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[Entrada al país del té] Enviados al inframundo

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NB Narración
Master

[Entrada al país del té] Enviados al inframundo

Mensaje por NB Narración el Sáb Jul 07, 2018 7:27 pm

Enviados al inframundo
Tinieblas. Un mundo en el cual la realidad poco a poco parecía ir perdiéndose entre los brazos de la muerte.

Desconocidos, desgraciados... Nada más que sombras que se perdían entre la oscuridad de un lugar que tentaba a los mismo muertos a recobrar vida, para acariciar las orbes humanas de quienes, hasta el momento, se encontraban con sus ojos en un horizonte turbio y a su vez desleal. No había más que terror, discordia y los grandes destrozos de barcos que habían naufragado entre el oleaje del hambriento océano... De aquellos ojos que desde las profundidades, acariciaban el legado de papiros quebrados y deshechos, con los nombres de las millones de vidas que habían engullido por, nada más y nada menos... Pura diversión...

Habían leyendas sobre los mares. Grandes bestias acuáticas como las hidras, los basiliscos o el mismo Kraken... ¿Eran ciertas? Hasta el momento no habían más que rumores, historias de marineros... ¿Pero como era que sus vocablos llegaban a la luz si sus historias siempre nombraban la desaparición de sus testigos? Alzarse a la mar era una experiencia caótica y peligrosa, donde incluso los capitanes más afamados habían perdido la vida... ¿Y si ciertamente aquello no era más que una vil mentira? Claro estaba que aún a pesar de poder vislumbrar como la gran tempestad arrastraba la madera junto con la tormenta, posiblemente no todos habían sufrido tal nefasto final.

El enorme navío de la luna había alzado sus velas, dando paso a la gran bandera negra que suponía su destino. Un color tan oscuro como el futuro de quienes se arriesgaban a retar a la muerte, y es que pisar los terrenos del desconocido País del Té, solo suponía dos cosas: un letargo sin fin o un honor que terminaba por ligarte a tal cruel realidad; solo los más diestros shinobis eran capaz de aquello, y desgraciadamente, no existían casi personas tan dignas como ellos.

!Izad las velas! Cruzaremos esta maldita tormenta o nos pudriremos en el infierno. — la tosquedad de aquella voz podría llegar a oídos de quienes hasta el momento, yacían olvidados en la parte más baja de aquel gigantesco galeón. Encerrados, pero por suerte, no maniatados.

En cuanto abriesen sus orbes podrían sentir como el agua comenzaba a subir en la zona más cercana a la quilla, aún a pesar de la diferencia de pisos y madera que los mantenía alejados de esta. No había más que el olor amargo y salado del océano impregnando el lugar, dejando a un lado la elegancia del país que siempre los había mantenido entre sus brazos para mostrar el desengaño, una imagen trágica y terrorífica sobre lo que esperaba una vez cruzada la gran tormenta.

No había más que el juguetear de las lamparas de aceite moviéndose con brusquedad en las alturas, brindándole pequeños matices de iluminación que parecían atenuarse con el fuerte "mecer" de las aguas.

Sus cuerpos, —maltratados por quienes les habían tirado en el interior de aquellas cárceles de no más de dos metros cuadrados— los harían sentir aún más pequeños de lo que seguramente acostumbraban. No habían golpes en su piel y tampoco sangre, tan solo aquella horrible presión en sus cabezas, el malestar de sus prendas mojadas por las aguas que en caso de ponerse en pie, no llegarían a tan siquiera sus talones, no por lo menos, en esos mismos instantes. Dado al malestar y el olvido que los rodeaba, sus orbes cansadas solo podrían brindarles pequeñas imágenes de aquello que los mantenía aislados y sin protección. Grandes barrotes de metal, barrotes que los mantenían cautivos formando cuadrados de apenas 15 centímetros de longitud, que si bien les brindaba la completa libertad de enguantar tales aberturas para palpar las afueras, los mantendría cautivos.

La poca luz jugueteaba con el movimiento de tal galeón. Solo había madera. Poco más que unos asientos que habían sido lanzados por el fuerte oleaje a situaciones completamente contrarias. Su tan esperada salida, tan solo se podría observar en la lejanía: unas escaleras desgastadas que daban paso a las voces agitadas que parecían encontrarse en diferentes partes del barco... Para su desgracia... Lejos de la terrorífica cubierta.
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NB Narración
Master

Re: [Entrada al país del té] Enviados al inframundo

Mensaje por NB Narración el Sáb Jul 07, 2018 7:28 pm

Aclaraciones
— ¡Bienvenido amores de mi corazón! Sois unos valientes, o quizás más bien unos desgraciados... Pero no pasa nada, esto solo se trata de una pequeña excursión a lo desconocido. La pregunta que os debéis de hacer es ¿Saldremos vivos? Ya erais conscientes de vuestro destino, pero experiencias como estas son dignas. La única recomendación que os puedo hacer es...leeros bien las guías y preparaos para lo peor porque si, Nine Beasts es un foro bélico, pero los primeros en estrenar esta hermosa zona PVP sois vosotros. ¡Bienvenido a bordo!

— Hace apenas un día os encontrabais entre las hermosas calles de Getsugakure no sato pero ahora vuestra situación, es completamente desconocida. Os rodea un enorme oceano, pero para vuestra mala suerte, vuestra llegada no ha sido de lo más linda, menos aún por donde os encontrais.

— Dado a la intromisión de tal NPC desconocida, ahora os encontráis con una bajada de estadísticas del 80%, algo que debéis de reflejar vosotros mismos. Pero tranquilos, esto solo durará hasta que la misma narración os de un toquito para que vayáis recuperando estas.

— Sin más dilación, espero que lo paséis muy bien junto a mi, vuestra narradora del alma Quinn, aunque debo destacar como ya todos saben que estoy bastante atareada con mis obligaciones reales y es posible que, o me tome la libertad de postear en fin de semana, o que pueda robar un pequeño espacio para continuar las narraciones menos ostentosas, como por ejemplo esta, dado a que solo se encuentran dos usuarios.

— La normativa es la de siempre aunque debéis de tener en cuenta las nuevas normas del foro en cuanto a tablillas, y aclaraciones. ¡Nos vemos por el galeón de la luna! Si es que no se hunde...
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Nozomu Nakamura
Getsu Genin

Re: [Entrada al país del té] Enviados al inframundo

Mensaje por Nozomu Nakamura el Dom Jul 08, 2018 12:48 am


¿Dónde diablos estaba?, era como un sueño, un profundo sueño tétrico que arrastraba a Nozomu hacia un con fin desolado, era algo tremendamente raro y oscuro casi imaginaba la muerte, una especie de bocanada llego hasta el haciendo que ser incorporara al estar tendido en el suelo, se sentía terriblemente cansado, no era solo eso sino una especie de malestar incipiente dentro del mismo, trato de hacer memoria mientras que se intentaba reincorporar sucesivas veces no con éxito las primeras, era una sensación rara y nada buena, paso los dedos por el suelo buscando algo de humedad o reconocer la zona la cual le parecía terriblemente confusa, quizás por no estar todavía lo lucido que debería, -¿Dónde diablos estoy?, musito el chico buscando encontrar una respuesta que jamás llego, revisaba el sitio mientras que intentaba captar algo de humedad para aliviar su maltrecho cuerpo, no sentía dolor en ningún sitio aunque si algo resultante a un mal estar que no sabía de donde procedía,-Uhm, ya me acuerdo, volvió a responder como si las preguntas fueran respondiéndose de manera llana en su mente, era como intentar disipar una neblina enorme en su consciente, recordaba los actos que seguramente lo hubiera llevado al sitio, lo ocurrido con Beretta y el otro chico, la kunoichi extraña que había hecho que perdiera el conocimiento quizás a consciencia de sus actos, sin comerlo ni beberlo estaba en lo que podía pensar era un barco, deducido claro por la madera, el aroma a salitre o el vaivén generado del desplazamiento de su entorno, estaba realmente fastidiado como para conjeturar una especie de hipótesis fiable.

Toco su frente intentando encontrar algo pero ¿el qué?, no consideraba que tuviera fiebre o alguna enfermedad o al menos al no ser médico desconocía que estaba pasando en su cuerpo, se levantó agarrándose de los barrotes que lo mantenían preso, estaba atrapado pero ¿por qué?, que diablos había hecho para estar así, seguramente la mejor decisión del mundo no fue meterse en aquel encuentro fortuito en Getsugakure No Sato, ahora estaba, en un sitio desconocido, bastante debilitado y atrapado,-De lujo, aclaró el chico frustrado,dando un ligero golpe con su puño izquierdo sobre las rejas que lo mantenían preso mientras se mantenía con la diestra, -¿Hay alguien?, ¡Eo!, gritó buscando insuflar aire a sus propios pulmones mientras mantenía agarrado a aquellos barrotes metálicos que parecían consistentes, casi parecía una obra titánica, mantenerse en pie y gritar en aquel estado tan miserable. La situación no podía ser más deplorable y extraña, estaba realmente jodido y no sabía si había alguien más, estaba desolado y asustado, eso estaba más que claro aunque no perdía la compostura, ¿Qué podía hacer?, quedarse en un rincón de aquella vulgar celda y llorar como un crío pequeño, seguramente esto fuera lo que más le apeteciera en aquellas situaciones pero ¿Qué ganaría con eso?, seguramente debía buscar una especie de solución al entuerto actual en el que se encontraba, cientos de ideas se creaban en su mente mientras zarandeaba despacio los barrotes que lo mantenían apresado, no lo hacía con fuerza sino con calma ya que su estado para nada era favorable, buscaba aclarar sus ideas ante lo que pudiera pasar,-¿Hay alguien más aquí?, necesitaba saber si estaba acompañado o no, saber si aquello era un castigo, donde estaban o hacia donde se dirigían, eran tantas preguntas que plantearlas creaba una incertidumbre inaudita en el chico, ¿Qué habría pasado con el otro chico?, ¿estaría en otro sitio?¿quizás a salvo?, seguramente aquello fuera un secuestro por la mujer que venció al Origami o una especie de correctivo por su mala obra o haber fallado en su protección, no lo tenía claro pero era algo malo, muy malo según el criterio de Nozomu, el cual tampoco es que pudiera pensar con mucha claridad por la situación actual y su estado tan idílico.

Inventario Bélico :
Bandana de Getsugakure no Sato — Colocada sobre el cuello.
Mochila — Situada en su espalda

Equipo en Mochila:

  • Respirador (Bolsillo externo derecho)
  • Comunicador (Bolsillo externo Izquierdo)
  • Makibishi x5
  • Alambre Ninja x5
  • Capa impermeable


Píldoras del Soldado — Bolsillo vestimenta superior diestro
Kunai x3 — Bolsillo del pantalón lado derecho

Técnicas utilizadas:
Sin técnicas usadas este post.

  • Fuerza : 0,2
  • Resistencia : 0,6
  • Agilidad : 1,4
  • Espíritu : 4
  • Concentración : 4
  • Voluntad : 01
  • Chakra : 55,6
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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Entrada al país del té] Enviados al inframundo

Mensaje por Rokujō Nanto el Dom Jul 08, 2018 5:18 pm

Despierto, insomne, caminaba sin rumbo donde ninguno podía existir plenamente. Donde la noche no encierra mas estrellas en sus entrañas que el cantar de un día obtuso. Nada existe, todo fue, nunca comenzó. Turbado, mareado, quiso arrancarse aquellas sensaciones del pecho para descubrir que sería incapaz de ello. No habría mañana, más que un engendro repulsivo de cuanto hubiera deseado. Que por un nuevo día no se formula una esperanza y la suya yacía muerta en sus brazos. Sí, deliberó. Agachó la vista y yacía entre ellos el cuerpo sin vida de algo que pudo haber representado a un hijo. Un deseo, supuso... pero tenía unos ojos de plata vacíos de vida, arrancados del mundo demasiado pronto.

