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| Entrenamiento Semanal | Pira Bautismal

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Shinso Sonozaki
Renegado C

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Mensaje por Shinso Sonozaki el Lun Jun 11, 2018 3:18 pm

Sangre Hervida
Shinso Sonozaki
País del HierroTetsu no YosaiPasado
Todo arde. Nada en este mundo esta exenta de la conflagración, de la violenta combustión de un cuerpo, un espíritu y una vida cambiando de un estado a las sucias cenizas del siguiente. La luna ardería, los cielos lo hacían en ocasiones, la misma tierra ennegrecida y ahogada en lo que fueron sus hijos también lo haría. Personas, ideas, conceptos, hogares, sensaciones enteras echadas al fuego en un danzar frenético y macabro. Era el orden de las cosas, el caos implícito que acompañaba a la misma vida. Uno no podía estar vivo sin sentir el miedo, su negra lengua acariciando nuestros costados, introduciéndose en nuestros órganos, encogiendo el pecho, sintiendo cada fibra en un peligro manifiesto y entonces... gritar.

- ¡Fuego! ¡Fuego! - Exclamaba uno de aquellos miserables. En un edificio antiguo, polvoriento, alejado, olvidado y sin nombre ni dueño. Un lugar abyecto donde los mas empobrecidos pasaban sus días recluidos dentro de las montañas, lo que un día fue un almacén maderero que hoy quedó desprovisto de un amo en consideración. Y a aquel lugar Shinso acudió, ebrio de llamas, enfervorecido por una necesidad de violencia irracional que tan pronto había brotado, le hizo escapar del gentío e incluso la compañía de Reika ¿Y todo ello? Por las llamas contaminadora de su vida. En un acceso de brutalidad, Shinso encontró aquel lugar sobre unas montañas alejadas de toda población inmediata, oculto por unas elevaciones del resto del mundo, con unos alrededores esquilmados de frías arboledas y parcialmente sepultado por la nieve. Y quiso verlo arder, pudrirse, cambiar, derrumbarse y que su techo besara las cenizas de sus mismos cimientos. Dentro entonces, tuvo que considerar un cambio de planes; mendigos, enfermos, dementes y toda clase de personas repugnantes hicieron de aquel almacén de tres plantas su propio imperio de la miseria y la decadencia. Henchido con aquella sonrisa espantosa que surgió ante aquella revelación, no pudo contenerse.

A las primeras llamas bloqueando la entrada principal, Shinso supo que tendría tiempo de desatarse. De sentir el mundo arder de verdad, que aquellas paredes conformaran todo su universo en cruel degradación y los gritos serían su orquesta final. Fin de los tiempos pretendido, perversa ensoñación de finales abyectos. Con el pecho aún caliente por las últimas llamas exhaladas, Shinso alzó la voz haciéndose notar entre la luz escasa de una luz de mediodía oculta por aquellas paredes desvencijadas.

- ¡Es un detalle que hayáis escogido este lugar! ¡Pastor de las llamas me denomino! ¡Buenas noticias, a todos vosotros! ¡No habrá día de mañana! - Ante aquello el gentío rompió en espanto. Unos cuantos trataron de acercarse al recién llegado demente, tratando de proteger al resto en un osado intento por reducirle. Desesperados, hambrientos desde hacía días incluso en aquel estado se vieron inflamados por aquella virulencia contagiosa; por aquella hambre de violencia. Extasiado, Shinso no hizo más que romper en un aullido estremecedor, gutural y depravado. Su diestra se hizo con su recién adquirida espada, y de un tajo cruel arrancó las manos de sus muñecas al primer oponente. Gritos, sangre y aullidos pavorosos le siguieron. Intercambiando cambios de peso, pivotando entre sus pies y lanzando furiosos tajos entre gruñidos de furor desatado. Y hubo varios, uno, docenas... algunas estocadas siempre acompañadas del fuego intenso a sus espaldas. Con este extendiéndose como un cáncer irrevocable por el resto de la estructura, y a cada crepitar acompañado de un chirrido por la sangre proyectada hacia las llamas; Shinso necesitaba más. Un tajo sobre un rostro seccionó de la nariz hasta el ojo izquierdo. Apenas hubo gritos balbuceantes tras ello, el resto trató de huir de la escena aprovechando la condición execrable de Shinso, que pretendía arrancarle la la lengua a base de estocadas en un ejercicio imposible. Dos, tres; un aullido roto por una carcajada, cinco, seis puñaladas.

