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[Auto-misión rango C] Fumihiro.

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Kazuma Hozuki
Getsu Chunin

[Auto-misión rango C] Fumihiro.

Mensaje por Kazuma Hozuki el Vie Jul 13, 2018 8:16 am


Entre sus manos el pergamino iba danzando, leía de un momento a otro cada una de las palabras para ponerse al tanto con su deber. Kazuma llevaba ya unas cuantas semanas en un letargo enorme donde no quería hacer nada. Levantarse de la cama solo suponía un problema mucho más grande, seguía agotado mentalmente tras el examen. Fue Yuriko quien se encargó de recordarle que debía trabajar, pues las facturas no se pagaban solas. La cosa era que tras discutir por la mañana había salido para tomar una misión del complejo donde las repartían.

Ahora portaba el chaleco táctico de la aldea, encima su capa característica de todo shinobi de la luna, y por último su equipo, incluida aquella mochila llena de dulces y una botella de agua, sumado claro al equipo para acampar. La cita había ido como siempre, se había paseado por el edificio hasta hallar el lugar correcto y tomar un pergamino un tanto desgastado, como si la misión llevara ahí mucho tiempo. Y no era para menos, pues no se trataba de nada espectacular, una simple misión de escolta para un viejo hombre en busca de cosas que unir a su viejo huerto.

Llegó entonces a la morada indicada, una choza de apenas una planta ubicada al norte de la villa, se notaba el cariño de la construcción, a pesar de que los materiales eran pobres. Detrás se podía ver una especie de parcela con vida, probablemente el huerto del que se hablaba en el pergamino. Tocó un par de veces dejando al silencio hacer lo suyo, y cuando notó que nadie respondía, tocó un par más. —Disculpa. —Se escuchó desde el interior del hogar. —Creí que había sido imaginación mía. —Al abrir la puerta se encontró con una grata sorpresa.

Un anciano en toda regla, encorvado incluso por el pasar de los años, no medía más allá de un metro con cincuenta centímetros, comparado con el metro ochenta de Kazuma, la diferencia era bastante. Su piel era blanca como la nieve, aunque arrugada, y el poco cabello con el que contaba parecía tan frágil que cualquier atisbo de viento podía llevárselo en cualquier momento. Vestía un traje típico de campesino, incluido un sombrero de paja cuadrado colgado en la parte de su joroba. Hacía juego con la ropa de manta color crema y las sandalias de madera.

Eh. —Escupió el pelirrojo. —Supongo que es usted Fumihiro-san, mi nombre Hozuki Kazuma, chunin de la villa, y seré su escolta para la misión que ha solicitado sobre ir al sur del país. —Un discurso elegido a dedillo y sin parar, con la entonación suficiente para no sonar como el niño que tenía dentro. —Ya veo, creí que nadie vendría, llevo semanas esperando por esto. —Incluso su risa era débil, se notaba que el hilo de su vida se deshebraba lentamente, como si estuviera en los últimos momentos, escribiendo las últimas páginas de aquel glorioso libro.

Sin más que decir entró a su morada, para salir dos minutos después con un viejo bolso y un bastón que lo ayudaba a caminar a una velocidad mucho más decente. —Andando. —Y con solo esa palabra, su viaje comenzó. Kazuma encontró curioso la forma en que el viejo caminaba, parecía despreocupado, y no hablaba mucho, contrario a las personas de la tercera edad que había conocido antaño. El señor Fumihiro se mantuvo al margen de comentarios banales que no aportaban nada a la misión, tenía claro su lugar en la misma, era el protegido y contratista, de lo demás se encargaba el intento de médico.

La elección de transporte no fue complicada, un carromato sencillo junto a un hombre que pudiera llevarlos a ambos, pues ir a pie para el viejo Fumihiro suponía un esfuerzo sobrehumano, prefería pagar a alguien que lo llevara antes de siquiera pararse a pensar en caminar durante un par de días. Kazuma adoptó una posición tranquila, al final era el anciano que mandaba, se limitó a ir en el asiento del frente junto al conductor para vigilar el camino, estaba de servicio, debía protegerlo a como diera lugar de todo, ¿O no? Como fuera, se tomaba muy a pecho su lugar.

