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[ID] Yuki Haru.

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Yuki Haru
Kumo Genin

[ID] Yuki Haru.

Mensaje por Yuki Haru el Jue Jul 12, 2018 8:35 am

Yuki Haru
Ojos: Marrón
Complexión: Ectomorfo
Cabello: Castaño
1,72
Edad: 19 años
64 KG
PAÍS DEL RAYO — KUMOGAKURE
Clan: Yuki
RASGOS FÍSICOS
Haru es un joven de tez blanca — muy blanca, puesto que evita exponerse a los rayos solares —. Su piel está poblada de lunares: un par en el rostro, en el torso, en la espalda y unos cuantos más en los brazos.  Lunares llenos de gracia, pues le sientan bien a su tono de piel y a sus cabellos. Pese a su entrenamiento shinobi, apenas ha desarrollado musculatura.  

Lleva un estilo de cabello que considera moderno: de ambos lados corto —casi afeitado — y en medio largo —lo cepilla hacia la izquierda—, dejando la patilla a la altura del lóbulo de la oreja.

Su cara no presenta marcas o imperfecciones más allá de un par de lunares que adornan sutilmente su rostro: uno en su mejilla derecha, otro debajo del labio inferior.  Unas cejas bastante pobladas, labios gruesos y carnosos, una nariz delgada y fina, y un lunar en su parpado derecho, son los rasgos que más destacan de su imagen.

Su vestimenta consiste en una camisa ajustada de manga larga con el cuello alto de color gris claro, al abrochar los botones los hilos forman una equis (X), lo que da cierto aire de elegancia.  Lleva un par de brazales negros que van desde el antebrazo hasta la mano — sin cubrir los dedos—, arriba de la piel que compone el brazal, va una ligera y delicada placa de metal, que más que ofrecer protección, es usada para adornarlos.

La parte inferior está conformada por un pantalón negro ajustado, un pañuelo de color gris oscuro con el símbolo del clan Yuki, colocado de tal forma que al colgar de su cintura forma un triángulo, finalmente, calza una especie de botas que deja los dedos al descubierto, del mismo color que la camisa.

En asuntos donde requiera el uso de su protector ninja, suele llevar el pedazo de tela azul junto con el protector en la cintura de forma arqueada, dándole un ligero toque de desorden al atuendo. En cuestiones más oficiales, la coloca en su frente.

En la mayoría de ocasiones usa con capote con capucha, con el fin de protegerse del sol.
DESCRIPCIÓN PSICOLÓGICA

Se trata de un joven irónico, descreído y religioso cuando lo cree pertinente.  Con el tiempo ha desarrollado un pensamiento que considera realista, aunque más que ser objetivo, se trata de ser pesimista casi todo el tiempo.

Es un joven con ideas perfeccionistas; ideas propias de lo que es perfecto, donde no suelen importar las opiniones de los demás. Elegirá el bien por sobre el mal, y si la situación no lo permite, regirá por el mal menor.

Trata de cuidar tanto sus acciones como su aspecto físico, puesto que le importa lo que los otros piensen o diga de él, aquello lo ha llevado a desarrollar una conducta exagerada cuando se trata del cuidado de su vestimenta, cabello y cara; tiene la costumbre de aplicar champús de olores extravagantes, así como cremas y mascarillas con el fin de cuidar su cutis.

En el fondo es un joven solitario y amargado, alguien a quien le cuesta aprovechar y disfrutar de los pequeños momentos de la vida. Es un comportamiento que lleva intentando arreglar desde hacía tiempo, pero hasta este momento, no lo lleva demasiado bien.  En un joven serio, un muchacho que apenas sabe cómo entablar y dar hilo a conversaciones, en ocasiones, no sabe cómo reaccionar o qué decir en medio de la platica, pero si la situación lo requiere o si él lo desea, hará el intento por llevar una buena conversación. Cuando se siente en confianza, se trata de una persona mucha más abierta en cuanto a sus emociones, bromista, incluso. Es una persona fiel a su aldea y respetuoso con sus superiores, un sujeto que siempre tratará de acatar órdenes sin preguntar.

Vive al día, sin preocuparse mucho por el futuro, eso sí, con la meta bien puesta de cada día mejorar para seguir su ideal: cuidar y proteger a las personas inocentes.

En ocasiones siente un vacío, una sensación de que algo le hace falta, dicho sentimiento lo lleva a sentir infinita desesperación, sensaciones que lo queman por dentro y le roban el aliento. Dichos sentimientos los calma distrayéndose en entrenamientos, metido entre páginas de libros o probando diferentes platillos culinarios. Aún busca rellenar ese hueco, así como encontrar un propósito que lo aferre más a la idea de vivir.
HISTORIA
Haru nació una noche de primavera — de ahí el nombre —. Hijo de una madre oriunda del país del agua y descendiente del clan Yuki, y de un padre poco habilidoso — pero shinobi local, al fin y al cabo—, Haru creció bajo un régimen con códigos militares y entrenamientos.

