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Gloriosa Aldea [Pasado]

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Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Kazashi Furukawa el Miér Jun 06, 2018 7:33 pm

Gloriosa Aldea
Kazashi Furukawa
País del RayoKumogakure no SatoPasado
Sabías que habías hecho algo realmente mal cuando tu propia instructora creía que le estabas gastando una broma. ¿Lo peor (o, mejor dicho, más doloroso) del asunto? que Kazashi se estaba esforzando más en aquel torpe encuentro que en todos los años que había pasado procrastinando en la academia. De pronto, echaba de menos las muchas primaveras desperdiciando el tiempo frente a la ventana, preguntándose qué sería de ella en un futuro no muy cercano, pero tampoco demasiado lejano como para no soñar con él. Ahora, se daba cuenta de que tendría que haber pasado aquellos fugaces momentos, precisamente, preparándose para ese día en concreto; pero uno no podía volver a recorrer por primera vez la senda del pasado, así que no le quedaba más remedio que respirar hondo, enderezar la postura y apartar la mirada con cierta reticencia a decirle la verdad a su estrellada superiora. Esperaba que, más adelante, le concedieran una medalla o algo a la recluta más sincera del año; o a la más echada para adelante, al menos. A decir verdad, sólo quería algo que colgar junto al horrendo cuadro que tenía su padre aguijoneado contra la pared de su habitación.

Llevaba tanto tiempo sin querer mirarlo a la cara, que ni se acordaba de qué iba la abstracta creación. Creo que reflejaba una crítica fiel de la sociedad de hoy en día... o una nutria amamantando a un tejón. Cuando ganara un premio con el que tapar el cuadro, lo redescubriría.—Conozco muchas buenas bromas, de veras... pero, esta vez, iba en serio.—articuló, ligera, mientras continuaba pasándose disimuladamente la zurda por las magulladas posaderas. Ganar unos instantes de vida, lo llamaban algunos expertos. Lamerse las heridas, lo apodaba ella. No había terminado de difuminarse del todo la marca del impacto, cuando las siguientes instrucciones de Yatori le arrancaron un quejido de puro terror psicológico. El instinto era sabio y muy previsor, por lo que mandaba a sus conexiones neuronales señales de huida incluso antes de que la situación de peligro llegara a culminarse; qué maravillosa podía resultar la biología humana, ¿verdad?

¿Cinco kilómetros?—repitió con lentitud, a medida que la impertérrita oficiala continuaba soltando una retahíla de ejercicios que Kazashi no se sentía ni capaz de enumerar correctamente.—¿Cincuenta abdominales?—pestañeó innumerables veces, retrocediendo un paso de pura impresión.—¿Cincuenta flexiones?—a la tercera se cansó, y ya no pudo ni continuar manifestando asombro de lo agotada que se encontraba. Acababa de jugarse la vida por subir a un árbol y, ahora, ¿esperaba que le quedaran fuerzas en la sangre para continuar correteando de un lado a otro? formó una línea recta con los labios, comenzando a ser plenamente consciente de lo que, de ahora en adelante, significaría volar bajo la eminente y admirable ala de Yatori Hoshino. Soltó el aire retenido en sus malogrados pulmones con lentitud, acortó distancias con la honorable mujer y se inclinó hacia delante profundamente.—¡E-Entendido!—no las tenías todas consigo, pero, al menos, trataría de no quedar demasiado por los suelos frente a ella.—¿Cómo sabré cuándo he recorrido los cinco kilómetros?—interrogó, rauda, mientras se reincorporaba con falsa energía y probaba a menear las piernas en busca de defectos adquiridos durante la caída. Los congénitos seguían ahí, pero, de nuevas magulladuras, no había ni rastro. Te quedas sin excusa para librarte de esta, Kazashi. Sentía cómo se le iba la fuerza por la boca, sin duda; porque sí, respiraba por ahí como si hubiera nacido sin nariz o algo por el estilo. Desinflada antes de comenzar, le dirigió una mirada esperanzada a la tan impertérrita como terrorífica institutriz; de haber existido, la señorita Rottenmeier se habría echado a temblar frente a su gesto impasible.—¿No quiere trotar conmigo? le contaré un chiste, prometido.—aseveró, al tiempo que giraba sobre la punta de los talones y echaba a corretear por las inmediaciones a un ritmo inconstante, que más recordaba al de una mascota liberada que a una militar en pleno entrenamiento.—Si no quiere venir, al menos avíseme cuándo me toque hacer los... ¿cuarenta abdominales eran?—claro que sabía que eran diez más, pero, oye, por intentarlo, no perdía nada. O sí, probablemente.
Estadísticas:
  • Fuerza : 01
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 03
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 03
  • Voluntad : 03
Chakra : 73
Cosas:

Estado de Kazashi
—Todavía un poco resentida por la caída, pero, oye, ¡lista para correr!
Chakra al 100%: Descansada y en perfectas condiciones. Puede pelear con todas sus facultades físicas.
inventario:
Bandana de Kumogakure no Sato — Anudada en su cuello.
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Yûgen Hotaru
Renegado B

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Yûgen Hotaru el Miér Jun 06, 2018 9:23 pm



Los gestos de aquella joven mostraban simplemente incredulidad, su asombro y terror era fácilmente reconocible en cualquier lugar, me le quedaría mirando confusa ante su actuación, después de todo ella había aceptado mis términos, no entendía por qué sorprenderse de semejante manera, —Todos ejercicios te ayudarán, para cuando debas pasar la prueba de fuego de ganarle a un oso usando solo tus manos. — expresé con indiferencia y encogiéndome de hombros, mi voz sonaba sin alteraciones, mi rostro continuaba inmutable lo que daba certeza de que mis palabras eran bastante sinceras, — Y no te preocupes, debo trotar contigo. Te darás cuenta que has recorrido una distancia importante cuando te desmayes. — confesé al ver el enclenque aspecto físico que tenía la muchacha, una simple carrera  de más de tres kilómetros la dejaría sin aliento y probablemente fuera de combate. — Si deseamos trabajar como equipo debo acondicionarte bien.— expresé con completa naturalidad — Aunque como te dije, habrán días que estaré en la capital real, así que debes prometerme que aunque no me encuentre aquí, cumplirás con la rutina o de lo contrario tu esfuerzo será en vano. — sugerí con completa confianza, si la chica se preparaba bien seguramente podríamos alcanzar cualquier cosa juntas, lograr misiones importantes y ganar la suficiente fama como para dirigir otra clase de expediciones.

— Ah sí, ya que trajiste tu Calabaza y debes siempre llevarla contigo…— comenté cruzada de brazos admirando a la chica — Tendrás que realizar el trote con toda tu indumentaria, así que será un poco más complicado, pero al menos será divertido. — obviamente no tenía una buena percepción de lo que se refería la diversión, — Recorreremos toda la zona boscosa del área de entrenamiento, ten cuidado con las ramitas y raíces, son brutalmente asesinas. — confesé para comenzar a estirar mis músculos, doblaba las piernas, estiraba los brazos, me estiraba hacía arriba, hacía los costados, subía y bajaba, dándole tiempo a la menor de que buscara sus pertenencias para emprender el recorrido por el bosque, así terminaría de realizar mi evaluación preliminar de lo que debía corregir la joven para estar a la altura de una verdadera militar de la aldea.

— Irás delante. Comienza cuando estés lista, en esa dirección. Y no te preocupes, no se me olvidarán los cien abdominales — señalé el sendero que había abierto entre los frondosos árboles, todo el sendero era arenoso, rodeado de la arboleada, hojas caían, aves cantaban, una escena hermosa para llevar al límite el cuerpo, hacer que toda esa debilidad se convirtiera en dolor y abandonara el cuerpo de cada una de nosotras, claramente la distancia a recorrer sería menor por el peso adicional que llevaba la Genin, pero no se lo diría para evaluar su perseverancia y resistencia.

Stadisticas:

  • Fuerza : 30
  • Resistencia : 30
  • Agilidad : 30
  • Espíritu : 62
  • Concentración : 60
  • Voluntad : 30
Chakra : 222

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  • Daikiri x1

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Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Kazashi Furukawa el Jue Jun 07, 2018 12:31 pm

Gloriosa Aldea
Kazashi Furukawa
País del RayoKumogakure no SatoPasado
De pronto, algo terminó de encajar en la oscura cabecita de Kazashi. No, no fue el haberse vuelto a equivocar cuando apenas llevaba tres zancadas mal recorridas. No, tampoco tuvo nada que ver el hecho de tener que añadirse peso de más sobre los hombros por, como solían proclamar los adultos, su propio bien. Y aunque la directa referencia a un desmayo le arrancó un suspiro de pavor (o, como mínimo, de inminente horror), no fue esa la circunstancia que obligó a sus abandonadas neuronas a, después de tanto tiempo, ponerse a pensar. Se quedó en silencio, estática de espaldas a la estrellada superiora, mientras trataba de atar los cabos; las pistas, los indicios que llevaban ya un buen rato delante de sus narices.—¿Divertido? sí, sí, por supuesto.—articuló, abstraída, mientras procedía a obedecer como una descarriada autónoma las 'normas' del juego establecidas por Yatori. Enganchó su pobre y poco utilizado Daikiri a la cadera, se puso -con cierta dificultad- la grotesca calabaza de nuevo tras la espalda y, tras un instante de reflexión que se le hizo condenadamente eterno, cayó de la burra. Vamos, que logró conectar las huellas y resolver el misterio.—¡Un momento! ¿trabaja en la guardia real?—preparada, giró sobre la punta de sus desvencijados talones, revelando una expresión de profunda e incrédula sorpresa adherida a sus suaves facciones. Y aunque lo cierto era que de misterio nada tenía, pues la propia Yatori lo había mencionado como si fuera la cosa más normal del mundo en un momento pasado de la conversación, Kazashi sintió que estaba descubriendo América. O, bueno, el equivalente a ese grandísimo hallazgo en Daichi. ¿Un nuevo sabor de mochi o bollo de canela, tal vez? ¿una fusión profana de ambos postres, a lo mejor? Cabeceó de un lado a otro, empecinada en obtener detalles jugosos acerca del compromiso real -real, ¿lo pilláis?- de la rubia para con el Estado... o, más bien, para con sus incontestables dirigentes. Entreabrió los labios, claramente dispuesta a decir algo, pero se vio a obligada a soltarlo de golpe al darse cuenta de que, en realidad, ya tendría que estar comenzado a trotar por el paisajista sendero del bosque. Apretó los labios, se acomodó mejor el armatoste lleno de arena sobre la espalda y, aferrada a las correas que lo mantenían bien fijado e inconmovible, echó a correr por el camino indicado.

