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[Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

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NB Narración
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[Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por NB Narración el Mar Jun 12, 2018 10:36 pm

Las puertas de la Aldea
La noche caía con fervor sobre las enormes dunas que conformaban el país del hierro, como brazos que adornados por el mismo terror de los menos favorecidos, buscaban acunar entre estos a quienes desgraciados se habían convertido en uno con la ventisca, la cual parecía dispuesta a arrancar el último aliento de los pobres forajidos. Con la peor de sus suertes, estos habían tenido el honor de vagar por el exterior, ya fuese en busca de trabajos de poca monta, o encargándose de dar caza a los más débiles, o en su defecto, los más desgraciados.

Huesos quebrados por el frío, acariciados por la nieve que se alzaba junto al fuerte viento, y rastros de sangre que solían perderse con el afán de aquella ferocidad que prevalecía por encima de todo gracias al amor de la madre naturaleza, quien parecía haber olvidado por completo el vislumbrar con sus hermosas orbes aquella porción de Daichi.

Cuerpos sepultados serían la mayor prueba de la indiferencia, de la poca humanidad que se encontraba sobre los grandes y tenebrosos rincones de tal país y de sus habitantes.

Las afueras no eran hogar para los más inocentes. ¿La muerte? Era ley de vida. El mismo sonido de las hachas partir la carne, o las miradas de los bandidos cuando observaban a los viajeros, eran lo suficientemente tenebrosas como para demostrarlo.

Los alaridos de las bestias ser golpeadas, aquellos lanudos animales que gemían de dolor tras el azotar de los látigos para servir cual secuaces de las mayores atrocidades, cargando los magullados cuerpos de quienes aparentaban poder servir como moneda de cambio dentro de la temida aldea. Pero ante todo, las miradas hambrientas de sus dueños, sus cuerpos que parecían carecer de humanidad, o incluso, aquella tos oscura, la misma que parecía haber abandonado el olor metálico de la sangre, para convertirse en uno putrefacto, posiblemente llevado por la ambición y el maltrato del deseo de poder.

Quizás Nobuo Uchiha podría ser aterrador, destrozar sus cráneos con solo su mirada, pero si había algo que estaba claro, es que al menos tenía la decencia de no devorar a sus victimas como aquellos enfermizos caníbales, quienes dejaban su lado humano, para aparentarse a las mismas bestias que tanto temían.

El gran huargo, la bestia que ahora, fijaba su mirada en los desgraciados.

Criminal Rango S: Kodokuna Ōkami
El sonido de la bestia destrozar los huesos de sus victimas como si fuesen simples ramas de los pinos que rodeaban las inmediaciones. Música para los oídos de quienes en las alturas se encargaban de patrullar la gran extensión de las murallas. Cómplices miradas, rudas palabras, pero sobre todo, la nieve siendo maltratada por los pasos de la gran bestia que hasta ahora, patrullaba la cima de la muralla, devorando con sus albinas orbes a todo aquel que pudiese ser una amenaza.

Kodokuna Ōkami.

Muchos conocían a la bestia, al Inuzuka que había abandonado su humanidad para convertirse en uno con el huargo que hasta el momento, yacía tendido a varios metros de su situación, obstaculizando la gran puerta de la aldea que, cerrada por los grandes tablones de madera que formaban su estructura, atrapaban en el interior a un gran número de criminales y renegados, y dejaban en el olvido a quienes se habían alejado de sus seguras murallas a lo largo del día. Ahora buscaban descanso en sus cálidas tabernas, pero no podrían lograrlo.

Su pelaje, comúnmente albino, era conocido por cualquier mortal que mantuviese su protector ninja quebrado por el rechazo hacia sus anteriores congéneres. Incluso la sangre que ahora impregnaba cada rincón de su cuerpo no era más que una muestra del poder que la bestia siempre mostraba en sus días de caza.

Kuro, la bestia hambrienta, el huargo de la muerte... Habían cientos de nombres que convertían su presencia en un terror nocturno del que nadie podía escapar, sobretodo por ser una de las bestias que más en estima tenía el mismo líder, brindándole el libre albedrío a la hora de devorar a quien quisiese dentro de sus dominios. Para su desgracia, parecía que esta noche sería distinto, pero esta ya había tenido el honor de hundir sus fauces en quienes al parecer, parecían no comprender el significado de aquellas puertas cerradas o la mirada de los más temidos criminales del país puesta sobre los más valientes.

Aquellos días eran bautizados como  "La noche sangrienta".

Quienes quedaban fuera se convertían en delicados objetivos para los más fuertes, y las compras de cadáveres en el mercado negro a la mañana siguiente se convertían en una sanguinaria locura. Más que nada porque los familiarizados con la guerra, sabían aprovechar aquella gran oportunidad. Después de todo, ver como las puertas se cerraban se convertían en la perfecta ocasión para desmembrar a los más inexpertos.

No me importa quienes sean, tampoco que ofrezcan. No volveré a repetir una vez más las ordenes del líder. Quien trate de cruzar la puerta, se convertirá en el alimento de la bestia. En su defecto, morirá en mis manos. No habrá clemencia. — agrio y espeluznante, pero sobre todo, amenazante.

Kodokuna era como la misma ventisca que arremetía contra sus victimas, golpeándolas, asfixiandolas... La carencia de sentimientos era el filo de su arma, y quienes no siguiesen sus ordenes, alimento para su acompañante. Su presencia en lo alto de la muralla promulgaba terror a incluso los más ardientes criminales que se encontraban en las afueras, pero ante todo, el respeto a lo desconocido, o a quienes junto a él, se encargaban de servir al gran líder.

Sabaku no Yusura y Tadashi Yoshimura
Grandes leyendas de Yukigakure no Sato. Criminales con los peores expedientes se encontraban rondando la muralla, cual meros espectadores de la masacre que podría surgir en aquella ocasión. Miradas ardientes, sonrisas que parecían encargarse de decapitar a cualquiera que tuviese el valor de toparse con las orbes de los más sanguinarios, pero sobretodo, destelleantes en deseo por dar rienda suelta a esas órdenes que recaían sobre sus espaldas.

¿Puedo matarlos a todos ya?— la dulce voz de la pelimorada se escucharía por lo bajo, en la zona Oeste de la muralla, pero al frente de la puerta principal.

Sabaku no Yusura, una joven conocida por sus métodos pocos ortodoxos a la hora de lidiar con sus victimas. Bajo la apariencia de tan solo una niña, una joven sedienta de sangre se alzaba. En ella no había más que indiferencia, una mirada vacía y el pequeño mecer de su diestra que se encargaba de juguetear con un pequeño puñado de arena que viajaba desde el interior de aquella gran calabaza que yacía en su espalda, y tomaba camino por su articulación, creando pequeñas figuras que a su antojo iban cambiando. Su mirada, ignoraba aquel pequeño montón, vislumbrando a todo ser vivo que se aproximase a la muralla.

Todo el mundo la conocía, la hija de la arena que bajo delicadas prendas de satén mostraba la mayor parte de su oscura piel. Decorada por el más delicados de los metales: el oro puro.

Aún no pequeña. Pero prometo que el primero que se acerque a la puerta será todo tuyo. — Tadashi Yoshimura, el acompañante de la joven se encontraba a su izquierda, cruzando sus brazos por encima de la dorada armadura que siempre acompañaba al rubio.

Al contrario que en su compañera, en este podía observarse una amplia sonrisa que demostraba la hermosura de su dentadura, aquellos dientes blanquecinos que repletos de superioridad, buscaban entre la pequeña multitud, una victima o quizás, un par de personas con las cuales poder pasar una buena noche. Quizás uno de los más desentendidos en la materia, pero tan sanguinario como los demás, solo que él, tenía su propio modus operandi.
Kaede Uzumaki y Kazuo Nendo
¡Y estaba ahí, lo juro! Con su cara de subnormal, tratando de levantarse del suelo después de que le hubiese estallado el maldito brazo. ¿Lo puedes creer? JAJAJA. ¡MALDITO ESTÚPIDO!— ignorando las ordenes de quien había sido citado como el líder de la noche, Kazuo Nendo se encargaba de destacar por encima de los demás en el lado Este de la muralla. Sus brazos se movían con efusividad, tratando de llamar la atención de la pelimorada que lo acompañaba, incluso se podía observar como en ocasiones flexionaba ambas rodillas y alzaba con fuerza sus extremidades, un acto que finalizaba con el último recorrido de estos en dirección a su estomago, sosteniendo así con su derecha su abdomen, mientras que su siniestra, simplemente palmeaba su propio muslo.

No había persona que no fuese consciente de aquel desquiciado, una persona que incluso caudaba terror cuando se encontraba en uno de sus mayores y placenteros sueños. ¿Quien más había salido impune tras atentar directamente con la vida del líder? Su cordura había desaparecido, la había perdido por completo.

Cállate de una vez.— junto a él, se podía observar el hermoso y cuidado cuerpo de la pelimorada, una que si bien hasta el momento no había aclamado la atención de todos y cada uno de los criminales del país, empezaba a ser reconocida por su rápido ascenso a las filas del Kurokage. Su larga melena y aquella cinta que obstaculizaba a los indeseables a observar su mirada la convertían en una tétrica entidad, pero más lo hacía la indiferencia que la alzaba incluso junto al terrorifico Nendo, que más que mostrar molestia por la manera con la cual este la trataba, se dedicaba a mostrar un pequeño fastidio, más propio de un joven de corta edad que del criminal tan temido que era.
Lee Hye Ri y Hiro Kuran
Se ven tan adorables desde aquí arriba... Como hormigas. Deliciosas hormigas...— el alatear de aquellas hermosas alas que se encontraban en la espalda de la joven criminal, la alzaban por encima de todos y cada uno de los humanos que se encontraban rondando aquella gran porción de nieve. Su larga melena danzaba rápidamente a cada uno de sus movimientos, sobrevolando la zona con gracia hasta su llegada a uno de los laterales de aquella gran entrada, conformando así, el flanco del Oeste, donde la gran montaña alzaba los peligrosos riscos y los guardias que rondaban cada uno de los balcones.

Llegada al filo de uno de los balcones más pedregosos, la fémina se sentaría en este, dejando que sus alas desapareciesen con tan solo un suspiro, a la par que comenzaba a balancear sus piernas.

El sonido de las piedras tras ella, daría forma a las pisadas de un nuevo invitado que, con una oscura piel y prendas que se convertían en uno con las de la pequeña Sabaku, alzaban su gran porte. Sus brazos se alzarían, mostrando aquellos hermosos decorativos que bañados por el oro le brindaban la más hermosas de las caricias a su piel y junto a ello, daban aún más poder a su presencia. El gran Hiro Kuran, temido por su indomable poder y la gran bestia que lo acompañaba, un tigre de cuerpo incandescente, con una hermosa piel azulada que no dejaba nada que envidiar a las mismas constelaciones.

Te encanta llamar la atención...— sus palabras serían finalmente adornadas por una curvada sonrisa mientras que, su melena castaña perfectamente colocada hacia atrás, se movía ligeramente con la gran brisa de las alturas, alturas donde se podían observar antorchas de varios guardias que se encontraban por el perimetro.
Las puertas de la Aldea
Los enormes centinelas se alzaban en lo alto de los riscos que rodeaban las grandes puertas de la aldea. Guardias que ansiosos, parecían observar a quienes se acercaban hasta los dominios de quien en esas tierras era proclamado y temido bajo el título de "Kurokage"; un titulo ardiente, tenebroso, pero sobretodo, manchado del espesor de la sangre.

Habían unos diez en total, o aquello era lo que se podía captar al ojo humano cuando se olvidaban la grandeza de los riscos para ver como los peores criminales se encontraban en lo alto de la muralla, devorando los cuerpos que se acercaban a las inmediaciones.

En el centro, —y tras el gran huargo— dos se alzaban con aún más impetud, dos que con grandes respiradores, ocultaban parcialmente su rostro a cada lado de la gran madera que obstaculizaba el interior de la gran muralla. Un proclamo de guerra que alejaba a todos y cada uno de quienes se acercaban, alejándolos así de disfrutar de sus viviendas, o más bien, de las calles, que con olor a muerte, los arropaban los días que el dinero no les permitía pagar una triste posada en la cual poder proteger no solo su propia integridad en las noches en las que las mayores heladas golpeaban sus cuerpos, si no también, sus pertenencias, las cuales eran fáciles de perder de vista gracias a los maleantes que disfrutaban de recorrer los techos de los puestos que conformaban la estructura del lugar.

Se podía observar como el fuego brillaba en el interior de la aldea. Incluso se podía escuchar el escandalo de los grandes festejos de los cuales disfrutaban quienes habían tenido la suerte de encontrarse en el interior. Los del exterior, para su desgracia y aún a pesar de encontrarse protegidos por el manto de un líder que ahora les brindaba la espalda, aquella noche, no eran más que escoria indigna sin derecho a vivir bajo la seguridad de Yukigakure no sato: la aldea oculta entre la nieve.

La luna llena se encontraba en lo más alto del cielo, cediendo su esplendor a quienes tenían el honor —o más bien lo contrario— de disfrutar del gélido ambiente que los situaba al otro lado de la puerta. Las antorchas quizás llegarían a beneficarlos, de igual modo que lo hacían las hogueras que algunos criminales se habían encargado de avivar en las cercanías de la puerta, quedando así bajo la mirada de los mismos guardias que con ojo de águila se encargaban de vigilar que nadie, absolutamente nadie, tuviese la osadía de querer irrumpir en el interior. Los mismos cadáveres que lentamente eran sepultados por la nieve eran la prueba de ello, de igual forma que el alimento del gran huargo, un cuerpo que posiblemente pertenecía a algún inepto sin miedo a la muerte.

Fuese cual fuese el destino de quienes se encontrase en el exterior aquella noche, posiblemente pocos llegasen a ver una vez más el sol alzarse tras la gélida mañana.



Última edición por NB Narración el Mar Jun 12, 2018 10:38 pm, editado 1 vez

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NB Narración
Master

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por NB Narración el Mar Jun 12, 2018 10:37 pm

Pautas y Aclaraciones
— Antes que nada ¡Bienvenidos a todos a la trama oficial "Las puertas de la aldea". Como ya todos sabréis, esta trama es únicamente para Renegados. Nos encontramos en Yukigakure no sato, eso implica muerte, y destrucción, si chicos, vivís en el País del hierro, y eso os hace ser victimas de todo tipo de problemas y tempestades, ya sea una buen ventisca o en su defecto, alguien que pueda estar interesado en vuestras capacidades. Las muertes son completamente legales y libres. ¡Disfrutad de la sangría!

— En esta ocasión, las puertas de la aldea se encuentran cerradas y todos y cada uno de vosotros al aceptar alistaros en esta trama ¡Os encontráis fuera! Si, pobre desgraciados. Vuestra misión es nada más y nada menos que salir con vida de esta, ya sea luchando por vuestras vidas contra otros usuarios, o vuestros amigos los NPCs.

