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Chico tonto. (Social pasado)

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Chico tonto. (Social pasado)

Mensaje por Yoshio Shita el Vie Jun 08, 2018 10:25 pm

Los pasos en la arena se borraban rápido, el viento rellenaba las huellas y se perdía el rastro. El joven Yoshio  caminaba con un trapo a la cabeza para evitar el rol y la arena, y este caía por su espalda, era de color naranja parecido al color de su entrono. No estaba muy entrado en el desierto del país del fuego, era lo más lejos que había estado jamás de su casa, pero seguía caminando. El chico dudaba de cuanto más iba a caminar, sabía que aquello no le llevaría a ningún lado, pero después de todo su viaje no tenía ni el más mínimo sentido, y tampoco se lo buscaba.

El viento levantaba la arena y el calor era fuerte, el sudor hacía que el viento le enfriase la piel, le quedaba poco agua, no tardaría en dar la vuelta. Su vista alcanzaba arena y se llegó a preguntar si alguien de verdad utilizaba aquel terreno tan agresivo y poco amable, y sinceramente se veía a sí mismo como un idiota por estar allí, donde nada se le había perdido, pero igualmente se veía como un fracasado mucho antes de emprender su camino, así que esa sensación no le detenía en absoluto.

Sus pasos se pararon ante un gran roca en su camino, esta le protegía del viento y le daba sombra. El chico llegó al cobijo y se quitó aquella tela anaranjada que le protegía, se sentó en la fina arena y sacó de su equipaje un pellejo lleno de agua, del cual bebió y se mojó sus labios ya secos.
Mirando al camino por el que había venido, dudó ligeramente de si podría encontrar el camino de vuelta, pero se relajó al tener el sol como compañero y guía indispensable. Se quedaría allí hasta la noche, el resto de luz que quedaba sería para pensar y escuchar el eco de divagaciones.




Brillan:

Ojos brillantes en la oscuridad.
Me observan.
¿Qué quieres?
¿Qué pretendes?
Ojos brillantes en la oscuridad.
Ojos tristes.
Ojos apagados.
Ojos furiosos.
Brillan con fuerza.
Tantos ojos en la casa de espejos.
Está oscuro.
Ojos brillantes que se mueven.
Todo en oscuridad.
Solo veo ojos brillantes.
Solo veo oscuridad.

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Re: Chico tonto. (Social pasado)

Mensaje por Kazashi Furukawa el Dom Jun 10, 2018 11:43 am

Chico tonto.
Kazashi Furukawa
País del FuegoDesiertoPasado
Así toda la vida; errancias, cantos, mares de yerma tierra, desiertos, ciudades y reflejos fugaces de todo lo que había perdido para siempre. Con las manos hundidas en las entrañas de una montaña de inestimable arena, Kazashi, aún sabiendo que era una hazaña tan inútil como poco fructífera, trataba de abarcar con sus deshojadas palmas todo aquello que, desgraciadamente, ya no le incumbiría jamás. Guerras que no libraría, muertas a los pies de unas memorias demasiado difusas como para legitimar y reconocer abiertamente como suyas; batallas perdidas, en las que ella nunca participaría. Vidas desvencijadas que, a aquellas alturas de la historia, ni siquiera acertaba a considerar como familiares, se amontonaban a la amplia cola de recuerdos desvanecidos que, aunque trataban de resistir al inexorable paso del tiempo, no podrían contener los incontestables efectos de las mil y una estaciones que, al final, terminarían poniéndole fecha de caducidad a su vida útil. Al principio, la ayudaban a llorar; a desahogarse. Después, a aguantar; a seguir, a soñar, a curar. ¿Y ahora? rememorarlos no dolía, no escocía, no ardía. El desierto, corona de su infancia, estaba destinado a cambiar o, por el contrario, a morir. Y ella, por más que le pesara, no podía hacer nada para evitarlo; recuperar una tierra yerma nada traería, nada convendría. En cambio, auxiliar al suelo que la había acogido y visto crecer, sí. Pero no podía dejarlo estar sin más, ¿verdad? olvidarse de un nombre sin luchar para evitarlo. Al menos, les debía eso; ¿a quiénes? a ellos, por supuesto.

Escarbaba ahora en la arena, forcejeando con las masas más rígidas que, inamovibles, se oponían a sus, supuestamente, buenas intenciones.—Vamos.—mascullaba la turbulencia de duna en el desierto, con las uñas llenas de polvillo irredento a causa del ingrato esfuerzo.—Vamos.—repetía de nuevo, incansable, mientras el hueco en la superficie comenzaba a cobrar fuerza, intensidad y, sobretodo, presencia. Eso era, precisamente, lo más importante del momento. Que el agujero llegara a algún nexo de unión con todos aquellos otros desiertos que poblaban el mundo que habitaba, insulsamente, la humanidad. Tenía que existir, ¿verdad? estaba segura de ello. Contrajo el rostro en una mueca de angustia: o, tal vez, de indómita frustración disfrazada de irresoluta consagración. A punto estuvo de darse por vencida y, como bien le había sugerido su casi padre al iniciar la inconveniente expedición, utilizar su propio don innato para remover la arena y, con maña y no saña, cavar la tumba que anhelaba.

Pero aquello, a ojos de sus vehementes ideales, no habría estado bien; no habría sido, como solía decirse, justo. Su... ¿gente? había defendido murallas, sostenido castillos y mantenido defensas hasta la última exhalación clamada, así que ella, como mínimo, les erigiría un homenaje digno. Adusto, como ellos mismos, pero del que pudieran sentirse orgullosos allí dónde estuvieran. Si es que algo esperaba por las vidas perdidas más allá de la muerte. Sinceramente, lo dudaba. O, mejor dicho, lo cuestionaba. Se secó el sudor de la frente, diligente, y, cuando creyó que la profundidad era la debida, retiró las manos para extraer un puñado de cenizas de arena de su bienaventurada calabaza. Desgraciadamente, nada más abandonar la chapucera excavación, la duna se recompuso de la execrable obra y echó por tierra -nunca mejor expresado- todos los castillos en el aire -o de arena, más bien- que llevaba gran parte de la tarde construyendo. Se quedó ahí, sentada sobre las rodillas, mientras se preguntaba qué demonios estaba haciendo en una duna de un país lejano, llorando sus desgracias, cuando alguien, en casa, podía estar necesitando ayuda. Auxilio rogado. Se pasó la diestra por la cara, dejando diminutas motas de arena a la altura de las mejillas; soltó una carcajada y, decepcionada, para no variar, con sus inconstantes decisiones, se puso en pie, se echó la calabaza a la espalda y comenzó el regreso a la civilización llevando prisas por buenas consejeras. De nuevo, se había equivocado al elegir, al pensar. Se reprendió, por supuesto.

