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[AUTO MISION RANGO D] El pasar de los años.

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Hiromi Koizumi
Hiromi Koizumi
Ame genin

[AUTO MISION RANGO D] El pasar de los años.

Mensaje por Hiromi Koizumi el Sáb Feb 09, 2019 3:50 am

Hiromi abrió los ojos lentamente esa mañana, sentándose en modo automático mientras miraba con ojos distantes la pequeña estantería con libros que tenía a los pies de su cama. Su mente aun no procesaba que estaba despierto, pues el sueño que había tenido le había recordado a su abuela, quien ya fallecida hace años, era la persona a quien más atesoraba. Incluso si se enfocaba lo suficiente, podría jurar que podía sentir su aroma y sus tiernos abrazos.

La lluvia fue lo que lo sacó de su estupor. El constante sonido de las gotas chocando contra las superficies metálicas de la ciudad se hicieron cada vez más fuertes, como si sus sentidos recién estuvieran conectándose con la realidad.

Se levantó de la cama lánguidamente, y una vez sus pies tocaron el suelo, el sueño quedó en el olvido. Sin más preámbulos comenzó a hacer su rutina diaria. No era la gran cosa, simplemente ir al baño a cepillarse los dientes, ducharse, hacer la cama, ordenar un poco la casa, y luego salir a comer, puesto que a pesar de saber una gran variedad de recetas, estaba acostumbrado a comer fuera de casa.

“Debería empezar a cocinar” pensó, luego de salir del restaurante en donde había desayunado, el cual  quedaba unas cuadras lejos de su casa, mientras caminaba en dirección a la organización que entregaba misiones shinobi.

“Después de todo, haciendo misiones de rango D no me alcanzará para comer fuera todos los días” se dijo a sí mismo.

Y es que Hiromi, harto hasta más no poder de trabajar en cosas que no suponían ningún avance para él, decidió renunciar a todos ellos y enfocarse cien por cien a las misiones, para poder convertirse en un shinobi de confianza.

Una vez llegado al edificio en donde asignaban las misiones, el cual era un altísimo rascacielos que parecía rozar las nubes, le encomendaron su primera misión como ninja... ayudar a una abuela.

Hiromi sólo suspiró, sin decir nada más, y se puso en marcha a la casa de la señora Tsuki, quien era la clienta. Como le acababan de informar, tenía que realizar exactamente lo que él intentaba evitar a toda costa: trabajos de civil. Si bien era un shinobi, y esta misión era catalogada como tal, las de rango D rozaban lo que había estado haciendo desde los 8 años como civil. Trabajos de obrero como arreglar edificaciones pequeñas, trabajar en una tienda de comida, o limpiando los recintos.

“No queda otra opción. Ya soy un shinobi y debo trabajar lo mejor que pueda para proteger y ayudar a la aldea” pensó, intentando quitarse de encima esos pensamientos negativos, y apresuró el paso.

La casa de la señora Tsuki era muy parecida a la de él, puesto que estaba muy cerca del barrio residencial en el que él vivía. Sin más preámbulos, y un poco nervioso, tocó la puerta, ni muy fuerte ni muy bajo. Se escuchaban pasos tenues y lentos, que se aproximaban a la puerta. Luego de unos largos segundos, la puerta se abrió lentamente, hasta dejar ver a una señora de avanzada edad.

-Muy buenos días señora Tsuki, mi nombre es Hiromi y soy el shinobi encargado de ayudarle con su petición- dijo con voz firme, haciendo una reverencia corta.

-¡Oh! Pero que chiquillo más educado, tus padres deben haberte criado muy bien- mencionó Tsuki, sin darse cuenta del torrente de emociones que pasó rápidamente por los ojos del genin – Como bien sabes, yo soy Tsuki, mucho gusto – comentó la señora, ofreciéndole una sonrisa.

-¿Prefiere que arregle primero la fuga que hay en su habitación, o ir a entregar la carta a su hija, señora Tsuki?- preguntó, directo al grano, para cambiar el tema, sin percatarse que su comentario fue un tanto brusco.

-Ahora que lo dices, mejor arreglemos la fuga primero- comentó la señora, abriendo aun más la puerta y haciendo un gesto con la mano para invitarlo a la casa -ven, te indico en que sector esta mi habitación para que puedas ver.

