos entre ambos hombres haciéndolas girar como quien expone un anillo de compromiso, solo que en lugar de oro de ley y promesas de devoción, no había más que sangre coagulada y pastosa.

Heike se repuso, soltó de inmediato la libreta y vestido de igual forma que Luger, se abalanzó sobre el frasco con parsimoniosa atención. Encandilado con el encargo consumado, lo sostuvo frente a una mirada anegada en matices de fascinación, asombro y espantosa genialidad. Luger tuvo que contener su ilusión, porque si bien Heike podía dar una sensación de perversión inconfesable, era algo que le encantaba sobre él. Sencillamente, era tan real que asustaba; era justo lo que debía hacer.

- ¿Y qué dices que hace? ¿Es justo lo que me contabas en tus cartas? Es... ¿Lo que habíamos comentado? - Luger se alejó con el caminar de un feriante que capta la atención de su necio público, para volver despreocupadamente al cadáver de la noche. Se trataba de una mujer joven, de pelo negro, ojos que un día fueron azules pero que hoy parecían de un profundo cielo nocturno, de aquellos que asfixian y roban el aliento ¿Su deceso? Hallaron su cuerpo flotando entre las aguas residuales del canal. Sin familia, sin hijos ni nombre en este mundo extraño y solitario. Nada que pudiera reconocerla, nada que pudiera decirles quien era. Luger dudó solo un instante antes de embutir su mano en chakra e incidir en su piel azulada por la falta de oxígeno ¿Era acaso la compasión de un hombre conmovido? ¿La incorruptible aprensión de un cuerpo abierto desde el abdomen hasta el pecho con los hedores insoportables de un cuerpo moribundo expuesto? Sencillamente, no sabía por donde empezar, así pues lanzó un resoplido de conformismo y realizó una abertura desde el inicio del muslo hasta la rodilla. Abriendo la piel y la horripilante orquesta de músculos secundadas por tendones hasta que el hueso se reveló como una nuez abierta.

- Conserva, neutraliza y es un elemento corrosivo abrumador. Yo mismo en su modificación estuvo a punto de perder la cara solo con abrir el tarro. - Aquel aviso hizo que Heike apartara el rostro de inmediato, marcado por un peligro hasta ahora desconocido que la ilusión de un avance no le permitió advertir hasta entonces. Luger extendió la zurda, al tiempo que su diestra vacilaba entre aquellos órganos buscando el fémur de aquella mujer sin éxito. Dio gracias al trabajo de embalsamador de Heike, al menos a sus intentos ¿Y ese compuesto? Sería un regalo sincero de un profesional a otro. Heike terminó por ofrecerle el tarro, al tiempo que se acercaba a la escena y apartaba las fibras musculares por sí mismo, revelando el hueso ennegrecido bajo ellas. - Bien, es un producto potente. Se supone que se aplica sobre un cuerpo desprovisto de órganos, de eso que los pescadores llaman en su cruel conjunto; “tripas” y nada más. Así pues, el material óseo... - Mencionó con tono lóbrego, al tiempo que depositaba el tarro en la superficie de metal, de nuevo provocando el beso del cristal contra el metal, para abrirlo con sumo cuidado, desatando un nuevo hedor al que tendrían que acostumbrarse. Apenas un ínfimo chorro sobre sus huesos, y pronto, su piel se contrajo, sus músculos se secaron y sus huesos parecieron tan puros como el marfil mas remilgado.

- Así que... ¿Es un producto para embalsamar? ¿Como los taxidermistas? - Preguntó Heike, observando todo el escenario como quien asiste a una función didáctica para algún colegio simplista.

- Es su primer cometido, desde luego. El propósito concreto es el poseer un producto que limpie la piel, que acabe con toda impureza y contraiga la carne. Mis modificaciones lo han hecho mas espeso, mas costoso para trabajar y quizás algo engorroso. Supone un adelanto aunque no lo creas. El objetivo primordial es conseguir que este engendro... - Señaló con la mano abierta al cadáver abierto, azul y ciertamente, horripilante. - ... pueda ser tratado, conservado y dejado fuera del espectro orgánico. Esto, Heike, es el comienzo de un proyecto prolongado. Aún es inadecuado, aún es inestable, pero te confío a ti mis avances, amigo. - Ambos se apartaron del cuerpo, para hacer entrega de aquel frasco, con un Heike emocionado y un Luger a embriagado por aquel legado grotesco a la muerte artificial, a la vida fingida y pronto, una sonrisa de complicidad se intercambió a modo de agradecimiento.

- Levántala, trae el hilo y la aguja. Antes del amanecer la quiero entera. - Anunció Heike con la ilusión galopando entre sus sílabas. Luger respondió con una diligente reverencia y prestos, se dispusieron al trabajo.

El cometido fue arduo, complejo y absolutamente insoportable para quien su estómago no es capaz de sobreponerse. Horas de trabajo, de dedicación invertidas al complejo proceso de extraer los órganos ya inservibles por la falta de vida en ellos. Afeitaron su cabeza, la desposeyeron de las uñas y en poco tiempo anegaron su cuerpo con el compuesto, lo fijaron con paletas metálicas, puesto que estas no podian corroerse. Pronto, tras toda una noche de desvelos y trabajo silencioso; no hubo cadáver reconocible.

No hubo felicitación alguna, como tampoco ningún trabajo completado. Aquel engendro de piel pálida, tanto que resultaba profano, yacía inacabado. Calvo, desprovisto de dientes, incluso de ojos en sí mismo; era una cruel abominación. Su piel pareció artificial, su rostro contraído por los vapores, cerrado en cada orificio, cosido desde el pecho hasta las caderas; era el trabajo arduo de un par de embalsamadores por así denominarlo. Se marcharon ambos a la mañana siguiente, Heike escribió cada detalle, como debía y en su registro señaló profusamente los avances ¿Y el progreso en sí mismo? Toda una noche de despiece, ensamblaje, tortura sin gritos ni víctima. Una clase contundente, sin duda.

“Nuevos métodos de conservación y preservación de cadáveres: Muerte artificial” citaba a pié de página.


lugerfirma

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Re: Larva | Entrenamiento Semanal |

Mensaje por Kuroda Yukimura el Jue Mayo 17, 2018 12:16 am

TEMA CERRADOPuntos otorgados a Luger.

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