Cuando el recorrido empezaba a hacérsele cuesta arriba y su resistencia adquirida al calor comenzaba a dar muestras de lo que el tiempo podía hacer con la memoria, Kazashi tomó una nueva y, esperaba, certera resolución; descansar. Lo mínimo, lo justo como para secar las lágrimas que, sin darse cuenta, le obnubilaban la mirada y le impedían llevar una marcha digna de una orgullosa militar de su inconmensurable, incontestable e insuperable nación. Los largos períodos pasados a la vera de la estrellada y eminente Yatori Hoshino, sin duda, habían hecho mella en ella; o estigma, según el punto de vista desde el que se mirase. Arrugó la naricilla con gracia al vislumbrar la silueta de una vetusta roca alzada en lo que, a sus ojos, todavía era la lejanía; reacia a creerse lo que la perspectiva le anunciaba, sujetó con mayor firmeza las correas de su estimado instrumento y se precipitó en una alocada -y poco conveniente- carrera hacia el peñasco. La sorpresa llegó, curiosamente, cuando se encontraba a menos de un triste metro de la mencionada piedra. Una persona, de carne y hueso, se encontraba reposada contra la sólida espalda de lo que, a partir de ahora, llamaría monumento. Paró en seco, perpleja.—¿Hola?—anunció su propia llegada, incapaz de deshacer el nudo que le atenazaba la garganta.—Tres preguntas.—proclamó, ligera, mientras retrocedía un paso hacia la senda recorrida.—¿Eres un espejismo?—lanzó la primera saeta, azarosa.—Sea o no sea así, ¿quién eres?—se pasó la lengua por los labios, con la bandana de su propia tierra natal ondeando a la altura de la cintura.—¿Qué haces aquí?
Estadísticas:
  • Fuerza : 01
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 03
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 03
  • Voluntad : 03
Chakra : 73
Cosas:

Estado de Kazashi
Chakra al 100%: Descansada y en perfectas condiciones. Puede pelear con todas sus facultades físicas.
inventario:
Bandana de Kumogakure no Sato — Colgando en su cintura.
2 píldoras de soldado — Bolsillo del pantalón.
Daikiri - En la cadera.
Calabaza - En la espalda.

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Re: Chico tonto. (Social pasado)

Mensaje por Yoshio Shita el Lun Jun 11, 2018 9:07 pm

El viento le hacía una agradecida y continua compañía. Era un sonido siseante que no se detenía, en ocasiones muy fuerte y hasta ensordecedor, aunque se había relajado con el contar de los pasos y el movimiento del sol, de manera que ya no era un sonido tan potente. Yoshio agradecía el ruido que le acompañaba, así como la dificultad que había supuesto por el camino, le daba una escusa para no tener que pensar y preocuparse por otras dificultades, hasta que se paró porque sus pies no pudieron más.

Ya llevaba a la sombra un rato, estaba con la espalda apoyada en el monumento y la katana pasaba por su hombro, estando entre sus rodillas clavada en la arena fina. La misma resultaba hacer un lugar cómodo para sentarse, a pesar de que el monótono sonido casi había pasado a ser ignorado. Su mirada estaba fija en la arena, aún con el trozo de tela al rededor de su rostro y cabeza, si se lo quitaba se llenaría de arena, y aquello sería impresionantemente incómodo. Su mente empezó a divagar por sus días desperdiciados, empezó a pensar que ya no trabajaba, que tampoco hacía misiones ni avanzaba en su entrenamiento, a preguntarse qué había sido de sus compañeros de academia, y como de fuerte serían en comparación de él mismo. La vergüenza y la frustración asolaban su rostro escondido, menos mal que estaba solo para que nadie lo viese, sería gracioso hacer aquella peregrinación por su país para encontrar a alguien que pudiese mirarle al rostro y leer la vergüenza que sentía de sí mismo en sus ojos.

Yoshio se marchó sin decir nada, solo se lo dijo a su tía y no dio fecha de vuelta ni motivo, solo se fue. Ahora ella estaba sola, tenía edad para trabajar, desde luego, pero se sentía culpable, aunque ni de lejos tan culpable como mal y triste por no conseguir lo que pretendía a pesar de que el camino a seguir parecía claro y sencillo. Simplemente no podía seguirlo, le pesaba, le angustiaba, se sentía mal y todo se acumulaba en su garganta, saliendo por sus ojos cuando nadie le miraba. ¿Acaso no podía hacer lo que siempre había soñado? No sabía por qué era tan difícil hacerlo, simplemente seguir el camino y el trabajo que había soñado le hacía perder las ganas y le asolaba el corazón, dejándole vacío y sin ganas de seguir respirando, sin ganas de que su corazón siguiese palpitando. Tan solo y triste, a nadie le importaba, desde luego, él lo sabía, pues no pretendía que nadie le solucionase los problemas ni se parase a su lado para facilitarle la vida. Solo quería saber que y como debía proceder, solo quería saber que podía hacer para que ese vacío se fuese.

Una silueta le distrajo de repente, no estaba solo. Aún estando tan lejos no estaba solo. Si existía algún dios era un maldito necio cruel, al menos así pensaba Yoshio, un necio malintencionado y con mal sentido del humor.
El joven miró con su rostro oculto en su tela, el dolor en la garganta desapareció, manteniendo sus ojos secos, no había dolor que pudiese hacer quedarle en vergüenza, sus problemas eran suyos y de nadie más. Se quedo esperando a que aquella persona se acercase, no sabía quien era, pero no estaba de ánimos de pretender nada, no quería pensar la manera correcta de actuar; no tenía ganas de complicarse.
Ella llegó a la sombra del monumento, así que pudo verla; aquella chica era simplemente preciosa, o al menos eso le pació al joven, seguramente la chica más bonita que había visto, y aún así se negó a quitarse aquella prenda que ocultaba su rostro. Parecía cansada, al menos por las preguntas que le hizo. El chico en cambio se quedó mirando aquella calabaza gigantesca que tenía en su espalda, lo que ya le decía que alguien muy normal no era. Sus ojos se paró en la banda que tenía a la cintura, aquello simplemente era la guinda, esa chica tan hermosa parecía ser su señora.

La cinta del joven estaba oculta en su brazo, bajo el hombro, y además bajo la tela que le pasaba de la cabeza hasta los hombros y terminaba en la espalda, tarde o temprano la vería, pero pondría a prueba su suerte sin revelar nada de su oficio o nombre. Y así respondió con una voz cansada, mientras se levantaba lenta y perezosamente, para responderle a todas las preguntas en una. -Yo solo soy un chico tonto-. En una mano tenía su katana, en la derecha, pero esta la dejó atrás, mientras que con la zurda le extendía un pellejo con agua, de piel de color marrón oscuro, agitándola para que pudiese escuchar el sonido claro del líquido mientras se lo ofrecía y le invitaba al espacio que se había apropiado momentos antes.

Después de eso volvió a la pared del monumento y apoyó su espalda, le había dado el pellejo para que bebiese lo que quisiera. Después de esa casualidad el joven había decidido que aquel era el límite de su camino, y que volvería a su hogar esa misma noche. Se sentía incómodo en presencia de esa chica por varios motivos: Para empezar aquella calabaza extraña ya le decía que alguien normal no era, seguramente de un clan, dado que también aquel no era un lugar para encontrarse con gente normal y corriente. Segundo era la hermosura de la chica, que le hacía sentirse incómodo por no saber reaccionar, e incómodo doblemente por verse incapaz de pretender algo, ya que era un desgraciado a sus propios ojos, como para compartir esa desgracia con alguna mujer. Y por último estaba el tema de que aquella simple chica podía acusarlo y le podía ejecutar por una falta de respeto, lo cual tampoco le resultaba agradable, y le recordaban que era un fracaso por nacimiento, además de pobre, mediocre y débil.