Tsuki se dirigió, a paso lento, a la ultima habitación de la casa que quedaba directamente en frente de la puerta de calle. Una vez abierta la puerta, Hiromi no puedo evitar abrir los ojos mostrando sorpresa ante semejante aguacero que tenía la señora. Nunca se imaginó que la susodicha “gotera” según lo que le había dicho en la asignación de misiones, fuera en realidad un pequeño torrente de agua cayendo directamente en un balde, ya rebalsado.

-¡Pero señora Tsuki, esto es mucho más que una gotera! Déjeme ir inmediatamente – dijo, y sin esperar respuesta fue corriendo hacia la salida, para luego saltar hacia el tejado y analizar cuál era el problema.

No fue para nada difícil ubicarlo. En el centro del techo de la casa de Tsuki había un trozo de edificación de metal incrustado en el tejado. Hiromi buscó con la mirada la causa, y vio que muy cerca de la casa, había un edificio un poco más alto, al cual le faltaba una de los picos de metal.

“De seguro una tormenta fuerte, o algún accidente, logró desprender un trozo o algo así” pensó.

Sin perder más el tiempo, bajó ágilmente, o al menos eso quería creer, y entró en la casa apresuradamente. Esto se tenía que resolver lo más pronto posible.

-Toma, se te olvidaron los materiales para arreglar el tejado- le comentó la señora, con una sonrisa amable en su rostro, acercándole con gran dificultad los materiales necesarios.

-Muchas gracias, lo arreglaré en más o menos una hora. Es bastante grande pero ya tengo experiencia resolviendo estas cosas – dijo, tomando todo lo necesario, y comenzó a trabajar en la fuga.

Con su basta experiencia, no fue tan complicado resolver el problema, aunque le tomo media hora más de lo que planeaba. Con sus manos impecables, siempre cuidándolas casi obsesivamente, entró en la residencia de Tsuki.

-Señora Tsuki- comentó, alzando un poco la voz mientras la buscaba en su habitación – con su permiso -dijo, para luego entrar y revisar cómo había ido su trabajo.

Ya no caía un torrente de agua como hace unos momentos, pero si se veía que una gotera seguía salpicando el balde lleno de agua.

“Mmm, debe ser el agua que quedó estancada” pensó.

Sin encontrar a la señora Tsuki, y con un poco de culpa, movió un mueble que tenía cerca de su cama, para pararse sobre él y hacer los últimos toques en la casa, para arreglar la fuga. No le tomó más de 10 minutos, después de todo, era sólo secar el agua que había quedado de la fuga.

Devolvió todo a su sitio rápidamente y fue en busca de la señora Tsuki, quien se encontraba en la cocina, buscando en lo que al parecer era su despensa, comida para cocinar. Pero no logró encontrar nada, ya que hacía semanas, incluso se atrevería decir que un mes, que no iba a la tienda a buscar su mercancía.

-¡Hiromi-kun! ¿ya acabaste? - preguntó Tsuki al darse cuenta del chico.

-Sí, todo está bajo control. Pero incluso por si tuviera alguna duda revisaré nuevamente cuando vuelva con sus otros recados – le dijo formalmente – si no le molesta, me gustaría ir inmediatamente a entregarle la carta a su hija, y a buscar su mercancía. Al parecer la lluvia está volviéndose cada vez más fuerte – comentó, mientras los dos miraban por la ventana.

Y Hiromi tenía toda la razón. La lluvia golpeaba fuertemente el vidrio de sus ventanas, y el viento que corría no era menor.

-Sí, sí. Toma, aquí esta la carta, y también el dinero para la mercancía. Intenta que no se mojen por favor. Con toda esta lluvia... - dijo Tsuki, entregándole un sobre que sacó de su manga. Hiromi lo recibió con las dos manos, y lo guardó lo mejor que pudo, en su bolsillo del pantalón. No tenía nada aún para guardar semejantes cosas.

“Debí haber traído ropa más adecuada” se regañó mentalmente.

-Iré de inmediato, no se preocupe. La carta llegará como nueva- le aseguró, con voz firme, y sin esperar una respuesta, desapareció a los ojos de la señora, de seguro por la gran velocidad adquirida en la academia ninja.

La lluvia se había transformado en una tormenta, y Hiromi, acostumbrado a esa clase de tempestades naturales, le restó importancia. Lo que realmente lo tenía preocupado era la carta.

“Le prometí que la mantendría seca, pero con esta lluvia...” pensó un poco preocupado, “tendré que ir cuidando mi lado derecho del agua”.

Pasaron 20 minutos en los cuales Hiromi corría por la ciudad, hasta casi literalmente el otro extremo de ella.