Como hasta los más pobres de imaginación podrían haber sospechado, el campo a través no era, precisamente, el medio preferido de Kazashi. Yatori Hoshino ya se lo había advertido, pero, después del golpetón contra el suelo, la revoltosa castaña había querido pensar que, tal vez, la experiencia no sería tan exigente como la pintaba la impertérrita estrella polar. Por supuesto, se equivocaba. La parte desnuda de sus piernas, aquella que se hallaba entre el calzado y la pernera del pantalón, se llenó enseguida de diminutos cortes que le arrancaban, a cada nueva rozadura, un quejido agudo como el de un ratoncillo herido. La vida era dura: dura, cruel y, lo peor de todo, condenadamente justa. Era casi como si el destino le hubiera susurrado innumerables imposibles al oído a Yatori para animarla a intentar convertir una simple mota de arena en un desierto asfixiante. Con lo feliz que estaba ella siendo un granito de arena en las entrañas de un gran montículo... bueno, en realidad, no. Pero odiaba con todas sus ganas sudar, y eso que era nativa de la, a priori, tierra más árida del planeta. Sintiendo que, a cada paso, se le escapaba el poco aliento que le quedaba retenido en los pulmones, creyó que iniciar una conversación la ayudaría a mantener las referencias claras y a no alucinar por culpa del cansancio.—¡P-Por cierto!—jadeó, en un balbuceo que más se parecía al de un moribundo que al de una militar entrenada, mientras aspeaba con las manos en el aire y se sentía morir un poquito al intentar hacer dos cosas a la vez.—P-Prometo cumplir c-con el e-entr... e-entrrrr...—agotada, con el peso de su pequeño mundo rompiéndole, a su criterio, la espalda,  ni siquiera atinaba a articular sonidos complejos.—

¡C-Con l-los e-ejercicios!—exclamó, finalmente, tras lo que buenamente pudo haber sido un minuto de insufribles respiraciones ahogadas y pulso desequilibrado. No quería, ni necesitaba, saber donde le estaba latiendo exactamente el corazón: si en el pecho, en sus adoloridas pantorrillas, en el punto de la espalda donde se le hundía la condenada calabaza a cada zarandeo o, en el peor de los casos, en la cabeza. A la altura del cerebelo, concretamente.—¡H-Hábleme d-del palacio! ¡o-o del f-feudal a-al que sirve! S-se lo suplico.—rogó, al borde de un ataque de cualquier cosa muy mala que pudiera darle a alguien por excederse más allá de sus evidentes limitaciones. Respiró todo lo hondo que pudo, reduciendo, sin querer, el ritmo. O a propósito, tal vez.—S-Si muero aquí, dígale a m-mi gato que le quiero.
Estadísticas:
  • Fuerza : 01
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 03
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 03
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—Desfalleciendo mucho. :sad:
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Yûgen Hotaru
Renegado B

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Yûgen Hotaru el Jue Jun 07, 2018 7:58 pm



Debo confesar que esperaba alguna rebelión por parte de la jovencita, quien sin titubear tomaría sus cosas, para emprender el recorrido, como recompensa respondería su pregunta — Así es, soy miembro de la guardia real de la joven Tora-sama. — confesé en ese momento para comenzar entonces a trotar al costado de la joven, mirando siempre hacía el frente y cada cierto tiempo retomando la vista hacía la muchacha que aparentemente había desperdiciado toda su vida de una manera en que cualquier movimiento físico representaba un gran esfuerzo, — Me gusta tu motivación, si tu prometes eso, yo prometo que haré de ti una excelente militar.  — respondí sin inmutarme, pesé a ir trotando mi voz continuaba sonando serena y sin perturbación alguna en el aliento, estaba acostumbrada a trotar constantemente, aunque a decir verdad tampoco es que lleváramos mucho recorrido para estar ya a ese punto de fatiga,  — Sirvo a la feudal del país del rayo. — indiqué cortante, no había mucho que agregar al comentario, sin embargo mientras trotaba y tras su posible despedida a su mascota me frené en seco, quedando estacionada en una sola posición, mientras mis piernas subían y bajaban imitando el trote solo que sin moverme.

— ¡Detenerse!  — grité ordenando inmediatamente el abandonar del trote que llevábamos, — Tiéndete al piso, dame cinco flexiones. Apresúrate.— tenía que encontrar una manera que cumpliera parte de la rutina, así que sería un poco condescendiente por el peso que llevaba en su espalda, pero estaba segura que la presionaría como nunca nadie lo había hecho, le enseñaría lo que era realmente sobrevivir en ese entorno natural, — Vamos, quiero cinco flexiones que aún faltan los quince abdominales. — expresé manteniéndome allí trotando, — Para las flexiones no te quitas la calabaza para los abdominales sí. — ordené en ese momento, cualquier otra persona estuviera gritando ordenes, tratándole de manera déspota, pero por mi parte mantenía la típica conducta que había mantenido hasta ahora, rostro sereno, actitud tranquila, rostro despreocupado y una tonalidad de la voz tranquila, sin mostrarse siquiera una falta de aliento en ese momento, ni una subida en la tonalidad de la voz, simplemente hablaba de manera tal la joven escuchara mi instrucción y pudiera cumplirla.  Ella tendría en ese momento toda mi atención, quería saber cómo reaccionaría ante toda esa presión física que estaba recibiendo de un momento a otro.

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  • Resistencia : 30
  • Agilidad : 30
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Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Kazashi Furukawa el Jue Jun 07, 2018 8:27 pm

Gloriosa Aldea
Kazashi Furukawa
País del RayoKumogakure no SatoPasado
Tora-sama. Aunque le hubiera gustado ser capaz de ponerle una cara al adorabilísimo nombre, no encontró en su estrecho banco de recuerdos un rostro al que ligar la escueta palabra. Arrugó la naricilla con toda la gracia que el sudor le permitía, manteniendo aquel trote que, a duras penas, le permitía tragar saliva, respirar -o, más bien, jadear-, moverse y, al mismo tiempo, mantener una conversación con todas las de la ley. No entendía mucho sobre protocolo, pero hasta ella llegaba a sospechar que, tal desinformación acerca de una de las máximas dirigentes del país, no la ayudaría a mantener aquel inesperado cumplido por parte de la calmada, emprendedora y encomiable instructora Hoshino. Así pues, todavía al borde de la extenuación, acertó a cabecear de arriba a abajo sin ritmo o clase alguno y a dar una palmada de iluminado conocimiento.—A-Ah, claro, Tora-sama.—articuló con pesadez, al tiempo que atinaba a sortear una piedra... a cambio de llevarse un nuevo corte en la pantorrilla que, estaba segura, después le pasaría factura.—¿Y-Y es t-tan joven como p-parece?—sin duda, sus habilidades para la deducción eran dignas de elogios. O de un golpe seco a la altura de la nuca, más bien. Antes de que pudiera continuar echando el alma por la boca, una sola orden de Yatori logró que se detuviera en el sitio de manera instantánea. Aunque el cansancio se le acumuló inevitablemente sobre los hombros, la llama de la esperanza aleteó al nivel de su arenoso corazón ligera, resuelta y, por una vez, ilusionada. ¿Un descanso? dime que sí, porfa.

Pero, para no variar viejas costumbres, se equivocaba. Le pedía justamente lo contrario a tomarse un respiro: una hazaña titánica que, a priori, no creía que se encontrara al alcance de su extenuada mano. Con incredulidad, inclinándose hacia delante, con las manos apoyadas sobre las rodillas mientras jadeaba incesantemente en su agonía, logró alzar el dedo índice para pedirle un diminuto tiempo muerto a la rubia.—U-Un momento.—suplicó, sobrecogida, intentando no quedar muy en ridículo. Tras un breve instante, todavía magullada, agotada y, por encima de todas las cosas, estropeada, se decidió a probar suerte una última vez.—¿E-Es una b-broma?—trazó un intento de sonrisa sobre la comisura de sus entumecidos labios, pero el tono de la superiora no delataba deje jocoso alguno, así que se respondió a sí misma la pregunta.—No, claro que no.—murmuró, resoplando, al tiempo que se enderezaba nuevamente y contemplaba al suelo con pesar mal disimulado asomándose a su mirada.—E-Entendido.—declaró, exhausta, a la par que se echaba cuerpo a tierra y trataba de no cerrar los párpados por todos los medios que estuvieran al alcance de su escaso dominio mental. Tenía la impresión de que si cerraba el chiringuito de la mirada, no volvería a ser capaz de abrirlo hasta que pasaran unas cuantas horas. Sí, se quedaría profundamente dormida. Como un angelito, o un perezoso desierto a media tarde. Sacando fuerzas de la nada, realizó cinco dolorosas flexiones que bien pudieron haber pasado por los postreros estertores de una rata envenenada con su comida favorita. Triste, sí, pero también satisfactorio para quien se quedara sin la plaga. Cuando terminó, la sola idea de tener que hacer una ristra de abdominales le rompió el corazón, las vértebras y, por supuesto, las adormecidas articulaciones que, por momentos, se negaban a funcionar debidamente. Efectos secundarios de llevar una vida productiva, se dijo.—¿D-Debo t-terminar?—apretó la mandíbula, se deshizo de la pesada calabaza y, sintiéndose desnuda ante la inamovible estrella desprendida, pero algo más ligera, se tumbó boca arriba. Habría dado su vida por una almohada hecha de hojas y unos minutos para cerrar los ojos tan sólo un ratito... ¡pero no! ¡tenía que continuar! Era joven, podía con ello. O no, y al menos, podría descansar a gusto con una pata en la tumba y otra atormentando a Yatori Hoshino hasta el día de su propia muerte en forma de risueño fantasma desvelado. Divertida, cruzó ambos brazos por delante del pecho y se impulsó hacia arriba, notando como sus pobres entrañas clamaban por una piedad que, en realidad, Kazashi no se merecía. No llegó ni a la mitad, y ya su cuerpo se negó a ascender más veces.—N-No puedo.—se lamentó en su improvisado lecho, extendiendo ambos brazos a ambos lados del cuerpo y sintiendo cómo su pecho se agitaba despavorido por el cansancio. Y, sin embargo, lo volvió a intentar. Hizo otros siete abdominales mas, al llegar al que sería, en total, el treceavo, su torso cedió y se quedó acurrucada sobre la tierra embarrada con el corazón en  la boca.—Pochi.—llamó a su gato, agotada.
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Yûgen Hotaru
Renegado B

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Yûgen Hotaru el Jue Jun 07, 2018 9:21 pm



— Esa información es confidencial. — expresé con completa calma, no sabía si era o no confidencial más aun así debería mantenerlo en secreto a menos que la gente me diera autorización de decirlo, después de todo la pequeña Tora no podía salir de su palacio, así que suponía que su edad también era un secreto así como su físico, tomé entonces una bocanada de aire para continuar mirando a la joven realizar la pequeña y sutil rutina que le había implantado, ladee la cabeza un poco dudosa, como estaba iniciando pensé que en vez de hacer las flexiones de manera tradicional usaría las rodillas como apoyo reduciendo en gran parte el trabajo y esfuerzo, pero igual teniendo el mismo efecto en sus brazos, se estaba esforzando, se notaba, su rostro exhausto y gestos eran fiel prueba de lo que estaba aconteciendo, aun así no era momento de rendirse, teníamos que continuar, debíamos esforzarnos aún más, — No, no te puedes rendir ahora. A un kilómetro tal vez menos, esta nuestra línea, se trata de un pequeño lago donde podrás beber agua. — indiqué aun con tranquilidad, aunque esta vez sí detuve mi trote completamente para acortar las distancias con ella agachándome y estirando mi mano hasta frente de ella.

— Soy Yatori, no pochi. — comentaría mientras mi diestra buscaba la suya y la sujetaba con fuerza, no le daría opción a rechazar mi mano y por eso la aferraría a la suya, — La vida siempre buscará de tumbarte y no importa cuán doloroso sea, siempre debes levantarte. — expliqué en ese momento con serenidad — para eso caemos, para aprender a levantarnos. Vamos. — insistí con un tono maternal, teníamos la misma edad, pero no el mismo entrenamiento, lo comprendía y por eso había bajado un poco la guardia con la disciplina, pero necesitaba que terminara la mitad del recorrido siquiera, además que le daría un intensivo curso de sobrevivencia para que se adaptara más eficientemente a la vida militar, — Kazahi, vamos arriba. No te des por vencida. Vamos. — insistí una vez más esta vez poniéndome de pie y tratando de halar su brazo con delicadeza pero manteniendo la fuerza en este para que pudiera usarlo de soporte e impulso para ponerse de pie, teníamos que continuar, detenernos ahora no era una opción, realmente no podía permitirle a ella que fracasara tan pronto.

