Últimos temas
» [Pasado - Libre] A cierta hora
Hoy a las 8:49 pm por Yakko

» [HN] Yakko # Genin
Hoy a las 8:10 pm por Yakko

» [Petición] Conexión diaria
Hoy a las 8:09 pm por Yakko

» [Pasado] Asegurando la base
Hoy a las 8:06 pm por Yamata

» [Guia y Petición] Hojas de creación
Hoy a las 7:48 pm por Hachiwaru Naito

» [Pasado] Collatio
Hoy a las 7:13 pm por Farahan

» [Censo Salvaje] 21/01/2019
Hoy a las 6:53 pm por Seiko Shouboku

» [Misión rango C] Dama del bosque (2)
Hoy a las 8:29 am por NB Chronicles

» [Tienda] La Armería
Hoy a las 1:05 am por Seiko Shouboku

Afiliados
Limpieza 18 - 01 - 19

Boku no Hero ROLLittle FearsPhotobucketCrear foro

|Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Kazashi Furukawa
Kazashi Furukawa
Kumo Genin

|Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Kazashi Furukawa el Miér Jun 20, 2018 9:52 pm

Escoria sin nombre.
Kazashi Furukawa
País del RayoPor ahí. (?)Pasado
El día apuntaba a ser uno de esos a los que su casi padre llamaba 'de perros'. Ya, de por sí, aunaba cuatro  indeseables conceptos que, a Kazashi, no le gustaban ni un pelo; madrugar, viajar, capturar criminales y lidiar -que no aguantar- al imbécil Eijiro Yotsuki eran, sin duda, una retahíla de acciones que, incluso en sus peores pesadillas, jamás habría llegado a imaginar dentro de una misma circunstancia. El devenir se reía de ella, fastuoso y, como único acto de rebeldía aceptable, a una Kazashi Furukawa nada contenta con la realidad que le había tocado vivir aquella miserable jornada, tan sólo le quedaba la poco satisfactoria opción de maldecir entre dientes todo lo que le fuera saliendo mal durante la ingrata misión adjudicada. A dedo, seguramente, porque la árida muchachita no atinaba a entender cómo, a alguien que los conociera, aunque fuera tan sólo un mínimo, se le podría haber ocurrido la negligente idea de adjudicarlos a la misma tarea. A alguien cruel, desde luego.

Así pues, despeinada, desastrada y, para qué negarlo, desesperada, se dirigía, con un apetitoso bollo de canela colgando impetuosamente entre los labios y la manoseada carta estrujada con saña entre sus briosas manos, hacia la dirección designada como punto de encuentro por las autoridades pertinentes. Porque sí, al parecer, ni elegir reunirse ya en el infierno les dejaban. Al menos, esperaba que el otro nombre que figuraba en la escueta lista de integrantes fuera acompañando a una persona simpática. O, como mínimo, más llevadera que el citado y siempre repudiado Eijiro Yotsuki. Oh, vamos, Kazashi, sabes que tú tampoco eres, precisamente, lo que se puede considerar una chica fácil de tratar.—No es lo mismo.—se respondió a sí misma, en un balbuceo ininteligible, mientras pugnaba por no atragantarse con las miguitas que se le colaban, de tanto en tanto, en la laringe. La ternura de una masa esponjosa recién hecha tenía un riesgo y un precio que pagar a cambio, ¿no? merecía la pena morir asfixiada con algo así. Torció hacia la izquierda, apretó los labios, seccionando al modesto desayuno por la mitad, y recuperó la semicircunferencia resultante con la diestra; ¿acaso, si yo fuera tan insoportable y pesada como Eijiro Yotsuki, podría llevar a cabo cosas tan asombrosas como la que acabo de hacer?

Oh, sí; en su caso, estaba claro que el ser un pelín irreverente, impetuosa y entrometida iba de la mano con el carisma que rezumaban todas y cada una de sus graciosas acciones. Lanzó una carcajada al aire, vibrante. No le gustaban los criminales, ni Reijiro Yotsuki -alias, el tercero en la línea sucesoria de una familia que ya consideraba la estirpe negra más clara del mundo-, ni empezar el día con la pierna izquierda, pero, al menos, con suerte, se ganaría unas moneditas con las que comprarle a Pochi unos cuantos caprichitos. Y, a lo mejor, regalarle a su casi padre algún cuadro muy abstracto y poco funcional; sí, de esos que despertaban emociones extrañas e incongruentes en todos aquellos que cometían el error garrafal de interesarse por ellos.—Y equipo, claro... o, la próxima vez que la vea, la señora Estrella me matará. No, peor aún, me obligará a matarme a mí misma.—no le infligía especial gracia la idea, así que, aunque le costara un gran trozo de  corazón renunciar a darle algo bonito a los suyos, se acordaría de destinar alguno de los fondos obtenidos a adquirir algo parecido a munición.

Paso que arraso.—avisó, vigorosa, a un anciano inusualmente lento que pasaba justo por delante de su camino. Como le dieron pena las pesarosas arrugas que se le formaron en las líneas de expresión al hombre mayor, no pudo contener la impetuosa necesidad de enmendar lo dicho.—¡Se lo decía a un chaval que se me puso antes por delante, señor! hay que ver: qué lentitud llevan algunos, ¿verdad? Cuesta creer que la juventud se retrase tanto y que, en cambio, la tercera edad, que ya debería estar descansando tranquilamente en casa, lleve tanta prisa siempre.—articuló con magnífica diligencia, al tiempo que le dirigía una de sus sonrisas más brillantes al diminuto anciano que, ahora, asentía frente a las palabras regaladas tal que si representaran el cumplido más significativo que le hubieran dirigido desde hacía mucho, pero que mucho, tiempo.—¡Nos vemos, señor! ¡y no corra tanto, o a la noche le dolerán las articulaciones! ¡hágame caso, soy casi médico!—le guiñó un ojo, ¡un ojo! y, afianzando el agarre de la calabaza que cargaba a la espalda, echó a correr calle hacia arriba, justo hasta las puertas de la aldea. El rígido carromato que los conduciría hacia el sur del país ya se encontraba allí, esperando para guiarlos hacia la peor de las pesadillas conocidas por Kazashi; estar con Eijiro Yotsuki.—Por favor, que el otro chico sea alguien normal. No pido demasiado, ¿verdad? tengo mucha buena suerte acumulada de todas las veces en las que la vida me ha tratado mal, así que esto, como mínimo, tiene que serme concedido.
Estadísticas:
  • Fuerza : 01
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 04
  • Espíritu : 12
  • Concentración : 07
  • Voluntad : 07
Chakra : 79
Cosas:

Estado de Kazashi
Chakra al 100%: Descansada y en perfectas condiciones. Puede pelear con todas sus facultades físicas.
inventario:
Bandana de Kumogakure no Sato — Colgando en su cintura.
2 píldoras de soldado — Bolsillo del pantalón.
Daikiri - En la cadera.
Calabaza - En la espalda.

Volver arriba Ir abajo

Hideki Shinozuka
Hideki Shinozuka
Kumo Genin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Hideki Shinozuka el Jue Jun 21, 2018 3:08 am

Escoria sin nombre
País del RayoInmediacionesVerano
Hay tres tipos de eventos que a Hideki le molestan, tres únicos especímenes en la cúspide de la mediocridad que no puede dejar pasar por alto. Aquella mañana había despertado de buena gana, con una sonrisa metódica y ardiente entre la dentadura blanca, uno de esos fenómenos que pocas personas son capaces de ver, y aquellos que ya han sido afortunados, no viven para contarlo. Levantó el cuerpo cual gigante y cuando estuvo de pie soltó un gran bostezo, pues nada daba más alegría que una mañana de verano, tomó la toalla indicada para meterse a la ducha y encontrarse con la sorpresa de que solo agua fría salía. Así, se cumplió el primero de aquellos eventos, no tener agua caliente con la que bañarse.

Ya con mal humor, cantado por la mediocridad de su edificio, tomó la ducha a prisas, dejando que su piel fuera torturada para finalmente salir de la ducha con una cara más bien larga, puesto que de la sonrisa nos vamos olvidando. Un bufido desesperado lo hizo correr a la cocina, tenía el tiempo contado, algo de cereal y leche serían los acompañamientos indicados para dar luz a lo que sería el resto de su día. Creyendo así que no podía empeorar abrió la puerta, ya listo para partir, incluso se dignó a tomar la bandana ninja y acomodarla sobre la cintura, a modo de cinto, ¡Que osadía!

Y ahí se encontró con el segundo de aquellos malaventurados eventos, el hombre que era el casero del edificio entero. —Hideki, de nuevo. —Espetó de golpe, con aquella voz gruesa que hacía eco en sus cejas negras y pobladas, aun a pesar de la falta de cabello. — ¡De nuevo se están quejando de tus putas burbujas! —Un reclamo enorme y justificado, pues avisos ya había tenido muchos. Hideki acomodó la camiseta de tela y sonrió. —No es mi culpa que solo simios habiten en este edificio, que no sepan lo hermoso que es arte, y si tantas quejas tienen, que vengan ellos personalmente. —El hombre calvo quiso levantar un dedo para reclamar, pero el rubio en un solo movimiento colando el índice sobre su labio lo hizo callar. —Además, le recuerdo que en ninguna parte del contrato dice que no puedo usar mis burbujas. —Una sonrisa pedante y triunfante, una muy distinta a la común. —Con su permiso, los hombres de verdad tenemos que trabajar. —Lo hizo a un lado la diestra y avanzó con la gloria de una batalla ganada sobre su espalda. Azotando la puerta de paso.

Finalmente se apresuró, paso a comprar algo de dulces para el camino, pues según el pergamino un largo camino le esperaba. Ya con alimento y equipo listo comenzó a caminar triunfante, pues de los tres únicos eventos que podían hacerlo molestar, solamente de dos de ellos se habían presentado aquella mañana, y con un poco de suerte el tercero y último se quedaría a descansar en su nicho, esperando para hacerlo explotar en otra ocasión. O eso esperaba, de todo corazón.

De modo tal que tras sortear un par de obstáculos en el camino—una mujer embarazada buscando ayuda para cruzar la calle debido a sus dolores y un perro que creyó que su soplador era su juguete—llegó a su destino amado, donde una melena café brillaba con astucia y perspicacia, casi tan iluminada que podía considerarla lo suficientemente llamativa como para no ignorarla en el proceso. — ¿Furukawa-san? —Espetó de golpe tocando con el índice el hombro de la chica, sin pena ni tapujos, como era común en él. Aunque a diferencia de lo esperado, la cara larga seguía ahí, ni la chica se merecía una sonrisa, por supuesto.
Cosas:

Técnicas
—.
Stats
  • Fuerza : 05
  • Resistencia : 05
  • Agilidad : 05
  • Espíritu : 05
  • Concentración : 05
  • Voluntad : 05
Chakra : 65

Estado de Hideki
Chakra al 100%: Descansado y en perfectas condiciones. Puede pelear con todas sus facultades físicas.
Inventario:
Bandana ninja — A modo de cinto, sobre la cintura.
Daikiri — En la espalda.
Píldoras del soldado (x2) — En el bolso sobre la espalda.
Dulces — En el bolso sobre la espalda.

Volver arriba Ir abajo

Eijiro Yotsuki
Eijiro Yotsuki
Kumo Genin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Eijiro Yotsuki el Jue Jun 21, 2018 11:54 am

Escoria sin nombre
Eijiro Yotsuki
País del RayoInmediacionesPasado
La hora señalada, el momento exacto, y con todos los preparativos conformados a la exactitud, Eiji de la estirpe Yotsuki se disponía a movilizarse.