— Nine Beasts no se hace responsable de las extremidades que vuelen durante el evento.

— "La noche sangrienta" es una noche en la cual el Kurokage decide cerrar las puertas, ya sea por sobrepoblación en la aldea, o simplemente por brindar una gran velada a sus invitados en la aldea. En esta noche, nadie puede adentrarse en la aldea puesto que conlleva riesgo de muerte, pero hey, si queréis enfrentaros a alguno de nuestros queridos amigos, sois libres, aunque realmente, no es algo muy recomendable.

— La noche es fría ¡Si os encontráis en el país del hierro! no lo repetiré una vez más... así que a gusto del staff y de ambientación es posible que en ocasiones os veáis penalizados por vuestros actos, ya sea a modo de estadísticas o de estado físico, más aún después de un arduo día en el exterior y la llegada a la aldea en plena noche.

— Debéis de ser realistas y sobretodo, enseñaros cuanto merecéis formar parte de este pequeño sistema como lo es Yukigakure no sato. Es decir, mataos de una vez colitas sueltas. Esto parece más My little pony que ese Dark Souls del que tanto habláis. Narración se encargará de daros un buen merecido si no os comportais. Cof cof.

— Para mantener un orden y no volvernos muy locos, tendréis cuatro opciones de las cuales una será escogida al azar por medio del siguiente tema. Click aquí . No se aceptan cambios ni devoluciones.

— Aclarando el punto anterior, las participaciones son individuales, si queréis mafiosear en privado, hacedlo, pero el detector de mentiras está a la orden del día, igual que los Jutsus rango A — o S si me vuelvo muy loca —.

Opciones disponibles:


  • Pasar la noche frente a las puertas. (Zona de hogueras)
  • Buscar un poblado abandonado cercano.
  • Ir a la zona de cuevas.
  • Ir hacia el bosque

La primera ronda se dará como la ronda de llegada, ya lo que hagáis a partir de ahí quedará bajo el recaudo de vuestro propio narrador.

— Mucha suerte y bienvenidos a la primera "Noche sangrienta" de Nine Beasts.

— Se brindan 72 horas a los inscritos para postear en esta trama de inicio, en caso de no hacerlo se les dará como exentos de la trama y se les penalizará off rol por abandono.

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Hachibimaru
Muerto

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por Hachibimaru el Miér Jun 13, 2018 12:58 am

LAS PUERTAS DE LA ALDEA
HACHIBI
Tetsu no KuniYukigakure no SatoPresente
Satán parece haber encontrado un nuevo método para torturar a las almas que en pena han debido dirigirse al infierno, apenas encontrando refugio, ya que no existe otro lugar en dónde su existencia pueda permanecer, pero aun en este sitio la muerta parece apenas extenuarse solo momentos pues tarde que temprano termina llevándose a quien llegue aquí. Entre las reglas de este lugar, uno debe tener dinero para poder subsistir en este sitio, de lo contrario sus pertenencias están aseguradamente perdidas, y eso puede incluir partes del cuerpo; pero para conseguir este dinero, las monedas dadas por las labores interiores rara vez son suficientes más que para una noche a lo mucho, por lo que es necesario salir, es por ello que se había adecuado a un traje de pieles y cuero, botas, camisa y pantalón térmico y encima una capa afelpada.

Hachibi había debido salir para ello mismo y tras haber terminado su encomienda, volvió para encontrarse con la hostilidad de los mandatos egoístas de Satán, cuyas huestes se afilaban a la entrada del último refugio que le quedaba. Adentro, Su y Sao debían estarle esperando aunque seguramente estarán más al tanto de que seguramente demorará más de lo planeado en volver. Su mirada apreciaba con cinismo los cadáveres que se perpetuaban a cierta distancia de los portones cerrados de la aldea hasta algunos metros donde el gran tumulto de personas pensaba que hacer.

─Parece que esto se pondrá interesante─

El sarcasmo era evidente en sus apagados vocablos que eran más dirigidos para sí mismo que para los de alrededor. El último idiota que había intentado sobreponerse al una de las cabezas de cerbero ya se encontraba en pedazos entre el suelo y la boca del gigante cánido. Encontrarse con uno de aquellos sujetos ya había tenido sus repercusiones, pues aunque su brazo se ve oculto en su guantelete que se había colocado de tal forma que simulara aun tiene su mano derecha, cabe decir que sus actividades se han visto algo atormentadas por su ausencia. Para colmo, las palabras del responsable resuenan sobre todo el caos cayendo como chaleco a talla. No había más razón para permanecer en ese sitio, el frío continuaba aumentando conforme la noche iba a la alza y aun con su constitución podría significar terribles consecuencias, pero si el problema es la temperatura, las cuevas cercanas serán un buen refugio de este, usando la temperatura que la misma tierra resguarda para que se temple, aun así decidió no partir de inmediato para ver qué más información podría obtener antes de huir de a escena.

Armamento:

Porta armas en la Pierna Izquierda con 5 Kunais, 1 con Sello explosivo
10 Kunais y 15 Shurikenes ocultos en la capa, usando hilo ninja para ello.
Katana en la cintura a lado derecho.
9 unidades de hilo ninja en la capa.
Estadísticas:

  • Fuerza : 35
  • Resistencia : 35
  • Agilidad : 30
  • Espíritu : 20
  • Concentración : 30
  • Voluntad : 20
Chakra :125
Aclaraciones:

Obtuve un 3, por lo que me tocan las cuevas

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Akeboshi Yoshio
Renegado C

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por Akeboshi Yoshio el Miér Jun 13, 2018 8:24 pm

La Noche Sangrienta
AKEBOSHI YOSHIO
Yukigakure no satoPuertasVerano 7 DD
Menudo el verano que traía al jodido país una ventisca más, recordándole a los condenados que, en efecto, estaban condenados. El músico se encontraba en las afueras, pues esa era su costumbre. La falta de un techo propio sobre su cabeza también le hacía falto de paredes, y si regresaba día tras día al interior de aquel confinamiento amurallado, era por mero interés económico. Este era el caso, justamente, pues se vio obligado al no encontrar en la despensa de aquella posada alquilada el dulce de frambuesas que le gustaba. Una exquisitez realmente, pero muy caro como toda la jodida comida en la nación. Debería hacer un encargo entero para costear tal lujo, cosa que sólo encontraría en la tierra de desfachatados, que recorría todos los días. Y detrás, en la posada, quedó Mireyu. La muy cómoda no consideraba que un frasco de mermelada valiese el esfuerzo de una misión, así que con algo de resentimiento se quedó sola comiendo maní en la cama. No la culpaba, era un maní rico, pero él tenía sus prioridades.

Había salido abrigado a causa del maldito viento, con su chaqueta de cuero recubierta interiormente por una lanuda capa, sobre una remera de grueso algodón. Llevaba botas que le cubrían hasta los tobillos, y se había puesto dos pantalones. El Hierro nunca da tregua. Sus guantes le mantenían los nudillos cubiertos mientras se abrazaba a sí mismo, combatiendo contra la madre naturaleza mientras con pasos de idiota desenterraba los pies de la eterna nieve. Estando a un par de cientos de metros de las murallas, elevó la vista con su cabello castaño siendo caóticamente despeinado por el viento. Las puertas, siempre abiertas a nuevos desalmados, se encontraban cerradas. «¿Justo hoy?» fue su primer pensamiento, y al instante relajó los hombros en decepción. Hacía unos catorce años que frecuentaba la aldea nevada, y aquella práctica no se daba ahora por vez primera. La sucia noche sangrienta, sin embargo, nunca le había sorprendido del lado oscuro de la pared. «Putos» fue su segundo y último pensamiento.

Ni se molestaría en acercarse, asqueado de todos los psicópatas aprovechadores que saltarían contra su frágil ser. La situación se prestaba perfecta para la domadora de gigantes serpientes, por ejemplo, pues en esa ocasión su amiga de sangre fría sí que se daría una panzada. Y él, ya conociendo lo que podía suceder quedándose a la intemperie, se dio media vuelta como muñeco de reloj cucú una vez sonada su campana. Divisó en la relativa cercanía un bosque de útil frondosidad, siendo este su ambiente predilecto. Nada de humanos y su humo, sino joviales ardillas con las cuales compartir un par de bellotas. No eran frambuesas, pero tampoco estaba mal.

Decidido a que allí pasaría la noche, se dirigió con pasos seguros a la cobertura de los sabios maderos. Estos no sólo le protegerían de los ojos hambrientos de los caza cabezas, sino también del tortuoso frío siempre presente en la tundra. Alcanzando el límite del bosque se dio al alza rebotando entre dos troncos, sin necesidad de utilizar de momento su preciado chakra. Quién dice que los monstruos no huelen esa cosa, y estarían atentos a la más mínima muestra de sudor emanado. Asco le daba, aunque sólo por el hecho de no estar ni cerca de poder hacerles frente. Ya quisiera él recorrer la nieve como una serpiente y no como un roedor. De momento, en cambio, debía conformarse con permanecer de cuclillas en la rama más alta que pudo encontrar—sin sacrificar estabilidad-, con la espalda apoyada contra un tronco. Con un único ojo espiaría por el lateral de la corteza aquella magnánima aldea que exigía soledad, y la potencial cercanía de otros chicos scout, como él.
Estadísticas:
  • Fuerza : 8
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 20
  • Espíritu : 30
  • Concentración : 30
  • Voluntad : 30
Chakra : 130
Inventario:
  • Mateki — Colgada al cuello
  • Lanzador de Agujas — En antebrazo izquierdo
  • 15 Senbon — Clavadas en 3 hileras de 5 en la solapa izquierda de la chaqueta
  • 4 Bombas de humo — 2 en cada bolsillo del pantalón
  • 3 Sellos explosivos — plegados cual pañuelos en el bolsillo del pecho de la chaqueta
  • 3 Alambres ninja — Colgando enrollados del cinto cual látigo
  • Tantō — En la cintura del lado izquierdo
  • 2 Píldoras del soldado — También en el bolsillo de pecho
  • 2 Mecanismos ocultos con kunai — Bajo ambas mangas de la chaqueta
  • Comunicador — En oído derecho
Elección:
En el dado me salió 4 - Bosque.

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Ronin Hanta Kaguya
Renegado C

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por Ronin Hanta Kaguya el Vie Jun 15, 2018 1:24 am

LAS PUERTAS DE LA ALDEA
Ronin Hanta
YukigakurePuertasVerano
-Ronin Hanta, sabía que el día de hoy no sería algo que tomar a la ligera o un día común dentro de lo que cabe en sus rutinas cotidianas, no, todo lo contrario, Ronin Sabia que lo que se avecina para esta noche es algo grande, y por supuesto como lo más representativo del lugar, también sería algo bastante peligroso, los rumores y las malas lenguas de las gélidas calles han susurrado con temor y extremo cuidado sobre algo que se avecinaba hoy, algo que con la voz entrecortada y titubeos de los nudos en la garganta formados por la inseguridad, algo conocido como “La Noche Sangrienta”.

-Tras este tiempo, tal vez algunos meses si no mal recordaba, Ronin Hanta había escuchado todo esto, que aunque fuera poco, igual es información útil, de boca de algunos pocos a los que ha ayudado en su estancia en el País del Hierro, atrapados cual ratas en la aldea al igual que él, si bien sería estúpido el ir a participar en todo esto, también es la única oportunidad para el Renegado de salir de la aldea y poner a prueba todo lo que ha aprendido hasta ahora dentro de esta tundra sedienta de sangre y silenciadora de los gritos de la mismísima desesperación, Hanta debería arriesgarse en todo esto si quería probarse algo así mismo, y si realmente podría aprovechar esta oportunidad para algo, antes de que sea tarde, porque las oportunidades solo se presentan frente a ti una vez en la miserable existencia propia que llamamos “vida” y aunque pueda costarle, el Kaguya Cornudo deberá luchar para hacerse más fuerte o morir en el intento, después de todo, los sacrificios son necesarios para la evolución.

-Aquella tarde mientras el sol caía, Ronin Hanta saltaba entre los techos de Yukigakure con bastante prisa pero algo que a su vez entorpecía sus pasos, ¿qué era lo que hacía dudar de si mismo? Era aquel momento donde sabría que su destino era adentrarse en la boca de lobo y saber que las probabilidades no estaban de su lado, realmente se sentía inferior, patético, basura, no, ni siquiera, menos que eso, una mísera sabandija, ¿algo de lo que habría hecho hasta ahora tenía algún significado relevante en su efímero ser? Tras aquella positividad y aspecto sereno que tanto lo caracterizaba incluso frente a la sensación del vacío absoluto de la muerte que lo carcomía la última vez, como si el ardor de sus heridas regresaran en busca de alimentarse del tormento ajeno de aquel que las llevaba cual huéspedes, realmente ¿que tenía que perder más que su vida? Por primera vez que se tomó el tiempo para pensar sobre la relevancia de su existencia, dudaba mucho si habría alguien quien realmente lo extrañara, pese a ser alguien que ayudaba en medio de caos este se sentía, y sin mentirse a sí mismo, que sería fácilmente reemplazable.

-Más tarde, luego de que el lamento y la soledad pasaran y se esfumaran de el por un momento, decidió apaciguar la llamas del conflicto interno, pero si éxito, imponente ante lo que se enfrentaría quisiera o no, no le quedo más alternativa que enlistarse para lo que viene, así mismo no solo se preparó para un encuentro tenebroso, sino también para advertir y soltar un último acto de nobleza patética que salía de él, este había encontrado a muy pocas personas que hacia digerible este sitio, dándose cuenta de que en parte ya tenía lo que buscaba, así mismo solo se dedicó a dejar una carta pegada en la ventana de su dama de la nieve, a quien poco había visto pero mucho había sentido, Fuyu Shirayuki, que en el peor de los casos, esa carta contendría sus ultimas palabras.

-Viendo a la que con su misterio despertaba el interés de Renegado Cornudo, descamisando apaciblemente en su cama, con este deseando estar ahí con ella para protegerla más que a todos, no más que una simple ilusión que desaparecía como el entre el soplido de la niebla de la helada ventisca, perdiéndose y vagando por las calles en la noche, como en aquella primera vez que se encontró con El ojos claros, Dao Yotsuki, y al igual donde se enfrentó con el enmascarado Hitoshi Isao, tras deambular en dirección hacia las puertas de la Aldea Oculta entre la Nieve, el finalmente había llegado a su destino, que marcaría hincapié con repercusiones fuertes, sea cual sea los resultados, no hacía falta ser un genio para que este se diera cuenta de que debía luchar con garras y colmillos si quería vivir y adquirir más potencial.