- ¿Gamon? - Pero aquellos labios no pudieron responder. Negó entonces, aterrado, azorado en un sentimiento que le hacía sentir abominable, tanto como aquel cadáver hinchado entre sus brazos. No podía ser Gamon... y hundiendo su mirada de acero en sus ojos de plata muerta; no quiso saber la verdad. Aun sin quererlo, comprendio sin requerirlo. Pudo contemplar como una lágrima solitaria caia sobre una de las cuencas sin vida del infante. Como su agua no significó nada para el muerto, demasiado para Luger. Sintió de pronto una congoja sin límites, un deseo inenarrable extinguido de pronto como quien arranca un hierbajo de la tierra. Contuvo el aliento, sintiendo como su garganta ardía por la traición, como sus ojos temblorosos se ahogaban en su propia tristeza. Sin respuestas, sin sendero, sin destino ni comienzo ¿Por qué lloraba? No pudo responderlo, no quiso hacerlo por miedo a comprender más de cuanto debiera en realidad y alzando la vista al frente, pudo contemplarla.

- Pido lenguas por destinos, palabras extirpadas de ella por verdades... - Esa voz ajada, marchita por unas edades inauditas, correspodian a una masa informe de sombras. Luger no quiso levantarse, demasiado absorto, excesivamente afectado. Apenas pudo articular un gruñido, sintiendo que sus labios no pudieron defender su causa aún expresando su voluntad de ello. Aterrado, su diestra enguantada descubrió que ya no poseía labios algunos... quiso defenderse, sin fauces para ello. Y no se asustó. Sencillamente, aceptó la pérdida comprendiendo al fin el precio. Nuevamente, pudo observar aquella masa informe, horrorizado por sus formas pero en un silencio espantoso, se aseguró de que el cadaver con el que cargaba estuviera prendido aún de su zurda, y se acercó.

Una anciana, una masa arrugada, provista de pústulas repugnantes, apenas provista de un manto raido que ocultase sus formas mórbidas y temblorosas por un vaivén del que no daba crédito. No vió ojos que no podía ver, ni rostro al que encarar con sus labios inexistentes. Aún con lágrimas cayendo, se mantuvo de pie, cargando con aquel niño muerto en una vida apenas empezada.

- Lenguas, palabras, destinos, senderos, caminos... ¿Por que suspiran los que no pueden ver? ¿Quienes lloran por cuanto no puede percibirse? - A sus preguntas no hubo respuesta alguna, ante la pavorosa sensación de hallarse en un universo retorcido y exiguo; Luger quiso sonreír sin labios.

- Bruma. - Respondió una garganta que no fue la suya.

Luger abrió los ojos aturdido, sentado en una de las esquinas de aquella celda hedionda. Y por cuanto miedo experimentó en aquel sueño, no pudo expresarlo en aquella habitación deleznable. Sin sonido alguno, tuvo que despertarse entre los quejidos de aquel con quien compartía castigo e infierno. Se llevó la diestra de cuero empapado hasta los ojos, tratando de calmarse y de hallar claridad donde nada más que oscuridad informe podía advertir.

- Cierra la boca ¿Quieres? - Exigía sin remedio, sintiendose como si el mundo le hubiera escupido con desidia. Confuso, con la mente a la deriva de lo que pudo advertir era un barco, Luger se hallaba devastado. Se sentía herido, cabizbajo, superviviente de algo que no conseguía recordar del todo. Que sí lo hacia realmente, pero no queria considerar en aquellos momentos. Terminó por escupir a un lado, saboreando el salitre repugnante que empapaba aquella celda de seguro mohosa como un purgatorio reservado bajo las aguas. Se sintió en un principio agradecido de saberse con vida y no en otro estado. Comprobó con gesto parsimonioso y rostro petreo que no le faltase nada. Ambas piernas, nariz en su sitio, ninguna cicatriz bajo el traje empapado. Chasqueó la lengua visiblemente molesto. - ¿Porqué el traje? - Consuelo de necios, aseguraba. Pero el traje no tenía culpa de su lengua suelta frente a la realeza. Alzando de nuevo la vista para encontrarse con a la practicidad, con la nada. - Guarda silencio. No todos tienen algo que decir en estos momentos pero sí mucho en qué pensar. - Alzó la diestra y trato de calmar lo que fuera que le profería semejantes dolores sobre la cabeza. Carraspeó y ni siquiera se dignó a ofrecer una segunda mirada a las puertas de hierro de su celda. Sintiendose como se sentía, tan abatido como un ciervo al final de una cacería prolongada, casi esperaba un tiro de gracia más que un viaje.


INFORMACIÓN:
INVENTARIO BÉLICO:
Bandana Getsugakure no Sato — Prendido de forma vertical en un bolsillo interior de la chaqueta.
Estuche Mediano - Zona lumbar
• Respirador
• Tsukihana no manto - Plegado en su interior
• Píldora de Soldado x02
• Alambres ninja x05
• Cantimplora de agua
• Makibishi x08
• Bomba de humo x02
Estuche pequeño -Bajo el hombro derecho, de forma horizontal.
• Shuriken x03
• Kunai x02
Estuche pequeño - Bajo el hombro izquierdo, de forma horizontal
• Shuriken x04
• Kunai x01
Resumen de acciones:
-Luger sueña, sin ninguna repercusión en el mundo dantesco en el que ahora vive.
-Intenta hacer callar a Nozomu, sin verlo ni percibirlo realmente pero si oyéndolo
-Comprueba que está entero, escupe a un lado y se lamenta del estado de su traje.
  • Fuerza : 4*
  • Resistencia : 6*
  • Agilidad : 4*
  • Espíritu : 6*
  • Concentración : 6*
  • Voluntad : 6*
  • Chakra : 140
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NB Narración
Master

Re: [Entrada al país del té] Enviados al inframundo

Mensaje por NB Narración el Dom Jul 08, 2018 7:14 pm

Enviados al inframundo
El desgaste físico de aquella horrible sumisión, de el movimiento de sus cuerpos y el golpear de las olas contra el gran galeón, no eran fervientes amigos de aquellos desgraciados que hasta el momento, se encontraban encerrados. Quizás en algún otro momentos de sus vidas tal afamado viaje les hubiese brindados unos pasajes algo más fortuitos ¿Pero realmente merecían algo como aquello? No era la primera vez que tales cárceles eran usadas para los desafortunados despojos humanos de la aldea oculta entre los rayos de luna, incluso seguramente, para muchos, había sido su viaje de ida, se había convertido en un pequeño pasaje hacia el fondo del mar. No por nada eran shinobis, seres inferiores que llegados a ese punto y esas circunstancias, lo único que debían de mostrar eran las suplicas para poder mantenerse con vida. Destinados a convertirse en los lame botas de sus superiores que tarde o temprano... acabarían conociendo.

Entre aquellos fustigados espacios de acero, no habían más que unos cinco metros de distancia, separando así a ambos shinobis no solo por aquellos barrotes, si no también por un espacio que parecía convertirse en una jaula de ratones que tarde o temprano, terminarían ahogándose entre la sal que impregnaba gran parte de sus prendas gracias no solo a como fueron lanzados como la misma mierda en su interior cuando se encontraban entre los brazos de morfeo, si no también por el tiempo que se habían convertido en uno con tal superficie de madera. Como carne de cañón, como alimento para los tiburones o incluso, como simple ganado esperando a ser marcado por quienes se habían convertido en los causantes de que ahora, no fuesen más que escoria.

El sonido de la cubierta, los gritos de los marineros y lo que aparentaban ser ordenes del capitán — junto con el movimiento de las lamparas de aceite y el golpear de la madera en aquellos calabozos — alimentaban cada rincón del galeón, pero, para desgracia de ambos, una presencia tarde o temprano, se encargaría de buscar un método por el cual brindarles su tan preciada bienvenida.

El sonido de lo que aparentaban ser un femenino andar haría crujir la madera bajo sus pies. Una linea recta, directa hacia las grandes escalinatas de madera que hasta ahora, los había mantenido ocultos en la parte más oscura de la gran estructura.
????: ????
Vaya.... buenos días mis queridas princesas. Espero que la estancia en nuestro hermoso palacio haya sido de vuestro agrado.— seguido del inquietante crujir de la madera, ambos podrían ser conscientes de aquella voz que posiblemente, resonaría en sus recuerdos gracias a tal incomodo encuentro en terreno firme. En ella, aún a pesar de la dulzura que se entremezclaba con la picardía y la diversión, se podría sentir como su tenebrosa presencia se encargaba de desgarrar cada centímetro de sus pieles ante el terrorifico rastro que sus viperinas orbes dejaban sobre sus cuerpos.

Su apariencia, que si bien no la convertía en uno con los especialistas de la luna, daba paso a una enloquecida apariencia, que si bien remarcaba cada centímetro de su palida piel o sus prominentes curvas, generaba escalofríos, más aún por aquella pequeña torsión de sus labios que mostraba una sonrisa cautivadora pero a su vez, sádica. —La verdad, tengo todo el tiempo del mundo.— sentenciaría mientras el mecer del parcialmente ignorado piso, arremetía contra no solo las carceles, si no también las paredes del galeón. En sus vocablos, las pausas se encontraban premeditadas, dando una armonía propia de una líder que no deseaba escuchar historias estúpidas por parte del ganado. —Por lo menos mientras nos encontremos en este hermoso navío que nos llevará a vuestro nuevo hogar. El país del té ¿Lo conocíais?— cuestionaría burlona mientras flexionaba sus piernas y se sentaba en medio de aquellas escaleras, manteniéndose por encima de sus vistas pero no lo suficiente como para que pudiesen perderla de vista.

El mecer de las lamparas, provocaba que su figura se iluminase de vez en cuando, generando así una imagen tétrica, propia de las historias más terroríficas jamás contadas. —Oh...pero que digo... tan solo sois unos pobres niños desalmados y perdidos.— reiría con sorna pero sin dejar escapar más que un leve suspiro a modo de carcajada mientras que sus blanquecinos dientes asomaban por una delicada linea de sus labios. —Rokujō Nanto. ¿Así te llamabas? Hmmm bueno, sea como sea... Antes que a nadie debo de felicitarte ¡Eres nuestro querido invitado de honor! Nuestra amada princesa, Kemuru no Hime, se ha encargado de cedernos una invitación directa a nuestro querido hogar. Al parecer ameritas unas lecciones de vida, por lo que me tomaré la libertad de hacer saber a los demás sobre tu temprana llegada a dichos terrenos.— dicho aquello, sus orbes amarillas, tomarían posesión sobre el rostro del origami, quien parecía haber estado buscando ayuda como desalmado antes de que el trajeado shinobi de la luna decidiese mandarlo a callar.

En cuanto a ti... no tengo nada que decir. No por lo menos más allá de que eres un estúpido con un buen par de huevos. Lastima que no seas más que escoria digna de los dioses de las profundidades. Servirás de alimento para nuestros enemigos una vez lleguemos a la avanzada... claro está, si es que tus compañeros no provocan que quieras suicidarte al tercer amanecer.— añadiría mientras sus codos viajaban hasta sus propias rodillas, sirviendo así de apoyo para estos y para que sus manos — abiertas en abanico— sirviesen como soporte de su mentón una vez se apoyase sobre estas. Una imagen hermosa que, de la mano de su cornamenta y su corta melena tomaría una armonía digna de la delicadeza de su piel.