Estadísticas:
  • Fuerza : 12
  • Resistencia : 12
  • Agilidad : 11
  • Espíritu : 2
  • Concentración : 4
  • Voluntad : 4
Chakra : 68
Estado:
Chakra al 100%
Inventario:

Banda de Konoha. (En el brazo derecho)
6 Shurikens. (En el estuche pequeño del muslo izquierdo)
6 Kunais. (En el estuche pequeño del muslo derecho)
Mecanismo de Kunai oculto. (Muñeca derecha)
Kinzoku Ishi (Debajo del abrigo, en la cadera por la espalda)
Katana. (Entre sus manos o su cadera)




Brillan:

Ojos brillantes en la oscuridad.
Me observan.
¿Qué quieres?
¿Qué pretendes?
Ojos brillantes en la oscuridad.
Ojos tristes.
Ojos apagados.
Ojos furiosos.
Brillan con fuerza.
Tantos ojos en la casa de espejos.
Está oscuro.
Ojos brillantes que se mueven.
Todo en oscuridad.
Solo veo ojos brillantes.
Solo veo oscuridad.

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Re: Chico tonto. (Social pasado)

Mensaje por Kazashi Furukawa el Miér Jun 13, 2018 10:59 am

Chico tonto.
Kazashi Furukawa
País del FuegoDesiertoPasado
Dos estigmas hendidos, casi sin querer, en la piel de un alma herida; esa fue la primera impresión que a Kazashi le embriagó el corazón al establecer un nexo de unión entre las puñaladas ambarinas del desconocido y las rosas carmesís que sembraban sus propios iris. Le pareció que, de alguna manera, ambas miradas tenían algo en común; de una forma u otra, ya fuera externa o interna, la hemorragia que las nublaba hacía que, lentamente, se desangraran por dentro. Contuvo el aliento y, ante la inusual respuesta ofrecida, retrocedió un único paso; tal vez, asombrada. O, a lo mejor, asustada. Ladeó el rostro unos centímetros hacia la izquierda, entrecerró los párpados levemente y, con el zurrón todavía extendido en su tempestuosa dirección, le sonrió con una complicidad cercana.—¿Un chico tonto?—repitió suavemente, incapaz de contener una vigorosa carcajada que hizo mutar la expresión rígida prendida en sus normalmente despreocupadas facciones a una más relajada, confiable y, por qué no, animada.—¿Por qué no las dicho antes? ¡yo también soy medio imbécil! entre los nuestros, nos entendemos.—articuló con espontánea ligereza, al tiempo que destensaba la postura y deshacía la presión impuesta a su mandíbula. Resuelta, se pasó una mano por la cara, borrando los últimos rastros de oasis no queridos que pudieran quedar adheridos a sus pálidas mejillas y se acercó lentamente, apenas extendiendo la zurda para hacerse con la ofrenda tendida y llevársela, con cuidado de no derramar parte de su contenido en balde, hacia los labios. Dio un sorbo, reacia también a abusar de la extraña cordialidad del sombrío viajero. Le costaba apartar la mirada de aquellos ojos heridos; dañados.—Con esto me basta: aguanto bien el calor.—constató, para luego volver a tenderle el zurrón al intrigante caballero de las dunas.—O, al menos, eso creo.—se aproximó a su posición y, con inesperada tranquilidad, se apoyó en el segmento del monumento que quedaba a uno de los lados del desconocido; el tacto de la algente piedra contra su marmórea espalda, para variar, se sintió extrañamente placentero. Como si fuera una especie de palmadita en el hombro que quisiera susurrarla al oído: 'adelante, avanza, aquí estoy yo para velar por ti'. Un padre, una madre o un hermano, tal vez. Echaba de menos llorar, quizás. O gritar.

Un par de momentos en silencio bastaban para alimentar un deseo muerto o infectar una herida a medio sanar: igualmente, una pareja de palabras bien pronunciadas eran suficientes para curar. O, como mínimo, aliviar. Se pasó la lengua por los labios, dispuesta a decir algo. Cualquier cosa.—¿Por qué no te destapas la cara?—murmuró, al tiempo que se apartaba uno de sus propios mechones castaños de delante del rostro y extraviaba la mirada en un punto anodino del desértico firmamento que, sin pretenderlo, los sometía bajo su melancólico y opresivo influjo.—¿Es alguna clase de moda que se sigue en el País del Fuego?—interrogó, presta, mientras planeaba su siguiente movimiento para no dejar que el predestinado encuentro cayera en el saco roto del silencio.—Oh, qué estúpida soy.—se corrigió, vivaracha y encendida como una vela que forcejaba contra el viento por mantener su patética llama avivada.—Es para protegerte del viento, ¿verdad? pues te estás perdiendo una de las mejores cosas del desierto.—le reprendió, falsamente solemne, al tiempo que le propinaba un leve empellón con la cadera para hacerle perder el adusto centro de equilibro que se había construido. Le guiñó un ojo, ¡un ojo! y luego quiso retomar la conversación.

Además, quiero verte la cara.—manifestó como quien no quería la cosa, cruzando los brazos tras la espalda e inclinándose ligeramente hacia delante y hacia atrás sobre la punta de los pies.—Ya sabes, tengo que asegurarme de que, efectivamente, perteneces al selecto grupo de idiotas del que afirmas formar parte. Soy algo así como la capitana, y estaría mal por mi parte no constatar si llevas o no la estupidez pegada a los mofletes.—se encogió despreocupadamente de hombros, audaz. Plegó los labios, pensativa. ¿Por qué siempre terminaba viéndose atraída hacia todas aquellas personas que, en la distancia, le parecían necesitar ayuda? sonrió, cegada por una diligencia que, a la larga, le reportaría más problemas que beneficios. Tal vez, lo hacía por la mal llamada vocación. Quizás, porque encontraba en ello su propia salvación.—Sigues teniendo que decirme tu nombre: es el protocolo, lo siento.—y le tendió la mano en forma de saludo formal e introductorio, expectante. La espada, no le daba miedo. No ahí. No en casa.
Estadísticas:
  • Fuerza : 01
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 03
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 03
  • Voluntad : 03
Chakra : 73
Cosas:

[/b][/color]
Estado de Kazashi
[color=#cd5500]
Chakra al 100%: Descansada y en perfectas condiciones. Puede pelear con todas sus facultades físicas.
inventario:
Bandana de Kumogakure no Sato — Colgando en su cintura.
2 píldoras de soldado — Bolsillo del pantalón.
Daikiri - En la cadera.
Calabaza - En la espalda.

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Re: Chico tonto. (Social pasado)

Mensaje por Yoshio Shita el Miér Jun 13, 2018 4:14 pm

Aquella chica pasó su mano por las mejillas, ligero y rápido gesto que el joven captó. La mirada, a menudo vacía y con una expresión cansada del chico, pasó momentáneamente por aquel detalle, dándose cuenta de que aquellas apalabras alegres no daban a entender la completa realidad de aquella persona. ¿Y qué importaba? Yoshio acostumbraba a alejarse de los asuntos de los demás tanto como le fuese posible, rara vez podía cambiar algo con sus limitaciones, rara vez era útil, y rara vez podía suponer un factor de valor, así que rápidamente pretendió olvidar aquel afligido gesto frente el que no pretendía hacer nada, y así mantener la compostura y la aparente lejanía. Intentando mantenerse lejos de cualquier tipo de pena o miedo que aquella chica representaba para él, suponiendo mas miedo que pena, evitó volver a mirarla a los ojos, pues tampoco quería que ella mirase los suyos. Cogió el zurrón y lo colgó rápidamente bajo las prendas largas que vestía.