- ¡Me largo por ahí! - Gritó en plena carrera sin dejar que ni siquiera su familia supiera a donde demonios se dirigía. Cruzó el porche como una exhalación y en pleno ímpetu de aquella carga dantesca, a punto estuvo de arrollar a un jardinero de los anillos exteriores. - ¡Apártese o muera! - Le gritó a modo de... disculpa, supuso. Apenas un par de jadeos después, pudo escuchar los gritos desaforados de su madre reclamando su presencia. Cosa nada agradable, luego tendría que lidiar con su furia indómita pero ahora no había tiempo para informes al detalle. Sabia de su tendencia a controlarlo y su respuesta... eran asaltos fulgurantes hacia la libertad. Golpear y fallar antes siquiera de pedir permiso o lo que fuera. La velocidad era iniciativa, y atravesando finalmente el pórtico de su vivienda, Eijiro se vio por fin sobre las calles. Cargando su habitual equipo, su abrigo de pieles negras como una espantosa bestia sobre los hombros, con su equipo afilado y engrasado, sus presentes a su chica bajo un brazo y un vigor irrefrenable. Se permitió sonreír en mitad de la carrera, rezando por ser el primero en llegar antes de que dieran un paso fuera de la aldea. Sabía de las pretensiones de Kazashi por hacerse la interesante. No le molestaba en absoluto; le encantaba que fuera tan difícil.

Unas cuantas zancadas más le llevaron a los arrabales de la aldea y sintiendo próxima la entrada, decidió apretar el paso ya de por sí acelerado. Frunció el ceño, aseguró sus presentes y posesiones y se decidió a ello. Apretó los dientes y mostró una feroz sonrisa leonina, de aquellas tan suyas, tan propias y desafiantes. ¡Carga a ultranza!

Con suma maestría, esquivo a una pareja de cincuentones malhablados con un bello giro sobre su izquierda, dribló frente a una jauría de niños de párvulos que, presos del ímpetu, decidieron perseguirle con palos y narices moqueantes. Abriendo los ojos de espanto ante sus malas maneras, decidió convertir aquella carga en una huida desesperada.

- ¡Basta, necios! ¡Imbéciles! ¡Dejadme hijos de puta! - Gritaba en plena carrera, tratando de ahuyentar a aquella manada de críos tan motivados en su empresa de desbaratarle el traje y las buenas formas que parecieron redoblar esfuerzos en derribarlo. Con tres de ellos sobre el flanco derecho, media docena siguiendo de cerca sus pasos y uno sobre el flanco izquierdo, parecía una carrera absurda por una meta tan ridícula como salir de la aldea. Acerado, sintiéndose desafiado por aquellas masas de narices moqueantes y cabezas redondas como melones pochos, Eiji se lo tomó como una afrenta personal. Asintió hacia los criajos de su derecha y estos, parecieron corresponder el desafío liberando una suerte de griterío discordante. Y por supuesto, aquella calle cayó en el caos mas absurdo que uno podía imaginarse.

Apurando, forzando sus piernas y su voluntad, consiguió zafarse de ellos al salir de la aldea finalmente. Pudiendo oír toda clase de agudas maldiciones mal pronunciadas tras su estela. Triunfante, dudó de ofrecerles el dedo de enmedio, se contuvo, temiendo enseñarles demasiado. Se percató entonces de que ya les había dicho de todo... se encogió de hombros con un aspaviento despreocupado. Contento consigo mismo, prefirió obviar que sus oponentes eran tan solo niños emocionados en exceso. Luego... ya adornaría la historia como fuera.

Caminando por fin, pudo divisar aquella melena de chocolate fundido en mitad de la espesura exterior, ah, su chica ¡Pero! Una nueva cabellera rubia se le acercaba. Apurando distancias, pudo acercarse justo en el instante en el que pronunciaba su apellido. Bonito, por cierto. Le recordaba a un mercado de calabacines del centro.

- Eh, eh, eh, eh... futura señora Yotsuki, si no te importa. - Añadió antes de que nadie respondiera a su pregunta. Y ahí se presentaba Eijiro, bolsita bajo el brazo izquierdo, melena dorada ondeante y rostro enmarcado en el esfuerzo de una huida épica.
Estadísticas:
  • Fuerza : 12
  • Resistencia : 7
  • Agilidad : 12
  • Espíritu : 12
  • Concentración : 7
  • Voluntad : 7
Chakra : 74
Inventario:
Bandana de Kumogakure no Sato - Prendida en el cinturón.
Daikiri - En el cinto, lateral izquierdo.
Estuche pequeño - Muslo derecho - 2 Kunai, 3 Shuriken.
Estuche pequeño - Muslo izquierdo - 1 Kunai, 3 Shuriken
Estuche mediano - Zona lumbar - Alambres ninja x05, Bombas de humo x02, Píldoras de soldado x02
Comunicador - Oído derecho
Puños americanos - Enfundados en el cinto, lado derecho
Comunicador - Bolsita de regalo, bajo el brazo izquierdo

Volver arriba Ir abajo

Kazashi Furukawa
Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Kazashi Furukawa el Jue Jun 21, 2018 12:38 pm

Escoria sin nombre.
Kazashi Furukawa
País del RayoPor ahí. (?)Pasado
Un dedo índice clavándose en una clavícula demasiado huesuda, un apellido pronunciado con excesiva corrección y, al darse la vuelta, una cara larga dándole la bienvenida al infierno que los aguardaban en el sur del país. Aunque, a lo mejor, podríamos... Iluminó la comisura de sus labios con una de sus sonrisas más radiantes, elevó vigorosamente la diestra para apoyarla en el hombro del, por ahora, todavía desconocido y le dirigió una mirada de leyenda. Lenta, decidida. Aunque no solía depositar demasiadas esperanzas en los chicos rubios, por una vez, haría una excepción y confiará una parte de su fe infantil en aquel aparentemente apático -pero, sin embargo, inesperadamente educado- compañero adjudicado a dedo. A pesar de que la corona que llevaba por cabellera estuviera labrada en oro, no dejaba de tener un cariz diferente al de Eijiro Yotsuki; era de un tono más suave, más fácil de mirar.—Escúchame atentamente, Shinozuka Hideki. No tenemos mucho tiempo antes de que...—oh, maldición, ¿era una melena leonina lo que se asomaba tras aquella pareja de mediana edad? antes de que pudiera volver a entreabrir los labios para dejar escapar alguna clase de improperio que reflejara la poca simpatía que el recién llegado le despertaba a la altura del estómago, este ya se encontraba, 'para variar', tomándose las libertades que le vinieran en gana.—Tú.—como saludo, era hasta demasiado amable teniendo en cuenta la manera en la que él la había presentado a ella. Apretó la mandíbula, hizo chirriar los dientes entre sí; gestionar la frustración, lo llamaban los expertos. No partir cráneos rubios, lo apodaba Kazashi.—¿Futura señora Yotsuki?—repitió lentamente, al tiempo que alzaba los nudillos y los hacía crujir, impaciente.—Antes me casaría con Shinozuka Hideki, imbécil.—articuló, tal vez, con excesiva ligereza, mientras le dirigía una mirada vibrante, exageradamente ardiente, al niño mimado de las narices.—Te queda grande el traje que quieres vestir, tercero.—y le volvió el rostro, así, con todo el descaro del mundo. Entornó los párpados, cambió la irritada impresión grabada en la incrédula curvatura de sus cejas y, emocionada, posó de nuevo una extremidad -en esta ocasión la izquierda, la del corazón- en el hombro parejo del que, desde ahora, sería considerado como el mejor compañero que había tenido jamás.

Shinozuka Hideki, ven conmigo un momento.—pidió, dramática, haciendo un breve ademán con la barbilla para invitarle al otro lado del carromato. Dio media vuelta, confiando en que el apagado Hideki la seguiría y, mientras se alejaba, le dirigió una última mirada cegadora a Eijiro.—Tú no estás invitado, ¿de acuerdo? ahora volvemos.—oh, qué fiereza y animadversión denotaba al expresarse la árida muchachita, ¿verdad? Cuando llegó al punto indicado, cerciorándose de que quedara aquel añejo vehículo de por medio, dándole la espalda a quien esperaba que fuera Hideki, cruzó los brazos bajo el pecho.—Shinozuka Hideki, antes de partir, tengo que advertirte; con Yotsuki Eijiro aquí, corremos peligro. Siempre, a todas horas, en todo momento, en toda circunstancia. No exagero: le prenderá fuego al agua, insultará a todo lo que pueda ser insultado, se meterá donde y con quién no deba meterse y, lo peor de todo, alardeará de ello constantemente.—respiró hondo, pegó un pisotón en el sempiternamente polvoriento camino, rotó la posición del cuerpo para quedar de medio lado, teniendo, así, una visión completa del mencionado.—Yo te protejo a ti de él, y tú me proteges a mí.—asintió con vigor, exagerada, dramática y vigorosa como de costumbre.—Seremos un equipo.—sonrió, dinámica, y elevó el pulgar en un gesto que esperaba que inspirase confianza.—El escuadrón anti Yotsuki Eijiro.—terminado el monólogo, elevó la diestra por encima de la cabeza y la zarandeó de izquierda a derecha, queriendo llamar la atención del leonino Yotsuki; hasta sonrió, así de buena era su actuación.—¡Sube al carromato! nos vamos.—buscó con la mirada a Hideki, expectante.—Por lo que más quieras, siéntate en el medio.
Estadísticas:
  • Fuerza : 01
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 04
  • Espíritu : 12
  • Concentración : 07
  • Voluntad : 07
Chakra : 79
Cosas:

[/b][/color]
Estado de Kazashi
[color=#cd5500]
Chakra al 100%: Descansada y en perfectas condiciones. Puede pelear con todas sus facultades físicas.
inventario:
Bandana de Kumogakure no Sato — Colgando en su cintura.
2 píldoras de soldado — Bolsillo del pantalón.
Daikiri - En la cadera.
Calabaza - En la espalda.

Volver arriba Ir abajo

Hideki Shinozuka
Hideki Shinozuka
Kumo Genin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Hideki Shinozuka el Jue Jun 21, 2018 2:02 pm

Escoria sin nombre
País del RayoInmediacionesVerano
Y así es como llegó el tercer y último evento, la cuspide de la mediocridad de un mal día en la vida de Shinozuka Hideki, tratar con un par de enfermos mentales. No hubo necesidad alguna de seguir a la muchacha al instante, en el momento en que sus compañeros comenzaron a intercambiar palabras Hideki se dio cuenta que estaba completamente jodido, que durante esta misión no solo tendría que lidiar con el tercer evento, sino que también con la idea de que los otros dos ya habían sucedido. Un maldito día, no, un maldito medio día, ¡No! Un par de jodidas horas fueron suficientes para mandar todo a la mierda y hacerlo enojar. Aquella cara larga de pronto se tornó en una de malos amigos.

Desconocía la relación del par de subnormales, a quienes a partir de ahora llamaría la pareja de imbéciles, pues para futuras anectodas tendría claro que este muy probablemente sería el peor trabajo de todos en bastante tiempo, ¿Por qué no podía trabajar con gente normal y mujeres hermosas? Musas dignas del recuerdo y del arte, hombres estúpidos que solamente abrieran la boca para decir algo con sentido, pero no, el destino se había enfocado en recordarle que era un inútil de momento, que debía seguir adelante y lidiar con ellos para nunca volverlos a ver en su vida. Hideki no tuvo mucho tiempo, de un momento a otro se vio apresado por las manos larguiruchas de la dama de chocolate, junto a una invitación a platicar en privado.

Un suspiro amedrentado sin pena, visible para ambos, que notaran el pesar que su pobre alma de artista ahora estaba cargando debido a los recientes acontecimientos. Siguió de manera sinuosa a la chica, apreciando por primera vez las curvas que denotaba su cuerpo, tenía cierta afición por apreciar la anatomía femenina, pues aún no encontraba a su musa predilecta, aunque, spoiler, Furukawa había hecho menos puntos tras todo el acto dramático. Una vez detrás del carromato un sermón digno de película salió de su boca, al parecer no solo existía un odio fundamentado hacia el tercero de esta horrible ecuación, según la chica, Eijiro era el motivo de toda desgracia, un gato negro hecho persona que destruiría todo a su paso debido a sus excéntricas cualidades. De modo tal que tras tantas palabras se había ganado un lugar en un escuadrón que buscaba hacer de Eijiro una carga menos.