No me tomaré la libertad de daros una primicia, pero si os haré conscientes de algo. Todas vuestras pertenencias, incluyendo vuestras bandanas, han sido retiradas. Ahora, sois mis queridos secuaces. ¿Divertido no?— su última cuestión, se encargaría de brindar paso a sus palabras tras su monologo.
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NB Narración
Master

Re: [Entrada al país del té] Enviados al inframundo

Mensaje por NB Narración el Dom Jul 08, 2018 7:16 pm

Aclaraciones
Nozomu Nakamura: Todas tus estadisticas por debajo de 1, aumentan hasta dicho número.

Aún a pesar de ello se recuerda que estas no solo tienen uso de forma bélica, teniendo así que acentuar el fallo en tus acciones debido a la debilidad de tu cuerpo.  Hago incapié en esto puesto que tu cuerpo, al encontrarse en tan malas condiciones no deberían de darte ni si quiera las fuerzas para ponerte en pié o incluso actuar con esa libertad. Si bien es palpable tu escasa fuerza debes de tener en cuenta las siguientes descripciones de parametros.


Fuerza escribió:NULO ( 1 - 3 ) : El equivalente a una fuerza nula. Personas con éstos valores apenas podrán levantar algo que pese más de un par de kilos, y si un objeto es más duro que un lápiz, pueden olvidarse de ser capaces de romperlo. Normalmente alguien que ha vivido siempre en la calle y no se ha podido alimentar.



Resistencia escribió:NULO ( 1 - 3 ) : El equivalente a una resistencia nula. Te derrumbas como un juguete por el placaje de un niño de 3 años y algunos dudarían de que aguantases una “paliza” de tal crío.



Voluntad escribió:NULO ( 1 - 3 ) : Sin la menor voluntad. Cedes frente a cualquier presión, por pequeña que sea.


Dado a vuestra llegada al país del té, como mismamente os cita nuestra querida NPC, todas vuestras pertenencias han sido confiscadas. Vuestro inventario ahora resulta nulo y no podréis hacer uno de la tienda común de armas.

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Nozomu Nakamura
Getsu Genin

Re: [Entrada al país del té] Enviados al inframundo

Mensaje por Nozomu Nakamura el Dom Jul 08, 2018 8:53 pm


El chico estaba atacado, quito parte de su ropaje para escurrirla debido a la humedad que tenía la misma, estaba mojada por el agua, se encontraba terriblemente angustiado aunque no dejaba que se viera, si era más que perceptible el malestar que atesoraba y como, alguien que desconocía lo había mandado a callar, no reconocía su voz pues, dentro de su mente cientos de cávalas se hacían presentes, estaba asuntado, débil y nervioso, la situación más que perfecta para un ninja con poca experiencia, quien diablos le habría dicho que se metiera en aquellos “berenjenales”, -Todo por intentar ayudar…, musitó como si se tratara de un fugaz reproche para agitar la cabeza, estaba en una situación que parecía critica, cayó al suelo dejándose caer por el malestar que sentía pues no podía apenas moverse, estaba molido totalmente por lo que, gastar cualquier parte de sus energías en moverse era una soberana locura, estar nervioso no arreglaría nada sino que empeoraría las cosas mucho más, eso lo tenía claro pero ¿Cómo podía evitarlo?, quizás aquellos instantes fueran los últimos, metidos en zulo alejado de la mano de cualquier dios piadoso en un barco que lo llevaba a saber qué clase de infierno. Reviso una vez más el sitio con su mirada, atenta y preocupada intentado encontrarlo que se le hubiera pasado, solo era madera, mar, humedad, salitre y una especie de opresión típica de cualquier encierro, el cautiverio del lugar era una carga muy pesada, -Ni siquiera me toco un compañero “amable”.., exclamó ante el imperativo lanzado por la persona que le había hablado antes, estaba frustrado y le costaba horrores sin duda mantener la compostura, estaba sentando en el suelo sujetando la parte inferior de las rejas que lo confinaba y obligaba a estar en semejante sitio, era una situación cuanto menos nefasta según el  planteamiento del chico, claramente no podía sortear ni escapar de su cautiverio, ¿Qué clase de destino le deparaba a alguien en su posición?, la respuesta estaba más que clara.

Nozomu miraba hacia la libertad atreves de las rejas que lo mantenían preso, era una sensación rara que nunca experimento, tanto cansancio y tal estado de debilidad lo superaba, pensaba que claramente podría morir en aquel sitio, casi parecía resistirse a soltar el frío metal que componía la única salida de ese cubículo en el que estaba, pronto vio algo pegado a la apertura, era una de sus identidades, una forma con la que hablaba y cuya existencia era el subconsciente del chico, era un joven menor, pelo gris y ataviado con lo que parecía jirones de ropa mugrienta,-Piensa que estas donde debes, a final de cuentas ¿Quién querría un shinobi demente?, dijo aquel chico haciendo que la expresión del chico variara, estaba enfadado y frustrado, quizás incluso pagaría con ella su estado actual a fin de cuentas, aquella especie de farsa charla era un dialogo consigo mismo, visto seguramente desde otra perspectiva dejaría más que notable los trastornos mentales que aquel chico tenia, la situación actual empeoraba considerablemente la salud mental del joven Origami, eso era un hecho.

-Sera mejor que te calles, tu ni…, el joven Nakamura calló en el sitio, algo había llamado su atención, no era el trascurso de los gritos en cubierta ni el vaivén de los fuegos que daban luz a donde se encontraba sino más bien otra cosa mucho más aterradora y rara, ¿era un caminar?, si eso era lo que había llamado la atención destinado ahora toda su atención hacia ese punto, girando su cabeza hacia donde venía el ruido, omitiendo la falsa persona que podía creer el mismo que estaba cerca de su celda. Su boca rápidamente se abrió al contemplar la presencia que se colocaba delante de donde el chico se encontraba, era la misma mujer que perpetro el ataque en Getsugakure, la reconocía pero desconocía el que hacia allí, ¿Me habrá traído esta?, pensó el chico haciendo un claro gesto de desaprobación mientras escuchaba con toda la atención que le quedaba las palabras que dedicaba la rara mujer.

¿Lo habrá oído hablar solo?, eso daba bastante igual, estando en la situación actual que pensara que estuviera loco daba totalmente igual, la mujer entera, limpia y sin ningún problema, a fin de cuentas estaba fuera de las celdas y parecía tener la batuta de la situación actual, incluso estaba misma tras vacilar hizo una pregunta que resonó en su mente como si fuera algo importante, “¿País del Té?”, si era alguna especie de treta o trampa seguramente el chico hubiera caído de lleno, despacio y usando su dedo índice lo coloco sobre su mentón en forma pensativa, no sabía que decir por lo que negó con la cabeza buscando un sentido a lo dicho por la fémina, “Su nuevo hogar”, era algo muy radical por lo que solo podía pensar en que la “cagada” hecha por el mismo había sido tan colosal que lo mandaron a un agujero en el suelo tan profundo del que jamás podría salir.

La mujer seguía con sus habladurías, el joven la escuchaba como si se le fuera la vida en ello, buscando obtener más datos de lo que estaba pasando o que tendrían que hacer, sin embargo hablaba de su compañero en la otra celda, parecía ser alguien de renombre o popular en aquellos lares, quizás por eso eran tan descortés con la clase media o pobre, la hombría o la soberbia, no lo conocía ni siquiera lo había visto pero por las palabras de la mujer su vida en el “nuevo hogar” sería más fácil o no tan problemática,  sentía cuanto menos un poco de envidia de lo dicho por la mujer. Esta acabo pronto y se dirigió hacia el chico de papel, agarrado a las rejas ahora con ambas manos, estaba sentando en el suelo, totalmente demacrado y con una especie de porte rendido por la sensación que lo invadía, no podía hacer absolutamente nada y aquello definitivamente lo frustraba enormemente, si, era un chalado o un inconsciente por sus actos, eso lo puntuó la mujer acompañando tales palabras del destino que parecía esperarle al llegar a su destino, este sin embargo no sonó tan mal ya que, no sería una ejecución sino más bien una prueba o series de las mismas en las que tendría que valerse de sí mismo para sobrevivir, era mucho fantasear pero eso, definitivamente brindaba aunque fuera una mínima opción para el chico raro.

Las palabras de la mujer no hicieron variar al chico lo más minino, pensaba en cuál sería la diferencia de morir allí o morir aquí, las cosas pintaba igual de mal estuviera en el escenario que se encontrara, sin embargo había llegado hasta allí vivo, quizás la dama fortuna tuviera una especie destino distinto para él. Las palabras de la mujer habían llegado a su fin, ahora le tocaba interactuar a las personas con las que estaba hablando, en su defecto podía ser él y la otra persona cuya presencia desconocía, quizás hubiera más personas pero eso lo desconocía, sin duda ahora tocaba hablar con la mujer después de aquella especie de largo monologo para ponerlos en situación, -¿Divertido?, creo que no compartimos la misma definición de divertido, además, ¿Qué pretende que hagamos como sus secuaces?, quiero decir, puntuó haciendo un pequeño parón, estaba claro que estaban encerrados, o al menos Nozomu,eso sin contar su estado y que carecían de herramientas ninjas, todo eso era de lo más inverosímil al menos para el criterio del Origami,-Estamos apresados y sin herramientas ninjas, ¿Qué clase de diversión existe en algo así?, al menos para nosotros claro, preguntó el chico buscando saber más de los planes de la mujer peculiar, sin duda buscaba obtener más datos para comprender la situación actual y como se desarrollarían los hechos, si sus planteamientos no estaban erróneos, entonces Nozomu ya estaba sentenciado a muerte y era cuestión de tiempo, que la muerte lo alcanzara, pero entonces ¿Por qué pensaba que tenía quizás tenia opción aun?


Inventario Bélico:
Carente de equipo bélico. (Requisado)

Técnicas utilizadas:
Sin técnicas usadas este post.

  • Fuerza : 1*
  • Resistencia : 1*
  • Agilidad : 1*
  • Espíritu : 4*
  • Concentración : 4*
  • Voluntad : 1*
  • Chakra : 56*
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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Entrada al país del té] Enviados al inframundo

Mensaje por Rokujō Nanto el Lun Jul 09, 2018 4:07 pm

Clemencia, y tuvo que soltar una pequeña carcajada, encerrado como estaba, cautivo de una voluntad que desconocía. Solo podía esperar hallar un barrote lo suficientemente alto, rezar que su ropa aguantara su peso y tratar de solucionar todo aquello en un súbito descenso. En gracia pensaba, cuando aquello no era más que una cosecha impropia, un dantesco destino sin motivo ni justificación. Terminó por tambalearse en sitio, llevándose la diestra sobre la cabeza en un intento de ordenar sus sentidos.
Con los pulmones ahogados en los hedores de aquella celda repugnante, la lengua contraída por el salitre, el cuerpo entumecido y helado. Tanto frío sentía como en aquellos primeros días... con Kan'ei. Supo su nombre, lo recordó y entonces, halló una chispa donde antes solo había desolación.

