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¿Quién sucia la Academia? [Auto-Misión Rango D]

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Matsumoto
Muerto

¿Quién sucia la Academia? [Auto-Misión Rango D]

Mensaje por Matsumoto el Lun Sep 04, 2017 8:27 pm

Academia Ninja. Un sitio legendario que entrena a aficionados jóvenes para que algún día se conviertan en grandes ninjas, que pasó a ver enclenques sin futuro tras los exámenes que hicieron a esos jóvenes, y a la final fue una parte importante en la vida de ellos puesto que ahora son ninjas reconocidos. Una academia que se había pasado todo el año limpio sin ningún tipo de problema, hasta que unas dos semanas después, de repente apareció con sus rincones lleno de lodo, los pasillos con manchas negras, los techos plagados de estalagmitas de mugre. Su gran pasillo de pupitres, de varios escalones hacia arriba, fue ensuciado sin piedad.

Un joven gennin de cabello castaño oscuro, quién había sido contratado por su gran destreza al completar misiones complicadas, se quedó observando la suciedad del salón cuando entró a la academia, absortó en sus pensamientos. El estado en el que se encontraba entonces aquel lugar no era para nada cómo lo recordaba Matsumoto hacía sólo unos años atrás. La antes pupitres, las cuales permitían que trabajase con sus actividades desde esos mismos pupitres limpios eran entonces sucias y asquerosas, no había rastro de que lo estuvieran limpiando, más bien le parecía lo contrario, era como si llevaran tiempo sin limpiarlas.

El hyuga llevaba ya muchos días completando misiones, siguiendo los pedidos insignificantes y los que más requerían mayor esfuerzo, con tal de ver sus propios límites. Ya que, era la misión que Matsmuto quería, pues sentía que debía cumplirla, por encima de cualquier otra misión sencilla. Algo en su interior le decía que está misión era para él, no lograron averiguar quién era el causante de aquellas mugres que repentinamente aparecieron durante las noches, si lograba averiguarlo de seguro su reputación aumentaría. Trajo consigo los artículos típicos de limpieza, paños húmedos, un balde de agua y un lampazo.

Alguien tiene que estar por aquí cerca, escondido en alguna parte, no es coincidencia que este salón se ensucie por si sola cada final del día. —Musitó en susurro mientras se ponía en sus hombros el lampazo. — Ya sabré si hay alguien por aquí o no, es hora de limpiar. —Dijo con seriedad y decisión.

Cerró los ojos momentáneamente y, de una forma lenta y elegante, acentuando todos sus movimientos, se deslizó sobre el piso, utilizando sus piernas y moviéndolas de un sentido para otro, a su vez movió el lampazo con los brazos siguiendo el ritmo de sus movimientos mientras mojaba el suelo con el lampazo, el cual dejaba un rastro reluciente y libre de suciedad. Se quedó unos segundos así, concentrándose. Deteniéndose en el piso más alto abrió los ojos y observó el resultado de su pequeño baile para sonreír de oreja a oreja, el salón estaba quedando maravilloso, y tras eso, agarró de su bolsillo un trapo mojado, juntando sus manos y apoyó el trapo en la pared.

Oh ojos blancos limpiando la pared, porque es un chico bueno y quiere alcanzar la gloria, lo cual logrará dentro de unos buenos años si entrena fuerte y santo: Dadme paciencia para soportar estas misiones flojas y ridículas.  — Su voz era grave y sonaba dedicada, pues constituía un hecho importante. — ¡Muy bien! ¡Ya quedó! — Había durado una hora recorriendo con las manos toda la pared del salón, como era costumbre, observó su reflejo a través de la pared, el cual brillaba con todo su esplendor.

¿Por qué cantaba? Le resultaba un distractor bastante útil para realizar sus acciones con más rapidez. Se sacudió las manos, mientras guardaba el trapo en el bolsillo, y se giró para agarrar el lampazo que lo había dejado apoyado en la pared izquierda. Sin embargo, a punto de que pudiera marcharse, de repente sintió un extraño escalofrió en la espalda que lo obligó a mirar desde el hombro, buscando el origen de aquella extraña sensación, y abrió los ojos como platos cuando lo miró. La pared que había limpiado y el piso con el cual había limpiado con mucho esfuerzo, estaban nuevamente sucios y mugrientos. Matsumoto quedó petrificado, no tenía palabras para describir el enojo que sentía y sólo pudo moverse con pasos tontos y lentos, observando incrédulo sus esfuerzos desvanecidos.

N-No… ¡No…! ¡NOOOOO! —Gritó enrabiado, alzando la cabeza con dolor y bajando los brazos con pesadez. Estaba indignado y ofendido. — Demonios… ¿¡Quién hizo esto!? ¡Vamos, muéstrate! —Sin embargo, no recibió respuesta alguna.

