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Elena. [Pasado/Tsubaki]

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Bardock
Getsu Genin

Elena. [Pasado/Tsubaki]

Mensaje por Bardock el Mar Dic 04, 2018 2:29 am


El frío era completamente asolador. Pese a que estaba recubierto en diversas prendas de pelajes de animales, leves temblores podían percibirse suscitando a lo largo de mi piel como si se tratase de una tenue vibración musical. El domingo abrazaba a cada uno de los retoños cobijados bajo la calidez de los hogares encendidos a leña del bosque, suspirando ternura y amor al sentir la humedad en un beso sobre la gentileza y comprensión que sus madres podrían poseer.

Solíamos ir a acampar con Tsubaki, o intentar involucrarnos en aventuras que nos implicasen salir fuera de la zona de confort que la mayoría de personas estaban acostumbradas. Aunque, estaba la chance de verse involucrado en una certera paradoja, puesto que quizás el hecho de estar constantemente viéndonos involucrados en dichas situaciones podría verse tomado como nuestra zona propiamente dicha. Volviendo al tema inicial, una mochila con diversas sábanas y frazadas, de bajas dimensiones en su interior se encontraba siendo portada magistralmente sobre mi espalda. La mujer azabache, en su contra-parte, poseía la suya cargando provisiones básicas tales como cantimplora y alguna que otra lata de alimentos no perecederos que pudiéramos ingerir a medida que fuésemos avanzando si la situación ameritaba... y la caza no fuese buena.

— Estas tierras me resultan familiares. Podría llegar a decir que habré vivido alguna vez acá. — La voz que empleaba mantenía una tonalidad media, propia de los muchachos que en similitud compartían edad conmigo. La pubertad, pese a ser un ninja, pegaba a todos por igual y era algo que teníamos que avanzar de alguna manera u otra ante la negadez de caminos alternativos. Un pequeño poblado era donde nos encontrábamos caminando paulatino a la conversación que estaba buscando iniciar, un trayecto corto silencioso desde nuestro despertar que nos habría dado a parar en las fauces de un lugar alejado del país principal y su civilización en sí. Aunque... civilización aparentaba haber en cada uno de los lugares del mundo, debido a que era evidente que gente había habitando dichas cabañas que componían lo pintoresco de la zona. ¿Cómo lo sabía? Bastaba con observar las chimeneas humeantes que dejaban halos de vapor emanando al hacer una contraposición del calor ante el frío.
— Sigo diciendo, creo que sería ideal el parar sobre algún descampado y comer algo... tocar alguna que otra puerta quizás en busca de provisiones. ¿Y por qué no? Quizás pasar la noche. — Daría una leve pausa, las palabras buscaban sonar embellecidas como si de un bardo de poca monta se tratase. No era con alguna intención particular, ni mucho menos con el afán de sonar sobrado, sólo que era la manera que se me había acostumbrado al hablar al verme rodeado de tanta exigencia sobre el arte y la cultura... quizás en algún momento sonaría como un imbécil, y sí, en otros poético. Todo dependía del momento del relato en que lo agarrases. — ¡Oh! Lamento no habértelo dicho esta mañana al despertar, las aventuras volvieron a atrapar mi mente una vez más... ¿Sabías que te amo, no es así? — Soltaría con un sosiego completamente parsimonioso, a lo que irrumpiría la calma de la tonalidad con un frenesí en la voz, estoico cual efedrina penetrante. — ¡Pobre de mí sí la curiosidad continúa robándome tiempo útil para profanar los sentimientos! Algo he de mejorar. —


Última edición por Bardock el Miér Dic 05, 2018 3:12 am, editado 1 vez

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Inuzuka Tsubaki
Getsu Genin

Re: Elena. [Pasado/Tsubaki]

Mensaje por Inuzuka Tsubaki el Mar Dic 04, 2018 6:38 pm

Ninguna idea corría por la cabeza de Tsubaki, era como si estuviese completamente vacía y carente de preocupaciones, más que mantener a la vista su hiperactivo cachorro Dohko, el cual corría sin descanso entre los árboles a un par de metros de diferencia enfrente de ellos. – ¡Dohko! –La voz de la pelinegra, se alzó entre el silencio del boque. Una voz gastada y grave, como si se tratara de una mujer que hubiese fumado la mayor parte de su vida. Sus orbes turquesas yacían clavados sobre el can que revoloteaba cual mota de algodón por el viento, el cual en ningún momento se vio alertado por el grito de su ama, por lo que el semblante de Tsubaki se ofuscó. Sus rojizos y carnosos labios se tensaron en línea recta, a la vez que una sutil arruga se formaba entre sus cejas al fruncir el ceño. – ¡Dohko, ven aquí! –Llamó al cachorro, esta vez de forma severa al ver que el canino no detenía su paso, pero el cual, se detuvo al escuchar la patada de su ama sobre la fría nieve.