— Estamos muy cerca del pequeño lago donde podrás descansar, vamos. — repetía una vez más dándole ánimos, saber que estaba haciendo todo lo que pedía era suficiente para ver las cualidades de disciplina que tenía, pero ahora tenía que forzar su voluntad y resistencia, solo con motivación, esfuerzo y ayuda podría seguir adelante, — Eres Kunoichi, pochi te esta esperando así que vamos.— usaba cualquier tipo de palabras con tal de despertar el interés y entusiasmo de la adolorida mujer para continuar nuestra travesía, recién estábamos iniciando, no podía tirar la toalla tan rápido. Así que seguía halando su brazo tratando que se levantara lo más pronto posible. ¿Tendría ella la capacidad y el deseo de continuar?
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Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Kazashi Furukawa el Vie Jun 08, 2018 10:40 am

Gloriosa Aldea
Kazashi Furukawa
País del RayoKumogakure no SatoPasado
Al parecer, no le estaba permitido ni morirse en paz. Acostada sobre la mugrienta tierra, mientras rezaba por dejar de existir y ponerle un fin a aquel desbocado cansancio que le martilleaba a la altura de las sienes, una mano se aferró a la suya y le pidió una fuerza de voluntad que, en realidad, se le había acabado hacía ya tres flexiones y media. Estuvo a punto de replicarle que resolución no le quedaba, pero que podía demostrar, en su lugar, vehemente y briosa resistencia a levantarse... sin embargo, algo en el tono maternal de Yatori Hoshino -no Pochi- le revolvió el corazón y la hizo callar. Aferrada a la diestra tendida, sin saber muy bien si lo hacía por gusto propio o porque ella la obligaba, se dejó levantar; sí, contra todo pronóstico, aunque nadie apostara dos duros por ella, Kazashi Furukawa fue puesta nuevamente en pie. A diferencia de las no tan imbatibles murallas de Sunagakure, ella sí aguantaría... y en caso de que no, sin duda, se reconstruiría aunque fuera a base de escombros, cenizas y polvo. Temblando sobre sus endebles piernas, todavía jadeante y reacia a seguir participando en aquella tortura aceptada, continuó aferrada al brazo contrario para mantener el equilibro.

Una vez en pie, se negaba a dejarse cae. Tendría que posponer la cita con la muerte prematura, al parecer. Con el corazón aún desbocado por el esfuerzo, acertó a asentir repetidas ocasiones a unas afirmaciones que, más que idolatrar, ahora odiaba con todo lo que le quedaba de aliento para esgrimir en su contra. Pero callaba, porque, en el fondo, sabía que necesitaba continuar avanzando, recorriendo la senda que le estaba siendo trazada; si decepcionaba a Yatori Hoshino ahora, seguramente, nunca volvería a contar con un futuro al que agarrarse.—E-Entendido.—la promesa de un lago cercano, de una aprobación inminente y de un Pochi acurrucado junto al salón como si nada le importara en la vida, consiguió que se desprendiera de la extremidad tendida y probara a avanzar un par de pasos hacia delante y hacia atrás. Estiró las articulaciones, y el chirrido de un tendón maltratado la hizo, como de costumbre, lamentar tanto su pereza atrasada, como la tarea asignada.

A-Aunque a Pochi no le importaría si muriese: sólo piensa en c-comer.—y aunque normalmente la idea de un aperitivo le habría despertado a ella también el apetito, en aquella ocasión, la sola mención a un alimento hizo que se llevara una mano a la boca y otra al estómago. Lo que le faltaba para causar una mala impresión: ponerse a vomitar delante de su afamada instructora. Contuvo la náusea y, tambaleante, recuperó un poco la compostura. Le dirigió una mirada maltrecha a la rubia, queriendo prenderse a aquella resolución, calma y comprensión con la esperanza de que, con el tiempo, se le contagiara un retazo de toda aquella magnificencia. De mayor, quería ser como ella. Tiene tu misma edad, genio. Detalles, minucias. La edad estaba en la mente, solía decir su madre... en cada uno de sus numerosos cumpleaños, por supuesto. Esgrimió una endeble sonrisa claramente forzada, queriendo inspirar, a lo menos, ilusión. Pero en eso se quedó: en un intento de ánimo.—¿P-Podría llevar usted la calabaza, Yatori-senpai?—suplicó, desgastada, mientras intercambiaba una mirada desanimada con el armatoste cargado hasta las trancas de su querida arena. Se mantuvo a la expectativa de la respuesta, deseando, por todos los medios, que esta resultara afirmativa. ¿Y si no? bueno, siempre ponía enterrarse en su propio sarcófago de arena y esperar a que las décadas pasaran. Sacudió el rostro, ya oliéndose venir el rechazo.—Gracias, por cierto.—repuso, un tanto avergonzada, al tiempo que ladeaba la cabeza y atravesaba con sus ojillos vivaces un punto inexacto del suelo.—No sé cómo lo hace para ser... así, pero yo también quiero serlo. De veras.—apretó los puños, con el pecho todavía agitado y la respiración discordante; más tarde, juraría que su corazón acababa de saltarse un latido. Inspiró con profundidad, para luego, dejar escapar el aire en silencio entre sus dientes. Sabía que, a menudo, lo que uno más deseaba era, precisamente, lo que más costaba; lo que le daba miedo no era el no estar dispuesta a pagarlo, sino, directamente, no tener dentro de sí el precio necesario para ello.  
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—Desfalleciendo muchox111111111. :sad:
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Yûgen Hotaru
Renegado B

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Yûgen Hotaru el Sáb Jun 09, 2018 7:03 am



Logré hacer que la chica se pusiera de pie, pero su estado era lamentable, lo que me demostraba que nunca había hecho nada físico, que tal vez era la típica niña del hogar que se dedicaba a dormir y comer, tomé un respiró, para apartarme mirando como ella sola trataba de recobrar su compostura, di un paso atrás al notar que probablemente fuera a vomitar, pero por suerte era una falsa alarma, — Es tu propio peso, es tu arma, es parte de ti. — indiqué —Así que no, no puedo llevarlo, debes hacerlo tú misma.  — expliqué con completa naturalidad y calma, — Estamos a un kilómetro, vamos. — insistí una vez más tratando de motivarla, pero fue entonces que escuche sus siguientes palabras, era la primera vez que alguien me decía algo así, ladee la cabeza unos segundos para respirar hondo, — No creo, que desees ser como yo. Soy rara, atípica, diferente. — confesé en ese momento, la sociedad siempre me había visto rara por mi manera de actuar, de moverme, de caminar, de hablar, aun así solo me sentía a gusto durante el trabajo, mientras tuviera uniforme y una tarea que realizar me sentía realmente cómoda.

— Nunca había visto a nadie tan desgastada físicamente como tú. — no pude guardarme esa confesión y la expresé sin tapujos, — Para ser ninja, debes tener más que la intención, debes tener la voluntad, imagina que esa calabaza es el cuerpo de un herido que debes trasladar al hospital. — expresé tratando de darle ambientación al polémico camino que debía transitar, — Incumpliste una orden para salvar la vida de alguien, ahora enfrentas la consecuencia, terminaste el combate contra un enemigo, felicidades, ganaste. ¿Ahora qué? — preguntaba mientras comenzaba a avanzar de espaldas para poder mirar a la joven. — Todo por lo que luchaste, te esforzaste, ¿Lo dejarás morir así sin más? — preguntaba a la jovencita tratando de motivarle, mi rostro era el mismo de siempre, mi voz imperturbable, serena, pasiva.

— Uy, peor aún… — caminé quitándole la tapa a la calabaza para que comenzara a botar un poco de arena, — Creo que se está comenzando a desangrar. ¿Esa es toda tu voluntad? —  pregunté apartándome y dejando la calabaza tendida en el piso de manera horizontal para que cada vez que se moviera botara alguito de arena, me le quedé mirando a la joven, tenía que encontrar una manera que pusiera sus pies en marcha hacía el lago, tenía que conseguirlo, llegar allí era la única forma de salvar aquella víctima, — Tic Tac. La vida se le va. — dije con calma, guardaría ahora silencio para ver cómo se esmeraba la chica o que reacción tomaría ante esa situación.

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Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Kazashi Furukawa el Sáb Jun 09, 2018 12:53 pm

Gloriosa Aldea
Kazashi Furukawa
País del RayoKumogakure no SatoPasado
Desilusionada ante la previsible -pero igualmente dolorosa- negativa, Kazashi deseó poseer la habilidad innata de enquistarse en la tierra y pasar a formar parte de las raíces de algún árbol misericordioso que la alimentara a cambio de entretenimiento gratuito y la rescindiera de las arduas obligaciones a las que había prometido sumisión, lealtad y, por encima de todas las cosas, sacrificio. No obstante, enseguida se le pasó la intrascendente pataleta; efectivamente, cuando ya se disponía a protestar con todo el aliento que le quedaba, la estrella polar que la orientaba le robó el aire sin querer. Sintiendo que se moría un poco a cada palabra articulada, la normalmente desinteresada Kazashi terminó por apretar los puños en el sitio, al tiempo que contemplaba a la ya casi conocida instructora regalarle, por cada pedazo de benignidad, el doble de trozos de daño. Se impregnó del tono, recibió la estocada. Pero no apartó la mirada.—Prefiero ser rara como usted, que rara como yo.—se encogió ligeramente de hombros, para luego cruzar los brazos tras la espalda con la única intención de camuflar lo hondo que le habían llegado las duras declaraciones de su maestra. Te mereces el adjetivo, y lo sabes. Sí, pero eso no quitaba que le hubiera dado justo ahí.—Y... sí, es rara, atípica y diferente, pero porque tiene cualidades que, hoy en día, faltan.—recalcó, solemne, mientras mantenía la sombra de sus brillantes iris carmesís prendida a la postura erguida, recta y sofisticada que Yatori Hoshino se aplicaba a sí misma en todo momento. No descansaba, no se relajaba; seguramente, ni siquiera pestañeaba más veces de las estrictamente necesarias para la vida.

La veo noble, cortés incluso dentro de la tortur... de las prácticas a las que me somete; valiente, sosegada, prudente.—se pasó la lengua por los labios, casi recuperada del supuesto ataque al corazón anterior.—Estoica, admirable.—ahora sí, tal vez, avergonzada, deslizó la mirada hacia un costado de la superiora, queriendo huir de todo aquello que veía en ella, pero no en sí misma. Dolía. Ardía. Perforaba. Asesinaba.—Desgastada, sí.—reconoció, resignada, mientras se balanceaba ligeramente hacia delante y hacia atrás sobre la punta de su magullado calzado.—Así soy yo.—por más que le pesara, el adjetivo, la palabra, una de esas etiquetas que tanto odiaba, le quedaba como anillo al dedo. Oía el chirrido de su apatía ahogando la esperanza anteriormente sentida: un gesto desvaído, una ilusión desvanecida, un ánimo aletargado. Y entonces, certeza.

¿Salvar la vida de alguien?—repitió lentamente, tratando de sopesar el drástico giro que acababan de sufrir los acontecimientos. Pestañeó repetidas veces, consternada.—¿yo?—se aseguró, pues la premisa, de principio a fin, le sonaba surrealista. Se llevó la diestra a la altura del pecho, desolada.—Sí, yo.—se confirmó en apenas un hilo de voz susurrada, árida y cálida como la de la arena al acariciar una piel. Volvió a morderse la cara interna de la mejilla, frustrada. Con tan solo imaginarse la escena pulcramente narrada, ya le escocía el pecho, en el centro, a la altura de la duna que llevaba por corazón. La última acotación de Yatori marcó un punto de inflexión: la víctima cedió y, ante una presión superior, se derrumbó sobre la tierra embarrada. Se desangraba, sí. Podía verlo, podía sentirlo, podía notarlo, podía pensarlo. De pronto, a Kazashi se le secó la boca, tal vez, sincronizando síntomas con la herida calabaza.—¡No!—exclamó, todavía paralizada en el sitio; incrédula, a lo mejor.—¡No a todo! ¡a todo!—vociferó, perdiendo ligeramente los papeles, al tiempo que se abalanzaba hacia el accidentado paciente y, dentro de la fantasía, lo sentaba para ayudarle a parar la hemorragia.

