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[Futuro] Todo lo Trae la Marea

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Cositas y más cositas
Pokémon

[Futuro] Todo lo Trae la Marea

Mensaje por Cositas y más cositas el Mar Jun 12, 2018 5:17 pm

Todo lo Trae la Marea
TOTSUKI AKIRA
Getsugakure no satoZona ComercialVerano 7 DD
Anaranjado el cielo, agraciaba a un moreno que agotado respiraba aire fresco por primera vez en incontables horas. Detrás suyo cerraba la puerta del local de abarrotes familiar, marcando el fin de la jornada con un muy profundo suspiro. De algún modo la mundana tarea de vender ollas a amas de casa se le hacía más agotadora que perseguir bandidos o resolver misterios, quizá por lo denso de la tarea y extremo aburrimiento. No faltaba, sin embargo, aquella abuelita que le recordaba de sus inicios, cuando sus labores se reducían a pasear perros, o cortar el césped del jardín. Con una sonrisa solía despachar rápidamente el tema, sin siquiera disfrutar de la nostalgia infundada. Su idea del pasado ideal no estaba tan lejos como sus inicios en el oficio. No, aquellos "viejos tiempos" añorables se remitían apenas a un par de meses atrás. Eso quizá lo hacía peor, siendo estos tan nítidos como el presente, sabiendo que no se encuentran condimentados de la pérdida de memoria.

Sin darse cuenta perdió todo un minuto inerte frente a la fachada del negocio, mirando un charco en el suelo. Una mujer se le acercó preguntando si el local seguía abierto, a lo cual respondió con una lenta sacudida de cabeza y mínima sonrisa lastimosa. Por fortuna la dama le dejó solo, y solo caminó calle abajo.

Descendiendo con el moderadamente cálido Sol a sus espaldas, persiguió su alargada sombra entre variedad de negocios coloridos. Siendo la avanzada tarde de un viernes, la vía pública se saturaba de felices compradores iniciando su tiempo libre, que colisionaban despistados contra los sólidos hombros de Akira. Él parecía encontrarse en un irracional pero prescindible estado de mal humor, suficiente para colocar rígida la articulación ante el roce ajeno, pero también calmo para pedir disculpas a quienes eran sorprendidos por eso. Un camino de constante destrucción y arrepentimiento, llevado al nivel más nimio posible.

En uno de esos giros en los que miró por sobre su hombro a la última víctima de su cotidiana embestida, captó por el rabillo del ojo el ventanal a cuadros de esa dichosa cafetería. El olor a chocolate caliente decoraba su puerta incluso en verano, pues quién podría negar tal exquisitez basándose puramente en el clima.
En una pausa se cuestionó si entrar, solo y todo, pues la mesa para dos contra la ventana estaba vacía. Se dio cuenta que siguió sus pensamientos cuando la campanilla sobre la puerta le despertó del letargo, encontrando el rústico y acogedor ambiente apenas poblado por un par de habituales. Saludado por la camarera, asintió como por vigésima vez en el día, y se hizo lugar entre las mesas hacia la deseada. Estaba sin limpiar, y había otra decena de alternativas, pero igual quiso esa. La moza se acercó, y él, en vez de elegir lo de siempre, prefirió perderse un rato en la carta mientras ella limpiaba la madera con su viejo y confiable paño.

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Nakurusaki Metsumi
Getsu Genin

Re: [Futuro] Todo lo Trae la Marea

Mensaje por Nakurusaki Metsumi el Miér Jun 13, 2018 7:11 am

Metsumi
Getsugakure no satoZona de restaurantesVerano
Una tarde calurosa, cálida. Los colores en el cielo aportaban esa sensación placentera, aquella que hacía mucho tiempo no sentía. Y decidió elevar su mirada hacia aquel tono anaranjado sobre su cabeza, contemplándolo un instante antes de proseguir con su camino.

Era una tarde cualquiera, y aún así una que aportaba otro día de libertad a la pelirroja. Poco tiempo había pasado realmente desde que había estado encerrada en las intervenciones médicas y pruebas realizadas apenas aterrizó en la luna, sin siquiera lograr acudir hacia su morada para avisarle a su padre el regreso. Recién ahora comenzaba a disfrutar de forma cotidiana su vida, regresando poco a poco al antes que añoraba. Ese antes que deseaba con nostalgia, buscándolo en cada rincón de sus días. Si no fuese por la chispa que había logrado encender la escritora, probablemente Metsumi hubiese cargado con el letargo y culpa que seguirían corroyendo su alma.

Pero aquí estaba, caminando con cierta despreocupación por las calles de la zona comercial. Su rostro algo más maduro producto del paso del tiempo y experiencias, ahora reflejaba una seriedad no muy propia de la kunoichi. Y es que aún no lograba encontrar del todo la paz que añoraba, que necesitaba. Esa que sólo llegaría junto al aroma de preciados recuerdos, junto a la sonrisa que había surcado su mente a pesar de encontrarse en parajes desconocidos, en barcos navegando en tiempo infinito. Esa que lograba persistir aún tras el dolor de los exámenes y chequeos, perforando la oscuridad.

Cada tanto observaba a los transeúntes, esperanzada de encontrar aquella melena albina, tan suave de apariencia, pues hasta ahora no se había atrevido a tocarla. Sus días pasaban así, buscando algo. Esperando a alguien. Sus zafiro rodeaban las tiendas, cruzando uno que otro vendedor entusiasmado, ofreciéndole muestras. Aceptaba algunas, otras las rechazaba cordialmente. Arreglaba de vez en cuando sus cabellos, ahora sueltos y abundantes, distinto al ayer. Por aquel entonces lo utilizaba amarrado por adornos a ambos lados, siendo más escaso.

Había cambiado igualmente su vestimenta, luego de llegar al país de la luna. Un kimono ajustado a su cuerpo y de tonalidad blanquecina le cubría, dejando una abertura en el lateral izquierdo con el fin de otorgar una mejor movilidad. En el centro de su pecho ahora algo más desarrollado, portaba el diseño de franjas carmín adornando la prenda unicolor. En su cintura mantenía telas azulinas que cubrían a modo de obi, además de otra que era amarrada sobre estas, de tonalidad amarillenta y holgada. Guantes en ambas manos, cubriendo de azabache hasta el codo, y con ello finalizaba su singular atuendo.

Probablemente el motivo del cambio había sido con motivo de despejarse del pasado, adoptando una nueva posición hacia el futuro. Y entre tantos pensamientos, sus pasos le llevaron hacia el costado de una cafetería, captando por el olfato el exquisito aroma a cacao fundido. Cerró inconscientemente sus orbes, deteniéndose. Saboreó el sentido, deleitándose con su dulzura. Sonrió, levemente. Un aroma que recordaba, uno que lograba florecer memorias tan deseadas como duraderas. Abriría sus zafiro, observando hacia su lateral izquierdo, reconociendo el local.