- Kan'ei... - Susurró en silencio, tratando que aquellas palabras le colmaran de un frío distinto. Del suyo, del que añoraba, del que quizás nunca mas podría abrazar. Y algunos dirían que Luger no era más que hombre de Estado, de uno que le traicionaba y le extirpaba de su misma vida. Pero tuvo que sentir una sal distinta recorriendo su rostro. Oculto en la oscuridad parcial, a punto estuvo de sollozar, de sentir el acero de sus ojos acabados, oxidados y finalmente asfixiados en todo aquello que le rodeaba. Su traje arruinado, su vida entregada a los caprichos de aquel barco de destino desconocido... y encima aquellas voces. Era el mismo de antes, sin duda. Tuvo que chasquear la lengua al tiempo que más que secarse, mezclaba agua con otra. Frustrado, asolado por una situación que le sobrevenía y superaba, Luger... quizás ya no. Y peor aún, esa voz viperina y desdeñosa. Ella acudía, ella se mofaba de sus desgracias con el garbo de quien las inflige y disfruta. Alzó la vista sentado sobre la sal de aquel barco, la madera hinchada y en podredumbre. Pronto sería como ellas, pensó. Pero aún así, destellos le insuflaron vida, odio, esperanza, y el rencor de un día venidero.

Presentaciones expuestas, y Luger decidió acercarse, en un primer intento levantándose. Sintiéndose sin fuerzas, decidió sencillamente arrastrarse como un perro malherido. Aquella humillación pulsante sobre su cabeza pareció mas dolorosa que todo cuanto sentía en su carne. Con la sangre espesa, el rostro petrificado y una entereza que no supo de donde provenía, consiguió arrastrase hasta uno de los lados de su celda, apoyando la zurda sobre los barrotes de aquel agujero infecto al que por ahora, llamaría hogar.

- Escaso para algunos. - Se esforzó por alzar la voz, por hacer que adquiriese la cadencia y ritmos de antaño. Una muestra potente, cordial de quien fue y ya no era. Sobre el País del Té, poco tuvo que pensar Luger. Sonrió en un aura de depresiva consciencia. Sabia de geografía tanto como  cualquiera con un mapa, y ese lugar no existía. No supo discernir si se trataba de un eufemismo, una sucia mentira de aquellos labios de ferviente rencor o sencillamente su existencia se avocaba hacia infiernos inauditos. Silencio mantuvo, porque nada pudo decir.
Nuevamente, su nombre, pronunciado por su voz de flagrante desdén. Percibía el desprecio, la condescendencia de la situación, el rencor pavoroso que germinaba en su pecho y tuvo que girar el rostro. Filtrar su acero entre el hierro oxidado de los barrotes y encontrarse con sus ojos de víbora despreciable. Admiró su forma, el porte carnavalesco del bufón de un circo macabro y abominable. Apretó los dientes para contener aquella inquina, torció el gesto ocultándose tras aquel hierro y como antaño sufrió al escuchar su nombre real pronunciado por su voz, de nuevo languidecía. Kemuru... aquello, si que le confirieron anhelos de infausto odio visceral.

- Que sepan, entonces. Te daré motivos para reír, disfrutar y recordar ese nombre al menos durante unos días. Estoy en clara desventaja, no solo no sé quien eres sino que además me enjaulas como a un animal ¿Quieres espectáculo? Te lo brindo, todo cuanto quieras... - Un tono apagado, áspero y siniestro pareciño apoderarse de su torrente. El susurro que componían aquellas frases resultaba continuo, malicioso como un pelaje erizado, embaucador como una mentira bien contada ¿La diferencia? No había falsedad en todo aquello. Trastabilló en el sitio, llevó la diestra ante los barrotes y entrecerró los ojos sin mostrar del todo el gris puro y superviviente que aún ostentaba. - Soy un invitado de honor, tú lo has dicho. A nuestra respetable Kemuru le prometí gestas, su nombre ensalzado y esta es mí oportunidad. Mía. - Repetía, con clara vehemencia y oscuras pretensiones. - Hazle saber a quien quieras. Te pido por favor que observes. Te dedicaré las primeras semanas... ¿A quien, por cierto? - Dejó que la tensión se fugase, volviendo de nuevo a su asiento y clavando la mirada en aquella figura de tétrico esplendor iluminado por el péndulo de unas llamas escasas. Escuchó el restallar de las olas contra el casco y contuvo una arcada. Pues si bien Luger moría ahogado en esas aguas, dejando toda la protección brindada esos años atrás. Nacía Nanto de nuevo. Respiró con profundidad, descubriendo un dolor intenso sobre el pecho y los pulmones. No rió, porque de querer hacerlo habría resultado una agonía por la que no estaba dispuesto a pasar. Pero siguió pendiente, escuchando cuanto tuviera que añadir su compañero de celda y callando sin contestación alguna. Y ante la frase lapidaria de aquella escena, Rokujo Nanto, alzó la diestra tan alto como pudo, apenas unos centímetros.

- Solo necesito hierro. - Y por todo cuanto aún restaba de sí mismo, esto bastaría.


INFORMACIÓN:
INVENTARIO BÉLICO:
Requisado e inexistente
Resumen de acciones:
-Sabiéndose acabado, destrozado y abandonado, trata de contener sus sollozos.
-Ante la venida de quien lo rapto, la reconoce, y acude tan raudo como le es posible en su estado al limite de su celda, apoyandose en los barrotes.
-Devuelve los "buenos" gestos, aludiendo a su condición de invitado de honor. Promete gestas, anuncia victorias en honor a Kemuru, por quien no siente más que odio irreprochable.
-Añade, que aquella mujer quizás debiera poner su vista en él, dedicándole sus siguientes éxitos a ella las primeras semanas.
-Convencido y renovado por cuanto le espera en su hogar, por su rencor y desprecio, exige tan solo hierro para lograr la victoria.
  • Fuerza : 4*
  • Resistencia : 6*
  • Agilidad : 4*
  • Espíritu : 6*
  • Concentración : 6*
  • Voluntad : 6*
  • Chakra : 140
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NB Narración
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Re: [Entrada al país del té] Enviados al inframundo

Mensaje por NB Narración el Mar Jul 10, 2018 6:11 pm

????: ????
Quizás en algún otro momento, la arlequina hubiese decidido dar rienda suelta a la brutalidad que la componía, apaciguando sus vocablos con el agrio tono de su voz cuando sentía que la gente hablaba con libertades que ni siquiera debían de rozar con los dedos... ¿Pero para qué mentir? Para ella, tal historia no era más que una dulce comedia; un método con el cual alimentar su aburrimiento. Esa misma razón sería la cual invitaría a la fémina a simplemente callar y observar, viendo así como tales entidades que servirían como carroña para las aves, trataban de luchar por su existencia o por el contrario, hacerse de notar.

Era cómico, adorable... También exquisito.

En su rostro, lo único que podría vislumbrarse con el suave mecer del aceite en la lampara, sería una sonrisa leve, que poco a poco iría torciéndose aún más hasta el punto de hacerla ver aún más tétrica de lo que su imagen regalaba. Parecía devorar sus almas, clavar sus colmillos en su piel y absorber cada gota de sangre, como si de un yokai hambriento se tratase, y ellos, no fuesen más que un dulce manjar sobre el cual tender la delicada yema de sus dedos.

Tan... exquisitos.— serían sus únicas palabras. Parecía incluso haber ignorado por completo las cuestiones del origami, o escupido a los proclamos del que para ella, era su "invitado de honor". —Ojalá pudiese inmortalizar este momento de algún modo. — añadiría antes de apartar la piel de sus manos, de su rostro y tras ello, ponerse en pie.

El nuevo resonar de la madera y el sonido oxidado de la lampara moverse de diestra a siniestra en las alturas, sobresaldría por encima del vaivén del pequeño oleaje en el interior de la cámara. Para ello, solo habría una imagen, la de aquella mujer apareciendo ante la luz y convirtiéndose una en la oscuridad a medida que iba acortando las distancias con sus futuros cadáveres. —El armamento no siempre es la magia de un shinobi, ¿no crees Nakamura? Quiero decir... Son nuestras manos después de todo las que nos hacen empuñarlas y quebrar un cráneo con los dedos... Es terriblemente placentero.— diría con sorna antes de que sus pasos, la llevasen hasta la cárcel de aquel que se había convertido en el protagonista de sus primeras palabras. —¿Hacemos una prueba?— tras sus últimas palabras, la sonata de guerra comenzaría.

Sus delicados dedos viajaron hasta lo que aparentaba ser un cerrojo, y tras ello con un simple movimiento de sus manos, se encargaría de abrirlo y arrastrar la gran puerta que lo encerraba, dando así paso al sonido oxidado de esta; un anuncio en las sombras de que uno de ellos había sido libreado. Tras ello el agua siendo empujada por las botas de la joven, darían constancia al muchacho de como esta se adentraba en la jaula y, aprovechando su triste estado físico, se encargaría de tomar al joven por la parte trasera de su camiseta y, acto seguido, alzarlo y lanzarlo fuera de esta. Este podría sentir como el agua y la madera del suelo golpeaban cada parte de su cuerpo, brindándole el característico olor del océano que ya de por si, indagaba por cualquier centímetro del lugar.

Tras sus actos —y dejando libertad al primer desgraciado de que tratase de recuperar sus fuerzas después de dicha acción— la arlequina retrocedería sobre sus pasos, dirigiéndose ahora a la celda contraria, donde el trajeado joven se encontraba. —En cuanto a ti, mi querido invitado de honor... ¿Me arriesgo a la hora de darte tan solo un par de días de vida?— cuestionaría mientras con su diestra ejecutaba el mismo movimiento para abrir la celda, con una sola diferencia, esta vez no solo se adentraría, dejando que la lampara jugase con su tétrica figura, si no que a su vez tomaría del brazo al pobre perro sarnoso que yacía tendido. —Me lo demostrarás ahora mismo.— añadió finalmente mientras tiraba de él, agarrando con tal fuerza su extremidad que en el momento que lo obligó a ponerse en pie y salir de la celda, no pudiese hacer mucho más que dejarse llevar.

La venganza era algo que se servía fría, y aunque de algún modo la actitud previa del rubio había conseguido robar una sonrisa llena de expectativas en la bufona, a esta no le agradaban especialmente sus formas, menos aún aquel triste traje.

Con nada más que un movimiento seco e imperceptible para el ojo común —más aún por la oscuridad que los rodeaba— el Genin podría sentir como su rodilla derecha era desencajada de forma lateral por un golpe seco, uno que provenía de aquella bota que enguantaba la pierna derecha de la arlequina.

Tras ello, simplemente lo soltaría, dejándolo caer sobre la superficie encharcada. —Pelead como hombres. Sin armas y sin uso de chakra. Tan solo los puños.— daría la orden mientras su figura se mantenía a tan solo un par de metros de ambos shinobis. —Tan solo el vencedor se librará de un horrible castigo tras la llegada. Y no quiero muertos, si queréis mataros que sea lejos de mi alcance. No me apetece tener que lanzar cuerpos por la proa cuando nuestro Daigensui se encuentra a la espera de su nuevo ganado.
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NB Narración
Master

Re: [Entrada al país del té] Enviados al inframundo

Mensaje por NB Narración el Mar Jul 10, 2018 6:11 pm

Aclaraciones
— Antes que nada, como sabreis, estos dias ando suuuper ocupada y a duras penas he podido sacar un momentito para realizar este post asi que lamento si no ha sido lo mejor que podiais recibir o me he limitado a simplemente, actuar. Aún así dado a vuestro estado físico me he tomado la libertad de cerrar acciones dado a que como sabreis, poco podeis hacer.