La arena perdida, desparramada a sus pies, representaba tantas cosas que no podía dejarla estar así. Durante un minuto, se dedicó a recoger cada pequeño granito que fuera capaz de entrever entre las piedras del camino y los devolvió al contenedor, al borde de las lágrimas. Más que un arma desaprovechada, un recurso gastado o una víctima atormentada, lo que Kazashi veía caído, derruido y avasallado sobre el terreno, era su hogar; su vida... no, su pasado. Con la mirada enturbiada, velada por finas gotas que se negaban a tocar el suelo, se instaló la calabaza a la espalda con sumo -e inesperado, viniendo de ella- cuidado, para luego iniciar un trote suave hacia el señalado oasis que le traería, por fin, algo de paz. No lloraría.—Aguanta, aguanta.—le susurraba al herido, apretando los labios con fuerza y obviando, gracias a las grandes dosis de adrenalina que le recorrían las venas, el cansancio y la jaqueca anteriores. Aumentó el ritmo: empezó a correr.—¡No voy a dejar que se muera!—y hablaba de sí misma, de la calabaza, de sus memorias, de su esfuerzo, de su pasado, de su voluntad, de su ahínco y, sobretodo, de su futuro. Allí estaba, podía alcanzarlo; era suyo, le pertenecía. Llegaría.
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Yûgen Hotaru
Renegado B

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Yûgen Hotaru el Lun Jun 11, 2018 12:58 pm



Ladearía sutilmente la cabeza al escuchar las palabras de la mujer para referirse a mí, realmente era la primera vez que alguien me trataba de semejante manera y quisiera tomarme como ejemplo a seguir, aun así, no me inmutaría, mi cuerpo continuaba caminando hacia atrás mientras daba paso a la dramatización de la mujer en el papel de doctora con la victima que intentaría ahora cargar, — ¿Uh?— murmuré viendo como ella se había introducido bastante bien en el papel, sacando fuerzas solo de su voluntad e intención de querer ser mejor, era admirable, realmente sí, me hice a un lado dejándole pasar para continuar trotando desde su espalda mirando siempre hacía delante y viendo como a pesar de llevar semejante calabaza lo iba haciendo bastante bien, — Bien. — murmuré inaudible a sus oídos pero le confesaba al viento mi intención por felicitar el esfuerzo que la joven estaba haciendo para alcanzar su objetivo, el tiempo pasaría, mientras su trote nos llevaría hasta donde finalmente pudiéramos ver el pequeño lago, después de atravesar los cientos de metros que nos faltaban, llegaríamos a una especie de claro en el centro del área boscosa de entrenamiento, suelo rocos con color verde sobre ellos, algunas flores y finalmente un inmenso lago de tal vez cien metros de diámetro, ya casi lo habíamos logrado.

— Frente a ti, el campamento médico. Apresúrate.— ordenaría en ese momento tratando de dar pie a que la muchacha usará un último despliegue de energía, una última explosión de adrenalina para que pudiera dejar el cuerpo en la camilla del cuerpo médico, por otra parte la zona de aquel claro era el lugar perfecto para tomarnos un descanso del entrenamiento y tal vez tener una pequeña y sutil charla, aunque también podría ser el lugar donde tendría que reportar la muerte de la pequeña al no tener la fuerza de voluntad de continuar, realmente esperaba que fuera la primera opción, — Por cierto puedes tomar un poco de agua y relajarte. Cuando logres tu cometido de evitar tu paciente se muera.  — instruiría durante el trote, no me involucraría, ni siquiera la rebasaría para llegar primero, continuaba simplemente corriendo a su espalda como una camarógrafa siguiendo la noticia lo suficientemente cerca.

Realmente llevarla a una misión con ese nivel de preparación era algo complicado así que tal vez la pospondría para ver si hacíamos algo más sencillo antes, algo que nos capacitara para trabajos más complicados en el futuro, pero de momento necesitábamos iniciar con cosas sencillas. Aun así, me alegraba haber encontrado a alguien con ese temperamento y fuerza de voluntad.

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Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Kazashi Furukawa el Lun Jun 11, 2018 4:28 pm

Gloriosa Aldea
Kazashi Furukawa
País del RayoKumogakure no SatoPasado
Aquello que solía decirse de llevar una vida a cuestas, ahora, de pronto, cobraba una nueva dimensión para Kazashi; desde luego, ni en el ámbito metafórico, ni en el literal, resultaba una tarea precisamente sencilla de cumplir. Aunque había empezado, instigada por la intensa adrenalina que le acribillaba, insurrecta, las sienes, con muy buen pie, enseguida se había dado cuenta de que, pasados los momentos iniciales de la atolondrada carrera, la misión de mantener aquel pesado cuerpo de cerámica bien adherido a su espalda le estaba costando mucho más de lo que daban a entender las variadas y abundantes novelas sobre vidas salvadas que llevaba leídas la revoltosa castaña desde que tenía uso de razón. Así pues, a cada zancada, le parecía que la calabaza se volvía un poquito más pesada, que el ánimo se le desinflaba y que, para qué ocultarlo, el corazón se le paraba. Había llegado a tal punto de extenuación, que, directamente, más que optar por un rendimiento frenético, había decidido declararse en huelga indefinida. Echando el alma por la boca, a punto de rendirse y de dar por perdida la abominable simulación, la -tal vez- envalentonada voz de Yatori Hoshino la mantuvo en pie, corriendo, avanzando, luchando. Una frase tan falsa y, al mismo tiempo, esperanzadora, logró que Kazashi apretara la mandíbula, resollara por la nariz, agotada, y diera un último y humillante acelerón para adentrarse finalmente de lleno en el prometido claro que, según la monitora, haría de desesperado campamento médico. Ante la inestimable visión que se extendió frente a ella, no pudo evitar que las fuerzas le flaquearan, las rodillas le fallaran y terminara arrodillada sobre el mullido césped que cubría amablemente las inmediaciones. En aquellos suspendidos momentos, le pareció el suelo más verde que había tenido el honor de contemplar en toda su vida; ¿cómo no se le había ocurrido nunca salir a investigar los alrededores del campo de entrenamiento? pues porque nunca has venido, tal vez.

Soltó una carcajada, ilusionada, y volvió a ponerse en pie con cuidado de tratar debidamente al paciente que, al parecer, todavía seguía llevando encima. La escena, a ojos de la estrellada instructora, aún no había llegado a su impredecible final. Tan firme como podía permitirse estar, giró sobre la punta de los talones, le dirigió una mirada ardiente a Yatori y le dedicó un saludo militarizado; les iba pillando el tranquillo, al menos.

¡Mi capitana!—articuló, resuelta, mientras fingía un horrible gesto de solemnidad que nada pegaba con su risueña y habitual expresión original.—Procedo a salvarle la vida a la víctima.—anunció, decidida, al tiempo que depositaba al herido sobre la tierra, apoyado contra sus tambaleantes piernas, y procedía a buscar el punto de costura que unía las largas mangas de su espontánea indumentaria. Una vez lo encontró, agarró la zona cero con la punta de los dientes y tiró de ella, buscando romperla. O, más bien, resquebrajarla. El chasquido anunció el éxito y, guiada por los innumerables manuales leídos y releídos, cubrió el boquete... digo, la herida abierta con la tela. Al percatarse de que nada tenía para afianzar el agarre, repitió el destructivo proceso con su otra manga y, el tejido resultante del estropicio, lo empleó para construir un modesto nudo que mantuviera la tela principal correctamente ceñida sobre la hemorragia en curso. Un torniquete improvisado, lo llamaban.—Sangrado detenido, Yatori-sama.—proclamó, inesperadamente alegre, para luego volver a enderezarse, tomar al paciente rescatado entre sus brazos y, con mimo, llevarlo hacia una de las rocas cercanas al insuperable lago. Lo apoyó contra la de mayor tamaño, de manera que pudiera mantener un ojo de águila puesto en el desarrollo de la maltratada víctima y otro de gacela clavado en el placer que, en las entrañas de aquellas aguas cristalinas, la esperaba. Liberada de cargas, ahora se dirigió a la orilla del lago y, sentada frente a él, se inclinó hacia delante para aovillar entre las palmas de sus manos pequeños charquitos que, casi desesperada, se llevaba a lo labios para sorber. A cada bocanada de agua, un suspiro de alivio se le escapaba de lo más hondo de su alma asfixiada.—¡Venga, Yatori-sama!—la animó, queriendo, como solía decirse, intimar con la que, de ahora en adelante, ya consideraba su absoluta y magnífica profesora. Se revolvió en el sitio, exhausta pero, contra todo pronóstico, animada. Echó los brazos hacia atrás, se apoyó con las manos en la tierra e inclinó el cuerpo hacia el cielo, estirándose, relajándose y, al mismo tiempo, estudiando la pauta trazada por las innumerables nubles que poblaban los cielos de la aldea.—Qué bonito es Kumogakure...—susurró, ahogada en sensaciones impronunciables. Mucho menos, identificables.—¿Siempre ha vivido aquí, Yato-sama?
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Yûgen Hotaru
Renegado B

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Yûgen Hotaru el Lun Jun 11, 2018 5:33 pm



Habíamos alcanzado nuestra meta, mientras le observaba y una vez el trote hubiera cesado, la joven se encontraba terminando de sanar las heridas de su posible paciente, respiré hondo, para admirar el paisaje frente a mí, quitando la dramática escena de la actriz frente a mí, era un lugar hermoso, cautivante y ampliamente relajante, — Bien hecho. — expresé en señal de hacerle sentir bien y además expresarle unas sencillas pero agradables felicitaciones para su oído, aunque una vez terminó la cura del paciente marcharía hasta el agua para beber e invitarme hasta donde ella estaba, asentí con la cabeza para comenzar a caminar en su dirección y detenerme a su espalda, — Sí, realmente es un lugar muy bonito. Pero, recuerdas que desobedeciste una orden para salvar al paciente… — murmuré apoyando ambas manos en su espalda — Este es el castigo que hubieras recibido. — indiqué para empujarle suavemente hacía el agua, que en esta zona no era muy profunda, cuando mucho nos daría a la cintura a ambas, me quedé mirando para entonces sentarme a la orilla con mis piernas cruzadas en forma de indio y mis palmas apoyadas sobre cada rodilla.

— Aparte me volviste a decir capitana. — expresé con serenidad manteniéndome siempre inmutable y serena, — Nuestra aldea siempre ha sido hermosa y poderosa, por eso debemos ser fuertes y entrenarnos constantemente, para evitar destruyan o aniquilen lo que tanto amamos. — expresé una vez la chica hubiese salido del shock de la caída, — Y sí, siempre he vivido aquí. — diría asintiendo con la cabeza, — Por cierto, refresca tus músculos, tu cuerpo, analiza en que zonas del cuerpo estas experimentando una especie de tirón, algo como que te succiona y se contrae, esas son las zonas en las que más trabajo y fuerza hiciste el día de hoy, con eso sabrás después de cada rutina de ejercicio que zona del cuerpo estas trabajando. — argumenté como orientación a la joven, — ¿Tú siempre has vivido aquí? — preguntaría devolviendo la pregunta por cortesía y tal vez un poco de curiosidad por saber más de la chica que se había convertido en parte de mi equipo momentáneamente o hasta que alguien lo hiciera oficial.

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Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Kazashi Furukawa el Mar Jun 12, 2018 9:22 am

Gloriosa Aldea
Kazashi Furukawa
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Antes de que pudiera procesar correctamente lo que 'desobedecer una orden' implicaba, el impertérrito pulso de Yatori Hoshino ya la estaba empujando hacia un ahogamiento seguro. O, bueno, tal vez lo estuviera exagerando demasiado. Pero ella era así, qué se le iba a hacer. Desconcertada por el empellón que sufrió su endeble espalda, a Kazashi se le escapó un gritito agudo como el de un ratón asustado mientras se precipitaba inevitablemente hacia delante; y aunque, en un principio, el impacto contra la cristalina superficie le arrancó un chillido de impresión, luego, inmersa en sus oceánicas entrañas, pensó que el roce gélido del agua removida contra su magullada piel, de alguna manera, era un contacto más amable de lo esperado. Se mantuvo unos breves instantes así, hundida, huida, desaparecida hasta de sí misma; contó los segundos, atenta. Uno, dos, tres, cuatro... consideró que, al quinto, ya tocaba salir a la superficie y dar señales de vida. Aunque estaba segura de que a la solemne superiora no se le habría ni enarcado una ceja si no llegaba a emerger; probablemente, la daría por perdida y se marcharía a continuar con el entrenamiento a solas, libre de cargas, estorbos y preguntas inquietas. La idea de que pudiera cambiarla por un perro fiel que la acompañara en sus rutinas, le hizo abrir la boca en medio de la marea; tragó agua, se sintió morir un poquito y, finalmente, salió del autoencierro submarino -al que se había sometido ella misma- un tanto desesperada. Ya con el aire circulando a través de sus maltrechos pulmones y el pulso medianamente sereno, le dirigió una mirada medio acusadora medio divertida a la estrella polar que le marcaba el camino hacia el ansiado norte que era el futuro.