El comentario de la chica le llamó la atención, ya que le hecho de que aguantase el calor era un factor que hacía sospechar al joven que, a pesar que posiblemente no tuviese nada que ver, su actitud defensiva y su continuo comportamiento distante le hacía sospecha de que era una cualidad de algún tipo de habilidad. Aquello no ayudaba, ya que acrecentaba el temor que el chico tenía, o quizás eran los celos; quizás podía ser odio. No la conocía en absoluto y ello hacía que el chico pudiese mantener aquella barrera que él mismo quería poner para no tener simpatía ni agrado por ella, pues así sentía que todo estaría mejor, y que su falta de utilidad ni rasgos característicos o increíbles, como otros muchos ninjas podían tener, pasaría inadvertido.
Suspiró de forma profunda al apoyarse en el monumento con ella al lado, si era cierto que le hizo gracia que ella misma se considerase una idiota, ese sentimiento despreocupado le ayudó a relajarse, pero aún así no pudo olvidar el gesto de limpiarse las mejillas. No le estaba diciendo toda la verdad, puede que si sus palabras eran ciertas, pero su actitud alegre no era real, o al menos no entendía como podía serlo teniendo en cuenta aquel gesto. Pero aún más allá de eso, ¿qué le importaba? Se suponía que le tenía que dar igual. Allí apoyado cerró los ojos para tratar de calmarse un poco, estaba empezando a ponerse nervioso al sentirla al lado y hablar con ella, no estaba acostumbrado a ser el centro de atención, aun menos en frío y sin ningún objetivo claro como entrenar o un encuentro espontáneo. ¿Qué se suponía que debía hacer?

Pasado un momento en silencio, el cual el chico usó para meditar e intentar centrase en mantener una actitud algo distante, pero que parecía no conseguir ya que empezó a sentir un picor por la espalda de nervios, la chica empezó a hablar. Yoshio calló en que el silencio le resultaría evidentemente incómodo, pero lo que le pidió era exactamente lo contrario a lo que quería. El joven giró ligeramente su rostro oculto en aquella tela, no llegaba a mirarle al rostro, pero le prestaba atención. La chica dialogaba sola, era normal, el castaño no es que fuese muy hablador. -¿Cómo iba a ser posible que existiese una moda tan estúpida como esa?- Pensó el joven, que aún mantenía el silencio. Seguido de una leve y oculta sonrisa al escuchar su propia acusación de estúpida, la verdad que coincidía con aquella agradable desconocía, era algo estúpido pensar aquello sobre las modas.

Lo siguiente fue algo que le sacó de su estado serio y forzosamente distante, aquella simple broma y el pequeño envite le obligó a mirarla directamente a los ojos, cuando esta le giñó con una actitud juguetona, le sacó totalmente de lugar, rompiendo su estado lejano o pretensión de ser desagradable; no podía ser desagradable frente aquella delicia de chica. El corazón se le paró dejando escapar su respiración, mientras trazaba una linea fina en sus labios, seguido de unas pulsaciones aceleradas que consiguió disimular con la destreza de un actor, seguramente por pasar años evitando llamar la atención de todas las personas que le rodeaban en su día a día. Notó un calor subiendo por su cuello y eclosionando en su frente, mientras que apartó la mirada ligeramente para volver a mirar al suelo. ¿Qué había sido eso? Era un idiota por reaccionar así, se iba a meter en algún problema del que saldría haciendo el ridículo, seguramente.

El chico se veía superado por su incapacidad de responderle o actuar de forma desagradable, costumbre propia para alejar a las personas que le ponían nervioso. No sabía como responder en absoluto, así que pensó rápidamente como podía detener aquello antes de responder sin pensar y decir alguna estupidez, alguna que fuese demasiado cierta. -¿Quieres ver mi cara y saber mi nombre?- Dijo el joven apresuradamente, aún manteniendo un tonto de tranquilidad y algo de solemnidad en sus palabras, había algo que podía hacer para mantener la distancia, que era sacar un tema que la incomodase tanto como lo estaba él. Realmente no sabía porque iba a hacerlo, solo sabía que era su forma de actuar, tenía un espacio personal íntimo que se estaba desmoronando, y necesitaba mantenerlo, o al menos creía necesitarlo. -Me podrás quitar la tela tú misma, y te responderé a todo lo que quieras, si antes me explicas porque estabas llorando.- No había podido quitarse el gesto de sus mejillas de entre sus pensamientos, si no lo hubiese hecho, el chico seguramente no se habría dado cuenta de las marcas, pero lo hizo. Con esto esperaba que ella siguiese hablando en vez de tener que hablar él, ya que no le gustaba, le ponía nervioso. Para poder hablar, antes tenía que observarla más tiempo y más detenidamente, después de todo le estaba empezando a gustar su forma de expresarse, así como escucharla y verla, era preciosa, por mas que pretendiese evitarlo y olvidarlo, no sabía si sentirse un estúpido porque se sintiese bien tener aquella compañía, o por no saber alejarla para mantenerse solo. En ese momento todos sus pensamientos ordenados e inamovibles por años estaban alborotados como una bandada de pájaros, del cual no podía sacar una conclusión clara de lo que él mismo quería.

Estadísticas:
  • Fuerza : 12
  • Resistencia : 12
  • Agilidad : 11
  • Espíritu : 2
  • Concentración : 4
  • Voluntad : 4
Chakra : 68
Estado:
Chakra al 100%
Inventario:

Banda de Konoha. (En el brazo derecho)
6 Shurikens. (En el estuche pequeño del muslo izquierdo)
6 Kunais. (En el estuche pequeño del muslo derecho)
Mecanismo de Kunai oculto. (Muñeca derecha)
Kinzoku Ishi (Debajo del abrigo, en la cadera por la espalda)
Katana. (Entre sus manos o su cadera)




Brillan:

Ojos brillantes en la oscuridad.
Me observan.
¿Qué quieres?
¿Qué pretendes?
Ojos brillantes en la oscuridad.
Ojos tristes.
Ojos apagados.
Ojos furiosos.
Brillan con fuerza.
Tantos ojos en la casa de espejos.
Está oscuro.
Ojos brillantes que se mueven.
Todo en oscuridad.
Solo veo ojos brillantes.
Solo veo oscuridad.

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Re: Chico tonto. (Social pasado)

Mensaje por Kazashi Furukawa el Jue Jun 14, 2018 9:58 am

Chico tonto.
Kazashi Furukawa
País del FuegoDesiertoPasado
Algunas preguntas iban a morir al centro del pecho, a la altura del corazón; algunos detalles, disfrazados de armas blancas, se clavaban en la boca del estómago, turbando las entrañas y carcomiendo el pensamiento. Algunos momentos, por más que trataran de ser evitados, indefectiblemente, terminaban llegando. Kazashi, de pronto, se vio cuestionada, apuñalada y, lo peor de todo, superada; sentimiento conocido, ya saboreado, pero nunca masticado, digerido y, mucho menos, procesado. Asimilado. Apretó la mandíbula, volvió a pasarse la mano por las arenosas mejillas; parecía querer borrar la prueba de su delito para evadir la condena y, con suerte, hasta el juicio. De inmediato, dejó caer la exhortativa extremidad a un lado; la dejó inmóvil, estática. Muerta, tal vez. O en coma, más bien.