Puede ser, quién sabe… a lo mejor fue esa vez que te encontrabas vagando y recorriste estos lares, que producto a la fiebre no recuerdas. — Comentó tranquila y sin voltear a verlo al encontrarse encabezando la caminata de aquella excursión. Este tipo de viajes con destino incierto, se había vuelto casi una tradición para ambos jóvenes. Se había vuelto una costumbre adquirida de todos los fines de semana, sin excepción desde que se habían conocido. Había un montón de cosas que Tsubaki amaba, el frío y todo lo que conlleva, Dohko, pero por sobre todo la sensación que le provocaba estar junto a Bardok. Aquel pelinegro, de ojos tan intensos que parecen atravesar el alma, él era la única debilidad de la kunoichi. Tal como la droga para el peor de los adictos. Tan preciado y peligroso a la vez, que en el fondo de su corazón y sin querer admitirlo, le aterraba la sola idea de imaginar tener que separarse de aquel hombre al que con dicha reconocía como su único amor. — He guardado un par de provisiones extra en la mochila si es lo que te preocupa. La verdad es que prefiero pasar la noche en vela contigo aquí en la nieve, que compartir el espacio con un desconocido… — Sin detener sus pasos, pero disminuyendo su velocidad hasta el punto de caminar a su lado en una corta distancia, en la cual era posible frotar su brazo con el del muchacho. — ¿O es que acaso te has puesto quisquilloso y el frío daña tu delicada piel? — Agregó en son de broma y con un leve tono sarcástico mientras volteaba a verle con una sonrisa juguetona que mostraba sus perlados dientes, donde resaltaban sus llamativos colmillos característicos a su clan. Pero aquella risa y burla se detuvo por completo de un segundo a otro, más la sonrisa que portaba se hizo aún más amplia al escuchar las palabras ajenas. El frío que sentía producto a las bajas temperaturas se había esfumado y ahora el calor le invadía, sobre todo en el área de sus mejillas que resaltaban con un tierno rubor. Su corazón latía con fuerza y sin esperarlo un segundo contestó: — Te amo, Bardok… más de lo que siquiera puedes dimensionar. — Su respuesta fue totalmente sincera y cargada de cariño, al tiempo que con ambos brazos rodeaba el brazo del pelinegro, para sellarlo en un cariñoso abrazo y con claras intenciones de continuar su paso de esta forma. — Había pensado en que podemos hacer una hamaca y pasar la noche en la interperie, una fogata y unos caramlos, sé que te gusta… Vamos, no es una aventura si no nos cuesta la vida. —Buscó darle ánimos para que no desistiera por el exagerado frío que nos azotaba durante la jornada.

Nuevamente Dohko se había apartado del grupo, tanta era la distancia que se había perdido de vista y ahora sólo era un débil y continuo ladrido se escuchaba a lo lejos para advertir al menos que se encontraba con vida, o al menos por ahora, ya que sus ladridos eran tan desesperados que puso alerta a Tsubaki, quien de inmediato soltó a Bardok. — Tiene que ser una broma… Espero que no sea como la última vez — Gruñó molesta y con preocupación al recordar que, en viaje, Dohko se había escapado para envolverse en una pelea con animales salvajes. La joven dedicó una última mirada a su pareja, como si estuviese explicando la situación en completo silencio, y sin decir nada más corrió en dirección a los alaridos de su compañero.