-Saliendo de la ventisca, este se armaba con sus ropas habituales, y principalmente con su confiable y remendado abrigo que llegaba hasta sus rodillas el cual llevaba abierto pero que ocultaba sus estuches con su armamento ninja, como regalo de algunos a quienes ha ayudado, este también está preparado con calzado siendo estas botas de pelaje, guantes de cuero que a diferencia de los que llevaba estos cubrían toda su mano totalmente, un chaleco pieles y cerrado debajo del primero abrigo, algunos collares que si bien no daban mucha relevancia, eran más como un regalo de “protección” que también se le había dado de manos de aquellos miembros de la aldea que estaban aquí antes de la llegada del Kurokage, llevando también una capucha que ayudaba a calentar nuca y orejas dejando expuesta parte de su cara que cual mascara tenia de expresión su habitual mirada de sonrisa media y con un ojo cerrado y otro abierto, poco se podría ver con su cabello largo junto al montón de prendas, y finalmente con una tónica totalmente blanca que lo cubría de hombros hasta los tobillos para ocultar mayor parte de su cuerpo, siendo esto un recuerdo que se había quedado de su primer encuentro de Fuyu.

-Junto al resto del grupo, Ronin Hanta solo se concentraba en donde tendría que ir, este había pensado en un solo sitio que le llamaba la atención, algún poblado cercano de la aldea al cual acudiría no por ayuda si no por cuestiones de terreno y estrategia.

-Que estos cuernos sean de la suerte, sino, entonces sobreviviré dándolo todo. Junto a sus palabras el Renegado Cornudo se había ido entre la nieve, a toda prisa corriendo hacia su destino y ver lo que esta noche de caza le deparaba a su destino en aquel Poblado Cercano.


Inventario:

+Estuche Mediano (Cinturon a la Derecha)
Esapacio:

-20 Senbon
+Estuche Mediano (Cinturon a la Izquierda)
Espacio:

-2 Pildoras de Soldado
-4 Bombas de Humo
-1 Bomba de Luz
-1 Bolsita Explosiva
-12 Makibishi
+Estuche Grande (Cinturon Atras)
Espacio:

-1 Respirador
-4 Senbon
-1 Comunicador
-1 Pergamino
+Pergamino(Dentro de Estuche Grande)
Espacio:

-Paraguas
-Katana
-Yagiza Boei (Escudo)
-Armadura
Espacio: 4/5
+Tanto (Pierna Derecha)
+Lanzador de Agujas (Brazo Izquierdo)
+Bandana (Cinturon Alfrente)
Estadísticas:

  • Fuerza : 20
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 20
  • Espíritu : 20
  • Concentración : 20
  • Voluntad : 20
Chakra :110
Zona:

El Destino me dio un 2, Me toca en un Poblado Cercano


Última edición por Ronin Hanta Kaguya el Vie Jun 15, 2018 7:29 pm, editado 2 veces

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Saiko Izumi
Prisionero Shinobi

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por Saiko Izumi el Vie Jun 15, 2018 2:27 am

Las Puertas de la Aldea
Saiko
País del HierroYukigakure no SatoPresente
Esa tarde, la pelinegra había salido, de una manera totalmente inocente, desde que había cruzado aquellas imponentes puertas, no había salido de la aldea ni siquiera una vez por obvias razones que la mantenían dentro de la "prisión" que era su hogar, un decir, porque podía salir si se le daba la gana. La chica siempre había preferido la poca comodidad que eso le ofrecía antes de buscar algo por su propia cuenta. Hizo todo lo contrario ese día, se sintió obligada a salir de su zona de confort, no había muchos animales que cazar por su zona, así que tendría que moverse rápido antes de morir de hambre, si tenía suerte hasta podría hacerse un nuevo abrigo, o incluso podría hacer otro y venderlo...dudaba que pudiera tener un negocio sustentable en una aldea de criminales pero oye, podría hacer el intento.

Se preparó para la cacería bien armada, imagino que tal vez estaba llevando cosas que ni si quiera iba a ocupar, pero era mejor estar prevenida. Salió emocionada, aunque también algo preocupada, tenía la sensación de que algo iba a detener su salida, pero se extrañó cuando no fue así, pudo salir con una total —y tal vez intimidante— libertad. Anduvo un buen rato vagando, buscando cualquier rastro de animales, pero cada que encontraba algo, no tardaba en perderlo, parecía como si todos los animales buenos para la casa que se encontraban en la periferia de la aldea hubiesen desaparecido de la noche en la mañana, casi como si supieran algo que la renegada ignoraba.

No fue hasta el atardecer que pudo cazar un pequeño conejo de blanco pelaje, no era gran cosa, pero podría alimentarla al menos esa noche, el día siguiente incluso más si es que podía aguantar su hambre. Casi con felicidad y sintiéndose más o menos afortunada, la muchacha inició su marcha de vuelta hacia la aldea, aunque aquella sensación de fortuna sería prácticamente evaporada en los próximos minutos. Cuando estuvo lo suficientemente cerca como para observar, notó que había algo aterradoramente distinto en aquella muralla envuelta en nieve. El simple hecho de que se notara mucha gente ahí hizo que su estómago se encogiera de pura preocupación. Tenía poco más de un año viviendo en aquel lugar, desconocía la verdadera intención de aquellos guardianes de la muralla que patrullaban cual buitres sobre una manada de animales moribundos. Sólo fue cuestión de sentido común que la Jyugo se alejara, porque ese día antes de salir jamás hubiera pensado que no era la única que saldría de cacería aquella noche.

Sin embargo, ¿los buscarían fuera de la aldea? Había escuchado historias de un hambriento demonio con apariencia de lobo huargo; de pronto se sintió como una presa, borró la línea que diferenciaba al conejo muerto que cargaba en su diestra y ella. Tragó saliva antes de lanzar su comida como si aquella bola de pelos se hubiera convertido en fuego repentinamente. Con rapidez le enterró en la nieve, cuando terminó trató de lavarse los guantes y brazos con la nieve lo mejor que eso le permitía, no quería andar por ahí oliendo a carne fresca. Soltó un pesado suspiro antes de reincorporarse con un salto, comenzó a trotar entre las sombras que ofrecía su entorno, había visto un poblado no muy lejos de ahí, parecía ser la opción más segura, o al menos deseaba que aquellos criminales no atacaran el poblado por el simple hecho de estar abandonado, pero vamos... justo eso eran, criminales.
Estadísticas:
  • Fuerza : 12
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 10
  • Espíritu : 8
  • Concentración : 12
  • Voluntad : 18
Chakra : 88
Inventario:
• Estuche Grande (cintura):
—x1 Puño americano.
—x3 Senbon
—x5 Alambres ninja.
—x3 Shuriken.
—x1 Pildora de soldado.

• Estuche Pequeño (pierna derecha):
—x5 Kunai.

• No visible:
—Mecanismo kunai oculto.

Un total de 1.92 kg.
Resumen:
• Saiko salió en la tarde muy emocionada y esperando cazar algo.
• Regresa al anochecer con un conejo, pero nota que las cosas no están bien en la aldea, así que regresa por donde vino.
• Entierra su conejito y en un intento desesperado por quitarse el olor a sangre se "lava" con la nieve.
• En el dado me salió Dos: Buscar un poblado abandonado cercano, así que eso hace.

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Takeru Madarame
Renegado C

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por Takeru Madarame el Vie Jun 15, 2018 2:40 am

La noche sangrienta
YukigakureLas puertasVerano
Su abuelo repetía en ocasiones que la peor de tus ideas era molestar a un león dormido, que no debes hacerlo, que es simple sentido común optar por seguir con tu camino antes de siquiera pararte a pensar en la estúpida idea de ir tras un gran banquete felino, pues en la mayoría de las ocasiones, un cazador no experimentado termina por ser cazado. Takeru llevaba eso grabado en la sangre, un recordatorio de que hacer cosas estúpidas tiene consecuencias estúpidas, nada personal, prefiere mantenerse al margen de las disputas estúpidas, incluso si eso significa pasar desapercibido para los demás.

Había estado un tiempo fuera de la aldea, producto de un trabajo mal acomodado que llevó a recorrer una costa y asistir a una boda extraña en un poblado lejano, donde claramente aprendió un poco más sobre como asaltar campamentos de criminales y sobre cómo no ser un buen invitado. Recién iba llegando y ya encontraba problemas. La noche como siempre hacía lo suyo, el frío del Hierro recordaba a los demás porque es que era mejor estar muerto, y aunque sorprendido, Takeru comenzó a caminar hasta enterarse de la situación, al parecer, no podía entrar en la aldea.

Y ahí estaba él, parado en mitad de la nada escuchando las palabras del hombre cuyo perro fácilmente podía comérselo entero, la última vez que el vio fue en Kaer Morhem, y no tenía muy buenos recuerdos de aquel día. El herrero mantuvo la compostura, tomó de su bolsillo la cajetilla de cigarrillos y el mechero, dio vida a la nicotina que muy probablemente terminaría con su vida. Finalmente, se lo llevó a la boca y dio una gran calada mientras caminaba hacia los campamentos, cubrió su cabeza con la capucha en forma de melena, ¿Qué había hecho él para merecer eso? Recordó entonces la estúpida idea de salir en un viaje largo.

El pelinegro tenía claro su lugar en todo ello, sobrevivir sería su prioridad principal, aunque también prefería los perfiles bajos, como decía su abuelo, si no te hacen nada no tienes la necesidad de hacer algo. Un lema extraño para un desgraciado, pero uno siempre válido, a saber, que pasaría esa noche, con un poco de suerte algún que otro miembro amputado, con mucha suerte, su propia muerte. Como fuera, tenía claro su destino, no había mejor lugar para descansar que las puertas como tal.

Mantenía los orbes rojos recorriendo los caminos, siempre atento ante algún estúpido intento de un ataque por sorpresa, nunca se sabía, vivía entre locos al final del día—Y dime, viejo amigo, ¿Qué sorpresa me tienes hoy? —Susurró, preguntándole al destino.
Inventario:
Estuche grande — A la altura de la cintura, en la espalda.
—2 pergaminos de almacenaje rojos.
——Bomba dragón tipo almacén preparada.
—1 pergamino de almacenaje naranja.
——Bomba dragón tipo trampa preparada.
—1 pergamino de almacenaje blanco.
——Mochila sellada.
———Capa impermeable.
———Respirador.
———Recipiente.
———2 tonfas.
—4 píldoras del soldado.
—1 bomba de luz.
—Comunicador.
—3 bengalas.
—2 bombas de humo.
—3 sellos explosivos.
Estuche mediano izquierdo — A la altura de la cintura, en la espalda.
—20 clavos makibishi.
—10 senbons.
Estuche mediano derecho — A la altura de la cintura, en la espalda.
—20 shurikens.
Estuche pequeño — Muslo izquierdo.
—5 kunais.
Estuche pequeño — Muslo derecho.
—5 kunais.
Nota invocadora — Sobre la muñeca izquierda.
—Pergamino de almacenaje azul sellado.
——Tantō sellado.
——Zanbato sellado.
——Naginata sellada.
——Kusarigama sellada.
——Garras selladas.
Nota invocadora — Sobre la muñeca derecha.
—Pergamino de almacenaje negro sellado.
——2 puños americanos sellados.
——Nunchaku sellado.
——Shuriken grande sellada.
——Fūma shuriken sellada.
Lanzador de agujas — En el brazo izquierdo.
—5 senbons cargadas.
Mecanismo de kunai oculto — En el brazo derecho.
—1 kunai cargado.
Alambres ninja — enredados alrededor de la cintura.
Katana — Sobre el muslo izquierdo, a mano de su diestra.
Pergamino del arte Tensasai —En el bolsillo izquierdo de su abrigo.
—30 shurikens selladas.
Pergamino del arte Tensasai —En el bolsillo derecho de su abrigo.
—30 kunais sellados.
Cigarros y mechero — En el bolsillo oculto del abrigo.
Información general:
  • Fuerza : 30
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 29
  • Espíritu : 30
  • Concentración : 30
  • Voluntad : 20
Chakra : 120

Técnicas
—.

Estado de Takeru
100% del chakra total: Descansado y en perfectas condiciones, puede combatir con todas sus facultades físicas.
Elección:
Dormiré en las puertas, tal y como lo dictó mi dado con el número 1.

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Yamanaka Mireyu
Renegado C

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por Yamanaka Mireyu el Vie Jun 15, 2018 6:34 am

La Noche Sangrienta
MIREYU
Yukigakure no satoPuertasVerano 7 DD
Era un día perfecto para descansar. Un día perfecto,incluyendo el clima insoportable que azotaba cada tanto la ventana de la habitación donde se encontraba la pelirrosa, quien observaba de reojo la vehemencia del viento. No le importaba, sin embargo. Poseía un delicioso maní que le mantenía entretenida observando al vacío mientras, recostada en la cama, se resguardaba en aquel día de flojera.

Y todo hubiese seguido estupendamente, de no ser por los caprichos tan azarosos de su músico. Inicialmente le había acompañado en la tarea del ocio, sin embargo en algún punto de la tarde no logró sacarse de la cabeza una mermelada que tiempo atrás habían conseguido en una tienda, y al parecer le había vuelto loco. Suspiró, optando por quedarse en la posada pues el clima no le daba los suficientes ánimos como para ir a perder el tiempo por comprar aquella exquisitez.

Se mantuvo una o dos horas en cama, revolviéndose mientras decidía si acompañar o no al castaño, el cual ya había partido. Y finalmente se levantó, refunfuñando con molestia. — Me las pagará. — Exclamó, a medida que se vestía con el fin de salir rumbo a Yukigakure. Una, dos y casi tres pares de medias se puso, pues el frío al caer la noche no era algo que deseara le pillara desprevenida. No se puso tres para no coartar su movilidad, pero llegó a dos, una camisa, un pantalón y el abrigo blanquecino que solía portar. Remató con la bufanda azulina, saliendo finalmente a merced del viento.

Para cuando llegó a vislumbrar las puertas, ya entrada la noche, se percataría de la gravedad de aquel día. Justo, justo ese día. Frunciría el ceño, inflando una de sus mejillas a medida que observaba hacia ambos lados, recorriendo además con la vista las paredes. Lograba divisar algunos shinobis sobre esta, además de uno que otro rondando por las cercanías, y, para su suerte, ninguno cerca de su posición. Suspiró, palpando inmediatamente sus bolsillos. Chasqueó la lengua, abrumada. "Se atreve a dejarme sola en un momento así, puto." Maldijo para sus adentros, a medida que daba media vuelta iniciando el rumbo hacia el sur, donde sabía bien que se encontraba un poblado no demasiado lejos.

No era la primera vez que aquello ocurría, y bien sabía que debía cuidar sus espaldas cuando se trataba de pasar una noche afuera, fuera cual fuese la razón. Una vez había alojado cercano a aquel poblado, aunque de eso ya hace mucho. ¿Seguiría tal cual lo recordaba? Sólo el destino se lo diría. De momento se limitaría a caminar apegándose a algunas hileras de árboles por el camino, pues le tranquilizaba. El encontrarse en medio de la nada expuesta no ayudaría a evitar un ataque sorpresa, uno que probablemente vendría.