El tiempo hizo lo suyo y llevó al trío hacia el sur, recorriendo los hermosos paisajes de la isla, incluyendo su vegetación tan paradisiaca y la fauna que salía de entre los árboles para mimar el paisaje. Dotar de vida cada recoveco resultaba una tarea prioritaria de la madre tierra. Finalmente tuvieron que hacer una parada para comer, para la suerte de todos, el señor había sido inteligente y había traído consigo un pedazo de carne que tenía guardado en casa, suficiente para incluso cenar. Pues estaba previsto que llegarían a un poblado al anochecer.

Dime muchacho, ¿Qué quieres hacer con tu vida? —Preguntó Fumihiro, entusiasmado, mientras daba un gran mordisco a su parte. —No entiendo del todo la pregunta, soy militar, supongo que eso es a lo que se refiere, ¿No? —Kazuma trató de entenderlo, pero resultaba casi imposible para el Hozuki. —No, no, me refiero a tu vida en general, ¿Planeas casarte o hacer algo más? ¿Es la milicia todo lo que quieres hacer a lo largo de vida? —Y entonces se dio cuenta de las intenciones del viejo, suficientemente lento como para quedar como un subnormal. —Oh, la verdad es que no se, nunca me he planteado eso. —Casi por instinto llevó el índice diestro al mentón, levantando la mirada en el proceso. —Supongo que la medicina es una de mis pasiones. —Cerró con una sonrisa, dedicándose a comer. —Ya veo, interesante, ¿Te dije de que es mi huerto? —Kazuma negó con la cabeza. —Me dedicó a cultivar plantas medicinales y hago remedios caseros para aquellos pobladores a los que el dinero no les alcanza del todo, antaño también me pegaba unos cuantos meses viajando y ayudando a los poblados más descuidados del país, pero esas son viejas historias. —La siguiente hora entera transcurrió entre murmullos y pláticas sobre la larga vida del señor Fumihiro.

Y entonces llegó el motivo de todo. —Hace un par de años cometí el error de venir al sur, quería ayudar a un viejo amigo que se había mudado, y en el proceso me encontré con que el poblado entero estaba enfermo de lo mismo, me di cuenta de que tenía fácil solución, pero todos los medicamentos eran suministrados por un grupo especial, una especie de contrabando, decidí enseñarles a hacer un remedio con algunas plantas que llevaba encima y tiré su negocio. —La historia sonaba increíble hasta para el mismo Kazuma, dudaba bastante de la veracidad de todo, pero vamos, no perdía nada con escucharlo, ya era viejo y quizá contar sus desventuras era su modo de pasar el tiempo. —Lamentablemente dejé todas mis reservas ahí, y nunca he podido encontrar la planta en cuestión, es por ello que quiero ir a ver si algún aldeano la cultivó, con suerte regresaré con una y podré hacer mi propia reserva en la villa, suena ideal, ¿No? —El pelirrojo simplemente asintió, dejando volar la imaginación de Fumihiro. Una vez terminó, partieron rumbo al poblado.

La llegada al mismo no fue complicada, cosa de tramites en los cuales se vio involucrado un problema con los pagos, pero nada fuera de lo normal. Kazuma decidió montar guardia fuera de la habitación del viejo Fumihiro, pues fuera o no realidad lo que contaba, tenía el deber de protegerlo, aunque fueran simples demonios mentales. Fue el destino quien se dedicó a hacerle ver que estaba mal, que todo lo que había creído hasta ahora no eran más que simples maquinaciones suyas, pues de un momento a una flecha se clavó justo a un lado de su mejilla, rozando y provocando un pequeño corte.

Kazuma de inmediato se hizo agua, perdiendo el cuerpo en el proceso, pero respirando aire puro para el susto, de no ser por la mala puntería ahora estaría muerto. Se sintió mal por haber fallado, que siguiera vivo ya no era virtud suya, era cosa de que alguien más no tuvo la fuerza necesaria para acabar con su vida. Dejó de perder el tiempo y se movilizó, escurriendo entre las tablas de madera que hacían de suelo. Poco después encontró al autor de tal mensaje, un hombre vestido de negro con una máscara de demonio que se encontraba probablemente buscándolo en las cercanías.