Su sensible olfato delataba la situación. El ambiente apestaba a perro mojado y era confirmado por el sonido del aleteo que se formaba en el agua: A unos cuantos metros Dohko, el caniche blanco había caído en una especie de laguna que estaba cubierta por una delgada y frágil capa de hielo, que al parecer al solo contacto de las patas del animal, cedió hasta que este terminó sumergido en la gélida agua. Con rapidez la kunoichi acudió en auxilio de su cuadrúpedo amigo, arrodillándose en la orilla y con una agilidad común en ella, lo tomó del pellejo de su cuello y lo sacó, para levantarlo en el aire mientras clavaba una mirada feroz sobre los oscuros ojos del animal. — ¡¡Eres un imán de mala suerte!! —Le regañó a su vez que lo acunaba entre sus brazos para secarle y darle calor mientras esperaba la llegada de Bardok en aquella angustiosa escena.  Esperaba que el Senju hiciera acto de aparición, lo deseaba tanto, su ayuda en este momento que le pareció oír un ruido tras su espalda. — Deberíamos hacer una fogata… por favor ayúdame.—Musitó en un hilo de voz sin quitar la mirada de su perro, a quien frotaba incesante contra las pieles de su abrigo para darle el calor que necesitaba. — Se estaba congelando, tengo miedo que entre en estado de shock. — Agregó intentando no perder la cuota de cordura.
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Última edición por Inuzuka Tsubaki el Miér Dic 12, 2018 6:34 pm, editado 1 vez

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Bardock
Getsu Genin

Re: Elena. [Pasado/Tsubaki]

Mensaje por Bardock el Miér Dic 05, 2018 3:04 am

Al momento de auditar las palabras serenas que mi compañía para aquel momento estaba brindando, un aura de calma comenzó a emanar embriagándonos a ambos por igual. Su declaración de amor fomentaba los linfos de mi organismo al producirse tanta irrigación repentina de sangre producto del veloz palpitar que mi corazón habría tomado al sentirme correspondido una vez más durante el día. Los brazos de la azabache acunaron tenuemente y completamente fulgurosos de calor el propio que se encontraba completamente envuelto entre las diversas prendas que, como ya habría mencionado anteriormente, eran numerosas y servían para la condenante situación en la que estábamos.


Mi suspiro de relajación, sin embargo, duraría poco. Tsubaki comenzaría a correr tras aparentemente la desaparición del can que andaba orbitando junto a nosotros desde hacía ya tiempos inmemorables. Recordaba precisamente el día en que su adopción habría sido consumada, pero eso no dejaba de ser historia para otro día. Su rápida iniciación me dejaría shockeado temporalmente, puesto que no esperaba que dicha situación fuese a repetirse. Sí, repetirse, porqué a lo largo del camino hasta dar a parar con este poblado no era la primera vez que ocurría... ni la segunda vez.


Al momento de reaccionar, inicié carrera esperando lo peor. Buscando prevenir la situación y con palabras de aliento que pudiesen sanar las penas de mi tan valerosa mujer. Aunque difería de palabras para poder recomponer el corazón roto que me quedaría en caso de que... sí, lo peor hubiese ocurrido. La angustia habría dado a tomar participación evidente llevándose un alma en pena si mi presencia no hubiese hecho acto estelar tras la espalda de Tsubaki, que ante su orden, firme y directa al hueso, me pondría sobre la tarea de conseguir madera y sagazmente iniciar una fogata.


Evidentemente, no había nada a simple vista que pudiese emplear para generar lo necesario. Pero, no iba a permitir que Dohko se esfumase de la vida de ambos por un simple descuido. Rodeados de árboles estábamos, pero ningún tronco caído u rama. Por lo tanto, emprendí carrera fugazmente hacia uno de los árboles más cercanos y lo trepé. Tras generar un gran esfuerzo, rompí alguna que otra rama a costa de una lesión de carácter leve o medio sobre mi pierna ante la caída que me propinaría el haber estado en la rama en cuestión. De igual manera, múltiples fragmentos de ramas habrían sido quebrados, y tras un rápido y veloz frotamiento entre ambos daría la fuente de calor que ella estaba solicitando fugazmente.