Pestañeó, porque no se podía negar lo evidente; suspiró, porque ella, por más que le pesara, no tenía ese poder de hacer como que las cosas no pasaban y los hechos no dolían. No era ligera como una guillotina: tampoco valiente como Yatori Hoshino le pedía que fuera. Por no ser, no era ni una persona fácil de llevar. De aguantar. Cruzó los brazos tras la espalda, pendiente de, tal vez, lo que el viento pudiera soplarle al oído. Pero susurrarle a la arena, incluso a alguien como ella, se le hacía difícil; principalmente, porque no tenía una conciencia a la que pudiera pedirle que le hiciera favores. Por ejemplo, que se metiera en las vías respiratorias del arisco viajero, le atragantara un poquito hasta dejarle sin aire y, después, cuando él ya no pudiera pensar en nada que no estuviera relacionado con respirar, le dejara en paz. Así, al menos, se olvidaría de la pregunta. De la contraoferta puesta sobre la mesa. De las lágrimas secas que habitaban las dunas desérticas de sus sonrojadas mejillas. ¿Realmente le estaba deseando un atragantamiento fortuito a un pobre desconocido que poco tenía que ver con sus desvaríos internos? sólo moderadamente, que conste en acta. Se sintió, como tampoco era novedad, una mala persona. O un mal médico, como mínimo.

Oh, qué perspicaz.—articuló con cierta apatía, casi fingiendo desinterés hacia sus propias desgracias.—Estás hecho un águila, ¿eh? ¿o era un lince? bah, ya no me acuerdo.—halagó, mostrándose un tanto indiferente, mientras planeaba el siguiente movimiento a realizar. Improvisar tampoco era su punto fuerte, ni mentir. Estiró los brazos hacia arriba, desperezándose como buenamente podía. A decir verdad, sólo intentaba arrastrar los segundos para que le concedieran minutos. Alargar el tiempo, según su casi padre, era una de las pocas cosas que se le daban de lujo; forzó una sonrisa desgastada sobre los labios, imaginándose la manera en la que Yatori Hoshino se habría enfrentado a un instante como el que le tocaba a ella vivir. Le salió mal la jugada: un 'métete en tus asuntos' no parecía encajar correctamente en su garganta, como si las cuerdas vocales que allí vivieran se pusieran en huelga con tan sólo pensarse sonando bordes. Cabeceó de izquierda a derecha, resignada a convertirse, nuevamente, en un libro abierto para un extraño. Cosas que pasaban, supongo.—Primero: la gente del desierto no llora. Suda.—elevó el dedo índice, queriendo representar una solemne enumeración como las que su maestra llevaba a cabo con ella cuando quería ponerle los puntos sobre las íes. Muy a menudo, por cierto. Demasiado, incluso.—Segundo: cuando alguien te extiende la mano, la aprietas. Así funcionan las cosas, chico.—constató en un tonito agudo, casi parecido al de un reproche. Pero no era lo suyo regañar, así que, en lugar de forzar las cosas, alzó el dedo corazón y continuó lanzando saberes verdaderos.—Tercero: tú también deberías estar sudando por los ojos.—última falange que ondeaba al viento, última saeta desplegada hacia ninguna parte. Sin saber muy bien qué demonios debería hacer ahora que tenía las cartas puestas sobre la mesa, se dedicó a enfatizar la mano alzada por delante de la cara del desconocido, como si, de aquella manera, sus palabras pudieran cobrar alguna clase de valor o peso extra.—Los desiertos son cementerios, nacimientos y, por encima de todas las cosas, puntos de inflexión; tendrías que llorar por los cadáveres, las vidas y los cambios.—dejó que la diestra retornara a su antigua posición, al tiempo que alargaba la curvatura ensanchada en su boca y extraviaba la mirada en un punto remoto de la inmensa duna que se extendía, inmisericorde, frente a ambos. Entonces, cayó en la cuenta de que le había faltado darle un consejo importante al aprehensivo viajero de ademanes taciturnos y mirada herida, que no apenada; rotó la mirada y la hizo caer sobre él.—Y nunca ofrezcas tu agua en el desierto... sería como si, en el abismo, le dieras tus alas a otra persona.—y aquello, aunque pudiera sonar irrelevante, se lo decía en nombre y por cuenta del clemente desierto que ahora pisaban. Confiaba en que, llegado el momento adecuado, no se le olvidara.
Estadísticas:
  • Fuerza : 01
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 03
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 03
  • Voluntad : 03
Chakra : 73
Cosas:

[/b][/color]
Estado de Kazashi
Chakra al 100%: Descansada y en perfectas condiciones. Puede pelear con todas sus facultades físicas.
inventario:
Bandana de Kumogakure no Sato — Colgando en su cintura.
2 píldoras de soldado — Bolsillo del pantalón.
Daikiri - En la cadera.
Calabaza - En la espalda.

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Re: Chico tonto. (Social pasado)

Mensaje por Yoshio Shita el Jue Jun 14, 2018 7:27 pm

Sus palabras directas habían tenido el efecto buscado, aunque esto no significaba que fuese satisfactorio. El cambio de expresión fue inmediato, los ojos de Yoshio se plantaron en el rostro de aquella chica de forma veloz, viendo el fruncir de los labios y, lo que él entendió, como gestos de rabia y desanimo producidos por aquellas desafortunadas palabras, a propósito hirientes. Siguió un rato de silencio en el cual la chica meditaba, con gestos que le parecieron nerviosos, formas de conducir una rabia interna, con las que el joven estaba muy familiarizado por desgracia. Se congelaron los sonidos, aunque duraría poco, era el primer silencio que de verdad molestaba e inquietaba al joven, haciendo uso de una manía que le desagradaba, jugando con la yema del dedo gordo entre su dedo índice, a modo de nerviosismo. Aunque todo esto estaba oculto bajo su tela naranja, del cual solo se podía ver un ligero movimiento de cabeza para mirar a aquella pequeña y dulce mujer.

Siendo sincero el chico no sabía porque había hecho aquello, llevaba días solo sin poder hablar con nadie, vacío y con la mente llena de un ruido desagradable e inentendible, en ese lugar apareció aquella chica que pretendía ser alegre y amable, y lo estropeó todo, seguramente le hizo daño y arruinó la situación. ¿De verdad quería ser así? El castaño se empezó a preguntar de forma indirecta cuando empezó a ser tan rematadamente capullo, mientras meditaba esto en la fracción de segundo que tardo en arrepentirse de las palabras que acababa de hacer, bajo la tela sus labios formaban una fina linea, y notó la tensión en los músculos de su mandíbula.

Rápidamente quiso disculparse, pedirle perdón, quitarse la tela y volver a verla con aquella falsa expresión alegre, pero ya era tarde, estaba dicho. Pretendería no volver a estropear las cosas de nuevo a modo de disculpa, al menos para estar a fin consigo mismo.
La chica cruzó los brazos tras de sí, como si pretendiese volver a hablar, cosa que no pensaba impedir, ya que después de todo y aunque le supiese mal lo que hizo, consiguió su objetivo, que ella siguiese hablando, pero esta vez sin tapujos. O al menos no los mismos tapujos. El chico cogió la espada y clavó el saya en la arena, dejándola allí estática, dado que no quería tener ningún tipo de aspecto amenazador. Solo pretendía que la situación se calmase. Después de eso se puso frente a la chica y se sentó de rodillas, al tradicional estilo japonés, haciéndole señas para ofrecerle una conversación. Con su katana clavada a su izquierda y sus manos visiblemente en sus rodillas, pretendía darle un ambiente mas formal, para quitar lo tensión que se había producido en aquel singular lugar.