Su corazón latiría de impresión, mas aquello sería superficial a comparación de lo que posteriormente vería: girando en mayor ángulo su rostro hacia la izquierda, notó que un ventanal se encontraba a su lado, dejando ver el interior. Sus orbes, sorprendidos, se alzarían a medida que sus cejas lo hacían. La figura de un hombre moreno viendo la carta, absorto, le dejó sin aliento. De pronto, las barreras desaparecían. De pronto el mundo se detenía, sin escuchar siquiera el murmullo del gentío, las pisadas de los transeúntes. Allí estaba él, tan real como siempre lo deseó.

Tembló, sin lograr que su cuerpo reaccionara a más. Sus labios se entreabrieron, como si quisiera pronunciar su nombre. ¿Le miraría?¿Sabría que era ella?¿Debía... entrar? De pronto las dudas agolparon su mente, sintiendo sus piernas flanquear. Tragó saliva, recordando entonces las palabras que la albina le había mencionado unos escasos días atrás, en el parque.

Apretó sus labios, tratando de juntar valor y decisión para moverse, y hacer ingreso al local de una buena vez. La campanilla sonó, posteriormente dando lugar al sonido de sus pisadas. Su silueta aparecería, caminando apenas unos pasos hacia el interior, observando la mesa del fondo, aquella que terminaba de ser limpiada por una mesera, la cual regresaba hasta la caja y de paso, brindaba una cordial sonrisa a la recién llegada.

Metsumi asentiría levemente, perdida. Sus ojos no se apartaban del moreno, avanzando con cierta debilidad. No, no por duda. Lo cierto es que no sentía sus piernas, algo que le hacía dar unos cuantos pasos antes de quedar de pie, a escasos metros de él. Tragó saliva, observándolo con su rostro incrédulo. Sentía que iba a desplomarse en cualquier minuto, y sin embargo luchaba consigo misma por estar de pie. Finalmente logró sentir un líquido recorrer sus mejillas, percatándose tarde del nudo en su garganta, y de lo nublado de su vista. — Aki-kun... — Soltó, en un hilillo de voz tan débil, que parecía ahogarse en su llanto. Había sido una idiota, lo sabía. Ninguna de las escenas que surcaron su mente al momento de reencontrarse con él, había resultado en una acción real. De todas las posibilidades, esta era su peor reacción. Y, aún así, la mayor felicidad que había sentido en meses.

Llevó ambas manos hacia su rostro, intentando cubrirlo. — Ya llegué. — Musitó, entre sollozos. Había tardado, pero allí estaba.

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Cositas y más cositas
Pokémon

Re: [Futuro] Todo lo Trae la Marea

Mensaje por Cositas y más cositas el Vie Jun 15, 2018 2:45 am

Todo lo Trae la Marea
TOTSUKI AKIRA
Getsugakure no satoZona ComercialVerano 7 DD
La campana agitada por el filo de la puerta no le llamó más la atención que la mundana realización de que un nuevo cliente prefería el local incluso en épocas más calurosas. Siempre minucioso en detalles, no pudo relajar el oído ante los pasos que notoriamente se acercaban a su posición; sin embargo no alzaría la mirada, enterrada esta en los ítems del menú. Cuando el calzado claramente femenino se detuvo a un lado de su mesa, comenzó a cuestionarse si en realidad se trataba de la camarera que había salido antes sin él percatarse. Comenzó a sobrevolar la carta con nerviosismo, pues aún no se había decidido. Preocupación estúpida que olvidó al instante, cuando su apodo de uso exclusivo atravesó el cálido ambiente y se clavó en su pecho. Abrió los ojos plenos, y relajó las manos. El cartón amenazó con caer, pero pudo mantenerse recostado sobre sus rígidos dedos, incluso estando estos muertos.

Era la voz real la que le llamaba; esa lubricada con la dulzura femenina que conocía. Sabía el eterno túnel submarino que encontraría al elevar los ojos, e incluso así se sorprendió cuando lo hizo. Nada le podría haber preparado para vislumbrar nuevamente la figura real de Metsumi. Ni siquiera sus decenas de sueños, y cientos de pesadillas. La había dibujado en su imaginación una y otra vez; a veces a voluntad, otras sin quererlo, y ninguna por más pulida que fuese se acercaría a la realidad. Había hablado y pensado más palabras sobre ella, que las que le había dirigido en su vida. Así y todo, la preparación era tan voluble como cuantiosa. Se evaporó en un instante, y en su ebullición coloreó de tinto el rostro entero de Akira. Este tragó saliva, y le dolió a los lados de la garganta.

No pudo decir nada, y sólo suspiró por la nariz. El sonido de la silla arrastrarse apurada por el suelo llenó el ambiente, y él se puso de pie rápido cual fiel caballero. Llevado por místicas fuerzas dio un largo paso hacia ella, y la contuvo un abrazo que recogiera todas esas emociones que rebalsaban de su bello rostro. Finalmente sintió la verdadera temperatura de su cuerpo, pero más le importaba el caudal que le presionaba el pecho y obligaba a lamentarse. Por eso la rodeó con brazos, hombros, y hasta posó la mejilla en su sien para que la cabellera plateada ocultara su llanto de los presentes. Que pudiera desahogarse con totales libertades, ya que si tenían eso en común, estaría ahogada desde esa noche en la que se zambulló en las pútridas aguas. Parecía otra persona ahora, tan alterada por las tragedias. Realmente renacida, regenerada desde aquel cuerpo sin vida que estaba a un solo paso de la descomposición. Pero su corazón aún latía, y él se sentía terrible por no haberlo notado en el minuto crucial de la trágica tormenta. No debería haber dependido de mensajes ocultos, e informaciones confidenciales, para saber la verdad. Que ella era más fuerte, que su marea no disminuía. Pero el pasado era irrelevante ahora.

Llegaste —repitió amortiguando su voz dentro del abrazo que, probablemente, era demasiado estrecho para el pequeño cuerpo de la mujer—. Ya estás en casa.

Su impulso había sido tal que tarde cayó en cuenta de los reptantes nervios. En pocos segundos su capa de caballero andante cayó al suelo, y por su espalda le sujetó de los hombros la ansiedad con frías garras. La sangre se irrigó incluso más sobre su rostro, sintiendo un intenso calor en el mismo, acompañado de fuertes latidos. El sudor nervioso comenzaba a condensarse en su sien, pero aunque normalmente se hubiese alejado levemente para huir del incómodo momento, ahora se rehusó. No lo hacía por él—bueno, un poco-, sino por ella; para brindarle tranquilidad y calidez. Le rodeó el torso por completo con sus brazos para evitar cualquier intento idiota propio, y casi alcanzó nuevamente sus propias costillas con la punta de los dedos. Suspiró, pensando en qué debería decir.

