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Entre la timidez, la ida y la vuelta [entrenamiento semanal]

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Kizuna Uchiha
Muerto

Entre la timidez, la ida y la vuelta [entrenamiento semanal]

Mensaje por Kizuna Uchiha el Mar Jun 19, 2018 12:56 pm

Entre la timidez, la ida y la vuelta
+8

Entre la timidez, la ida y la vuelta
Camino de Konoha, País del Fuego
Amanecer del martes, 26°C
Tres meses antes de La llama inextinguible


Desvincularse de eventos caritativos era una de las características nocivas que manchaba su identidad y daba la bienvenida a toda clase de insulto, molestia o decepción por parte de los informados de su ausencia. A diferencia de pensamientos ajenos que vinculaban la vagancia o la incompatibilidad del ninja para con los deberes misericordiosos, y ausente de un supuesto corazón cálido que se derretía y cautivaba a la hora de decidir entre la ayuda o el rechazo, él sí comprendía a la perfección el complejo que arrastraba como si fueran rocas en la espalda. Tales rocas nacieron en la niñez y fueron ganando peso, propagándose como una enfermedad hasta sus veinticinco años: le atemorizaba actuar en público; o, mejor dicho, le aterraba que la muchedumbre depositara los orbes sobre su ser, esperando que el Uchiha haga una maravilla en su empleo de soldado; dar un espectáculo frente a las masas, arrancar aplausos y sorpresas, risas y alegrías. La incomodidad y el fastidio le dominaban en esos momentos, como un gato arisco que huye de su insistente y cariñoso amo. Un hombre de gran timidez.

Esta vez tuvo que conocer el amargo sabor de la derrota.

Cada cierto mes era sabido que en Konoha se celebraba un extenso evento que se había vuelto una costumbre en la cultura de los verdes. Se trataba de una carrera de ida y vuelta situada en el camino externo a la ruta principal de Konoha; era abundante en obstáculos y que cada ninja podría superar si se mantenía avispado, si esto no era así, para el divertimento de los espectadores desde las gradas, tendrían la chance de ver a ese desafortunado darse un buen porrazo. El sufrimiento ajeno tenía como objetivo además de divertir, recaudar -como era habitual- increíbles cantidades de alimentos no perecederos y dinero para los hijos y viudas de los soldados que perdían la vida en la guerra. Un objetivo noble que cualquier ninja estaba dispuesto a colaborar, porque en Konoha el fuego ardía en cada corazón de los militares y civiles, uniéndoles en una camadería única.

Ese día los soldados de Kumo le sacaron a rastras de su hogar y lo pusieron en la carrera.

Ahora se hallaba rodeado de miradas que recaían e inspeccionaban su físico una, como si puntuaran su porte o apostaran quién llegaría primero a la meta. El Uchiha agachaba la mirada al suelo, buscando huir de cada persona, esperando que la mano del árbitro cayera al suelo para dar comienzo a la carrera. Tragó saliva, alzó la mirada e interiorizó consigo mismo, dejó que pensamientos alternativos dominasen su mente y expulsen las malas vibras; complicado, el encogimiento ante tanto murmullo saturaba sus oídos, buscó otras alternativas: contar los participantes con el rabillo del ojo como si enumerara ovejas antes de rendirse por completo al sueño, aquí se avasallaba ante la distracción; alzó miraba al cielo, a la par que se inclinaba y tomaba una postura de salida, el cielo estaba despejado y el sol invitaba al cuerpo a sudar sin piedad, el eco de las voces eclipsaban el de los pájaros que acompañaban la naturaleza cuando el sendero se hallaba solitario.

La diestra del juez se inclinó, corto y ágil. Las piernas traicionaron y Uchiha fue el último en salir de la meta.

No era el único que sentía la pesadez de los pasos, las plantas hundirse en el espeso y atrapante lodo. La suerte sonrió en sus primeros compases, pues el camino trataba a varios participantes con crueldad, provocando que parasen a extraer la mitad de la pierna enterrada en el barro (situación que la gente no desperdició para carcajear (ya que de eso el evento iba, animar al concurrente)). El camino adelante se hacía angosto y los competidores ágiles de mente, no tardaron mucho en descifrar el significado de los laterales cada vez más cerrados por delgadas cuerdas; todos echaron prisa, uniéndose a la idea del que primero llega, primero sale. Y todos se apelotonaron, cayendo, soltando “sin querer” algunos golpecitos a sus rivales; entre apretones el Uchiha se hallaba en el medio, recibiendo de todas direcciones los manotazos de extremidades ajenas. Finalmente, el primero consiguió salir, y el segundo, y el tercero que era el Uchiha.

Frente a los corredores, se presentaban obstáculos que el pelinegro no tardó en maldecir por lo bajo, interrumpiendo su ciclo respiratorio -de corredor no profesionalizado- a cambio de un bien común para todos los participantes, el preguntarse quién carajo colocaba frente de ellos la tan afamada “pista de comando”, de uso militar en los entrenamientos de la academia y posteriores a la graduación.

La primera -y la que más odiaba Kizuna- les daba la bienvenida con varios palos extendidos por los laterales y unidos a alambres decorados con púas; anexado al costado derecho varias sillas aguantaban el trasero de ninjas de Kumo, con un curioso aparato que daba la razón del porqué el pelinegro repudiaba el estorbo que tenía frente a su nariz. Los soldados se pararon y apuntaron a lo largo del camino con el famoso lanza agujas y no dudaron dos veces en disparar cuando el primer participante se tumbó al suelo para arrastrarse hasta el otro extremo.

¡Mierda! —exclamó al alzar la mirada y ver cómo los proyectiles se incrustaban en los árboles del costado. Las perlas negras que adornaban su rostro se tornaron en un fuerte carmesí, haciendo un deshonroso pero útil uso de sus habilidades, tal cual hacían el resto que poseían una complexión atlética mayormente marcada que él, un simple especialista en genjutsu.

Frente suyo, -además de tener al resto de participantes que le sacaban ventaja- se presentaban las vallas de considerable altura, capaces de arruinar piernas poco preparadas; fue entonces cuando agracedió al destino poseer el kekkei genkai activado, pues sino hubiera atropellado como otros atletas las cercas. Tras eludir y sentir que sus piernas se reventaban, un gran mural repleto de piedras incrustabas se imponía sacando pecho con sus varios metros de altura. Estaba totalmente prohibido hacer uso del chakra para sobrepasarlo, y varios de los integrantes de la carrera sufrieron por esa regla al caer una y otra vez al suelo. Kizuna incluido.

Los espectadores se estaban dando un festín de risas a la par que se llevaban las bebidas a la boca y aplaudían los esfuerzos de los militares por hacer de su esfuerzo físico una comedia. El Uchiha a la par que corría recordó a los espectadores y se percató de que su timidez era una tontería, pues se había olvidado de las carcajadas y las miradas. ¿O ese miedo al pensamiento ajeno sobre sí mismo ya no estaba presente como antes? Sonrió y siguió su paso, por varios minutos y varios obstáculos hasta finalmente alcanzar la meta.

Llegó último y feliz.

Y al ver que el gentío aplaudía su actuación, desde ese entonces, participó en todos los eventos que le invitaban.

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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

Re: Entre la timidez, la ida y la vuelta [entrenamiento semanal]

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Mar Jun 19, 2018 4:00 pm

TEMA CERRADOPuntos otorgados a Kizuna.

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