Sus padres eran militares de Komugakure no sato, y a pesar de no gozar de mucho renombre, aquello no impedía que se ausentaran por días debido a sus misiones, dejando a Haru solo y perdiéndose de momentos importantes.

Su abuelo, Yuki Ren, un militar retirado, era el que se encargaba de él en la ausencia de sus padres, lo que terminó creando un gran y poderoso vínculo entre ellos.

El muchacho había nacido con el talento característico del clan Yuki, pero tenía que entrenarlo y trabajarlo por toda la vida. Los entrenamientos eran pesados y poco eficientes, algo que culminaba la paciencia de sus padres.  ¿Qué se le puede reprochar un niño de 5 niños cuyo instinto es divertirse y jugar?

En busca de criar al soldado perfecto, decidieron no inscribirlo en la academia ninja a temprana edad, puesto que ellos mismos se encargarían de su entrenamiento, y no solo eso, también privarían a Haru de muchas libertades, ocasionando que Haru creciera en soledad: sin amigos y con unos padres ausentes casi todo el tiempo.

En ocasiones, donde la rebeldía ganaba sobre las reglas, Haru escapaba de casa, con el único fin de jugar y pasarla bien con otros niños, pero su madre se percataba de ello y lo reprendía severamente. Sus padres sembraron en él la idea de que no necesitaba amigos, diversión ni amor — irónico, pues ellos se amaban —. Aquello causó un retroceso importante en su vida, a la par que provocaba un enorme sentimiento de vacío, puesto que hablaba más con su mente que con la gente.

A partir de los quince años comenzó a desarrollar su propio pensamiento, se deshizo de las ideas que sus padres habían sembrado en él.  Decidido y casi convertido en un hombre, se reveló en contra de aquellos ideales y falta de motivación, abandonó con ellas la idea de inscribirse en la academia para convertirse en shinobi.

Tristemente, ya era un poco tarde, pues se había acostumbrado a la soledad, a llevar una vida amargada y vacía, una vida llena de entrenamientos y trabajo duro.  

Pensó que revelarse llenaría aquel hueco, no obstante, no fue así, se hizo más grande.

Cuando salía a hacer las compras, observaba gente que estaba acompañada, personas que intercambiaban sonrisas, palabras y miradas. Se divertían, se entretenían, se enamoraban, él lo sabía. A todos veía y nadie lo veía él.

Entonces lo entendió.

Creyó que ese vacío lo saciaría conociendo más personas, pero todos eran intentos fallidos. Demasiado tarde… no sabía cómo iniciar una conversación, se ponía nervioso y el fondo le importaba tanto los que los otros dijeran o pensaran de él, que en ocasiones lo dejaban atónito. Cada error o decepción que cometía lo llevaba a recordar el pensamiento de sus padres “no necesitas a nadie”, pero nunca se dio por vencido.

Con altos y bajos, intentó incluso conocer el amor, pero era complicado, ya que no era muy guapo ni carismático. Su abuelo, en una tarde de risas, le aconsejó que debía comportarse como un galán, pensamiento que lo llevo a desarrollar una conducta perfeccionista, cuidando en exceso su cabello y cutis.

Todo cambió cuando cierto día, una mañana cualquiera, en el mercado, entre la muchedumbre, vio a una hermosa muchacha: morena, alta, con unas caderas bien marcadas. Haru la vio y la muchacha también lo vio a él, intercambiaron miradas y un par de sonrisas. Él no se movió, clavó sus ojos en ella, hasta que finalmente la chica tuvo la iniciativa y lo saludó. Pensó entonces que las sesiones de belleza habían surtido efecto y se había convertido en un galán.

Se presentó como Hana, y Haru apenas sabiendo cómo reaccionar, lo hizo también. Hablaron un rato; Hana no pertenecía a la aldea, sino que venía desde Kami no Ten'No y acompañaba a su padre, el cual era comerciante y venía a tratar asuntos de trabajo una vez por semana a la aldea.

El muchacho creyó que el destino o los mismísimos dioses la habían puesto en su camino, lo creía firmemente y no iba a desaprovechar la oportunidad.

Todo ese día la pasó junto a ella. Después de mucho tiempo, Haru disfrutaba estar vivo, se sentía completo, en plena confianza — a pesar de apenas conocerse —. Hana lo entendía, reía de sus bromas, y cuando no tenía idea de cómo seguir con la conversación, ella ayudaba. Por primera vez ya no sentía aquel vacío.