Observaba con sus orbes celestes cada punto de su campo visual, incluyendo cada tanto sus laterales, y de vez en cuando hacia atrás. Su chakra fluyó levemente a medida que apretaba la diestra guardada en su bolsillo respectivo, aguardando alguna señal del pueblo. Pensó en utilizar alguna técnica, mas se arrepintió. Sus reservas no eran infinitas, aunque por suerte se encontraba saliendo posterior a un día de relajo. Sólo esperaba que él estuviese bien.

Estadísticas:
  • Fuerza : 5
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 10
  • Espíritu : 12
  • Concentración : 25
  • Voluntad : 10
Chakra : 77


—1 Acción oculta.
Inventario:
  • Estuche pequeño — Sobre muslo derecho
  • 4 kunais, 2 shurikens— Dentro de estuche
  • 4 Bombas de humo — Bolsillo de abrigo derecho
  • 1 Sello explosivo — Bolsillo de abrigo izquierdo
  • 3 Alambres ninja, 2 kunai — Colgando del cinturón
  • 2 Píldoras de soldado —Bolsillo interno a la altura del pecho
Elección:
En el dado me salió 2 - Pueblo abandonado.

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Chiyo Aoyama
Muerto

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por Chiyo Aoyama el Vie Jun 15, 2018 6:49 am

La noche sangrienta
Chiyo Aoyama
YukigakurePuertasVerano
Sus ojos demoniacos observaban desde lejos lo que se mostraba en la entrada de aquella aldea, sus labios sin querer se alzaban divertidamente… cualquier pensaría que ella estaba completamente loca por sus acciones, sea cual sea su motivo se podía decir que le daba un sentido a todo lo que ocurría a su alrededor ¿Acaso esa noche seria el día que trascendería a otro plano? No lo sabía, había unas posibilidades absolutamente altas… pero no tenía miedo, lo tomaba como humor pues si fuera así quería decir que era parte de su destino ¿Pero dónde quedaría su deseo de destruir Konohagakure? Bueno, si no podía lograrlo significaba que en esta vida estaba destinada a morir con ese resentimiento… las cosas serían así por algo y ella respetaría esas fuerzas cósmicas de las cuales no entendía.

En aquel momento el paisaje de dunas blanco le hacia sonreír ¿Por qué debía de hacer esa expresión tan bonachona en un momento tan complicado? Simplemente lo estaba tomando con diversión, no tener miedo a la muerte llevaba sus ventajas ¿Pero cuánto podría resistir su estado mental con esos pensamientos? Ella no era una loca así que no había peligros que se descontrolara, el peligro era que sus valores cambiaran en el momento que no debían. Claramente sus preocupaciones estaban puestas en otro lado, ella no era una persona “normal”.

En la fría noche de invierno se lograba apreciar una vestimenta bastante interesante, pues llevaba unas calzas térmicas color negras las cuales hacían un gran trabajo para resguardar sus piernas del frio pues eran bastante gruesas y a la vez cómoda, especialmente ideadas para moverse sin dificultades; en sus pies habían unas botas que llegaban haya un poco más debajo de sus rodillas –para que la adolescente no tuviera problemas en el caso de flexionar sus piernas-, el material de las dichosas era hule y por dentro poseía corderito para mantener sus pies y piernas calentitas, estaba de más decir que el estilo de ellas no era el mejor de todos pero eran lo suficientemente prácticas como para que la kunoichi las utilizara.
Por otra parte en el torso estaba utilizando una camiseta de algodón y arriba de ella se veía un sweater con cuello, este estaba hecho de lana para ser más abrigado… pero como si no fuera poco la joven llevaba puesta una chaqueta negra de cuero que estaba forrada con corderito también. La ultima prenda se encontraba prendida por el cierre y su largo era hasta un poco más debajo de su cadera, no mucho pero lo suficiente como para tapar la cartuchera ninja que reposaba entre la cintura y cadera de ella, otro detalle de ella seria sus mangas un tanto anchas; por ultimo su cabello color rosado era tapado por la capucha negra de la chaqueta, si había algo más que agregar era que toda la vestimenta de la kunoichi era absolutamente negra como la noche.

Sus manos enguantadas con cuero revestido de polar se introducían dentro de los bolsillo de cada lado que tenía la chaqueta… manteniendo el calor y moviéndose lo menos posible para no gastar energías. Ella sabía lo que le esperaba y estaba de acuerdo con ello, un pacto sin hablar donde se disponía a entregar su vida si era necesario… pues su tranquilidad no residía en la fuerza que pudiera poseer, sino en su filosofía de vida.
¿Pero qué clase de suerte era la suya que ahora se veía dispuesta a estar afuera de las puertas en la noche sangrienta? Había salido a conseguir dinero unos días atrás, obviamente el dinero lo utilizo en posadas para mantener un “buen vivir” lleno de lujos que podría encontrarse en el País del Hierro con los ryous que había conseguido. Actualmente no tenía prácticamente más nada, pero eso no importaba porque había regresado con la idea de realizar algún tipo de misión… desgraciadamente las puertas estaban cerradas, cuando se vio en ese dilema la pelirrosa solo atino a sonreír como si estuviera viendo algo divertido y ella fuera una simple espectadora, cuando realmente tenía el papel de un intérprete dentro de la obra de teatro.
Ante esa situación se vio tan tranquila que cualquiera consideraría que estaba loca, pero ella era así, solo echar un vistazo a todo a su alrededor basto para organizar la información en su mente y luego darse vuelta. Debía de resguardarse en algún lado, si es que lograba durar una hora en esa tétrica noche donde la oscuridad posiblemente acallaría los llantos de dolor de los pobres diablos que terminarían reuniéndose en el mismísimo Hades.

Por suerte la chica tenia energías de sobras ya que los últimos días había pasado descansando y comiendo comida en buen estado, inclusive el día de hoy se había llevado dos refrigerio para el camino de vuelta a la aldea: pan relleno de carne que había comprado antes de partir de la posada donde se estaba hospedando hasta esa mañana. Cuando recordaba el sabor que había saboreado una hora atras hacia que la jovencita tuviera ganas de babear y sin querer se saboreara los labios ¿Qué decir? De todas formas ellas se encontraba en tranquilidad y no había problemas en su cuerpo así que partió pues quedarse no era una opción en su retorcida cabeza donde todo lo veía como una espectadora sin tener un realismo de lo que significaba la “muerte”.

Por otra parte sus armas se encontraban guardadas con recelo en su cuerpo, en su estuche que estaba entre la cadera y cintura contenía dos píldoras de soldado, dos bombas de humo, siete shurikens, doce senbons y siete kunais que cabe destacar a dos de ellos estaban amarrado con un sellos explosivo cada uno. Mientras tanto su porta arma pequeño que estaba adornando su muslo derecho contenía cinco kunais, el resto de cosas estaban alrededor de su cuerpo: una shuriken en cada bolsillo lateral de su chaqueta, en su cabeza había tres senbons que sostenían un rodete que había formado con su cabello; por último la bolsita explosiva estaba reguardada en el bolsillo derecho
¿Qué más decir? Solo cabe afirmar que su zurda sostenía tal vez el instrumento más preciado de todos, su soplador… pero nadie podría verlo pues su parte alargada se encontraba resguardada por dentro de la manga de la chaqueta, mientras que la punta que era la que se utilizaba para soplar estaba siendo sostenida por la palma de su mano junto a los dedos.

Cuando se detuvo a ver hacia las puertas, estaba a una distancia relativamente prudente, más que nada había alcanzado a visualizar las cosas lo más lejos que sus ojos y la oscuridad le permitieran… puesto que las puertas cerradas daban a entender la ceremonia que hoy acontecía. Por otro lado ella comenzó a caminar lejos de esa posición, sus ojos estaban atento al ambiente mientras intentaba camuflarse con la oscuridad de aquella noche.

Armas:
2 bombas de humo.
2 píldoras de soldado.
9 shurikens.
15 senbons.
12 kunais.
2 sellos explosivos.
1 bolsita explosiva.
1 AWA SOFUU-KI
Eleccion:
Los dados me dieron el numero 3: las cuevas.
Estadísticas:
  • Fuerza : 20
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 20
  • Espíritu : 30
  • Concentración : 20
  • Voluntad : 20
Chakra : 120

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Reika Oshiro
Renegado C

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por Reika Oshiro el Vie Jun 15, 2018 12:19 pm

Las puertas de la Aldea
Oshiro Reika
País del HierroYukigakure no SatoPasado
Sígueme, Fósforo; ni se te ocurra alejarte, ¿me oyes?—le había ordenado al inflamable Shinso nada más abandonar la desvencijada aldea a la que habían acudido buscando unas cuantas cerillas que encender que aliviaran la pesada tortura de no tener nada que hacer. Sin embargo, como era de esperarse, el gilipollas que solía acompañarla no se había tomado en serio el imperativo y coactivo decreto falsamente disfrazado de sugerente instrucción. ¿Y ahora? ahora, por su puñetera culpa, estaban jodidos y puteados hasta límites insospechados hasta el momento. Con una pierna en el otro barrio, seguramente. Y es que, en aquella ocasión, sus ojos de zorra mala no habían detectado, precisamente, una pandilla de vagabundos mentales merodeando por nauseabundas y orinadas celdas de clausura, sino una puerta cerrada, una muralla infranqueable, un puñado de indeseables hormigas y una ausencia insoportable de combustible que pudiera alimentar. Agradeció haber tomado la decidió de flanquear el bosque y no de, directamente, atravesarlo; gracias a ello, ahora, desde una elevación lateral cercana a uno de los extremos superiores de la irredenta masa arbórea, podía observar sin necesidad de aproximarse del todo los diversos y despiadados devenires que la habrían abordado de haber puesto un pie demasiado cerca de las inmediaciones de lo que, entre comillas, tenía que llamar hogar. Apretando la mandíbula con saña, iracunda, se cagó en los muertos de Shinso y su jodida tendencia a verse atraído hacia mierdas sin importancia; en silencio, descargó tantas maldiciones sobre los hombros hiperactivos del nerviosillo Fósforo que, en alguna parte, bien podría el ausente aludido haberse revuelto en el sitio de puro sexto sentido. O no. Tanto daba: se verían las caras en el infierno.

Purga en el hormiguero. El pensamiento, abstracto e incendiario como tantos otros que solían encarnarse en ella, lo decía todo por sí solo. La noche les había pillado de lleno y, por lo menos a ella, ya no le quedaba más remedio que hacerle frente; por suerte, el gilipollas de Shinso no habría llegado a abandonar el poblado y encontraría, en algún contenedor, un lugar familiar donde pasar la noche acompañada por dóciles y asilvestradas ratas. Las muchas y variadas enfermedades que pillara, las paliarían más tarde a golpe de veneno. Conteniendo las ganas de chasquear la lengua, todavía con la mirada perforando las siluetas que, errantes, vagaban de un lado a otro de la inexpugnable muralla que los separaba de casa. Tal vez, buscaban fisuras. O un punto alto al que escalar y desde el que tirarse para partirte la puta cabeza antes de otros lo hicieran por ellos. La idea, aunque tentadora, no iba con ella. Se mordió la cara interna de la mejilla izquierda, embriagada por un humor de perros, y, escrutando con el rabillo del ojo la espesura que a su lado se elevaba, maquinó una estrategia que, aunque improvisada y poco habitual en su modus operandi, bien podría mantenerla con vida una oscuridad más. O garantizarle la muerte, quién sabe. Tras un instante de pérfida y sórdida deliberación, sintiendo la nieve inerte pegada a la suela de sus gruesas botas, decidió que, efectivamente, se decantaría por adjudicarse el papel de lobo feroz en el macabro cuento que estaba por desarrollarse.

Adentrándose por el lateral izquierdo -según desde el punto de vista de quien lo mirara de frente- del oportuno bosque, buscó el jodido árbol que mayor altura pudiera otorgarle y, aprovechando los numerosos puntos de apoyo que en este encontró, fue saltando hacia arriba hasta allanar una rama especialmente estable que le permitiera acomodarse contra el tronco del templado bastión y utilizarlo, a su vez, como conveniente atalaya. Una pupila sondeando el lugar que ella misma había ocupado: la otra, hacia el frente y hacia los lados. Cauta, rabiosa, envuelta en dos capas frondosas de ropa bajo el impermeable manto e igualmente indignada, se sacó ambos guantes y los guardó en uno de los zurrones que cargaba; al menos, había salido medianamente preparada de casa. Frío, inclemente intemperie y hambre royéndole impíamente las palmas de las manos; la sació, queriendo ponerle remedio, al menos, a uno de los males que la acosaban. ¿Ronda de acecho? aún era temprano para eso. Pero pronto, pronto cazaría; pronto, la bestia asomaría y, con suerte, sobreviviría. Y si no, disfrutaría.  
Estadísticas:
  • Fuerza : 4
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 12
  • Espíritu : 20
  • Concentración : 20
  • Voluntad : 20
Chakra : 110
Inventario:
  • Bolsa de arcilla (2.5 Kg) — Colgada a un lado de la cadera.
  • 2 píldoras de soldado — En el bolsillo derecho.
  • Estuche grande — A la cintura, orientado hacia atrás
  • 4 bombas de humo — En el estuche grande.
  • 6 Shurikens y 3 Kunais — En el estuche grande.
  • 5 alambres Ninja — 2 liados en cada antebrazo y uno guardado en el estuche.
  • Capa impermeable — Puesta.
Técnica:
Acción oculta x 01.
Elección:
¡Me salió el 4! ¡al bosque!

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Shinso Sonozaki
Renegado C

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por Shinso Sonozaki el Vie Jun 15, 2018 1:10 pm

Sangre Hervida
Shinso Sonozaki
País del HierroTetsu no YosaiPasado
Al igual que el día nefasto emergía, la noche cornuda y macabra la sucedía. Y con ello Shinso se perdía entre sus brumas, persiguiendo ensoñaciones de infernales a tan solo un latido de distancia. Poco hubo bastado para perderse entre el gentío inexistente, entre la bruma de una nevada tenue o los copos infectos y emponzoñados del negro hollín de Yukigakure. Inspiraba con fuerza, sentía el frío apoderarse con saña de sus pulmones y el dolor resultante. Contento, animado por los fuegos encendidos en la carne de incautos parecía que aquella noche que despuntaba resultaría tan espléndida como la tarde que había transcurrido. Confiaba en ello, por supuesto y viéndose exaltado hasta ese punto, Shinso apenas hubo escuchado a su Centella si quiera lo necesario. Apenas hubo un destello fulgurante en un lugar oculto por las sombras del crepúsculo; allí estuvo Shinso raudo en su siniestra expectación. Donde hubieron gemidos de una vida en pleno deceso, estuvieron sus llamas prendiendo los últimos estertores, incendiando bigotes, pellejos y demás. Entregado como estaba a sus hórridas tareas de exterminio infame, Shinso no pudo percatarse de su soledad en mitad del camino, en la noche que descendía pesada sobre si y en la situación de Reika. Su Centella, su ignición... parecío haberse esfumado en un suspiro, sin apenás dar palabra de ello.