— La superficie en la que os encontráis, tal cual se os ha citado esta ligeramente inundada, su anchura es de unos 10 metros y su longitud de unos cuarenta. Esta zona está desprovista de objetos, lo único que podeis ver son como mucho unas sillas tiradas por la base y una mesa que se encuentran a unos veinte metros a vuestro frente. A unos quince, y en plena estructura además se encuentran las escaleras que la misma NPC utilizo para llegar a vosotros. En este caso, vuestras cárceles se encuentran en la popa del galeón, una en cada esquina de esta y como mucho habéis sido lanzados a tres metros de distancia sobre el "agua". Dado a que no intervendré en este encuentro os doy el gusto de aclararos entre vosotros sobre la superficie en caso de que esta no quede muy clara —Aunque poco hay que hablar dado a que lo único que hay son vuestras celdas y unas escaleras— y hablarlo conmigo en caso de dudas.

— Luger se encuentra en el lateral izquierdo y Nozomu al derecho, ambos tendidos en el suelo y con unos ocho metros de distancia entre ambos.

— Vuestras estadísticas que antes se encontraban mermadas un 80%, ahora solo se encuentran mermadas por un 60%, dándoos la posibilidad de empezar a activaros. Luger en este caso —y dado al golpe recibido por la ANBU que desencaja su rodilla— tiene una penalización del 10% más en su agilidad (solo aquello que conlleva movimiento de piernas) 10% de voluntad por el dolor y como es lógico, en caso de recibir un golpe en la rodilla, esta constara de un 20% menos, lo que mantendría dicha extremidad en 80% de estadística en resistencia.

—Buena suerte a ambos.

PD: Os recordamos que no tenéis consciencia de nada de lo que proviene del té así que desconocéis el termino "Daigensui" por completo.

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Nozomu Nakamura
Getsu Genin

Re: [Entrada al país del té] Enviados al inframundo

Mensaje por Nozomu Nakamura el Mar Jul 10, 2018 7:19 pm


El chico se quedaba en el suelo, tirando con la mano apretando el barrote que lo mantenía preso, ¿Qué corría por su cabeza?, la verdad es que cientos de miedos, peligros y decepciones azotaban cada una de sus ideas deformándolas hasta el punto que el suicidio no le parecía en absoluto una mala opción, espero y mantuvo esa compostura sin saber que hacer o decir ante las palabras de la arlequín, solo espero dedicándole una mirada fría, seca como si no tuviera nada que decir, era una pregunta tan simple y se encontraba en un estado tan deleznable que poco podía hacer para mejorar aquello, sin embargo, algo que no esperaba paso, la celda donde se mantenía preso, el chirrido fue notable y se intentó colocar de pie una vez el agua mojaba su ropaje, usando sus manos paso aquella sustancia por su cuello y sus extremidades, sobre todo eran las muñecas de las cuales había quitado sus vendas para refrescarlas, buscaba quizás valerse de esta agua marina para estipular su cuerpo y salir de aquella especie de decadencia más absoluta, se intentó colocar de pie mientras que charlaba con la otra persona, ¿había variado su tono al dirigirse a Nozomu?, conocía su apellido y su tono no paraba de ser atrevido y guasón, casi como si aquello no tuviera importancia o fuera una mera chanza de broma, cosa que molestaba mas que profundamente al chico, aunque claramente no lo expresaba, bastante tenía con soportar su tedioso estado actual.

Salió de la celda donde se encontraba encorvado y arrastrando los pies como si estuviera en las más profundas de las depresiones y de las dolencias, sin embargo imaginaba que la otra persona estaría igual, la sorpresa llego cuando pudo ver al otro individuo, el hombre que había intentado salvar de la misma mujer con la que nos encontrábamos ahora, había errado profundamente y su plan fracaso, encontrándose ahora en aquella especie de encrucijada, ¿Serán los designios de la dama fortuna?, eso lo desconocía, la situación era cada vez más grotesca pues, pese a liberarlos aquella fémina tenía una especie de plan o juego y así lo expreso después con aquellas burlonas palabras, “Una lucha de caballeros”, pensó el chico colocándose medianamente en guardia alzando los puños, un intento infructuoso al ver lo que la mujer le había hecho al otro chico, parecía que todo aquello iba enserio, ¿Dónde diablos me he ido a meter?, pensó frunciendo el ceño ante aquella mera idea creada en su cabeza, estaba alerta a lo que pudiera pasar repasando con su mirada a la otra persona, era raro, tan raro como el mismo Nozomu podía serlo, era decepcionante pues aquella especie de oferta parecía tentadora, interesante cuanto menos, seguramente aceptarla y pelear con aquel hombre podría evitarle muchísimos problemas al chico del papel pero ¿lo haría?

-Yo aceptaría pelear con el hombre, a final de cuentas puedes salir bien parado y no morirá nadie, es perfecto, susurró en su oído la voz del mismo chico que se le parecía, una mera aparición de algo inexistente que solo buscaba provocar al mediocre de Nakamura, una especie de presión añadida por el estado tan deleznable y deprimente en el que se encontraba el chico Origami. Las finales palabras de la mujer dibujaron una sonrisa burlona en los labios del hombre, ¿Qué carajo le había hecho tanta maldita gracia?, “No quiero muertos”, esa sin duda para el joven era la máxima clave de todo aquel entuerto, -¿Pegarme con un “tullido”?, ¿Qué clase de ninja participa en algo tan deplorable y vejatorio? ¡VIVA EL HONOR DE LOS NINJAS DE GETSU!, gritó casi como si se tratara de un himno, una especie de máximo soltada como un disparo, un vitore ante lo que acababa de descubrir, una respuesta más que primaria a lo que pensaba, estaban a bastante distancia pese al pésimo estado en el que se encontraba el Nozomu, si el otro hombre se acercaba lo vería y actuaría en consecuencia, sin embargo el joven permaneciera todavía ahí, encorvado y en una posición de guardia manteniendo sus diestra alta e intentando cubrir su rostro, su mirada pareció desviarse unos instantes para dedicarle una sonrisa media a la mujer que allí estaba, -Si lo que has expresado es, uhm, correcto, debes trasportarnos vivos para quizás morir en “las avanzadas”, como mencionaste, “No quieres muertos”, sentenció apostando todo a una carta basándose en las palabras trascritas de la “muñeca”, quizás estaba en el fallo y el castigo lo llevaría inmediatamente por el desacato realizado, ni siquiera se había negado al combate y en sus palabras no existía una negativa dada a lo que expuso aunque tampoco acepto, buscaba replantearse las palabras dichas y lo que podría hacer o no,-Soy una escoria como bien has dicho, pero aparte de tenerlos “bien puesto” también soy de “oídos inquietos”, aclaró el chico recordando las palabras anteriores destinadas a él por parte de la mujer,pese a estar en ese estado no omitió nada de lo dicho por la mujer, factor decisivo o importante sin duda, todo podría curvarse y seria seguramente castigado por sus actos de una manera inequívoca, a final de cuentas ser un shinobi era mucho más que eso, dudaba que podría pasar pero, según la explicación de la mujer el ya “estaba muerto”, además de que, esa sorna y broma, devuelta podría causar una de las dos reacciones previstas por el chico, que le arrancara la cabeza de cuajo o bien comprendiera que, pese a la enorme estupidez que atesoraba el Origami no era tan tonto como parecía.


Inventario Bélico:
Carente de equipo bélico. (Requisado)

Técnicas utilizadas:
Sin técnicas usadas este post.

  • Fuerza : 1*
  • Resistencia : 1*
  • Agilidad : 3*
  • Espíritu : 8*
  • Concentración : 8*
  • Voluntad : 2*
  • Chakra : 61*
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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Entrada al país del té] Enviados al inframundo

Mensaje por Rokujō Nanto el Miér Jul 11, 2018 1:18 pm

Cautivo de formas mas retorcidas de las que podía siquiera reconocer, en Nanto germinaba un miedo, un resquemor hacia la siguiente frase pronunciada por aquella dantesca captora. Por su mano, entendía haber sido arrojado al abismo irredento de una vida miserable. Viéndose en aquel estado; con el traje harapiento, mojado y desastroso, con las manos temblorosas por un horror que tan solo ellas admitían proferir. Se encontraba henchido de una esperanza emponzoñada por rabia. Dolor, era lo único que parecía seguro en aquella abominable estancia. Terminó por bajar el brazo tratando de captar algo de calor en aquel cubículo miserable, respirando con profunda entereza. Era mera voluntad lo que lo mantenía cuerdo y poco más. Resiliencia quizás detestable pues... habría sido mas propio perder la cabeza, usar su corbata como ultimo cordel y con ella, separarse de la existencia. Pero negó, y cuando volvió a escucharla ella lo hizo con mayor convencimiento. Rokujo Nanto estaba solo, sin Luger y todo lo que fue, sin sus palabras acertadas y la belleza incólume de su amada.

- Kan'ei... - Volvió a repetir en lo que pudo percibir como un dogma. Un juramento a quien había sido, por quien aquel nombre representa. Por ella, viviría, por ella... mataría.
Con la vista enterrada en los oscuros contornos de la madera hinchada por la humedad de su celda, Nanto prefirió no ver cuanto se decía fuera de ella. Aún miserable, aquellos barrotes también lo protegían, quiso sentirse como en un hogar. Y lamentándose de cuanto pudiera haber dicho en un pasado infausto, ahora su refugio era aquel y no otro. Ni tan siquiera en ello podría confiar. La madera chirriante anunciaba la llegada de su captora, y aquello le sobrevino como una tempestad de sensaciones. Insuflado de un odio ardiente, de un rencor espantoso, de un pavor que se correspondía con su ruina por cuerpo; temía y con razón. Trato de mantener la entereza, escuchando y deliberando. Aún entonces, su lengua podía traerle buena ventura, confiaba en ello y en sus capacidades. Una pizca de Luger restaba aún, pugnaba por luchar contra al muerte de la luz.

La primera puerta le angustió el pecho, le arranco de la misma piel la farsa que trató de convencerle de lo inexpugnable de su celda. Cometió errores, pero no supo cuan grandes habían sido hasta entonces. Por aquella prueba, Nanto temió, pero Luger persistió en su empresa. Cerró los ojos con inusitada vehemencia; como si pudiera ver cuanto quizás nunca podría. Cielo, caricia, pálido, frío, fuerza, horror empuñado. Con tesón, volvió a desviar la mirada hasta encontrarse con el espanto de víbora de carnaval que lo embaucaba y condenaba. Escuchando sobre la liberación del primer miserable, quiso incorporarse, más solo un amago pudo realizar finalmente. Nuevamente dirigido hacia el, su corazón desbocado y aullante casi podría haber respondido por si solo. Con el frenético bombeo de terror abominable, Luger respondió, pues Nanto no habría podido.

- Te arriesgarías a perder la razón, tan solo eso. - Y con ello se refería a la verdad de sus palabras. Incendiada su lengua como su garganta, pareció que su postrera liberación no sería más que un nuevo tormento. Temió, cuando la puerta de su celda chirrió al abrirse. Casi se estremeció cuando la contempló justo a su lado y al momento de alzarlo, apretó los puños, cerró las fauces en un juramento hacia sí mismo y se juró en un silencio miserable que aguantaría. Apenas unos pasos tras ello, su temple se vio puesto a prueba.