¡O-Oye!—exclamó, todavía sorprendida, al tiempo que se apartaba algunas gotitas dulces de la cara.—D-Digo, ¡o-oiga!—se corrigió de inmediato, sacudiendo el rostro para terminar de deshacerse de la miríada de veleros suicidas que se le había quedado prendida a los párpados.—¡No es justo! yo no puedo empujarla a usted, sólo tentarla fingiendo que me divierto muchísimo para que se meta por su propia voluntad.—bromeó con ligereza, para luego hundirse más en las aguas hasta que le rozaran la barbilla. El frío, sorprendentemente, le sentaba de maravilla tras tanto esfuerzo realizado. Las palabras de Yatori, tan nobles como de costumbre, le arrancaron una breve y débil sonrisa submarina.—Sí, no podemos dejar que le pase nada malo...—entrecerró la mirada, angustiada, claramente incapaz de sacarse la aprehensión que, a ratos, le bamboleaba a la altura del corazón.—¡Ganaremos!—afirmó pausadamente, volviendo a dejar que su cuerpo asomara hasta la cintura y elevando la diestra en dirección a la rubia, tal y como ella misma había realizado en el momento en el que había decidido hacerse cargo de su agotador adiestramiento.—Da igual lo que se ponga por delante, el país del Rayo siempre vencerá; siempre.—recalcó: a veces, necesitaba escucharlo en voz alta. Repetirlo, reafirmarlo. Antes de que pudiera continuar ensalzando las grandezas de la nación que habitaban, el consejo de Yatori le arrancó una expresión de sorpresa.—Sabe un montón sobre músculos y articulaciones, qué envidia.—susurró, encantada, al tiempo que probaba a sellar los ojos y a concentrarse tan sólo en las diversas sensaciones que poblaban su dolorido cuerpo. Una vez superada la relajación inicial, Kazashi comenzaba a darse cuenta de las diversas partes de su fisionomía que se habían visto sobreexcedidas en menos de un par de horas de ejercicios. Para no variar, Yatori llevaba toda la razón; estaba, literalmente, desgastada.—Se me contrae casi todo.—reconoció, todavía con la mirada cerrada a la realidad que le tocaba vivir. Suspiró, relajada. Estiró algunas maltratadas articulaciones, dejando que el agua aplacara el dolor y aliviara levemente la molestia que sobre su anatomía se cernía; aún exhausta, se sentía en calma. En paz, tal vez. La última pregunta de la instructora, aún predecible, la pilló por sorpresa. Contuvo el aliento, le cedió el turno a la memoria para que usurpara el hueco dejado por el, ahora, ausente presente; extravió la mirada en un punto indefinido del lago que la rodeaba. Jugó a formar una cuna llena de agua con sus manos, entristecida.—No, no siempre he vivido aquí.—sonrió débilmente, enrarecida. Observó cómo el charco atrapado se escurría entre sus falanges descoloridas, recordándole que, después de todo, no era tarea sencilla conservar contigo lo que se quería.—Nací en el país del Viento, en la capital.—repuso con angosta sencillez, sacudiendo el rostro enérgicamente y dirigiéndole de nuevo una mirada encendida a la rubia estrella.—Pero era muy pequeña cuando me fui, así que no me acuerdo de nada...—atinó a articular, al tiempo que alzaba las manos y las agitaba con nerviosismo.—... bueno, de casi nada. Hay cosas que no se pueden olvidar, ¿verdad? Más que recuerdos, son impresiones... relieves, grabados en la mente. Es inevitable que, al recorrerlos con la mano -o con el pensamiento- te produzcan cosas dentro.—soltó el aire retenido, más calmada.—Digo muchas tonterías, ¡ya lo sabe! No sé por qué me apeno, si nunca me gustó el calor asfixiante y las dunas interminables. Prefiero las nubes.—confesó, pensando ahora en la gente que la había rescatado, acogido y, finalmente, aceptado. En el futuro que le habían otorgado sin pedir nada a cambio: en las oportunidades brindadas. En las relaciones forjadas.—Siempre lo haré.
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Yûgen Hotaru
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Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Yûgen Hotaru el Miér Jun 13, 2018 10:47 pm



La joven después de caer al lago se había tomado unos segundos para volver a salir, mientras yo simplemente observaba serenamente en la dirección donde había caído, después de todo si se ahogaba en una profundidad como esa realmente no merecía formar parte de nuestras fuerzas, aun así mi rostro se mantuvo imperturbable aun cuando la pequeña salió a flote, — Tal vez en un rato te acompañé. Después de todo entrenaremos durante cinco días seguidos. — confesé dándole ahora lo que sucedería durante los siguientes próximos cinco días, sería un infierno sin lugar a dudas, uno que ella misma había aceptado y entrado sin tomar previsiones, guardaría silencio en ese momento para escuchar todo lo que la joven tenía que decir, aparentemente era patriótica, confiada eso era bueno y malo a la vez pero no era quien para recriminarle, luego de eso escucharía lo que su cuerpo experimentaba después de lo sutil del entrenamiento y solo me encogería de hombros para acercarme a la orilla tomar asiento y meter mis dos piernas al agua para sentir la humedad hasta las rodillas quedando sentada en tierra pero con mis piernas en el agua, su confesión de origen me hizo verle ladeando la cabeza confusa y tal vez interesada, pero luego retomé la mirada hacía el agua.

Mi mano derecha golpearía el suelo a mi costado invitándole a sentarse de la misma manera en que yo lo estaba, — Las cosas que dices no son tonterías, son demasiadas cosas para digerir, demasiada hiperactividad, aunque eso es bueno, significa que tienes mucha energía para seguir entrenando. — expresé mirando aun el agua una vez la chica hubiera seguido mi instrucción y sentado a mi costado, — Hoy no regresarás a tu hogar. — ordené sin inmutarme aun mirando el agua, — Me mostrarás como sobrevives a la intemperie, nuevo escenario para ti, hemos sido desviadas en una misión y debemos acampar, sobrevivir y mantenernos con vida durante cinco días sin más que nuestras armas como recurso. Espero tengas conocimiento de sobrevivencia. — acoté con tranquilidad, sería divertido pasar cinco días en el bosque y recorriendo los diferentes terrenos complicados del país, hoy serían los campos de entrenamiento ya se me ocurriría algo más para el recorrido del día siguiente.

— Cazar nuestra comida. Preparar nuestra bebida, todo será muy genial. Lo mejor de todo es que al ser improvisado simula más la versión de la historia. — comenté revelando los planes que tenía para ese entrenamiento que a pesar de ser improvisado, recién iniciado ya estaba segura que comenzaría a marcar la historia de la joven, después de todo mis entrenamientos personales eran poco ortodoxos y al ayudar a alguien a imitarlos lo haría pasar sus peores momentos de la vida al ver la rareza de mi ser.


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Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Kazashi Furukawa el Jue Jun 14, 2018 7:05 pm

Gloriosa Aldea
Kazashi Furukawa
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Las decisiones imprevisibles y las órdenes inesperadas se le escapaban a Yatori Hoshino de entre los labios como si, en realidad, no fueran otra cosa más que el pan de cada día. Y aunque, seguramente, para la estrellada instructora lo raro fuera quedarse más de una hora en el mismo sitio, para Kazashi, en cambio, las cosas eran un pelín diferentes; le gustaba viajar, improvisar y cambiar como a la que más, pero, si le daban a elegir, no solía preferir una acampada a un buen chocolate caliente junta a la ventana. Una suerte que Yatori no le estuviera pidiendo su opinión, ¿verdad? también resultó  un movimiento acertado el que la invitara a tomar asiento a su lado, porque, siendo sincera, Kazashi no se sentía capaz de mantenerse en pie después de semejante revelación. De hecho, a punto estuvo de dejarse caer sobre la cristalina superficie y dejar que la apacible -pero revoltosa allí dónde era golpeada- corriente la arrastrara hacia el mullido fondo y le ofreciera algo mínimamente parecido refugio durante un rato corto.

O medianamente largo, según cómo se portaran sus -poco acostumbrados a los fondos submarinos- pulmones. Trastabilló de camino a la orilla y, de no haber estirado ambas extremidades en horizontal a su desgastado -sí, no se le había olvidado la etiqueta con la que la rubia la había envuelto apenas unos dolorosos minutos atrás- cuerpo, probablemente habría terminado volviendo a ahogarse. Cuando llegó junto a la superiora, apoyó ambas manos sobre el borde en el que esta se sentaba e, impulsándose hacia arriba, logró a duras penas a tomar asiento a su encomiable vera. Incluso así, relajada, le parecía inalcanzable. Lejana, gloriosa como la misma nación que habitaban. ¿Envidia? Kazashi no lo llamaría así. Eran ganas de apretar el paso, de correr tras ella, tocarle el hombro y, finalmente, sentirse a su altura. ¿Para superarla? ¿para que la admirara? ¿para que la alabara? no, no y no. Para poder acompañarla, ayudarla y, por encima de todas las cosas, auxiliarla.

Así pues, aunque en un primer instante se sintió tentada de protestar e interrogarla, incansable, hasta hacerla cambiar de opinión, al final, la revoltosa castaña se limitó a cabecear de arriba a abajo; a, para variar, asentir en lugar de cuestionar.—Entendido.—articuló, ligera, mientras balanceaba las piernas levemente. Extravió la mirada en el lento devenir de las ondas que estas trazaban en su desvaído rumbo, preguntándose, tal vez, si realmente existía algo a lo que pudiera llamar destino. No sentía que el encuentro con Yatori Hoshino pudiera ser un evento adventicio, meramente fortuito y achacable a la  casualidad o, peor aún, a la estadística. El arte de la probabilidad, para bien o para mal, le despertaba arcadas en la boca del estómago.

O, tal vez, el malestar debería ser atribuido al cansancio -¿o desgaste?- que la intensa carrera vivida le había dejado prendida, como una segunda piel, a las articulaciones. Echó la cabeza hacia atrás, trazó una sonrisa de oreja a oreja sobre sus labios y parpadeó con comedido entusiasmo; a lo mejor, aquello de la acampada, no estaba tan mal.—¿Permiso para hablar, Yatori-sama?—se le hacía raro mantener el formalismo, sobretodo teniendo en cuenta que creía comenzar a entender vagamente la personalidad medio apacible medio impenetrable medio indolente medio adorable medio psicópata medio considerada medio adicta al sufrimiento ajeno de su nueva, reluciente y polarizada maestra. Al idioma le faltaban adjetivos para definirla y, al razonamiento, le sobraban mitades, pero era un comienzo razonable desde el que partir si quería llegar a conocer a Yatori Hoshino.—Tengo tanta hambre que me comería a un caballo: ¿podemos buscar algo que llevarnos a la boca, porfa?—pidió, al tiempo que se llevaba ambas manos al estómago y se dejaba caer hacia atrás, contra el pasto entibiado la agradable temperatura que, por el momento, el día les ofrecía. Le resbalaban gotitas por la cara, descaradas.—Y, y, y, exceptuando la calabaza y el Daikiri, no tengo ninguna otra herramienta. Siempre me gasto el dinero en cho... bollitos de... en libros sobre medicina.—aventuró, un tanto avergonzaba. Era verdad, a medias.
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Yûgen Hotaru
Renegado B

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Yûgen Hotaru el Vie Jun 15, 2018 7:04 pm



La chica había asimilado el concepto de decir entendido y ordene, cosa que era apremiante, esperé a que se sentara a mi lado para continuar mirando el agua, era relajante estar allí sin hacer nada, después de una jornada de entrenamiento era la mejor manera de pasar el descanso, escuché entonces las palabras de la chica haciéndome girar mi vista hacía ella por sobre el costado de mi cuerpo, — No te di él permiso para hablar.  — indiqué después que ella expresara que tenía hambre y de las armas con las que contaba, aunque esta vez estaba siendo condescendiente y bromista, muy a pesar que mi tono de voz no reflejaba ninguno de estos caracteres. — Aunque es bueno que aclararás ese punto de la comida.— expresé serena y retomando la mirada hacía el lago, — ¿Qué prefieres comer ardillas, lagartijas, conejos? — pregunté demostrándole que literalmente íbamos a tener que cazar para comer algo, pescar, o buscar cualquier alimento comestible en las adyacencias del lago donde nos encontrábamos.