- Que impresentable... podría haberme dicho que se iba. Una palmadita, un... “¡Shinso, me voy a ahorcar vagabundos!” - Añadía, a pleno grito sobre el camino desvencijado que despuntaba hacia la puerta de la aldea. Uno secundario, transitado tan solo por las personas que sobrevenían a la aldea desde aquella dirección pero aún así, con cierta cantidad de viandantes para no resultar ningún secreto. Sin labia ni con quien charlar, Shinso decidió encontrarse con Reika dentro de la aldea, o sencillamente pasear, o acariciar ratas no tan dóciles como su Centella a veces le sugería. Sospechaba sarcasmo y engaño en sus palabras, pero nada concluyente. Y es que algunas eran animalitos de lo más simpáticos cuando se les alimenta, además de claro, no mirarles a los ojos mientras devoraban la putridez ofrecida como tributo. Eso las ponía de los nervios y terminaban echándose sobre tu boca. Era curiosa esa tendencia de introducirse entre las fauces que tenían algunas ratas; no eran un buen tentempié igualmente.

Presente ante la hórrida entrada de la aldea de humo, descaro y depravación, Shinso no pudo advertir más que una situación muy simple. Aquella noche era la designada, la de la sangre vertida sobre la sucia nieve, la de la limpieza purificadora y... tuvo que sonreír. De aquella forma espantosa, irregular y dantesca que solo él parecía saber reproducir. Aquella sonrisa siempre desencajada, inhumana e inapropiada parecía destellar con aquella posibilidad de frío abrumador mezclado con el calor irredento de un filo abriendo secretos, entrañas y delicioso sufrimiento. Ah, que bello era aquel sufrir, el de los asesinos, soldados, bestias y lacayos. Néctar apreciado por su gusto, sobre lenguas bífidas que hasta entonces no supieron del peso de sus acciones... o más bien de la estúpida justicia poética. Sin importarle mucho más, decidió esperar aledaño a las entradas. No fuera que se perdiera lo mejor de la noche y a lo lejos, divisó una hoguera a punto de extinguirse, apartada y sin atenciones. Frotándose las manos enguantadas, decidió que sería un buen lugar en el que espera a la muerte; ya fuera recibirla, atragantarse con sus obras o derrarmarla. Como fuera, Shinso estaría a gusto en aquellos lares. Agradeció haberse abrigado en exceso con sus ropas de tela sobre otras, seguida por sus guantes de cuero, sus botas recias y su mejor parche. Solo deseaba disponer de tiempo para sus llamas, igualmente, de frío en contraste con el calor de las mismas y una oportunidad de apuñalar el cielo nocturno con su fulgor infame. Nuevamente, Shinso pareció radiante, pero muy atento a cada rostro, gesto o singular comportamiento. Pronto estuvo cerca de aquella hoguera, a la que alimentó con algunas ramitas cercanas y se sentó de espaldas a la muralla y con la hoguera cercana a los pies. Calentándose de aquel frío advertido y paseando la mirada a cada graciosa respiración.

Se sentía pletórico incluso en aquel estado de evidente peligro. Pero su sangre hervía, sus ojos bullían en el ajetreo del acecho deliberado, sus fibras se tensaban y con la zurda sobre el mango de su espada curvada, Shinso aguardaba su momento. Tan solo unos instantes dedicó a aquela hoguera miserable, que chasqueaba, crepitaba y clamaba por llamar su atención. Tan adorable y minúscula como solo una joven llama podía serlo.

- Ah... ¿Te sentías sola? ¿Mucha gente sin que nadie te tienda una mano ni una ramita de la que alimentarte? Pobre desgraciada – Se lamentaba con sentida congoja. - Espera y verás. Aguarda, respira con calma... - Se inclinó hacia ella alzando la mirada a sus alrededores y avistando todo cuanto le rodease, formulando una expectación innecesaria sobre aquellas llamas moribundas. - … no querrás morir sin ver como acaba. -
Estadísticas:
  • Fuerza : 12
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 20
  • Espíritu : 20
  • Concentración : 12
  • Voluntad : 12
Chakra : 102
Inventario:
  • Katana — En el cinto, justo bajo el Tanto
  • Tanto — En el cinto, sobre la espada
  • Píldora de Soldado x2 — En un bolsillo
  • Shuriken x3 — Bolsillo interior derecho de la chaqueta.
Elección:
Justo ante las puertas, por mi dado nº1

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Rossweise Satsujin
Renegado C

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por Rossweise Satsujin el Vie Jun 15, 2018 3:24 pm


Las puertas de la aldea
La noche caía fría en el País del Hierro. El congelado temporal se iba agarrando a las gélidas notas de oscura luz que amedrentaban a los más valientes y destruía cada apelmazado atisbo de calor para dar a parar en un poderoso hielo que dejaría sin aliento a más de uno. Era una noche como otra cualquiera, al parecer, al menos, pero no iba a ser así.

Durante el viaje de vuelta, Ross sintió en contables ocasiones la sensación de que alguien la seguía, de que algo extraño iba a pasar. La intuición de la viperina normalmente siempre le jugaba malas pasadas y aunque esta vez no fuera a ser errónea, siempre cabía la posibilidad de haberse equivocado, por lo que caminaba ligeramente tranquila por los parajes que la llevaría al resguardo de Yukigakure. Muchas era las noches en las que la albina dejaría atrás las murallas de la aldea sangrienta para dejar su libertad correr como la brisa del país, pero ninguna sería como esta, eso desde luego.

Alzaría la vista al cielo al mismo tiempo que un escalofrío recorrería su espalda hasta acabar con toda sensación de paz que la Orochi pudiera sentir. - Va siendo hora de llegar, la noche se está poniendo oscura - Y realmente, aunque todas las noches pareciera que la muerte te iba a caer encima como un jarro de agua fría, esta era distinta. A lo lejos, al menos a lo más que la vista de la albina le dejaba, podría ver como las murallas de la sangrienta se alzaban como tiburones en el mar para dar a conocer su localización a todos y cada uno de los incautos que quisieran dejar atrás su vida militar para convertirse en lo más bajo de la sociedad. Sus caderas iban de un lado hacia otro al mismo tiempo que observaría de lejos la situación. - Mierda, ¿ya ha pasado tanto tiempo desde la última? - Y era que, muy al parecer de que fuera una broma, las puertas estaban completamente cerradas a cualquiera que estuviera fuera, y por muy malo que eso fuera, era real. Ross estaba fuera.

Una mueca de fastidio inquirió en su rostro al mismo tiempo que podía ver como los cadáveres se contaban por decenas de los idiotas que se habían atrevido a intentar entrar por la fuerza a un lugar que, ahora mismo, era lo más impenetrable que pudiera parecer.  Ross esta vez había salido a lo de siempre, a buscarse el dinero que la villa no le podía proporcionar, había saqueado tanto como había podido, más no era suficiente como para subsistir con lo hogareño. Al tiempo que achinaba su vista para intentar ver más lejos, colocaba sus dos brazos bajo su pecho, cruzándolos y resignándose. Parecía que la noche iba a ser muy larga, más el frío no calaría con tanta facilidad como de costumbre. Habiendo comprendido la situación, la joven se dio la vuelta, abrochando la capa impermeable que normalmente siempre acompañaba su figura. Normalmente la joven Orochi viajaría con prendas provocativas, eso todo aquel que hubiera tenido un encuentro con ella lo sabía, más las salidas fuera de la aldea siempre acostumbraba a llevar un atuendo algo distinto. Por encima de su ajustado pecho llevaría una camiseta blanca con motivos florales y por encima de esta un chaleco negro con compartimentos leves para las armas que pudiera llevar. En la parte inferior llevaría un pantalón oscuro y apretado hasta las rodillas y, a continuación unos leotardos grises que acabarían en unas botas altas, de color rojo muy oscuro, casi imperceptible.

Cuando se alejó lo suficiente de la zona de máximo peligro, lugar donde seguramente algún que otro amigo del Kurokage estaría haciendo de las suyas, ingresó en un bosque de altos árboles al mismo tiempo que daba saltos desde las ramas más bajas hacia las más altas, colocándose con la vista hacia el frente, de cuclillas y a apenas medio centímetro del gran tronco de unos cinco metros de diámetro. La noche apenas había empezado, y ya un sentimiento de emoción correría por el estómago de la joven, una sonrisa tétrica se mostraría en el rostro de la joven. Contaban la leyenda que en las noches de este tipo, todo delito estaba permitido, y aunque Ross no sabía si eso era verdad, la emoción por ver como la vida se desvanecía en los ojos de alguien no le quitaba el sueño.


Estadísticas:
  • Fuerza : 8
  • Resistencia : 15
  • Agilidad : 30
  • Espíritu : 20
  • Concentración : 20
  • Voluntad : 10
Chakra : 95
Inventario:


  • Tanto - A la espalda.
  • Comunicador - Oído derecho.
  • Estuche pequeño (Muslo derecho)
    - 2 Shurikens
    - 2 Kunais
    - 1 Bomba de humo
  • Estuche pequeño (Cintura izquierda)
    - 2 Shurikens
    - 2 Kunais
    - 1 Bomba de humo
  • Estuche mediano
    - 5 Shurikens
    - 2 Kunais
    - 2 Píldoras de soldado
    - Bandana de Konoha (deteriorada rajada de un lado a otro)

Elección:
Siguiendo el dado, me salió 4 - Bosque.

Yukigakure no Sato || P. de la Aldea || Presente




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Hitoshi Isao
Renegado C

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por Hitoshi Isao el Vie Jun 15, 2018 5:41 pm

Puertas de la Aldea
Sumido en la oscuridad
Yukigakure Puertas de la AldeaTiempo

El eterno invierno se sentía más cruel fuera de aquellas murallas, la crueldad y el salvajismo se abrían paso en las mentes de los más sanguinarios, pilas de cuerpo, canibalismo, aquella noche estaba reservada para unos pocos y el resto debíamos estar ahí, en la zona de peligro, en la purga, quizás un modo de asegurarse que aquellos que estaban en el interior eran solo gente que valía la pena, una manera de asegurarse la calidad de sus aliados, El Kurokage era un tipo interesante, en cierto modo Hitoshi había intentado seguir sus pasos manteniendo contacto con ciertos individuos en aquella aldea, pero ninguno se hallaba cerca como para mantener la seguridad de aquel momento, hoy al contrario que por lo general Isao llevaba su bandana de konoha rasgada en la frente, una manera de advertir a los mercenarios o asesinos que no eran ninjas de que este si lo era, tapado por mantas rasgadas y cerca del fuego, una pequeña hoguera que amenazaba con apagarse, cerca de los viles hombres que luchaban por no morir de frío aquella noche.

El hombre de las llamas que antaño conoció se acercó echando unas ramas al fuego, no articularía palabra aun observando la situación, grandes y poderosos ninjas se mantenían en la muralla evitando la manera de que cualquiera entrara... Aquella noche podía ser su tumba si no pensaba una manera de sobrevivir...¿Donde dejaste a tu compañera? se decidió a mencionar Hitoshi hablando directamente con Shinso, una manera de empezar la conversación, mil y una situación se le pasaba por la cabeza pero lo cierto es que el frío era intenso incluso con una pequeña hoguera encendida y ese no era el mayor de los peligros.

Se frotó ambas manos, ambas cubiertas por los guantes pero con la esperanza de que el roce pudiera generar más calor, su respirador estaba siendo de utilidad no solo para mejorar la respiración que con el aire frío se volvía algo más difícil, si no para calentar su rostro pudiendo cubrirlo en cierta medida, con sus guantes aprovechó la ceniza llenando su estuche de esta ceniza pues quizás en un momento de la noche podría servirle para algo más. Parece que tendremos que pasar por la peor noche de nuestra vida, o en tu caso quizás la mejor, no voy a negarte algo... Vamos a necesitar ayuda el uno del otro... si te  interesa claro. había que asegurarse algunos aliados, un rey no puede vencer solo al ajedrez y más que un peón Shinso era una poderosa torre que escupe llamas, su vista entonces se dirigió a la zona observando al resto de los que estaban allí examinando posibles amenazas.
Estadísticas e Inventario:
  • Fuerza : 10
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 22
  • Espíritu : 20
  • Concentración : 23
  • Voluntad : 13
Chakra : 101
Inventario:
3 Bolsas de Arroz
1 Respirador
1 Bandana
1 Estuche Mediano

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NB Narración
Master

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por NB Narración el Lun Jun 18, 2018 2:46 am

Las puertas de la aldea


Pocos eran aquellos que decidían pararse ante la mirada de los más sanguinarios shinobis de las nieves, meros guardias que se encargaban de que las puertas se mantuviesen completamente cerradas y con ello, predispuestas para el mismo líder que se encontraba en su interior, posiblemente festejando, brindando el mejor de los cobijos, la más exquisita de las cervezas o la carne más sabrosa para lo que por suerte, habían llegado antes del toque de queda que aquel día, este había estipulado de forma inmediata.

No había forma con la cual ver llegar cuando la luna se convertiría en la única vigía de la muerte de los más inexpertos, o incluso, de aquellos que preferían jugar al "aquí te cazo y aquí te mato", en cuanto un paso en falso fuese dado.

Generalmente los más jóvenes solían ser precavidos, salir de la aldea en los momentos más seguros, o cuando los taberneros se encargaban de cederles simples trabajos que les pudiesen traer beneficios, y no solo una perdida de tiempo al enviar carne de cañón para los buitres, como lo eran lo carroñeros de los alrededores. Estos últimos, ante la sed de sangre, les importaba más un cuerpo que amordazar y despellejar para devorarlo una vez le fuego hubiese hecho su trabajo, que las mismas pertenencias que se encontraban en sus bolsillos, ¿de que servía el dinero si la vida era el bien más escaso entre las grandes tempestades?

El mecer del viento alzando la nieve, aún a pesar de los grandes riscos que protegían la entrada, provocaban que el gélido clima aquella noche en especial, se convirtiese en una pesadilla que luchaba por arrancar sus propias pieles. Para suerte, las fogatas de los alrededores que los mismos criminales y renegados habían alzado, eran un modo de mantener con vida sus propios cuerpos, aunque... ¿Acercarse era realmente lo correcto? Las miradas entre quienes compartían fogatas en las lejanías jugaban una especie de conquista, buscando entre todos y cada uno de los integrantes de aquella zona un entretenimiento, como si de una caza se tratase. En algunas ocasiones se podrían escuchar grotescas risas burlonas en la lejanía acompañadas de las más sedientas armas siendo afiladas por las piedras, mientras por el contrario, otras hogueras mantenían simplemente silencio mientras que sus dueños, ocultos bajo la oscura tela de sus mantos, paseaban sus orbes por las inmediaciones... ¿Qué era más peligroso? ¿Una estampida en dirección a tí? ¿O el depredador que aguardaba por la caída de tus párpados?

