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[Time Skip] Viviendo el Futuro [En proceso]

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Shiori Kaguya
Shiori Kaguya
Konoha Genin

[Time Skip] Viviendo el Futuro [En proceso]

Mensaje por Shiori Kaguya el Sáb Dic 29, 2018 6:35 pm


CAPITULO 1: LOS PRIMEROS MESES DEL CAMBIO
¿Cuánto tiempo habrá pasado ya? ¿2?... No… 3… 3 años hace ya que empecé mi entrenamiento como guardia personal de la Daimyo. Han pasado tantas cosas desde entonces… a penas me puedo creer que haya pasado tanto tiempo.

Los primeros meses del primer año estuvieron marcados por los entrenamientos, uno detrás de otro, sin descanso, sin pausas. A diferencia de otros ninjas de la aldea a mi me costaba más aprender, así que tuve que esforzarme el doble para no quedarme atrás. Pero bueno, no generalicemos… Estos 3 años han marcado y cambiado mi vida para siempre… Así que hagamos las cosas como es debido.

El primer mes, que para mí fue el peor de todos, pues mi cuerpo no estaba ni tan siquiera mínimamente acostumbrado a ese ritmo de vida, entrené en Hi no Ishi con los Jonin que formaban la guardia de la Daimyo. Sólo con hacer memoria me empiezan a doler los músculos. Mi rutina diaria era sencilla pero agotadora, me levantaba cuando aún no había amanecido (la primera semana llegué todos los días tarde), iba corriendo de mi casa a la capital (al principio paraba a descansar hacia la mitad del camino), pasaba toda la mañana y parte del mediodía entrenando con el Jonin que Tengumaru hubiera dispuesto para mi entrenamiento, comía (la mejor parte del día), volvía corriendo a Konoha (al principio era más bien un trote cochinero ya) y cuando llegaba a la aldea me iba a los campos de entrenamiento a seguir practicando por mi cuenta hasta que anochecía o hasta que me sangraban los puños o me dejaban de responder las piernas.

Como ya he dicho, al principio lo pasé fatal, hubo un par de días que incluso me desmayé en la capital, pero a cambio avancé más en un mes de lo que había hecho en años, o así me sentía yo al menos. Al segundo mes ya era capaz de seguir este ritmo de vida sin llegar a la extenuación, solo a ese nivel de cansancio gracias al cual duermes la noche entera del tirón. Fue a partir de entonces cuando empecé a darme cuenta de que Tengumaru supervisaba algunos de mis entrenamientos, aunque por regla general solo miraba un rato y se iba. Eso me hizo pensar en que tal vez él estaba esperando algo de mí que todavía no veía. He de decir que también fueron varias las veces que vi a la Daimyo por Hi no Ishi pero… siempre de lejos. Me avergüenza un poco decirlo pero... un vez recibí un puño en la cara que me dejó K.O. un par de horas por mirar a la Daimyo, en fin… mi concentración y yo... Aunque en mi favor he de decir que ese día pasó más cerca de lo normal y me sonrió y, ¿quién sería yo si no respondía a esa cálida sonrisa con otra? Así que bueno, según me contó después Arata, el Jonin que me estaba entrenando, estuve las dos horas con una sonrisa en la cara.

Al tercer mes las cosas se pusieron más interesantes, aún recuerdo perfectamente el primer día que Tengumaru se encargó personalmente de entrenarme. Ese día, como muchos otros antes, él estaba contemplando mi entrenamiento. Yo estaba luchando contra Arata, el Jonin que me habían asignado ese día (que es el que mejor me cae de todos). Por cuestiones de honor me había reservado hasta ahora el hecho de contaros que nunca, repito, nunca antes había sido capaz de golpear de lleno a ninguno de mis senseis. Había estado cerca, sí, pero ese día, tras ya varios minutos de lucha y muchas horas previas de entrenamiento, conseguí barrer a Arata con una patada, quedándolo tumbado en el suelo.

Como nunca lo había conseguido me quedé algo impactada, como si me hubieran barrido a mí, pero pronto me recobré y le hice una llave para inmovilizarlo, ganando así mi primer combate de entrenamiento. La verdad es que no daba crédito y, aunque sabía que nunca luchaban contra mí al cien por cien de sus fuerzas, el hecho de poder por fin ganar a uno de ellos fue para mí la alegría del siglo. Claro que pronto dejé de celebrarlo, pues Tengumaru se acercó a mí y me dijo que ahora luchara contra él. En ese momento fue como si me tiraran un cubo de agua fría encima, se me pasó toda la euforia de golpe y me concentré en mi nuevo objetivo.

