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Sediento de conocimiento II | Pasado | Entrenamiento semanal.

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Senju Rinji
Senju Rinji

Sediento de conocimiento II | Pasado | Entrenamiento semanal.

Mensaje por Senju Rinji el Miér Ago 01, 2018 7:10 am

Un gran de sueño profundo fue necesaria para que el cansado cuerpo del pelirrojo se repusiera del primer encargo que había completado con éxito para aquella aldea. Y aunque su cuerpo había recobrado todas las energías, su mente continuaba perturbada por lo que había ocurrido en el interior de aquella cueva, en donde él y su compañero le habían arrebatado la vida a aquel hombre que, hasta la mañana anterior, consideraba como malvado.

No tenía la capacidad para juzgar quien era malvado y quien no. Ni siquiera tenía la capacidad de juzgar sobre la vida de otra persona, puesto que había sido su camarada quien le arrebató la vida. Si hubiera estado solo, seguramente estaría muerto o quizá se habría manchado las manos involuntariamente. Para la aldea era alguien malvado, que había cometido un crimen y por ende debía ser castigado. Al haber atentado contra una familia adinerada, la sentencia había sido la muerte. Solo eso importaba… Aunque el hombre hubiera tenido sus motivos, la ley era la ley, y no podía ser quebrantada. Rinji se dio cuenta de ello al compararlo con lo que le había sucedido a su hogar. Todos los que asesinaron a su gente y, además, conquistaron la aldea, seguramente tenían una excusa que los transformaba en hombres buenos. Pero para él eran malvados, sin importar qué.

Despertó al atardecer. No sabía donde se encontraba su compañero y tampoco le interesaba mucho encontrarle. Seguramente se tomaría su tiempo para asimilar las cosas y luego volvería a ser el mismo de antes, o eso esperaba. Tenía otros planes para aquella noche, visitar nuevamente la taberna de aquel anciano. Y no, la bebida era lo menos deseado para el pelirrojo, tenía más sed de conocimientos. El día anterior a partir a aquella misión había leído acerca de una especie de árbol en particular. Ahora deseaba averiguar más acerca de él y preguntarle a aquel hombre como podía conseguir algún ejemplar de este. Por otro lado, le había quedado una charla pendiente con él.

A las ocho en punto de la noche, como había acordado con aquel anciano, llegó al lugar. Este último se encontraba detrás de la barra, secando una copa de vidrio con un paño blanco. Al verle, sonrió y prosiguió con su tarea, concentrado totalmente en aquella forma de cristal. – Buenas noches. – Saludó el Senju con total educación, mientras se sentaba en una silla frente a la barra. No recibió respuesta alguna. – Dame algo de beber. – Agregó, intentando romper el silencio entre ambos, más el anciano simplemente se limitó a servirle el mismo trago que había tomado la otra noche en otra copa, no en la que tenía en sus manos, la cual parecía resguardar con gran cuidado. Rinji se vio confundido, más ignoró por momento el amplio silencio.

La bebida quemó su garganta y luego de un gran suspiro de satisfacción, dejó la copa en la barra. – Los Ruh fueron un pequeño grupo de personas que adoptaron muchas bases del taoísmo, pero las modificaron a su gusto. Se podría decir que eran un grupo de paganos, que no estando de acuerdo con muchas condiciones de la religión ya dicha, decidieron adoptar solamente lo que les gustaba y abandonar las leyes que no. Fueron muy pocos, son muy pocos de hecho, tanto que ni siquiera son conocidos en el mundo. – Comenzó a contar el pelirrojo, y ante sus palabras, el hombre sonrió y se posó en la barra, escuchando con total atención todo lo que decía este. – Mi familia caminó junto a esas diez personas y como consecuencia yo adopté sus creencias. Mis creencias se basan en la naturaleza, en su magnificencia, en la explicación al porqué de todas las cosas. Creemos que hay una entidad omnipotente que conduce este mundo a su gusto y que mientras le adoremos y sigamos sus leyes naturales, nada malo nos puede pasar. Más no tenemos prohibiciones, no le rendimos culto, no tenemos un lugar predefinido donde adorarle y mucho menos, no estamos ligados a no poder conocer a otros dioses ni a estudiar la cultura de otras religiones. Somos… Personas que adoptan un poco de cada lado, todo lo que nos gusta y creemos que puede llegar a explicar el todo y descartamos lo que no nos gusta, lo que creemos que es instaurado por el hombre. – Prosiguió.

El anciano continuó escuchando con suma atención. Pero de un instante a otro, Rinji se detuvo. Había algo que le estaba perturbando. Ellos eran realmente poco conocidos, como era entonces que aquel hombre había sabido de su religión, si aparte, él en ningún momento había revelado tal dato, ni siquiera a su mejor amigo. - ¿Cómo has sabido? – Le preguntó, y el anciano entendió todo con esa tan simple pregunta. – Conocí a tu padre. En una de sus tantas misiones caminó por estas gélidas tierras y se bebió un trago en esta misma taberna. Un gran hombre. Me apena mucho que su país haya perecido de tal forma, solo espero esté bien. – Respondió, dejando totalmente sorprendido al muchacho, pero a la vez un tanto reconfortado. Si aquel viejo había conocido a su padre, podía sentirse un poco más cercano a aquellas tierras, podía apreciarlas un poco mejor sabiendo que también habían acogido a aquel hombre entre sus brazos y le habían dado algo que beber. – Ya veo… - Respondió Rinji, con una sonrisa en sus labios, pero la vista ennegrecida.

Esa noche no leería nada. Si quería seguir adquiriendo información acerca de esa planta, necesitaba conseguir un ejemplar para estudiarlo correctamente. Cuidando y analizando el comportamiento de la planta día tras día podría llegar a descubrir más cosas y plasmar estas en su libro, uno que comenzaba a escribir con bastante amor para los médicos del mundo. – Por cierto… ¿Qué tanto crees que pueda costar un ejemplar de Taxus Baccata? – Le preguntó a aquel anciano, quien parecía tener una gran sabiduría acerca de todas las cosas. – Mm… Vaya, estas muy interesado en plantas venenosas. – Respondió el viejo. – Le preguntaré a un amigo mío, es mercader y es quien me provisiona todas las bebidas para la taberna. Quizás pueda encontrarte algo. – Contestó, dejando totalmente conforme al Senju.

Partió a casa horas después, cargado de numerosos pergaminos para leer, entregados por el anciano. Este le encomendó que en cuanto finalizara uno se lo devolviera, y de esa forma, no debía ir a la taberna solo a consumir lectura. Estos pergaminos trataban acerca de casi todas las plantas venenosas existentes en el mundo, sus ubicaciones, su peligrosidad y como cuidarlas. La noche sería larga, el Senju estaba deseoso por explorar lo desconocido.

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Re: Sediento de conocimiento II | Pasado | Entrenamiento semanal.

Mensaje por Invitado el Jue Ago 02, 2018 10:54 am

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