Aunque llegase tarde, pretendía ser educado, compensando de algún modo el no haberle dado la mano. Mientras notaba sus rodillas hundirse en la mullida y templada arena, escuchó palabras de la chica que, al menos a los oído de Yoshio, buscaba quitarle importancia al asunto, cosa que no funcionaba. El chico solía intentar disimular a diario lo que sentía hacia los demás, y en ello aprendió que las palabras no hablan mas que un escrito, y que lo único importante es el lenguaje que no se habla. Aquellas expresiones le mostraron el dolor de la joven como un lienzo, y aquello le afligía más de lo que podría haber pensado. El castaño se negó a contestar sus primeras palabras, como se negó a contestar a varias más cosas que dijo, a pesar de escucharlas todas con atención.

La gente del desierto no llora. Aquello era como decir que se le había metido arena en los ojos, aunque puede que hubiese algo oculto que no entendiese en esas palabras. Sus palabras adquiría una tonalidad mas severa, cosa que era totalmente previsible y entendible, ahora solo quedaba escuchar.
La segunda era una lógica incuestionable, había sido mal educado, aunque también es cierto que no la conocía, pero seguía teniendo razón. Cuando alguien te ofrece la mano, lo correcto era corresponder, pero mas allá de eso, le dolió que le llamase "chico". Ese pensamiento y sentimiento era estúpido, el mismo se había presentado como un "chico tonto", pero al decirlo con una tonalidad seria adquiría otro significado, aún así cerró los ojos y lo comprendió.
La tercera era algo que no pudo comprender, puede que por su naturaleza mas lejana, egoísta e insensible. ¿Por que se suponía que debía de llorar por gente que no le importaba? Lo escuchó hasta el final, pero no le convenció en absoluto. Y después escuchó lo del agua, aguardando y pensando muy bien en la respuesta que quería darle, pues odiaría explayarse demasiado o hablar mas de lo necesario.

Por otra parte, aquel tono mas serio y fuerte le daba un atractivo sexy a los ojos del joven, cosa que pretendió ignorar con todas sus fuerzas. -Lamento ser desagradable y maleducado, la verdad es que no me fío de quien no conozco. Lamento que el desierto sea tan importante para ti, la verdad es que no me importa quien haya muerto aquí.- El joven intentó hablar con un tono serio y grave, como sentenciando con cada palabra que pronunciaba. Aún así, y a pesar de que le gustaba acabar con las conversaciones rápido, en aquel momento vio preciso darle a ver una pequeña parte de si mismo, una pincelada de su color expresando una opinión que fuese mas cercana, cosa que le parecía extraño incluso a él. -Y si me encontrase en el abismo, le daría mis alas a la persona que se las mereciese. Desde luego ese no sería yo.- Apretando sus manos en sus rodillas en un descuidado gesto de verdad grave, cerrando los ojos y aseverando sus palabras, así quiso concluir; quizás a modo de disculpa; quizás a modo de verdad. Aunque aún le quedaba algo más que, sin saber por qué, necesitaba contar. -Me llamó Yoshio Shita.-





Estadísticas:
  • Fuerza : 12
  • Resistencia : 12
  • Agilidad : 11
  • Espíritu : 2
  • Concentración : 4
  • Voluntad : 4
Chakra : 68
Estado:
Chakra al 100%
Inventario:

Banda de Konoha. (En el brazo derecho)
6 Shurikens. (En el estuche pequeño del muslo izquierdo)
6 Kunais. (En el estuche pequeño del muslo derecho)
Mecanismo de Kunai oculto. (Muñeca derecha)
Kinzoku Ishi (Debajo del abrigo, en la cadera por la espalda)
Katana. (Entre sus manos o su cadera)




Brillan:

Ojos brillantes en la oscuridad.
Me observan.
¿Qué quieres?
¿Qué pretendes?
Ojos brillantes en la oscuridad.
Ojos tristes.
Ojos apagados.
Ojos furiosos.
Brillan con fuerza.
Tantos ojos en la casa de espejos.
Está oscuro.
Ojos brillantes que se mueven.
Todo en oscuridad.
Solo veo ojos brillantes.
Solo veo oscuridad.

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Re: Chico tonto. (Social pasado)

Mensaje por Kazashi Furukawa el Sáb Jun 16, 2018 9:34 am

Chico tonto.
Kazashi Furukawa
País del FuegoDesiertoPasado
El adusto desconocido resultó ser una persona de lo más exagerada, de esas que se lo tomaban todo demasiado en serio. Demasiado, como solía decirse, a pecho. Y es que, que clavara la saya en la arena tuvo un pase, pero que eligiera, prácticamente, casi postrarse ante ella rozaba ya el límite de una delgadísima raya de contención que Kazashi no sabía ni que tenía. Atónita y confundida a partes iguales, las mejillas -aún descoloridas por el azote de la imbatible e inexpugnable intemperie- se le ruborizaron ligeramente; no de vergüenza, tampoco de pudor. Más bien, de genuina incomodidad. No, no sabía muy bien cómo decirle que, aquellos rígidos y vetustos desplantes, estaban un tanto fuera de lugar teniendo en cuenta dónde y de qué manera se habían encontrado. Aunque la primera parte de la oración que el arisco muchacho articuló estuvo a punto de pasar por buena, la secuela terminó por arrancarle una breve, escueta y animada carcajada. Enarcó una ceja, risueña. ¿De dónde había salido un tipo semejante? el mundo, desde luego, rezumaba mil y un misterios inexpertos por cada recoveco abierto, descubierto o investigado. Ocultó la comisura de sus labios tras la diestra, queriendo enjaular la risilla, tan nerviosa como desenfrenada, que se le escapaba a cada instante desatado.—¡Ai, qué bueno!—la zurda, queriendo ayudar en el cometido de doblegar los indómitos accesos de incontenibles carcajadas que le sacudían el cuerpo, se posó sobre el vientre de Kazashi y ayudó a que su tripa no se viera superada por las alegres contracciones que la hacían vibrar por momentos.—E-Es... ai.—y continuó descojonándose un ratito más. ¡Pero era sin querer! que constara en el acta informativa del juicio... si es que llegaba a producirse alguno, claro estaba. Cuando finalmente logró dejar de reírse, se pasó unos segundos hipando contra el dorso de su mano, todavía algo descontrolada.—¿Lamentas que el desierto sea tan importante para mí? ¡¿por qué?!—interrogó, repentinadamente interesada, mientras se inclinaba hacia delante unos centímetros. Le habría gustado mirarle a la cada mientras hablaban, pero, por ahora, no las tenía todas consigo como para atreverse a despojarle del velo que él mismo se había impuesto. Innecesariamente, eso sí.