El maravilloso día llegó a su fin, pero prometieron volverse a ver la semana siguiente. Y así fue.

Con el paso de las semanas, se enamoraron. Eran jóvenes: ella iba por su tercer noviazgo, mientras que Haru, apenas iba por el primero. Hana se encargó de motivarlo, Haru poco a poco dejaba de ser un amargado, perdía el miedo y comenzaba a disfrutar la vida.

En una ocasión, Haru le confesó la idea de dejar los entrenamientos complemente para vivir un sueño loco de enamorados, pero ella respondió con una sonrisa en sus labios y una frase que lo marcaría de por vida: ¿Luego quién me protegerá?… A mí y las personas inocentes.

Su romance duraría poco más de un año, hasta que una vez Hana no llegó a la cita, citas que se habían vuelto una rutina de todas las semanas. Haru la esperó hasta que vio el sol ocultarse, entonces supo que no llegaría.

Semana tras semana, el muchacho repetía el mismo ciclo: iba desde la puesta del sol hasta que se ocultaba. Hana nunca volvió a entrar por aquellas puertas.

Le lloró, la maldijo, incluso a aquel dios que en su momento le agradeció por ponerla en su camino, ahora lo insultaba. Intentó resignarse, pero semana tras semana, con la esperanza bien puesta, la esperaba.

Al pasar casi dos meses de su ausencia, vio a un sujeto extraño entrar por las puertas de aldea. Tenía facciones parecidas a las de Hana y su padre, aparte, concordaba con las características del hermano mayor de Hana que alguna vez le contó. Llenó de esperanza, se apresuró a saludarle y preguntar por la susodicha.


Efectivamente, se trataba de su hermano mayor, pero las noticias no fueron buenas: Hana había sido asesinada junto a su padre camino a casa, habían sido víctimas de un asalto, el viejo al parecer había mostrado resistencia y eso había provocado la muerte de ambos.

Haru regresó a casa, lloró, maldijo, odio a todos los dioses, al Daichi entero. Golpeó con sus nudillos el suelo hasta el cansancio. Ya no había nada, no tenía ganas de vivir, ya no le quedaba nada que proteger.

Había perdido la primera persona que había amado, la persona que amaría por siempre, aquella que le había dado sentido a su miserable vida. Ella había sido la mejor parte de cada día, de cada pedazo del corazón latiendo que tenía. No encontraba un propósito en su vida, sentía que en todo el mundo nadie lo necesitaba, era innecesario.

Sin ganas de vivir, desmotivado, esa misma noche colgó una soga de un árbol de su patio, después la colocó alrededor de su cuello, empujó con sus pies el banco en el que se había subido anteriormente y de un momento a otro la cuerda se tensó, provocando un ligero chirrido y después un enorme silencio.

Tsk.

Repentinamente la cuerda se trozó y su cuerpo cayó.

Envuelto en lágrimas y escalofríos, creyó que los dioses o el destino le estaban dando una señal —omitiendo el hecho de que la soga estaba a medio podrir —, una señal que le decía: no te rindas, aún te queda algo que hacer.

Entre todo ese drama, recordó las palabras que Hana alguna vez le dijo: “¿Luego quién me protegerá?… A mí y las personas inocentes”.

Se levantó con el propósito de seguir entrenando, con el fin de seguir lo que su amor de su vida le había encomendado: proteger a las personas inocentes, de elegir el bien sobre el mal. En cada persona inocente vería a Hana y la protegería con su vida, y en cada rival, observaría a sus asesinos.

Con aquel ideal, decidió regresar con los entrenamientos, para después, con sus dieciocho años de edad, inscribirse la academia y prestar sus servicios a la aldea y sus habitantes.

Su paso por la academia le  tomaría un año, pues ya conocía algunas cosas que sus padres le habían enseñado en el pasado, lo que permitió que se graduara a los diecinueve —una edad avanzada, a comparación del resto de sus compañeros —.

La amargura y el vacío habían regresado, pero ahora, ya graduado y después de haber encontrado el propósito en su vida, estaba más motivado que nunca por seguir con su vida, con el deseo de rellenar el hueco una vez más y encontrar más motivos por los que vivir.
avatar
Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

Re: [ID] Yuki Haru.

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Jue Jul 12, 2018 9:57 am

EXPEDIENTE ACEPTADO¡Bienvenido, Haru! te recuerdo que las placas metálicas que mencionas en tu descripción física no podrán ser utilizadas on rol a menos que te las crees. También, decirte que cambiaré tu nombre de 'Satoshi' a 'Yuki Haru'. Puedes proceder con los Registros. <3

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