No era la primera vez que aquella noche se había cobrado un gran número de vidas. Aquellos que se mantenían en las puertas, para desgracia de algunos, eran los más inteligentes. Hombres en busca de pequeños roedores que bajo inocentes decisiones, les brindasen la libertad de dar rienda suelta a la veda de caza más sangrienta del mundo shinobi

Una desatendida hoguera había sido la elección de aquel dúo, una hoguera que con nada más que sus manos se encargaría de chisporrotear una vez más en medio de la bruma y algo más alejada de los ojos más hambrientos. Quizás una sabia elección, o por el contrario, la peor de estas. Lo que era cierto, es que el huargo que hasta el momento se encargaba de hacer crujir los huesos de sus victimas, se mantenía lo suficientemente lejos de su situación como para así ignorar por completo sus presencias aunque aquel cadáver, no era más que un mordedor para el animal, que parecía buscar victimas mientras tumbado, se encargaba de aferrarse a los huesos astillados y la sangre que se perdía no solo en sus fauces, si no también en el terreno helado de los inmensos alrededores.

Desde aquella situación que habían optado por poblar, habían casi unos cien metros de distancia hasta la gran puerta, donde, los ojos de aquellos sanguinarios citados por el mismo Kurokage paseaban justicieros por encima de cada uno de los presentes, ansiosos por tomar posesión de sus errores, como si de una pequeña caza o un juego a contrareloj se tratase. Al parecer, hasta el momento, nadie había decidido dar un paso en falso. Para su desgracia, una hoguera apartada en un lugar como aquel, provocaría que entre ellos y el resto de hogueras no hubiesen más que veinte metros hacia el lado oeste, tomando claro está, las puertas como el norte. ¿El total? Podríamos estar hablando de unas veinte hogueras aquella noche, de un total de casi sesenta desgraciados paseando sus orbes, ya fuese sedientas de venganza, de poder, o en su defecto, del miedo que suponía verse en territorio hostil. Y es que, a pesar de que las puertas de la aldea hablaban de seguridad, solo era cuestión de segundos para que el primer desgraciado decidiese clavar una de sus armas sobre el craneo de sus enemigos.

Quizás este tan solo fuese el inicio de una noche llena de misterios, donde ninguno daría el primer paso, pero el olor de la sangre que se perdía entre el clima, había provocado que bestias inmundas y aladas, se encargasen de decorar las incandescentes hogueras con sus grandes graznidos cuando sobrevolaban la zona. Cuervos de tamaños terroríficos en busca de alimento, demostrando aquella necesidad por hincar el pico a los primeros caídos de la noche. Pero no solo aquel cántico de muerte por parte de las indomables bestias conseguirían deteriorar el ambiente tétrico de la noche, si no también el sonido lejano de los tambores en el interior de la aldea, que más que anunciar las grandes celebraciones del interior, parecían anunciar la sangría que correría en el exterior.

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NB Narración
Master

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por NB Narración el Lun Jun 18, 2018 2:49 am

Pautas y Aclaraciones
— Continúan en esta trama aquellos que tuvieron la "suerte" de quedarse en las puertas de la aldea junto a mi como narradora <3

— El espacio entre post será de 48 horas, una vez un usuario postee, esta cuenta atrás se reinicia. Dado a que ya habéis hecho acto de presencia el abandono podrá ser penalizado con la muerte. ¡Mucha suerte!

— Dado a mi poco tiempo disponible y el gran número de tramas bajo mis garras(?) el tiempo de post de narración tras los post de los usuarios será de 48 horas.

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Takeru Madarame
Renegado C

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por Takeru Madarame el Mar Jun 19, 2018 5:24 pm

La noche sangrienta
YukigakureLas puertasVerano
Dicen que los condenados buscan extender la llama de su vida el mayor tiempo posible, que cuando un animal herido se siente acorralado es más peligroso que nunca, pues no le queda para defenderse, pues el último obstáculo es su propia vida. Parecía ser que el destino le tenía preparada una noche interesante, que, aunque había rogado por descansar un poco en una buena posada, el mundo se había empecinado en hacerlo pasar una tortuosa madrugada más. Para Takeru no existía problema alguno en dormir entre la basura, había pasado noches enteras durante sus viajes sobreviviendo en lugares inhóspitos e insalubres.

Mientras sus pasos se adelantaban la cabeza trabajaba a un ritmo distinto, paseando los ojos rojos mientras el calor de los cigarrillos y su humo daba fuerza suficiente a sus pulmones como para continuar con el viaje impuesto. Por un momento creyó ver sombras danzar a su alrededor, almas en pena de una masacre vaticinada por la inexperiencia, ¿Cuántas veces había visto a la muerte a la cara? Seguramente ninguna, y aun así se sentía protegido por esta. No hay que malentender, no se creía un ser divino, y mucho menos uno estable mentalmente, pero sabía algo, mantener un perfil bajo era la mejor de sus cualidades.

Observar y meditar podían ser el par de habilidades que lo habían salvado hasta ahora, y rogaba al destino que aquella noche fuera igual, que pudiera estar atento a todo aun cuando el frío dictaba lo contrario. Gracias al cielo siempre cargaba con aquel abrigo y con la nicotina en aquellos preciosos tubos. Algo de calor interno guardaba, por lo que perderlo traería problemas, aun si eso le permitía estar más suelto.

Finalmente llegó a la zona de hogueras, no se atrevió a siquiera mirar en las alturas, sabía que ahí estaban los pacientes y extraños asesinos que buscaban una sola excusa para matarlo, ¿Se encontraría arriba aquella mujer del bar con la que cruzó miradas? Probablemente no, pues de algún modo y muy seguramente estaría de fiesta junto a todos los allegados del Kurogake. La zona de hogueras era extraña, un olor a muerte se coló entre sus fosas, quizá figurativo por estar tan predispuesto a tener que quitar vidas, o en el peor de los casos, perder la suya propia. Sin embargo, encontró interesante que más alejado del resto una pequeña hoguera ardía, sinuosa y alejada, como si de un par de ratones se tratara, alejándose lo más posible de los verdaderos depredadores.

En un principio quiso ir a formar su propia hoguera, sabía de antemano que ganarse el favor de algunos desgraciados sería complicado, aunque finalmente, contra todo pronóstico puso marcha hacia la hoguera apartada. Tenía claro algo, aquella noche no era un depredador, era una presa más de los fuertes por lo que necesitaba carnadas, cosas que pudiera usar de escudos humanos en todo caso. —Nada personal. —Susurró para sí mismo, pues desconocía la situación con la que se encontraría al llegar a ella, a la hoguera que estaba más alejada del resto.
Inventario:
Estuche grande — A la altura de la cintura, en la espalda.
—2 pergaminos de almacenaje rojos.
——Bomba dragón tipo almacén preparada.
—1 pergamino de almacenaje naranja.
——Bomba dragón tipo trampa preparada.
—1 pergamino de almacenaje blanco.
——Mochila sellada.
———Capa impermeable.
———Respirador.
———Recipiente.
———2 tonfas.
—4 píldoras del soldado.
—1 bomba de luz.
—Comunicador.
—3 bengalas.
—2 bombas de humo.
—3 sellos explosivos.
Estuche mediano izquierdo — A la altura de la cintura, en la espalda.
—20 clavos makibishi.
—10 senbons.
Estuche mediano derecho — A la altura de la cintura, en la espalda.
—20 shurikens.
Estuche pequeño — Muslo izquierdo.
—5 kunais.
Estuche pequeño — Muslo derecho.
—5 kunais.
Nota invocadora — Sobre la muñeca izquierda.
—Pergamino de almacenaje azul sellado.
——Tantō sellado.
——Zanbato sellado.
——Naginata sellada.
——Kusarigama sellada.
——Garras selladas.
Nota invocadora — Sobre la muñeca derecha.
—Pergamino de almacenaje negro sellado.
——2 puños americanos sellados.
——Nunchaku sellado.
——Shuriken grande sellada.
——Fūma shuriken sellada.
Lanzador de agujas — En el brazo izquierdo.
—5 senbons cargadas.
Mecanismo de kunai oculto — En el brazo derecho.
—1 kunai cargado.
Alambres ninja — enredados alrededor de la cintura.
Katana — Sobre el muslo izquierdo, a mano de su diestra.
Pergamino del arte Tensasai —En el bolsillo izquierdo de su abrigo.
—30 shurikens selladas.
Pergamino del arte Tensasai —En el bolsillo derecho de su abrigo.
—30 kunais sellados.
Cigarros y mechero — En el bolsillo oculto del abrigo.
Información general:
  • Fuerza : 30
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 29
  • Espíritu : 30
  • Concentración : 30
  • Voluntad : 20
Chakra : 120

Técnicas
—.

Estado de Takeru
100% del chakra total: Descansado y en perfectas condiciones, puede combatir con todas sus facultades físicas.
Elección:
Dormiré en las puertas, tal y como lo dictó mi dado con el número 1.

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Shinso Sonozaki
Renegado C

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por Shinso Sonozaki el Miér Jun 20, 2018 7:02 pm

Sangre Hervida
Shinso Sonozaki
País del HierroTetsu no YosaiPasado
Durante el día de la bestia, los engendros comenzarán a dominar el mundo sobre sus patas posteriores. Hablarán el tormento de edades tan antiguas como indescriptibles, con sus lenguas torcidas por las palabras de odio impresas en una historia ahora recordada. Los cielos se quebrarían en espantoso augurio, vertiendo su llanto ennegrecido sobre las tierras marchitas en forma de barro, sangre y pústulas repugnantes. Este material será el alimento de un nuevo mundo que reinicia el ciclo, que convulso, muere para nacer de sus hórridas entrañas de nuevo. El ciclo de la vida, el espanto, lo grotesco y la muerte; y en ello Shinso danzaba como cualquier otro.

Mantuvo la mirada pendiente de quien se acercase, para luego ante la primera palabra de Tucán, el glorioso rey de la miserable nada. Confuso, principalmente porque pensó que nadie había cerca de la hoguera al acercarse, no pudo evitar fruncir el ceño como si acabasen de engañarle de alguna forma evidente y burda. Se sintió algo imbécil, aunque enseguida lo achacó a su ojo inservible. Cosas de ser tuerto, supuso.

- Ah, Hitoshi. Te escondes bien, maldita sea. - Inaugurando la conversación, su tono áspero de profeta de las llamas pareció persistente aquella noche, a la escasa lumbre de una hoguera moribunda. - Reika y yo estamos trabajando la separación ¿Sabes? Nuestro terapeuta nos ha asegurado que debemos desollar por separado. Dice que reforzará... no se qué vínculo. - De forma sucesiva, Shinso se hizo un poco hacia atrás, sentándose en la nieve y dejando que hubiera algo de espacio entre ambos. Aquel hombre no era un desconocido, pero receloso de cuanto no sabía sobre él, prefirió dejarle respirar. - Hm... - Hizo un gesto de profunda meditación, llevándose la zurda al mentón y la diestra nunca lejos del mango de su cuchillo. Dejó que se escaparan unos instantes, unos en los que su orbe de codicia amarilla se viera iluminado por los cantares de una madera crepitando por la intensidad de la llama. En ellas pudo contemplar luz cegadora, infernal presencia, angustia azarosa... y tan pronto como se sintió capaz de ofrecer una respuesta, lo hizo sin mirarle. - Me parece justo. Ambos somos unos mierdas en mitad de un páramo desolado en el que bien nos rajarían del cuello a la polla solo para comerse nuestros órganos... - Se relamió con exagerado brío. - … organitos. - Entonces si que le dedico una mirada a su pecho. Ese que de seguro tendría unos buenos organitos, funcionales como mínimo. Y si bien Shinso no era médico sentía curiosidad, de aquella científica y exacta, sobre el como arde un pulmón con algunas bocanadas de aire. Dudó sobre si exponer su pregunta y quizás probarlo con un pulmón que no fuera el suyo. Prefirió guardar silencio, en vistas de que su Centella estaba lejos para ofrecerle algún auxilio en caso de necesitarlo.
No pocas habían sido las veces en las que su lengua emponzoñada de violencia le hubo ofrecido tantos problemas como pudiera digerir. Chasqueó la lengua, dando por vencido aquel impulso.

De vuelta con la vista pendiente a las lejanías, contemplando las hórridas sombras celestiales surcar el cielo nocturno, Shinso pareció expectante. Sabía, a buen recaudo, que la degenerada violencia terminaría por alcanzarles. Que aquellos segundos solo eran el preludio de una carnicería compleja y fastuosa. Una en la que probablemente no estaría solo. Lanzó un bufido al aire en el mismo instante en el que divisaba una figura emergente. A lo lejos, un abrigo de pieles que avanzaba a su posición, a paso calmado, sin pretensiones reconocibles a semejante distancia.

- Se acerca alguien. - Anunciaba, al tiempo que se incorporaba hasta quedar de cuclillas junto al fuego, con la zurda sobre el mango de sus armas de cinto. Con el pellejo erizado, Shinso Sonozaki habría preferido una noche tranquila, una madrugada ajetreada y un alba violento. Intrigado, expectante, no dudó un instante en reconocer el terreno a sus alrededores. Alternando fugazmente la vista entre aquella figura que se acercaba a ellos y el resto de hogueras alejadas. Pronto sintió una suerte de urgencia, de impía aceleración que le instaba a moverse; a morder con saña antes de recibir el impacto. - Atento... - Susurraba, con la voz corroída por un deje quebrado, áspero como la lengua de una serpiente, sincero como que en aquella noche se vertería mas sangre que en todo un año.
Estadísticas:
  • Fuerza : 12
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 20
  • Espíritu : 20
  • Concentración : 12
  • Voluntad : 12
Chakra : 102
Inventario:
  • Katana — En el cinto, justo bajo el Tanto
  • Tanto — En el cinto, sobre la espada
  • Píldora de Soldado x2 — En un bolsillo
  • Shuriken x3 — Bolsillo interior derecho de la chaqueta.
Elección:
Justo ante las puertas, por mi dado nº1
Resumen de Acciones:
- Shinso se detiene a hablar un poco con Hitoshi.
- Se aleja un poco de él prefiriendo darle algo de espacio al tiempo que se aseguraba las espaldas.
- Divisa a lo lejos la figura de Takeru, lógicamente sin saber que es él pues no le conoce de nada.
- Se coloca en cuclillas, facilitando algun movimiento de última hora, con las manos cercanas a sus armas y expectante de cuanto pueda suceder a sus alrededores.

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NB Narración
Master

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por NB Narración el Sáb Jun 23, 2018 11:47 pm

Las puertas de la aldea


La existencia de un lugar tan apartado pero convenientemente preparado quizás solo había sido una trampa de mal gusto creada por carroñeros de la más baja estirpe. La hoguera ardía inconsistente, brindando apenas una míseria de calor ante la escabrosa helada que rodeaba las inmediaciones.