No se que problemas tengas con él o de donde lo conozcas. —Bramó por primera vez desde que había preguntado si era ella la chica a la que buscaba, estaba harto ya. —Tampoco es que me importe demasiado, la verdad. —Confesó regresando el rostro para mirar al gato negro. A la par, la dama comenzó a llamar al susodicho y de paso una petición más fue solicitada. Hideki esperó a que los tres estuvieran reunidos y aclaró la garganta para hacerse escuchar por ambos. —Miren, he tenido un mal día, no quiero que esto vaya a peor, por lo que esta chica dice tú eres un puto subnormal capaz de mandar todo a la mierda en un instante, y venga, me parece correcto que seas retrasado. —Casi a gritos el índice se clavó sobre el pecho de Eijiro de manera imaginaria. —Pero, por lo que más quieran, no monten una puta escena a mitad de todo esto. —Terminó de golpe, dirigiéndose a ambos.

El rubio no esperó respuesta alguna, caminó sin prestar más atención para tomar subirse al transporte que los llevaría al lugar indicado. Se apoderó del asiento de en medio tal y como la chica lo había pedido, otorgaría el beneficio de la duda a la mujer, no perdía absolutamente nada, ¿Verdad?
Cosas:

Técnicas
—.
Stats
  • Fuerza : 05
  • Resistencia : 05
  • Agilidad : 05
  • Espíritu : 05
  • Concentración : 05
  • Voluntad : 05
Chakra : 65

Estado de Hideki
Chakra al 100%: Descansado y en perfectas condiciones. Puede pelear con todas sus facultades físicas.
Inventario:
Bandana ninja — A modo de cinto, sobre la cintura.
Daikiri — En la espalda.
Píldoras del soldado (x2) — En el bolso sobre la espalda.
Dulces — En el bolso sobre la espalda.

Volver arriba Ir abajo

Eijiro Yotsuki
Eijiro Yotsuki
Kumo Genin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Eijiro Yotsuki el Jue Jun 21, 2018 2:50 pm

Escoria sin nombre
Eijiro Yotsuki
País del RayoInmediacionesPasado
Tan solo con aquella frase, supo que desataría tormentas, que su chica se revolvería como una fierecilla indoblegable y que disfrutaría de toda clase de calificativos. El primero fue inesperado, tanto que abrió los ojos con cierta curiosidad, incluso alzando las cejas al unísono al escuchar aquella posibilidad de matrimonio tan nefasta como sorprendente.

- ¿Quien coño es Shinozuka Hideki? - Preguntó, mirando a los lados e ignorando de forma deliberada al hermano de melena rubia que tenia justo en frente. Claro, lo había visto. Pero ni por un instante lo había percibido como un rival o un oponente digno que pugnase por los afectos de Kazashi. A esa malencarada desagradecida le iban otra clase de hombres enteros, como Eijiro, claro. - ¿Tercero? Psé... - Chasqueó la lengua para dedicarle una mirada de soslayo a la misma nada. - Mejor ser el tercer de un apellido como el mío que no ser nada en una pocilga. - El bastardo tenía lengua, como no. Y cuando quiso seguir respondiendo pudo verlos alejarse tras el carromato, ocultándose... de una forma insuficiente e inconclusa. Chispeante, no tardó más de un par de zancadas en apoyar un pie en una de las ruedas del carro y con el segundo impulso arrojarse dentro con una gracilidad digna de encomio. Ahí permaneció, con la bolsita sobre el pecho y el oído bien atento a todo cuanto pudiera percibirse.

Lo que en un principio esbozó como una de aquellas sonrisas radiantes, vigorosas e imperturbables fue borrándose con cierta lentitud. Pronto, aquella bolsita pareció arderle sobre el pecho, quebrarse su voluntad de entregar nada, vergüenza improbable dominando su semblante. Eijiro se encontró entonces en un sendero azaroso, donde sus pretensiones parecieron del todo desestimadas, sus voluntades humilladas y su nombre manchado. En otras ocasiones, sencillamente habría interrumpido la conversación con una muestra de genialidad arrebatadora ¿Y que ocurría entonces? ¿Era la presencia del otro? ¿Aquel desprecio velado que Kazashi sentía por su persona? Apretó la bolsita, y volviendo a escuchar la voz de aquel hombre, que por lo visto se trataba del tal Hideki, se decidió a actuar.

Se incorporó de un impulso, asomándose por encima del carromato con gesto de pocos amigos y una mirada afilada hacia su chica. Sabía de su genio, de su falta de tacto e incluso de su tendencia a la violencia sin motivo ¿Pero eso? Que que...

- Que feo eso que has dicho, muñequita. - Anunciaba con el gesto agriado, al tiempo que se apoyaba con ambas manos por encima del tablón de madera que delimitaba el lado izquierdo del carro. Con la bolsita aún pendiente de su zurda, dudó todavía si entregarlo. A las palabras de Hideki, Eijiro no le dedicó ni una sola mirada. No por falta de respeto, sino más bien por cierto desinterés mezclado con aquella afrenta presentada por Kazashi, a la que observaba con una severidad pocas veces vista. - El hermano de melenita rubia tiene razón, por muy mal que hable y este tan ciego como un pato sin ojos. - Casi pudo sentir su dedo apuñalandole el pecho, a lo que entonces si le quiso devolver una mirada de circunstancia. Ese capullo al menos era sincero, eso lo apreciaba. - Ah, vamos, se te ve en la cara que te encanta el drama. Al menos eres sincero y eso puedo respetarlo. En cambio a la niña de mis ojos le gusta más hundirme en el barro antes que darme las gracias. Y eso que hoy vengo con regalos... - Con el corazón enternecido y curiosamente, algo ofendido con esa presunción que estaba comenzando a arraigar sobre su posible retraso mental, le arrojó la bolsita a Kazashi en plena cara. Sin mucho cuidado, por supuesto, para luego girarse y buscar un sitio cerca del conductor, algo apartado del resto.

En el interior de la bolsita, un nuevo comunicador sin estrenar ¿Y como trono? Un bollo aún caliente, espolvoreado con un azúcar de caña tostado cuyo color recordaba a las ensortijadas melenas de Kazashi, aun entonces conservando todo el dulzor. Desganado, Eijiro prefirió guardar silencio durante un tiempo. Fingió ofensa, cuando realmente lo enquistado no era otra cosa más que dolor.
Estadísticas:
  • Fuerza : 12
  • Resistencia : 7
  • Agilidad : 12
  • Espíritu : 12
  • Concentración : 7
  • Voluntad : 7
Chakra : 74
Inventario:
Bandana de Kumogakure no Sato - Prendida en el cinturón.
Daikiri - En el cinto, lateral izquierdo.
Estuche pequeño - Muslo derecho - 2 Kunai, 3 Shuriken.
Estuche pequeño - Muslo izquierdo - 1 Kunai, 3 Shuriken
Estuche mediano - Zona lumbar - Alambres ninja x05, Bombas de humo x02, Píldoras de soldado x02
Comunicador - Oído derecho
Puños americanos - Enfundados en el cinto, lado derecho

Volver arriba Ir abajo

Kazashi Furukawa
Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Kazashi Furukawa el Jue Jun 21, 2018 3:42 pm

Escoria sin nombre.
Kazashi Furukawa
País del RayoPor ahí. (?)Pasado
Algo en el gesto agriado de Yotsuki Eijiro le hizo sentirse mal. Algo en la manera que tuvo de arrastrar las palabras, en la, sí, dolida entonación esgrimida le hizo pensar que, tal vez, y sólo tal vez, se había equivocado prejuzgando (etiquetando) al siempre insolente león. Atónita ante la reacción del herido diablillo, desvió la mirada hacia Shinozuka Hideki, buscando, quizás, algo sólido y sostenible a lo que poder agarrarse por el momento. El tiro le salió por la culata. ¿En lugar de estabilidad? encontró irritabilidad desmedida, exagerada educación echada a perder por el camino y, por encima de todas las cosas, una inesperada explosión emocional que no parecía querer dejar títere sin cabeza. Dio un paso atrás, sabiéndose demasiado errada en sus valoraciones iniciales. Eres casi una mala persona, Kazashi; felicidades por tu mierda de ascenso en la jerarquía de indeseables.

¿Su primer error? confiar en los ojos amarillos de un cocodrilo. ¿Como había estado tan ciega? por un momento, había llegado a confundir a Hideki con un diente de león mecido por el sol; no volvería a pasar, se dijo. ¿La segunda equivocación? creer que el rey de la sabana no lloraba, no sufría y no sentía. Inspiró hondo, devastada. Y entonces, para coronar el horrible sentimiento que la embargaba, una bolsita volando frente a ella; al principio, temió que fuera una especie de bomba homicida. Después, al constatar que en su interior no había más que regalos, se sintió todavía peor.—...—muda de vergüenza y nuevamente hambrienta, escrutó a los integrantes del improvisado equipo posicionarse. Ahora, se arrepentía un pelín muchísimo de lo pedido al cocodrilo explosivo; pero claro, cualquiera se atrevía a retractarse con semejante mirada asesinada acechando por los alrededores. Soltó el aire retenido lentamente, subiendo entonces al carromato junto al inconstante dúo y eligiendo, por no quedar mal, el sitio disponible en la banda de asientos allanada por ambos. No fuera a provocar un incendio sentándose sola.

Podemos irnos.—le hizo saber al cochero que, a golpe de rienda y cancioncilla mal tarareada barata, espoleó a las desgastadas monturas que los conducirían hacia su destino con fingida determinación y alta graduación de alcohol en sangre. No estaba de humor para reproches, así que Kazashi se hundió un poquito más en el sitio y entreabrió la bolsa obsequiada inmersa en un silencio sepulcral. O, como mínimo, agonizante.—¡Vaya!—exclamó, emocionada de pronto, al tiempo que sacaba el pequeño aparetejo del envoltorio y se aferraba, con la mano disponible, al bollo azucarado y afrutado que venía debajo. La guinda del pastel era estupenda, pero, por supuesto, la mayor parte de su atención se la llevaría siempre la ternura de un masa esponjosa. A punto estuvo de pegarle un mordisco al redondo bizcocho, mas entonces, cayó en la cuenta de que, tal vez, no estaba siendo demasiado amigable con el grupo. Si quería llamarse a sí misma médico, no podía dejar que el ánimo y la moral del equipo se vinieran abajo tan rápido. Además, que seguía sintiéndose como el monstruo más feo del mundo después del dramático numerito anterior. Plegó los labios y, tras un doloroso instante de costosa deliberación, dividió el dulce en tres partes exactamente igua... bueno, la suya era un pelín más grande, pero tampoco era para tanto, ¿verdad? A fin de cuentas, la ofrenda iba dirigida a ella.—Tomad.—anunció, para luego tenderles las dos mitades restantes al cocodrilo malhumorado y al león magullado en el corazón. Un tanto ruborizada, una vez llevado a cabo el casi equitativo reparto, utilizó la zurda para colocarse el comunicador en el oído contrario. Dejaría que le hablara a la razón, sí. Y es que ya sabía cómo arreglar el estropicio causado.—Hablaremos por el canal siete, ¿vale?—sugirió, arrepentida por el daño infligido, mientras hundía la madera en los tablones desvencijados frente a ella. Tomó aire, queriendo añadir una última cosa a la disculpa.—Lo siento, tercero.—parpadeó, conteniendo un escalofrío insospechado y volvió la mirada hacia el ya bautizado como caimán.—Y, bueno, ¿conocéis el sur del país? dicen que se puede hacer un alpinismo buenísimo.—de inmediato, apartó la vista del rubio clarito y la enterró en el paisaje, deseando tirarse por la borda y ponerle fin a aquel episodio desastroso de la jornada. Shinozuka Hideki parecía a punto de estallar.
Estadísticas:
  • Fuerza : 01
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 04
  • Espíritu : 12
  • Concentración : 07
  • Voluntad : 07
Chakra : 79
Cosas:

Estado de Kazashi
Chakra al 100%: Descansada y en perfectas condiciones. Puede pelear con todas sus facultades físicas.
inventario:
Bandana de Kumogakure no Sato — Colgando en su cintura.
2 píldoras de soldado — Bolsillo del pantalón.
Daikiri - En la cadera.
Calabaza - En la espalda.