Con el golpe, sintió un dolor lacerante, un estallido fulgurante de angustioso tormento. Perdió el juicio, lanzó un alarido de dolorosa rabia que fue rápidamente contenido. Calló al suelo sin remedio, a aquel encharcado de salitre y aguas estancadas. Aguantaría, se repetía a si mismo. Llevándose la diestra a la pierna de la misma lateralidad, y por el intenso dolor inaguantable y su experiencia médica, se halló lisiado sin remedio. Con un bramido engendrado tan solo de su voluntad, y escuchando todavía las plegarias de ruina de labios de la arlequín, Nanto, Luger... se alzaron.
La promesa de un castigo inmerecido le hizo aguantar, colocando la pierna recta y casi inmóvil tras la otra. Aguantaba poco peso, sentía un dolor continuo e insufrible, apretó los puños y contempló a su rival apenas unos instantes. Se descubrió mas alto, quizás en mejor estado. El alcance de sus brazos sería mayor, la fuerza de sus golpes nacerían de la famélica desesperación; debía luchar. Ganarse el favor de la sádica carcelera, morir entonces, o morir al llegar; ambas preferibles a sencillamente negarse. Y aunque pudo oír una palabra nunca antes descrita; Daigensui, sería entonces quien lo esperaría. En un bramido de pura agresión, de entereza como nunca antes supo que ostentaba, Nanto aprovechó cuanto tuviera que decir aquel joven.

No quiso mirarlo más de lo necesario, apenas pensaba más que en su siguiente movimiento, y sintiéndose como una bestia repulsiva e ignorante, lo abrazó sin más. Avanzó a tan rápido como su pierna derecha se lo permitía, cojeando, arrastrando su peso a través de las aguas llenas de salitre, siempre con los brazos alzados hacia los lados de su cabeza, con la derecha dispuesta algo más alta que la izquierda, siendo que sus codos quedaran cercanos a la altura de su pecho. Ambos puños cerrados y con los pulgares hacia afuera, de modo que quedaran libres de lesiones o de romperse en aquella contienda. No era diestro en combates sucios y repulsivos como aquél; pero sería todo cuanto no fue por volver a ser él mismo. Procuró acercarse rápidamente, siempre con la pierna izquierda por delante de la derecha y cuando estuvo cercano a aquel chico tan desgraciado como él mismo, todo fue impulso y nada más.

Se inclinó hacia su derecha, apenas unos centímetros, extendió la zurda en un movimiento fugaz y certero en un principio en forma de puño, que luego se tornaría en una garra abierta que buscaría la mano izquierda del contrario. En ello, trataría de agarrarla por la muñeca o la misma mano, para apenas unos fugaces instantes después, tiraría hacia abajo tratando de descubrir su guardia por completo. Forcejearía por lograrlo, lo arrastraría sacrificando un par de golpes hacia su rostro sin ningún miedo, resguardando su pierna derecha de todo mal y apenas después de comenzar a abrir sus defensas en una operación dantesca, su derecha lanzaría un golpe en un arco muy cerrado, fuera de su alcance de haber inutilizado su guardia, certero, ebrio de furia por la conservación. Buscó nada menos que su mentón izquierdo ¿Y de fallar? Sería su garganta la castigada por aquella guardia abierta de lograrlo.

No dudó, no contempló otra posibilidad como lo hubo hecho él de hablar, forzar y cuestionar. Quería sangre su captora, quería pruebas de su agresividad y valía. Las daría con creces, pues.  


INFORMACIÓN:
INVENTARIO BÉLICO:
Requisado e inexistente
Aclaraciones:
En la sección "estadísticas" existen dos números delimitados por un "/" y eso, es debido a la rodilla dañada.
La resistencia de la rodilla, equivaldria a 6, según la narración. La agilidad utilizando esa pierna, a 9. Es por ello que los segundos números delimitados así, corresponden a estadísticas debido a su rodilla desencajada.
Resumen de acciones:
-Atemorizado, a Nanto le cuesta hacerse con todo ello. Cada gesto de su captora le inspira horror, cada palabra odio y cada recuerdo lejano, una esperanza poseída por el rencor
-Teme al ver al siguiente prisionero, Nozomu, no le reconoce pues nunca lo vió.
-Cuando su captora lo libera, se promete aguantar cuanto fuera necesario. Con su rodilla desencajada y desesperado, no espera un instante más del necesario para levantarse.
-Aprovecha la larga conversacion de Nozomu, y advirtiendo su guardia, recorre la distancia entre ellos cuidando de dejar su rodilla dañada retrasada con respecto a la otra.
-Al llegar, se inclina hacia su derecha tan rápido como puede sin dañar su rodilla. Adelanta la zurda primero en forma de puño, tratando de engañarle para que se cubra, para luego a mitad de camino abrir la mano y agarrar su puño izquierdo por la muñeca. Trata de tirar de él hacia abajo, forcejeando, abriendo de hacerlo su guardia sin remedio.
-Tras ello, lanza un derechazo recto y contundente en arco fuera de su alcance efectivo, abriendo su defensa, para golpear su mentón izquierdo o en su defecto, el cuello.
-Sus golpes, aprovechando su altura superior y por tanto ligeramente mayor alcance, tratan de explotar esto tanto como resulta posible.
  • Fuerza : 8*
  • Resistencia : 12/6*
  • Agilidad : 12/9*
  • Espíritu : 12*
  • Concentración : 12*
  • Voluntad : 9*
  • Chakra : 140
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DeathBattle
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Re: [Entrada al país del té] Enviados al inframundo

Mensaje por DeathBattle el Miér Jul 11, 2018 7:26 pm

Interacción Bélica
Con esta intervención se nombrarán los fallos o detalles a destacar por parte de los usuarios, de este modo la trama proseguirá en todo momento de manera adecuada y evitaremos todo tipo de problema que más adelante pueda llegar a desencadenarse.

Aviso para Nozomu Nakamura:

Te has saltado absolutamente toda la narrativa, diciendo lisa y llanamente que salías de la jaula como si nada hubiese sucedido, cuando en verdad se te lanzó al suelo, lejos de la misma, liberándote y llevándote a golpearte contra la superficie del barco sobre la cual están situados, sin mencionar que esto provocaría un gran dolor en tu cuerpo dado lo maltratado o débil que se encuentra el mismo en estos momentos.

Mas allá de esto que dejará completamente anulado tu turno roleado, cabe destacar que hemos revisado y tu personaje no posee ningún tipo de trastorno mental o de múltiples personalidades, pero aún a pesar de ello  insistes en que alguien te está hablando, como si se tratase de una personalidad paralela o algo por el estilo, lo cual si bien podría llegar a ser un adorno de tu narrativa, es una falta grave ya que puede confundir al resto.

En caso de creer que posees un trastorno psicológico, te informo que tu personaje no podría ser un ninja o haber llegado a convertirse en uno, pues durante el paso por la academia eres analizado exhaustivamente, como cualquier tipo de examen militar previo al ingreso... No van a darte entrenamiento para matar a alguien, por una cuestión de lógica de que la aldea buscará siempre salvaguardar a las propias unidades militares de las cuales quieres formar parte, aquellas a las cuales deberías cubrirles la espalda, como también a la propia comunidad que has de proteger.

Se te pide por favor, que tampoco olvides hacer el resumen de acciones que realiza tu personaje. Es algo que está indicado en la normativa del foro y no queremos tener que penalizar a los usuarios por olvidar algo tan básico como ello. Muchas gracias.

Aviso para Rokujō Nanto:

Los siguientes comentarios son una combinación entre un aviso y consejos para mejorar tu narrativa en combate, ya que has entendido bien la situación que se ha impuesto, pero quizás nos has interpretado correctamente las acciones de tu personaje dada su construcción actual.

Primero que nada tu personaje no es un ilustrado del taijutsu, y por mucho que lo fuera, estás intentando realizar una gran cantidad de acciones que por un lado, difícilmente podrás llevar a cabo por completo (pues pueden anularte absolutamente todo el post con un simple corte de acciones), y por el otro, ni siquiera el mas versado peleador podría preveer con tanta antelación una combinación de ataques de semejante calibre.

También dejaré en claro que cualquier usuario al que le postees eso, y sobretodo de la forma en que lo has hecho, dejaría que lo tomases y te daría un buen puñetazo al mentón, sentenciando el combate a su favor independientemente de la diferencia de estadísticas, y ya que "sacrificarías un par de golpes al rostro", no podrías volver atrás tampoco, siendo el peor de los errores en una narrativa bélica cuando no se busca perder.

Se te recomienda a la hora de luchar, reducir el número de acciones que vayas a realizar. Siempre mencionamos que no es recomendable excederse en este aspecto demasiado, ya que conllevaría a pérdidas enteras de acciones que acabarían realizando un engrudo difícil de entender a la hora de darse cuenta que es lo que está pasando en el combate.

• Echarse a la carrera hacia el enemigo.
• Lanzar un puñetazo.
• Alzar la guardia con el brazo libre.
• Posicionar las piernas para el siguiente turno.

Esa enumeración es un buen ejemplo del límite que debería tener un turno de taijutsu por lo menos.

En segundo lugar, declaras que tu personaje se inclina hacia la derecha siendo alguien que tiene una rodilla desencajada; precisamente es la rodilla derecha. Inclinarse en esa dirección, por poco que sea, llevaría a tu personaje a colapsar ya que no mantienes el peso en la pierna contraria —pues por mucho que resguardes tu punto débil, no dices efectivamente que hagas lo recién mencionado—.

Aviso para ambos y conclusión:

Tengan mucho cuidado con lo que hacen. Traten de interpretar bien las cosas y jueguen con cuidado. Piensen mucho antes de actuar y traten de preveer que cosas podrían llegar a ponerlos en peligro si hacen X o hacen Y. Están entrando al País del Té y ahí no habrá quien los salve de la muerte, pues tanto usuarios como el propio staff (ante la falta de movimiento), irán por vuestras cabezas para fomentar la escencia bélica de Nine Beasts y este lugar tan beneficioso pero al mismo tiempo, tan complicado...

Dicho eso la conclusión nos lleva a que el turno de Nozomu ha sido completamente anulado, estando el personaje tendido en el suelo luego de haber sido arrojado recientemente por la ANBU. Rokujō tiene la opción de seguir con su arremetida, reduciendo la mitad de la distancia que había entre él y Nozomu indicada por Narración en un inicio, o quedarse esperando a que su adversario se ponga de pie.

En todo caso, Narración no tiene nada que hacer aquí, por lo que el siguiente post le corresponde a Rokujō pues él no tiene la culpa de que su contrincante no haya interpretado bien la narrativa. Él iniciará su turno en base a las opciones ya mencionadas.
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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Entrada al país del té] Enviados al inframundo

Mensaje por Rokujō Nanto el Miér Jul 11, 2018 8:27 pm

Con aquel chico sin rostro, no hubo palabras. Sin sangre en la lengua más que por el tormento que se deseaba para otro y no para sí, Luger tuvo que contemplarlo tendido contra el agua y la madera de aquel barco repugnante. Apretó los puños, respiró con la dificultad que le profería aquel aullido de dolor que le ascendía por la pierna. Quería gritar, más callaba por mantener la entereza. Apretaba los dientes como unas mandíbulas en su letanía final y con ello, pudo calcular una distancia irrisoria entre quien sería su oponente, y él mismo. En otras circunstancias, habría esperado, aguardado a un enfrentamiento justo ¿Pero en aquella? Sangre, deseaba su captora y nada más. Pidió una lucha entre hombres, pero tan solo despojos que lo fingían se presentaban. Con él derribado y Nanto tullido por sus propios actos, agradecía siquiera la oportunidad de librarse de cuanta ruina pudiera reservarle. Maldijo a Kemuru, a las intrigas palaciegas de quienes no tienen mesura, maldijo y sus declaraciones atormentadas se le agolparon bajo la garganta. Apenas unos instantes permitió, antes de abalanzarse hacia su víctima. Pues en el infierno, era preferible castigar a ser objeto del mismo

En una carrera descoordinada, patética y completamente lastimera, Nanto trató de recortar aquellos cuatro metros con las cuencas alborotadas por el dolor contenido. La rodilla desencajada ardía a cada gesto, a cada movimiento mal calculado un quejido tenia que morir en su garganta por no demostrar mas debilidad que la evidente. Buscando entereza de donde hubo entonces y ahora escaseaba, apenas conseguía caminar sin soltar bramidos por el esfuerzo y el dolor abominable. En apenas unas cuantas de aquellas zancadas miserables, se halló cerca. Apenas dudando, con las lágrimas finalmente descarriadas de sus ojos por el intenso sufrimiento, sencillamente descendió sobre aquel chico.