Ese es mi sitio. — una voz lúgubre, tétrica, grave y rasposa. Esta escucharía el llamado Shinso, junto a él, sin una sola advertencia previa de que alguien se había ubicado en tan solo cuestión de segundos, con una rapidez incalculable junto a él. La distancia con la cual escucharía la misma era muy cercana, —situándose así entre el y el gran muro—, pero el eco metálico de un kunai apuntando directamente a su cuello sería lo suficiente como para cortar el aliento de quien se había preparado completamente en vano ante el acercamiento del joven Tensasai. La atención en un solo sitio había sido una mala pasada para aquel que tenía un acompañante, pero la manifestación acelerada de un ser que no se dejaba ver, quizás escapaba de las posibilidades deteccionales del que cuya visión ya de por sí estaba perjudicada.

Todo resultó tan rápido como impredecible para el joven, pero quizás lo sería más para el maestro armas que vio como una sombra tomaba forma junto a quien se aproximaba, aquel al que veía totalmente de frente y a la distancia en su recorrido. Por mucho que deseara detenerse y modificar su recorrido, algo le atraía a la situación... Quizás un aroma, un eco, el chisporroteo de la hoguera a la distancia o el simple deseo de conocer el origen del bulto oscuro que no podía ser apreciado perfectamente, con sus fauces rabiosas y ya desplegadas, queriendo arrebatar la vida del pobre incauto previamente acompañado; Takeru no podría moverse mas que para continuar desplazándose, incluso si lo hacía en contra de su voluntad a esas alturas.

En el camino hacia la escena, una zona tendría una superficie más sólida que acolchada y evidentemente palpable con tan solo el andar, pero si su vista pudiese ser controlada y dirijida al suelo pese a un supuesto estado de hipnosis —y no lo hacía—, solo apreciaría nieve común y corriente sin ningún tipo de alteración mundana dentro de lo que podía conocer.

Tarde o temprano Shinso parpadearía para volver más razonable de una mujer a espaldas de Takeru, aunque quizás la preocupación de un puñal tan cercano a una zona tan sensible de su cuerpo, sería suficiente como para que su ojo permaneciera abierto durante un tiempo imprudencial. La cuestión es que aquella mujer de piel morena y platinada melena, pareció haberse teletransportado junto al muchacho, al cual rodeó con el brazo izquierdo la espalda del herrero desde su diestra, acompañándolo en su recorrido hacia la situación de peligro que lo tuvo embelezado, pues ni bien ella tuvo el primer contacto sobre él, aquel sentimiento de necesidad desapareció por completo.

El cuerpo escultural de la fémina daba mucho que hablar, pero más aún lo hacía su vestimenta de cuero ajustada al cuerpo que no contemplaba demasiado abrigo. Definir exactamente cual era su motivación para estar así vestida, escapaba de la necesidad ante la situación. Una sonrisa pícara de sus labios pintados con color morado, denotaba que ella estaba jugando al menos con el chico al que miraba, con sus pestañas postizas y radiantes, por el rabillo del ojo. — ¡Que chico tan fuerte! Que honor que me acompañes hasta mi sitio... Espero que te sientes junto a mí, y me des calor toda la noche... — dijo en tono sarcástico, relamiéndose con la lengua como si estuviera saboreando al muchacho, aunque no en el plan que cualquier otro bandido de por allí pudiese anhelar.

En cuanto Takeru y la mujer se acercaron hasta una distancia no mayor a tres metros de la hoguera, esta última se despegó del chico y dio tres pasos largos para sentarse junto al llamado Hitoshi, empujándolo levemente con el hombro en gesto de camaradería. No lo conocía de nada, pero quizás quería hacer sentir al resto que sí, mientras sonreía de manera muy amistosa al que estaba siendo evidentemente amenazado por una masa oscura que aún no se dejaba ver por nada ni nadie.

Aquella cachonda de prendas cuerinas, entrelazó los dedos de sus manos por debajo de su mentón, cruzándose de piernas de manera seductora, como si estuviese observando un espectáculo único en su categoría...

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Takeru Madarame
Renegado C

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por Takeru Madarame el Mar Jun 26, 2018 4:45 am

La noche sangrienta
YukigakureLas puertasVerano
Demonios y fantasmas, leyendas carniceras de vidas perdidas y sangre que servía de abono para aquellos árboles. La noche era larga, y daba gracias al cielo de que no fuera durante un invierno. Solo los dioses sabían que hubiera ocurrido de serlo, y aunque el verano tampoco era un grato amigo, cuando menos resultaba un tanto menos agresivo. Takeru continuó su caminata, su rombo hacia aquella hoguera custodiada por dos extrañas sombras en mitad de la nada, ¿Qué les diría? ¿Los compraría? No traía el dinero a la mano, salvo las monedas recibidas del último encargo. Todo su efectivo estaba escondido, que iluso había sido.

Sin embargo, se alegró al instante, quizá en tierras de nadie comprar gente no sería de ayuda, quizá lo mejor era fingir que era uno como casi todos los demás, un mercenario que va al día, sobreviviendo con las monedas que recibía por encargos pequeños, uno más de aquellos que vivía en posadas de poca monta, sufriendo porque su habitación era huraña y extraña. — ¿Qué mierda? —Susurró, interrumpiendo a su mente. El motivo de su espanto no era nada más y nada menos que una tercera sombra en su campo visual, una sombra de tantas.

Quiso cambiar el ritmo en primera instancia, irse lo más lejos posible, quizá al norte para después regresar cuando las cosas estuvieran mucho más tranquilas, pero había algo, algo que lo llamaba. Podía llamarlo un canto de sirena, una extraña sensación de necesidad por seguir caminando directamente hacia la hoguera y entender, aun con todo su miedo, que es lo que había pasado instantes antes. Y así fue, encantado por algún hechizo desconocido continuó su recorrido, completamente atraído hacia la escena. No fue hasta que una extremidad lo rodeó que este despertó, de la nada, volvió a tomar consciencia de lo que pasaba.

Una voz dulce, aromática, pero, sobre todo, destilaba un aire seductivo. Abrió los ojos de par en par, tratando de evitar mostrar su preocupación. Lo habían tomado en un descuido, y de haberlo querido aquella mujer podría haber terminado su vida en un instante. Llevó el cigarrillo a la boca, mostrando despreocupación, aunque por dentro era todo lo contario, y dio una calada larga que animó los pulmones, que le dio calor a esa garganta necesitada. —Será un honor. —Abrió la boca finalmente, respondiendo a su petición, era mejor seguirle el juego, de momento.

Llegaron ambos hasta el lugar predilecto y reconoció a uno de ellos al instante, aquel miserable muerto de hambre, aunque su nombre apenas y podía recordarlo. Del otro lado estaba un tuerto, cuyo aspecto denotaba quizá guerras pasadas. Repasó con la mirada a cada uno de los presentes, buscando a la sombra por lo bajo, aunque lo dejó caer en saco roto, seguro había sido cosa de su mente. —Caballeros, la dama me ha invitado a esta reunión, espero no les moleste. —Una sonrisa dirigida al hombre que alguna vez alimentó en mitad de la nada, y otra más al tuerto, trataba de ser cordial con los presentes. Tomo asiento junto a Shinso.

Metió la zurda al abrigo y sacó la cajetilla junto al encendedor. — ¿Alguno fuma? —Ofreció un cigarrillo, aprovechando el pasar de sus rubíes para observar un poco en los alrededores, atento por lo que pudiera pasar. Tomaran o no alguno de los cigarrillos volvió a guardar la cajetilla, no sin antes llevarse uno más a la boca. —Madarame, por cierto. —Espetó de golpe tras llevarse un poco de humo a la boca. — ¿Qué tal los trata la noche? —Sentenció finalmente.
Inventario:
Estuche grande — A la altura de la cintura, en la espalda.
—2 pergaminos de almacenaje rojos.
——Bomba dragón tipo almacén preparada.
—1 pergamino de almacenaje naranja.
——Bomba dragón tipo trampa preparada.
—1 pergamino de almacenaje blanco.
——Mochila sellada.
———Capa impermeable.
———Respirador.
———Recipiente.
———2 tonfas.
—4 píldoras del soldado.
—1 bomba de luz.
—Comunicador.
—3 bengalas.
—2 bombas de humo.
—3 sellos explosivos.
Estuche mediano izquierdo — A la altura de la cintura, en la espalda.
—20 clavos makibishi.
—10 senbons.
Estuche mediano derecho — A la altura de la cintura, en la espalda.
—20 shurikens.
Estuche pequeño — Muslo izquierdo.
—5 kunais.
Estuche pequeño — Muslo derecho.
—5 kunais.
Nota invocadora — Sobre la muñeca izquierda.
—Pergamino de almacenaje azul sellado.
——Tantō sellado.
——Zanbato sellado.
——Naginata sellada.
——Kusarigama sellada.
——Garras selladas.
Nota invocadora — Sobre la muñeca derecha.
—Pergamino de almacenaje negro sellado.
——2 puños americanos sellados.
——Nunchaku sellado.
——Shuriken grande sellada.
——Fūma shuriken sellada.
Lanzador de agujas — En el brazo izquierdo.
—5 senbons cargadas.
Mecanismo de kunai oculto — En el brazo derecho.
—1 kunai cargado.
Alambres ninja — enredados alrededor de la cintura.
Katana — Sobre el muslo izquierdo, a mano de su diestra.
Pergamino del arte Tensasai —En el bolsillo izquierdo de su abrigo.
—30 shurikens selladas.
Pergamino del arte Tensasai —En el bolsillo derecho de su abrigo.
—30 kunais sellados.
Cigarros y mechero — En el bolsillo oculto del abrigo.
Información general:
  • Fuerza : 30
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 29
  • Espíritu : 30
  • Concentración : 30
  • Voluntad : 20
Chakra : 120

Técnicas
—.

Estado de Takeru
100% del chakra total: Descansado y en perfectas condiciones, puede combatir con todas sus facultades físicas.

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Shinso Sonozaki
Renegado C

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por Shinso Sonozaki el Miér Jun 27, 2018 7:05 pm

Sangre Hervida
Shinso Sonozaki
País del HierroTetsu no YosaiPasado
Habría deseado que aquel cielo se desnudara de oscuridades infames, que sus estrellas refulgieran con un fuego extraño, oculto y lejano. Que las llamas de otros mundos apuálaran las monotonas tinieblas de aquella noche infausta donde habría mas silencio en la tierra que sobre las bóvedas irreconciliables del cielo nocturno. Donde la noche cabalgaba, las estrellas surcaba furiosas el firmamento, ardiendo, estallando, vibrando en su propia sinfonía de finales eternos. Donde sus historias crepitaban en el silencio devuelto de la inmensidad, donde la historia a contar no era más que un deceso que se postergaba hasta los límites más inauditos. Una estrella que vacilaba, que sufría los estertores y espasmos de una muerte sabida y todavía por alcanzarla. Donde los años son milenios, donde los fuegos son gigantescos hálitos universales y donde Shinso habría deseado estar, morir, sentir, vibrar, ser y no serlo al mismo tiempo. Arder junto a ellas, con ese fuego pálido tan codiciado y no el suyo; rojo brillante como la sangre mundana de alguien sin nombre.
Y tan lívido como su pensamiento, sus actos no parecieron menos dispuestos a todo aquello. Al desenfreno de la sangre, al pecho declamando sobre una ruina otorgada y recibida. Porque Shinso, expectante de aquel que aún estaba por llegar, sentía el lumbre imperceptible.

La estrella moribunda, el cielo infausto; violencia y un sentido incomprendido ¿Que importaba? Nunca comenzó, siempre fue.

Al término de aquellas deliberaciones que encendieron su ánimo y ahogaron su moral en un furor bien conocido, una frase. En un principio pretendió desenvainar su espada, cortar, segar, hacer arder... pero el cantar agudo del hierro sobre su cuello le hizo guardar un silencio inaudito. Con el pecho cantando sus ordalías, sus accesos de violencia, a duras penas contuvo el impulso de pretender morir matando. Con sangre propia y ajena manchando cuanto hubiera. Tragó saliva, torció la mandíbula de forma a ortopédica, provocando un chasquido y un gesto de ínfima contrariedad. Aún con la mano sobre su mango, prefirió prudencia a simple futilidad.

- Y ese mi cuchillo. - Respondió en tono sarcástico, por lo bajo y casi amigable. Como si quien estuviera oculto tras su punto ciego fuera tan amigo como cualquiera que pudiera denominarse como tal. Quiso pensar en ello, pero el tiempo apremiaba y aquel hombre al que antes oteaba llegó acompañado de una mujer que vestida como estaba, parecía una prostituta extraviada. Apretó las fauces, sintiéndose de pronto rodeado como un animal enjaulado entre dientes. Se relamió los dientes sin abrir la boca, dio bocanadas suaves y tranquilas, aún sin percibir quien o qué hacía peligrar su existencia. Con la rabia trastabillando a fuego lento bajo su piel, Shinso calló porque así debía hacerlo; no por gusto. Y ante la presentación, una sonrisa desastrosa, irregular y espantosa tuvo que ofrecerle a cambio. - Sonozaki. - Respondía igualmente. - ¿Y vosotros quien mierda sois y porqué me acojonáis de esta manera? - Sin demasiados remilgos, preguntó porque en Shinso poca sutileza cabía más que la de un ladrillazo en la boca. Expectante y nervioso por aquellos acontecimientos percibidos y sin percibir, rechazó el cigarrillo negando suavemente, mas centrado en no perder la sangre que ascendía por el cuello que de otra cosa. Por supuesto, abstraído como estaba en aquella situación no se permitió un instante de calma. Con el corazón desbocado, sus impulsos apenas contenidos y unos accesos que clamaban por hacer estallar todo aquello. En Shinso cabían pocos chantajes, incluso los que ponían su vida en juego. Sintiéndose avasallado, humillado y en un peligro constante, supo que estallaría. Que se giraría en un impulso imperturbable, que perdería la vida y haría que otro la perdiese tan solo por haber pensado que podía hacerlo sin represalias. La idea le supo a gloria, volvió a hacer chasquear la mandíbula sin abrir la boca y le dedicó una mirada al recién llamado Madarame.