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Nakurusaki Metsumi
Getsu Genin

Re: [Futuro] Todo lo Trae la Marea

Mensaje por Nakurusaki Metsumi el Vie Jun 15, 2018 9:13 pm

Metsumi
Getsugakure no satoZona de restaurantesVerano
El sonido de la silla arrastrarse adelantó algo de las acciones que el Yotsuki tomaba. Alcanzaría a elevar levemente su mirada cubierta por los dedos indecisos, antes de sentir la fuerza de un contacto inesperado. Se estremeció, sintiendo el abrazo que con dedicación le brindaba el moreno, logrando que su mente al fin descansara tras los meses de agonía que soportó lejos. Lejos de aquel tacto, de aquella calidez. Lejos de su aroma, de sus cabellos cubrirle ahora con dedicación, sintiéndose protegida.

Dejó caer sus brazos, llevando su rostro hacia el pecho del joven, ocultándolo junto a sus lágrimas. Apretaba sus dientes, sintiendo cada tanto su respiración contenida deshacerse en un pequeño sollozo, producto de los sentimientos contenidos. No lloraba como aquel día, o los siguientes al despertar. No sentía desesperación alguna, sino lo contrario. Aquel torrente rebalsado contenía felicidad, aquella que venía de la mano con el reencuentro tan añorado, tan deseado. Dudó en si elevar sus manos con el fin de sentir aún más su cuerpo, pues sería la primera vez que realmente se abrazaban.

Sintió su corazón palpitar más fuerte de lo normal, reclamándole la duda. Y entonces cedió, elevando ambas extremidades para aferrarse a su espalda, como si quisiera retenerlo por siempre. Su rostro se apoyó sobre uno de sus hombros, con el fin de elevarse levemente para realizar su cometido debido a la diferencia de alturas de ambos. Y sonrió, plena, sincera. Feliz. —No me iré de nuevo. — Aseveró, asintiendo con su cabeza una vez. —Vine por mi chocolate. — Musitó, disfrutando de su calidez, de la suavidad de sus ropajes. De la seguridad que sus manos le brindaban al envolverla. Una sensación más intensa, más placentera. La espera había valido cada segundo, aunque ahora no deseara separarse jamás.

Pero la emoción del reencuentro trajo consigo el nerviosismo que conllevaba encontrarse tan pegada a la presencia del moreno, y es que recién caía en la cuenta de que aquella frase podría tener más de un sentido. Lentamente se separó, sintiendo su corazón latir de forma más errática, provocando que tragara saliva a medida que sentía los colores subir por sus mejillas. — Eh, el del local. Siempre me gustó ese que pedimos la primera vez que nos conocimos. — Explicó, ya ubicada frente a él, cediendo el enlace de sus cuerpos.

Tuvo que, inevitablemente, desviar su mirada hacia uno de los costados, eligiendo el punto donde antes se mantenía sentado el albino. — ¡Ah! — Recordaría el amuleto, llevando su diestra sobre el pecho mientras que la siniestra se esmeraba en desatar la cinta azabache que había portado durante todo ese tiempo. Una vez la tuviese en su mano, extendería el presente hacia Akira. — Para que veas que no rompo una promesa, acá te la devuelvo.— Esbozaría una nueva sonrisa, esperando a que él lo tomase. Sentía cierta pena por dejar ir aquel objeto que le había consolado en varias ocasiones, sin embargo ahora poseía al real. Con tenerlo cerca le bastaba.

"Dilo: 'para siempre'."

Abriría sus orbes algo más grandes, encontrándose con la sorpresa de recordar las palabras de la escritora. Justo cuando nuevamente sentía que podía conformarse con estar así, con verlo, aquellas palabras le atacaron, inquisidoras. ¿Debería? Apretó sus labios, sintiendo que su corazón se exhaltaba. Una gota de sudor recorrió su sien derecha, obligándole a tragar saliva. — Aki-kun... — Musitó, en voz baja. Y observó hacia aquella mirada color miel, aquella que tanto le encantaba.— ... Me alegra verte. Han pasado muchas cosas. — Una sonrisa de medio lado, forzada. Un reproche interno, y finalmente la espera de lo que él tuviese que agregar.

No. No era el momento. Quizás él aún no entendía lo que le sucedía. Quizás él temería de lo que podría encontrarse, por lo que no sería justo expresarle sus sentimientos sin antes contarle la verdad de quién era, de quienes eran.

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Cositas y más cositas
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Re: [Futuro] Todo lo Trae la Marea

Mensaje por Cositas y más cositas el Sáb Jun 16, 2018 1:56 am

Todo lo Trae la Marea
TOTSUKI AKIRA
Getsugakure no satoZona ComercialVerano 7 DD
El cosquilleo de los delicados brazos de la fémina trepando por su espalda logró en él una sensación de seguridad, dejando de lado aquellos nervios o incomodidad que le provocaba la cercanía. Seguridad de que el deseo de volver a verse era compartido, y que sus lágrimas no eran derramadas únicamente por la traumática experiencia, sino también por el reencuentro. Él mismo no era de lágrima fácil—de hecho la única vez que recordaba haber llorado fue cuando creyó perderla-y por eso no lograba, quizá, manifestar su real felicidad al igual que la colorada. Pero lo intentaba, al menos como podía. Aseguraba su abrazo acariciando de manera minúscula su espalda, aplicando gran presión. También realizaba un amago de negación con su cabeza, que a fin de cuentas lograba frotar la mejilla contra la cabellera de Metsumi, como felino marcando territorio.

Sonrió por aquella razón inventada a la cual agradecerle su regreso. Incluso si realmente hubiese vuelto por el chocolate mentolado, igual Akira se sentiría orgulloso de considerarse autor de esa hazaña. Luego aclaró lo obvio, separándose de él avergonzada. Inicialmente una de sus plateadas cejas se alzó en confusión, hasta que pasado un segundo comprendió el posible doble sentido. — Oh... — se le escapó en un murmuro de entendimiento, mientras su rostro volvía a ser colorado y presionarle con tanta sangre que sentiría sus ojos desorbitados. Fortuitamente ella se encontraba desconcentrada, forcejeando con su propia muñeca. Allí tenía la cinta que él le había dado como garantía de su regreso, y quién lo diría; había funcionado. Sus ojos se cristalizaron al ver la palma abierta de la chica frente a él, devolviéndole aquel mundano regalo. En él era tan solo un accesorio para controlar su melena. Una de tantas cintas indistintas entre sí, que probablemente terminaría perdiendo en un cajón, o se rompería en medio de un combate. En ella, en cambio, era una porción de sí mismo. Una efigie que, por más que fuera mentira, le daba la idea de que podía protegerla donde fuera. Estiró entonces ambas manos en su dirección, mas no recuperó la cinta. En cambio posó sus palmas abiertas en el dorso de la de Metsumi, y volvió a cerrarla en forma de un puño.