Acto continuo, comencé a tirarme en el gélido suelo de manera lenta. Un fuerte movimiento que generase una leve brisca podría llegar a apagar el fuego que comenzaba a iniciarse con mucho esfuerzo en sí mismo, consumiendo el oxígeno de los alrededores poco a poco en el simple acto de la biología involucrada. Ya en el suelo, grité el augurio de dolor que estaba guardando en esos cortos minutos que la adrenalina habría impactado de lleno sobre las fauces de mis venas. — ¡Carajo! ¡Caída de mierda! Creo que me he quebrado, creo que me he quebrado. — Comencé a repetir eufórico ante la adrenalina ya carente y una clara lesión que desconocía la gravedad en todas sus ramificaciones. — ¡Dohko! ¡Dohko! ¿El cachorro está bien? ¿El cachorro está bien? — Repetía, como si fuese necesario decirlo más de una vez para que me auditase... aunque estuviésemos todos a menos de un metro de distancia. ¿Seguís diciendo que no es una buena idea el refugiarnos sobre una cabaña? ...descon...agh — Pausaría mi intento de razonamiento por unos escasos segundos.

— ...desconozco cuanto daño me he hecho. — Retomé. Pero antes de que pudiera sentir algo, unos pasos comenzarían a hacerse presentes. Pasos gordos y torpes que parecían según el sonido hundirse en cada pisar sobre la profundidad del agua congelada en otro estado de la materia. En los primeros dos minutos nada se vislumbraba, hasta que al llegar al tercer minuto exacto. si decidías contarlo, observarías como un hombre obeso con una prenda superior sucia blanca y unos pantalones largos azules que quedaban al igual que la remera cubiertos por un sobretodo de carácter blanco... parecía ser un panadero. Ó un chef, tenía gorrito.

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Inuzuka Tsubaki
Getsu Genin

Re: Elena. [Pasado/Tsubaki]

Mensaje por Inuzuka Tsubaki el Miér Dic 05, 2018 5:39 am

Pobre Tsubaki, con el alma pendiendo de un hilo. Perdida en el tiempo, con una sensación de agonía eterna. Desconocía  cuanto tiempo llevaba frotando a el cuerpo del pequeño perro entre sus manos. El mar de emociones se volvía cada vez más negativas al escuchar el gimoteo débil del caniche, sonido que se volvía único y tortuoso a los oídos de la kunoichi, la cual ignoraba por completo lo gritos que propinaba su novio tras ella. Tsubaki no es alguien que se pueda caracterizar de sentimientos débiles o que se pueda quebrar con facilidad, pero como bien había planteado anteriormente, Bardock y Dohko significaban el todo en su mundo. Se odiaba y maldecía continuamente mientras permanecía sentada sobre la nieve; con las piernas flectadas, las cuales servían de cuna para resguardar al perro junto con el cariñoso abrazo, mientras mantenía la cabeza hundida en el cuello de su ninken: Este tipo de escena ya la había vivido. Exactamente un par de meses atrás, donde nuevamente Dohko había escapado de la vista de la pelinegra para ir a jugar con quién sabe que cosa, pero lo resultados fueron inesperados cuando encontraron a la pequeña bola de pelos con una fractura en una de sus patas traseras. — Dohko... — Susurró con un notorio temblor en su voz. Se culpaba. Se juzgaba. Había llegado a pensar de que no era merecedora de su compañero, que por una falta total de compromiso y autoridad había resultado dañado. No sabía como acarrear con la vergüenza y la rabia contra si misma,  la cual pareció mengüar cuando una cálida y tímida lengua lamió su mejilla. Los ojos de Dohko y Tsubaki conectaron de inmediato, era un momento tan íntimo y tan propio, que tan sólo ellos podrían entenderlo y comprender aquella carga visual, llena de significado. Estaba bien, el daño había pasado y el canino sólo brindaba una muestra de cariño que le aseguraba a la joven Inuzuka que todo estaba bien. O eso creía hasta ahora.

Ahora  tenía otro problema, igual o peor que el anterior. Aún con sus ojos llenos de lágrimas, Tsubaki, temerosa de encontrar lo peor, decidió voltear en dirección de Bardock, quién yacía tirado sobre la nieve y quejándose por lo que podría ser una fractura. Dos segundos pasaron para que la ojiazul se reincorporara a la escena, si bien ella había demorado en reacción, no sería lo mismo con Dohko, quién moviendo la cola eufórico y contento de vivir un día más, corría en dirección del Senju para saltarle encima, precisamente a la zona abdominal para pararse sobre esta y apoyarse con ambas patas delanteras sobre su pecho, con intenciones de lamer el rostro completo del muchacho con afán, como si de esta forma buscara apaciguar su dolor, tal cual como lo hizo con su dueña hace un instante. — ¡Bardock! ¿Qué paso? — Exigió cual madre preocupada explicaciones al mismo que tiempo que se había levantado y acercado a él. Su mirada crítica observaba con atención a su alrededor. Todo indicaba que su novio había escalado los árboles para obtener un par de ramas, que formarían la fogata que había pedido hace un rato. — Yo... tú... deberías tener cuidado — Dijo nerviosa pero sin salir de sus cabales. — Digo, lo siento... ¿Estás bien? ¿Puedes ponerte de pie... te duele si hago esto? — Preguntaba mientras que con una total falta de criterio y nulo conocimiento en medicina, tocó las piernas del chico ejerciendo una leve presión con sus palmas. — Quizás deberías quitarte el pantalón para revisarte — Bromeó de forma pícara con el fin de alivianar la tensión del momento.