Nunca deberías decirle a alguien que está de más que algo le importe tanto.—le reprendió, tras un mínimo momento de pausada contemplación, al tiempo que volvía a recostarse contra la algente pared de piedra y extraviaba la mirada en un punto anodino por encima del estoico viajero errante.—Las cosas que nos importan...—se pasó la lengua por los labios, rauda.—... o nos han importado tanto son, precisamente, las que nos definen o han definido.—murmuró, en apenas un hilo trémulo de oscilante voz, para luego dejarse caer sobre las rodillas, justo como el estrambótico desconocido.—Son viento en esas alas a las que quieres renunciar: quizás, justamente porque no tienes cosas que te importen tanto, te cuesta tanto conservarlas y, por eso, quieres deshacerte de ellas cuanto antes.—aventuró, tal vez, demasiado ligera. Aún le quedaba cuerda para rato.—Nunca des tus alas, aunque no te creas merecedor de ellas.—y aquello, más que por él, iba por ella misma.Si te consideras indigno de tus propias alas, úsalas para ayudar a otros, no a otro.—clavó una mirada resuelta, impetuosa, en el alma adormilada y algo apática del demacrado individuo. Empezaba a entender lo que solía increparle Yatori Hoshino acerca de lo indeseable y desagradable que podía llegar a ser la llamada autocompasión.—No las regales, aprovéchalas; agítalas, elévate, consigue cosas que te importen tanto como para que sean el viento que las impulse y ayuda a ascender a otros. Eso, créeme, te hará digno y merecedor de ellas.—aclaró, álgida, haciendo descender levemente la intensidad del tono hasta que regresara a una mucho más calmada, amena. No era nadie para darle sermones a un descarriado extraño... ¿de nombre Yoshio Shita?, no le quedó muy claro. La revelación le arrancó un leve sobresalto. Intuía que el segundo elemento de la ecuación se encontraba nervioso o, como mínimo, algo incómodo, pues le había bailado ligeramente la entonación en la más que esperada introducción.—¿Quién te llamó así? ¿o quieres decir que te llamabas, antes, así? ¡no, no, no, espera! ¡ya lo tengo!—índice en alto, teoría bailándole a la altura de la garganta. Un clásico.—¡no es que te llames Yoshio Shita! ¡es que el otro día te llamó por la calle un tan Yoshio Shita!
Estadísticas:
  • Fuerza : 01
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 03
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 03
  • Voluntad : 03
Chakra : 73
Cosas:

[/b][/color]
Estado de Kazashi
Chakra al 100%: Descansada y en perfectas condiciones. Puede pelear con todas sus facultades físicas.
inventario:
Bandana de Kumogakure no Sato — Colgando en su cintura.
2 píldoras de soldado — Bolsillo del pantalón.
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Re: Chico tonto. (Social pasado)

Mensaje por Yoshio Shita el Lun Jun 18, 2018 7:06 pm

Una linea muy fina dibujada por la comisura de sus labios, vergüenza. Aquello fue lo que sintió frente a la carcajada desenfrenada y el error que tuvo al hablar. Quizás el pensarlo demasiado le puso nervioso y fallase de una forma tan estúpida. Bajó un poco su mirada para que tampoco viese ese gesto de rabia, generalmente el chico se levantaría y se iría, pero a no ser que se fuese caminando por el desierto, perdido y cansado, poco más iba a hacer. Con la negación a un orgullo profundo de su personalidad, que había llevado años rechazando, el chico se quedó simplemente allí quieto, sin decir ni hacer nada más que apretar sus dedos en sus rodillas de una forma poco visible y muda. ¿Qué importaba ya? Se preguntaba el chico mientras escuchaba la fina risa, aquello podía dolerle, y aún así era consciente de que era una estupidez, rasgo de una personalidad demasiado seria, una que no le pegaba a alguien que no podía exigir respeto ni tampoco lugar. Le comía por dentro la rabia, lenta y segura, rabia que con el tiempo, se transformaba en una impotente pena, pues era un sentimiento que se le quedaba dentro, a excepción de alguna explosión de ira esporádica, la cual no llegaba a entender.

Al menos le hacía reír. Un pequeño consuelo para el castaño, que le nacía un sentimiento encontrado, permitiéndose liberar un poco de aire y relajar la tensión que crecía en su espalda. Al menos esa chica tan bonita estaba riendo. Rara vez conseguía hacer reír a una chica hermosa, y aunque no fuese su intención, al menos se reía. Cerrando los ojos y liberando sus labios en un soplo de aire fino, se relajó frente al nuevo pensamiento positivo que apenas llegaba a creerse: -Ha dejado de estar triste-. Pensaba en sus adentros. -Antes lloraba y ahora se ríe, ella se siente mejor. No tengo que tomármelo tan en serio, ni siquiera conoce mi rostro-. Continuó en su cabeza, casi desesperado por mantener la compostura.

Mientras el Joven se esforzaba en tener algún pensamiento positivo y así aplacar su naturaleza estoica y, ¿por qué no? cabezona, el mar de risas se detuvo cuando se agotaron, empezando una conversación donde una chica hablaba, y un chico escuchaba. La lógica de la chica podría ser cierta, "las cosas que nos importan son las que nos definen", el problema es que no te importe nada ni nadie y no tengas nada que te defina. Pensamientos oscuros y contradicciones frente a las palabras que, aparentemente tenían sabiduría, rondaban la cabeza del castaño, pensamientos que no saldrían por sus labios

Finalmente la chica se sentó frente a él. Tardó demasiado, le hizo pasar vergüenza, chica egoísta. Fue el juicio inmediato que pasó por la cabeza del joven mudo, ya que se rió sin importarle como se pudiese sentar él, además de ignorar la invitación, por muy extraña que fuese, a conversar. Aquello tenía poco sentido, y lo sabía, pues él rechazó su mano, pero eso era algo muy distinto a reírte de alguien. Chica egoísta, como casi todas las que eran guapas, solo ellas se lo podían permitir ser. A pesar de esto, el joven no le miró, ya que la tela tapaba su rostro, solo llegaba a verle las rodillas.

Lo siguiente que le dijo, la continuación que se demoró un instante, en el cual la mente de Yoshio había opinado sobre todo y más, continuó, esta vez gustándole mucho menos lo que decía. Hablaba sobre el significado de las alas y el su opinión al respecto, y mas allá de que tuviese o no razón, no le gustaba que nadie le hablase como si tuviese la verdad absoluta. ¿Qué sabría ella por lo que él había pasado? ¿Qué sabría él por lo que ella había pasado? Palabras vacías de razón, opinión vacía de valor. Un rechazo total, tan recto y exagerado como la personalidad natural del chico, él no aceptaba los consejos ni las palabras de nadie que ni siquiera lo conociese, quizás por eso estaba así de triste y perdido.

El sermón siguió, mientras el joven escuchaba. A pesar de que no solía, en ningún caso, hablar sin pensar mas de dos veces lo que iba a decir, notaba un calor subiendo por su pecho, el cual se dirigía hacia su garganta. Cuando ella acabó de hablar sobre el recurrente tema, el chico puso la espalda recta y le miró a los ojos directamente. Su mirada no era casual ni distraída, casi muerta, como solía serlo. Esta, vez llamaba a la agresividad, y abandonó cualquier pretensión de disimular lo que decía, con una confianza insólita y una seguridad que no solía dejar ver. -¿Quien eres tu para decirme que debo o no hacer con mis alas?- Dejando un breve periodo de tiempo para seguir con lo que parecía que comenzaba a decir, en el que casi se arrepentía de hablar de manera rápida, casi rozando la agresividad o la intimidación. -¿Quien es nadie para decirme a mi que debo hacer o a quien le puedo dar lo que me pertenece? Quizás no sea cuestión de elevarte, quizás debas enfrentar el abismo. A mi los demás no me importan, ni tampoco mancharme las manos. No tengo miedo a lo que depara la oscuridad. Yo no me elevo ante los problemas, yo quiero romper cada barrera y límite. Y si le tengo que dar algo a alguien, será mi estela. No necesito alas, solo necesito fuerza para crear un camino nuevo-. En ese momento de convicción, en el que interrumpió cualquier palabra alegre o triste que la chica pretendiese continuar, el joven no prestó atención a lo que decía o del significado que tenía para él, del cual no parecía darse cuenta conscientemente. Solo lo soltó como le salió. Casi como si rasgase su depresión, la cual era mas notoria al ver su verdadero rostro, y pudiese verse a él mismo, casi como si, por un momento, partiese aquella barrera que jamás había podido partir y lo viese todo claro. Dos segundos en los que su mente dejó de escuchar el ruido, para encontrarse con la claridad absoluta de un objetivo y una convicción poderosa tras él. Solo dos segundos.