Prefiero que la tengas tú —dijo con voz suave, que por su gravedad retumbaba en su propio estómago. O quizá eran los nervios—. La cuidarás mucho más, y siempre tendrás una razón para..."estar conmigo" le seguía, pero no se atrevía a escupir sin más esas palabras. Las mismas se habían atorado en su lengua enredada, pensando alternativas de significado más disuelto— ...para quedarte aquí —completó finalmente. Porque se suponía que ya no iba a irse, no de ese modo. Después de todo, acababa de hacer una nueva promesa. No podía liberarse tan fácil de ese contrato en forma de banda elástica.

Ella le llamó, más allá de tenerlo en frente y siendo sus oídos solo suyos. Él posó una mano sobre su hombro, y con la otra abierta señaló a la mesa junto a ellos. — Sentémonos —le invitó, pues bastante peso venía cargando la mujer para además soportar el de sus propias piernas.

Me he enterado de algunas —contestó sonriente, tomando asiento él mismo también—; como por ejemplo, la razón de que estés aquí con vida, tan linda como siempre, en vez de bajo una lápida. Estuve esperando todo este tiempo, y no pensé que fuese a pasar tanto —rió levemente, nervioso—, pero valió la pena. Me contaron lo que eres ahora —enfatizó gesticulando comillas con los dedos—, y antes de que digas nada, quiero aclararte que para mí seguirás siendo Metsumi —sonrió con más énfasis, y una mirada relajada. Sin importar los vaticinios catastróficos encontrados en su extensa investigación y lectura, tenía la seguridad de que la energía positiva de ella prevalecería ante todas las malas posibilidades. Y no era sólo eso, pues él también estaría allí, esforzándose a su lado porque nada le pasara. Y si bien no diría esas palabras, esperaba que su mirada, profunda en la de ella, lo comunicase. Su adquirido silencio, además, le preparaba para oír otras historias de su travesía. Algo más que sufrimiento.

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Nakurusaki Metsumi
Getsu Genin

Re: [Futuro] Todo lo Trae la Marea

Mensaje por Nakurusaki Metsumi el Dom Jun 17, 2018 10:15 pm

Metsumi
Getsugakure no satoZona de restaurantesVerano
Sintió un escalofrío recorrer su espalda al momento en que el moreno acercaba su mano hacia la propia, juntándolas a medida que cerraba su mano a modo de puño con la ayuda de su suave empuje. Tragó saliva, entrecerrando sus orbes mientra sus mejillas ardían, insoportables. Ese era el tacto que necesitaba. Esa era la sensación que estuvo esperando todo este tiempo, aquella que lograba deshacer su mundo, quedando sólo ellos. No necesitaba a nadie más, sólo aquella mirada amielada contrastando con la voz suave y cálida que sólo a ella le brindaba. O eso quería creer.

Sus mejillas, aún sonrojadas, se mantendrían en la escena a medida que observaba fijamente al rostro del Yotsuki, escuchando sus palabras con un dejo de ansiedad. Su frase interrumpida en un momento haría que abriera algo más de lo normal sus orbes, inquieta. ¿Una razón para...? Entreabrió sus labios, sintiendo su corazón palpitar cada vez más fuerte y sórdido, apoderándose de su cuerpo. Pero la frase finalizó con lo esperado, o, al menos, lo normal.—Lo cuidaré entonces."Como si fueras tú". Lógico, jamás se atrevería a mencionar aquello, ni siquiera un atisbo.

Asintió entonces, dibujando una débil sonrisa en su rostro a medida que tomaba asiento en el mismo sitio de antaño, aquel que había conocido hace poco más de un año. Y para cuando su trasero reposó en el banco y sus manos se escabulleron, raudas, hacia la carta, alzaría su mirada oceánica para recibir con sorpresa lo que el moreno mencionaba. —¿E-Eh? ... ¿Algunas... cosas? — Parpadeó un par de veces, desviando sus orbes hacia un lado y luego a otro, tratando de no agitarse debido al nerviosismo que le provocaba que él se enterara. No podía saberlo, ¿no? Seguro que no lo sabía.

Pero sí, él lo sabía. Sus orbes se abrieron de par en par, tragando saliva a medida que las palabras fluían, atacándole el pecho. Y para cuando escuchó su última frase, los orbes de la muchacha se cristalizarían, ahogando un llanto contenido. Y su rostro ardía, producto del énfasis que inconscientemente su mente hacía respecto al adjetivo que él había nombrado, casualmente. "Tan linda"; Apretó con fuerza los lados de la carta, temblando levemente a medida que bajaba su mirada. —Aki-kun... — Susurró, sintiendo súbitamente un alivio en su espalda. Lo que cargaba hasta ahora había sido un saco repleto de dudas, de miedos. Y él, sin pretenderlo, se lo había arrebatado sin siquiera dejar que ella preguntase o cuestionase algo.

¿En serio... no tienes miedo? — Interrogó, sabiendo de antemano la respuesta. Su mirada, sus gestos, su abrazo más fuerte de lo que una persona normal podría brindar. A él no le importaba, de eso estaba segura. Y unas cuantas lágrimas rebalsadas caerían sobre la madera de la mesa, llevándose la diestra con el fin de limpiarlas rápidamente. — Todo este tiempo... creí que... te importaría. — Se atrevió a mirarlo nuevamente, esta vez manteniendo una sincera sonrisa, aquella que sólo le dedicaba a él. — Pero supongo que me equivoqué. Es extraño, cada tanto siento que no soy la misma. Pero, luego, me doy cuenta de que sigo estando yo, además de ella. — Dejó reposar la carta un momento, haciendo una breve pausa.

Es amable. Me mostró en un sueño su pasado, y me contó lo que realmente intentaba hacer en ese momento. No quería hundirnos, sino salvarnos. — De momento, no existía algo claro que pudiese ser escuchado por la única pareja presente en el local además de ellos, sentados en el fondo a la izquierda. Y la mesera aguardaba aún en recepción, viendo que aún no se decidían por ordenar. Y aunque alguien estuviese sentado al lado, sus frases carecían de sentido si no se entendía el trasfondo, uno que sólo ellos sabían transmitirse.

Creo que... puede hablarme, aunque de momento no lo hace seguido. — Confesaría, suspirando.— Muchas cosas han pasado. Keiko-sama me contó algo de lo que ocurrió después, porque... estuve poco más de un mes inconsciente. — No sabía si él también se había enterado de aquello, pues era uno de los motivos por los que no regresó anteriormente a la Luna. — Conocí a Kotaro-sama. — Acotó, apretando los labios a medida que sentía un ligero escalofrío recorrer su espalda nuevamente, esta vez debido al miedo que le invadía el recordar esa siniestra sonrisa. — Creo que... quiere hacer experimentos extraños conmigo.— Tragó saliva, tratando de despejar su mente de aquella imagen. — Incluso me siguió cuando estaba fuera del palacio de la Mizukage, entrando a un bar cuando estaba junto a Shin, y lo peor es que no iba solo. Estaba acompañado por alguien llamado Agony. — Llevó su siniestra hacia el mentón pensativa.