Sabía que Tengumaru iba a ser más complicado, pero… ¿Por qué? ¿Por qué iba a ser más complicado luchar contra una persona que ni tan si quiera es ninja? Preguntas que me hice por culpa de mi victoria anterior… Pronto encontraron respuesta.

2 segundos. Eso fue lo que le duré. No utilizó ningún arma, no utilizó chackra, no utilizó nada, pero en 2 segundos se encargó de recordarme cual era mi lugar, donde me encontraba, y a donde debía llegar si quería ser alguien en la guardia, si quería ser una verdadera Kunoichi de la Hoja. Desde ese día en adelante me esforcé más si cabe en mis entrenamientos, dejé de distraerme, dejé de celebrar las victorias y dejé de pensar que todo está bien tal y como está. Era una mierdecilla, pero eso iba a cambiar.

Tengumaru volvió a entrenarme más veces, cada vez duraba más tiempo luchando contra él pero… seguía sin poder vencerle. Los meses venideros incluso comenzamos a utilizar técnicas en los entrenamientos mis senseis y yo, pero cada vez que luchaba contra Tengumaru, por más que yo me dejara hasta la última mota de chackra en la batalla, él siempre ganaba, y sin usar chackra ni ninguna de sus armas. Pero cada vez que él me entrenaba conseguía motivarme el doble o el triple, y eso que siempre fue bastante frío y seco, lo cual no quiere decir que fuera malo conmigo, solo… distante, por así decirlo, pero el hecho de que la persona más cercana a la Daimyo se molestase en entrenarme personalmente es algo que jamás agradeceré lo suficiente.

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Shiori Kaguya
Shiori Kaguya
Konoha Genin

Re: [Time Skip] Viviendo el Futuro [En proceso]

Mensaje por Shiori Kaguya el Jue Ene 10, 2019 11:17 pm


CAPITULO 2: ESTRENANDO ARMADURA


El resto del año fue si cabe más movidito que el anterior. Para empezar, comencé a pasar días enteros en palacio, noches incluidas, exprimiendo así al máximo los entrenamientos. En parte este cambio vino de la mano de mis tutores, pues supongo que me verían muy verde todavía. Al principio solo eran días enteros, pero conforme pasaba el tiempo llegué a quedarme semanas enteras en palacio, donde mis tutores me habían conseguido una cama, lo cual para mi, una simple plebeya, era todo un honor.

Pero eso en verdad no es lo verdaderamente importante, aunque no negaré que de haber sabido lo que me deparaba el destino habría pasado más tiempo en casa estos últimos meses del año… pero bueno, de nada me sirve ahora lamentarme. Por lo demás, mi rutina seguía siendo la misma: entrenar, comer, entrenar, dormir y vuelta a empezar.

Y así pasaron los días, las semanas, hasta que un día, mientras entrenaba, Tengumaru se acercó a nosotros. Como de costumbre seguimos con el entrenamiento, pues él a veces se pasaba a supervisar o tomaba el relevo y ejercía directamente de tutor, como ya expliqué, pero ese día no iba a entrenarme. Ese día se dirigió directamente a mí para hacerme saber que mi primera misión con la guardia iba a tener lugar al día siguiente. Yo que en ese momento estaba sentada sobre el agua meditando, fortaleciendo así mi espíritu y mi concentración,… me caí hasta el fondo. Cuando salí a la superficie él ya no estaba allí, en su lugar Arata se reía de mí mientras me tendía una mano para ayudarme a salir.

Cuando volví al cuarto para ducharme y cambiarme de ropa (pues ya me llevaba una maletita con ropa cuando sabía que me iba a quedar varios días. Y un tape de mamá y papá, necesitaba el subidón que solo el azúcar puede otorgar), encima de mi cama había una armadura de placas roja y con detalles dorados, exactamente igual que la que habían lucido mis tutores el día de la ceremonia. El cual aún recuerdo como si hubiera sido ayer. La máscara que acompañaba a la armadura representaba a un animal parecido a una serpiente, como una especie de dragón, y tiene gracia porque justo Nagini estaba entrando por un ojo y saliendo por otro. La pobre se aburría tanto desde que empecé a entrenar tan duro, aunque a veces la llevaba conmigo al entrenamiento para que le diera un poco el aire y se divirtiera con algún ratoncete.