No mucho tiempo pasó tras su broma, cuando Dohko saltó del cuerpo del muchacho al suelo. Su cuerpo estaba alerta y con el lomo engrifado mientras que gruñía en dirección a la nada. Algo se acercaba a simple vista no podía vislumbrarse, ya sea por la lejanía en que se encontraban del desconocido o bien por la fuerte y helada ventisca que azotaba los cuerpos de los jóvenes, agitando sus cabellos con furia, tiñendo sus abrigos de la cruel nieve. El olor de aquel hombre no tardó en golpear la nariz de la joven Inuzuka y de su perro. — ¿Es sangre lo que huelo? — Preguntó la chica a su ninken que no dejaba de gruñir y ladrar en dirección al hombre que se aproximaba sin miedo hacia ellos. Tsubaki, sin dudarlo se puso de pie y por delante de Bardock para cubrirlo de cualquier problema que pudiese ocurrir en ese momento, más cuando ya dos metros separaban el grupo de aquel gordo hombre, le gritó: — ¡No te acerques! — Amenazó con seguridad mientras que de forma automática, sus piernas se flectaron es posición defensiva, su torso se inclinó sutilmente hacia delante al tiempo que sus brazos permanecían a la altura de su pecho, en espera de cualquier anormalidad que pudiese presentarse. Aquel desconocido, anciano y gordinflón comenzó a reír sin rastro de malicia mientras que con ambas manos se tomaba la panza, como si le faltase el aire ante las carcajadas. —  He venido porque he escuchado un griterío y además de eso, necesito leña para mi cocina... Toda mi reserva fue sepultada bajo la nieve y necesito terminar de hornear — Aquel hombre sin titubear continuo su caminata, acercándose a ellos. Dohko quien se había mostrado desconfiado, ahora y como de costumbre revoloteaba por el lugar, sus sospechas habían desaparecido y se encontraba saltando contra las piernas del anciano, quién reía, le gastaba un par de bromas y golpeaba la cabeza del can suavemente con su palma.

Todo aseguraba que la sangre era de un ciervo, conocía a la perfección ese olor, pero aún así no podía confiarse de un desconocido, a pesar de que había hecho un scanner visual a el corpulento hombre y descartaba cualquier indicio de que fuese peligroso. — Usted... ¿podría ayudarnos? — Pidió Tsubaki cuando el hombre se acercó. — Necesitamos un lugar donde descansar, nuestras reservas son paupérrimas y usted apesta a pan horneado y pastel de carne — Dijo con total descaro mientras se acercaba a olisquear a unos cuantos centímetros el cuerpo del anciano, invadiendo por completo su espacio personal. — Yo buscaré la madera que necesita y la cargaré a su casa — Agregó con seguridad e insistencia al buscar brindar un lugar donde Bardock pudiese pasar la noche y de esta forma no agravar su cuerpo malherido.

Mi nombre es Hiroshi, soy un panadero y no vivo muy lejos de aquí para suerte de ustedes... no tengo problemas mientras juntes leña para mí, podría cargar a tu amigo si es que él no puede levantarse. — Para fortuna de los jóvenes, el viejo había aceptado en un completo acto de fe y totalmente interesado por  la laboriosa oferta. — Bien Hiroshi... mi nombre es Tsubaki, traeré tanta leña como me sea posible. — Agregó  la pelinegra para luego dirigir la mirada hacia el suelo, donde estaba Bardock. — ¿Puedes esperar un poco, prometo no tardar mucho?... — Agregó con la los ojos fijos en él, dedicando una mirada intensificada gracias al negro maquillaje que cubrían sus párpados,  con un claro mensaje de: Si te mueves te mato.