Después de eso, en un momento donde había mirado a aquella chica directamente a los ojos con su rostro al descubierto, volvió a mirar al suelo. Volvió el ruido, volvió la niebla. Todo sentimiento de claridad se volvió oscuro con una mirada cabizbaja. Después de todo, y por mucha convicción, el chico recordó quien era, cuales eran sus limitaciones. Recordó que aquella chica podía enviarlo a la prisión, ya que era su señora y superiora por nacimiento, que toda su familia venía de una estirpe llamada al fracaso. Recordó su apellido y su casa a punto de desplomarse al suelo. Recordó que su entrenamiento no había servido para nada, y calló de nuevo. Se hizo el silenció, en su garganta y su cabeza, se hizo el silencio frente a lo que acababa de decir, no hacía nada. Solo estaba allí con la cabeza oculta de nuevo, y un dolor en la garganta que le impedía hablar.




Brillan:

Ojos brillantes en la oscuridad.
Me observan.
¿Qué quieres?
¿Qué pretendes?
Ojos brillantes en la oscuridad.
Ojos tristes.
Ojos apagados.
Ojos furiosos.
Brillan con fuerza.
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Está oscuro.
Ojos brillantes que se mueven.
Todo en oscuridad.
Solo veo ojos brillantes.
Solo veo oscuridad.

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Re: Chico tonto. (Social pasado)

Mensaje por Kazashi Furukawa el Mar Jun 19, 2018 10:36 am

Chico tonto.
Kazashi Furukawa
País del FuegoDesiertoPasado
Dos puñaladas que, de estigmas hendidos en la carne del ignominioso vagabundo, pasaban a puñales; voz que, de querer camuflarse en la realidad con la que le había tocado lidiar, pasaba a querer rasgar cuantas falsas verdades se le pusieran por delante. Aunque Yoshio Shita le clavó una mirada en el corazón, Kazashi no se inmutó; estática, recta y, para variar, templada en lugar de ardiente, le sostuvo el gesto. ¿El desplante? la advertencia. Porque, de alguna manera, Kazashi quería pensar -o, mejor aún, creer- que, después de tanto tiempo asimilando las constantes  y certeras reprimendas de Yatori Hoshino, se sentía por encima de todo eso. ¿Del qué, exactamente? de las diferencias insalvables, de las  perspectivas irreconciliables, de los abismos incontrastables que, indefectiblemente, en algún momento siempre terminaban separando, distanciando y, por supuesto, aislando a las personas. Estaba cansada de buscar semejanzas, de las influencias; no caería, no cedería. Manos formando puños, inconformismo moldeándose a la insondable cárcel de pupila impuesta; espalda derecha, figura rectilínea domando la comisura de sus casi rebeldes labios. Displicencia contenida en estado puro. Le dejó hablar porque, después de todo, era lo correcto; le permitió seguir opinando porque, al fin y al cabo, tenía derecho a ello. Esgrimiendo la templanza como arma, le devolvía la mirada con la misma enfermiza e irremediable fiereza. ¿Estoica? ni un ápice. Tolerante, más bien.—Según tú, nadie.—replicó, ligera, mientras mantenía la mirada afilada y la entonación igualmente acerada.

¿Y quién eres tú para decirme lo que quieres hacer con esas menospreciadas alas? si no soy nadie para opinar, tampoco para sentir. Mucho menos para empatizar.—constató, inusualmente feroz, al tiempo que le atravesaba con la sombra indómita de una mirada coaccionada para no incendiar, pero nunca acallada del todo para no vibrar.—Si no soy nadie, no me tienen que interesar ni tus irrisorios puntos de vista, ni tus superfluos razonamientos, ni tus condiciones de vida, ni tus circunstancias, ni, por supuesto, lo que sientes y cómo lo sientes.—apretó la mandíbula, implacable; algunas cosas, por más que se quisiera dejarlas estar, sencillamente, no se podían dejar así. Ultrajadas, deterioradas, desgastadas.—Siguiendo esa línea de pensamiento que balbuceas, no tengo por qué conectar contigo. No tengo por qué sentir que estás aquí, a mi lado; conmigo, sufriendo, llorando, ocultándote y, tal vez, muriendo lentamente.—enterró la mirada en aquella tela condenada, en aquel hombre enmascarado al que, mientras se le llenaba la boca hablando de romper límites y atravesar abismos, se afanaba inútilmente en esconderse tras un velo. En huir.

Vergonzoso.—Si todo el mundo fuera como tú, estarías muerto.—articuló lentamente, con la lengua suelta y desprendida de cualquier decoro que antes hubiera querido guardarse para sí.—No sólo tú, sino todos los que vivís en esta llamarada a la que llamáis casa.—cruzó los brazos a la altura del abdomen, reprimiendo a duras penas la necesidad de inclinarse hacia delante y menear al equivocado Yoshio Shita de los pies a la cabeza. Apretó la mandíbula, tensó cada articulación inherente a su ardiente fisionomía; jamás impondría sus ideales, pero tampoco cedería ante los de otros. Mucho menos, ante unos tan exagerada y descaradamente hipócritas.—Chico tonto.—tomó aliento, encendida.—Chico egoísta.—prosiguió, murmurando los atrevimiento scasi como si de un improvisado e incendiario mantra se trataran.—Chico falso.—entrecerró la mirada, obligándose a sí misma a no retirarla bajo ninguna circunstancia.—Quieres resumir tu vida, tu devenir, tu tesoro, en tres horrores; destruir, abandonar y sobresalir.—torció los labios en una suerte de sonrisa sin dientes. Amarga, herida y, por encima de todas las cosas, ofendida.—Quieres desgarrar lo que se te ponga por delante sin pensar en los que vienen detrás, teñirte las manos con la sangre de quien se te interponga en lugar de con la de las personas que ayudes durante el camino o con la de quien intenta hacer daño a los tuyos; y lo peor de todo, quieres que los de detrás muerdan, mastiquen y traguen los desechos que vayas dejando al avanzar.—la inquina, la apatía y el desprecio se adueñaron -o, más bien, se apoderaron- del único vehículo que había mantenido libre de rabia hasta el momento; su voz. Ahora sí, Kazashi cerró los párpados un instante, respiró hondo y, con calma, extendió la diestra en dirección a Yoshio Shita, el hombre que trataba de dejar el mundo atrás, pero que siempre iba un paso por detrás de este. Patético, no triste.—Da la cara, Yoshio Shita.
Estadísticas:
  • Fuerza : 01
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 03
  • Espíritu : 10
  • Concentración : 03
  • Voluntad : 03
Chakra : 73
Cosas:

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Estado de Kazashi
Chakra al 100%: Descansada y en perfectas condiciones. Puede pelear con todas sus facultades físicas.
inventario:
Bandana de Kumogakure no Sato — Colgando en su cintura.
2 píldoras de soldado — Bolsillo del pantalón.
Daikiri - En la cadera.
Calabaza - En la espalda.

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