Aquella noche no pude dormir nada, solo le daba vueltas y vueltas a la misión del día siguiente. Os ahorraré la odisea que es ponerse una armadura de esas (tanto que al final tuvieron que ayudarme) y pasaré directamente a la misión. La información que tenía no era mucha, por no decir ninguna. Simplemente me puse en la formación que tantas veces había practicado con mis entrenadores y obedecí todas y cada una de las órdenes que me daban. Desde que dio comienzo la misión hasta que acabó, las piernas no pararon de temblarme, así que solo esperaba que teniendo una armadura de placas el sonido no llegase a los oídos de mis tutores/compañeros. La misión avanzaba y, al parecer, simplemente consistía en proteger y escoltar a la Daimyo, la cual estaba tan cerca de mí que sin duda escucharía el temblor.

Era mi primera misión con la guardia, así que mantuve la posición y la postura que me habían enseñado durante todo el camino, lo cual implicaba no mirar a la Daimyo, pues eso significaría que había dejado de mirar al exterior, y para proteger a alguien no hay que mirar a ese alguien, sino a su alrededor.  A veces tenía la sensación de que la Daimyo no estaba, como si la hubiésemos perdido o se hubiera esfumado, pero todos seguían manteniendo la formación, así que supuse que solo eran imaginaciones mías. Además, al rato volvía a… “sentirla”, así que mi taquicardia paraba, pues sí, el corazón me latía tan fuerte y rápido que hasta se me movían las placas delanteras, o esa era la sensación que tenía, pues tampoco podía bajar la mirada para observar algo tan absurdo.

Y así el camino acabó en la mansión de un noble, aunque por desgracia me ordenaron montar guardia en la puerta mientras la Daimyo, Tengumaru y dos guardias más entraban. Por suerte fue Arata el que se quedó fuera conmigo montando guardia. Después de llevar lo que me parecieron horas montando guardia Arata me preguntó en voz muy muy bajita y sin mover ni un pelo si estaba nerviosa. Obviamente le contesté que sí y no pude agarrar la ocasión por los cuernos y preguntarle si él sabía qué lugar era éste o qué estaba haciendo la Daimyo ahí dentro, pero por desgracia me dijo que él tampoco lo sabía, y que no era de su incumbencia ni de la mía. Lo noté un poco enfadado así que decidí callarme y seguir vigilando, como llevaba haciendo horas.

Al anochecer salieron por fin los que estaban dentro, y como si nada, emprendimos el camino de vuelta a palacio. Los días después de aquella misión no paré de pensar “¿De quién sería la mansión? ¿Qué haría la Daimyo allí dentro? ¿Por qué tanto secretismo?” Pero sabía de sobra que no podía formularle aquellas preguntas a nadie, y que igualmente, si lo hacía, no recibiría respuesta alguna.

Después de esta misión he de decir que fui a casa. Necesitaba ver, abrazar y charlar con mis padres. A ellos no les dije nada de la misión, no quería preocuparles, así que ese par de noches que pasé en casa me los tomé como unas breves vacaciones… y ojala y las hubiera aprovechado mejor, decirles cuanto les quiero… sobre todo a mi padre… Después volví a hacer el equipaje para pasar otro tiempecito en palacio, a pesar de las veces que mis padres insistieron en que no me esforzara tanto y me tomara las cosas con más calma, en un intento de pasar más tiempo con su hija.

Y así, poco después de volver a palacio me informaron de una nueva misión. Esta vez no me pilló tan desprevenida, pero igualmente era todo un orgullo y un honor que contaran conmigo aunque fuera para misiones tan sencillas como la anterior. Aquella vez los nervios no me jugaron tan mala pasada como la anterior, a pesar de que la misión parecía seguir el mismo rumbo: escoltar a la Daimyo hasta quién sabe donde a hacer quién sabe qué. Esta vez el destino parecía ser una… ¿montaña? Lo sé, suena raro, pero es lo único destacable del entorno al que nos dirigimos, además, a mí y a Arata (que de nuevo le tocó hacerme compañía) nos dijeron que nos detuviéramos en “mitad de la nada”, es decir, antes de llegar a la montaña. Obviamente eso no significaba que no nos necesitasen, pues nuestro deber era vigilar y controlar que nada ni nadie sobrepasase ese punto, pero no podía evitar hacerme más y más preguntas. Y al igual que la anterior, cuando acabó de hacer lo fuera que vino a hacer, nos reunimos todos de nuevo y volvimos a palacio.

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