 

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Bardock
Getsu Genin

Re: Elena. [Pasado/Tsubaki]

Mensaje por Bardock el Jue Dic 06, 2018 1:45 am

Capaz había sido producto de la estrepitosa caída, o quizás sencillamente una elaboración de la paupérrima concentración que mi mente solía tener cuando el peligro era nulo y comenzaba a distenderse, pero ante cualquiera de las numerosas hipótesis que pudiesen haber bastaba con solo dar a tocar el punto... estaba comenzando a desvariar. Mi mente comenzó a embarcarse bajo una inmensa e irascible travesía por la cual siquiera el espacio temporal podría llegar a abstraer algún pensamiento concreto u teoría palpable que pudiese ser empleada de manera correcta.

Paulatino a la conversación que había tomado participación estelar ante el obeso panadero, y  con mi cuerpo completamente tumbado bajo el frío de la nieve, comencé a hablar como si estuviese conversando con alguien. Interrumpiendo cualquier posible conversación, si es que alguien me ponía francamente atención, y con una sarta de teorías y fábulas que no venían al caso... pero era mi manera de ser. En mi mente, y según estaba acostumbrado por la manera de hablar, solía irrumpir con temas que en mi cabeza YA HABÍAN sido tocados. Por lo cual, los traía como si fuesen conversaciones aledañas que hubiésemos tenido durante horas... pura fantasía. — ¡Todavía me acuerdo de aquel libro! — Pronuncié prioritario, con un tono de voz efusivo, carente del dolor que hasta escasos segundos atrás habrían sido el foco principal de cualquier posible trama para cualquiera de los protagonistas. Cualquiera que me viese hablando así, pensaría que el dolor de la caída habría sido mera exageración y que sencillamente era un loco errante, pero, realmente sentía aún el dolor... sólo que me había olvidado.

— ¡Sí, sí! Hay una teoría muy divertida acerca de los viajes temporales. ¡Qué locura siquiera pensar en ello! — Continué, con una efusividad y alegría en la tonalidad de voz selecta que daba a notar que realmente era algo que me apasionaba decir... aunque generalmente siempre que desvariaba o rompía con temas extraños solía poner tanto empeño. Soy alguien curioso, después de todo, que siente efusividad al extremo. — Siempre que el muchacho protagonista leía un fragmento de algún relato, generaba un cambio espacio-temporal en el cual las situaciones iban cambiando según lo que él había leído. Podía cambiar el pasado, y de dicha manera afectar tangentemente su presente y pasado. ¡Qué locura tener ese poder! Sí tan sólo... — Frené de golpe, mientras sacudía mi cabeza negando cualquier posible hecho. Mi visión se habría visto dispersa irremediablemente, con la mirada perdida, pero volvería a la realidad y notaría lo que estaba pasando. Ahí estaba el panadero, conversando tan tranquilamente. Una incógnita era plantada sobre mí por parte de Tsubaki, si me habría de quedar o irme, y no entendí que carajo estaba ocurriendo.

— Preferiría no esperar, después de todo, tengo muchas cosas que contarte que no sé cuanto durarán en mi cabeza... honestamente. ¡Te amo, te amo, te amo! ¿Sabías qué sos el amor de mi vida, no es cierto? ¡Es la hora del azúc...— Frenaría nuevamente de manera automática, cual freno de mano en un coche. — Usted, olor a pan. ¿No tiene frío? Tiene sus brazos al descubierto como si estuviésemos en pleno verano. No lo comprendo, aunque, quizás la pregunta más palpable es. ¿Cuáles son sus intenciones? Disculpe, no estaba prestando atención antes. — Mi ceño se frunció, como si la seriedad estuviese embriagando mi tonalidad de voz. Dohko, repentinamente, volvería a saltar sobre mí en el tiempo en que estaba enfocado jugando el papel de serio y atemorizante ante el posible mercader. — ¡Oh, amiguito! ¡Cuánto me alegra que estés bien! ¿Fuiste a pasear? ¿Quién fue a pasear? — Pronuncié con una tonalidad juguetona empleada  que desautorizaba cada una de las palabras serias que habría pronunciado escasos segundos atrás ante el panadero.

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