Entonces cayó en la cuenta de que no le había mencionado al albino quién era Shinren. — Ah, eh... Shin es un amigo que hice en Kiri. De pelo azul, muy simpático. Me invitó a comer sushi. — Sonrió, cual niña emocionada contándole a su padre las aventuras de nuevas amistades realizadas. — Y bueno, aquel hombre llamado Agony era muuuuuy grande. Hermano de Keiko-sama, según me enteré. ¿Puedes creerlo? No parecía para nada relacionado a Mibarashi-sama.— Junto ambas manos, observando hacia un punto ciego, imaginándose la belleza de la herrera. — Keiko-sama es tan elegante, pero... Agony-sama tan... tosco. Hasta mencionó que podría llevarme a su cama, diciéndole a Kotaro-sama aquello. — Infló una de sus mejillas, sintiendo el rubor volver hacia estas. Un maleducado, ciertamente. Pero, aún así, su superior.

Y si lo pensaba bien, Agony no parecía un mal sujeto. Detrás de toda ese coloso, seguro se escondía alguien con sentimientos. —Pero en fin. ¿Qué ha sucedido contigo? Te ves... más maduro. — Dudó en terminar la frase, articulando sus palabras con algo más de rigidez a medida que su cuerpo se movía cual robot. Más lindo, cobarde. ¿Más maduro? No había logrado pensar en otra frase más rápido antes de que se le escapara aquello, y muriera de vergüenza en el proceso. Quiso golpearse la cabeza contra la mesa, pero contuvo el instinto. Ahí sí terminaría de cagarla.

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Cositas y más cositas
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Re: [Futuro] Todo lo Trae la Marea

Mensaje por Cositas y más cositas el Mar Jun 19, 2018 2:18 am

Todo lo Trae la Marea
TOTSUKI AKIRA
Getsugakure no satoZona ComercialVerano 7 DD
La afirmación que tan simple y naturalmente llegó a las palabras de Akira, fue tomada por la mujer con algo de sorpresa. Si bien intentó contenerlo, él notó en su rostro el imaginario impacto de una emoción reprimida, despertada probablemente por la realización de que el moreno realmente la quería. Al pensar esto, al intentar predecir los pensamientos fluctuantes de Metsumi y encontrar en ellos un reflejo de los propios, no podía evitar alegrarse. Porque así como ella se sorprendía de ser aceptada junto a lo que alguna vez fue una bestia, él temía—disimuladamente-no ser aceptado por sus orígenes. Bastante tuvo habiendo crecido como claro símbolo de una nación hostil; prejuicio que le atacaba hoy más que nunca con una guerra que constantemente vigilaba en el horizonte occidental. Y aun así siempre se sintió totalmente bienvenido por la colorada, y hasta atraído. Decía mucho que buscara su compañía antes que la apacible soledad.

¿Miedo? —respondió al instante, mas le permitió continuar. Verla tan cargada de culpas y preocupaciones le incitaba a abrazarla nuevamente, y dejarle bien en claro que ya estaba todo bien. Pero a la vez ansiaba sus relatos, su voz sea calma o nerviosa, y su creciente alegría al recitar aquellas peripecias. — ¿Ella? —sólo llegó a murmurar, sin ánimos de interrumpirla.

Y cual avalancha derrumbada de los míticos picos nevados del País del Rayo—del cual sólo había oído hablar-, sus palabras se encimaron una con la otra con una velocidad exponencial. Una seguidilla de diapositivas se disparó en la imaginación del peliplata, mientras este intentaba seguir el ritmo de los nombres y sucesos; relaciones y lugares; discusiones e impresiones. En resumen, captó el interés del tal Kotaro hacia ella, algo natural considerando que este también investigaba los arrebatos de Hyunie; la adquirida amistad con Shin de la niebla, nombre y cabello que resonaba en su memoria; y los indecentes comentarios del arcaico hermano de la herrera de la Luna. Él mientras tanto sonreía, ilusionado nuevamente con la luz que emanaba su mirada azul profundo.

Miedo... —retomó cuando ella le cedió la palabra, tomándose un tiempo antes de hablar de sus últimos meses—. Un poco de miedo, sí. Pero no de ti, sino por ti. Como ya es notable, todas las figuras importantes de las aldeas que se enteren tendrán los ojos puestos en ti, y no siempre con buenas intenciones. Kotaro está en cierto modo limitado por la alianza, y por el hecho de que eres nativa de su propio país. Alguien de un país enemigo, sin embargo, no tendrá tantos tapujos —explicaba en voz mucho más baja, inclinado hacia adelante con el pecho contra el borde de la mesa—. Pero intentaré estar siempre ahí... —carraspeó— a tu lado, tal cual una escolta —terminó en una sonrisa cerrando levemente los ojos, para ocultar su nerviosismo.

En fin —alzó la voz nuevamente, y giró el rostro a la lejana mesera para señalizarle con una mano; esta comenzaría a acercarse—, yo también anduve ocupado. Apenas finalizada la misión tuve que enviar un mensaje, y fui nombrado Chunin ahí mismo —sonrió con blanca dentadura—. Debido a una típica ausencia espontánea de Kio y su papi adoptado, me pusieron bajo el cargo de Onimaru-sensei, junto a quien hice algunos pequeños encargos.

Pausó su discurso cuando la mesera estuvo lo suficientemente cerca como para escuchar. Alzando la mirada hacia ella, señaló una opción de la carta abierta, por más que la misma estuviese en el sentido contrario desde su punto de vista. — Un chocolate remolino, por favor —ordenó, refiriéndose a uno que era mayoritariamente chocolate negro, con un detalle arremolinado de chocolate blanco. La señorita entonces esperaría el pedido de su compañera, antes de partir hacia la barra. Nuevamente en confidencia, se permitiría continuar.

Hace poco, además, asistí a los exámenes Chunin que se celebraron en el País del Agua, aunque no como pobre condenado, sino como examinador —alzó las cejas repetidamente—. Aunque no lo creas, el despistado de Kazuma también ha ascendido —asintió para sí mismo, y se detuvo unos segundos intentando recordar qué más había sucedido en su larga espera, mientras intentaba ahuyentar el largo tiempo en la ignorancia—. Oh, y también conocí a una pareja muy excéntrica y agradable. Hice muy buenas migas con ellos. Me ayudaron a distraerme.

Terminó en un silencio algo abrupto, sin más que decir, pues le ayudaron a distraerse de los eternos pensamientos sobre ella y su lejanía. Sobre la catástrofe vivida, y su cuerpo difunto. Sobre misticismo y profecías; guerras, y cómo terminan. Las intrincadas charlas, comidas, y bebidas entremedio, fueron un gran lubricante para su ansiedad.