— Bueno, con tantos libros de medicinas que has leído por tus gastos, seguramente podré confiarte la tarea de recolectar bayas, plantas y hongos para sazonar la comida, si te equivocas probablemente moriremos envenenadas. Pero con todo lo que has gastado, debes tener un amplio repertorio de conocimientos.— diría aun mirando hacía el agua demostrándole que las mentiras no me agradaban y que si pensaba engañarme aunque fuese de manera inocente habrían consecuencias que no podríamos evitar, — Puedes controlar la arena en tu calabaza, improvisa y has una trampa para cazar.  — sugerí dejando caer mi cuerpo hacía atrás y quedarme con las manos estiradas hacía arriba, mirando hacia el cielo, — Pero primero debes relajarte, descansar, liberar tu cuerpo de estrés. — sentiría soplar el viento tan relajante y más con la sensación de frío que generaba el tener los pies dentro del agua.

— Creo que mejor comemos ardillas, a menos que quieras intentar pescar. — cuestioné aun mirando hacia el cielo, acostada boca arriba y muy cómoda en ese momento,  era refrescante, sanador y reconfortante estar en aquella postura, simplemente aguardando que mi compañera me siguiera la idea, esperaba que la menor entendiera los tiempos, había oportunidad para todo, entrenar, descansar, comer y divertirse, pero había que tener control sobre lo que se hacía. Cerré mis ojos sintiendo solo la brisa refrescarnos con su paso.

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Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Kazashi Furukawa el Sáb Jun 16, 2018 6:17 pm

Gloriosa Aldea
Kazashi Furukawa
País del RayoKumogakure no SatoPasado
Aunque Kazashi nunca había sido una persona especialmente... remilgada a la hora de comer, lo cierto era que jamás le habían plantado sobre la mesa una ración de pequeña ardilla rechoncha acompañada con una guarnición preparada a base de las propias castañas y bellotas que esta hubiera ido almacenando durante el duro invierno. Vas por mal camino: todo el mundo sabe que la comida se acumula durante la primavera, que es cuando hay. De acuerdo, se declaraba culpable de nunca haberse molestado en aprender como era y resaltaba debido las adorables -o asquerosas- costumbres de la variopintas y abundante fauna local; ahora, por supuesto, ante la posibilidad de tener que cazar algún animalito de esos, se arrepentía. O, bueno, guardaba sentimientos encontrados al respecto. Por un lado, entendía que Yatori Hoshino no le iba a hacer el trabajo sucio y que, de no ser capaz de atrapar nada por sí misma, se pasaría el resto del día y toda la noche escuchando la maravillosa y espléndida orquesta sinfónica que sus tripas parodiaban durante los grandes accesos de hambre. Pero, por otro...—¿... ardillas?—repitió lentamente, girando el rostro en dirección a la instructora para enfrentarse a su, ahora, descarnada mirada de cazadora inmaculada.—... pero tienen mofletitos hinchados, y me recuerdan un pelín a Pochi.—murmuró, apenas conteniendo una mueca de espanto. Las siguientes opciones, aunque más aceptables, también distaban de ser ideales para ella. Le encantaban los animales, y no podía hacer nada por evitarlo.—Las lagartijas son graciosas, y los conejos mueven la naricilla con una elegancia que ningún otro bicho tiene.—defendía a las posibles víctimas, para no variar, ejerciendo de abogado del diablo; tal vez, debería aprender a dejar de lado las causas perdidas. O no, se dijo. Sacudió el rostro, apretando las manos que reposaban encima de sus pantorillas y, en el tono más firme que se sintió capaz de mantener, volvió a enterrar una mirada ardiente en el agua.—Entendido, Yatori-sama.—y aunque le habría encantado aferrarse a una 'objeción de conciencia' para librarse de aquel horrible aprieto, se mordió la lengua como buenamente pudo. Tocaba callar, asentir y, por supuesto, aceptar lo que tuviera que llegar; por ejemplo, un nuevo que volaba, certero, en su dirección. Mea culpa, no tenía que haberme gastado el dinero en tonterías.

Mucho menos, no tenía que haber mentido tan descaradamente. Ante ella, tan sólo dos salidas se extendían; la primera, intentar reforzar la fábula y, con mucho esfuerzo, transformarla en una verdad irrefutable que Yatori Hoshino no pudiera negar. La segunda, mucho más realista, darse por vencida y admitir que, nuevamente, había metido la pata hasta el fondo.—Algunas bayas sí que conozco... ¡y sé asar setas!—reveló, tratando de sonar convincente, mientras trataba de salvar mínimamente el pellejo. Siempre era mejor una exageración que una mentira, ¿no? La observó dejarse caer sobre el velado manto de brillante césped que las sostenía, más relajada y apacible de lo que la había llegado a ver nunca. Pestañeó repetidas veces, intentando convencerse a sí misma de que aquella despreocupada escena era, realmente, auténtica. Incluso se le pasó por la cabeza la descabellada idea de probar a rozar con la punta de los dedos para descubrir si reaccionaba cortándole la mano o, por el contrario, sobresaltándose en el sitio. Se contuvo, no obstante, por lo real que el parecía la posibilidad de quedarse sin una de las dos extremidades que apreciaba en todo el mundo. Bueno, tampoco es que tuviera otro par de manos entre las que elegir, ¿no? por lo tanto, sí, eran sus preferidas. Impregnada de su suavizada postura, Kazashi se tomó un momento para hacer odiosas comparaciones; hasta la indumentaria de la superiora era claramente superior a la suya. Se mordió el labio inferior, inquieta, mientras escudriñaba sus magullados pantalones hasta los tobillos, el calzado de cuero que se adhería a sus maltratados piececitos, las mangas -desgarradas- que cubrían malamente parte de sus brazos y la escasa prenda de tela que le cubría el pecho y se iba estrechando a medida que llegaba al abdomen, dejando los lados del vientre bebiendo oxígeno del ambiente.—Bueno, sí, supongo que podría controlar la arena y...—antes de continuar revelando sus trucos, Kazashi cayó en la cuenta de que, en realidad, no estaba revelando absolutamente nada; la propia Yatori acababa de anunciar sus tan salvaguardadas e inusuales habilidades como quien no quería la cosa.—¡Espere, espere, espere, espere!—ante el balanceo descontrolado de sus empapadas piernas, la superficie se enturbió a su alrededor, infausta. Se inclinó hacia un lado, tapándole el sol a la honorable instructora; la chispa de la intriga, la sorpresa y la aprehensión ya había terminado de prender en la estela ardiente que trazaban sus encendidos ojos.—¿Cómo sabe que puedo controlar la arena? ¡nadie lo había adivinado hasta ahora!—inquirió, todavía manteniendo -eso sí, a duras penas- el formalismo prendido al tono de su indómita voz.—No me deje con la intriga, porfa. ¡Y luego le cazaré la ardilla más rellenita que encuentre en el bosque! ¡prometido!
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Yûgen Hotaru
Renegado B

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Yûgen Hotaru el Lun Jun 18, 2018 3:40 pm



Los comentarios de la joven demostraban un escaso interés en tener que cazar su propio alimento, aun así solo escucharía sus palabras cómodamente en mi nueva posición, — Pues en ese caso, me alegra que tengas extensos conocimientos. — emití sin abrir mis ojos siquiera, continuando en aquella postura relajada y refrescante en la que me encontraba. — En todo caso, cada quien come lo que encuentra, como eres expertas en bayas y setas, que tengas un buen apetito. Yo creo que pescaré y me comeré un pescado asado.  — confesé despreocupadamente, ya que ella insistía en seguir engañándome tomaría como una verdad su farsa, así que era mejor dejarla depender de sus propios y más básicos instintos de supervivencia, manteniendo mis ojos cerrados sentí una sombra inusual que ocultaba el brillo y calor que los parpados sentían. Aparentemente la joven Kazashi se le había despertado un instinto de curiosidad incontenible ante mi petición, entre abriría mi ojo derecho para averiguar que estaba aconteciendo para toparme con la mirada de la niña interceptando aquel astro ubicado en las alturas.

— Hace un tiempo, cuando recién me graduaba de la academia me toco luchar con un compañero de curso. — empezaría a narrar en ese instante — Llevaba una calabaza como la tuya e intento usar arena contra mí. — aclaré la situación en ese momento — Por eso cuando le quité la tapa comprobé que realmente llevabas arena en ella y supuse que también podrías controlarla o no la llevarías cargando en tu espalda. — diría de manera sincera y serenamente, mi rostro se mantenía con aquella actitud despreocupada retomando la postura del parpado derecho al cerrarse y manteniéndome ahora con ambos orbes ocultos. — Casi pierde un ojo el pobre. — conté parte de la historia agregándole tal vez un poco de exageración pero imperceptible por mi tono de voz. — Me lanzo arena y yo un kunai, fue algo interesante y entretenido. — continué con la historia para abrir finalmente mis ojos y clavar la mirada sobre la pequeña.

— No te veo relajada y libre de estrés. — exclamé con serenidad aun mirando a la joven fijamente a su rostro, en vez de estar serena, calma, tranquila, estaba turbia como el agua que agitaba y exaltada como una pequeña Hikari, — Y si no quieres comer animales por su ternura, morirás de hambre. — finalicé en ese instante para doblar mi brazo derecho para dejar reposar mi ante brazo sobre mis ojos continuando con aquella actitud despreocupada y que solo buscaba cobijo en el descanso para seguir con el entrenamiento de la joven.


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Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Kazashi Furukawa el Lun Jun 18, 2018 5:44 pm

Gloriosa Aldea
Kazashi Furukawa
País del RayoKumogakure no SatoPasado
Que te contaran cómo casi le arrancaban -o destruían, tal vez- un ojo a un posible compatriota del desierto, por lo menos, desde el punto de vista de la revoltosa Kazashi, no se prestaba demasiado a ayudar en aquello de 'relajarse'. Aunque, todo hay que decirlo, lo de sellar los párpados a cal y canto y dejar que la mente vagara en blanco alrededor de la negra espesura -sí, esa que normalmente conllevaba la ausencia de pensamiento- no era, ni sería nunca, uno de sus pasatiempos predilectos; prefería, mil y una veces, el sencillo arte de la procrastinación al de la ardua y metódica distensión. Distraerse, pensar en otra cosa que no tuviera nada que ver con la circunstancia a olvidar y focalizar sus desgastadas energías yendo de actividad en actividad, de alguna manera, le resultaba mucho más cómodo, manejable y deseable que perder el tiempo intentando liberarse de una mente inquieta.

Apretó los labios hasta que conformaron una línea recta y uniforme, algo decepcionada con la falta de detalles de la anécdota narrada; tampoco estaba, lo que podía decirse, muy a gusto con la siguiente instrucción brindada. De pronto, quería levantarse, saltar, correr y, aunque costara creerlo, continuar moviéndose; avanzando, quizás. Lo que a Kazashi le faltaba todavía por aprender es que los pasos hacia delante hay que darlos de uno en uno, poniendo mucha atención en dónde se pone -o, más importante, dónde se apoya- el pie a cada centímetro recorrido. Pero, con la inercia de la carrera aún revoloteando alrededor de su siempre agitado corazón, no podía evitar querer ir más allá de lo que dictaba el sentido común. A fin de cuentas, nunca había sido una persona muy razonable; mucho menos, sensata.

Insatisfecha con la orientación de la estrella polar que la guiaba, el árido granito de arena regresó a su posición anterior; le devolvió el sol a su instructora, despechada. Con el ceño ligeramente fruncido y la mirada prendida a las ondas trazadas en el agua, no pudo evitar que sus avezadas tripas lanzaran un gruñido al aire, demandante. No estaba acostumbradas a pasar hambre.—¿Cómo consigue relajarse así? estarse quieta tanto rato es muy difícil...—pronunció con cierta e incómoda envidia contenida. A decir verdad, no recordaba haberse pasado, en toda su corta vida, más de diez minutos clavada en un mismo punto, estática y ajena a cualquier distracción que pudiera atraer su inconstante atención. En el caso de Kazashi, lo de distraerse con el vuelo de una mosca se llevaba a fronteras todavía desconocidas por el resto de la raza humana. Imitando a la resplandeciente y encomiable superiora, inspirada, a lo mejor, por un pequeño aliento de insólita esperanza, Kazashi se dejó caer hacia atrás, con las piernas aún sumergidas en el agua, sabedora de que la tarea que le había sido encomendada no le resultaría, precisamente, fácil de cumplir. Aunque, bueno, siempre cabía la posibilidad de que, por contagio, alguna de las taimadas cualidades de Yatori Hoshino se le estuviera empezando a pegar. Así funcionaban los virus, ¿no? Voy a ser la peor doctora del mundo, ¿verdad? encontró, para variar, especialmente interesante el lento marchar de las nubes a lo largo del iluminado firmamento. Le hubiera gustado tocarlas. O morderlas y probarlas, más bien. Le continuaba aullando el estómago, herido.