- ¡No huyáis, maldita sea! ¡Es nueva! ¿No lo veis? ¡Bien! - Gritó al tiempo que limpiaba la sangre con el pelo ensuciado de algún cadáver sin nombre ni rostro de los cuatro que había terminado por despachar. En un rápido gesto descendente, se hubo librado de la suciedad. De aquel estigma indeseable que por sangre se trataba y por barro consideraba. Enfundó el arma, y observando como todos ellos se desperdigaban entre las numerosas columnas del almacén e incluso trataban de ascender a pisos superiores, se decidió a actuar.  Dejar que por su mano las llamas pastaran en el mundo que les pertenecía. - ¡Lo sobrante arde! ¡Lo innecesario se consume por el bien de lo esencial! ¡Escoria! ¡Arded! ¡Sufrid! ¡Gritad para mí! - Entonaba, al tiempo que sus manos conformaban la letanía de sellos ardientes que tras ello, le permitieron liberar una brutal secuencia de deflagraciones. Llamas, esferas incandescentes se precipitaron sobre las columna, una de ellas estalló en un crepitar espantoso, otra más impactó contra el techo derramándo su icor ardiente sobre el mismo y extendiéndose como una plaga. En aquel momento, los gritos resultaban ensordecedores, la sangre de Shinso corría libremente extasiado por todo ello y aún entonces, quedaba mucho por incendiar.

En un impulso destartalado, rompió a correr entre alaridos informes, sin orden conocido, prácticamente poseído por aquellas ansias de violencia. Con las mandíbulas restallando sus pasajes apócrifos de voluntades ardientes, con su ojo de víbora inyectado en sangre tan lívida como vivo el horror de quienes se hallaron atrapados. Gritos, auxilio que no llegaba por le lejanía y el humo, cegador, profundo y devastador. Pronto los aullidos de Shinso se vieron acompañados por la salvaje letanía de la madera cediendo por su peso, y a cada desgarrador grito de espanto sentía un placer salvaje y primigenio. Una suerte de venganza sin motivo, una retribución por algo inalcanzable, paz para una bestia descosida en un cuerpo incorrecto. Y aullaba a las llamas, las exhalaba. Prendió fuego al segundo piso en apenas unos instantes y se deleitó en las formas acobardadas deshaciendose entre espasmos de dolor inconcebible. Las lenguas luminiscentes les arrancaron el rostro con una suavidad absorbente, fundieron sus gestos, se hicieron con sus cabellos y pronto de sus rostros repugnantes no quedaron más que huesos calcinados.
Pero Shinso no reía; cantaba, aullaba, gritaba, casi dolorido por el intenso calor que experimentaba dentro del edificio. Sintiendo el pecho pesado, henchido de aquella sangre en ebullición que ocupaba sus sentidos. De pronto, un sonido acristalado le llamó la atención al fondo de la habitación ¿Quienes eran? Necios que huían arrojándose a la nieve, lejos del fuego, de quien lo provocaba y de sus espantos. Furioso, agarró de nuevo su espada para enfrentarse a los cobardes. Esquivó las llamas, desenvainó el filo y procuró que este conociera al fuego en su camino de salida. Apenas unos pasos después, se arrojó al vacío con el arma firme entre las manos. Al caer, no había nadie a quien perseguir, siquiera huellas. Shinso enarcó las cejas, confundido y atolondrado. Pero al girarse si que hubo un almacén de madera colapsando por las llamas.

Trémulo, con el rostro espantosamente roto por el ansía incompleta, echó a correr hacia la nada. Entre jadeos, palabras incomprensibles, con la vista bien abierta en hórrida búsqueda. Quedaban vivos, lo sentía, no los veía... pero podía encontrarlos algún día.

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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

Re: | Entrenamiento Semanal | Pira Bautismal

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Lun Jun 11, 2018 3:25 pm

TEMA CERRADOPuntos otorgados a Shinso.

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Quiero huir. :sad:

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