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Nakurusaki Metsumi
Getsu Genin

Re: [Futuro] Todo lo Trae la Marea

Mensaje por Nakurusaki Metsumi el Vie Jun 22, 2018 3:55 am

Metsumi
Getsugakure no satoZona de restaurantesVerano
Lo observó, sintiendo un ligero escalofrío recorrer su espalda. ¿Miedo por ella? Ciertamente, las intenciones del médico que le resultaban tan aterradoras no serían la primera ni la última muestra del creciente interés que su condición actual generaba. Y aquello logró consternarle lo suficiente como para sentir una ligera presión en el pecho, inquieta. Desvió sus zafiro hacia una pequeña vela que se encontraba sobre la mesa, en un costado. Aún no se encontraba encendida debido a la luz del día, sin embargo pudo imaginarse la llama danzante de esta.

Escasos pensamientos lograron alcanzarle, antes de escuchar nuevamente la intervención del albino. ¿Realmente sería así su vida? Pensó en lo mucho que su corazón deseaba los días apacibles. Sentía la vehemencia con la que sus sentimientos deseaban apropiarse de los ratos libres del moreno, quedando en un día como hoy, en un momento como aquel. En un infinito ciclo de miradas y sensaciones que lograban llenar su día, su vida. Y al verlo acercar su torso sobre la mesa para acortar la distancia entre ambos, no evitó tragar saliva a medida que sus mejillas se sonrojaban, asintiendo levemente. —Sí... como escolta sería bueno. — Devolvería la sonrisa, tratando de sonar lo más tranquila posible. Pero no, no lo quería a su lado como un mero escolta. Necesitaba más. ¿Y cómo decírselo? Decidió callar nuevamente, aguardando las historias que él preparaba para contarle.

Observó por el rabillo de su mirada a la mesera acercarse lentamente tras el gesto de Akira, continuando con la conversación que ambos mantenían. Abriría sus orbes, mostrando clara impresión por las primeras historias que el joven le comentaba. —¿Chunin, en serio? — Juntó, con euforia, ambas manos a la altura del pecho, dando pequeños saltitos en su asiento. — ¡Ay, te felicito! ¡Siempre supe que ascenderías rápido, pero me sorprende igualmente! — Aún así, no sabría cuáles habrían sido esos encargos que mencionaba el de albina cabellera. Y a Onimaru lo conocía de nombre, por ser uno de los superiores que comandaban a los shinobis de la luna, pero jamás lo había visto en persona.

Chocolate con menta, por favor. — Inquirió, sin tener la necesidad de ver la carta, pues ya tenía decidido de antemano lo que quería. Esbozaría una sonrisa, cortés, a medida que observaba a la muchacha retirar sus cartas y devolverse en dirección a la cocina. Y entonces sus zafiro se concentrarían nuevamente en aquel rostro de atrayentes facciones, aquel que, inevitable, le llamaba. Se sorprendería nuevamente al saber que él se encontraba en el país del agua para un evento de tal magnitud, y encima examinando. Pero mayor fue su entusiasmo al escuchar que su primo de cabellera colorada había pasado.

¿En serio? Jo, qué envidia. Kazuma-kun se me ha adelantado~ — Apoyaría su mentón sobre la mesa, estirando sus manos a medida que refunfuñaba. Pero se erguiría nuevamente, luego de escuchar mencionar a una pareja excéntrica. — ¿Eh, en serio? — Dubitativa, llevaría su diestra hasta el mentón, intentando pensar si conocía a gente que encajara en esa descripción. Sólo se le ocurrió una. — Yo... hice una amiga, hace poco. — Confesaría, apoyando finalmente el codo de dicha extremidad que yacía sobre el mentón, ahora para enfocar su peso muerto sobre la madera.

Es muy linda. Tiene el cabello casi tan blanco como el tuyo, aunque un tono algo más opaco. Es escritora, según dijo. — Se sonreiría, recordando las aventuras que habían vivido juntas la otra noche. — Me ayudó luego de que, borracha, le pegué al dueño de un bar. — Confesaría, divertida, luego de lanzar una pequeña risilla. — Es muy sabia, o eso creo. Piensa bastante las cosas, y, aunque quiera negarlo, tiene un corazón sensible, gigante. — Añoraba verla, a pesar de que tan sólo habían pasado unos días. Era ella quien le había ayudado a aclarar sus sentimientos, y con quien había tomado la determinación de, finalmente, expresarlos. — Se llama Beretta. Aunque yo le digo Bere-chan. — Finalizó, viendo que la mesera volvía junto con sus pedidos, al cabo de un rato.

Tomó la taza, apoyando sus manos sobre el contorno del recipiente. No podía evitar hacerlo, y recordar aquel día en que todo comenzó. Ese día en el que, sin saberlo, lo conoció. — Extrañaba esto. — Mencionó, sonriendo levemente a medida que sus ojos se posaban sobre el líquido chocolatoso, despidiendo el indudable aroma a cacao y menta. Elevó su mirada, juntándose con los ámbar de él. — Y también te extrañaba, Aki-kun. — En un dejo de sus fantasías, confundió realidad con ensoñaciones. Sus mejillas, aún calientes por el sólo contacto de miradas, aumentarían su intensidad al percatarse de lo dicho.

Obligada, desviaría sus orbes hacia otro punto, tratando de mantenerse valiente en un afán por no retractarse de lo dicho. Porque sí, lo había extrañado mares. Había sufrido en proporciones incontables. Decidió tomar un sorbo del chocolate, manteniendo un silencio incómodo. Debía pensar bien cuál sería su siguiente frase, pues de lo contrario podría terminar peor.

Y dejó el líquido sobre la mesa, relamiéndose lentamente el labio inferior en busca de sobras, a medida que continuaba con sus pensamientos. — Es extraño. — Musitó, luego de unos momentos. Seguía sin darle completamente la mirada, sólo una que otra escabullida a sus orbes miel. — No sé porqué, tenía muchas ganas de verte. — Elevó su diestra hasta la nuca, nerviosa, sincera. Por más que quisiera ocultarlo, siempre era muy directa. — Y ahora me siento... bien. — Finalizó, atreviéndose a hacer contacto visual. Su rostro rojo, sus orbes brillosos. A veces odiaba su sinceridad. — Y... ¿has conocido a alguien más, una chica, tal vez? Me he fijado en varias personas nuevas en la aldea, aunque no sé cuál podría llamar tu atención. — Intentó cambiar de tema, lanzando algo que, en el fondo, le preocupaba.

No era para menos. Meses habían pasado. ¿Y si él había conocido a otra chica? O peor, ¿Y si él estaba saliendo con alguien? El sólo hecho de pensarlo denotó, en su cuerpo, y leve escalofrío. Tragó saliva, observando nuevamente la vela sobre la mesa. — Yo he interactuado con varias personas, pero bah, la mayoría son extraños. No es que yo no lo sea, ¿eh? — Parpadeó un par de veces, sacando la lengua. — No tengo el derecho de juzgarlos. Pero hay un chico que habla solo por ahí, y otro que no le gusta el chocolate. ¿Puedes creerlo? — Se apoyaría sobre el respaldo de la silla, derritiéndose. Y suspiró, observando entonces hacia la ventana. — No entiendo cómo a alguien no le puede gustar el chocolate...— Sus palabras irían en disminución, perdida en el reflejo de los transeúntes.