¿No sería mejor relajarse con la tripa llena, Yatori-sama? ¿y no sería todavía mejor compartir un pedacito de ese pescado asado que capture, asesine y cocine conmigo? ¡sólo es una pregunta! no me quite un ojo, por favor.—ladeó el rostro en dirección a la apacible e imponente Yatori, buscando cruzar una mirada, medio en serio medio en broma, con ella. En realidad, sí que le daba miedo tentar a la suerte y terminar provocando la ira de la mujer. Respiró hondo, notando una irremediable angustia aflorar a la altura de su garganta.—¿Permiso para ir a cazar una ardilla especialmente lenta y torpe? regresaré con la victoria, o no regresaré en absoluto.
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Yûgen Hotaru
Renegado B

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Yûgen Hotaru el Lun Jun 18, 2018 8:27 pm



La chica quien primero no podía caminar después de un leve ejercicio físico, ahora clamaba por no quedarse quieta, era algo contradictoria su actitud, solo escuchaba lo que estaba diciendo con mis ojos cerrados, — En realidad, no es tan difícil. — expliqué manteniéndome allí sin más, solo sintiendo el acariciar del viento desplazándose sobre el viento y bifurcándose por encima de mi cuerpo, — Creo que necesitas hacer más ejercicios, esforzarte un poquito más, unas cien flexiones y cien abdominales tal vez te quiten tanta hiperactividad.  — argumenté con tranquilidad demostrándole que si deseaba continuar ejercitándose, moviéndose, brincando, fácilmente podría darle otra pequeña rutina de ejercicios, aparté entonces mi brazo del rostro para abrir mis ojos dándome cuenta del intento de la joven por mantener la compostura estática a mi lado, me le quedé mirando para ver que su esfuerzo no haría que durase mucho en aquella posición.

Para cuando su fuerza de voluntad se vio quebrada y girara la vista hacía mí, ella se daría cuenta que mi rostro ya se encontraba mirándole, nuestras miradas se cruzaban mientras algunos flecos de mi cabello dividían mi rostro de manera diagonal, — Cuando se debe trabajar, se trabaja. Cuando se debe descansar se descansa. — intentaba en ese momento explicarle el ciclo de la vida, los momentos con los que un militar solía lidiar,  — Y no. Cada quien consume lo que encuentra, si eres una experta en setas comerás setas. Yo no sé nada de eso, así que comeré pescado. — aclaré la situación en la que nos encontrábamos donde cada una tendría que esforzarse por su cuenta para encontrar algo que comer, pero a decir verdad no tenía mucha hambre a esas horas y a diferencia de las tripitas de la joven Sabaku, las mías no resonaban para ese momento.

— Permiso denegado. — exclamé alzando un poco la voz y apartando la mirada de su rostro para alzar la vista, quería enseñarle disciplina, autocontrol, saber que cuando te decían no hagas nada, sencillamente no hacías nada, — ¡Mira! — grité alzando la mano derecha y haciendo que el dedo índice señalara en dirección a una nube que iba cruzando el cielo en ese momento, — Se parece a un oso gigante devorándose a una niña en el bosque. —  sí, mi expresión aunque fuese serena era bastante exagerada y dramática, ninguna nube podría tener esa forma, pero quería insinuar tal vez lo que le pasaba a las niñas que andaban solitas en el bosque sin precaución. Continué mirando el cielo señalando otra nube — ¿Esa qué parece? — pregunté en ese instante, tratando de cerciorarme si estaba o no dando frutos el entrenamiento que habíamos iniciado.

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Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Kazashi Furukawa el Lun Jun 18, 2018 10:00 pm

Gloriosa Aldea
Kazashi Furukawa
País del RayoKumogakure no SatoPasado
Las negativas le caían una tras otra, como inmaculadas losas de impecable manufactura, encima del vibrante ánimo que tanto le había costado a Kazashi fabricar; por decirlo de alguna manera amable, cada vez que la impoluta Yatori Hoshino le respondía a una súplica disfrazada de propuesta, hacía que la buena intención con la que la formulaba se estrellara de lleno contra el suelo que pisaban. O que, directamente, la pretensión fuera a morir ahogada en el fondo del lago. Las contrapropuestas que, por otro lado, la encomiable instructora le tendía no eran lo que podía decirse, precisamente, fáciles de digerir; de hecho, ante la idea de llevar a cabo otra serie de innumerables e igualmente interminables ejercicios, estuvo a punto de atragantarse de pura y aturdida impresión.—¡No hace falta que vaya tan lejos, Yato-sama! me relajo, me relajo... no más flexiones, ni abdominales, por favor.—desde luego, la aterradora perspectiva de volver a sentir demasiado cada magullada parte de su desgastado cuerpo no le resultaba una realidad grata de masticar. Prefería morirse allí mismo, sobre la hierba húmeda y empapada hasta las trancas, a volver a forzar una de sus pobrecillas articulaciones; las cuales, por cierto, casi dándose por aludidas, comenzaban a contraerse de cuando en cuando, anunciando y vaticinando dolor. En el choque de miradas, por supuesto, salió perdiendo ella; en cuanto los refulgentes iris de Yatori rozaron los suyos, Kazashi se sintió ligeramente indispuesta. Amedrentada, sería, tal vez, el término correcto. Pestañeó repetidas veces, intentando acortar el tiempo que pasaba estableciendo contacto directo y presteando toda la atención que le era posible a las regañinas veladas de sabios consejos que esta, en un alarde de generosidad, le regalaba. Aunque, siendo sinceros, Kazashi habría preferido una buena ardilla asada a fuego lento que una moraleja a modo de tributo de iniciación; te estás convirtiendo en una salvaje. La vida en la naturaleza la estaba cambiando. Qué exagerada que era.

Entonces, Yatori le habló de una niña siendo devorada por un, al parecer, especialmente descomunal oso y Kazashi, víctima de un mal y certero presentimiento, rotó la mirada hacia el cielo y se encontró de lleno con la nube señalada por la emperatriz del firmamento; donde la maestra veía una bestia devorando a una presa tan boba como incauta, a la alumna le pareció vislumbrar a una grulla graznándole al oído a una honorable y ejemplar militar de la aldea. Apretó la mandíbula, rememorando a un indeseable que, incluso allí, tenía que comerle la oreja de la memoria. Si no le llevó la contraria a la superiora fue, como bien podía intuir, por puro, sencillo y motivado terror. Por norma general, el ser humano no solía reaccionar con demasiado autocontrol cuando se trataba de recibir un comentario contrario a su propio punto de vista. Por ello, aunque Yatori no pareciera ser de esa clase de personas que estallaban ante la más mínima de las provocaciones, Kazashi prefirió no tentar a la suerte y asentir frente a la entrañable escena descrita.—Tiene toda la razón, Yato-sama.—recostada sobre la hierba, cabeceó como buenamente pudo hacia delante y hacia atrás con exagerada vehemencia y dramatisma.—¡Qué buen ojo tiene! mire, mire, ha sabido ver a la perfección la curvatura de la mandíbula del oso al cerrarse en torno al frágil cuellecito de la niña.—improvisó, deshaciéndose en aprehensivos halagados hacia la iridiscente reina del momento. Mientras adulaba, se le fue encendiendo una chispa de valor en la avivada mirada, así que no pudo contener un pequeño brinco cuando la profesora la invitó a participar en la clase. La nube indicada, a ojos de un espectador poco entrenado en materia de procrastinación, bien podría haber pasado por una masa amorfa; para Kazashi, experta en perder el tiempo, tomaba mil formas y colores diferentes.—Es una ardilla guisada... ¡no, estofada! aunque también podría ser un conejo.—achinó los párpados, escrutando con mayor firmeza el lustrado firmamento.—Nah, es una ardilla. La cola es larga y peludita... qué buena pinta tiene.—a punto de salivar, se forzó a cambiar de foco y a elegir como referencia otra distraída nube que, por casualidad pasaba por allí.—¿Y esa? ¿qué le parece esa, Yato-sama? ¡a mí, se me parece a un castillo inexpugnable! y las pequeñitas que la rodean, son los soldados que lo defienden. ¿Ha estado alguna vez... en peligro real de morir? no nos contaban situaciones así en la academia. Creo.
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Yûgen Hotaru
Renegado B

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Yûgen Hotaru el Miér Jun 20, 2018 10:34 pm



Mi estrategia parecía funcionar, la reacción de la pequeña fue la espada por mí, ofrecerle nuevas jornadas de ejercicios haría que la pequeña se acostara y tendiera a mi lado. Cuando nuestras miradas se cruzaron, sentí algo extraño en mi organismo, quería proteger a la nueva camada de militares de la aldea, eran pequeños cachorros que necesitaban madurar velozmente si querían sobrevivir en este cruel y fatídico mundo. Bajé la mano con la que señalé la nube para apoyarla debajo de mi cabeza y usarla ahora como una almohada, escuchando muy atentamente cada palabra que Kazashi pronunciara. Aunque decidió apoyar mi teoría de la forma que tenía la nube – sustentando el dicho de que el superior tiene la razón –; me mostraría una inusual imaginación y curiosidad con sus siguientes palabras.

— Creo que el hambre comienza a afectar tus sentidos.  — indiqué apáticamente para haciendo un poco de fuerza en mi abdomen quedarme sentada como había estado con anterioridad. — O tienes mucha hambre, o tal vez estas alucinando por la jornada física que tuvimos hoy. — mi diestra ahora se movería hasta la frente de la joven para intentar comprobar que no tuviera fiebre, al comprobar que no solo golpearía suavemente con los dedos índice y medio de mi diestra su frente, — La curiosidad mató al gato. ¿No has escuchado eso? — pregunté. Me sentía orgullosa en ese momento por la manera en que actuaba la joven, era respetuosa, inquieta, hiperactiva, sabía cumplir instrucciones y por sobre todas las cosas era curiosa.

— Pero sí, he estado en peligro de morir. — confesé recordando aquellas escenas del pasado — Pero he sobrevivido contra todo pronóstico. — giré mi torso una vez más  hacía el frente, aparté mi mano de la frente de la pequeña y me quedé mirando el agua, — Sentir hambre y no poder comer. Sentir frío y no tener con que cobijarte. Sentir miedo y no tener donde esconderte.  — narraba de manera indiferente pero sincera, reviviendo lo que tuve que pasar a tan corta edad, — Sentir sueño y no tener donde refugiarte.— continué imaginando aquella escena donde tenía que recorrer los bosques en completa soledad, usando un kunai como única arma. — Cuando pases por algo así, solo recuerda no pierdas la calma. Y despreocúpate por sentir miedo, el miedo te ayudara a sobrevivir. — aclaré en ese instante girando la vista por sobre mi hombro y clavándola sobre el rostro de la pequeña.

— Por cierto, yo también tengo una duda, pero es algo más… Personal y de curiosidad. — aclaré aun mirándole desde mi posición — ¿Puedo hacertela? — cuestioné aguardando su aprobación para continuar con el dialogo.