Se materializó parte de su cuerpo para disparar impactar posteriormente con el látigo, aprovechando la ventaja y de paso capturando al maleante. La siguiente media hora transcurrió en un intento por saber porque lo querían muerto. Contra todo pronóstico, la historia de Fumihiro era verdad, al parecer existía un hombre que de algún modo se enteró de su venida al sur y quería eliminarlo por pecados de antaño. Cosa que no hizo más que sorprender al propio pelirrojo, quien dedicó el resto de la noche a entregar al hombre a las autoridades y de paso se tomó en serio su guardia.

Al despertar, Fumihiro se encontró con que Kazuma se había quedado dormido junto a la puerta, hizo lo indicado para levantarlo y posterior mente fueron a desayunar. Ya con el estómago lleno el trío partió para recorrer las últimas cinco horas de viaje hasta el poblado elegido. El medico creyó que encontraría cierta paz en el camino, pero cuando menos se lo esperó una emboscada recibió al transporte. Rodeado de tres hombres a caballo, Kazuma tuvo que elegir que hacer, pues todos portaban katanas que podían terminar con la vida del conductor en cualquier momento.

Optó por algo mucho más sencillo, disparó un par de chorros de agua especial desde su boca, provocando que los jinetes perdieran movilidad, a la par de que sus kunais hacían algo de trabajo lastimando a los corceles para que no pudieran andar más, una herida superficial que no les permitiera seguir a galope, pero a la vez, que no los pusiera agónicos. Fumihiro no estaba espantado ante la situación, confiaba plenamente en las habilidades de su guardia. El pelirrojo daba tal coincidencia a la ignorancia del anciano, pues no era consciente de que la noche anterior se salvó de morir por gracia divina.

El resto del camino no fue complicado, salvo una pelea con un par de bandidos en la entrada de la villa, donde tuvo que tomar decisiones drásticas al noquear y casi matar a uno, pues amenazó de forma severa la vida del anciano. Kazuma no sentía a gusto haciendo uso de técnicas como el Okasho para acabar rápido con ellos, pero debía hacerlo de querer cumplir con su trabajo. Incluso con todo el desastre armado el anciano decidió ayudar a los maleantes, preparando algunas medicinas para aliviar los dolores, decía que la bondad y el procurar la vida era el deber de un médico, incluso de uno como él, o Kazuma. Ya con la planta entre sus manos, Fumihiro y el pelirrojo partieron rumbo a la aldea, llenando de paso el camino de coloridas historias sobre la juventud del ya anciano médico. Historias que ayudaron a Kazuma a entender que no estaba tan mal querer salvar vidas, con todos los dilemas morales que eso suponía. Así, llegaron a la villa.


Fumihiro no era un hombre normal, ¿Sabes? —La voz de Kazuma se extendió por la habitación entera, llenando cada centímetro de la misma en un afán por no caer en misericordia, de decirle a cada rincón que era miserable, y poco más podían hacer por cambiarlo. Quizá era un intento vago por olvidar lo sucedido, por olvidar que cada pedazo de su cuerpo había sufrido. Para bien o para mal, todo había pasado ya, por lo que lamentarse daba un poco igual. —Fumihiro era… —Y así, su voz se vio ahogada una vez más, producto de la impotencia por su estupidez, por su falta de razón.

Habían transcurrido apenas un par de días desde que volvió de la misión estaba ahora en otro periodo de descanso cuando aquella mujer cruzó la puerta. — ¿Entonces me ayudarías? —Preguntó la chica entre susurros, tratando de no juzgar al pelirrojo ante cualquier decisión posible. —Sí, mañana partimos, ¿Vale? —La chica asintió al momento, con la sonrisa llena de lágrimas. —Pondré la petición de misión, aun con todo debemos pagarte. —En un principio Kazuma quiso negarse, pero ella insistió y no quería provocarle más problemas con su alma. Ahora tenía que tomar una misión más, en honor a un viejo anciano que le había cambiado la vida de algún modo.
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Setsuna Kan'ei
Getsu Genin

Re: [Auto-misión rango C] Fumihiro.

Mensaje por Setsuna Kan'ei el Vie Jul 13, 2018 5:03 pm

TEMA CERRADOPuntos otorgados a Kazuma.

  • Mediante post: 5 PN.
  • Recompensa misión: 1800 monedas.
  • Total PNs: 5.5 + 5 = 10.5 PN.
  • Total monedas: 4850 + 1800 = 6650 monedas.

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