Volver arriba Ir abajo

Hideki Shinozuka
Hideki Shinozuka
Kumo Genin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Hideki Shinozuka el Vie Jun 22, 2018 11:20 pm

Escoria sin nombre
País del RayoInmediacionesVerano
Parecía que la pareja de imbéciles llevaba todo a un ritmo distinto, de un momento a otro lo que era el odiado Eijiro pasó a ser motivo de vergüenza por la tan extraña actitud de Furukawa. Entre dimes y diretes una especie de reprimenda salió de los labios del rubio para atacar la forma en que Hideki se comportaba, ignoró un poco todo el desastre causado y observó con cautela lo que parecía ser un mal comienzo para el equipo. Una especie de regalo fue lanzado y ganó el corazón de la chocolatada, vaya forma de perder los estribos, pensó el artista.

Notó al instante como la chica dejó atrás su actitud tan agresiva para con el chico, seguía sin entender bien la relación de ambos y hasta cierto punto le importaba bastante poco. —Que fácil se ganan tu corazón, princesa. —Reclamó el de ojos carmín, apuntando directo a la herida. —Quizá eres más blanda de lo que aparentas y el chico verdaderamente te vuelve loca. —Sentenció sin ahondar mucho en el tema. Hideki se aferró al asiento correspondiente, por el puro hecho de molestar y servir un poco de intermediario en el par de tortolitos tras su tan extraña disputa.

El rubio sacó de su bolso los dulces para matar tiempo en el camino, no era tan fanático del dulce, pero ya daba bastante igual, el día había ido de mal en peor. Así, sin pedirlo, la chica dio órdenes al cochero para que este se moviera y entregara paz a los integrantes, era hora de comenzar su camino rumbo a la mediocridad del país y cumplir su trabajo de una vez por todas. Con un poco de suerte alguno de ellos moría y no tendría que verlos de nuevo, aunque la realidad era distinta, a decir verdad. Muy improbable que alguno falleciera por el camino.

Se encontraba sumido en su miseria cuando la voz de la mujer se hizo presente, una ofrenda de paz a base de comida, nada del otro mundo. Hideki sabía lo que buscaba, hacer un poco las paces con el malnacido gato negro y matar el mal rato que habían pasado todos juntos. De tratarse de un ente cualquiera muy probablemente hubiera aceptado la comida y olvidar el mal rato, pero al instante recordó que se trataba de una integrante del tercer evento que tanto le molestaba, por lo que negó la idea de concederle tal derecho a la morena.

Tomó el bollo y lo partió en dos, entregando un pedazo a cada uno. —Seguro está envenenado. —Clamó, bastante seguro de su afirmación. —Te quería fuera de todo esto, ¿Lo recuerdas? —El rostro de Hideki ignoró por completo cualquier respuesta de Furukawa, al contrario, lo volteó directamente para mirar a Eijiro a los ojos. Una expresión se dibujó en su rostro, mientras el dedo pulgar señalaba a la chica. —Yo que tu no comía nada de lo que esta pueda ofrecerte. —Desdeñarte, siendo totalmente toxico y venenoso. Adjudicó tal actitud a su aburrimiento. Nada personal, se dijo.
Cosas:

Técnicas
—.
Stats
  • Fuerza : 05
  • Resistencia : 05
  • Agilidad : 05
  • Espíritu : 05
  • Concentración : 05
  • Voluntad : 05
Chakra : 65

Estado de Hideki
Chakra al 100%: Descansado y en perfectas condiciones. Puede pelear con todas sus facultades físicas.
Inventario:
Bandana ninja — A modo de cinto, sobre la cintura.
Daikiri — En la espalda.
Píldoras del soldado (x2) — En el bolso sobre la espalda.
Dulces — En el bolso sobre la espalda.

Volver arriba Ir abajo

Eijiro Yotsuki
Eijiro Yotsuki
Kumo Genin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Eijiro Yotsuki el Sáb Jun 23, 2018 9:25 am

Escoria sin nombre
Eijiro Yotsuki
País del RayoInmediacionesPasado
En el extremo mas cercano al carretero, donde el hedor de las bestias se hacía mas intenso Eijiro había decidido permanecer hasta llegar al punto acordado. Doliente, con la mirada ausente y las piernas cruzadas al igual que sus brazos, no parecía muy receptivo a cualquier gesto por agradable que este fuera, pero en el momento en el que se extendía la mano de Kazashi para ofrecerle parte del bollo obsequiado... extendió el brazo. Aún sin comprenderlo, sin necesitarlo ni añorarlo, Eijiro se giró de inmediato, dudó tan solo un instante y luego lo aceptó. Se mantuvo expectante unos momentos enterrando la mirada en el relleno de aquel dulce que había comprado por alegrarle el día a Kazashi. Se sintió algo mejor, no mucho más, desgraciadamente. Y aquella disculpa postrera que siguió a su mismo regalo ofrecido podría haber sido menos, no haber sido simplemente. Pero fue.

- Claro, por el canal siete. - Reafirmaba, al tiempo que ajustaba el resorte del comunicador con la mano libre y dejaba su parte del bollo cerca, aún sin probar ni un bocado. Si bien Eijiro se sentía aún dolido, quiso hacer el esfuerzo de no aparentarlo. Pareció algo más contento, quizás tan solo algo más lejos de la tristeza que antes lo envolvía. Pues poco podía hacer si despertaba aquellos sentimientos en Kazashi. Decidió que no le importaría nunca más, pero era un mal mentiroso. Enfurruñado con su falta de voluntad y entereza se abalanzó sobre el bollo, o este sobre sus fauces leoninas, y engulló su parte tratando de ahogar aquellas sensaciones en masa endulzada. Y joder que dulce era. A cada dentellada podía escucharse el crujir de los granos de azúcar tostado romperse contra la masa esponjosa, el relleno verterse por su boca y a Eijiro luchar por no ahogarse. Tras un par de golpes firmes sobre el pecho y de hallarse más cerca de morir de lo que querría haber reconocido, descubrió un hecho insólito. El hermano de melenita rubia no parecía tan arisco como en un principio. Ante sus declaraciones, chasqueó ambos dedos en un sonido amortiguado por el cuero de sus guantes y señaló a Kazashi, tan incisivo como acusador. - ¡Ahá! Sabía que en el fondo te morías por mis huesos, morena. - Asintió lentamente, aseverando un hecho que tan solo por la reafirmación de Hideki era más real que nunca. No era lo mismo pensarlo uno que dos, supuso ¡Eso era el doble! - Y ahora somos dos los que pensamos así que... va, preséntame a tu padre que iré pidiéndole la mano y eso. - Volvió a cruzarse de piernas y extendió la diestra por encima de la tabla que en ese momento, hacía de respaldo para su asiento en la carreta en pleno movimiento. A todo esto, el otro inconsciente miembro de aquel grupo variopinto no se detuvo en su intervención, ofreciendo su parte del bollo obsequiado, aunque juraría que lo llevaba haciendo un buen rato, con algunas palabras de desaliento que en Eijiro no provocaron más que una sonrisa contenida, cómplice y voraz.

- Ah... descuida. - Agarró el bollo ofrecido y le dedicó un asentimiento a modo de agradecimiento. - De querer matarme envenenado lo habría hecho hace mucho. Aunque a veces cuando comemos juntos me dan algunos ataques de indigestión así que o tiene mal pulso para las cantidades o duda en exceso. - Sin pensarlo mucho, y dedicándole una mirada a Kazashi que podía interpretarse como una daga voladora, se tragó el bollo de apenas tres mordiscos. No por hambre, sino por gusto, y por alguna suerte de intento de hacerle ver lo mucho que apreciaba aquel gesto que le había reconfortado en cierto sentido. Aún así, se sentía algo abatido por los momentos ya pasados. - Bueno... - Añadió justo al terminar de pasarse la lengua por los dientes y de saborear los últimos retazos de aquella pincelada de pastelería bien conformada. - ¿Y este como se llamaba? Lo pregunto por no llamarle hermano de melenita rubia para siempre. Sería ridículo informar de su muerte bajo el epitafio; "No le conocía mucho, pero su melena era fantástica" -
Estadísticas:
  • Fuerza : 12
  • Resistencia : 7
  • Agilidad : 12
  • Espíritu : 12
  • Concentración : 7
  • Voluntad : 7
Chakra : 74
Inventario:
Bandana de Kumogakure no Sato - Prendida en el cinturón.
Daikiri - En el cinto, lateral izquierdo.
Estuche pequeño - Muslo derecho - 2 Kunai, 3 Shuriken.
Estuche pequeño - Muslo izquierdo - 1 Kunai, 3 Shuriken
Estuche mediano - Zona lumbar - Alambres ninja x05, Bombas de humo x02, Píldoras de soldado x02
Comunicador - Oído derecho
Puños americanos - Enfundados en el cinto, lado derecho

Volver arriba Ir abajo

Kazashi Furukawa
Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Kazashi Furukawa el Sáb Jun 23, 2018 10:55 am

Escoria sin nombre.
Kazashi Furukawa
País del RayoPor ahí. (?)Pasado
El desplante la hizo sentirse atacada. Podía habérselo esperado del propio Yotsuki Eijiro, o incluso de su casi padre en un momento puntual, pero, ¿del insolente y apático cocodrilo con el que acababa de compartir uno de los mayores tesoros que había llegado a sostener entre sus manos a lo largo de toda su miserable -y muy perezosa- vida? ¡nunca! o, bueno, tal vez sí... ¡pero no le apetecía armar un escándalo por ofensivas previstas, sino por repentinas traiciones insospechadas! Frunció el ceño, arrugó la naricilla con gracia y, con una grandeza y una eminencia que nunca demostraba en su día a día, señaló con el índice al despreciable reptil que viajaba a su lado.—¡Vergüenza!—clamó, sobresaltando al beodo cochero que, en la parte delantera, disfrutaba de las incomprensibles conversaciones de los jóvenes e inexpertos soldados que transportaba. Aquel sí que era un buen día para dedicarse a aquello, ¿verdad? Pero volviendo al caso que nos compete, Kazashi no pensaba dejarse amedrentar por el asalto a doble escala al que estaba siendo injustamente sometida.—¡Vergüenza deberías sentir, Cocodrilo Shinozuka, por faltarme al respeto dentro de esta gran nación que habitamos, protegemos y amamos! ¡la insultas con tu displicencia y desagradecimiento! ¡te tiendo mi bollo como a un hermano, ¿y así lo pagas?! ¡todos los rubios sois iguales! ¡insoportables!—zarandeó la acusadora mano arriba y abajo, aceptando, por cierto, en el proceso aquel segmento repudiado que el descolorido Hideki le tendía. Lo del veneno, sin embargo, no la ofendió ni lo más mínimo. Devolvió la descarada extremidad a su posición original, animada. Ladeó el rostro, parpadeó numerosas veces fingiendo confusión; ¿y luego? rió.