Sin signos, sin ninguna clase de idea preconcebida, parecía querer advertirle de algo sin siquiera parpadear para lograr transmitirlo. Luego, miró a la chica situada a un lado de un Hitoshi tan silencioso como un muerto. Con el tiempo transcurriendo, la sangre enterrada aún en la hórrida prisión de carne... ¿A que esperaban, pues?
Estadísticas:
  • Fuerza : 12
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 20
  • Espíritu : 20
  • Concentración : 12
  • Voluntad : 12
Chakra : 102
Inventario:
  • Katana — En el cinto, justo bajo el Tanto
  • Tanto — En el cinto, sobre la espada
  • Píldora de Soldado x2 — En un bolsillo
  • Shuriken x3 — Bolsillo interior derecho de la chaqueta.
Elección:
Justo ante las puertas, por mi dado nº1
Resumen de Acciones:
- Shinso se mantuvo expectante de Takeru, y al verse amenazado, no hizo nada.
- Sabiendose en peligro manifiesto, esperó a que la situación se desarrollase conteniendo a duras penas el intenso deseo de estallar sin pensar.
- Se presenta, pregunta por los recien llegados y asume en cierto sentido que Takeru está con ellos, aúnque no lo tiene muy claro.
- Le dedica una última mirada a Takeru aún inmovil, con las manos cercanas a las empuñaduras de sus armas pero sin moverse un ápice

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NB Narración
Master

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por NB Narración el Mar Jul 03, 2018 12:30 pm

Las puertas de la aldea


En silencio permanecieron los depredadores ante sus amigables presas allí presentes. La mujer poco a poco fue dejando que su pícara sonrisa fuera decayendo, y aquella masa de oscuridad que correspondía a vaya a saber qué cosa o quien, simplemente desapareció tan rápido como había llegado a la escena, tras un gruñido gutural propio de una bestia sin cadenas...

La mujer bostezó profundamente, haciendo un gesto de negación con el índice de su mano derecha mientras que con la izquierda se tapaba la boca como toda una dama. Pestañeó repetidas veces, en una postura totalmente confiada y que demostraba que ante su criterio, aquellos dos tontitos no eran una amenaza para ella incluso en un país como lo era el del hierro. Aquella mujer era candente y su personalidad estaba viva muy a pesar de que por dentro se encontrase completamente muerta... Era sorprendente ver a algunas figuras tan especiales en el País del Hierro, que sabiendo que cualquier paso en falso podría llegar a costarles las vidas, se veían tan tranquilos y en su hábitat natural.

Me encantaría compartir tabaco contigo, dulzura, pero deben irse cuanto antes si no quieren ser devorados por mi compañero... Normalmente los incentivaría a quedarse, pero hoy no me apetece ver como ese inepto riega todo con vuestra sangre. — explicó, negando con la cabeza a la par que les quitaba la vista de encima y se tapaba con ambas manos el rostro, escuchándose su voz algo incordiada por la propia obstaculación de sus extremidades en la salida de su voz. — Además se ha cargado a mi último novio y eso merece una reprimenda... Fue a cavar un par de fozas para ustedes. Putos religiosos. — ella parecía estar divagando, pero hasta quizás tenía sentido dado el modo en el cual el sujeto había desaparecido.

Un largo suspiro llevó a la mujer a reincorporarse y volver a traer su sonrisa pícara a escena. — De todas formas, no se las haré tan fácil... Tengo un amigo al que le gusta jugar en el bosque más cercano. Mi propuesta expira en diez minutos, diez minutos para llegar allí... De lo contrario, me encargaré yo misma de entregárselos al bruto este... Creanme si les digo que no tienen oportunidad contra él. — mencionó, haciendo un ademán para que se largaran con la diestra mientras se inclinaba ligeramente hacia atrás con una sonrisa ciertamente escalofriante.

El bosque más cercano se encontraba a varios metros de ellos, y el camino hacia él se encontraba alumbrado por la luna misma. Desde allí en donde estaban ubicados, podrían verlo facilmente, aunque dependía de ellos aceptar o no la propuesta de la mujer... ¿Qué harían los desdichados?

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Shinso Sonozaki
Renegado C

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por Shinso Sonozaki el Jue Jul 05, 2018 10:57 am

A las puertas
Shinso Sonozaki
País del HierroYukigakurePresente
En el bramante cantar de un pasado extinto; reyes se alzaron. En la aviesa mente de un Shinso conducido a la ruina; tan solo el rojo sembrado de llamas sin lumbre quedó en pie, de lado, quizás suspendido en el espacio que comprendía toda su nada y el todo anhelado. Una suerte de mentalidad, filosofía y psicología infundadas. Porque era persona, su carne sangre encerraba bajo ella, sus huesos dolores inscritos a la espera de ser compartidos. Sin sendero, sin futuro, sin ánima, sin el destello de su Reika, el mundo parecía aún mas agresivo, ofensivo, repugnante, hostil y deleznable. Quiso estallar, quiso arder de una forma distinta a la que aquella hoguera los calentaba con apenas eficiencia. En cuanto pudo sentir aquella presencia diluirse justo a su lado, Shinso habría querido respirar tranquilo, pero esas cualidades para entrar y salir de escena a voluntad lo intimidaban. Le hicieron sentir cohibido, controlado, manipulado por una suerte de enfermos detestables. Ahora él parecía la víctima; y ello le hizo apretar la mandíbula haciendo que sus lados se remarcasen por el esfuerzo. Abrir su único lucero de serpiente acorralada, que brillase en consonancia a la luna preñada en sangre.
Ante sus desplantes a ofrecer tabaco de ninguna clase, Shinso ni siquiera trastabillo. Incluso con cautela respiraba cada bocanada de aire, por temor a que cualquier movimiento, por leve que resultara, pudiera incendiar la situación. Aún entonces, sus manos no se alejaron ni un miserable centímetro de sus armas. Porque si todo aquello estaba dispuesto para consumirse en una deflagración, de rabia, violencia y flores de alquitrán fresco; él sería tan artista como ninguno, tan asesino como todos y tanto él como el resto mancharían de igual forma. Decidido, perturbado y acorralado, ni siquiera consideraba otra línea de pensamiento, demasiado alejadas de cuanto él era.

- Que tendencias tan desagradables. - A sus negativas opiniones acerca de parejas muertas, fosos de religiones inoportunas y amenazas subyacentes, a Shinso le molestó de sobremanera que pretendiera enterrarle después de muerto. - A mí ardiendo. - Añadía, con el fin de hacerla saber la forma en la que quería que su cuerpo abandonara el mundo. Una tierra yerma y repugnante como aquella no era suficiente, tampoco las llamas producidas por una cerilla insignificante; pero mejor el bautizo de las llamas al de la tierra ensuciada y la promesa de bestias, insectos y repugnancias apoderándose de cuanto quedara atrás. Aún de cuclillas junto al fuego, su intención era permanecer firme, sin moverse un ápice a pesar de sentir la carga sobre sus muslos, el corazón desbocado hasta el punto de sentir sus esfuerzos a la altura de la garganta y la consciencia sembrada de un nerviosismo que más que rozar, rasgaba lo paranoico, lo abrazaba y consumía en un ciclo de hórrida precisión. Según la oía, sus ánimos se encendían por aquella posibilidad brindada, nacida de la animadversión entre los dos miembros conocidos de aquel grupo que los asaltaba. Quiso dedicarle una mirada cómplice a Hitoshi, pero yacía inerte a su lado sin más gesto que el último que le había brindado. Lo achacó al miedo, al espanto de una emboscada inadvertida. No quiso dedicarle más tiempo, volviendo a aquella mujer y a las promesas de un destino aciago, aún así, lleno de madera. Combustible para su llama, algarabía para su lúgubre devenir. Al menos allí, todo podría arder de igual forma que él mismo. Bajó la vista y pudo contemplar nada más que nieve, a sabiendas de que a su espaldas se hallaba el adusto y negro guardián de la muralla inexpugnable.

- ¡Está bien! Me lo comeré, no será necesario que me animes. - Se levantó de pronto, y todo ello, juramento y obrar, justo después de que aquella mujer los aleccionara a marcharse. Apreciaba el gesto, sin duda, mucho más el salir de aquellos parajes y quizás hallarse en un lugar menos evidente que una planicie helada al amparo de una muralla hostil. Dejó reposar la zurda contra sus armas, y ladeó al grupo pasando tras Takeru. No se preocupó demasiado por él, sabiendo apenas un nombre de lo más musical, pero tan solo ello. - Un gusto. Disfruten de mi hoguera y de cuanto quieran. Pasen una noche productiva. - Tras ello, saludo con la diestra en un gesto que pretendía imprimir cierta elegancia al asunto. Lo consiguió solo a medias y por tanto, en aquellos temas, nada en absoluto. Dio media vuelta y siguió por el sendero iluminado por la luna. Al tiempo que lo recorría, Shinso se permitió empaparse de aquellos momentos. Donde su corazón vacilaba por el miedo, el ansia, la necesidad y la caza en si misma. Saberse hórrida presa, aspirar a cazador... ¿Lograría su empresa? Atento, receloso, a mitad de camino, incluso se dedicaba a girarse sin fiarse del todo de aquella proposición. De igual forma, aceleró el paso hasta que sencillamente, fue el bosque quien terminó engulliendo.
Estadísticas:
  • Fuerza : 12
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 20
  • Espíritu : 20
  • Concentración : 12
  • Voluntad : 12
Chakra : 102
Inventario:
  • Katana — En el cinto, justo bajo el Tanto
  • Tanto — En el cinto, sobre la espada
  • Píldora de Soldado x2 — En un bolsillo
  • Shuriken x3 — Bolsillo interior derecho de la chaqueta.
Elección:
Justo ante las puertas, por mi dado nº1, no obstante y por el devenir de la narración, Shinso se dirige hacia el bosque.
Resumen de Acciones:
- En su situación actual, decide ser cauto a pesar de arder en deseos de acabar con todo aquello.
- Escucha a la mujer con atención, y al hacerlo, alude a que preferiría arder a ser enterrado tras morir.
- Sin mucha dilación, afirma que irá al bosque a "comerse" a ese amigo suyo. Poco despúes se levanta, trata de despedirse con una elegancia que no posee y se dirige al bosque a paso acelerado.
- No en pocas ocasiones, echa la vista atrás para asegurarse de quien lo sigue, quien hace qué o lo que fuera hasta que finalmente, se interna en el bosque.

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Takeru Madarame
Renegado C

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por Takeru Madarame el Sáb Jul 07, 2018 4:19 am

La noche sangrienta
YukigakureLas puertasVerano
Takeru no era alguien que se dedicara a buscar problemas, mucho menos alguien cuya capacidad cognitiva se basara en el hecho de querer pelear por su vida a menos que fuera totalmente necesario. Aunque mantenía un semblante tranquilo, por dentro solo buscaba la excusa perfecta para huir del lugar y no tener que enfrentarse a nadie. Por muy extraña y hermosa que resultara la figura de la chica, compartir una hoguera no valía su vida en ningún sentido posible. Debido a todo ello, aunque se mantenía expectante a las acciones de los otros dos, su atención estaba centrada en la dama y los alrededores.

Entonces vino una historia, una muy común en el país, amenazas de muerte y entierro, cuando menos cuerpo podría descansar, en todo caso. El herrero simplemente daba caladas constantes para mantener caliente el interior de su cuerpo, pues no contaba con un campamento acorde y la simple idea de tener que pasar la noche entera junto al fuego no resultaba atractiva por nada. Era claro lo que tenía que hacer, siempre se había considerado alguien sano mentalmente, a pesar de vivir en un país lleno de homicidas y psicópatas. Recordó entonces los eventos de Kaer Morhem y la extraña aparición del Kurokage.

Finalmente suspiró, tratando de ser lo menos burlón posible, ya con el cigarrillo cerca del filtro. —Pues bueno, no hay mucho que decir entonces, la idea más sana para todos es que pase a retirarme a las inmediaciones del bosque. —Pero el tuerto se adelantó, parecía no tener condescendencia para el hombre sin boca, a quien consideraba un simple conocido. Por alguna extraña razón llegó a creer que eran amigos de algún modo, supuso entonces que el tuerto y el sin boca también eran simples conocidos. —Me retiro, bella dama, un placer acompañarla hasta la hoguera. —Una sonrisa en sus labios, mató finalmente el cigarrillo.

Dejó caer la colilla sobre la fría nieve y la aplastó con su pie diestro, haciendo presión para que se emparara y cediera su vida. Takeru se puso de pie y siguió al hombre sin ojo, pues desconocía por completo su nombre aún. No quería parecer un acosador, pero era la entrada más cercana al bosque, que le diera a él y su posible paranoia. Siempre atento, se mantendría alerta, por si tenía que actuar con su katana. Prefería estar preparado y desconfiar hasta del mismo clima, pues solo los dioses sabían que le esperaba aquella noche.
Inventario:
Estuche grande — A la altura de la cintura, en la espalda.
—2 pergaminos de almacenaje rojos.
——Bomba dragón tipo almacén preparada.
—1 pergamino de almacenaje naranja.
——Bomba dragón tipo trampa preparada.
—1 pergamino de almacenaje blanco.
——Mochila sellada.
———Capa impermeable.
———Respirador.
———Recipiente.
———2 tonfas.
—4 píldoras del soldado.
—1 bomba de luz.
—Comunicador.
—3 bengalas.
—2 bombas de humo.
—3 sellos explosivos.
Estuche mediano izquierdo — A la altura de la cintura, en la espalda.
—20 clavos makibishi.
—10 senbons.
Estuche mediano derecho — A la altura de la cintura, en la espalda.
—20 shurikens.
Estuche pequeño — Muslo izquierdo.
—5 kunais.
Estuche pequeño — Muslo derecho.
—5 kunais.
Nota invocadora — Sobre la muñeca izquierda.
—Pergamino de almacenaje azul sellado.
——Tantō sellado.
——Zanbato sellado.
——Naginata sellada.
——Kusarigama sellada.
——Garras selladas.
Nota invocadora — Sobre la muñeca derecha.
—Pergamino de almacenaje negro sellado.
——2 puños americanos sellados.
——Nunchaku sellado.
——Shuriken grande sellada.
——Fūma shuriken sellada.
Lanzador de agujas — En el brazo izquierdo.
—5 senbons cargadas.
Mecanismo de kunai oculto — En el brazo derecho.
—1 kunai cargado.
Alambres ninja — enredados alrededor de la cintura.
Katana — Sobre el muslo izquierdo, a mano de su diestra.
Pergamino del arte Tensasai —En el bolsillo izquierdo de su abrigo.
—30 shurikens selladas.
Pergamino del arte Tensasai —En el bolsillo derecho de su abrigo.
—30 kunais sellados.
Cigarros y mechero — En el bolsillo oculto del abrigo.
Información general:
  • Fuerza : 30
  • Resistencia : 20
  • Agilidad : 29
  • Espíritu : 30
  • Concentración : 30
  • Voluntad : 20
Chakra : 120
Técnicas
—.

Estado de Takeru
100% del chakra total: Descansado y en perfectas condiciones, puede combatir con todas sus facultades físicas.

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NB Narración
Master

Re: [Trama Yukigakure] Las puertas de la aldea

Mensaje por NB Narración el Sáb Jul 07, 2018 4:12 pm

Pautas y Aclaraciones
— Finalizada esta etapa del tema, deberán realizar su llegada al bosque cuyo link se encuentra aquí. La misma se da en el momento en que los actuales participantes del mismo alcanzan la zona mencionada por el último post, y lo que experimentarán ante su llegada es exactamente lo mismo vislumbrado en la primera narración.

— Mucha suerte. La necesitarán.

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