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Chakra : 222

Inventario:

Otros Items

  • Daikiri x1

Técnicas:

País del Rayo - Kumogakure




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Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Kazashi Furukawa el Jue Jun 21, 2018 10:12 am

Gloriosa Aldea
Kazashi Furukawa
País del RayoKumogakure no SatoPasado
Aunque, a priori, pudiera parecer lo contrario, Yatori Hoshino estaba resultando ser una de esas personas que iluminaban, guiaban y, contra todo pronóstico, socorrían. Constituía, por decirlo de alguna manera técnica, el vivo ejemplo de que no hacía falta especializarse en medicina para salvar, auxiliar y, por encima de todas las cosas, proteger. Aquel índice apoyado firmemente contra su frente, para Kazashi, representó el valor para cambiar; el corazón, por supuesto, la motivación para luchar por lo que uno creía que merecía la pena. Te estás poniendo dramática de nuevo, Kazashi. Pero, en aquella inesperada ocasión, no le importó lo más mínimo no ser capaz de controlar sus alegóricos impulsos. A veces, uno necesitaba buscar señales por doquier para, con el tiempo adecuado, terminar encontrándolas. Apretó los labios, reteniendo la sonrisa que amenazaba con carcomerle, poco a poco, la seriedad; el tema a tratar requería silencio, respeto y, como era de esperarse, grandes dosis de empatía. Sin embargo, por más facilidades que siempre hubiera tenido Kazashi para conectar con los demás, no estaba preparada para semejante testimonio. Para enfrentarse, como diría la propia Yatori, con la realidad que, seguramente, a ella también le tocaría vivir en algún momento de su carrera. Cuando la mano volvió a apartarse, le dolió el pecho; se saltó una respiración, acongojada ante el relato... no, ante la crónica personal contada. Al darse cuenta de que llevaba ya un buen rato sin llevarse oxígeno a los pulmones, inspiró muy hondo.—Sentir hambre... y no poder comer.—repitió, lacónica, al tiempo que apoyaba la diestra sobre su adolorido abdomen. Yatori le hablaba sobre cómo había estado a punto de desfallecer por inanición y, en cambio, ella lloriqueaba sobre cómo no había llevado a cabo su segundo desayuno del día. Parpadeó en repetidas ocasiones, avergonzada.—Sentir frío y no tener con qué cobijarte.—murmuró, pensando en todas aquellas numerosas ocasiones en las que había temblado recorriendo las calles de la aldea, rogando por llegar a casa y sumergirse en un mar de mantas acompañada por su abisal gata gorda. Se le encharcaron los iris, qué se le iba a hacer.

¿Sentir miedo y no tener dónde esconderte?—la idea, a medida que le presentaba en voz alta, le atenazó la garganta, la llenó de un pánico añejo, olvidado.—Caerte de sueño, pero no poder dormir.—nuevamente, se recordaba a sí misma quejándose, en su día a día, de no haber pegado ojo después de haber descansado, como mínimo, cuatro o cinco horas. Se incorporó, queriendo quedar a la misma altura que la estrellada superiora; queriendo, de alguna manera, hacerle saber que allí estaba. Para todo. Para siempre. Con las manos apoyadas sobre el regazo, apretó los puños. Garganta inflamada, respiración entrecortada; esclerótica enrojecida, pulso vacilante. Conocía la sensación: iba a llorar. A derrumbarse por algo que ni siquiera le había pasado a ella. Apretó los párpados, negándose a dejar aquello caer, derramarse sobre unas emociones que no le pertenecían y que no tenía el derecho a ensuciar.—¡E-Entendido!—acertó a balbucear, temblorosa, mientras sacudía el rostro con vigor en un asentimiento demasiado exagerado.

¡S-Seré un gato c-curioso, t-tranquilo y a-algo m-miedoso!—atinó a concretar, al tiempo que comenzaba a pasarse la diestra por los ojos, tratando de negar lo que le parecía inminente. La siguiente pregunta -o, más bien, que se tomara la inaudita molestia de pedirle permiso y no le exigiera una respuesta, así, sin más-, indefectiblemente, hizo que se sobresaltara en el sitio. Expectante, al borde del llanto y estremecida por lo que Yatori había sufrido en el pasado -y, quién sabe, por lo que pasaría en el futuro-, volvió la mirada en su dirección, vacilante.—P-Pregunte lo que q-quiera: puede... h-hacerlo.—se revolvió, nerviosa, y repitió la danza de parpadeos una última vez.—R-Responderé a lo que sea.—y, entonces, pequeña, tímida, casi invisible, una lágrima se derramó por una de sus mejillas. Un retazo de vínculo desbordado, habría especulado su madre. Debilidad, lo llamaba la propia Kazashi. Giró el rostro en dirección contraria, decepcionada de no haber mantenido bajo control el intenso sentimiento. Tienes que aprender a no ser tan tú, y a ser más ella. Y, por una vez, estuvo de acuerdo consigo misma.
Estadísticas:
  • Fuerza : 01
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 03
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 03
  • Voluntad : 03
Chakra : 73
Cosas:

Estado de Kazashi
Chakra al 100%: Descansada y en perfectas condiciones. Puede pelear con todas sus facultades físicas.
inventario:
Bandana de Kumogakure no Sato — Anudada en su cuello.
2 píldoras de soldado — Bolsillo del pantalón.
Daikiri - En la cadera.
Calabaza - Apoyada contra la piedra.

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Yûgen Hotaru
Renegado B

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Yûgen Hotaru el Vie Jun 22, 2018 4:59 pm



Continuaba mirando por sobre mi hombro a la jovencita, tal vez me había excedido con aquella explicación sobre lo que era vivir una experiencia de muerte, pero era solo la teoría la que le contaba, la práctica era muy diferente, lo que yo viví durante esos meses en mi infancia fue algo abrumador, algo que nunca le desearía a nadie. — ¿Un gato? — pregunté con serenidad, para encogerme entonces de hombros restándole importancia al asunto, — Siempre y cuando logres sobrevivir puedes ser el animal que desees. — aclararía percatándome del movimiento que realizo para ocultar sus expresiones, giré entonces la vista hacía el frente para darle ese espacio de privacidad que muchas veces todos necesitaban, esos cinco segundos que te permitían drenar emociones que tu cuerpo no podía controlar.

— ¿No sientes frío con tan poca tela? — cuestioné, mi pregunta era no por cuestiones sociales si no tácticas, pensaba que llevar tan poca ropa durante una noche helada pasarías el trabajo de tu vida, — Es decir, tácticamente hoy pasarás el frío de tu vida, cuando estemos a la intemperie sin abrigos, tal vez con una fogata si logras encenderla. — aclaré en ese instante sin perderle de vista, — Pero creo que el frío te hará llorar. — indiqué una vez más con bastante tranquilidad, cada quien era responsable de sus acciones y si ella le gustaba andar así, no era nadie para recriminárselo, pero si por curiosidad podría cuestionarle la acción, además que ahora se había convertido en mi alumna o legalmente en compañera de mis entrenamientos.

Me coloqué de pie para girar y quedarme mirando en su dirección, extendí entonces mi mano hacía ella — Debemos empezar a recoger leña, cazar, tenemos muchas cosas que hacer… ¿Te revitalizo el descanso? — pregunté de manera serena, era hora que la joven comprendiera que luego de una jornada de descanso venía una larga jornada laboral, una que nos beneficiaría o perjudicaría, tendría que usar las energías que recupero para elaborar nuestro pequeño campamento de esa semana que pasaríamos en el mundo exterior. Me quedé expectante y ansiosa a su respuesta.

Stadisticas:

  • Fuerza : 30
  • Resistencia : 30
  • Agilidad : 30
  • Espíritu : 62
  • Concentración : 60
  • Voluntad : 30
Chakra : 222

Inventario:

Otros Items

  • Daikiri x1

Técnicas:

País del Rayo - Kumogakure




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Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: Gloriosa Aldea [Pasado]

Mensaje por Kazashi Furukawa el Vie Jun 22, 2018 7:05 pm

Gloriosa Aldea
Kazashi Furukawa
País del RayoKumogakure no SatoPasado
Un fulminante cambio de tema, tan drástico como inesperado, logró que la solitaria lágrima que navegaba por la mejilla de Kazashi terminara de derramarse sobre la humedecida hierba, frenando así, el paso a nuevos marineros insensatos que se hubieran planteado la posibilidad de recorrer también aquel mar inexplorado que solía ser su entristecida piel. Sí, contra todo pronóstico imaginable, la repentina e impredecible pregunta le cambió no solo el lívido color que hasta el momento había esgrimido su tez, sino hasta el desgastado ánimo que la había subyugado tras asimilar y digerir la hórrida experiencia narrada. Se le cortó el llanto de raíz y, del cadáver seco de la lágrima, emergió una carcajada; vivaz, espontánea, improvisada. Se llevó los brazos bajo el pecho, tratando de retener las incontrolables vibraciones de su abdomen. Incapaz de entender por qué le resultaba tan graciosa la súbita inquietud de Yatori Hoshino, se dejó llevar por el impetuoso sentimiento; apretó los labios, controlando el impulso de ponerse en pie, embestir a la polarizada instructora y condenarla a un abrazo perpetuo. Nuevamente, Yatori la sorprendía. La despertaba. La avivaba. La socorría.

La guiaba.—¡No se preocupe, no se preocupe!—hizo bailotear la diestra frente a su rostro, veloz. Achispada, se removió en el sitio, haciéndole ver que era de nervios inquietos y de hiperactividad manifiesta.—Si tengo frío, reuniré unas cuantas hojas que encuentre y me acurrucaré con ellas junto al fuego que logremos encender.—haciendo alarde de un positivismo que, en realidad, no creía honrar, aceptó con firmeza la mano tendida, esbozando lo que bien podría ser una sonrisa cargada de disoluta resolución o una mueca de repentino dolor. Sí, ese era uno de sus muchos y forzados músculos recordándole que todavía tenía pendiente la penitencia de las agujetas. Pero no quería, ni debía, hacerle notar a la radiante e imponente Yatori lo mal que se encontraba, así que se puso en pie, risueña, y fingió que no le ardía hasta la lengua al respirar. Podía con ello, o no. Ya se vería.

Si lloro, ¡no me consuele! tengo que aprender la lección. Por las malas, como siempre.—constató, todavía templada por la intensa narración anterior, mientras probaba a abrir y cerrar los dedos de la zurda con cuidado de no forzar ninguna de las estremecidas articulaciones. Temiendo que, si se volvía a detener, no sería capaz de contener la imperiosa necesidad de gritar un poquito de dolor, trotó en el sitio ligeramente y se desperezó con radiante optimismo, empezando a notar, lamentablemente, los efectos secundarios que un buen chapuzón podía traerle a la salud. Estornudó, titilante. Retrocedió un paso, arrugó la naricilla con gracia y, tras repeler un segundo terremoto, se recompuso.—¡No ha sido nada! una advertencia de mi sistema inmunitario... o una promesa de venganza, tal vez.—quiso reír, pero tan solo logró articular una especie de curvatura torcida. Inconstante.—¡Ha sido el mejor descanso de toda mi vida! ¡y eso que he tenido muchos! ¡un montón, de hecho! muchos más de lo que se podría -y querría- imaginar, Yato-sama.—cabeceó de izquierda a derecha, le dirigió una mirada ardiente a la solemne custodia que la guiaba y, tras alzar un momento el dedo índice de la diestra, se dirigió a la impoluta roca a la que había dejado custodiando al desgraciado paciente. Se instaló la calabaza sobre la espalda, resuelta. El peso extra, aunque difícil de llevar, le reconfortó levemente el alma; recuperar los problemas, después de alejarse un rato de la realidad, la hacía sentir bien y mejor. Una vez se cercioró de que las correas quedaban bien puestas, rotó sobre la punta de los talones y se llevó la conocida visera-mano a la frente.—¡Yatori-sama, lista para comenzar la acampada! ¡digo, la aventura! digo, digo, digo, digo, la ardua prueba de supervivencia.—articuló, con excesiva ligereza, al tiempo que acortaba distancias. Frente a ella, volvió a buscar aquellos iris iridiscentes que tanta estabilidad le inspiraban. Quería ser como ella.
Estadísticas:
  • Fuerza : 01
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 03
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 03
  • Voluntad : 03
Chakra : 73
Cosas:

Estado de Kazashi
Chakra al 100%: Descansada y en perfectas condiciones. Puede pelear con todas sus facultades físicas.
inventario:
Bandana de Kumogakure no Sato — Anudada en su cuello.
2 píldoras de soldado — Bolsillo del pantalón.
Daikiri - En la cadera.
Calabaza – A la espalda.

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