Y, de pronto, mudó la expresión adherida a sus normalmente amigables facciones. Seria, imperturbable, digna villana de cuento... no, tal vez, hasta de alguna saga literaria de segunda para adultos poco exigentes en materia de argumentos, se inclinó levemente hacia delante y entrelazó -siempre con exagerado dramatismo- las manos por encima de las rodillas.—Así es, chicos.—anunció, grandilocuente, mientras imitaba una especie de sonrisa que tenía que recordar a la más retorcida de las perfidias y no a la peor de las interpretaciones habidas y por haber sobre la faz de la tierra.—Mientras no mirabas, Yotsuki Eijiro, he envenenado el regalo que me diste; en algún momento de este viaje, comenzarás a sentir retortijones en el vientre, unas ganas irremediables de ir al baño y, finalmente, tendido sobre la hierba, encontrarás tu indigno final.—articuló, con esmerado interés, al tiempo que se reclinaba nuevamente contra el respaldo y cruzaba las piernas, magnánima.—Mira lo que has conseguido tras tantos años de insistencia: hasta los desconocidos creen que me hago la difícil contigo.—se llevó la mitad del bollo ofrecida anteriormente a los labios, para luego darle un gran mordisco que bien podría haber descabezado a un pollo. Ni siquiera se preocupó de mantenerse en el papel, tal era la delicia que saboreaba.

¡Sabe un poco a cereza! ¡qué rico, por favor!—se pasó la lengua por la comisura de los labios para terminar de quitarse las miguitas que se hubieran quedado prendidas por la zona, ¡hasta el azúcar era insuperable! Y entonces, recordó la rigurosa e intensa escena en ciernes. No podía dejarla a medias, así que carraspeó con, ¿adivináis?, exageración y volvió a mirar al frente, turbia.—¿Por dónde iba? ¡ah, sí! Has difamado mi buen nombre, ¿quién querrá casarse conmigo ahora? ¡nadie! ¡ni siquiera Cocodrilo Shinozuka! En mi dolor y mi vergüenza, no me ha quedado más remedio que pensar en una...—y se puso en pie, de golpe, alzando ambos brazos hacia el cielo, inclemente.—... ¡venganza!—agitó los puños dramáticamente y, entonces, volvió a tomar asiento, recuperando la serenidad.—Me he tomado la justicia por mi mano, Yotsuki Eijiro, ¡prepárate para morir!—y se terminó el bollo que le quedaba, apenada. A saber cuándo podría volver a comer algo así, ¿verdad? Nunca, tal vez.—¡Disfruta la muerte por sobredosis de cianuro, tercero!—y rió malévolamente, risueña. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete... a la octava carcajada, como no podía ser de otra manera, se atragantó con su propia saliva y terminó tosiendo como una condenada.—¡C-Cocodrilo Shinozuka! ¡ayúdame! ¡me muero!—una actriz nata, ¿a que sí?
Estadísticas:
  • Fuerza : 01
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 04
  • Espíritu : 12
  • Concentración : 07
  • Voluntad : 07
Chakra : 79
Cosas:

Estado de Kazashi
Chakra al 100%: Descansada y en perfectas condiciones. Puede pelear con todas sus facultades físicas.
inventario:
Bandana de Kumogakure no Sato — Colgando en su cintura.
2 píldoras de soldado — Bolsillo del pantalón.
Daikiri - En la cadera.
Calabaza - En la espalda.

Volver arriba Ir abajo

Hideki Shinozuka
Hideki Shinozuka
Kumo Genin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Hideki Shinozuka el Miér Jun 27, 2018 5:41 am

Eijiro era más complicado de persuadir de lo que tenía contemplado, no se trataba de un ser manipulable como lo creyó en un principio, parecía tener encantado el tema de sus hormonas, quizá por razones que desconocía, pero tenía clara la forma en que aquella mujer podía tratarlo. Al ver su intento de malversación frustrado, terminó por rendirse y sumirse en sus pensamientos mientras el carromato hacía lo propio y los llevaba hasta el lugar de la misión. Sonaría un poco pedante, pero estaba harto ya de aquel par de subnormales, aunque especialmente de la dramática mujer miembro de aquel curioso trío.

Escuchó entonces la pregunta del rubio, bastante bien acertada, a decir verdad, aunque prefería no decirle su nombre. Sin embargo, tras meditarlo algunos segundos ensimismado decidió cantar, era mejor tener una buena relación con tus aliados, ¿No es así? —Puedes llamarme Hideki. —Escupió como si fuera una silaba, de forma rápida y conclusa, para no dar detalles de más ni detalles de menos. Entonces regresó la vista para mirar a la mujer, quien había comenzado un acto barbárico digno de prisión. No solo era una pesada y una mujer que quería deshacerse del otro, también era mala actriz.

Hideki borró toda expresión de su cara al instante y dejó a la chica terminar su tan mal acto. Observó y escuchó cada una de sus expresiones hasta que finalmente habló sobre morir. Una vez un silencio se marcó dejó ir un suspiro medio muerto. —Espero que esto haya terminado ya. —Espetó de golpe, mirando directamente al rubio para no cargar todo a la muchacha. — ¿Cómo mierda es que te gusta eso? —El índice derecho se levantó y apunto directamente al cuerpo femenino, de manera grosera y casi sin pulcritud. No tenía tapujo alguno en hacerle ver que sentía pena por lo que estaba viendo.

Finalmente regresó la mirada a la chica, acusatorio. —No sé cómo es que te dejaron salir de la academia. —Si hubiera sido él quien recibiera tal acusación, probablemente lo sentiría como un ataque directo al orgullo, pero no la conocía de nada y no tenía interés en hacerlo, al final del día eran conocidos de una sola ocasión, creía fielmente que su destino solo se cruzaría una vez en la vida. —En fin. —Soltó entre susurros, casi para sí mismo y que nadie más escuchara. Comenzó a comer de sus dulces, ya más tranquilo, la pena ajena ya había pasado.
Inventario Bélico:
Bandana ninja — A modo de cinto, sobre la cintura.
Daikiri — En la espalda.
Píldoras del soldado (x2) — En el bolso sobre la espalda.
Dulces — En el bolso sobre la espalda.
  • Fuerza : 05
  • Resistencia : 05
  • Agilidad : 05
  • Espíritu : 05
  • Concentración : 05
  • Voluntad : 05
  • Chakra : 65

Volver arriba Ir abajo

Eijiro Yotsuki
Eijiro Yotsuki
Kumo Genin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Eijiro Yotsuki el Miér Jun 27, 2018 8:52 pm

Percibió la duda, a duras penas entre los alaridos inspirados de su chica, pero finalmente, pudo oír la respuesta de aquel desconocido, que tan pronto como simple, pasó a denominarse...

- Hideki... eh. Ya has escuchado mi nombre siendo humillado de mil formas distintas, pero me presento yo mismo. - Dejó una pausa apenas de un instante, el suficiente para que Kazashi comenzara a interpretar su adagio por el pastelito envenenado. - Eijiro, de la estirpe Yotsuki. Tercero me llama ella a mala intención por tocarme las pelotas, pero sí, soy el tercero en la línea de sucesión ¿De qué? Pues de algunas posesiones de mi padre, quizás cierto renombre y responsabilidades de mi madre. Peso, taras, cargas familiares. - Resumía, utilizando el índice de su diestra para recoger el sedal de una larga lista de contratiempos, todos adheridos a su origen y nombre personal. - Y si crees que soy imbécil no conoces a mis hermanos. - Parte de verdad, quizás una suerte de confesión finalmente revelada al mundo, ahora que la aldea se presentaba lejana en la distancia. Acto seguido, tuvo que desviar la mirada ante la impertérrita interpretación de Kazashi, tan motivada como radiante. Eijiro tuvo que sonreír como venía haciendo desde siempre al verla despuntar a cada situación. Tan enérgica, vigorosa... apenas unos segundos de silencio o de ofensa bastaban para que estallase en aquel arcoiris que componía su animo y moral ¿Y el resultado de aquella tarde? Por lo visto su asesinato. Disfrutó del pasaje improvisado tanto como si lo estuviera viviendo, e incluso se sintió tentado de unirse a aquella refriega tan cómica como falsa. Desvió la mirada un momento, para percibir una reacción muy distinta en Hideki, y quizás por soberbia, quizás por descarado intento de presentarse como un capullo racional; no hizo nada. Ah, y como se lamentaba de no estar retorciéndose por los suelos del carro simulando una muerte espantosa. Incluso podría haber vomitado un par de shuriken en forma de sangre improvisada.

- Eh eh... ¿No has pensado que este descenso a los infiernos sociales no ha sido deliberado? ¡Ahora no hay nadie que se interponga entre nosotros! ¡Ven y bésame, zarpitas de arena! - Lo gritó, en un tono que quiso contener de alguna forma por no resultar estridente, pero igualmente fue uno desencajado y nacido del pecho. En lo referente a uniones con Kazashi no bromeaba, y no había nadie que pudiera socavarlo. Se cruzó de brazos fingiéndose condenadamente indignado ante aquella ofensa pretendida y quizás algo mal por haberla oído mencionar una boda con Hideki, aquel hermano de melenita rubia ¡Maldición! Lo había dicho de nuevo...

Habría gustado mantener aquel ritmo de conversación absurda, pero antes siquiera de considerarlo, Hideki pareció arremeter de mala manera contra Kazashi, solo por palabra, claro. Pero bien sabía que a su chica ello le dolía tanto o mucho más que un buen golpe. Al menos esos sabía tomárselos con filosofía ¿Pero el desprecio? Ello era un cantar muy distinto.

- Tiene sus virtudes, Hideki. Y joder, me alegro de que lo pongas en duda. Toda para mí ¿Verdad, chocolatito mío? - En parte por suavizar la escena, por hacerla sentir cobijada bajo su aprobación, se inclinó hacia adelante y le guiñó el ojo izquierdo, de forma que su compañero masculino no pudiera verlo y que con ello, aquel cobalto restallante por ojos le confiriese fuerzas a Kazashi. - Vamos ¿Tienes... ? - Sopesó las palabras un momento, pero prefirió ser un estúpido. Si, a veces se elige. No, la mayoría es algo tan natural como inesperado. - ¿Por que tienes que ser tan capullo? Lo dices como si hubieras perdido a la coja de tu madre por un fallo suyo. Joder, solo intenta relajar la situación y vienes con esa actitud de culo roto por la vida. - Negó unos instantes antes de echarse hacia atrás del respaldo,pasando la zurda por encima de la estructura de madera que componía el carro con cierto gesto de ácido resquemor, eso si, sin perder la sonrisa. Quizás por ella, pero probablemente por sí mismo.


Inventario Bélico:
Bandana de Kumogakure no Sato - Prendida en el cinturón.
Daikiri - En el cinto, lateral izquierdo.
Estuche pequeño - Muslo derecho - 2 Kunai, 3 Shuriken.
Estuche pequeño - Muslo izquierdo - 1 Kunai, 3 Shuriken
Estuche mediano - Zona lumbar - Alambres ninja x05, Bombas de humo x02, Píldoras de soldado x02
Comunicador - Oído derecho
Puños americanos - Enfundados en el cinto, lado derecho
  • Fuerza : 12
  • Resistencia : 7
  • Agilidad : 12
  • Espíritu : 12
  • Concentración : 7
  • Voluntad : 7
  • Chakra : 74

Volver arriba Ir abajo

Kazashi Furukawa
Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Kazashi Furukawa el Miér Jun 27, 2018 10:41 pm

A veces, cuando uno intentaba salvar o subsanar una situación difícil tirando rosas sobre un escenario vacío, corría el peligro de clavarse las espinas y quedarse con las flores en la mano; era un riesgo que, a Kazashi, normalmente no le importaba correr. No obstante, en aquella ocasión, los insolentes desplantes sí que le dolieron. O, más bien, le escocieron. Sin saber con demasiada seguridad si lo mejor sería arrancarse directamente las agujas o, por el contrario, dejarlas ahí, incrustadas bajo la piel a la altura del corazón y escociendo como diminutos puñales de daño, la usualmente encendida castaña se quedó paralizada en el lugar, temerosa de abrirse aún más las heridas y desangrarse en el sitio. Algunas palabras dolían como cuchillos: algunos silencios, asfixiaban. Ahogaban, atragantaban. Y lo que Eijiro no dijo o, más bien, no hizo, le ardió en el pensamiento con incandescente viveza; se le grabaría en lo más hondo de la memoria, lo sabía. Y así como comprendía que el error era suyo por apelar a la empatía de un cocodrilo enrabietado, también entendía que un mal carácter no justificaría jamás una puñalada. Tomó aire, carraspeó una última vez e, inesperadamente serena, volvió a sentarse junto al falso diente de león mientras apenas le dedicaba una indescifrable mirada de reojo al león real. Parpadeó a propósito, queriendo dejar claro que no pensaba guiñarle un ojo; ni ahora, ni en mucho tiempo. Odiaba la desmedida  falsedad, mucho más la injustificada.—Como si me importara una mierda gustarle a alguien.—masculló entre dientes, presa de la más honesta de las animadversiones. Enterró las heridas pupilas que la coronaban en el camino atravesado, incendiada por la inquina.