"Es un poco misterioso, ¿no crees? en este planeta viven millones de seres y, sin embargo, te encaprichas de una única persona y ya no la quieres reemplazar por nadie del mundo."

Recordaría las palabras de la escritora, sonriendo levemente. Tenía razón. No encontraba mayor regocijo que junto a él.

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Cositas y más cositas
Pokémon

Re: [Futuro] Todo lo Trae la Marea

Mensaje por Cositas y más cositas el Sáb Jun 23, 2018 7:09 pm

Todo lo Trae la Marea
TOTSUKI AKIRA
Getsugakure no satoZona ComercialVerano 7 DD
En una de las mejores tardes de los últimos meses, reaccionó con una gustosa sonrisa al oír el pedido de la chica. La sola mención al brebaje repetido le otorgaba recuerdos de aquel primer encuentro; el más dulce que jamás hubiera tenido. Recordaba espiar hacia atrás por sobre su hombro, mientras la llevaba de la mano por las atareadas calles de la aldea, y veía su sorprendido rostro de carmín tintura. Por primera vez en mucho tiempo—desde que la vio por última ocasión-había olvidado la grisácea imagen de su cuerpo sin vida. Volvió en el tiempo, podría decirse, a una realidad donde las pesadillas nunca habían existido.

Te adelantó en cuanto a rango, pero aún le falta mucho para ser tan genial —bromeó y la elogió al mismo tiempo, permitiéndole seguir con sus relatos.

Haciendo gala de sus dones sociales, Metsumi pasó a describir otra amistad cosechada en el camino. Akira no puso rostro sobre palabras hasta que mencionó la vocación de la escritura, y al instante pensó en la poetiza, musa del arquitecto. De su corazón no sabía nada, denotando que la colorada tenía mucho mejor ojo para ese asunto. Él sólo había conocido su astucia, su potencial. Junto con el de la pareja que lleva como yin de su yang. — Pues a ella me refería —declaró cuando ella terminase con aquel apodo—, y a su pareja, Luger. O como yo le digo: Lulú —agregó, y soltó una risa. No tenía intenciones de aclarar que acababa de inventar tal cosa.

El chocolate frente a ambos logró una pausa, mientras al menos Akira se dedicaba a enfriarlo son lentos soplidos. Elevó la mirada con el rostro aún siendo bañado por el vapor ascendente, mientras ella quebraba el silencio. Con su primer comentario entendió que no extrañaba el chocolate en sí, sino la situación repetida. Vergonzoso, se ocultó tras el cuerpo de su taza para tomar un primer sorbo. Aún estaba bastante caliente, pero no estaba listo para mirarle así como así mientras a ella podían escapársele comentarios que ambos estaban ahogando. Y tal como sospechaba, se le escapó. Con un nudo de nervios en la cabeza, intentó tragar saliva olvidando que tenía la boca llena de caliente chocolate negro y blanco. Al pasar este por su nuez, se mezcló con el dolor de una garganta ansiosa, quemándole el esófago y convirtiendo sus ojos en vidrio líquido. Suspiró por la nariz, lanzando vapor por sus fosas cual dragón en su siesta.

También te extrañé mucho... —confesó con voz algo ronca, y más baja de lo normal. Quizá demasiado baja.

Le dejó irse en su tangente de incoherencias mientras él respiraba aire por la boca, disimuladamente calmando las quemaduras. En su afán de hacer amigos había conocido a uno que otro idiota, seguramente. Y el moreno estaba seguro de que más de uno se le hubiera insinuado, mas ahora estaba ahí frente a él; sola. Esta, como tantas otras pasadas, era su oportunidad para decirle más que algún comentario bromista. Ser más que una insípida escolta. Qué término más estúpido había sido aquel. Estaba con ella no por trabajo, y así seguiría siendo. Tenía que aprovechar el esfuerzo que estaba haciendo ella en sus parciales confesiones, para terminar de dar por su cuenta aquel fatídico paso.

Sí, conocí a una chica nueva en la aldea. Solía ser del País del Agua —se cruzó de brazos y apoyó contra el respaldo de la silla, actuando preocupación—. Aunque no sé cómo expresar que me llama la atención. Tú que me conoces, ¿qué recomiendas?; ¿invitarla a un chocolate a solas en la primera cita será muy obvio?

Torció la boca, y ya listo, volvió a tomar su rica bebida. Derepente se sintió más confiado, en su propio terreno. Vio aquel momento como una de sus estrategias, y comenzó a mezclar la ansiedad con la emoción.

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Nakurusaki Metsumi
Getsu Genin

Re: [Futuro] Todo lo Trae la Marea

Mensaje por Nakurusaki Metsumi el Miér Jun 27, 2018 2:05 am

Metsumi
Getsugakure no satoZona de restaurantesVerano
Se escondió tras el sorbo de su chocolate, intentando atribuir el carmín de sus mejillas en el calor que este le generaba, y no en el nerviosismo y sobresalto que provocaban los halagos del moreno. ¿Genial?¿ella? Tragó saliva, inquieta. ¿Realmente le consideraba de aquella forma? O, quizás, era un modo de animarla debido a que portaba aún su rango bajo. Sea cual fuese el motivo, aquel simple hecho era suficiente para alegrarla, regocijándose internamente. Sonrió, para sí, orgullosa.

Y el nuevo comentario de su acompañante le sorprendería casi de igual forma, abriendo sus orbes como platos a medida que su curiosidad crecía. — ¿Conoces a quien le gusta Bere-chan? Oh, oh, oh.... ¿Se llama Luger? — Ella lo había mencionado, sin embargo no con un nombre en sí.  Más bien, con las representaciones y conflictos que aquello significaban en la escena de la escritora, en los personajes. En el que se había salido de control. Y rió por lo bajo al escuchar el sobrenombre que él le agregaba al susodicho de Beretta, algo tan carismático que haría que su curiosidad no pereciera luego de asimilarlo.

Era curioso cómo la dicha y alegría brotaban más de lo normal cuando se encontraba junto a él. Era, sencillamente, incomprensible. Un sentimiento que albergaba en lo más hondo de su ser, y que, aún así, lograba colarse por cada poro de su piel. Algo singular, radiante. Recordaba bien las sensaciones que él le brindaba, y sin embargo se las arreglaba para superar constantemente sus expectativas, su deleite. Sus orbes continuarían mirando al infinito de los transeúntes por aquel vidrio espejado, cristalino. Y, de pronto, toda la dicha que lograba sentir en su pecho, se esfumó.