“No tenía idea que existiera una zona residencial tan lejos... está ciudad es demasiado grande” pensó, aminorando el paso, pues ya estaba llegando a la dirección.

Una vez en frente de la casa, la cual era al parecer bastante más espaciosa que la de Tsuki si se pudiera deducir por la fachada, tocó la puerta, esta vez sin tanto cuidado pues estaba cansado, y esperó a que le abrieran. A diferencia que en la casa de Tsuki, se escucharon pasos pesados y despreocupados, que se aproximaban con rapidez.

-Buenos días, soy Hir- -pero antes de que pudiera terminar su introducción fue interrumpido violentamente por la chica de la entrada.

-¡Al fin llegas! ¿Cuánto le toma un shinobi entregar una maldita carta estos días? - reprochó a Hiromi -¿a qué esperas? ¿una invitación para que me des el dinero? ¡Dame ya la carta! - le exigió, colocando su mano con la palma hacia arriba.

-Sí – respondió Hiromi sin dejar que su actitud grosera le afectara – tome – le ofreció el sobre, completamente seco, que fue arrebatado violentamente de sus manos, para que luego la mujer le pasara otro sobre, muy mal envuelto y en precarias condiciones, completamente opuesto al de la señora Tsuki. Luego, la mujer le cerró la puerta en la cara sin decirle siquiera las gracias.

Sin pensar mucho en lo ocurrido, decidió devolverse a la casa de la señora Tsuki.

Hiromi se conocía muy bien, o al menos sabía que si dejaba que fluyera tan sólo una pizca de sus emociones , ya sean negativas o positivas, lo dominarían. No era capaz de vivir con ellas en armonía, sentía que cada vez que sus emociones estaban presentes, todo se salía de control.

“Quizás soy un freak del control...” pensó, al reflexionar sobre lo que había pasado. Pero nuevamente, luego de unos segundos, terminó evadiendo el tema.

Sin darse cuenta, ya había llegado al mercado, que quedaba relativamente cerca de la casa de la señora Tsuki, y entró en la tienda. Muy cerca de la entrada estaba la persona encargada, quién lo saludó cordialmente.

-Estoy aquí por la mercancía de la señora Tsuki – le dijo al encargado.

-Aaah, a ver. Por aquí tenía el bolso... - dijo, mientras buscaba a su alrededor -  aquí está, toma... ¿Estás seguro que te lo puedes? - le preguntó, luego de ver como Hiromi se esforzaba de sobremanera en sostener el bolso.

-S-sí, está bien. De todas formas vive cerca de aquí – intentó hacerse el fuerte, sin embargo el bolso realmente estaba pesado.

Luego de pagar la suma correspondiente que le había entregado Tsuki, junto con el sobre, se dirigió a paso lento a la casa. No pasó mucho tiempo para que llegara, tocando la puerta suavemente.

-¡Oh Hiromi-kun, llegaste! Qué rapidez – dijo Tsuki, juntando sus manos maravillada con la eficiencia del pequeño shinobi – déjamela por aquí por favor. Mientras más cerca de la despensa, mejor – le pidió amablemente. La diferencia de trato que había entre Tsuki y la mujer que lo recibió en el otro extremo de la ciudad era abismal.

Una vez todo posicionado, y todo puesto en su lugar, Hiromi le ofreció el sobre de la hija de Tsuki.

-Aquí está el sobre – dijo, oreciéndoselo con las dos manos. Tsuki lo recibió, un tanto entristecida. Por su mente corrían pensamientos de su hija, grosera y atrevida.

-Muchas gracias Hiromi. La misión ya está pagada. Como soy una clienta usual, y rara vez el clima me acompaña para poder ir sin dificultades al consejo, siempre que puedo ir dejo la misión y el pago hecho – le explicó Tsuki, intentando evitar pensar en su hija.

-Mi trabajo entonces está terminado, que tenga una muy buena tarde señora Tsuki. Fue un placer poder ayudarla – le dijo, haciéndole una reverencia, que muy distinta a la del comienzo, la cual fue más por costumbre, estaría llena de respeto.

“Vivir a esa edad y tener que pagar para que te ayuden, debe ser muy difícil para ella” pensó Hiromi.

-Gracias a ti Hiromi-kun, suerte con esas misiones -se despidió la señora Tsuki.

Luego de salir de la casa, y encaminarse al consejo para recibir su recompensa, sintió un leve sentimiento de nostalgia. La señora Tsuki le había recordado a su abuela, y por más que quisiera que ya no le afectara su perdida, fue con un aura triste a recibir su primer pago como shinobi.

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