Apretó los labios: los dejó hablar como si, en realidad, la cosa no fuera con ella. Y aunque hubiera dado medio riñón por lograr que los comentarios cayeran en saco roto, lo cierto fue que le perforaron un órgano nuevo a cada ruptura de silencio. Descubrió que, curiosamente, aguantaba con mayor entereza una asfixia negligente que un descarado desangramiento inmerecido. Sometida a ambos intentos de asesinato imprudente, Kazashi se hundió en el asiento, apática, lúgubre y, por encima de todas las cosas, indolente. La defensa de Yotsuki Eijiro llegaba tarde, a rastras y en cantidades insuficientes: menudo donjuán estaba hecho el supuestamente gallardo soldado de brillante armadura de rayo. Amarga, a partir de ahora se reiría en la cara de cualquier príncipe amarillo que le prometiera su protección. Mohín instalado pulcramente sobre los labios, brazos cruzados bajo el pecho; resiliencia, se pidió en silencio, pero la desidia se le escapaba de las manos. Sencillamente, era una emoción que no estaba acostumbrada a paliar; mucho menos, a soportar. Si no gritaba, si no se ponía en pie y le cruzaba la cara al impresentable cocodrilo, era por deferencia al empeño y al esfuerzo que Yatori Hoshino ponía cada día en inculcarle el valor de la templanza. Oh, pero el hierro que era el autocontrol se le derretía por momentos; o estallaba, o moría. Por más que le pesara, eligió la segunda opción; dejar de respirar un rato, hasta que el crudo ambiente se deshiciera en vapor, no le parecía una mala idea. Se recostó contra el intento de respaldo que los separaba del entretenido conductor e, indiferente, se encogió de hombros ante lo dicho por el condenado dúo de rubios.—Bah, me la suda todo.—murmuró con inusitada avidez, al tiempo que torcía los labios en una media sonrisa sardónica y fingía seguir entretenida con lo suyo. Oh, qué bonitas son las montañas... todas irregulares, marrones y aburridas.—Si queréis pasar el viaje con cara de haber chupado un limón caducado, allá vosotros.—apenas elevó la diestra en un ademán inapetente, pesado.—Me dejaron salir de la academia porque estaban hartos de que todas las mañanas les pegara el culo a las sillas y de que les hiciera vudú a los profesores con los maniquíes de prácticas.—improvisó, inventándose un nuevo motivo para que el puñetero Shinozuka Hideki se siguiera burlando de ella si le daba la gana; al menos, eso que ganaba. Una risa nueva que añadir a la colección. Una sonrisa nueva que guardar en el corazón. Un estímulo nuevo para seguir protegiendo, defendiendo y, por más que costara creerlo, resguardando.—Cuando queráis os enseño cómo se hace, truenitos míos.—y, ahora sí, les guiñó un ojo antes de volver a perderse en el descarriado paisaje. Le lloraban las buenas intenciones de dolor, pero no soltaría las rosas. No aún.


Inventario Bélico:
Bandana de Kumogakure no Sato — Colgando en su cintura.
2 píldoras de soldado — Bolsillo del pantalón.
Daikiri - En la cadera.
Calabaza - En la espalda.
  • Fuerza : 01
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 04
  • Espíritu : 12
  • Concentración : 07
  • Voluntad : 07
  • Chakra : 79

Volver arriba Ir abajo

Hideki Shinozuka
Hideki Shinozuka
Kumo Genin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Hideki Shinozuka el Jue Jun 28, 2018 5:26 am

Era aguerrida, una guerrera sin igual con un brillo digno de oro, a pesar del color apagado de su piel y cabello. La dama de chocolate parecía haber cedido finalmente ante los intentos de hacer del trío un lugar donde todos pudieran ser amigos. No podía decir que ella no tenía la culpa, Hideki había dejado clara su postura y fue ella misma quien decidió correr a los brazos de aquel cascaron inhumano, en un intento fallido por hacer del artista alguien compartido, muy a pesar de que su actitud denotaba todo lo contrario. Había sido un trago amargo, pero seguramente tendría la fortaleza para superarlo y sobreponerse al evento.

Pronto el caballero defensor del sol salió para proteger la dignidad de su amada morena, el tercero soltó aquella larga lengua en un intento de defensa que fue a parar en nada, pues la mujer se había montado en su macho y había decidido optar por un silencio mediático. Haciendo creer a los presentes que ya nada importa, y que las punzadas del rubio no habían sido más que intentos banales por herir a una amazona. Dejó al hermano de cabellera terminar con su discurso y Hideki simplemente empezó a reír, un intento de insulto hacia una madre desconocida, lo normal entre los niños.

Finalmente carraspeó, ignorando por completo el comentario de la chica sobre que le importaba un bledo todo lo que estaba ocurriendo. —No me malentiendas escoria sin nombre, te puedo llamar así, ¿No? Al final eres el tercero y menos importante. —Tomó una pausa. —Fue tu musa quien optó por actuar como una niña siendo que nuestra relación no es más que laboral, quiero dejarte claro algo, me importa una mierda su relación, sus lazos e historias, yo vine aquí por trabajo. —Claro y conciso, como solía ser cuando estaba de servicio.

Ya entrados en calor Hideki se paró, escuchó entonces las últimas palabras de la chica y no puedo evitar mostrar otra vez esa sonrisa pesada cuando el guiño se hizo presente. —Eres linda, princesa, digna de casarte con un buen hombre, pero lamentablemente tu actitud te coloca como última de entre las disponibles. —Hiriente, de nuevo, sin pensarlo dos veces. —Dices que te importa un bledo y al final estás ahí sentada ahogando el coraje y tu bilis, para después explotar y responderme, aunque claramente antes había dicho que no te había importado en lo absoluto. —Estaba desatado, una furia meteórica que no planeaba parar en su arremetimiento, si esto fuera una pelea de box, probablemente Hideki estaría soltando ganchos en busca de herir cada centímetro de su piel. Y aun así era pletórico a la hora de repartir palabras, elegante y con una postura digna de un artista, la calma en sus frases era tal que resultaba burda y con ganas de matar, sin respeto a un prójimo desconocido. —Tus emociones son tu peor enemigo, princesa de chocolate, tu corazón caluroso que busca repartir calor a los amargados es esa daga que cortará tu cuello algún día, recuerda mis palabras, guapa, el día que te dediques a hacer lo que tienes que hacer no solo ganarás un aliado en este pobre artista desalmado, sino que también un fiel seguidor que dará su vida si es necesario. —Finalmente se dejó caer sobre su asiento, haciendo oídos sordos.

Un caramelo más a su boca.
Inventario Bélico:
Bandana ninja — A modo de cinto, sobre la cintura.
Daikiri — En la espalda.
Píldoras del soldado (x2) — En el bolso sobre la espalda.
Dulces — En el bolso sobre la espalda.
  • Fuerza : 05
  • Resistencia : 05
  • Agilidad : 05
  • Espíritu : 05
  • Concentración : 05
  • Voluntad : 05
  • Chakra : 65

Volver arriba Ir abajo

Eijiro Yotsuki
Eijiro Yotsuki
Kumo Genin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Eijiro Yotsuki el Jue Jun 28, 2018 9:23 am

Vano intento, voluntad quebrada y una sonrisa vanidosa que finalmente terminaba por extinguirse como un incendio ahogado. Eijiro pronto se sintió culpable, ensuciado de unas pretensiones que no eran suyas en origen, pues nada habría intentado de no haber sido por Kazashi, y ahora, sintiendo que la había abandonado a pensar aquello que ahora pronunciaba no podía sentirse peor.
En la esquina del carromato, con un brazo sobre el respaldo de su asiento improvisado y el gesto apesadumbrado por ello, habría querido levantarse de inmediato. Sentarse a su lado, abrazarla, quizás buscarle las cosquillas en un gesto que habría considerado acertado. Forzar uno de sus famosos golpes contra su acoso, quizás alguna broma de mal gusto de humor ácido y conocido. Eso la habría animado, la habría hecho sentir como siempre. Pero sin embargo, él decidió callar en pos de una buena relación entre los miembros. Cansado de ello, culpable, avergonzado y temeroso de cuanto mal pudiera haberle hecho a Kazashi, Eijiro se sintió finalmente; derrotado.
Sus últimas palabras fueron dagas, sus gestos golpes azorados que le hicieron temblar en el sitio. En sus ojos como joyas ensangrentadas, a pesar de su propia ineptitud, pudo ver ofensa, soledad... y eso, fue lo peor.

Por supuesto, Hideki no cesaría en aquellos impulsos, y un Eijiro exaltado por todo aquello no lo percibió de tan buen humor como habría debido. Y al momento en el que su nombre fue sustituido por aquel apelativo tan conocido por su vocabulario, Eijiro torció el gesto, la vista y pronto sus puños estuvieron cerrados en un propósito muy distinto al de la vergüenza pero alimentado por ella.

- ¡Pare el puto carro! - Gritó entonces, sobre aquel discurso desastroso al tiempo que su zurda golpeaba con insistencia las maderas que delimitaban el asiento del cochero y el resto del vehículo. Ante aquello, el pobre hombre dio un buen respingo, recogió las bridas tan rápido como pudo y el carro finalmente encontró la quietud en mitad del camino. Cuando hubo ocurrido, aquel despojo apenas había terminado de pronunciar toda esa descripción horripilante sobre Kazashi y aquello, ya no pudo tolerarlo de ninguna forma. Se inclinó hacia adelante, e incluso se levantó levemente del asiento, mostrándose agresivo, enfurecido por todo aquello. - ¿¡Quien cojones te crees que eres, capullo!? - Simple, pues no había lugar para metáforas elaboradas. Eijiro no era de esa clase de personas que toleraban un insulto dos veces, mucho menos tras los sucesos relacionados con Kazashi. Pues en cierto sentido era verdad, ella era arrebatadora, hermosa como ninguna y merecía todo lo mejor ¿Pero en palabras de aquel esperpento? Nunca, nada. - ¿No me has oído? ¡Bajate, cabrón! ¡Voy a romperte esos dientes de imbécil y cuando acabe contigo quizás tengas algo de respeto por quienes intenta llevarse bien con el saco de mierda con vista que eres! ¡Vamos! - Encendido, preso de un furor bien conocido, Eijiro tenía el cobalto de sus ojos crepitando a un ritmo frenético. Con los brazos cercanos a su cuerpo, inclinado a cierta distancia sobre Hideki y muy presto, posiblemente enzarzado en algo más que simple palabrería. Pues ello era herramienta de charlatanes, y sintiendo a Kazashi humillada, su estirpe objeto de mofa y aquella actitud absolutamente inaceptable, no cabía otro proceder.
Dio de pronto un golpe con la diestra en lo que hacia las veces de respaldo para el asiento de Hideki, antes el suyo. Fue rápido, dentro de lo posible, contundente hasta hacer que la estructura trastabillase por ello y tan pronto como fue dado, el carro entero pareció estremecerse.