Alzó la voz en un bramido casi gutural, y toda su rabia pareció restallar de pronto. Con su cuerpo, flexionando la rodilla izquierda y utilizando las manos para proferir el primer golpe sobre su abdomen, Nanto no hizo más que gritar y golpear. Aullaba como un demente, como un animal enjaulado y rencoroso. Dispuesto a uno de los lados de su abdomen, no hizo más que intentar encajar el primer golpe; sobre su abdomen, un segundo lo seguiría con furor espoleado; intentando caer cercano sobre su rostro, apenas un tercero de conciencia pesarosa; nuevamente procaría que su abdomen se viera castigado. Entonces, dispuesto de rodillas y tratando de apoyar las manos sobre él, procuró que su rodilla quedara algo más lejos que la otra, al tiempo que profería maldiciones, tormentos y dolor. Tanto como él lo recibiría, tanto como él temía. Y entre ellos, Nanto, quien no hubo vivido hasta entonces, padeció infiernos y oculto lágrimas con odio; como todo hombre que pueda despreciarse.
Apenas tres golpes que trataron de enlazar con aquel chico inmóvil bastaron para hacer que su cuerpo temblara por el impacto, que su rodilla devastada se estremeciera y él consigo. Y sin saberlo, tan solo deseaba contentar a aquella captora homicida. Por su decadencia y perversión se habría roto las manos ahí mismo hasta que lo hubiera detenido y sin su señal, permanecía la intención.

Volvió a alzar la diestra para la siguiente andanada, confiando en que el agua atormentada por la violencia hubiera enmascarado las lágrimas prendidas, que los bramidos de violencia encendida hubieran matado a los llantos de dolor. Ah, pero sangre exigía el escaso público. Escudriñó a su oponente unos instantes y sin saber hallarla, alzó de nuevo el puño.


INFORMACIÓN:
INVENTARIO BÉLICO:
Requisado e inexistente
Aclaraciones:
En la sección "estadísticas" existen dos números delimitados por un "/" y eso, es debido a la rodilla dañada.
La resistencia de la rodilla, equivaldria a 6, según la narración. La agilidad utilizando esa pierna, a 9. Es por ello que los segundos números delimitados así, corresponden a estadísticas debido a su rodilla desencajada.
Resumen de acciones:
-Con severa dificultad, Nanto recorta las distancias entre él y el cuerpo tendido de Nozomu.
-Pesaroso por tener que hacerlo, sencillamente se abalanza sobre él desde uno de sus flancos, arrodillandose sobre su rodilla sana, tratando de lanzar un golpe directo hacia su abdomen.
-Trata de lanzar un segundo hacia su rostro sin mucha espera, un tercero que trata de impactar de nuevo sobre su abdomen.
-Deja escapar unos momentos, dudando sobre cuales serían los límites y al no conocer respuesta de su captora, vuelve a alzar el puño con la intención de continuar con aquella dantesca ordalía.
  • Fuerza : 8*
  • Resistencia : 12/6*
  • Agilidad : 12/9*
  • Espíritu : 12*
  • Concentración : 12*
  • Voluntad : 9*
  • Chakra : 140
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NB Narración
Master

Re: [Entrada al país del té] Enviados al inframundo

Mensaje por NB Narración el Dom Jul 15, 2018 8:44 pm

????: ????
Su piel, tan delicada como incolora, se encontraba posada sobre aquella repugnante jaula donde, tiempo atrás, se había encontrado el albino postrado. Una mera espectadora que, en cuestión de tan solo unos efímeros segundos se encargaría de delinear con sus viperinas orbes el actuar de quien, bajo su juicio, se encontraba propinando una pequeña paliza al indefenso corderito de los infiernos. Posiblemente, un ser humano que no estaba preparado y que seguramente, no lo estaría en cientos de vidas. Era común a decir verdad, generalmente acudir a los terrenos del país del té se convertía en un modo de impartir disciplina o en su defecto, de deshacerse de la lacra que se encontraba en el interior de las tierras más afamadas. Seguramente, por culpa de quienes con un alma ardiente se pensaron que algún día llegarían a servir de algo y en aquellos momentos, no eran más que meros peores dispuesto a morir cual carne de cañon.

En todo momento la sonrisa de la pálida arlequina se mantendría a la orden del día, delineando aquel cordel de perlas preciosas que componían su macabra sonrisa. Disfrutaba de ver a los benjamines destrozar a los más débiles, como si fuese una razón para sentirse poderosos aunque en pocos días, se convertirían en un simple manjar para los tiburones. —Vaya, de verdad fue un error arrastrar a ese pequeño caramelito a nuestros terrenos.— sentenciaría mientras observaba como el conocido como Nozomu era golpeado por su débil contrincante. Había esperado más, pero estaba claro que aquello había sido un terrible error.

Su lengua lentamente delinearía cada centímetro de sus labios, humedeciendo estos en un simple deje inconsciente, aunque demostraba como era obvio, el deseo por desentrañar el interior de quienes hasta ahora, se habían encontrado bajo sus ojos. —Cualquiera diría que estás enfadado.— continuaría con sorna, apartando sus brazos que hasta el momento se encontraban cruzados bajo su pecho, delatando aquella delicada figura que finalmente se apartaría del borde de aquella celda para comenzar a caminar, pasando por detrás de aquel dúo, o más bien, del despojo humano y su acompañante.

Los miraría por encima del hombro y de forma efímera, sin dejar casi rastro de su interés. Después de todo, se esperaba algo mejor, lastimosamente, había sido penoso. Había un ganador, y alguien que aparentaba ser simple mano de obra con su consciencia totalmente perdida. —Mételo en su jaula. En su defecto deja que muera ahogado.— ordenaría antes de dirigir sus pasos hacia las escaleras que ascendían hacia alguna parte media del gran galeón, posiblemente, donde se encontraban la mayoría de los marineros. Un lugar lejano a la cubierta, pero acogedor para huir de la tormenta.

La iluminación en la zona baja seguía siendo tétrica, monótona, pero por suerte la arlequina se encargaría de alzar su diestra tras subir escasos tres escalones, mostrando un pequeño papel que aparentaba ser lo más parecido a un sello explosivo, pero con grabados desconocidos por cualquier humano que se encontrase sobre la tierra. Un simple ardor azulado se encargaría de impregnar su superficie y hecho aquello este comenzaría a brillar con un grandioso fulgor del mismo color que la llama. —Toma un respiro. Te esperaré en el piso de arriba. Tienes suerte, al menos dejaré que pases la noche en un lugar digno, no como tu compañero.— finalizaría antes de dejar caer aquel papel que lentamente volaría hasta las aguas, no muy lejos del especialista del metal. Aquel papel, se encargaría de iluminar no solo las aguas y sus cuerpos, si no también algo más que la retintineante lampara de aceite.
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DeathBattle
Master

Re: [Entrada al país del té] Enviados al inframundo

Mensaje por DeathBattle el Dom Jul 15, 2018 8:44 pm

Interacción Bélica
Aquí se dará el resultado de este encuentro, incluyendo errores que haya habido con el objetivo de evitarlos a futuro:

Aviso para Rokujō Nanto:

Pese a los consejos dados en la anterior moderación, aún percibimos graves errores por tu parte. Si bien no entraremos en grandes detalle dado a que todo se ha dado por válido ante una ausencia injustificada por parte de Nozomu Nakamura, queremos aclarar que el hecho de encadenar varios golpes está mal visto ya que un simple corte de acciones anularía gran parte de tu post; básicamente estas roleando solo como si no tuvieses una contraparte a la que respetar y eso no es lindo de ver.

Por otro lado, queremos indicarte que hay un error grave y es la falta de especificación en tus ataques. Lo haces al abdomen o al rostro, pero sin destino claro, sin trayecto especificado... ¿Qué obtendrías de esto? Bueno, es un error que te puede costar la vida, ya que tu adversario se puede aprovechar del mismo y creeme que en el País del Té, al menos Narración no lo dejará pasar ni siquiera una sola vez.

Mucha suerte, y prosigue con el curso de la trama.
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Nozomu Nakamura
Getsu Genin

Re: [Entrada al país del té] Enviados al inframundo

Mensaje por Nozomu Nakamura Ayer a las 12:06 am


Otro golpe, casi sin esperarlo o sin darse cuenta la cruenta mujer había agarrado al chico y lo había lanzado como si se tratara de un mero kunai contra las paredes del navío, haciendo que el chasquido de la madera resonara por el sitio, sin duda el golpe fue más que demoledor pues, indiferentemente de si el mismo venia del entorno roto por el golpe dado con la espada de Nozomu como si fuera su columna resquebrajándose, el dolor del chico era más que notable pues retorciéndose en el suelo casi parecía convulsionar debido al daño que sentía, colocándose boca arriba mientras intentaba respirar de mejor modo, tosiendo sangre y escupiendo de la misma sustancia por el brutal impacto, casi parecía totalmente ajeno al movimiento de su compañero que, recorto distancia y se le echó encima, no dijo nada simplemente intento fijar su vista borrosa sobre el chico que lo había tirado al suelo y se había puesto sobre él, no podía hacer nada simplemente soltar lo que parecían ciertos alaridos de dolor rezumantes ante aquella situación que estaba muy lejos de mejorar.

Una serie de impactos hicieron al joven perder la consciencia, fue brutal la clase de daños recibidos, sin poder moverse y casi como si con la mirada pidiera excusas su consciencia voló por la brutalidad de los actos, no supo decir cuántos golpes había encajado pero los suficientes como para que la largo oscuridad lo invadiera, sumiéndolo en lo que parecía un sueño aciago, era como si todo a su alrededor desapareciera, el latir de su corazón y el regurgitar de su sangre en su cuerpo, como si el eterno silencio fuera engullendo todo, eran como fragmentos inconexos de lo vivido, recuerdos ocultos en su mente que parecía ir recordando poco a poco, sueños banales y que parecían no tener ninguna clase de información importante, recordaba estar sentando en un patio, tranquilo, arena fina y arboles finos en las proximidades, estar tranquilo y en calma, como si nada pudiera alterar aquella tranquilidad, estaba tomando un poco de pan con dios sabe que, observando el horizonte, era bastante crío en aquellos entonces, era una de las experiencias más tranquilizadores que recordaba y que le ayudaban en los momentos más oscuros, ese no era un caso distinto aunque quizás mucho más peligroso e inusual, había fracasado en su intento de ayudar y pese a todo su esfuerzo las cosas habían salido mal para el joven, quizás aventurándonos a lo peor que pudiera pasar podrían ser los últimos instantes de vida del ninja.