¿Qué fue lo que paso en realidad? Matsumuto seguía sin poder creerlo pero tenía que continuar con la limpieza puesto que era su misión cumplirla así que agarró fieramente el lampazo y los paños húmedos y repitió todo aquel tedioso procedimiento, esta vez con movimientos rápidos y nada lentos, logrando limpiar el salón en menos de cuarenta minutos. Y quedó por el escalón más bajo, mirando directamente el lugar, al fin y al cabo, había presenciado alguien por ahí, pero... No lo encontró. Se fue a sentarse en uno de los pupitres, estando en el mismo escalón, sin apartar por un sólo momento el salón limpio y brillante, esperando el momento indicado para capturar al travieso que estaba ensuciando el lugar. Sin embargo, esperó varios minutos y nada que una persona estuviera ensuciando las paredes.

… ¡Estaré aquí toda la noche si es necesario! ¡He limpiado demasiado como para que lo dejen sucio de nuevo! ¡No señor, no me moveré de aquí por nada en el mundo! —Gritó a modo desafiante, pensando que así conseguiría hallar al delincuente, se cruzó los brazos sobre su pecho y continuó esperando pacientemente.

Había pasado veinte minutos, cuando de repente oyó una voz, y justo al girarse, pudo ver cómo un objeto de aspecto gelatinoso se le acercaba de forma veloz e inevitable, hasta... ¡PLAF! ¡Dolor! Sintió un gran golpe seco en su cabeza. Más por la sorpresa que por el dolor, rompió la seriedad residual del acto que había estado realizando y adoptó una expresión atónita. ¿Quién era? ¿Una persona oculta? De ser así, los guardias de afuera le habrían alertado, así que. ¿Quién, en su sano juicio, golpearía a una persona que recién acababa de limpiar? Y un momento, ¿Por qué fue golpeando en un sitio cerrado sin haber visto algún rastro? ¿Por qué había dejado que un extraño se le acercase? Alguna razón debía de haber.

¿Quién se atrevió a…? —No pudo continuar con la frase porque un nuevo objeto se le alcanzó por la parte trasera de la cabeza, dejándolo incrédulo y pasmado. — ¡Ok! ¡Ya fue suficiente! —Se limpió el punto donde fue golpeado, descubriendo que era lobo lo que golpeó su cabeza.

Matsumoto frunció el ceño y, aún algo incrédulo, parpadeó varias veces antes de juntar sus manos formando la típica pose de un jutso de manos. Si no lograría pillar al culpable con sólo sus ojos, recurría a su segunda opción que le asegurara la victoria. Cerró los ojos con fuerza y concentró su chakra sobre sus ojos.

¡BYAKUGAN! — Abrió bruscamente sus ojos y sus venas se marcaron alrededor de éstas. Podía ver a través de las cosas, como si tuviera rayos x, y pudo detectar dos siluetas en las paredes. — Allí están… —Murmuró sonriendo.

Matsumuto agarró una cuerda que se encontraba al lado de sus herramientas de limpieza y corrió sobre las paredes. Los estaba atrapando uno por uno, sin que éstos se dieran cuenta, mientras lo amarraba con la cuerda de modo que estuvieran unidos y sin posibilidades de que puedan huir. Y finalmente, los puso en el medio del salón en el escalón más bajo y Matsumuto se quedó viéndolos directamente con una mirada de acusación y ligero odio. Eran niños cualesquiera con atuendos ridículos, como si fuesen payasos de circo y chillaban e intentaban forcejar las cuerdas con los brazos y piernas, sin ningún resultado.

Ya dejen de intentarlo. Es una cuerda muy resistente. Y ¿Qué demonios hacían con ensuciar el salón cada noche? — Preguntó como si fuera un adulto regañando a unos niños, literalmente.

¡Cállate, estorbo! ¡Arruinaste nuestra apuesta! —Chilló un muchacho, sonaba muy agudo e irritante.

¡Exacto! ¡Apostamos que duraríamos tres semanas ensuciando la academia sin que nos descubrieran! ¡Íbamos a ganar mucho dinero! —Continuó el último muchacho, sonaba un poco más maduro que el anterior. — Pero tú lo arruinaste todo. —Dijo con desilusión.

Matsumuto suspiro resignado. Le había parecido una explicación tonta. Así que continuó limpiando los últimos detalles, dejando todo finalmente reluciente y había entregado a los traviesos a sus superiores. Una vez más logró cumplir una misión aparentemente imposible de solucionar, ya se estaba haciendo una costumbre para él.

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