- Te he permitido hablar demasiado, imbécil. Y lo peor de todo es que encima te sientes con una estúpida superioridad con la que das consejos a nadie. Voy a arrancarte todo eso a golpes, capullo y quizás cuando termine me den una medalla por romperte los dientes en un camino polvoriento sin nombre. - En tono áspero, consecuente y para nada amistoso. Eijiro parecía atento, expectante de abalanzarse sobre él o sencillamente sobre cualquier movimiento que hiciera. Sabiéndose cerca, estuvo muy seguro de poder echarlo del carro a golpes él mismo si no se apeaba por propia voluntad. Pero sin duda, la chispa que lo había encendido... - Ella no nos necesita a ninguno, mucho menos tus consejos de mierda. Ahora bájate del puto carro. Si te doy una paliza en él luego tendré que pagarlo. -


Inventario Bélico:
Bandana de Kumogakure no Sato - Prendida en el cinturón.
Daikiri - En el cinto, lateral izquierdo.
Estuche pequeño - Muslo derecho - 2 Kunai, 3 Shuriken.
Estuche pequeño - Muslo izquierdo - 1 Kunai, 3 Shuriken
Estuche mediano - Zona lumbar - Alambres ninja x05, Bombas de humo x02, Píldoras de soldado x02
Comunicador - Oído derecho
Puños americanos - Enfundados en el cinto, lado derecho
  • Fuerza : 12
  • Resistencia : 7
  • Agilidad : 12
  • Espíritu : 12
  • Concentración : 7
  • Voluntad : 7
  • Chakra : 74

Volver arriba Ir abajo

Kazashi Furukawa
Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Kazashi Furukawa el Jue Jun 28, 2018 10:43 am

A medida que Shinozuka Hideki iba perdiendo el control del que tanto alardeaba, Kazashi elevaba un centímetro más la mirada hacia el cielo; hacía demasiada luz. Demasiado sol. Demasiado día. Apretó la zurda contra la diestra, inflamada de una rabia que, en su momento, tan sólo el monocromático Yoshio Shita había sido capaz de sacar de lo más hondo y recóndito de sus normalmente amigables entrañas. Elevó la cejas, le dejó hablar; mantuvo el ardiente contorno de los iris incrustado en el lento divagar de las pocas nubes que osaban coronar el firmamento.

Arrugó la comisura de los labios, cerró los párpados anhelando, tal vez, oscuridad. ¿Noche? estrellas. Echaba de menos a Hoshino Yatori, sí. ¿Qué habría hecho ella en semejante situación? ¿explotar, retener, reparar o, por el contrario, quizás controlar? Entreabrió la boca, dispuesta a decir algo, cualquier cosa que sonara bien, pero terminó dejando silbar en silencio el aire entre los dientes. Se sintió pequeña. Ínfima al lado de una supernova moribunda que, al parecer, no tenía pensado dejar de estallar durante un buen rato. Tantos tipos de luces en la tierra que habitaban, y a ella siempre le tocaba lidiar con esa clase en concreto de incandescente, devastadora y asoladora energía; quiso llorar, pero, al menos, aquella marea sí que supo mantenerla a raya.—¿Dices que las emociones son mi peor enemigo? qué poco entiendes de todo, Shinozuka Hideki.—pronunció lentamente con inesperado y poco habitual laconismo. Se pasó la mano por los ojos, apartando la luz que le daba de lleno en la cara; estaba cansada de soles, dinamitas y relámpagos.—Te lo diré de otra manera: qué poco sabes de nada.—porque sí, Kazashi sabía de primera mano que las críticas siempre dolían más cuando, en lugar de resaltar presencias, se señalaban ausencias. Respiró hondo, aparentemente calmada. Le dirigió una mirada cortante, árida como la arena que acarreaba.—Sólo la dosis hace al veneno.—arremetió, siendo plenamente consciente de todos los matices y significados alternativos que la oración conllevaba, implicaba y sugería.—Algún día, Shinozuka Hideki, ese desdén y ese falso talante que crees que te traes encima te matarán. No me importa una daga en el cuello, si tengo un puñal amigo apuntando hacia la espalda contraria.—se mordió la cara interna de la mejilla, encendida.

Además, hablas de la importancia del  autocontrol emocional como si fueras el amo y señor de tus sentimientos; sin embargo, aquí estás, víctima de uno de los peores casos de incontinencia verbal que he visto en toda mi vida. ¿No estás aquí sólo por trabajo? pues cierra la boca, cállate y mantente recto. Da ejemplo.—todavía recostada contra el respaldo, se inclinó ligeramente hacia delante, queriendo adoptar una postura corporal que se adaptara más a la incongruente tensión tejida a golpe de lengua suelta en el pesado ambiente. Ligera y, aún así, sintiéndose hundida en el asiento, Kazashi tomó cuanto aire le permitieron sus polvorientos pulmones. Le ardían los ojos, le pestañeaban constantemente casi solos; conocía la sensación, dominaba la intención. Quería llorar. Sacudió el rostro, manteniendo la mirada seca, límpida, incrustada en la recia madera del carromato. Por más que le pesara, le doliera y la estremeciera, se tragaría las lágrimas que la asolaban por dentro aún si terminaba ahogándose con ellas. Y entonces, Yotsuki Eijiro estalló; o, más bien, restalló contra Shinozuka Hideki. Extraviada en la discusión en ciernes, se le había pasado por completo intentar mantenerlo bajo control. Fugado el relámpago del cobalto electrizante del Yotsuki, la ira ya era imparable; ¿el efecto secundario? inevitable. Paralizada en el sitio, estática, Kazashi creyó que se le saltaba un latido el corazón.—¡Eijiro!—acertó a exclamar, dándose cuenta, de pronto, de que efectivamente el desvencijado vehículo había detenido la inexorable marcha hacia lo que ella pensaba que sería el verdadero infierno. Al final, no habían aguantado así ni hasta el destino del afligido encargo. Movida por alguna clase de mecanismo ancestral que la obligaba a actuar cuando menos debería interponerse, Kazashi se puso en pie de un salto. Pasada la impresión inicial, se apresuró a poner una mano en el pecho del aludido Yotsuki y a intentar empujarlo hacia atrás. Lamentablemente, una fuerza desorbitada no era su mayor virtud; dudaba poder tener alguna clase de peso en la decisión tomada por el león desatado. Pero no podía, ni consentiría, que la situación se rompiera. Con la diestra apoyada en la suerte de respaldo en la que se apoyaba Hideki, la zurda todavía incrustada en el torso de Eijiro y el cuerpo semiinterpuesto entre ambos, Kazashi se cansó.

Esta vez, de verdad.—¡Ya basta!—la arena cautiva en la pesada calabaza que portaba a la espalda se elevó en el aire y, obediente, intentó rodear la cintura del incendiado Eijiro y alejarlo hacia atrás. Esperaba que los esfuerzos aunados del desierto en miniatura y su ínfimo empuje, lograran, al menos, hacerle recapacitar en la violenta resolución tomada. Demasiado irritada como para prestar atención real a si el movimiento surtía efecto, se imaginó guiando, orientando y designando al igual que la propia Yatori Hoshino hacía con ella.—Si queréis partiros la cara, adelante; pero no durante una misión oficial. Hacedlo en vuestro tiempo libre.—serena, flamante e inusualmente firme, intercambió miradas con ambas inflamables realidades, resuelta.—Todos vamos a cerrar la boca un momento, a sentarnos debidamente, a calmarnos y a tomar conciencia de quiénes somos, qué puesto ocupamos y a dónde vamos.—respiró con profundidad, grave en la entonación y templada en la demostración.—Después, manteniendo las formas, hablaremos lo estrictamente necesario sobre la tarea que nos ha sido mandada.apretó la mandíbula y la diestra, queriendo astillar la madera bajo su estremecida palma.—Y ahora, por favor, en lugar de protestar como enormes bebés gigantes, tan sólo diréis 'entendido' y haréis lo pedido. Vamos a ir a esa puñetera montaña, le patearemos el culo a los criminales que se han fugado, volveremos a la aldea y cada uno se irá por su lado a opinar sobre lo que quiera. ¿Entendido?


Inventario Bélico:
Bandana de Kumogakure no Sato — Colgando en su cintura.
2 píldoras de soldado — Bolsillo del pantalón.
Daikiri - En la cadera.
Calabaza - En la espalda.
Técnica utilizada:
Control de Arena (Básico)
Por medio del chakra, un Sabaku puede mover su arena libremente, dándole formas y usos simples. Dado que éste nivel de manejo es básico, tiene poco poder ofensivo/defensivo, pero cuenta con numerosos usos:
Efectos:
— Puede movilizar la arena hasta una distancia de 12 metros.
— Crear con ellas figuras pequeñas de medio metro (resistencia igual el 50% del espíritu del usuario).
— Lanzar pequeños y débiles proyectiles (Potencial igual el 50% del espíritu del usuario).
— Hacer agarres con la arena, atrapando alguna extremidad o demás con una equivalencia de fuerza igual al 50% del espíritu del usuario.
Consumo: 15CK por turno.
  • Fuerza : 01
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 04
  • Espíritu : 12
  • Concentración : 07
  • Voluntad : 07
  • Chakra : 79 - 15 = 64

Volver arriba Ir abajo

Hideki Shinozuka
Hideki Shinozuka
Kumo Genin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Hideki Shinozuka el Lun Jul 02, 2018 9:58 pm

Dicen que no debes juzgar un libro por su portada, mucho menos tentar a la suerte en mitad de algo incompetente. Hideki era totalmente consciente de lo que buscaba, de la cantidad de porquerías que había lanzado con tal de ver hasta qué punto la paciencia del par de imbéciles podía llegar. Y, a decir verdad, ambos habían aguantado, él en su situación probablemente hubiera estallado antes. Decía tener un autocontrol perfecto, pero era consciente de que sus deficiencias estaban ahí, al aire libre. Y es que orquestar un concierto requiere de mucho más que simplemente un ingenio barato.

Fue un ataque coordinado, de dos lados que no contaba, cada uno por su parte defendiendo lo que creían y como lo creían. De la chica no esperaba tal respuesta, pero había colmado su paciencia y era suficiente excusa para responder a cada uno de sus comentarios. Sin embargo, el león sí que lo había calado totalmente, sabía que no aguantaría mucho más, y aplaudía de algún modo su necesidad por defender a la chica que tanto renegaba de él. Hideki estaba a mitad de una encrucijada, el juego para él apenas comenzaba, debía ser lo suficientemente inteligente como para no caer en el mismo tipo de provocaciones.

Se mantuvo sereno, totalmente expectante ante lo que pudiera suceder, con aquella mirada seca que lo caracterizaba cuando estaba atento a lo que pudiera pasar. Haruka en muchas ocasiones lo dijo que ser frío no era su mejor cualidad, que esa explosión multicolor en sus sentimientos era lo que verdaderamente lo convertía en un artista hecho y derecho. Pero debía aguantar, por el bien de la puta misión debía hacerlo. Los dejó terminar a ambos, los dejó soltar el veneno que él mismo había inculcado con dolo, era lo correcto, ¿No es así?

No negaría que había formulado respuestas para los ataques del tercero, algunas más ingeniosas que otras, pero respuestas al final. Lamentablemente, cuando creyó que era el momento de hablar, aquella dama de chocolate hizo otra intervención, negando por completo todo lo que rubio pudiera hacer o decir. Matando así el ambiente que con trabajo había generado. Vaya mierda, pensó. También la dejó terminar, seguía con su actitud de intentar hacer al grupo uno y que esto no se fuera al carajo, maldita sea la hora en que nació su amor por tratar de juntar a dos en un mismo lugar esperando que fueran amigos.