Desvió sus zafiro hacia la posición del albino, incrédula. —¿Eh? — Dejaría escapar de sus labios la sorpresa de una respuesta positiva, una que, inconscientemente, creía que no lograría ser jamás aquel resultado. Pero resultaba que sí, y que tenía en mente a alguien de la aldea. Inicialmente se mantendría algo atónita observándolo, aún más por la confianza con la que él le comunicaba aquello. ¿Por qué no debería tenerla? Claro, si eran amigos. Seguramente se sentiría cómodo confesándole a su amiga acerca de sus problemas amorosos.

Por un momento su diestra — la que se mantenía sosteniendo la taza de chocolate— tembló. Intentó esbozar una sonrisa, algo forzada y de medio lado. ¿Qué era esto? Un nudo se formó en su garganta, obligándole a tragar saliva. Y entonces dejó de forzar la sonrisa, convirtiéndose en una teñida por la nostalgia; por la rendición. Suspiró, elevando entonces su mirada hacia él. — Parece que somos varios los del país del agua en Getsu, ¿no? — Bajó levemente sus ojos, hacia la taza de cacao caliente. Y de pronto, recordarlo dolía. —Lo dudo. Si es fan del chocolate, seguro le gustará. Podrías llamar su atención así.— Intentó no fruncir el ceño, lográndolo parcialmente.

¿Quién sería?¿Qué aspecto tendría?¿Porqué ella? Apretó sus labios, ya no tan convencida de querer confesarle cómo se sentía. ¿No bastaba con tenerlo a su lado? Eso había dicho, eso había pensado. Y eso... estaba tan errado. —Seguro es una chica muy linda. No te llamaría la atención alguien promedio, ¿no? Jajaja — Rió, forzosa. Se llevó la siniestra tras la nuca, tratando de mantener el buen humor. — Ah... pero quizás eres un desastre con las mujeres. Te podría ayudar, pero tendrías que pagarme con más chocolates~ — Bromeó, jocosa.

Decidió levantarse, apoyando ambas manos sobre la mesa. — Uh, creo que debo ir al baño ahora... ya. — Mostró sorpresa, fingiendo un dolor súbito de abdomen, urgente. —Vuelvo en seguida. — Sin dar tiempo a una respuesta, saldría apresurada por el pasillo, sin atender a las inquietudes de la mesera que, ingenua, se acercó a tratar de ofrecer su ayuda. La pelirroja simplemente alzaría una de sus manos con la palma abierta, tratando de alejarla a medida que, efusiva, corría hacia las escaleras del segundo piso donde se encontraba el baño.

Abrió y cerró la puerta tras de sí, derritiéndose, literalmente. Las lágrimas se confundirían con el líquido acuoso en un costado del baño, a medida que unos pequeños gemidos de tristeza salían de este. Era débil, la había cagado nuevamente. ¿Cómo enfrentarlo ahora? Para su suerte, el segundo piso que poseía una que otra mesa, se encontraba vacío. Así, al menos, nadie le escucharía.


técnica utilizada:
Suika no jutsu

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Cositas y más cositas
Pokémon

Re: [Futuro] Todo lo Trae la Marea

Mensaje por Cositas y más cositas el Miér Jun 27, 2018 5:43 am

Todo lo Trae la Marea
TOTSUKI AKIRA
Getsugakure no satoZona ComercialVerano 7 DD
La joven marítima picó el anzuelo como el más ingenuo de los peces, y él eufórico sonrió con gusto. Como siempre la colorada comenzaría a desviarse por sus tantas tangentes, dejando que esos labios se pierdan en una intrincada danza a la cual el moreno intentaría leerle cada paso, mas quedando perdido en el atractivo de su pecado. Y sin embargo no podía evitar asentir, pues todo lo que ella decía terminaba siendo cierto. Era fanática del chocolate, parecía haberle llamado la atención, era muy linda... y a la vez sí, Akira se consideraba desastroso a la hora de expresar cualquier sentimiento serio para con una mujer. Realmente nunca se había tomado el tiempo para definirse como un caso perdido, pero tenía a la única prueba empírica frente a él. Su primera y exclusiva atracción desde que tenía memoria, pues anterior a eso sólo había sufrido los pasajeros y platónicos amoríos de un incomprendido infante hacia piratas del submundo por el cual se movían sus padres. No real atracción, sino meramente admiración por figuras imponentes para un crío que nada conocía. Pero ojo, pues la admiración no estaba fuera de discusión cada vez que miraba a Metsumi sonreír. La energía que ella emanaba era galardonable, y uno de los tantos factores que, para Akira, le hacían una pieza esencial en sus días felices. Irreemplazable. Definitiva.

Sí, creo que necesitaré ayuda, porque es muy despistada... —comenzó a decir, notando la creciente preocupación en el semblante de la chica. Realmente era pésima para ocultar sus emociones, sin importar la inclinación de las mismas.

Y tan ahogada se encontraba en su propio nudo, que pareció ni escucharlo, o al menos no procesar sus palabras. Se levantó casi ofendida, cerca de chocar con la camarera. Por un largo segundo danzaron en el sitio en la indecisión de esquivarse o afrontarse, pero Metsumi estaba decidida en continuar cabizbaja. Él, entre arrepentido por la broma y entretenido con su reacción, se puso de pie tras apoyar cuidadosamente la taza caliente sobre su platito de porcelana. Gesticuló hacia la empleada del local para indicarle que no se preocupara, y a un paso más tranquilo siguió la ruta de escape de su compañera.

¿Metsumi? —dijo en voz alta mientras subía las escaleras, ya habiendo escuchado el portazo del baño.

A partir de la mitad del ascenso, comenzó a notar marcas húmedas en los escalones. Las pisadas de la mujer se tornaban en pequeños charcos, hasta dejar una completa estela de gotas arrastrones acuosos por el entablado suelo hasta la puerta del vanitorio. El picaporte del mismo goteaba lágrimas, y del otro lado de la madera podían escucharse los quejidos de aquella consternada alma que llenaba su buena acústica.

Metsumi-chan... —le llamó y golpeó la puerta con los nudillos un par de veces, acercando el rostro a la madera para hacer llegar su voz. El intento de sonar más confidente le provocó un nudo en la garganta, siendo muy difícil para él soltar tales sufijos, mas logró el esfuerzo casi al instante— Realmente necesito tu ayuda. Intenté confesarle mis sentimientos a esta chica con indirectas, pero corrió al baño llorando —suspiró fuerte por la nariz, y apoyó la frente contra la entrada—. ¿Qué debería hacer?

Más nervioso que nunca—aunque sin haber sido capaz de abandonar completamente las indirectas—esperó en esa posición inflando de más el pecho con cada inhalación. Cerraba los ojos para escapar de la realidad del suelo bajo sus pies, y del hecho de que probablemente el personal del relativamente vacío establecimiento le estaba escuchando. Ya nunca podría volver a tomar un chocolate ahí; no sin ponerse rojo cual tomate otoñal. Pero al final lo valdría, si por fin ella entendía sus estúpidas historias.

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