No podía moverse ni salir de aquel sueño espeso, aquella especie de lugar alejado de su cuerpo que lo mantenía a salvo, seguro y sin dolor, todo lo contrario de lo que había tenido que ver y hacer hasta ahora, se sentía como cuando era un niño pequeño, una sensación tan genuina y buena que no sabía si podría abandonar, quizás pronto no hubiera lugar donde volver  pues, la única sensación que percibía era como estar flotando, libre de cualquier malestar o presión, dicha cualidad o capacidad era algo innato que provenía del recuerdo recurrente que afloraba dentro de su cabeza, intentado claro hacerlo participe sonando dentro de sus propias entrañas y en su cabeza, una cálida voz melosa y dulce proveniente de su madre, mujer que lo animaba y alentaba a ser mejor cada uno de sus días, el dolor que podría haberse atisbado en un principio parecía haberse diluido en la clarecedora mente del chico que, inmerso en su propio sueño de inconsciencia afrontaba su destino.


Resumen de actos | Inventario:

Importante: Basándome en el error de haber anulado mi post, pensé (de forma errónea)
que no debía postear hasta que lo volviera hacer la Narradora (error explicado de forma brillante
por parte de mi compañero Kenta), aclarar también que no me encuentro Ausente y pedir,
una vez más perdón por mi fallo.

Acciones realizadas:


  • Debido a este último post mis acciones son reducidas, asumiendo todo el daño de los post
    anteriores  quedo  inconsciente por la cantidad de daños recibidos.


Inventario Bélico:
Carente de equipo bélico. (Requisado)

Técnicas utilizadas:
Sin técnicas usadas este post.

  • Fuerza : 1*
  • Resistencia : 1*
  • Agilidad : 3*
  • Espíritu : 8*
  • Concentración : 8*
  • Voluntad : 2*
  • Chakra : 61*
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Rokujō Nanto
Getsu Genin

Re: [Entrada al país del té] Enviados al inframundo

Mensaje por Rokujō Nanto Ayer a las 5:39 pm

Debió esperar tanta angustia como él mismo blandía e infligía. Sobre aquel miserable de aspecto detestable no obtuvo más que los quejidos de un condenado, las saetas de dolor sincero que eran expulsadas en forma de sangre lívida, repugnante y restallando, parecieron impregnarse sobre sus guantes de cuero. Adolorido, sintiendo el impacto aún persistente en el resto de su cuerpo y aquel dolor espantoso arrastrase desde su pierna hasta el hueso mas recóndito y la pulsación mas leve, Rokujo terminó por lanzar un bufido de angustia. Mezcla por la ruina de su cuerpo, por el descenso de quien se creyó ser y resultó no ser.
Apoyado con ambas manos sobre el cuerpo sin respuesta de aquel chaval que apenas alcanzaría la veintena, trató de levantarse con suma lentitud, haciendo un esfuerzo por no caerse hacia los lados y tratando de apoyar la pierna tan poco como le resultaba posible. A cada error en su movimiento, se le castigaba con una descarga de rabioso dolor, centellas de fuego sin lumbre ni chispas; contuvo los gritos de pavorosa agonía. Apretó los puños y terminó por levantarse a duras penas. Trastabilló en el sitio y tuvo que apoyar un mínimo de peso sobre aquella pierna devastada. Bajó la vista, y volvió a contemplar al joven cuya sangre metálica se mezclaba con el salitre del agua filtrada. No olía a violencia, ni a sudor, ni a muerte anunciada. Quizá Kan'ei era única en tornar cada instante en un bello obsequio de belleza evidente, pero lo que veían sus ojos era desgraciada realidad.

Aquella mujer habló, y por su tono de vacua sinceridad, no pudo sentir más que una acusación dolorosa, aguda e incisiva. Por muy poco resultaron aquellos golpes, por puro azar su condición apenas elevado un metro y tantos más de aquella madera hinchada y empapada en la que se encontraba el otro. Lo que debió ser lástima, fue simple vacío impuesto. No debía dudar, no osaría siquiera deliberarlo.

- Tengo mis razones. - Respondía con hosquedad, e incluso entonces, aquel deje de cortesía y entonación musical no pareció abandonarle del todo. Uno no podía olvidar qué fue en el pasado en apenas unos días. Acompañando aquel aguijón de acusatorio remordimiento, se sucedieron las desgarradoras deliberaciones de su pensar. Se sintió una bestia, un animal, un despojo, un preso sin nombre más que aquel que apenas reconocía. No alzó la vista cuando ella pasó por su vera. Si ella les dedicaría una mirada de efímero desinterés, en Rokujo no hubo más que certera rabia bien digerida. Cuando se hubo alejado lo suficiente, volvió a entonar aquellas letanías espantosas que tenía por voz su captora. Cada sílaba era una amenaza, cada derrotero una simiente indeseable. Sentía miedo, pavoroso, sincero y ahogado. Asintiendo ante el miserable encargo, no apartó la vista de aquel cuerpo inconsciente un instante más que al momento de verla marchar escaleras arriba. En ese momento, el papel de ánimas azules descendió hasta iluminar aquella habitación. En un principio retrocedió, receloso, sin saber realmente de qué se trataría. Tragó saliva y cuanto tuvo que pensar calló en cuanto ella volvió a dirigirse a él. Alzó la vista hasta encontrarse con ella pero no osó mirarle a los ojos; fuera por miedo, por saber cual era su lugar... no fue nada fácil siquiera mantener la mirada sobre sus zapatos.

- Estaré en unos momentos... - Apenas un torrente leve, pero suficiente. Ante aquella adversidad, no dejó escapar un instante. Con la mirada abatida, el pensamiento ensombrecido y los hombros caídos, se agachó con una dificultad indecible que le provocó no pocos accesos de aquel dolor tan genuino como insoportable. Acercando las manos al joven, se hizo con el cuello de su camisa y lo arrastró entre insuficientes zancadas hasta llegar a su celda. Paso tras paso, lastimado y abatido, consiguió arrastrarlo a duras penas hasta lo que fué su celda. Se permitió unos momentos, en los que cargando con él por los hombros, procuró que quedara sentado sobre una de las esquinas de cubículo. Sin mucha dilación, solo esperaba que permaneciera con vida hasta llegar a su destino. Y no sintió remordimiento alguno...

- ... porque debes ser castigado en mi lugar, desgraciado. - Procuró que quedara en una posición estable, con las piernas extendidas y el cráneo apoyado en una esquina. Tras ello, se reincorporó esgrimiendo un gesto contraído provocado por aquel dolor que cada vez, resultaba mas insoportable. Debía solucionarlo.
Fuera de la celda, procuró cerrarla cerrando aquel portón de hierro herrumbroso. Sin saber si bastaría con aquello, escudriñó el mecanismo que ella había utilizado para abrir la celda. Sin entenderlo realmente, quiso terminar el trabajo, pero sin saber como hacerlo, se decidió por algo distinto.
Abrió el portón de nuevo, se internó en la celda y se llevó las manos a la corbata. Dudó, contemplando aquel nudo que anteriormente deshizo tan solo para que ella volviera a hacerlo como debía ser. El labio inferior amenazó con un apremio indecente, contuvo un sollozo y sin pensarlo, con brusquedad, se deshizo de la corbata. La usó para atar las manos de aquel miserable tras su espalda a partir de las muñecas y el extremo, a uno de los barrotes de hierro situados a una distancia de casi un metro del suelo. Eso lo mantendría alejado del agua, atado sin remedio y asegurándose de que no desharía el nudo con facilidad, terminó por salir antes de volver a cerrar el portón.

Habría querido despertarse de aquellos momentos infernales, y en un silencio tan solo interrumpido por el agua que removía entre aquellas parodias por pasos, Rokujo se sentó en uno de los lados de aquella estancia iluminada por el fuego áureo de aquel papel. En un principio acobardado de que resultara ser algún explosivo, determinó que no habría sido tan malo. Morir entonces, quizás habría sido mejor destino.

Trató de hallar un lugar en el que sentarse, ensombrecido su humor por aquel dolor, no hizo más que quejarse en un silencio sepulcral. Sin saber bien de cuanto tiempo disponía, Rokujo trató de apremiar la situación como pudo. Sentado y procurando mantener la pierna derecha extendida por completo, luchaba no solo por hacerlo, sino además por mantener un silencio miserable. Usó las manos para escudriñar la situación y procuró determinar el estado de la lesión. Convino, en que estaba desencajada sin lugar a dudas. Versado como estaba en las artes médicas, agradeció su instrucción y acumulando chakra en la punta de su índice, sencillamente tocó la rodilla una sola vez. De pronto, pudo respirar como nunca antes lo hubo hecho.  Bajo las indulgencias de aquella anestesia, sus manos procuraron recolocar la rodilla sin el dolor que cabría esperar. Con el pulso aún levemente tembloroso por los golpes, el vaivén del barco entorpeciendo sus esfuerzos y lo dantesco del escenario, finalmente pudo hacer cuanto en sus manos estuvieron. Pudo haber sido mucho peor, pudo existir rotura y no la hubo, podría haber sido otra su disciplina... pero no fue aquello.

Agradeció en silencio a sus maestros y prácticas, para luego, asegurándose de la inestable posición de aquella rodilla, volver a levantarse. Tuvo especial cuidado de no apoyarla en exceso, de tan solo ejercer lo mínimo para caminar estable y erguido y sin más tiempo que perder, comenzó a ascender aquellas escaleras. Bien agarrado a las paredes, atento a la inestable situación del navío, Rokujo ascendió en una evidente cojera sin saber qué esperar. Aún pronto para sentirse afortunado por escapar de su celda abandonando al otro a su infausto destino, en sus ojos de acero tan solo hubo resquemor, miedo, angustia, incertidumbre... pero ascendió igualmente. 


INFORMACIÓN:
INVENTARIO BÉLICO:
Requisado e inexistente
Aclaraciones:
En la sección "estadísticas" existen dos números delimitados por un "/" y eso, es debido a la rodilla dañada.
La resistencia de la rodilla, equivaldria a 6, según la narración. La agilidad utilizando esa pierna, a 9. Es por ello que los segundos números delimitados así, corresponden a estadísticas debido a su rodilla desencajada.
Técnicas Utilizadas:
Masui Sejutsu (麻睡窃術, Anestesia Secreta)
Mediante la concentración de chakra en la punta de los dedos, se toca un músculo o extremidad a fín de generar un efecto de anestesia sobre el mismo, haciéndolo temporalmente insensible al dolor, tacto o calor. Es comúnmente usado antes de iniciar una intervención médica, y sólo es utilizable si el afectado no opone resistencia.
Consumo: 18Ck activar.
Resumen de acciones:
-Aún sobre Nozomu, comprende que todo ha terminado excesivamente rápido. Sabiendo de la decepción de su captora pero tambien de su aparente victoria, se levanta justo al lado del cuerpo inconsciente de Nozomu.
-Responde con frases cortas, nunca dedicándole una mirada directa y ante su ofrecimiento y última orden por parte de la arlquina, Rokujo accede sin remedio.
-Confuso por el funcionamiento de las celdas, termina por arrastrar a Nozomu hasta la suya, deshacerse de su corbata y atarle por las muñecas a uno de los barrotes intermedios.
-Cierra el portón por segunda vez al salir, y haciendo uso de "Anestesía Secreta" trata de realinear su rótula como buenamente le es posible.
-Sabiendo que ha sido una intervencion deprimente, agradece no sentir el dolor, pero sin embargo, no apoya demasiado la rodilla.
-Asciende por las escaleras con especial cuidado en no caerse por el vaivén del barco, sin saber muy bien qué va a encontrarse.
  • Fuerza : 8*
  • Resistencia : 12/6*
  • Agilidad : 12/9*
  • Espíritu : 12*
  • Concentración : 12*
  • Voluntad : 9*
  • Chakra : 140 - 18 = 122
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