Eche a andar el carromato. —Espetó de golpe en voz alta, esperando que el hombre hiciera lo suyo y no detuviera el avance por un par de riñas infantiles. —Resulta que el niño tiene dientes y me alegro, sin embargo, compañero, no me interesa pelear contigo y mucho menos durante una misión oficial. —Certero, aunque su tono de voz era mucho más calmo que antes, menos agresivo en todo sentido. —Y tu princesa, ¿Lo ves? El pobre tipo está loco por ti y la forma en que le pagas no es del todo justa, ¿Qué debe estar pasando por tu mente? Reniegas de un león cuya alma te pertenece. —Bostezó, estirando los músculos.

Centró la mirada carmesí en el Yotsuki. —Y tranquilo, sé que al ser el tercero el dinero no te alcanzaría para pagar los daños, lo entiendo hombre, pelearemos en otra ocasión. —Musitó. Bueno, suficiente veneno había ya contenido, pedirle que siguiera esperando a su alma era un suicidio. Buscó entonces la bolsa de dulces, aunque siempre manteniendo un ojo en el rubio. Le apetecía comer un poco más.


Inventario Bélico:
Bandana ninja — A modo de cinto, sobre la cintura.
Daikiri — En la espalda.
Píldoras del soldado (x2) — En el bolso sobre la espalda.
Dulces — En el bolso sobre la espalda.
  • Fuerza : 05
  • Resistencia : 05
  • Agilidad : 05
  • Espíritu : 05
  • Concentración : 05
  • Voluntad : 05
  • Chakra : 65

Volver arriba Ir abajo

Eijiro Yotsuki
Eijiro Yotsuki
Kumo Genin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Eijiro Yotsuki el Mar Jul 10, 2018 5:06 pm

El león incendiado que ahora era Eijiro no parecía ceder siquiera ante los ruegos de su chica. Contrajo el rostro, apretó los dientes y a su parecer, harían falta más que unas briznas de arena bajo el dominio de Kazashi para detenerlo.

- ¡No! ¡Déjame! ¡Pienso partirle la cara y luego podrás irte sin nosotros! - Gritaba, al tiempo que con ambos brazos trataba de zafarse de Kazashi sin llegar a un esfuerzo brusco e incontrolado. En Eijiro bullía la rabia, la ofensa y el deseo claro de arrancar respeto de su lengua a golpes. No obtenerlo siquiera, le daba lo mismo. Quería retribución y por su torpe hablar no lo conseguiría de ninguna forma que se le ocurriera. Torpe, inconcluso, por golpes, fiereza e insalubre violencia obtendría cierta satisfacción. Imprimiría respeto, quiso decirse, por ella y por él, aseguraba al tiempo que ignoraba cuanto Kazashi tuviera que mencionarle sobre misiones, concordia o respeto. E inflamado, casi podía alcanzar con sus garras la miserable cabeza del imbécil que por lengua suelta iba a perderla. Se imaginó pisándola contra el polvoriento pavimento sin orden ni límite y por aquella violencia, pareció ceder. Se comprendió excesivo, se halló forcejeando como no lo había hecho con Kazashi y su voluntad pareció quebrarse. Nuevamente aquel exabrupto imberbe parecía tener algo que decir sobre todo ello, y en alusión a sus dientes de niño, por lo visto, Eijiro sonrió con suficiencia de forma tan desdeñosa como amplia sus intenciones.

- Llámame lo que quieras, capullo. Cuando me cuentes como se cagan tus propios dientes no estarás tan suelto como ahora. - Aún de pie, pero cesado el forcejeo, se permitió ascender la zurda hasta los hombros de Kazashi, atraiéndola hacia él en un gesto de calma sopesada. Afecto, entereza que no poseía pero sin duda asentimiento. Callaría, se calmaría y no por aquel despojo, por ella, por supuesto. Nadie habría imaginado lo contrario, aunque tuvo que ver la mención de su carrera truncada por altercados de esta clase y en el pellejo del tercero de su estirpe, pareció inculcarse cierto sentimiento de temeroso respeto hacia las consecuencias. Carraspeó y sin apartar una mirada de desprecio por Hideki, ya desprovisto de aquella sonrisa, alzó la voz de nuevo. - Siga con el viaje, carretero. - Y el hombre, asustado de cuanto sucedía tras su espalda, no inquirió ninguna señal más que esa. Dio un azote a la bestia alterada por el estruendo y comenzaron de nuevo a recorrer el sendero.

Eijiro, terminó por apartar a Kazashi de su vera con cierto resquemor. Habría preferido que se quedara con él, sintiéndose vulnerable como un cachorrillo y falto de sus atenciones joviales. Contuvo sus deseos y sencillamente, se sentó en su sitio con cierto desequilibrio por el nuevo impulso del carromato. Extendió los brazos, y se mantuvo expectante de Hideki, sin apartar la vista de aquel irrespetuoso ingenuo del beso de unos nudillos recios.

- A este tercero le pagan más que al primero de todos tus ancestro habidos y por haber. Guarda silencio de una vez, joder. - En reprimenda, afectado y áspero, Eijiro habría preferido devolverle una patada en la nariz antes que un par de frases mal escogidas. Ciertamente irritado, se deleitó tan solo en la ilusión de la misma.

Inventario Bélico:
Bandana de Kumogakure no Sato - Prendida en el cinturón.
Daikiri - En el cinto, lateral izquierdo.
Estuche pequeño - Muslo derecho - 2 Kunai, 3 Shuriken.
Estuche pequeño - Muslo izquierdo - 1 Kunai, 3 Shuriken
Estuche mediano - Zona lumbar - Alambres ninja x05, Bombas de humo x02, Píldoras de soldado x02
Comunicador - Oído derecho
Puños americanos - Enfundados en el cinto, lado derecho
  • Fuerza : 12
  • Resistencia : 7
  • Agilidad : 12
  • Espíritu : 12
  • Concentración : 7
  • Voluntad : 7
  • Chakra : 74

Volver arriba Ir abajo

Kazashi Furukawa
Kazashi Furukawa
Kumo Genin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Kazashi Furukawa el Miér Jul 11, 2018 11:05 am

Aunque los humos parecían haberse despejado levemente, Kazashi no podía sacarse de encima la pastosa sensación de que, en algún lugar del ambiente, algún horno seguía cremando, calcinando y reduciendo a cenizas en voz tan baja que bien podría haber pasado por silencio. Pero a ella la falsa cortesía no la engañaba: aunque los principales elementos conflictivos del momento hubieran suavizado los ánimos y extinguido aparentemente las ganas de guerra, Kazashi estaba segura de que los dos continuaban encendidos. Seguramente, el radiante Eijiro algo más que el apático Hideki. Apretando los labios con un ahínco desmedido, por una vez, permitió que el provocado león la estrechara ligeramente contra sí; le daba algo de miedo que, de no consentírselo, volviera a abalanzarse sobre el cocodrilo problemático sin que ella pudiera hacer nada al respecto. Con la mandíbula chirriante y la animadversión todavía latente a la altura de las sienes, le propinó un par de golpecitos en la espalda al que, de ahora en adelante, consideraría el rubio exagerado número uno; a fin de cuentas, el Yotsuki había llegado a su vida mucho antes que el otro indeseable. Sí, a su peculiar manera, Kazashi creía entender la importancia del tiempo. Entre dos personalidades tóxicas e inestables lo justo, lo honesto, lo correcto y lo que estaba mejor -que no bien- era apoyar a la original. A la primigenia. A la básica. A la que primero la había sacado de quicio.—Ala, ala, Eijiro, ya pasó.—esperaba que usando su nombre de pila y no alguno de los muchos apodos antipáticos que solía ponerle, el alterado soldado pudiera relajar un pelín los hombros y abandonar ese gesto malencarado que ahora se traía encima. Le dirigió una mirada abrasadora a Hideki, irritada. Cuanto más intentaba arreglar las cosas, más ahínco ponía el tercer problema de la ecuación en echar por tierra todos sus inestimables esfuerzos. Cansada, dejó que Eijiro tomara asiento en el mismo lugar que antes; ante el primer traqueteo de arranque del desvencijado carromato, ella también se concedió el derecho a dejarse caer sobre el asiento anteriormente usurpado. Cruzando los brazos por delante del pecho, enterró la mirada en el horizonte queriendo aparentar indiferencia hacia los nuevos, pero algo más apagados, desplantes del rubio exagerado número dos. Kazashi empezaba a sospechar que el áureo pigmento prendido a sus genes tenía que darles alguna clase de bonus extra a la vena dramática.

La suya, por lo menos, ya estaba inflamada y muy harta de aguantar tantísimas tonterías. ¡Sólo quería llegar de una condenada vez al maldito destino y ponerse a patear culos criminales como si le fuera la vida en ello! enfurruñada, apenas ladeó la mirada para tratar de descifrar en qué plan iba exactamente Hideki al hablar sobre aquello con tanta ligereza. Al menos, parecía un poco más calmado... ¿no? sus dientes ya no iban a morder, solo a marcar. O eso quería creer o, de lo contrario, terminaría siendo ella la que se bajara de aquel carrusel de animadversión y acabara recorriéndose el resto del camino a pie. No le daba miedo caminar mucho: para bien o para mal, Yatori la tenía extremadamente entrenada para ello. ¡Ya casi no sentía ni agujetas perforándole las extremidades después de extenuantes jornadas de entrenamiento interminable! medianamente segura de hasta dónde sus piernas podrían conducirla, no tuvo reparo en responder a las dramáticas provocaciones.—¡Habló! él sólo quería ser tu amigo y mírate, hiriéndole tan gratuitamente que hasta parece una mala obra de teatro.—devolvió con desmedida ligereza, notándose deslenguada y, por supuesto, altamente irritada.—Saburo y yo nos hemos criado juntos: podemos tener ciertas licencias el uno con el otro. Yo le llamo tercero y él dice por ahí que se va a casar conmigo sin ningún fundamento.—se pasó la lengua por los labios, renovada de energías, y se inclinó hacia atrás para desperezarse.—Nos calumniamos mutuamente: así, es más divertido. Tú, en cambio, te lo intentas pasar bien solo, y eso es muy triste.—le sacó la lengua al irascible cocodrilo, le prestó una mirada confiada al todavía enturbiado Eijiro y, de pronto, se dio cuenta de que el reptil antipático tenía un botín que no parecía querer compartir.—¡Ey! ¿qué es eso?—le brilló, incendiada, la superficie de los iris.—¿Son... caramelos?


Inventario Bélico:
Bandana de Kumogakure no Sato — Colgando en su cintura.
2 píldoras de soldado — Bolsillo del pantalón.
Daikiri - En la cadera.
Calabaza - En la espalda.
  • Fuerza : 01
  • Resistencia : 10
  • Agilidad : 04
  • Espíritu : 12
  • Concentración : 07
  • Voluntad : 07
  • Chakra : 64

Volver arriba Ir abajo

Yûgen Hotaru
Yûgen Hotaru
Kumo Jonin

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Yûgen Hotaru el Vie Sep 07, 2018 5:12 pm

TEMA CERRADO

Puntos otorgados a Kazashi Furukawa .

  • Mediante post: 12 PN.
  • Total: 13+12= 25


Puntos otorgados a Eijiro Yotsuki .

  • Mediante post: 10 PN.
  • Total: 71+10=81 PN


Puntos otorgados a Hideki Shinozuka .

  • Mediante post: 10 PN.
  • Total: 11.5+10=21.5 PN



Volver arriba Ir abajo

Contenido patrocinado

Re: |Automisión C | Escoria sin nombre {Pasado}

Mensaje por Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.